¡Se pudo!

Claro que se puede. Quedó evidenciado en el cubrimiento distinto, ponderado y contextualizado de la visita del papa a Colombia. Los responsables fueron los mismos medios y periodistas que, todos los días y con las carencias que hemos reiterado, hasta el cansancio cubren actualidad, proceso de paz e implementación de los acuerdos. (publica el Espectador)

En esos días y sin ponerse de acuerdo, el trabajo periodístico hizo lo que audiencias y críticos reclamamos siempre: contar historias desde la perspectiva del ciudadano, las víctimas, los seres humanos normalitos que, por oleadas, colmaron calles y recintos.

Y he ahí otro punto a favor. No obstante que el protagonista era el carismático papa Francisco, en pantallas, micrófonos y relatos escritos se dejaron ver voces y rostros de la variopinta población en medio de sus esperanzas, anhelos, dolores y frustraciones. Y en muy escasas ocasiones con aprovechamiento del dolor humano para generar más emoción.

Claro, ayudan la expectativa por la preparación durante meses, los escenarios de creencias, el carisma del pontífice que se narra a borbotones en sus sentencias como titulares, en su coherencia, sencillez y también en sus silencios, para conectarse con sus feligreses a través de esa estrategia relacional que es la transfusión y que consiste en conocer a los públicos antes de hablarles.

Salvo pocas excepciones se pudo romper la linealidad con perspectiva de adversarios, de blanco y negro, de declaración versus reacción. Les permitieron a esas audiencias armar, con aportes narrativos según posibilidades, ese espejo roto que es la realidad. De ahí el incremento en el consumo mediático. Sólo en televisión hubo audiencias cercanas a los dos millones y medio en horas valle y superiores a los tres millones en horas pico.

Se leS cedió la palabra a los que saben de asuntos pontificios y hubo pocas intenciones de protagonismo… Sí, mejoramos.

Sin duda este cambio de chip mediático contribuyó a esa enriquecedora experiencia de usuario que hoy reconocen las audiencias. Ya se hizo esta vez… Claro que se puede.

Generalistas y exagerados

Por Mario Morales

El lenguaje, y no la lengua, es la patria, se suele decir, o al revés, en medio de fuertes debates. Pero si tal significado existe, no hay duda de que el nuestro, el lenguaje colombiano, el tono que impregna la intencionalidad de lo que queremos expresar, ha construido imaginarios, a cual más inapropiados o inexactos por culpa de generalizaciones y de las exageraciones, que han ayudado a definir nuestra cultura. (Publica El Espectador)

Ese tono que no se detiene en los términos medios ni en los matices nos ha llevado durante siglos, por la vía de la esquizofrenia, a extremos de los que hacemos gala, disculpados por nuestra presunta personalidad macondiana.

Y así vamos por la vida creyéndonos unas veces paradigma del trabajo honrado y esforzado y, otras veces, encarnación misma de la picardía y la trapacería. Aquí todo es cuestión de vida o muerte, hasta el juego de rana dominical. En estas latitudes la historia “se parte en dos”, en promedio cada semana.

En nuestro ámbito se define el futuro del país en cada debate y, más grave aún, en cada declaración. Los grises y las posiciones que orbitan los centros son descalificados por tibios y la ponderación dejó de ser una virtud para convertirse en una tara conversacional.

De nada, pues, servirá la guerra que queremos dejar atrás si no entendemos que en este collage pluriétnico habitan distintos que piensan diferente y tienen ideas y soluciones diversas. Nada significará todo este pandemónium alrededor del plebiscito si no comenzamos por aceptar que entre el Sí rotundo e incondicional y el No obcecado y pertinaz hay conglomerados variopintos obligados a callar porque les huyen a rótulos, etiquetas y la inamovilidad.

Hay más país, otros países que conviven aquí y que son omitidos por un lenguaje que solo distingue entre ilustres y ninguneados, entre arriesgados y borregos, entre iluminados y duros de corazón, entre virtuosos y malos por vocación.

Quizás antes que nuevas constituciones o acuerdos políticos, debamos comenzar por cambiar el lenguaje en que debatimos y nos narramos. O por lo menos una parte, para no ser generalistas ni exagerados.

