Por favor…

No se ufanan ni van detras de vanos elogios. No teorizan ni alardean con abstrusas disquisiciones. Son ajenos a grandes gestas. Apenas si se dan cuenta de su paso por este mundo donde les tocó vivir. Son la mata de la candidez. Comenzando, como lo dijo en la Comisión de la Verdad, por el mismo expresidente Uribe, víctima de tanto avivato, usurpador y malandro sin que se percatara de sus ruines intenciones, por lo menos hasta ahora que está aprendiendo a caer en la cuenta. (Publica el Espectador)

No se enteró de la maldad de los más cercanos, ¡ahora sí iba a descubrir las acciones criminales de unos soldaditos de plomo que lo engañaron con partes positivos durante años! Ni que los hubiera espiado, como sí hicieron algunos de sus colaboradores con los opositores —que no faltan en este valle de lágrimas— y obviamente en provecho propio, como hemos venido a saber.

Y es que nadie imagina lo que significa ocuparse de las altas dignidades del Estado. Nadie, salvo los que son de su estirpe y talante, como el incomprendido discípulo suyo que hoy, desde sus alturas ignotas, pone pecho a las tempestades en la Casa de Nariño, distante de anodinas reyertas callejeras, de esos enemigos agazapados de la paz, de esos corruptos que hoy hacen fiesta aprovechando la inocencia, rayana en la inmaterialidad, del primer mandatario.

¡Cómo juzgar a su impoluta ministra de las TIC, formada en otras honduras y con experiencia en otros tejemanejes, como ese de hacer de la política, el lobby y las relaciones una experiencia digerible para los simples humanos, empeñados en rabias y polémicas! ¡Habrase visto mayor desinterés! Ella, que no tiene idea de la tal sigla, abnegada en su misión de conectar y unir a tantos medios y compatriotas encabritados y díscolos. ¿De dónde va a sacar tiempo para revisar vulgares contratos y garantías tan prosaicas?

Y que no se vayan a ir ahora en contra del sucesor en línea de esa legión serafínica y angelada. ¿O alguien duda, más allá de sus dotes de bailarín tardío y alebrestado, del candor de querubín —que significa “el próximo”— de Óscar Iván Zuluaga? Por favor…

Ni para el olvido…

Por Mario Morales

Parecía un síntoma más de la afasia que se tomó el recinto presidencial. Eso de mencionar, con tamaña desfachatez, los candidatos a sucederlo a un año de entregar el poder (es un decir), hacía suponer otro descache en momentos en que se debería abrir formalmente el partidor de campaña, y que aquí, por escasez de idoneidad, comenzó a airearse, como augurio, con la tormenta durante la posesión. (Publica El Espectador)

Tenía baja las alertas, llegó a decirse. Es falta de seguridad arguyeron otros, sin saber si hablaban de debilidad del discurso o de las grietas en sus esquemas de protección; eso le pasa por conversar solo con medios amigos y su triduo de interrogantes previsibles o libreteados de “cuál es el balance”, “que siente” y “ahora qué viene”, aventuraron otros. Es falta de entrenamiento con periodistas que contrapregunten, concluyeron algunos más, bajo el supuesto de que el presidente compareciera alguna vez a una rueda de prensa abierta y presencial.

Pero cuando Duque, interviniendo en política, siguió repitiendo la lista aquella, evidenció su intención de meterle baza a las ya desorientadas derechas, sintiéndose increíblemente con autoridad moral, mientras su jefe chalaneaba a precio de feria, de auto asignarse el rol de nominador y predictor. Le hace falta más que pelo para moño.

Y es que los pronósticos de Duque parecen tener pava, como diría Gabo; le va tan mal profetizando, mirando su escaso pasado, como refiriéndose al presente; baste señalar su verso de más de 17 millones de vacunados, cuando apenas van 13 millones; y ni hablar de su promesa de la tal inmunidad este año, o de cuando, a regañadientes tiene que mencionar la ley de comida chatarra, las 16 curules para las víctimas o la morosa implementación de los acuerdos que ha debido firmar, a pesar suyo…

Que el presidente sea el primero en contaminar esta fase final de campaña, ya convulsa y sucia, deja entrever que ni siquiera aspira al prudente olvido, resignado como está al rol de antagonista de nuestra historia… Y que no digan que es que tiene cuero de gurre, porque hasta para eso se necesita donaire.

Fuera de tiempo

Si lo hubiéramos sabido… Que quien fue director de Planeación, asesor económico de la campaña Santos, ministro de Hacienda, miembro de la junta directiva del Banco de la República y presidente de Ecopetrol venga a darse cuenta ahora —después de haber tenido en sus manos el destino económico del país— de que aquí no se piensa el país en futuro —sino a través de lo que permite esa otra pandemia cundida de miopía e improvisación que es la “reformitis”— habla claramente de la falta de idoneidad de quienes tienen las riendas del país y de quienes los nombran. En materia de liderazgo y probidad seguimos al garete, sin ideas, pensando en tiempo presente o regresando al pasado. (Publica el Espectador)

Claro, no es el único que ha tardado toda una vida en el “servicio” público para enterarse de que como vamos vamos mal y que, si no nos pensamos a 20 o 25 años, seguiremos rodando por el despeñadero. Le pasó al mismo Uribe que, en vez de tratar de construir un proyecto cuando tenía capital político, quiso reformar autoritariamente el Estado para ponerlo a su servicio y se quedó adocenado y resignado a la tarea de señalar con el dedo, para bien y para mal, a sucesores y opositores, luego de la doble derrota que le infligió Santos, la de demostrar que sin él era posible y la de dejarlo sin las Farc, el enemigo propiciatorio con base en el cual había construido toda su narrativa. Puro boceto.

