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Desuribizar, destrumpizar…

7 Mar , 2017  

Por Mario Morales

Suele suceder que confundimos al fenómeno con su causa. Pasa aquí, en Estados, Unidos, Venezuela… Creemos, en pleno siglo XXI, el del renacer de las emociones exacerbadas por el ecosistema mediático, que el problema es Trump, Uribe, Maduro y compañía ilimitada. (Publica el Espectador)

Imaginamos que todavía hay líderes capaces de cambiar, incluso hacia el fracaso, el curso de la historia; o queremos ignorar que son las sociedades, sus almas colectivas, sus creencias y sentires más arraigados, los que hacen posible el surgimiento de los mal llamados neopopulistas, que no son más que intérpretes avanzados de los signos de la época. A veces ni ellos, sino sus asesores.

Esos líderes son el resultado de las ensoñaciones más profundas, a veces inconfesables, de una parte de esas sociedades. Y un día encarnan y aprenden a nutrirse del mito que crece con el sensacionalismo y que los hace inmunes a la diatriba y a la crítica porque se adueñan de esa narrativa, porque hacen del lenguaje del odio su forma expresiva, su pacto emocional con sus seguidores y con sus opositores que los nutren con sus pandectas.

Enceguecer a la masa con exageraciones y desfiguraciones es su manifestación continua de coherencia que aplauden sus áulicos. Ellos o sus asesores conocen bien nuestro sistema nervioso, nuestros reflejos condicionados, nuestras taras. Una vez aplicado el choque no hay defensa que valga… Casi ninguna.

Decían los propagandistas que frente a los agitadores, como Steve Bannon —el hoy afamado alter ego de Trump—, lo único que funciona es la razón. La historia los contradice.

Frente al escándalo, la indignación, mentiras o engaño, que son motores de combustión de las masas necesitadas de estímulos como canes pavlovianos, lo único que funciona es la indiferencia. A veces, combatir una mentira con base en argumentos es una forma indirecta y efectiva de potenciarla.

Desuribizar, destrumpizar, despalomizar ayuda a dejar al pez sin agua, sin oxígeno… Y de comenzar a curarnos de esa adicción.

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Óscar a los otros

28 Feb , 2017  

Por Mario Morales

Envidia de la buena produjo la gala de los premios Óscar. Porque más allá de los errores en la premiación o en los obituarios; de los no siempre bien logrados intentos de interacción con dulces caídos del cielo o turistas sorprendidos in situ; dejó ver detrás del rosto marquetinero de la industria, una posición sociopolítica sólida, coherente y contemporánea. (Publica el Espectador)

Fue una respuesta plurivocal del arte y del sector del entretenimiento a los escarceos totalitarios de un gobierno como el de Trump, antipersonaje de la velada, que de muchas maneras representa a tantos otros con ideologías disímiles. Pero también a la intolerancia, la violencia, los prejuicios…

Muchos de los ganadores bien habían podido quedarse en sus saludos intimistas, en sus retahílas de agradecimiento, en sus rutinas de autocomplacencia, en sus guiños a diseñadores o mecenas. Pero no. No perdieron la oportunidad de la tribuna ante 1.000 millones de seres humanos para revalidar con discursos lo que ya nos contaron en sus películas o viceversa, es decir, exaltar el respeto a la existencia del otro, del distinto, del lejano.

Por eso, sin altisonancia se manifestaron en contra de la brutalidad policial y la violencia racial como Edelam, Óscar al mejor documental; o condenaron la segregación de algunos países, como el ausente Farhadi, Óscar a mejor película extranjera; o el maltrato a inmigrantes como Bertolazzi, estatuilla al mejor maquillaje; o los muros como el actor Gael García; o la guerra inhumana en Siria, como lo hicieron saber los ganadores de mejor corto documental; o contra la intolerancia y el autoritarismo, como lo mostró Kimmel, el presentador, con el humor a veces como último rescoldo.