Periodistas, trabajo sí hay

Periodistas, trabajo sí hay

cnnjobsSupervising Producer (Latin America) CNN Digital

Job Title: Supervising Producer (Latin America), CNN Digital

Job Category: News

Job Location: United States – Georgia – Atlanta

Job Type : Full Time

Requisition # : 151777BR

Posting Job Description :
This is our story
We are the now and the next. The power behind the people building the future. We are born from the spirit of innovation. We are created from the idea that people around the world want more, need more, deserve more. We are the home of the global digital revolution. We are CNN.

What part will you play?

  • A new position for CNN Digital, the Supervising Producer, Latin America, will be a major driving force in our mission to up our production of high-quality news and innovative feature content that showcases the diversity of South/Latin America.
  • We are looking for an ambitious, creative and experienced journalist fluent in English and Spanish (excellent written English a must) to produce distinctive digital content and build on CNN’s global leadership in original journalism, video and breaking news.
  • The successful candidate will be someone with a deep understanding of South American affairs and audiences, faultless news judgment, capable of producing and commissioning outstanding journalism and a deep understanding of social media.
  • There will be a strong focus on digital video – with the Supervising Producer collaborating and coordinating with TV newsgathering, feature teams and regional CNN resources as well as our digital video units on topics, stories and planning.
  • Syncing with CNN Espanol and CNN International’s newsgathering teams and other regional bureaus, the role will help define and deliver on CNN Digital’s broader editorial and expansion strategy related to the continent. S/he will also provide an essential link to the CNN LatAm Newsgathering team, collaborating, coordinating, sharing resources in order to improve our storytelling capabilities in both English and Spanish.
  • S/he will deliver engaging stories from and focusing on the continent, manage freelance content to all our platforms as well as come up with digitally native storytelling ideas – with a special focus on mobile first storytelling.
  • The position is based in Atlanta and the vision is the Supervising Producer will over time build up a team of resources throughout the region.
  • This will be a key appointment as CNN Digital builds up its global team and the successful candidate will be able to demonstrate an impressive inside-out familiarity with the region.

What will you be doing?

  • Produce and manage the flow and planning of engaging content across breaking news and news events, news features and editorial-led commercial feature series on CNN’s digital platforms that meets our traffic
  • goals with a focus on mobile-first storytelling and digital video. On a day to day level, the Supervising Producer will coordinate and deliver digital South/Latin America coverage across the network and in collaboration with other colleagues in in our main London, Hong Kong and Atlanta units.
  • Manage the digital features output related to Latin/South America. Manage freelancers and agency resources, to ensure projects are effectively and efficiently staffed with high-quality results.
  • Develop concepts and deliver on commercially-attractive editorial feature series
  • Work with CNN Espanol, CNNI newsgathering and digital video teams to increase the quality and quantity of digital video from the region.
  • S/he will develop and work with contacts, sources, freelancers, social media as well as CNN newsgathering and regional bureau resources to bring new avenues of storytelling and deliver on providing expert insight into the region, its cultures, its influence and key issues that resonate with a local and international audience.
  • Connecting and sourcing voices to feed into our commentary and opinion units.
  • The role will also use metrics to help refine editorial strategy and optimise content delivery across all our platforms and identify commercial opportunities.

What do we need from you?

  • The successful candidate will need to be fluent in English and Spanish, both oral and written, and possess significant editorial expertise and experience that demonstrates an impressive knowledge of the region, its people, cultures, issues etc.
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  • Understanding of journalistic standards and media law is essential.
  • A deep understanding of social media and how content travels as well as community building on several platforms
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  • Must have excellent communication skills. Must be able to represent CNN.com internally and externally.
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Fuente: http://jobsatturner.com/atlanta/news/jobid10019964-supervising-producer-%28latin-america%29-cnn-digital-jobs

Los medios, en deuda

Los medios, en deuda

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(Por: Mario Morales)  Un estudio del Observatorio de Medios de la Universidad Javeriana concluye que el cubrimiento periodístico del proceso de paz ha tenido carencias, unifuentismo, se ha hecho a distancia y en muchos casos ha generado confusión. (Publica El Espectador)

No hemos hecho bien la tarea. Ni el gobierno en la comunicación política acerca de lo que ha pasado con el proceso de paz. Ni quienes tienen a cargo la pedagogía para saber hacia dónde van las negociaciones. Ni el periodismo para contar lo que está sucediendo, como dice el manido, e incumplido lema de algunos medios.

Lo prueba la indiferencia de la población frente al desafío, que es, a la vez, el sueño cimero de las últimas cuatro generaciones, resumido en esas cuatro palabras repetidas hasta el hastío: la tan anhelada paz.

