Apoyo a los medios sí, pero así, no.

Análisis y recomendaciones a propósito de sorteos y ayudas económicas a medios colombianos por aprte del gobierno y de proyectos de ley como el de una regulación para la estabilidad económica y la operación de los medios de información en Colombia

Profundizando en las causas

Por Mario Morales

No ha sido solo por el coronavirus; las crisis económicas de los últimos tiempos han tocado de manera directa la sostenibilidad de los medios de comunicación. La de finales del siglo pasado, la que ocurrió al cerrar la primera década del presente, la del lustro pasado, más las presiones económicas propias de cada coyuntura y de cada reto que afronta nuestro país han significado un desafío para que los medios cumplan con su mandato ciudadano y democrático.

A su lado, las crisis propias del oficio, las que tienen que ver con la competencia, no siempre en igualdad de condiciones, pero especialmente aquellas provenientes de la irrupción de internet como plataforma de canales y nuevos medios han puesto de cabeza los modelos de negocio, la independencia periodística, el blindaje editorial y la autonomía laboral.

Se suman otras razones que tienen que ver con las ya mencionadas, pero relacionadas con la sobreoferta, la pérdida de confianza, el desprestigio, la guerra global de la desinformación, y el distanciamiento con las audiencias acostumbradas a recibir de manera gratuita o a bajo costo la información que necesitan para gestionar sus vidas.

Los medios viven sus crisis y resienten las ajenas en los planos económicos, sociales y políticos, junto a otras concomitantes como las relacionadas con la autoestima ciudadana y la escala de valores que se van reconfigurando y adaptando con el paso de los tiempos.

Cuando había recesión estaban las audiencias. Cuando escasearon los públicos estaban los modelos de negocio. Hoy flaquean todos ellos, comenzando por la fragmentación de la inversión publicitaria, la ausencia de un modelo de anuncios coherente con las nuevas rutinas y lógicas de consumo, el derrumbe de los medios como soporte de avisos clasificados o de portadores de otro tipo de mensajes comerciales directos o indirectos, que han radicalizado el dilema de supervivencia mediática.

Ahí está el germen del círculo vicioso, el periodismo de rigor no es vendedor y no representa el epicentro de atención que parecen requerir anunciadores e inversionistas.

El periodismo, los medios y, por intermedio suyo, la democracia necesita ayuda. Además, y parafraseando al académico Enrique Bustamante, los medios de comunicación están en el corazón de las industrias creativas en las que confluyen por lo menos quince sectores diversos con características como la creatividad y la propiedad intelectual en el contexto de la sociedad de la información. Eso refrenda la profecía de Fernando Yarza, presidente de la asociación mundial de periódicos y editores de noticias Wan-Ifra quien sentenció “que si no se articulan ayudas va haber un tsunami y una tragedia para la democracia”.

No es sorpresa

La transmutación se veía venir, la trampa de los contenidos engañosos, sensacionales, viciados de escándalo o con raíces en el morbo antes que como una deriva periodística son vistos como alternativas de solución y salvavidas en tiempos de incertidumbre.

Aquí se pueden esgrimir razones de inversión publicitaria, de lecturabilidad, parámetros de confianza, así como las diferencias entre medios escritos en soportes físicos, medios audiovisuales que utilizan el espectro y medios digitales cuya producción puede resultar más barata.

Capítulo aparte merece la aparición de competencias de toda índole en la generación de contenidos digitales, pero especialmente aquellos que sin tener fundamentos asociados al periodismo son confundidos en la emisión o en la recepción como tales, por el uso de técnicas o estrategias propias del oficio como la entrevista, el manejo de lenguaje audiovisual, o el uso o reúso de material de índole informativa con fines de entretenimiento, pasatiempo y lucro de sus autores o sus gestores.

Aparte de las consecuencias atinentes al ejercicio democrático se han incrementado los efectos en la pauperización del oficio, decrecimiento en la contratación y desempleo.

Si bien la crisis, tan notoria en países del primer mundo que no aceleraron su tránsito a lo digital, no se ha sentido tan fuerte en nuestro país y en nuestros vecinos, la recesión se siente particularmente en lo que tiene que ver con los nuevos anunciantes y los nuevos consumidores, caracterizados en generaciones que tienen como fundamento la gratuidad que ofrece el ciberespacio, la permuta por el suministro de información personal para ser negociada sin limitación legal o el intercambio por la publicación de contenidos sin un pago específico por su producción.

Estampida

La crisis presente o inminente ha suscitado la diáspora de tradicionales familias asociadas al oficio, de mecenas o socios sin la intención urgente de ánimo de lucro, y dio paso a la aparición de grupos económicos poderosos, de entidades financieras, o de varios familiares multimillonarios, amén de empresas tecnológicas, en la propiedad de  medios de comunicación, no como un negocio en sí mismo, sino como un soporte, un refuerzo o un blindaje, desde el punto de vista de la influencia para otras actividades colaterales. Con ellos han aparecido nuevas dinámicas ajenas a la deontología del oficio, asociadas a tácticas y estrategias si bien legales, no legitimadas como el uso del clickbait, la espectacularización de los contenidos, la parcialización informativa para grupos políticos o económicos afines, o como vitrina de productos actividades o relaciones públicas con los poderes tradicionales.

Lejos ha quedado pues la vieja metáfora hegeliana de la plegaria matutina del hombre contemporáneo frente al periódico y la construcción de una opinión pública masiva y totalizante alrededor de temas y enfoques decididos o aupados por medios y periodistas.

