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Político del pasado

17 Oct , 2017  

Reconozcámoslo. Si algo ha tenido Germán Vargas Lleras es coherencia en su vida política (que es casi toda su vida) por sus actuaciones fundamentadas en el oportunismo (que sus amigos llaman astucia), el cinismo (que sus áulicos llaman frenterismo) y carencia de escrúpulos, lo que le ha permitido jugar aquí y allá y luego pasar de agache a la hora de las responsabilidades. (Publica El Espectador)

Porque oportunista es, así lo niegue escudado en sus coscorrones verbales, que son casi siempre sus declaraciones, gritos intimidantes y disimulados. Es que fueron casi ochos años de silencio cómplice y calculado. ¿O es que acaso se nos olvida que él fue el vicepresidente, el segundo a bordo de todo lo gestado en este Gobierno, y que viene a vociferar cuando todo está cocinado, cuando ya para qué?

El cinismo lo acompaña cuando reconoce en Caracol Noticias (así salga a decir que fue un lapsus o que lo citamos fuera de contexto) que hizo campaña mientras era ministro en las carteras más taquilleras del momento. No se pueden normalizar esas acciones y menos con el argumento falaz de que así es la política.

No es responsable con el proceso de paz que siembre cizaña, con la sola disculpa de la antigüedad, denunciando que las Farc dejaron sus fichas en las zonas dominadas por la disidencia. Que presente pruebas.

Como tampoco es respetuoso (¿tendrá esa palabra en su diccionario?) que alegremente señale de compas de las Farc a los rivales que ahora lo superan en las encuestas (así sea el motivo que lo haya empujado a declarase tránsfuga públicamente).

Mal enorme le hace al país engrandeciendo a las Farc como enemigo único toda vez que no puede levantar la voz contra la corrupción siendo, como es, el jefe del segundo partido más contaminado.

Mal enorme, al recurrir, como han hecho las extremas, de nuevo al miedo, del que apenas nos estamos recuperando.

Así fue siempre… Y afortunado desde la cuna… (y con un inexplicable apoyo mediático que convierte cada acto suyo en fiesta o acontecimiento).

Y coherente… sí, pero no por ello deja de ser un político instalado en el pasado.

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Los incomprendidos

10 Oct , 2017  

Sería una anécdota casi risible si no fuera por la gravedad de principios que encierra. El reclamo que le hizo Alejandro Ordóñez a la presentadora Mónica Rodríguez, por un tuit impreciso en el que decía que había sido destituido en vez de que su nombramiento había sido anulado, no sólo es el síntoma de la crisis axiológica, sino prueba fehaciente del estado de salud mental de nuestros dirigentes. (Publica El Espectador)

Cualquiera haya sido el objetivo del exprocurador: amedrentar, distraer o confundir, su aire soberbio con matices de descaro habla muy a las claras de lo que piensan esos presuntos líderes de sus connacionales.

Uno no sabe qué es peor: que se crean más inteligentes y estudiados que el promedio; que consideren que los demás son escasos de entendimiento, brutos o amnésicos, o que se sientan, por arte de birlibirloque, más allá del bien y del mal.

A eso hemos llegado. A naturalizar la corrupción, la trampa y el atajismo; a considerarlos como accidentes y a despojarlos de su gravedad como delito masivo y premeditado. A que parezca más trascendental el “cómo” que el “qué”, y a buscar en los mensajeros, a los que Ordóñez no baja de “enmermelados”, el origen de nuestros males.

Pernicioso Estado de derecho éste en el que una persona con esas calidades puede aspirar, y lo hace con insultos y diatribas, a la máxima dignidad nacional. Como sucede con Luis Alfredo Ramos, que aspira a ser candidato del uribismo, no obstante el proceso jurídico que tiene en la Corte Suprema de Justicia. Primero, debería estar libre de toda duda.

Antes que cumplir con los exámenes de las plataformas y los idearios políticos, quienes aspiren a cargos públicos deberían pasar por el tamiz de una hoja de vida sin tacha y una actuación signada por la decencia. Pero de ética parecen saber más ellos, que están por encima de los valores y que invitan a todo el mundo a estudiarlos para estar a su altura. Pobrecitos, los incomprendidos.