Pero no son los únicos insumos para analizar cada una de esas tres patas sobre las que descansa la otra mesa, la de la credibilidad de lo que se acuerde en La Habana. También lo documenta una investigación realizada por el observatorio de medios de la Universidad Javeriana que ha monitoreado día a día, desde el inicio de las conversaciones, el cubrimiento periodístico del proceso en los medios nacionales de prensa y televisión.

El estudio muestra que el trabajo periodístico ha tenido carencias, primero porque los medios como el resto del país fueron sorprendidos por un suceso de tal magnitud para el cual no estaban preparados. Segundo, porque el modelo de confidencialidad que ha blindado lo que pasa en La Habana ha sido un obstáculo para acceder a la información con estándares de calidad. Y tercero porque a los periodistas nos ha pasado lo que al resto de ciudadanos, no hemos ido más allá de la cotidianidad para entrar en los terrenos de la previsión y la anticipación.

En ese día a día los medios se han impregnado o representado los estados de ánimo de los colombianos frente al desarrollo de las negociaciones. Partieron de la incredulidad fruto de la larga resaca por el fracaso de las negociaciones en El Caguán, frustración que dio paso al recrudecimiento de la guerra, de la violación de los derechos humanos y al recorte de libertades individuales y sociales.

Con los primeros anuncios de los diálogos se abrió paso en las piezas periodísticas el escepticismo y más tarde la cautela. Con la instalación formal de la mesa vino la exaltación que reencarnaba cada vez que se aprobaba un punto de la agenda, hasta que vinieron los escollos y cundió el pesimismo en titulares y desarrollos, a veces contagiado de determinismo, a veces de fatalismo. De esa manera y al ritmo ralentizado de los anuncios, las narraciones periodísticas han aprendido a convivir en medio de esa bipolaridad pero sin tocar los extremos.

La ausencia de hechos y la escasez de documentos, que no fueran los comunicados o los registros audiovisuales, llevaron a los reporteros a contagiarse de las emocionalidades de las fuentes que cambiaban según el biorritmo de cada ciclo, según las conveniencias en el tira y afloje de las discusiones o en la toma de partido no pocas veces visceral de quienes reaccionaron como oposición.

Las dificultades del cubrimiento in situ llevaron a los periodistas a hacerlo a distancia, especialmente desde la capital, con el riesgo de incluir en sus narrativas los (des)contextos también emocionales según el momento o la coyuntura. Eso explica que momentos de efervescencia como el mundial de fútbol se vieran trasplantados al crecimiento de la favorabilidad del proceso en el monitoreo, y que coyunturas como las de elecciones reflejaran espectros amplios de polarización, o épocas como vacaciones marcaran distanciamiento y disminución de las narrativas mediáticas sobre las conversaciones.

Otro factor evidente, como consecuencia de lo dicho anteriormente, es que haya primado el periodismo de declaraciones que iban cambiando e incluso contradiciéndose con la evolución de la agenda, generando confusión.

Si bien la iniciativa fue de la estrategia gubernamental, los medios asumieron los relatos del proceso de manera personalizada en torno a la figura del presidente Santos de forma que lo afectaba a uno involucraba al otro y viceversa.

Pero quizás uno los aspectos más llamativos del estudio tiene que ver con el encuadre desde el cual siguen narrando los medios. Entrenados durante muchos años en el cubrimiento del conflicto y no pocas veces contagiados por la propaganda política, los medios siguen narrando el proceso desde la perspectiva de adversarios, esto es, de vencedores y vencidos, de enemigos irreconciliables, de buenos y malos.

Claro el mismo gobierno, con la voz altisonante del exmindefensa Pinzón, las rabietas del presidente o el discurso encendido de la fuerza pública abonaron ese terreno maniqueo del cual no logramos salir. Incluso propuestas, como el desescalamiento del lenguaje, hechas en momentos de tensión o indignación no fueron comprendidas y se convirtieron en epicentro de burlas y diatribas.

Ese ambiente enrarecido ha impedido el apoyo a la mesa en tanto que una de las partes sigue siendo deslegitimada como interlocutor válido contradiciendo la lógica de las conversaciones y los acuerdos.

En términos generales a través del seguimiento diario se evidencias rutinas periodísticas alineadas y entrenadas durante años desde esa perspectiva de enemigos, con incidencia de renovados discursos de odio, con sus correspondientes y repetidas formas expresivas, centradas en la sectarización o en la victimización.

