Los incomprendidos

Sería una anécdota casi risible si no fuera por la gravedad de principios que encierra. El reclamo que le hizo Alejandro Ordóñez a la presentadora Mónica Rodríguez, por un tuit impreciso en el que decía que había sido destituido en vez de que su nombramiento había sido anulado, no sólo es el síntoma de la crisis axiológica, sino prueba fehaciente del estado de salud mental de nuestros dirigentes. (Publica El Espectador)

Cualquiera haya sido el objetivo del exprocurador: amedrentar, distraer o confundir, su aire soberbio con matices de descaro habla muy a las claras de lo que piensan esos presuntos líderes de sus connacionales.

Uno no sabe qué es peor: que se crean más inteligentes y estudiados que el promedio; que consideren que los demás son escasos de entendimiento, brutos o amnésicos, o que se sientan, por arte de birlibirloque, más allá del bien y del mal.

A eso hemos llegado. A naturalizar la corrupción, la trampa y el atajismo; a considerarlos como accidentes y a despojarlos de su gravedad como delito masivo y premeditado. A que parezca más trascendental el “cómo” que el “qué”, y a buscar en los mensajeros, a los que Ordóñez no baja de “enmermelados”, el origen de nuestros males.

Pernicioso Estado de derecho éste en el que una persona con esas calidades puede aspirar, y lo hace con insultos y diatribas, a la máxima dignidad nacional. Como sucede con Luis Alfredo Ramos, que aspira a ser candidato del uribismo, no obstante el proceso jurídico que tiene en la Corte Suprema de Justicia. Primero, debería estar libre de toda duda.

Antes que cumplir con los exámenes de las plataformas y los idearios políticos, quienes aspiren a cargos públicos deberían pasar por el tamiz de una hoja de vida sin tacha y una actuación signada por la decencia. Pero de ética parecen saber más ellos, que están por encima de los valores y que invitan a todo el mundo a estudiarlos para estar a su altura. Pobrecitos, los incomprendidos.

Nuestro tricolor

Por Mario Morales

Nos gustaba más el mundo cuando era en colores, si es que alguna vez lo fue. Han perdido gracia este país gris y este planeta con tempestades. Desde que decidimos, o decidieron en nuestro nombre, que todo era blanco o negro echamos por la borda la maravilla de la diversidad, de la otredad, del asombro cromático de la diferencia. Quizás sea por eso que ahora aburren los mal llamados debates, que no son otra cosa que una exposición de motivos a manera de posverdades, es decir de creencias y emociones para no cambiar de posición. Triunfa el más obcecado, el más terco, el que no cede. (Publica El Espectador)

De ahí en adelante todos quieren que sea sin árbitro para que valga todo. Desde el tramposo argumento de los taurinos que piden que no haya violencia en contra de sus prácticas crueles que construyen y legitiman el dolor ajeno como insumo de placeres malsanos ocultos en falsas estéticas… Hasta enfermos mentales agresivos que con el disfraz de la defensa de la vida animal, atacan la humana mientras sueñan con el ojo por el ojo en la arena.

Y unos y otros se creen heraldos de la civilización mientras acusan a los restantes de bárbaros sin entender que sus respectivas violencias tiene origen en la aridez racional que da lugar a la solución primigenia de la eliminación simbólica o real del otro.

Si de algo ha servido el bochornoso regreso del toreo a Bogotá y el lamentable espectáculo de quienes con violencia quieren erradicarlo, es para expresar, por otros medios, nuestra proverbial incapacidad para resolver conflictos y diferencias, y para recordar nuestra proclividad a recurrir a puños, armas y sangre cuando el argumento escasea y la idea no fluye.

Surge entonces la típica excusa de que todo tiene su límite; pretexto que abre las esclusas, desde las peleas escolares o familiares hasta las planetarias, para que el más poderoso, el más violento o el más cruel se salga con las suyas haciendo correr el rojo sangre, el único color que acaba con las diferencias.