La aparición de nuevas fuentes asociadas a lo emocional, a los prejuicios, a los valores y a la posverdad, que tienen como referente la redes sociales, han puesto de manifiesto también la emergencia de audiencias con intereses ya no enfocados en información de calidad, sino en busca de contenidos convenientes o afines que les permitan consumir eso que llamó el filósofo argentino Miguel Wiñaski, la noticia deseada, es decir las narrativas que les repitan aquello que quieren leer o que esperan oír y que, de entrada, configura grupos o comunidades de opinión compartida y reforzada y de emoción exacerbada.

Señalada como tal en las críticas de los albores del periodismo hoy más que nunca es evidente la circunscripción de la información como moneda de cambio o mercancía, desfigurando la concepción de la función periodística desde la perspectiva ciudadana, como contrapoder, como eje de equilibrio entre los poderes existentes, como portadora de la voz de los que no tienen voz, como relato centrado en el usuario y como facilitadora de la democracia en aspectos como la diversidad, la inclusión, la participación y el pluralismo entendido, al decir de Faustino y Arons de Carvalho, como la diversidad de voces, políticas y culturas que tiene oportunidad de expresarse en una geografía o mercado.

 El factor central de la independencia.

No deja de ser una paradoja que, en medio de las crisis de grandes conglomerados fundamentados en la tradición, de aquellos que se quedaron sumidos en la duda para iniciar el proceso de transición hacia tecnologías más contemporáneas y en la emergencia de múltiples medios de pequeña y mediana escala, lo que esté más comprometido sea el valor de la independencia, precisamente por razones económicas. Entonces, funciona con mayor prevalencia la pauta como elemento de presión en la gestión informativa y en el acceso a las fuentes y a la libre información socavando la independencia, más aún si este tipo de medios actúan según intereses particulares o coyunturales y con prácticas desconectadas y disruptivas, divorciados de objetivos comunes. Pero, cuando algunos medios logran estabilizarse a través de la dinámica de periodismo local, de nuevas estrategias, nuevos formatos y nuevas narrativas, son fácilmente capturados, al decir de la Unesco, como otra forma de control por parte de los grupos de interés de gran magnitud.

En esas circunstancias, la condición democrática de los medios como bien público queda en entredicho bien sea por las regulaciones, la interpretación de las normas jurídicas o por el círculo cerrado de intercambio de negocios y publicidad de medios privados y públicos.

Según estudios citados por la Unesco, sobre información y sociedad de la Central European University, esa captura de medios de comunicación es el resultado de dichas presiones, cambios en el modelo de financiamiento, inequidad de género en la sala de redacción, el pacto financiero de las empresas de internet y la industria publicitaria y, especialmente, de los conflictos de interés.

Salvaguardar la independencia de los medios desde el punto de vista jurídico y desde el punto de vista legal significa hacerlo también a partir de otros derechos consagrados como la libertad de expresión, la libertad de opinión, la libertad de asociación, la libertad de prensa y de su distribución.

Ejemplo de ello en nuestro medio es el cumplimiento del mandato de mayor oferta en soportes con pocos actores, especialmente en canales de televisión y la promesa de nuevos canales nacionales que quedó en el olvido con el pretexto de la escasez de pauta publicitaria, concebida como único factor de sostenibilidad.

Modelos de negocio

Una parte del debate ha estado encaminada a innovar y a proveer alternativas de sostenibilidad, especialmente en lo atinente a los modelos de negocio, no solo afincados en los anuncios comerciales, comenzando por experimentar con modelos de emisión de publicidad no invasivos, que se distancien del tinte tradicional y lineal de la publicidad como parte del relato mediático.

Los modelos de negocio apuntalados en los clics o en la promoción de contenidos populares o virales como lo manejan plataformas tecnológicas están lejos de la calidad periodística y a veces la contradicen.

Esas nuevas propuestas pasan por el pago por parte del mismo usuario, a través de suscripciones o por beneficios como el acceso a experiencias a comunidades prácticas que, como sabemos, forman parte de los rituales de las nuevas audiencias ávidas de conversación y de grupos con intereses comunes.

Ejemplos de innovación reciente son El Confidencial en España, el Malaysia King, El Faro en El Salvador o Animal Político en México, como lo señalan Rodríguez Castro y Valero Pastor y Dragomir, en investigación de 2020.

Si en algo coinciden los estudios sobre modelos de financiación, así como ha sucedido con el consumo de contenidos desde la una perspectiva centrada en los usuarios, es en que debe estar fundamentada en términos de derechos constitucionales, ya mencionados, como pluralismo, inclusión y participación cualquiera que sea su estrategia: suscripciones, afiliaciones, cooperación, donaciones, patrocinios temporales o permanentes, etc.

En síntesis, los principales modelos de financiación estatal para empresas de comunicación y periodismo son: la financiación pública a través de medios de administración estatal, como tasas de licencia fondos públicos y medios de comunicación, la publicidad estatal, las subvenciones o asignaciones directas. El modelo de la tasa de licencia consiste en una tasa que todos los ciudadanos pagan, que es un modelo común europeo y que pretende inmunizar a los medios de partidos políticos y gobiernos.

Antecedentes de apoyo oficial o público a medios de comunicación.

Uno de esos antecedentes está ubicado en los setentas y en los ochentas con ayudas discrecionales para aliviar las crisis económicas precedentes.

Un ejemplo es la ley 29 de 1984 en España, que habla de un modelo reglado de ayudas directas e indirectas al sector, que tenía un panorama muy similar al que viven en los medios hoy por hoy.

Estas ayudas, históricamente, han sido de carácter directo, es decir, las empresas periodísticas reciben dinero sin contraprestación, para mejores aspectos como los relativos a la adquisición de papel y otros insumos, la renovación tecnológica que es clave tanto en equipos, manejo y capacitación; para nuevos productos, nuevas actividades connaturales o para difusión de contenidos desde y hacia otras comunidades en busca de nuevos públicos.