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¿Principios o fines?

3 Oct , 2017  

¿Principios o fines?

Oportuna, pero poco alentadora la recomendación del Banco de la República sobre los tiempos inciertos que se avecinan. Acostumbrados como estamos a los vaivenes de la situación, así no haya anuncios, ya nada parece asombramos.

Por eso no es motivo de sorpresa la voltereta circense con la que se negó a votar la Ley Estatutaria de la Justicia Especial de Paz, dizque por principios, el ala marxista de Cambio Radical, que, como sabemos, no es una parte sino el completo y muy curioso partido del ubicuo candidato Vargas Lleras.

Marxista sí, pero no desde la perspectiva ideológica de Karl y su amigo Engels; sino desde la quizá ya gastada alusión a Groucho Marx, el recordado actor y cómico y su citada frase: “Estos son mis principios. Si no le gustan… tengo otros”.

Como los han tenido, en uno y otro sentido, el ventrílocuo Vargas Lleras y sus obedientes discípulos que han degustado de las mieles del Gobierno durante dos períodos. Baste recordar las promesas de apoyo a la JEP en marzo pasado cuando el ahora candidato inauguraba, en olor de flashes y multitudes, viviendas en Chocó, de la mano del presidente Santos.

Eran otros tiempos, claro, y otros principios. Apoyar la paz ayudaba a sumar… Utilitarismo puro, como diría Armando Benedetti. Hoy, los cálculos son distintos, como es diferente lo que dicen los asesores u otras voces fantasmales, porque de Cambio Radical y Vargas Lleras, como de los habitantes de Comala, el pueblo de Rulfo, no sabemos en qué lado están.

Que se están corriendo a la derecha, dicen; que le están quitando margen al uribismo del ala cizañera, señalan; que se está desmarcando de Santos, como casi todos los colombianos, sentencian otros más…

No será el único salto triple que veremos, sobre todo si le siguen jugando a los resultados de las encuestas, tan disímiles unos de otros como incomprensibles.

Está claro que para algunos el asunto no es de principios, sino de métodos o de fines; quizás entonces los comencemos a conocer, de veras.

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La “verdadera” campaña

26 Sep , 2017  

Era de esperarse. En algún momento las campañas políticas iban a comenzar a girar en torno a “la paz”, escrita así, en sentido amplio. Sin concluir la fase de lucha de clases que plantean los orígenes, apellidos y antecedentes de Vargas Lleras y Petro, veremos, a partir de ahora, cómo partidos y firmones se alinderan a lado y lado de esa línea simbólica que es la implementación del proceso de paz. (Publica El Espectador)

La inminente alianza entre Juan Fernando Cristo y Clara López, con la evidente enseña de defender los acuerdos, rompe la calma chicha que rodea a los aspirantes a la Presidencia, que se siguen mirando entre sí, como en un embalaje ciclístico, esperando a ver quién arranca de veras, para recortarle diferencias a Germán Vargas Lleras, el líder de las encuestas de percepción que preguntan quién creen que va a ganar, así no piensen votar por él; y a Gustavo Petro, que encabeza las encuestas que preguntan quién puede hacerle oposición a Vargas Lleras, así no tengan intenciones de sufragar a su favor.

Y es que mientras el tema de la paz promueve polarización, delata sectarizaciones e incita creencias y prejuicios de las masas, otros asuntos, como la lucha anticorrupción, generan consensos y serán banderas comunes a pesar de los gigantescos rabos de paja que andan por ahí, pagando escondederos a peso.

Si primara la tan escasa coherencia, se vería a De la Calle, Cristo, Clara y Petro (y Pearl como Navarro buscando curules) de un lado; y a Vargas Lleras, el que diga Uribe y las obedientes ovejas de algunas iglesias cristianas del otro; se sabe que la alianza Fajardo-Robledo-Claudia apoya el proceso, pero si supedita la bandera anticorrupción se desdibuja. Expectante estará ese sempiterno 25 % de la franja de opinión… Es decir, tal como estábamos hace un año frente al plebiscito. ¿No habremos cambiado ni con la visita papal?