Generalistas y exagerados

Por Mario Morales

El lenguaje, y no la lengua, es la patria, se suele decir, o al revés, en medio de fuertes debates. Pero si tal significado existe, no hay duda de que el nuestro, el lenguaje colombiano, el tono que impregna la intencionalidad de lo que queremos expresar, ha construido imaginarios, a cual más inapropiados o inexactos por culpa de generalizaciones y de las exageraciones, que han ayudado a definir nuestra cultura. (Publica El Espectador)

Ese tono que no se detiene en los términos medios ni en los matices nos ha llevado durante siglos, por la vía de la esquizofrenia, a extremos de los que hacemos gala, disculpados por nuestra presunta personalidad macondiana.

Y así vamos por la vida creyéndonos unas veces paradigma del trabajo honrado y esforzado y, otras veces, encarnación misma de la picardía y la trapacería. Aquí todo es cuestión de vida o muerte, hasta el juego de rana dominical. En estas latitudes la historia “se parte en dos”, en promedio cada semana.

En nuestro ámbito se define el futuro del país en cada debate y, más grave aún, en cada declaración. Los grises y las posiciones que orbitan los centros son descalificados por tibios y la ponderación dejó de ser una virtud para convertirse en una tara conversacional.

De nada, pues, servirá la guerra que queremos dejar atrás si no entendemos que en este collage pluriétnico habitan distintos que piensan diferente y tienen ideas y soluciones diversas. Nada significará todo este pandemónium alrededor del plebiscito si no comenzamos por aceptar que entre el Sí rotundo e incondicional y el No obcecado y pertinaz hay conglomerados variopintos obligados a callar porque les huyen a rótulos, etiquetas y la inamovilidad.

Hay más país, otros países que conviven aquí y que son omitidos por un lenguaje que solo distingue entre ilustres y ninguneados, entre arriesgados y borregos, entre iluminados y duros de corazón, entre virtuosos y malos por vocación.

Quizás antes que nuevas constituciones o acuerdos políticos, debamos comenzar por cambiar el lenguaje en que debatimos y nos narramos. O por lo menos una parte, para no ser generalistas ni exagerados.

¿Hasta dónde llegan intimidad y periodismo?

Por:  Unidad de datos

El video revelado por ‘La F.M.’, que muestra una conversación de contenido sexual entre el capitán de la policía Ányelo Palacios y el entonces senador Carlos Ferro, mientras este último maneja su carro oficial, abre un debate pertinente entre periodistas sobre si era o no necesaria su publicación como prueba de una investigación periodística.

Algunos han considerado que fue excesivo y otros llaman la atención sobre la necesidad de que se analice el video en el contexto de la investigación y no como una pieza por separado. (Publica El Tiempo)

 Vicky Dávila, directora de la mencionada emisora, le dijo a EL TIEMPO: “Tomamos la decisión editorial porque hay unas investigaciones muy profundas que tienen que dar unos resultados a nivel de las autoridades, y es identificar si en realidad esa red de prostitución llamada la ‘comunidad del anillo’, dentro de la Policía, sí tenía a través de un coronel, nexos con políticos. Y si era cierto que a través de presiones a los jóvenes de la Escuela General Santander, él entregaba a los muchachos para hacer favores sexuales a congresistas”.

Agrega que la audiencia en general no se puede quedar solamente en el debate de la vida privada: “Acepto críticas y opiniones diferentes, pero creo que el debate principal es la crisis en la que está la Policía. Mi obligación editorial es que sentí que era necesario publicar el video y lo publicamos ya estando judicializado”.

Mario Morales, director del Departamento de Comunicación Social de la Pontificia Universidad Javeriana, expresó que hay tres aspectos que “contaminan” la decisión periodística para publicar el video: “Es un video inducido, no tiene ningún indicio judicial o periodístico que genere o confirme o dispare algún tipo de investigación; es un video que sobrepasa los linderos de la privacidad y la dignidad con un contexto que no existe”.

