Walt Disney Company insiste en quedarse con activos y deudas de 20th Century Fox

MARIO MORALES ANALISTA DE MEDIOS PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA

“Hoy, el contenido ofrecido por las empresas de este sector sigue siendo significativo, pero ahora está a expensas del capital de las compañías de comunicaciones”.

Mira el artículo completo en: https://www.larepublica.co/empresas/walt-disney-company-insiste-en-quedarse-con-activos-y-deudas-de-21st-century-fox-2740734

Conozca a los actores que casi arruinan las series que protagonizaron

“Cuando una estrella rompe la conexión que tiene con sus audiencias, se produce un sentimiento de decepción. A veces los actores no son conscientes del poder que tienen o de la responsabilidad que cargan, ya que el televidente espera que en ellos no existan carencias, defectos o conflictos”, reflexiona el analista de medios Mario Morales.

Mira el artículo completo enhttp://www.eltiempo.com/cultura/cine-y-tv/las-estrellas-de-television-pueden-arruinar-sus-series-229444

Gobernar y obedecer: ¿un dilema?

Bien poco duraron las esperanzas que despertaron las primeras frases de Iván Duque luego de ganar la segunda vuelta presidencial. La idea de allanar las diferencias y pensar en la reconciliación de los colombianos, que fue su mensaje en la última parte de la campaña, cedió terreno ante su discurso inicial de revisar el Acuerdo de Paz, lo que comenzó a cristalizarse ayer con el congelamiento de la reglamentación de la JEP en el Congreso.

Es cierto que hay inamovibles en ese Acuerdo, pero, fiel a su tradición, el uribismo insistirá en los detalles, que es, como se sabe desde noviembre de 2016, donde habitan los demonios, y donde se jugará a fondo el desmonte del proceso de paz hasta donde sea posible.

La alusión a la base exguerrillera, para darle tranquilidad y que no continúe la desbandada, lleva entre líneas una notificación a los jefes y miembros del Secretariado. Irán por ellos.

Su “lapsus”, de enorme torpeza política, al no reconocer la campaña de Petro ni a sus ocho millones de votantes, que sumados a los 800.000 que puso el voto en blanco son nada menos que el 46 % de votantes, que no estuvieron con él, no es simple descortesía como se ha dicho; retiñe la línea ideológica y alimenta desde el comienzo la idea de oposición.

Fue contradictorio su argumento de la llegada de una nueva generación al poder con su deuda y gratitud a la vieja clase política, de apellidos Uribe, Pastrana y Ordóñez, en la que se apoyó y fue definitiva en su elección. Y eso que no agradeció públicamente a Gaviria y Vargas Lleras.

Tampoco sonó creíble, a la luz de los resultados en regiones como la costa Caribe, eso de la lucha contra la politiquería y el clientelismo.

Comienza rápido a despejarse la incertidumbre inicial de cuáles promesas cumplirá, si las de antes o las posteriores a la primera vuelta. Bien lo decía Alicia Arango, la bisagra entre los modos de pensar y hacer de Duque y Uribe. El que gobierna es el candidato ganador, pero el jefe es Uribe. Y al jefe se le obedece. ¿O no?

¿Indignos o indignados?

Lo más grave de que gane el uribismo no solo es el regreso impune del partido del odio (ya lo decía Gabo, “volverán, la vergüenza tiene mala memoria”), sino también el espaldarazo a toda esa clase dirigente que se alineó sin pudor para la foto y que tiene el país como lo tiene. Dime con quién andas y te diré quién eres, decían los abuelos antes de ser víctimas de posverdades y fake news.

Es la enseña no confesada de defender el establecimiento, si el establecimiento significa mantener prerrogativas, privilegios, derechos de casta y títulos de posesión o dominio con base en la pretendida inmortalidad de blasones de corte medieval.

Es como si no importara la insultante desigualdad, o que ese establecimiento se coma $51 billones al año en corrupción, sin contar la mermelada que alcanza los $57 billones solo en los gobiernos de Uribe y Santos.

Es como si ignoráramos que en ese establecimiento no cabemos los ciudadanos y que desecháramos la posibilidad de actualizar esta sociedad que pide a gritos, en las plazas, redes y ante los medios casados con el conformismo, pluralismo e inclusión.

Así somos y así vamos. De a poquitos. Un paso adelante y dos para atrás. Votando por Pastrana para impedir la última toma del narcotráfico al Estado. Y se logró. Votando por Garzón y Noemí, y cuatro años después por Carlos Gaviria para impedir la llegada del populismo de derecha… Y perdimos. Votando por Mockus, la educación y el derecho ciudadano para evitar “el que decía Uribe”… Y volvimos a perder. Votando en segundo período por Santos solo para que firmara la paz y empezara la reconciliación… Y lo logramos. Votando por Fajardo para recuperar el valor de la palabra empeñada y contra el todo vale. Y perdimos una vez más… Ahora tenemos otra oportunidad…

Después de sopesarlo, votaré, como muchos, por Petro con el mandato preciso de combatir la corrupción y disminuir la desigualdad. Nada más. Suficiente para nuestro lento caminar en este mundo —siguiendo a Eduardo Galeano— “de indignos e indignados. Ya sabrá cada quién de qué lado puede o quiere estar”.

Y el barco hundiéndose…

Tras la resaca de la primera vuelta, el antiácido menos efervescente para recuperar el ánimo parecía ser el voto en blanco. Pero la indecente cascada de adhesiones de lo menos granado de la clase política a la campaña de Iván Duque, ya contaminada de origen, deja sin alternativa a los “sin partido”.

No. El país no es ese caldo de anzuelos de alianzas, apellidos y prontuarios que se mezclan sin ton ni son como en los cocteles baratos. Tampoco es esa pretendida ciudadanía que, como el avestruz, esgrime sus escrúpulos para seguir pasando de agache.

La abstención y el voto en blanco también necesitan una plataforma ideológica que los haga viables, visibles e influyentes, y no sean el comodín inveterado de élites y politiqueros sabedores de su poca cauda, por su espíritu de procuración democrática.

Suma la desconfianza que produce la dupla uribista, con su carita de yo no fui y su aire genuino de pasarela para esconder tras la máscara de juventud y contemporización, como se dice desde las historias de Barba Azul y más recientemente en la comunicación política anglosajona, los esqueletos en el armario.

Tanta adhesión espontánea de tantos “prohombres” y tanta advertencia sobre la gratuidad de los apoyos no son más que “chispitas mariposa”, para utilizar el ingenuo lenguaje del cándido candidato, convertido de la noche a la mañana en una suerte de criatura de Frankenstein criollo, diseñado, esta vez, para no volverse contra su creador.

El riesgo, implícito en la metáfora, comenzará cuando esos cadáveres políticos que ahora le dan aliento quieran cobrar vida propia y pasen factura por ventanilla por sus repentinos aires nacionalistas, sus leyendas apocalípticas y sus coros afectados de salve usted la patria.

No es posible pensar en un futuro digno al son de las cuerdas de ese desafinado cuarteto uribe-gavirio-pastrano-samperista, que le canta, en bajo, al rencor y a la venganza, mientras nosotros, tan dignos y tan coherentes, seguimos tocando a rebato mientras el barco se hunde en el pasado.

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