Llegado es el momento en que candidatos a las legislativas y presidenciales tengan que declarar de qué lado están. Entonces comenzará la “verdadera” campaña.

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Malos tiempos

19 Sep , 2017  

Que vamos por mal camino lo certifica la temporada de huracanes más destructiva en la historia reciente, la mediocridad sin liderazgos en la Asamblea de la ONU, el fracaso de la lucha contra el narcotráfico, la disolución de los partidos políticos y el reiterado llamado a las firmas para resolver lo que por otras vías no se pudo. (Publica el Espectador)

Pasada el efecto “Francisco”, el barrigazo se siente mientras el planeta observa impotente cómo vientos y lluvias arrasan con el Caribe oriental y el Caribe norte. Toda una bofetada en estos tiempos de soberbia en los que, con mucho de espíritu mercantilista, se profetiza acerca del triunfo de la inteligencia artificial y los sueños de inmortalidad.

La misma soberbia que se escuchó en los increíbles discursos de la Asamblea de la ONU, más cercanos a los alardes de un bravucón recién instalado, cuando no a los discursos de un aprendiz de couch, en el caso del presidente Trump, que sigue construyendo una caricatura de sí mismo, como lo evidenciaron las alusiones en la ceremonia de los Premios Emmy.

No se sabe quién es más inverosímil, si el mismo Trump, el megalómano presidente de Corea del Norte o Maduro, el dictador bananero, que logró el milagro de ponernos de acuerdo a todos en su contra.

Esa soberbia contrasta con la declaración derrotista, y sincera, del presidente Santos en la lucha contra el narcotráfico. Quizás hubiera podido bajar algunas cifras con otras estrategias, a costa de la salud humana y el medioambiente, pero en ningún caso encontrar la solución a un problema que tiene y tendrá raíces en su prohibición.

Y si por el Caribe y la ONU llueve a cántaros, por aquí no escampa. Con razón han caído rayos y centellas al procurador Carrillo por su populista e inoportuna propuesta de recoger firmas para reformar la justicia, como le han caído, por las mismas razones, a Vargas Lleras por dárselas de vivo, y a quienes frente al fracaso de la política contemporánea quieren implantar el régimen de la firmocracia. Pasamos de los nubarrones a los ciclones.

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¡Se pudo!

12 Sep , 2017  

Claro que se puede. Quedó evidenciado en el cubrimiento distinto, ponderado y contextualizado de la visita del papa a Colombia. Los responsables fueron los mismos medios y periodistas que, todos los días y con las carencias que hemos reiterado, hasta el cansancio cubren actualidad, proceso de paz e implementación de los acuerdos. (publica el Espectador)

En esos días y sin ponerse de acuerdo, el trabajo periodístico hizo lo que audiencias y críticos reclamamos siempre: contar historias desde la perspectiva del ciudadano, las víctimas, los seres humanos normalitos que, por oleadas, colmaron calles y recintos.

Y he ahí otro punto a favor. No obstante que el protagonista era el carismático papa Francisco, en pantallas, micrófonos y relatos escritos se dejaron ver voces y rostros de la variopinta población en medio de sus esperanzas, anhelos, dolores y frustraciones. Y en muy escasas ocasiones con aprovechamiento del dolor humano para generar más emoción.

Claro, ayudan la expectativa por la preparación durante meses, los escenarios de creencias, el carisma del pontífice que se narra a borbotones en sus sentencias como titulares, en su coherencia, sencillez y también en sus silencios, para conectarse con sus feligreses a través de esa estrategia relacional que es la transfusión y que consiste en conocer a los públicos antes de hablarles.

Salvo pocas excepciones se pudo romper la linealidad con perspectiva de adversarios, de blanco y negro, de declaración versus reacción. Les permitieron a esas audiencias armar, con aportes narrativos según posibilidades, ese espejo roto que es la realidad. De ahí el incremento en el consumo mediático. Sólo en televisión hubo audiencias cercanas a los dos millones y medio en horas valle y superiores a los tres millones en horas pico.

Se leS cedió la palabra a los que saben de asuntos pontificios y hubo pocas intenciones de protagonismo… Sí, mejoramos.