Para Javier Darío Restrepo, maestro de la Fundación Gabriel García Márquez, lo primero que se debe tener en cuenta al analizar el tema es que en cuestiones de ética nadie es juez de nadie. Por tanto, el debate se debe centrar en recordar algunos principios para que cada quien los aplique.

“Los personajes públicos tienen un espacio menor de intimidad que la persona común y corriente. La razón de que tengan un espacio menor es que ellos manejan asuntos públicos por los que tienen que responder ante la sociedad”, dijo.

Con relación a si el video tiene que ver con la vida privada del personaje público y por tanto no aporta a la investigación, Restrepo indicó: “Cuando un periodista entra a examinar la vida personal de alguien que está en el sector público debe hacerlo si esto llega a servir al bien público”.

Olga Behar, investigadora y maestra en periodismo de la Universidad Santiago de Cali, sostuvo: “El periodista no debe autocensurarse, en el sentido de que si consigue un documento que soporte la investigación, no debe privar a la opinión pública de esos hallazgos que sirven al sustentar el tema; pero el periodista debe tener la capacidad de editar aquellas partes que comprometan la dignidad y la vida personal de cualquier ciudadano”.

Explica Behar que la probable relación que podía existir entre la ‘comunidad del anillo’ o los favores sexuales por parte de policías y congresistas, si es un tema que se está trabajando en la investigación, el video es una prueba. “Pero con 30 segundos de video es suficiente. Lo demás es exceso y no es buen periodismo”, puntualiza.

Por su parte, el director del periódico ‘El Heraldo’, Marcos Schwartz, señala: “Se debía prescindir del video y bastaba con explicar en un texto lo que representaba. Los detalles que había en ese video, desde mi punto de vista, no son necesarios para hacer entender la información o seguir la investigación. El video es redundante. No era necesario reproducirlo totalmente”.

Fernando Ramírez, editor de Noticias del diario ‘La Patria’, se refiere a la falta de análisis a la hora de tomar decisiones editoriales: “El periodismo es de casuística y hay criterios para cada caso. Si hablamos en este caso, uno ve cierto ánimo vindicativo. Creo que a los periodistas nos sigue faltando la reflexión previa para publicar. Las salas de redacción no pueden ceder la capacidad reflexiva que se debe tener ante noticias complejas. El componente de informar tiene otro pedazo y es el de la responsabilidad social, que poco tienen en cuenta ciertas figuras del periodismo”.

Finalmente, Omar Rincón, director del Centro de Estudios de Periodismo de la Universidad de los Andes, precisa: “La investigación es buena y necesaria, pero el video no es significativo para el caso. Creo que a muchos periodistas los está afectando el síndrome de Watergate. Se ha vuelto de moda querer ser buen periodista tumbando a alguien y no lo de fondo, que para el caso analizado es la presunta corrupción que está ocurriendo en la Policía”.

El debate sigue abierto, porque como lo planteó la directora del portal La Silla Vacía, Juanita León, se abre una polémica sobre los límites de hacer periodismo en Colombia.

UNIDAD DE DATOS
Redacción ELTIEMPO.COM

Fuente:

http://www.eltiempo.com/politica/justicia/periodistas-analizan-si-se-debia-o-no-publicar-el-video-de-carlos-ferro/16512838

Lanzan manual sobre libertad de expresión, legislación de medios y difamación

(Publica Red Etica Segura-FNPI)

Una nueva y poderosa herramienta para defender el derecho de los medios de comunicación europeos para informar sobre asuntos de interés público ya está disponible, anunciaron hoy el Instituto Internacional de Prensa (IPI) y Media Legal Defence Initiative (MLDI).

IPI y MLDI se han unido para publicar este completo manual de capacitación para abogados y periodistas sobre las normas jurídicas europeas relativas a la libertad de expresión y la protección de la reputación, que aunque está pensado para Europa, contiene conceptos útiles para abogados, periodistas y dueños de medios de comunicación en el mundo entero.