Las ayudas indirectas están relacionadas con la disminución del dinero que las empresas aportan al Estado y que tienen que ver con disminución de impuestos, de tarifas postales, créditos baratos o apoyos, como los caracteriza al profesor Justino, a fabricantes de máquinas o insumos para medios de comunicación, a mano de obra o personal de la empresa, a gremios periodísticos, a labores pedagógicas y campañas tendientes a la recuperación del prestigio de los medios de comunicación.

Una vez España ingresó a la Comunidad Europea sus ayudas fueron mermadas o disueltas por nuevas legislaciones y quedaron circunscritas a las comunidades autonómicas.

En ese sentido y tal y como lo documentan Quintana y Oliva, las comunidades autónomas mantienen ayudas relacionadas con el fortalecimiento de publicaciones periódicas en lenguas no oficiales, el fomento de la lectura, el auge del periodismo especializado, publicaciones de pago o gratuitas de manera ponderada, intervención para evitar la pérdida o cierre de publicaciones periódicas o para ampliar la cobertura.

 

Es menester impulsar la posibilidad de tener medios mixtos en la medida que la empresa privada empuja su crecimiento, pero también medios completamente financiados por el Estado para garantizar estabilidad y continuidad y evitar presiones desde el punto de vista publicitario. Un ejemplo de ello fue lo que sucedió con la ley 8 de 2009 para lograr la financiación total del sistema de radiotelevisión española.

En esa medida el capital privado se puede unir al estatal en casos determinados o, indirectamente a través de tasas impositivas o para alimentar fondos que coadyuven a sostener los medios públicos.

Otros ejemplos tienen que ver con aportes directos de las autonomías, como el que ocurrió en Cataluña en 2013, con incrementos sustanciales de acuerdo con los retos económicos y las metas de crecimiento. Reformas jurídicas similares se vivieron en otras comunidades como el País Vasco, Galicia, Asturias, Andalucía etc. Algunas de ellas con la condición de que esas partidas fueran excepcionales y no continuas.

La tendencia en España ha apuntado más a la financiación directa para dejar los terrenos de libre mercado a la inversión publicitaria.

Otras formas de financiación.

Parte de la financiación de los medios, sobre la base la sostenibilidad, en el ya largo camino de propuestas, ha tenido que ver con su tránsito al mundo de la multipantalla, la multiplataforma y el multiformato, sin traicionar los soportes tradicionales, que fue el reto que aceptó en 2004 la BBC y que le permite hoy a estar a tono con su competencia en cada uno de los soportes en el ámbito europeo. Ello fue posible gracias a ejes fundamentales como el servicio universal, el interés colectivo y la financiación de carácter obligatorio por parte de los ciudadanos vía impuestos y con destino específico

Otra opción a lo largo de la historia reciente ha sido el auspicio parcial o total y ayudas de la filantropía dedicada a los medios de comunicación y al buen periodismo. Esa filantropía ha tenido que ver con aportes directos sin intereses políticos, sin intervención en la administración o en la línea editorial; también son viables becas donaciones, préstamos o apoyos con tecnología, capacitación y formación de periodistas

En nuestro medio se ha planteado la estrategia de negocios tipo paraguas que permite la diversificación en la búsqueda de ingresos a través de capacitaciones propias, conferencias, publicaciones, edición o gestión de contenidos para terceros, alianzas temporales y la donación directa de sus audiencias.

En esas y otras experiencias ha quedado claro que para que se consoliden, se necesita una legislación dúctil que permita, por ejemplo, seguir el ejemplo del diario The Guardian para recaudar dinero a través de suscripciones y donaciones masivas sin importar el monto o a las membresías individuales y sin cerrar la puerta a la filantropía lo que hace posible dedicar todo el esfuerzo a la creación de buenos contenidos.

En otras iniciativas, como la de la prensa argentina, han acudido a la generación de sociedades temporales o no declaradas entre periodistas y usuarios que a través de un pago específico no solo tienen acceso al contenido, sino también a una red de beneficios sobre todo en el campo cultural, en relación con compra de libros, ingreso a eventos y consumo de material cultural. Fue a través de la ley de servicios de comunicación audiovisual que, en 2009, se actualizó la normatividad con los retos comunicativos en términos jurídicos y contribuyó a la emergencia de nuevos medios, particularmente pequeños y asociados a lo comunitario, sin tener mayor impacto negativo en los grandes medios o de carácter mediano.

Ejemplos de fundaciones con inversores o mecenas son la Open Society Foundation, controlada por George Soros, la fundación Gates o la tienda de becas Luminate, financiada por el fundador de eBay Pierre Omidyar. Según Media Impact Founders fundaciones de este tipo ayudaron con más de 1300 millones de dólares al año a medios de comunicación y periodistas en todo el mundo en el tercer lustro de este siglo, pero eso equivale solo a cerca del 1% del gasto total que requieren esos medios para funcionar.

Más ejemplos de apoyo a medios de comunicación

El incentivo fundamental en la base jurídica europea fue en sus orígenes, como lo sigue siendo ahora, la idea de pluralismo. No obstante, las formas y modos de presentar los auspicios han sido tan variopintas como polémicas.

En Europa los apoyos a la prensa, con y sin regulación, responden a tres modelos según Hallin y Mancini, teniendo en cuenta las relaciones de los medios con el poder político:

El sistema liberal anglosajón, también llamado sistema corporativista democrático, que no tiene subvenciones; el corporativo democrático con bajo control y reparto político de los países del norte de Europa, y el pluralista partidista de los países mediterráneos como Francia, España, Portugal, Italia y Grecia, que no tienen control con algunas excepciones.