Esos acontecimientos son contados de manera episódica, sin solución de continuidad y sin contextos explicativos o nexos de causalidad o perspectivas de futuro.

En esa montaña rusa de sensaciones, signada por acontecimientos cuyo significado va cambiando de valor, los medios se miran unos a otros, se han mimetizado entre sí, reciclan sus rutinas y al cabo de tres años su narrativa es monótona, aburrida, sin regiones, sin rostros humanos, con preeminencia de los comunicados, de las versiones pero sobre todo con la lógica de que toda declaración se merece una reacción, una contraparte bajo el equivocado pretexto del equilibrio informativo.

En la construcción de las informaciones el gobierno aparece como principal punto de referencia por la preeminencia de la voz presidencial, del comisionado y de sus voceros en la mesa, pero escasean las voces y rostros de las víctimas, de la sociedad civil y de la academia. Interesa más la dialéctica de guerra y paz, entendida como contienda entre Uribe y Santos, por ejemplo.

La perspectiva de género no sale bien librada, las fuentes son esencialmente masculinas muy a pesar del protagonismo femenino en diversos frentes que tiene que ver con el (pos)conflicto. Ese protagonismo, cuando aparece narrado, lo hace cundido de estereotipos como el de la vanidad y el eterno femenino, como en el caso de la guerrillera Tanja. Una de las preguntas que deja el observatorio es si esa visión es machista y en esa medida tiene determinados efectos.

Quedó claro que sigue primando el cerofuentismo o el unifuentismo con especial relieve de las fuentes oficiales. Y en lo atinente a las formas narrativas de sujetos y fuentes, las imágenes y descripciones se han ido mecanizando en ángulos, encuadres y adjetivos, de tal manera que parecen repetidas o de archivo, sin serlo.

La dialéctica encendida de las redes sociales ha reemplazado el periodismo de investigación y de interpretación. Sin proponérselo, los reporteros han legitimado como fuentes a redes sociales que no lo son y que, a veces, ni siquiera quieren serlo, como lo describen su presentación. De esta manera el trabajo de campo se ha reducido a las rondas pro internet en busca de reacciones, opiniones personales o comunicados sin el suficiente trámite de verificación o sustentación.

La agenda de los medios nacionales es generalista, apunta a contar el desarrollo de la mesa como tal, sus ritmos, sus tiempos, sus desavenencias y sus polémicas, pero no busca los detalles en los puntos específicos ni en los subtemas, ni en los asuntos relacionados o emergentes producto de la dinámica de las conversaciones.

Como consecuencia de la emocionalidad, se ha instalado la lógica narrativa del conflicto en la que los hechos disruptivos como combates o ataques contra combatientes o infraestructura que antes eran colaterales han pasado a ser temas centrales en momentos de tensión, pero brillan por su ausencia los temas que tienen que ver con acciones de paz, reconciliación y perdón.

Es justo reconocer que hubo un ligera mejoría una vez se aprobó el tercer punto. Se incrementaron los informes, los enviados especiales y crecieron tanto el análisis como los puntos de vista en columnas de opinión y editoriales pero también en la parte informativa con presencia de voces de la sociedad civil. También se ha mejorado en el uso de recursos narrativos y en el manejo del lenguaje. Pero todavía falta …

El observatorio

El observatorio de medios de la universidad Javeriano ha realizado cerca de 15 monitoreos en los últimos 12 años teniendo como referencia los estándares de calidad periodística, con base en el análisis de contenido y las teorías contemporáneas del periodismo. El monitoreo del cubrimiento del proceso de paz arrancó el 1 de agosto de 2012 y se mantendrá vigente hasta la implementación de los acuerdos en 2016.

Inicialmente ha analizado los periódicos nacionales y los noticieros de televisión pública y privada que cubren todo el país. Su trabajo es censal, quiere decir que no toma una muestra sino que observa todas las narrativas periodísticas, incluyendo opinión y caricatura, que han aparecido sobre el proceso de paz y temas relacionados. El investigador principal es Mario Morales y el asesor estadístico es Andrés Medina. Involucra estudiantes de pregrado y posgrado como monitores, asistentes de investigación o que realizan sus trabajos de grado y tesis con apoyo en su metodología. Ha contado con el apoyo del Centro Ático, Cinep, PEP, FNPI, Cifras y Conceptos y Auditsa.