Me quedo con el poder de esas palabras antes que con las anécdotas de situación, por la convicción de quienes, como dijo Viola Davis, celebran vivir una vida, más si esa vida es la vida de los otros, como se llamó una película que no queremos olvidar. Tenemos tanto que aprender…

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Al derecho y al revés

21 Feb , 2017  

por Mario Morales

Si hay un día D en el proceso de implementación de los acuerdos de paz es precisamente cuando las Farc dejen las armas, así sea por cuotas. Es un día largo que ya despuntó con la dejación, que al decir del general Flórez, ya hicieron los milicianos en campamentos guerrilleros. Dicen los más optimistas que el proceso continuará el 1 de marzo, se extenderá 90 días y que el cronograma será inmodificable… lo que quiere decir que tendremos que “armarnos” de nuestra proverbial paciencia. (Publica El Espectador)

Si bien esa guerrilla ha dado muestras de transparencia en el proceso de reubicación en las 26 zonas veredales (que a su vez permitirá determinar el tamaño del problema de sus disidencias), el símbolo de compromiso con lo firmado el año pasado es el abandono total las armas, no sólo porque da lugar, más allá de la retórica, a la fase de no retorno, sino porque generan la confianza que requieren para regresar a la civilidad y convertirse en partido político.

Superado el berenjenal lingüístico de entrega versus dejación, y el del destino del armamento entre entierro, no uso y fundición de las armas que se convertirán finamente en tres monumentos, el proceso es un espaldarazo a las instituciones y al mandato del monopolio de las armas por parte del Estado. Falta ver que espacios, contenedores y ONU estén listos, así como procedimientos de verificación y monitoreo para que no queden armas en zonas de agrupamiento.

Estamos, pues, a semanas de constatar el fin real del conflicto, así no haya ánimos para celebrar, si se comprueba la hipótesis de que, en la otra cara de la moneda, el Eln estaría presionando con actos terroristas el cese bilateral.

Acciones torpes, además de criminales, porque envían mensajes equivocados a ciudadanos y Gobierno en medio de la confrontación entre taurinos y antitaurinos, al tiempo que frenan la mesa de negociaciones. Si no creen en el establecimiento, por lo menos, los elenos deberían creerles a las Farc y a su compromiso histórico.

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Eso ya se sabía…

14 Feb , 2017  

Por Mario Morales
Puede que no sea coincidencial el ambiente de confusión que reina con la denuncia gota a gota por el caso Obedrecht. Los dimes, diretes, chismes y patraseadas cada que se abre una alcantarilla no solo ponen cascaritas a los medios, divorciados como están de los hechos y en ardiente concubinato con las cambiantes versiones; sino, por intermedio suyo, a las audiencias que ya ahítas por la dosis permanente de podredumbre, toman distancia con la pretendida conclusión de que todos están untados o al menos salpicados. (Publica El Espectador)

Ese atiborramiento genera indiferencia entre la población que se siente inteligente repitiendo que “eso ya se sabía”, sumida en la inveterada actitud de resignación que ha hecho tanto daño desde que buena parte (es un decir) de los políticos creyeron que su pago era la guaca inagotable de los contratos.

Lentamente el proceso perderá velocidad hasta caer en la paquidermia como en tantos otros escándalos (eso también ya se sabía), a medida en que se amplían los mutuos señalamientos, la lista de implicados (si es que dan a conocer los nombres de gobernantes locales) y de funcionarios impedidos que podrían incluir al mismo fiscal, si prospera la denuncia de inhabilidad que presentó el senador Robledo.

Uno de los efectos colaterales de esa incertidumbre extendida es este apaciguamiento forzado de quienes viven de azuzar la polarización y la violencia verbal. Hay tiempo para que los pocos debates de fondo sobre la corrupción y de la entrada en vigor del proceso de paz mueran de anemia, y para que recarguen baterías (eso también ya se sabe) quienes van a hacer hasta lo imposible por hundir los acuerdos con la guerrilla y revivir el conflicto, esa otra forma de corrupción moral, que les producen tantos réditos.

No es pues una exageración decir que la campaña electoral que está en sus albores será escenario de la guerra por otros medios, o de la guerra misma si no despertamos del marasmo de creer que eso también lo sabíamos.