Las ayudas son directas como subvenciones, contratos, convenios o campañas de publicidad, o indirectas como IVA reducido, beneficios fiscales, tarifas postales gratuitas o subsidiadas, créditos, fondos de capital de riesgo, líneas telefónicas bonificadas, reducciones del impuesto empresarial o de la cotización de la seguridad social, beneficios en transportes etc.

Por ejemplo, algunos países como el Reino Unido Suiza, Irlanda y Alemania dan apoyos indirectos disminuyendo el Iva o llevándolo a cero. En esos países los apoyos directos no se han considerado históricamente como plausibles porque los estudios de la Royal Comisión of  Press, en el siglo pasado, concluyeron que los objetivos de pluralismo y diversidad en los medios no son visibles o no son mensurables en términos de apoyos directos y que, en cambio, se pone en riesgo  la independencia al tiempo que se podría incidir en el funcionamiento del libre mercado y suscitar una dependencia recurrente, afectando con ello la competitividad.

Parte de los dilemas han sido si las ayudas indirectas deben ser automáticas, mecánicas y abiertas, y si las directas deben pasar por el filtro de la selección.

En países como Austria, Finlandia, Francia, Noruega y Suecia hay apoyos directos y también indirectos. Otros países como Bélgica, España, Portugal, Países Bajos, Luxemburgo, Italia, Grecia, Dinamarca conciben ayudas directas con base en lo establecido en sus legislaciones en el arranque de este siglo. En España, como vimos, hay discrecionalidad para las autonomías territoriales.

En Austria hay una ley federal desde 2004 que determina que la Autoridad Estatal de Comunicaciones regula las ayudas en la industria audiovisual. Esa autoridad tiene asesoría de un comité que evalúa el cumplimiento de los requisitos para los apoyos. Además, también puede hacer sugerencias sobre la manera como se entregan esas subvenciones. Está integrado por seis miembros y un presidente; dos los nombran el sindicato de periodistas; dos, la asociación de diarios y dos, el canciller de la república. Éstas ayudas son para la distribución de periódicos, al fomento de la oferta diversa, para el fomento de la calidad y el futuro de la industria, especialmente hacia grupos o asociaciones que no tengan ánimo de lucro, apoyos editores en formación, a los medios que contraten jóvenes periodistas, corresponsales en el extranjero, asociaciones que fomenten la lectura y a proyectos de investigación mediáticos. Los apoyos indirectos incluyen descuentos de en el IVA y las tarifas postales.

En Finlandia las ayudas están encaminadas a la oferta plural de medios para garantizar la sostenibilidad de medios que no sean hegemónicos. A través de la cartera de transporte y comunicaciones se extienden ayudas parlamentarias y ayudas selectivas. Las primeras son directas a los partidos políticos para que favorezcan a los medios de su línea política, y las electivas buscan reducir o abaratar los costos en distribución. Adicionalmente hay ayudas para medios culturales y disminución en el IVA con énfasis en publicaciones minoritarias y la información producida en idioma nativo.

En Francia que es paradigma en este sentido, las ayudas las otorga la Dirección de Desarrollo de los Medios que depende del Ministerio de Cultura y Comunicación francés. Están encaminadas al desarrollo de los medios, a su difusión, defensa del pluralismo y a la modernización y diversificación digital y multimedia de las empresas de prensa.

Las ayudas directas tocan apoyos a la difusión, el transporte, la impresión descentralizada de periódicos y la distribución de publicaciones semanales.

Por otro lado, las ayudas que fomentan el pluralismo están dirigidas a periódicos de información política y general y que tienen pocos ingresos; a los periódicos regionales y locales, a los que también se les subvenciona con la idea de modernizar y diversificar hacia lo digital. De esas modalidades tiene carácter discrecional la de la modernización de la prensa diaria y el apoyo a la lectura que está consagrada por ley. Apoyan también proyectos que tienen participación multisectorial.

En lo referente a las ayudas indirectas hay que destacar las de transporte, pero especialmente las de fomento a la lectura de prensa, con énfasis en los jóvenes, y en la distribución de medios en centros de concentración de nuevas generaciones con el ánimo de facilitar su consumo. También hay deducciones fiscales por inversiones, exoneración de tasas tributarias y pone especial relieve en la modernización y tránsito a lo digital.

Noruega es ejemplo y tradición en los apoyos a la prensa. Cuenta con una Autoridad de Medios de Comunicación que depende del Ministerio de Cultura y Asuntos Religiosos.

Se enfocan en apoyar a los periódicos hegemónicos para evitar los monopolios. Auspicia

medios de minorías y publicaciones específicas para grupos sociales o políticos que tienen que ver con inmigración o discapacidad. Hay apoyo a la formación de periodistas.

Entre las ayudas indirectas tiene exención de IVA parcial para los medios diarios, pero no aplica para los semanarios y revistas. Su efecto central ha sido despolitizar la concentración del sector.

Suecia cuenta con un Consejo de Subvenciones a la Prensa que depende del Ministerio de Cultura y que se encarga de entregar subsidios para fomentar la diversidad y la pluralidad, con carácter selectivo y énfasis en las publicaciones no hegemónicas o denominadas secundarias, dirigidas a minorías. Hay apoyos selectivos a la distribución de medios para población en situación de discapacidad y una disminución general del IVA para periódicos.

Algunos de esos países se ajustan entonces al denominado modelo democrático corporativo definido por Hallín y Mancini[1] y caracterizado por una gran circulación de medios comerciales, medios de partidos políticos o grupos civiles, con vinculación entre medios y tendencias políticas que no afecta a la calidad periodística, y un notable intervencionismo estatal producto de sus apoyos.