A través de un instrumento de análisis observa la prominencia, encuadre, enfoque, construcción informativa, origen de la información, contexto, recursos narrativos, calidad del lenguaje, temas y asuntos de la información, fuentes periodísticas y ética periodística.

Algunos datos

A lo largo de estos tres años se han observado más de 12,000 piezas periodísticas. Se ha encontrado que el generó más frecuente en prensa es la columna de opinión con un 29 5%, mientras que las narrativas de registro como la noticia aparecen con un 25.4% y la breve con un 15.2%,. El análisis sólo llega a un escaso 6% si se compara con la caricatura, por ejemplo, que alcanza el 7.5%

El interrogante que queda planeado es si las audiencias están recibiendo primero la información tratada, la de posiciones ya establecidas y opiniones fuertes, antes que la información pura y dura y si eso tiene que ver con el grado de polarización en que se encuentra la opinión pública

En televisión el género predominante es la noticia con 69.2%; el análisis aparece en el 1.9% de las piezas.

En prensa el enfoque es neutro en un 51.8% crítico en un 26 5% y parcializado en un 13.3% en televisión es neutro en un 67%, crítico en 23 3% y parcializado en un 4.6%

Si bien en prensa un 37.3% no es posible establecer el origen de la información, en un 20.5% proviene de entrevistas 17.2% de foros, 8.1% de boletines y 1.9% de redes sociales, mientras que en TV el origen estáen las entrevista s en 39%, foros y debates en 24,2%, y ruedas de prensa en un 15, 8% lo que demuestra por qué en las narrativas prevalece el quién sobre el qué.

En prensa el 25.4% de las notas informativas no tienen fuente y el 41.6% o sólo tienen una. Las fuentes son masculinas en un 80% y femeninas en un 10%.
En tv el 11.4% de las notas no tienen fuente y el 50.8% sólo tienen una. El 83% de las fuentes son masculinas y el 10% femeninas.

En prensa, las víctimas aparecen como fuente en un 2% y como sujeto de la información en un 4%, mientras que l gobierno es fuente en un 23% y sujeto en un 19.7%

En TV el gobierno aparece como fuente en un 25% de las notas y como sujeto de las notas en un 17.1, y las víctimas son fuentes en un 3.3% y sujetos de la información en un 5.3%

Qué hace falta

Teniendo en cuenta los resultados del observatorio en relación con lo que exponen teóricos como Galtung o Giró, hace falta tener en las piezas periodísticas múltiples voces, relatos desde las regiones y territorios, dignificar las víctimas, salirse del círculo de la guerra, no replicar la voz de las fuentes, reconstruir la verdad histórica, diferenciar violencia de conflicto, más debates entre distintos, recurrir a otros géneros; el antídoto son las historias, siendo menos reactivos y más proactivos.

Dejar ver al otro, humanizar a todos, maximizar aciertos, adjetivar menos y usar menos eufemismos, más memoria más clima más autoestima, más bases informativas sólidas; hay que llevar las audiencias a la reflexión, hay que ser activos e innovadores y evitar la exhibición de las víctimas o las minorías desde la perspectiva exótica o como pura escenografía. Los medios deben ser escenarios de debate en los temas del conflicto pero también en las agendas de paz.

En resumen, tanto medios como periodistas se deben instalar en puntos de convergencia, de consensos y disensos, en la generación de ambiente, en la reconstrucción de memoria y en la recuperación de autoestima y optimismo.

* Profesor de la universidad Javeriana y columnista de El Espectador.

Y al fin cuando es el día del periodista ?

Retomamos esta columna escrita hace un tiempo a propósito del día del periodista y del debate sobre la pertinencia de esta celebración en un día como hoy.
(Por Mario Morales).

¿Ah sí?, me dijo con rabia mi mujer, ¿lo mismo que hace veinte años?. Sí, le respondí simulando hastío. No era para menos. Había llegado a casa con la espalda enrojecida de tanto abrazo y las mejillas y el cuello de la camisa salpicados de labial. Fue por lo del día del periodista, atiné a balbucear por culpa de los tres whiskies.

Y entonces, me dijo batiendo unos papeles frente a mi nariz, ¿Cómo explicas que en este calendario diga que el día del periodista es el 4 de agosto?

¿Agosto 4? Pregunté tratando de recomponerme. No, que va… ¿Acaso no me viste en televisión ayudando a cargar con el trofeo a toda una vida y a toda una obra? ¿Y no has visto en el santoral que el 9 de febrero es el día de don Manuel del Socorro?