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La vieja lucha de clases

7 Feb , 2017  

Por Mario Morales

Que las masas se aburren lo supimos con Domenach, el intelectual francés, desde mitad del siglo pasado. Aprendimos con George Sorel que esos rediles se despiertan antes que con hechos, por mitos, en especial los que connotan violencia aun cuando no tengan contenido, en la añoranza de pasados sublimes o proyección de sueños colectivos. Con esas ensoñaciones se han construido los peores totalitarismos, que comenzaron disfrazados de populismos para huirle a la argumentación y al debate racional. (Publica El Espectador)

Y en esas fuentes, donde se diluyeron las ideologías, están las explicaciones de fervores como el de Trump con sus mitos mimetizados del western, hasta las fiebrecillas que detecta la reciente encuesta de intención de voto realizada por Pulso País.

No extraña entonces la favorabilidad de Petro o Vargas Lleras en detrimento de la aspiración de Humberto de la Calle. El storytelling de los primeros ataca el sentimentalismo de los polos opuestos sin necesidad de exponer planes de gobierno, acudiendo al reconocimiento de sus seguidores en narrativas, prefiguradas las dos como agresivas y persuasivas más por la vía de la identidad que del convencimiento.

Muy distintos al fenómeno de De la Calle, heredero de uno de los gobernantes más aburridos de la historia, y protagonista de un acuerdo de paz que perdió el sex appeal para las masas desde que se desdibujaron la polarización verbalizada, el insulto, la mentira y los trapitos al sol.

La implementación adecuada de los acuerdos con las Farc y un expedito proceso con el Eln cierran opciones para De la Calle, pero también para el extremismo de derecha que se queda sin materia prima para inventar o interpretar a su acomodo la realidad con base en la vieja propaganda política analizada por Domenach hace casi 70 años, y que ahora se presenta reenvasada con la etiqueta de posverdad.

En cambio la pugna Petro-Vargas Lleras resulta más prometedora, así sea otro refrito de los mitos en torno a la eterna lucha de clases.

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¿En la sinsalida?

31 Ene , 2017  

Por: Mario Morales

Sería una exageración decir que llevamos cinco meses en paz, aún si en ese lapso no ha habido ningún muerto a causa del conflicto armado directo, como no pasaba desde hace medio siglo. Sería un motivo para celebrar que no se sigan perdiendo vidas humanas por culpa de la estupidez guerrerista, si esa fuera la consecuencia de que por fin aprendimos a lidiar con nuestras diferencias. (Publica El Espectador)

Pero no hay tal; seguimos en conflicto, si entendemos como tal la confrontación violenta entre quienes piensan distinto o tienen creencias diversas, y si se mantiene la perspectiva de la eliminación física o simbólica del otro.

Sí, hay un paréntesis necesario que ojalá termine con la incorporación completa de las Farc a la vida civil y que ojalá se extienda por varias generaciones. Pero preocupan, y mucho, los nubarrones de las bacrim y otros actores violentos copando los espacios que la guerrilla está dejando en casi 250 municipios, como señala la Fundación Paz y Reconciliación.

Como preocupa la muerte impune de líderes sociales, reclamantes de tierras y defensores de derechos humanos, síntomas de nuevas violencias, de odios reciclados.

Pero no es sólo allá donde el Estado brilla por su ausencia. La misma guerra a muerte cohabita en las ciudades por el monopolio del transporte público, el maltrato animal; o el control en el barrio, la esquina, la casa…

Y en medio de ello, el Estado improvisando, como siempre, a juzgar por el mes de retraso en las zonas veredales, esa colcha de retazos punitiva que es el nuevo Código de Policía, esos incentivos inanes para disminuir la accidentalidad y la ausencia de pedagogía para facilitar la convivencia.

Se entiende la quejadera general, las marchas recurrentes y hasta las 46 revocatorias que, según la Registraduría, van en camino. Algo tiene que hacer la gente más allá de esconderse del conflicto latente y de la delincuencia común que, para colmo, se ha tomado las ciudades.