Francia en cambio se ajusta al modelo pluralista polarizado, corriente en el Mediterráneo, con el común denominador de baja lecturabilidad en relación con su contexto, la vinculación entre medios y tendencias políticas, siendo el país que más apoya y más abanico de posibilidades presenta en este sentido. Se aprecia un apoyo a periódicos o medios secundarios, impulso de la lectura y a medios para minorías.

Se nota la combinación de ayudas directas e indirectas, estas últimas, sobre todo, en disminución del IVA, pero hay deducciones mayores para editores y medios con altos estándares de seguridad social.

Para la adjudicación de los auspicios hay entidades que, si bien dependen en lo gubernamental del Ministerio de Cultura, cuentan con comités de veeduría y comités consultivos tanto en la asignación como en el otorgamiento y seguimiento a las ayudas, con representación de diversos sectores sociales especialmente el referido a las comunicaciones y el periodismo.

 

La agenda digital 2020

En los últimos años, algunas de estas legislaciones y subvenciones, que se vieron recortadas o suspendidas transitoriamente, se han visto reforzadas a través de la agenda digital 2020 que fue la estrategia de la Unión Europea desde la perspectiva de las tecnologías y la comunicación como ruta para la transición hacia la sociedad digital, y que tiene como epicentro el copyright digital, para reformar la ley de propia intelectual y la monetización o conversión del intercambio informativo para brindarles sostenibilidad a los medios.

Esa agenda contó entre sus siete objetivos con dos de capital importancia: el de la alfabetización digital especial y la aplicación de beneficios de las Tic a la sociedad. Y como hemos dicho, el que propugna por proteger la trazabilidad de la autoría “a través de la cadena de valor de la creación y circulación de los contenidos digitales con la creación de un símbolo digital del copyright reconocible visualmente y por sistemas informáticos de acceso, bases de datos y registros digitales en todo Europa”. Los complementan otras metas como plataformas automatizadas de licencias y gestión en línea de esos derechos sobre contenidos, marco de gobernanza transparente para la negociación entre agentes de la cadena de valor, y, finalmente, sistemas de pagos electrónicos confiables.

Dicha agenda está en consonancia con un decálogo propuesto por la agrupación europea de asociaciones nacionales de editores para regular la era digital actual con aspectos como que no haya restricciones a la libertad de prensa en la sala digital, que se impulse la protección del valor de los contenidos en el escenario digital, que se establezcan acciones beneficiosas con las Tic, que se reconozca el papel central de los periódicos en la sociedad digital, que la modulación de la publicidad es imprescindible para defender la sostenibilidad, que debe haber protección de datos preservando la transparencia, confianza y libertad de elección de los usuarios,  que se salvaguarde el equilibrio en la reforma de la directiva de comercio electrónico, y que haya neutralidad.

Hay otros dilemas que tienen que ver con la legislación y los modelos de negocio, como el que plantean a los gobiernos las grandes empresas tecnológicas, tal y como sucede hoy entre Australia y Facebook, red social que decidió bloquear la publicación de noticias en Australia, luego que el parlamento de ese país aprobara el código de negociación de noticias que insta a esas empresas tecnológicas para que alcancen un acuerdo con los medios para remunerarlos en la creación de noticias.

En cualquier caso, se trata de minimizar la intervención del Estado la la politización de los medios que deben ejercer el denominado profesionalismo crítico

Conclusiones y recomendaciones

Como se ha visto, el debate se ha centrado, en países que los han implementado, en los apoyos directos a los costos que son variables en tanto que son ineficaces y casi siempre insuficientes, en vez de, como diría el académico Picard, llevarse gastos fijos que es donde están los problemas estructurales.

No se trata de recurrir al asistencialismo, que puede degenerar en medios pasivos y resignados, o que restringen otras formas de negocio. Hay algunos pocos ejemplos de sostenibilidad con base en la inversión a través de la retribución publicitaria, pero obedecen a conglomerados con un enorme músculo financiero mientras se ve el retorno de las ganancias; no sucede lo mismo con los medios pequeños o incluso medianos que están más expuestos a las presiones ya mencionadas

Si bien los apoyos cuentan, es necesario intervenir otros factores aledaños, como las dinámicas del mercado, fomento de las audiencias, hábitos de lectura mediática, alfabetización, etc.

También ha sido polémica la inversión de publicidad institucional por asuntos de transparencia, pero también por la variabilidad cuando se presentan situaciones de crisis.

Es necesario decir que estas ayudas no pueden afectar la competencia entre países ni a los mercados.

Marco jurídico integral

Es necesario, al tiempo que se desarrollan este tipo de subvenciones, actualizar la legislación en el ámbito de los medios de comunicación y, muy especialmente, aquella atinentes al sector audiovisual que permita tener un marco jurídico actual en relación con los cambios y las nuevas tecnologías.

La legislación, como ha sucedido en otras latitudes, garantizaría la prestación del servicio de información como bien público blindado, autónomo e independiente de los gobiernos y administraciones, con entes que garanticen la libertad política, la libertad editorial y la libertad económica.

Esa legislación avalaría la delegación del manejo y control independiente y autónomo de la administración de esos presupuestos para garantizar y regular, por ejemplo, la financiación mixta, con rubros del presupuesto general estatal que sería inmodificable para cada gobierno, sumados a los provenientes del mercado publicitario, con la garantía de que los medios denominados secundarios no van a estar en desventaja en relación con los medios pertenecientes a grandes conglomerados.

Pero dejar la sostenibilidad solo a cargo del erario no garantiza la eficiencia ni la estabilidad a largo plazo por esos modelos; una alternativa es el aporte durante un determinado número de años, aunque sin retorno, pero con la garantía de que cumplidos unos plazos se comprometan a encontrar modelos de negocio propios sin que trastabillé su deber ser.