Sin duda este cambio de chip mediático contribuyó a esa enriquecedora experiencia de usuario que hoy reconocen las audiencias. Ya se hizo esta vez… Claro que se puede.

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Mientras afuera llueve

16 May , 2017  

Quizás la imagen más frustrante de país sea la de todas estas tardes en las que vemos cómo el agua nos llega al cuello. Culpa, dirán, de la temporada invernal más fuerte desde que Santos asumió el poder, de la creciente por el paro de los empleados públicos o el desafío gota a gota del plan pistola, entre otros factores que marcan el inicio de los dolorosos para este Gobierno y que parece desleírse con cada crisis. (Publica El Espectador)

No era con un aguacero de cifras como los colombianos esperaban que el presidente afrontara la temporada invernal más cruel desde la “maldita niña”. Y menos en ese tono de inventario de “380 muertos, 22.000 familias y 306 municipios afectados”.

Nada cambió desde la última crisis como lo demuestra las crisis por inundaciones o el bloqueo por derrumbes que, por ahora, obligan al cierre de vías como la Línea o Letras. Y nada cambiará, salvo las cifras inhumanas, abstractas y desprovistas de sentido, si se cumple la previsión de otras tres semanas de lluvias.

No hubo ponderación con esa amenaza como no la hubo en los acercamientos con los sindicatos de trabajadores del Estado, los únicos que parecen funcionar. El Gobierno también creyó que se trataba del ritual de paros de temporada, de esos que, en el imaginario ciudadano, parecen haberse convertido en escenografía callejera.

Pues el tal paro de educadores sí existe, como también reencarna el paro en la rama judicial, el Inpec, la salud y los de Chocó y Buenaventura… Pero lo más grave no es que se den o que se unan, sino que sus demandas sean las mismas de antaño y se repitan año tras año como los aguaceros de todas estas tardes.

Tan grave como que se recicle el plan pistola, que en este mes ya contabiliza seis policías asesinados por armados ilegales.

Ya vendrán, como siempre, las declaraciones de emergencia, las negociaciones apresuradas, la escasez de alimentos, las ayudas tardías y el libreto de siempre, que nunca cierra y que se repite inexorablemente, como diría Soto Aparicio, mientras afuera llueve.

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Qué contradicción

9 May , 2017  

Tal vez sea esa la explicación. Esa adicción histórica a la adrenalina, el cortisol y la prolactina, las sustancias que según los científicos segregamos cuando sentimos odio o ira, esos dos apellidos que son más nuestros que el idioma o que el himno nacional. (Publica el Espectador)

Son la respuesta automática a todo tipo de propuesta, especialmente cuando tiene la cara de solución. Aquí, debate que trasciende es aquel que pasa por el insulto, la gritería y la altisonancia; y, claro, si genera una reacción en cadena que requiera de mayores dosis.

Hace rato, por ejemplo, que la discusión sobre la adopción gay perdió el rumbo y derivó en los lugares comunes de “lo antinatural” o “si no son ellos, quién más puede adoptar”, en medio del tropel y la mutua descalificación.

Por el mismo camino va el debate entre radicalismo religioso, alejado de la esencia; y el ateísmo soberbio que ahora se considera la cuna de los valores; o el de la tauromaquia que, en vez de seguir la senda de la argumentación de altura, ahora tendrá que dirimirse a las trompadas como ya se presagiaba en el pasado reciente, luego de la consulta ordenada por la Corte Constitucional.

Obviamente hay vertederos naturales de las insidias de alcantarilla que, para llegar al poder, en vez de proponer mejoras a los acuerdos de paz, el derrotero sea “volver trizas ese maldito papel que llaman acuerdo final con las Farc”, como se anunció en la nueva etapa del autodenominado Centro Democrático, reconocido por propios como una partido de derecha y por ajenos, como uno que desecha.

Lo único que falta es que ahora se líen a golpes con el naciente movimiento de las Farc por arrogarse el lema de partido de la esperanza.

Y mientras eso pasa, los avivatos de siempre, y esos sí de manera silenciosa, saquean Chocó, Córdoba y Guaviare; o se apropian de tierras baldías, contratos o recursos mineros; sin afectar el putamen social, que al decir de los científicos es la zona donde se activan la ira y el odio. Contradictorio, ¿no?