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Pullas y tatequietos

17 Ene , 2017  

Por Mario Morales

Pulla va, pulla viene. Ya apesta ese rifirrafe entre el actual y el pasado gobierno y sus mutuas acusaciones de corrupción, la madre de todos nuestros males. Algo deben saber, que los encargados de impartir justicia no, quienes sugieren que anteriores o presentes funcionarios, familiares, amigos, financiadores y defensores tienen rabo de paja. Pero apenas sugieren, sin pasar del mutuo señalamiento o de esparcir cizaña. (Publica El Espectador)

Esas murmuraciones, especulaciones y chismes baratos servirían para algo si no supiéramos que están enunciados como simples “tatequietos” o vulgares advertencias a los adversarios para recordarse sus malos pasos. El manido y muy mencionado por estos días, “hagámonos pasito”.

En cambio refuerzan los imaginarios populares de una clase política descompuesta, deshonesta y oportunista. Ahí está la raíz de la aversión de la gente a la política, del distanciamiento de los partidos y de quienes se autoproclaman líderes políticos en medio del desprestigio.

Cosa distinta sería si esos dedos señaladores se hicieran acompañar de pruebas que permitieran la apertura de procesos serios que develaran los intríngulis que desangran los bienes públicos y defraudan la confianza de los ciudadanos.

Pero no, seguimos a expensas de las investigaciones de autoridades internacionales o de las delaciones convenientes de los cómplices, que ofrecen chivos expiatorios para esconder a otros responsables, como siempre sucede en el bajo mundo.

Y en medio de ello, la indolencia general que no pasa del murmullo indignado, bien porque la narrativa de la corrupción está contada de manera abstracta, sin víctimas de carne y hueso; bien porque realmente creen que esos dineros no son de todos y no salen de sus bolsillos; o bien porque en los estándares morales transmitidos de generación en degeneración ese, el de esquilmar el tesoro o la fe públicas, es un mal menor; eso sí, mientras a cada uno se le presenta la oportunidad de ordeñar al Estado por propia mano.

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Nuestro tricolor

12 Ene , 2017  

Por Mario Morales

Nos gustaba más el mundo cuando era en colores, si es que alguna vez lo fue. Han perdido gracia este país gris y este planeta con tempestades. Desde que decidimos, o decidieron en nuestro nombre, que todo era blanco o negro echamos por la borda la maravilla de la diversidad, de la otredad, del asombro cromático de la diferencia. Quizás sea por eso que ahora aburren los mal llamados debates, que no son otra cosa que una exposición de motivos a manera de posverdades, es decir de creencias y emociones para no cambiar de posición. Triunfa el más obcecado, el más terco, el que no cede. (Publica El Espectador)

De ahí en adelante todos quieren que sea sin árbitro para que valga todo. Desde el tramposo argumento de los taurinos que piden que no haya violencia en contra de sus prácticas crueles que construyen y legitiman el dolor ajeno como insumo de placeres malsanos ocultos en falsas estéticas… Hasta enfermos mentales agresivos que con el disfraz de la defensa de la vida animal, atacan la humana mientras sueñan con el ojo por el ojo en la arena.

Y unos y otros se creen heraldos de la civilización mientras acusan a los restantes de bárbaros sin entender que sus respectivas violencias tiene origen en la aridez racional que da lugar a la solución primigenia de la eliminación simbólica o real del otro.

Si de algo ha servido el bochornoso regreso del toreo a Bogotá y el lamentable espectáculo de quienes con violencia quieren erradicarlo, es para expresar, por otros medios, nuestra proverbial incapacidad para resolver conflictos y diferencias, y para recordar nuestra proclividad a recurrir a puños, armas y sangre cuando el argumento escasea y la idea no fluye.

Surge entonces la típica excusa de que todo tiene su límite; pretexto que abre las esclusas, desde las peleas escolares o familiares hasta las planetarias, para que el más poderoso, el más violento o el más cruel se salga con las suyas haciendo correr el rojo sangre, el único color que acaba con las diferencias.