Y un modelo híbrido es el de permitir los aportes estatales fijos y la participación en el mercado publicitario en determinados tipos de horarios o narrativas, para permitir que franjas o programación referidas especialmente a la información estén garantizadas más allá de su audiencia o de la inversión publicitaria.

Es menester una legislación para acallar incertidumbres como la variedad y la fragmentación frente a la diversidad y al acceso con equidad, el monopolio ante a la libertad de expresión, la mimetización o remezcla de contenidos frente a la originalidad, la pauperización frente al uso sin derechos, así como la brecha en conectividad, banda ancha, costos y afectación del servicio público.

Parte de la legislación ha de estar dirigida a impedir la concentración mediática, a que monopolios empresariales acaparen inversión publicitaria, a que los apoyos que necesitan los medios estén dirigidos a mejorar las condiciones de acceso, por ejemplo, con la distribución de los periódicos, con material tecnológico para los medios audiovisuales y la distribución de dispositivos para recepción.

Una legislación más actual debe considerar la inclusión de tasas, impuestos o cobros a las empresas tecnológicas que utilicen contenidos periodísticos de medios de comunicación con fines de lucro; eso significa participación de los autores, productores y creadores de contenidos en las ganancias. Es un doble pago para las casas periodísticas realizar esos contenidos con trabajo propio para que las plataformas utilicen ese material proveído como mercancía de distribución y lo moneticen, al tiempo que deben pagar visibilizar o jerarquizar los contenidos en esas redes o en esas plataformas para ganar audiencia

Clave en ese marco jurídico, sin duda, es el fortalecimiento de los medios públicos con su concepción genuinamente estatal pero distanciados legal y económicamente de la administración de los gobiernos de turno, que no deben tener injerencia ni en su composición ni en su línea editorial para cumplir los mandatos constitucionales de pluralismo, inclusión, participación y calidad periodística.

En últimas, se requiere una legislación actualizada que ayude a dirimir esa paradoja de nuevos usuarios que pagan a presión por conexión de acceso, pero son reticentes a hacerlo por el valor de la autoría y la propiedad intelectual sin entrar en conflicto con el uso de las libertades públicas de información y comunicación.

Es importante destacar que los aportes del Estado ni el mercado pueden ser los únicos reguladores, relegando a las audiencias al papel pasivo de consumidor sin injerencia en las decisiones colegiadas

Entonces, para las relaciones de los medios con el Estado, los gobiernos y los poderes económicos se requiere de instancias moduladora a través de jurisprudencia, normatividad y políticas públicas en pro de concertación sobre la base el respeto, la actividad delegada y el compromiso social adquirido frente a la sociedad.

Así como en lo atinente a la libertad de expresión, en la primera enmienda de la constitución estadounidense, se deja en manos de la Corte Suprema los debates o dilemas que establecen los límites de la libertad expresión sin injerencia de otros poderes, así mismo, dicha legislación debe regular los aportes directos o indirectos del Estado, mediados por instancias independientes, con participación de expertos, academia y sociedad civil que permitan decidir el monto y requisitos de esos aportes.

Esa instancia permite dirimir auspicios y prebendas para los medios estrictamente privados, como los impresos y los digitales, en relación con otro tipo de medios como los audiovisuales que corren sobre bienes de la nación, en el espacio radioeléctrico y que permiten un mayor control y vigilancia por parte del Estado.

Otras propuestas de apoyo

Esta esta medida, y con la participación de academia y expertos, las propuestas para apoyos a medios de comunicación y periodismo, podría partir de la creación de tanques de pensamiento, laboratorios de experimentación, e incluso ayudas para los primeros años de emisión o publicación como lo estilan determinadas fundaciones que apoyan medios, para garantizar el periodismo de calidad combinado con innovación y la creatividad para hacerse auto sostenibles a largo plazo. La necesidad de suscitar nuevos modelos de negocio es tan urgente como la financiación misma en el presente, en tanto que hace posible la subsistencia de los medios en el mediano y largo plazo.

La estructura de esos medios públicos debe alejarse de los modelos de programación o contenidos espejo que ofrecen los medios privados con alto poder económico. Las ayudas, por tanto, deben incentivar iniciativas que ofrezcan alternativas, que contra programen y que estén empeñados con innovación, nuevos medios, nuevos formatos y nuevas audiencias.

Otro tipo de alternativas han de estar dirigidas a la actualización y formación de periodistas y directivos en competencias que les permitan enfocar su trabajo a la construcción de contenidos para públicos específicos que requieren de esos contenidos para lidiar con su vida personal, profesional o económica a través de la segmentación de intereses y necesidades.

Otra idea de financiación tiene que ver con la creación de fondos que admitan el concurso de medianas y pequeñas empresas interesadas en modelos periodísticos y modelos de negocio específicos, viables y sostenibles mediante convocatorias, programas y concursos manejados por entes independientes de los gobiernos de turno.

Otro ejemplo es la participación accionaria de las audiencias en la propiedad de los medios, con la idea de capitalizar al mismo tiempo que suscitan, con la idea de club y de pertenencia, el involucramiento de las audiencias

Por supuesto, fundaciones y organizaciones deben estar sometidas a la veeduría pública para impedir que tras bambalinas aparezcan presuntos mecenas con intereses no declarados en esos medios de comunicación.

Lo importante a la hora de pensar en apoyos, subvenciones y garantías de financiación tiene que ver con el pensamiento a largo plazo, en la idea de garantizar el flujo de la información, trabajo y periodismo de calidad

Entonces habría que insistir en la participación ciudadana en el futuro económico de los medios, teniendo cuenta que ya colaboran en la recolección o testimonialidad de noticias,para que hagan lo mismo con aportes económicos constantes.