Les está pasando a las obsoletas instituciones del Estado, como la Fuerza Pública, que para maquillar su decadencia se limitan a reformar cúpulas, como si fueran maestros de obra. Vino nuevo en odres viejos. Les pasa a las más recientes, como Fiscalía y Procuraduría, como si fueran maestros de brocha gorda. Vino viejo en odres nuevos.

Y a los sectores de transporte, trabajo y tributación, donde, no contentos con el estancamiento actual, insisten en devolvernos al pasado. Mejor ni hablemos de campañas, debates, proselitismo, personalismos y alianzas non sanctas que hoy aquí parecen prehistóricas. Con razón los jóvenes siguen pensando que no hay tiempo para ellos. En obra negra.

Y lo que falta…

Por Mario Morales

Columnista

375 días pueden ser un periodo largo o corto, dependiendo de las percepciones. Al presidente Duque se le nota que le pesa cada día que le falta o, mejor, que le sobra a su mandato. Lo muestra ese afán tempranero por imponer una narrativa oficial ante el evidente descalabro de su gestión. Con razón su nuevo leitmotiv es “concluir, concluir, concluir”. (Publica el Espectador)

Su discurso veintejuliero (nunca fue tan preciso el vocablo) y la entrevista a este diario dejan traslucir ese síndrome de despersonalización-desrealización que hace que se sienta fuera de sí mismo, de su entorno y del acontecer nacional para tratar de convencernos con ese método dialéctico incompleto de que el derrumbe paulatino no es real, no existe o está mal contado.

Para ello se vale de la no muy transparente técnica que no busca verdad objetiva ni contradecir contrarios sino a sí mismo, a la espera de que en los imaginarios ciudadanos germine una síntesis perceptiva nueva. Se ve, por ejemplo, en su pretendida agenda de equidad, que no es ni la una ni la otra, y que en lo educativo y lo social no es más que obediencia ciega a unos trinos improvisados de su mentor, asustado por la creciente insatisfacción callejera. La mentada matrícula cero y los subsidios sociales que este Gobierno reclama tienen un listado interminable de gestores, especialmente de oposición, que pretenden su paternidad o maternidad putativa.

Pero la desfachatez no termina allí, como se aprecia cuando habla de legado en sostenibilidad ambiental mientras a hurtadillas su partido niega el Acuerdo de Escazú, o defiende su errática y tardía política contra el COVID-19 sin que haya medidas de contención de fondo cuando aterriza la variante Delta, o reclama respeto por los derechos humanos en el vecindario sin mirar la viga en el ojo propio, o de manera fantasiosa dice haber hecho más que Santos para implementar la paz, hecha trizas en estos larguísimos 36 meses.

No es mucho más. Antes que por sus escasas obras, resultará complejo evaluar a este Gobierno por lo que dice que ha hecho, pero para ello necesitaremos la ayuda de psicólogos.

Un paro útil y conveniente

Ya lo imaginábamos. El paro sirve para todo, especialmente para disculpas, simplificaciones y los recurrentes caballitos de batalla, en los que son tan hábiles los jinetes del poder por estas latitudes. (Publica el Espectador)

Aun así, no deja de ser desconcertante, que el DANE, encargado de estadísticas y no de interpretaciones prejuiciosas, le achaque a la protesta los casi seis puntos porcentuales de decrecimiento económico en mayo. Las ojeras no las tiene el caballo sino quien lo monta.

Para ellos, nada tuvo que ver la inhumana reforma tributaria que presentó el gobierno, en contravía de todo sentido común, como prueba reina de su política económica errática, que, en medio de la pandemia, no supo afrontar  desempleo, inequidad, hambre y todas esas etiquetas que definen esta crisis profunda, y que ahora dicen querer solucionar dizque con otra reforma tributaria, empacada con  almíbar para distraer el mal sabor del desgreño y el gasto disparado e injustificado  del gobierno de la neomermelada.

Según el Dane, que parece recuperar en el significado de la última letra la vieja idea de los embustes, no tienen responsabilidad en el bajonazo ni los capitalistas salvajes, ni los descarados (ex) funcionarios, ni los interesados asesores, ni los despistados gobernantes, ni los angurrrientos empresarios, ni las medidas impuestas e ineficientes.

Es decir, según ellos, si no fuera por el paro, ahora mismo deberíamos estar oficializando nuestro ingreso formal al primer mundo.

Ya otras instancias y otras bajas intenciones, habían declarado al paro como responsable del tercer pico de la pandemia, causante del deterioro de los derechos humanos y las libertades individuales, de la brecha social, del aplazamiento del progreso, o de la demora o ausencia de soluciones urgentes como pasó con el triste ejemplo de Providencia, dejada a su suerte para hacerle honor a su nombre.

A este paso y con esos imaginarios sin riendas, la historia hablará del peor período reciente, por culpa del paro; habrá que aclarar si hablamos de la inacción del gobierno o de la sociedad que protesta. Una cosa piensa el caballo….

 

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