El manual de 55 páginas, “Libertad de Expresión, Legislación sobre Medios de Comunicación y Difamación“, resume los principios fundamentales de la jurisprudencia europea sobre la difamación y tienen como objetivo dar apoyo a los abogados que representan a los profesionales de los medios de comunicación que han sido demandados o acusados ​​de difamación, mientras que también ayuda los periodistas a entender sus derechos bajo los mecanismos internacionales y europeos de derechos humanos.

El manual está acompañado por un conjunto de materiales de capacitación que permiten a instructores calificados preparar y llevar a cabo talleres sobre la ley de difamación y la libertad de expresión en los países europeos. Además de transmitir conocimientos esenciales, los talleres ofrecen una oportunidad para que los participantes practiquen activamente a través de estrategias de litigio y estudios de casos.

“El propósito de esta guía y los materiales que la acompañan es doble”, explicó Scott Griffen, director del Programas para la Libertad de Prensa del IPI. “Por un lado, ofrecen a los abogados europeos conocimientos esenciales para el desarrollo de estrategias de litigio sobre la base de las normas europeas de derechos humanos para defender a los clientes de medios de comunicación sometidos a procesos de difamación. Por otro, tratan de informar a los periodistas europeos sobre el alcance de su derecho a cubrir y hacer comentarios sobre asuntos de interés público, que podrían no ser reconocidos adecuadamente por los tribunales y la legislación de sus propios países”.

Nani Jansen, Director Jurídico del MLDI añadió: “El Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo ha desarrollado un conjunto detallado de normas que rigen cómo los tribunales nacionales deben resolver las reclamaciones por difamación. Estas normas proporcionan una protección significativa a los periodistas y se aplican en toda Europa. Para defender con éxito a los periodistas, los abogados tienen que ser capaces de incorporar con argumentos basados ​​en el derecho nacional. Este manual les permite hacer exactamente eso y deberían conducir a la defensa exitosa de más periodistas”.

Los capítulos incluidos en los materiales y manuales de capacitación incluyen:

Detrás de las fuentes y los principios de la libertad de expresión
Una introducción conceptual a la difamación (incluyendo la historia, el derecho a la reputación en la ley y los tipos de respuestas a contenido difamatorio)
Tipos de material difamatorio (incluyendo opiniones frente a los hechos, el humor y las declaraciones de los demás)
Difamación y el debate público (incluida la protección de discurso político, a la intimidad de las figuras públicas y la difamación religiosa)
Los casos de difamación en los tribunales (incluyendo las defensas a demandas por difamación, carga de la prueba, fuentes anónimas, recursos y sanciones, y la aplicación del derecho internacional de los derechos humanos)
Jurisprudencia Difamación de la Corte Europea de Derechos Humanos

Mientras que Europa en su conjunto está considerada como una de las regiones más progresistas del mundo en lo que respecta a la libertad de expresión, el abuso de las leyes de difamación sigue siendo un obstáculo importante para los medios de comunicación europeos. Los materiales y manuales de capacitación forman parte de un esfuerzo por parte de IPI y MLDI para contrarrestar este obstáculo proporcionando habilidades, recursos y conocimientos para abogados y periodistas.

MLDI trabaja extensamente con los abogados en varios países europeos para defender los casos en contra de los medios de comunicación, incluida la adopción de los casos a la Corte Europea de Derechos Humanos – el tribunal de última instancia para todos los periodistas europeos que alegan violaciónes de su derecho a la libre expresión establecida en la Convenio Europeo de Derechos Humanos.

El trabajo de IPI sobre las leyes de difamación en Europa incluye un programa de investigación y promoción destinadas a fomentar la adopción de leyes de difamación en línea con los principios de los derechos humanos. El verano pasado, el informe del IPI “Out of Balance” reveló que la mayor parte de la legislación de difamación en los países de la UE se queda “dramáticamente corta” a la hora de cumplir con las normas internacionales pertinentes.

Los materiales de capacitación y manuales que acompañan están actualmente disponibles para su descarga en cinco idiomas, incluyendo el español.

El manual y los materiales fueron encargados al Dr. Richard Carver de la Universidad Oxford Brookes.

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