Por ende, hay que hacer énfasis en la pedagogía de la suscripción mediante la cual el ciudadano tiene una retribución directa y tangible.

Una pedagogía que se extienda a mejorar e incrementar la lectura y consumo de medios, con perspectiva crítica con la idea de suscitar hábitos y cultivar las nuevas audiencias del futuro.

Por eso es urgente pues la participación ciudadana en la base de las alternativas de apoyo a los medios en la parte económica, pero también en los procesos de regulación y de interacción, a través de procesos de rendición de cuentas

Referencias

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-Royal Commission on the Press (1977). Final Report. Londres: Her Majesty’s Stationery Office.

– Wiñazki, Miguel. La noticia deseada (2da edición). 2014: Marea. p. 248.

 

[1] El Marco conceptual de Hallin y Mancini (2004) tiene cuatro dimensiones: la estructura de los de comunicación, el paralelismo político, el profesionalismo periodístico y la intervención estatal de la comunicación. Por otro lado, tiene otros cinco ejes que son el papel del Estado, el tipo de democracia, el tipo de pluralismo individual frente a pluralismo organizado, el grado de autoridad racional legal y el grado de pluralismo moderado frente al problema polarizado haciendo referencia a los contextos políticos.

 

El oscuro panorama del periodismo en Colombia

Violencia, censura, autocensura, mangoneo de los dueños, polarización y desinformación son algunos de los retos que deben enfrentar los periodistas en Colombia.

Mario Morales*

Periodismo y pandemia

Hoy está claro que el periodismo no va a salir indemne. Para bien o para mal, el periodismo no recuperará “la normalidad”. La COVID-19 dejó víctimas mortales y a miles de periodistas afectados en su salud física y mental o en su empleo; también transformó profundamente la manera de practicar el periodismo en Colombia.

¿Cuál es el panorama actual y cuáles son los retos para este oficio?

El triste legado

Recibimos este año con la inveterada preocupación sobre las violaciones a la libertad de prensa.

En 2020, Reporteros Sin Fronteras clasificó a Colombia en el lugar 130 de 180 en su índice de libertad de prensa. Según la organización, esto significa que en nuestro país “siguen siendo frecuentes las agresiones, las amenazas de muerte y los asesinatos de periodistas, por lo que aún es uno de los países más peligrosos del continente para la prensa”.

A la misma conclusión llegó la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), que documentó 632 víctimas de violaciones a la libertad de prensa en 2020: amenazas, agresiones, acoso judicial, hostigamientos, ataques en el ciberespacio y dos lamentables asesinatos. En lo que va corrido de este año ya son 13 las víctimas por violaciones similares.

La pandemia

Y la pandemia ha hecho que las cosas sean todavía más difíciles: tanto el gobierno nacional como los gobiernos locales han optado por la comunicación directa con los ciudadanos a través de redes sociales. Esto ha desplazado en mucho la labor mediadora de los periodistas y su función de interpretar los contextos y dar significado a las noticias.

En 2020, Reporteros Sin Fronteras clasificó a Colombia en el lugar 130 de 180 en su índice de libertad de prensa

La falta de ruedas de prensa y entrevistas presenciales en tiempo real ha reducido la labor periodística a reproducir lo que dicen los medios internacionales y las cifras de contagios y muertes. Confundidos, los medios dudan entre ejercer su labor crítica o convertirse en mensajeros de la esperanza.

Sumidos en el terreno pantanoso de las cifras y de las fechas, la información periodística se ha vuelto un “constante presente”, sin mañana y sin conexión entre los diferentes hechos.

Financiación e independencia

Cada vez son más comunes las intervenciones de los dueños de los medios en las decisiones editoriales y los contenidos de sus publicaciones. El viejo debate sobre si un medio podía o debía expresar su línea editorial y su posición ideológica ha quedado superado.

Esto ha creado una especie de “sectarización” de la prensa que, en algunos casos, convoca a hordas de seguidores fanáticos y no a audiencias o usuarios en busca de información. La omnipresencia del capital ha echado por tierra, si aún existía, el mito de los mecenazgos, y ha reavivado la polémica sobre la concentración de poder y su legitimación por parte de los medios.

Es verdad que las empresas privadas pueden tomar decisiones de acuerdo con sus propios planes y criterios. Pero también es cierto que, a diferencia de otros negocios, el de la información tiene un vínculo insoslayable con la ciudadanía y con la democracia, que impone deberes y responsabilidades ante el oficio y ante la sociedad.

Para dar un ejemplo, una cosa es que los dueños de El Tiempo se sientan ofendidos por una columna de opinión publicada en su propio periódico y que quieran controvertirla o pedirle claridad o pruebas. Otra muy distinta es que se salten el conducto regular del editor de opinión e incluso del director para controvertir y advertir a su autora.

Como deberían saberlo estas personas, en el periodismo las formas también cuentan. Si estamos hablando en el terreno sagrado de la libertad de expresión, más hubiera valido que El Tiempo publicara una carta abierta a la columnista o que abriera un debate interno y después uno público.

Hoy, en medio de una oferta creciente, los ciudadanos deben sopesar su inversión en recursos y tiempo frente a la credibilidad y la calidad de un medio. Decisiones como la de El Tiempo amenazan la fidelización de los usuarios y anunciantes y, en últimas, la sostenibilidad misma del medio.