Socorro vas a tener que pedir, me dijo ella, cuando veas que ese es el día de Miguel Febres Cordero, que no fue político sino educador ecuatoriano y autor de libros de textos para quienes, como los periodistas de este país, viven en la luna. Pero el 4 de agosto sí es el día de don Manuel, dije sin convencimiento.

Cuidado con lo que dices, no sea que te escuche Plinio Apuleyo, que no se pierde estas fiestecitas.

El 4 de agosto es el día de Juan… el Bautista, el cura de Ars y de todos lo párrocos. ¿Y entonces? Indagué desarmado. Ese, dijo, es el día que los periodistas creen que se conmemora la traducción de los Derechos del Hombre por Antonio Nariño. Claro, dije entusiasmado, ese sí representa lo nuestro y defiende lo que somos.

Pues fíjate como son ustedes, dijo ella dueña de la situación. Según los historiadores la fecha de esa traducción fue un 15 de diciembre, no un 4 de agosto. Y antes de que preguntes, ese es el día de Santa María Crucificada di Rosa, la fundadora de las hermanitas descalzas, que de pronto sí tiene que ver más con la situación laboral de buena parte de tu gremio.

¿Y entonces cuándo es el día del periodista? dije ya sin argumentos. ¿Dónde quedan las celebraciones, los picos, los whiskies?, ¿y dónde queda el informe de la Fundación para la Libertad de Prensa sobre la profesión en el año que pasó?, ¿y los comunicadores afectados por violaciones a la libertad de prensa en Colombia?, ¿y los amenazados de los doce meses pasados más los que ya van en este año?, ¿y los exiliados, y los que sufren obstrucción en su oficio, y los chantajeados por la pauta oficial, y los vetados por las fuentes estatales?, ¿y aquellos (¿cuántos son?) que no aparecen en esta estadística por miedo, por falta de protección o porque ya es demasiado tarde?, ¿y los miles que se autocensuran y recurren al silencio a manera de autorregulación, de autocensura para salvar el pellejo?.

Yo no sé, aquí el periodista eres tú, dijo ella a manera de epílogo. Lo que sí está claro es que este año ya tuviste suficiente celebración, a no ser que quieras aumentar en uno los casos de agresión a comunicadores, o que te encomiendes a San Expedito, el santo de moda en este país, el patrón de las causas urgentes.

Periodismo o reality?

Por Mario Morales

Seguimos en pérdida. Frente a los retos que plantea el presente vertiginoso, fragmentario y escéptico, el balance para nuestro periodismo es desesperanzador. (Publica el Espectador)
Pasamos sin escrúpulos del mimetismo de la estrategia militarista (esa del count body), a la demagógica prensa de declaraciones (esa de respeto tu opinión, pero…), hasta degenerar en esta suerte de reporterismo punitivo o justiciero, de tan oscuro recuerdo hace un siglo en Europa.

Por culpa de ese seudoperiodismo de videos, de esa ramplona crónica roja, con casi todo de lo segundo y casi nada de lo primero; y de la mal interpretada interacción con las audiencias sacrificamos el qué, el presente y la memoria de este país pegado con babas.

A veces nos creemos el sheriff del condado, otras nos consolamos con la histeria que reclama captura de los “presuntos” autores. Luego enfundamos las “narrativas” hasta un nuevo suceder… Aplica para todas las categorías.

Pasada una semana del accidente aéreo que dejó 16 policías muertos nos remitimos a la intestina guerra propagandística del quién tuvo la culpa y nos quedamos sin la historia de la tragedia y sin el rostro de las víctimas, como si fueran líneas argumentales de quinta categoría.

No importan los detalles, el trasfondo o las implicaciones. Alistemos la espada ahora que se enfrentan otra vez Petro y el procurador. Y envainémosla ahora que renunció el gobernador de Cundinamarca. O cambiemos de tema ahora que se entregó otro de los conductores ebrios y no por ello menos criminales…

En ese fútil juego “detectivesco” se nos van las historias. Cada vez más nos parecemos más a los espectadores del siglo pasado que describía el crítico W. Lippman, “llegan hacia la mitad del tercer acto y se marchan antes de que caiga el telón, quedándose el tiempo suficiente sólo para decidir quién es el héroe y quién el villano de la función”.

O sin ir tan lejos, quizá reescribimos ese reality de la señorita Laura, a la espera que entre el “desgraciado”. ¡Qué comience la audiencia!

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