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Mal, y aumentando…

10 Ene , 2017  

Por Mario Morales

Hay indicadores que llegaron para crecer y multiplicarse. Son testimonios de la incapacidad humana. Esas cifras esconden el drama de las víctimas, pero también ineptitud, indiferencia, falta de voluntad política o todas las anteriores, para controlarlas. (Publica El Espectador)

Es lo que muestra el año que acaba de terminar con los asesinatos de más de 100 líderes sociales, más de 800 mujeres, o con el número de quemados con pólvora o de riñas por intolerancia, la tercera parte en celebraciones y preferencialmente en domingo.

Lo mismo pasa con las agresiones a la prensa en Colombia y el mundo: en 2016 hubo 240 víctimas, ocho más que en 2015. Si bien no hubo asesinatos, siete comunicadores fueron secuestrados, 100 amenazados, 45 agredidos y 19 estigmatizados, según la FLIP. Incluso hay indicadores fatalmente proféticos: en los primeros cinco meses de este año prescribirán cuatro casos de periodistas asesinados en 1997.

Los conflictos en medio oriente aumentaron escandalosamente los índices orbitales de libertad de prensa. Según Reporteros sin Fronteras (RSF) 74 periodistas fueron asesinados el año pasado. Hay 348 periodistas encarcelados, 179 son profesionales y los restantes, net ciudadanos o colaboradores. Peor aún, 52 reporteros son rehenes.

Los países más mortíferos son Siria, Irak, Afganistán y en nuestro patio, México con nueve asesinatos, Brasil con tres, Guatemala con dos, y Perú y El Salvador con uno.

Junto a las agresiones directas, conspiran contra la independencia periodística la impunidad, interceptaciones, precarias condiciones laborales, leyes mordaza, autocensura y la creciente concentración mediática en manos de poderosos. Por ejemplo, según RSF, el 90 % de medios estadounidenses está en manos de sólo seis empresas.

En este maremágnum preocupante, resalta la iniciativa de periodistas, medios y ciudadanos con la naciente Liga contra el Silencio para enfrentar uno de esos males, la autocensura. Por ahora hay nueve empresas y organizaciones, como la Silla Vacía, Flip, la Pulla y Vice, entre otras, haciendo lo que se debe: Periodismo. Bienvenidos.

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El de la paloma

3 Ene , 2017  

Por Mario Morales

Quizás aún no se pueda cantar victoria, como les pasó a los que votaron por el No en el plebiscito sin contar con la astucia del presidente Santos y su aplanadora parlamentaria… Tal vez sería mejor esperar para enterrar el complejo año viejo que aumentó su expectativa de vida, como muchos en estas latitudes, hasta el 27 de enero, que es cuando de veras diremos feliz año nuevo, si nos atenemos al calendario chino. (Publica El Espectador)

Por eso, es posible que se hayan perdido los rituales de uvas, maletas y lentejas del fin de semana pasado o que solo tengan efecto para este enero y que haya que refrendarlos con un fast track en tres semanas… Contando con que los astros estén enmermelados.

A estas alturas, más que al horóscopo chino, les tengo confianza a las predicciones de los Simpsons, como reportó el portal Buzzfeed. ¿Quién se atreve a dudar, por ejemplo, que habrá deportación de migrantes, desastres medioambientales, que payasos ganarán unas elecciones o que Brad Pitt y Angelina Jolie van a engordar?

En cambio, lo que promete el horóscopo chino parece enrevesado en esta época de hackers e interceptaciones. Miren no más: este 28 comenzará el año del gallo de fuego, que “viene con habladurías, mentiras, robos menores y falta de independencia, tanto económica como emocional”. ¿Acaso eso no fue lo que vivimos en las anteriores elecciones, en el año del mono?

Prevé, además, que “se endurecerán gobiernos y habrá tendencia al autoritarismo en muchas regiones”. Profecías del año pasado…

¿Será que se trastocó el tiempo y en vez del año del gallo estamos por comenzar el del perro en el que “se puede convivir bien con gente de distintos círculos y mezclarse como si fuera familia de todos”?

Esa es la profecía que necesita este país que espera desde hace dos meses el año de la paloma, pero no como la entienden Vargas Lleras o el general Naranjo, sino como la pide el país que cree en la paz…