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Por lo menos…

2 May , 2017  

Pongámonos serios todos, audiencias, productores de contenido y medios. No hace falta mayor debate para entender que hay una brecha monumental entre los autodenominados “hechos alternativos” que acerca del proceso de paz corren por plataformas, redes y generadores de información, y los hechos, esos sí cruciales, que por adustos o provenientes de fuentes oficiales quedan relegados en la agenda pública y en la mediática. (Publica El Espectador)

Hay una enorme distancia entre “el hecho” (construido para paniquear) de una presunta llamada, según el columnista Saúl Hernández, entre Iván Cepeda e Iván Márquez en pleno debate parlamentario (como parte de lobby, propio de la política), y la aprobación por parte del Congreso estadounidense de 391 millones de dólares para el proceso de paz.

Hay un abismo entre la silla preferencial de Jesús Santrich en su viaje a Barranquilla y la visita a Colombia del pleno del Consejo de Seguridad de la ONU, por primera vez en un país latinoamericano. El hecho no ofrece aristas de sobreemocionalización o polémicas facilistas, pero veremos si alcanza el top de la agenda por sus implicaciones políticas y diplomáticas.

Y no demora en aparecer el escándalo con el concierto en un bar bogotano de Julián Conrado, el cantante de las Farc, como lo contó Noticias Uno, para atrapar el cubrimiento y atención que debiéramos darles a los acuerdos trascendentales que avanzan en el Congreso.

A esos terrenos resbaladizos de los prejuicios y de exacerbación de creencias básicas manipuladas nos ha llevado la oposición ante la contundencia del apoyo internacional.

Hay algo de utopía al esperar que los temas clave estén privilegiados en las lógicas narrativas y en la conversa pública; pero ojalá audiencias, prosumidores y medios dedicaran, por lo menos, la misma tinta y labia a decisiones y coyunturas que refrendan el proceso de paz, que las dedicadas a banalidades como las cartas vergonzantes de la oposición y el chascarrillo del encuentro de Pastrana y Uribe con Trump.

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Acciones de verdad

25 Abr , 2017  

Es retadora la pregunta, ayer, en la portada de este diario, acerca de qué debemos hacer para contrarrestar la violencia sexual infantil. Quizás sea necesario enfatizar en la primera persona del plural y en el significado del verbo utilizado, si asumimos que ya fue suficiente de likes, memes, avatares y mensajitos de solidaridad, que, como hemos repetido, han devenido sublimación, autoconsuelo y pasividad. (Publica El Espectador)

También ya estuvo bien de sólo cifras, estadísticas y promedios en las narrativas que describen el horror de agresiones a menores, causadas especialmente por criminales de su entorno cercano. Esa cuantificación, por más que apunte a la precisión, distancia la sensibilidad de las audiencias y pone la gravedad del problema en una nube que todos vemos, pero que no nos afecta.

Y ya basta también de refugiarnos en el populismo punitivo, creyendo que con pedir aumento en las penas estamos llegando a la raíz del problema.

Es momento de mirarnos hacia adentro para reconocer el absoluto fracaso en la formación y educación de los que hoy son adultos y que es el origen de nuestros, así nos neguemos a reconocerlos: el machismo, la violencia como solución de conflictos, la misoginia y el maltrato físico y sicológico.

Somos una sociedad enferma que transmite sus taras generacionalmente. Esos gérmenes malignos habitan en todos los rincones, primero, porque han sido inoculados con el ejemplo en la familia, escuela y comunidades cercanas; segundo, porque han sido legitimados por medios y costumbres; y tercero porque son aceptados, ocultados o disimulados como un mal menor si el victimario es alguien conocido.

Algo hay que hacer para reformar esos imaginarios y deformaciones. Ya hay iniciativas académicas para tratar el machismo. Esa es parte de la prevención, incluyendo a aquellos que se creen ajenos. Las asignaturas de ética y ciudadanía en primaria y secundarias deberían tener estos componentes. Gobierno y comunidades civiles y religiosas han de trabajar en campañas de cuidado y alerta con los menores. Y así la propuesta no guste, no dar papaya. El enemigo está al acecho.