La continuidad de El Tiempo, de su tradición y su línea editorial son fundamentales para el ecosistema mediático, pero también para el ejercicio democrático. No hay margen de error. Ahí están a la vista los espejos del fracaso o la decadencia de medios que rompieron el pacto con sus audiencias, cambiaron la línea editorial y reemplazaron a los periodistas por políticos o ejecutivos.

Foto: Pixinio Es cierto que, en medio de la explosión de programas de debate y opinión en múltiples medios, la trampa de la lógica del adversario es vendedora”.

Ideología, desinformación y “guerra de clics”

Pero hay más: siguiendo el ejemplo de los medios ideologizados, se han vuelto cada vez más comunes los reporteros que se dedican a la propaganda política y el proselitismo en redes sociales.

El acceso, la jerarquización, selección, elaboración y difusión de la información no son potestades o favores del periodista a la sociedad, sino un derecho humano de sus audiencias. Por eso el periodista debe reflexionar sobre los límites que tiene su derecho a expresar públicamente sus opiniones privadas.

Una cosa es que los dueños de El Tiempo se sientan ofendidos por una columna de opinión publicada en su propio periódico y que quieran controvertirla y otra que se salten el conducto regular del editor de opinión

Es cierto que, en medio de la explosión de programas de debate y opinión en múltiples medios, la trampa de la lógica del adversario es “vendedora”; pero abusar de la parte y la contraparte y del maniqueísmo distorsiona la realidad. Más aún si se incurre en la nociva práctica de tener en cada panel las mismas voces de los políticos de siempre.

La fragmentación de audiencias, el pago por contenidos y la diáspora de la pauta publicitaria han desenfrenado la guerra del clic y de la titulación engañosa. Se trata de una estrategia que trasciende la curiosidad para llegar al morbo, con el pretexto de que eso le interesa al ciudadano.

El resultado es una agenda milimétrica, donde los medios siguen la liebre ilusoria del rating o de las tendencias y dejan de lado, como un relleno, los asuntos trascendentales.

La desinformación y la posverdad avanzan y, en lugar de ayudar a interpretar y comprender, muchos medios se han enfocado en convencer.

Por eso, las prácticas periodísticas cambiaron y, tal vez, para siempre: cada vez es más común la voz autorial sin interrelaciones, sin la necesaria retroalimentación entre pares o entre el autor y el editor. La rutina de pedir respuestas atemporales, asincrónicas y sin posibilidad de interacción pauperizan la reportería. Así, se deja en manos de las fuentes el criterio de cada informe, con material de segunda mano que, además, pierde su naturalidad y su espontaneidad.

Si permitimos que esta tendencia se siga registrando, si no asumimos abierta y claramente el proceso de dignificación del oficio, quizás está cercano el momento de cumplir esa fatídica frase populista de que cualquiera puede ser periodista.

Publicar o no publicar

los medios y el escándalo de los falsos positivos.

Mario MoralesA raíz de la publicación en el New York Times de una denuncia que ya conocía la revista Semana, revive la controversia sobre la independencia de los medios y su compromiso con los ciudadanos.

Mario Morales*

Un suceso representativo

Como decía Borges: hay momentos cuando un hombre representa a toda la humanidad. También hay circunstancias en las que un solo suceso deja ver el talante de una sociedad. Eso es lo que acaba de suceder en torno a la publicación del New York Times sobre el riesgo de que vuelvan los “falsos positivos” o las ejecuciones extrajudiciales a Colombia.

Este caso ha despertado indignación por la amenaza criminal que se cierne sobre los derechos de las victimas eventuales y, además, por la decisión editorial de la revista Semana de aplazar su publicación por razones que no han sido suficientemente aclaradas.

Además, el episodio ha desatado un lenguaje de odio contra el periodismo por parte de ciertos líderes políticos y ha sembrado confusiones en todos los ciudadanos, supuestos depositarios naturales del trabajo de todos los demás actores en esta situación.

La publicación del New York Times ha sido ampliamente reafirmada y respaldada, no solo por la validez y pertinencia de la propia pieza, sustentada en fuentes y reportería a fondo, sino por el respaldo editorial del medio, de varios políticos estadounidenses y de voces de organismos internacionales.

Por eso queda en el ambiente la inquietud: ¿por qué Semana no publicó el reportaje si tuvo durante un mes la información? ¿Qué tanta responsabilidad les cabe a determinados líderes políticos por la inseguridad, el acoso y la estigmatización del trabajo periodístico y la pérdida de credibilidad de los medios? Por último, ¿hay un plan sistemático para crear caos e incertidumbre en el régimen comunicativo actual?

Sea cual fuere la razón que explique la demora o renuencia de Semana a publicar esta información, los efectos de esta decisión serán devastadores para el periodismo y para la democracia.

Alrededor de estos motivos ya hay varias hipótesis, que han presentado medios como La Silla Vacía o columnistas como Daniel Coronell:

  • La “interacción” entre directivos de la publicación y representantes del gobierno Duque, mediada por los intereses de cada uno;
  • Razones ideológicas o políticas, que dejan al periodismo y al ciudadano en un segundo plano;
  • Asuntos de conveniencia económica fundamentada en la pauta oficial;
  • Debates editoriales internos.

El hecho es que con la (falta de) decisión de la revista, perdimos todos.

Lea en Razón Pública: Las mentiras oficiales y los medios de comunicación.

Los medios en la encrucijada

La verdadera crisis está en los medios, que a su vez endosan o achacan la responsabilidad a las tecnologías, a los medios digitales o al capricho de las audiencias.

Pero la nuez de esta crisis está en la forma como se están resolviendo dilemas que creíamos superados: entre la credibilidad y la sostenibilidad, y entre la lealtad con el poder o con los ciudadanos y las audiencias.

Cuales son las responsabilidades de los periodistas

Foto: Estado de Nueva York
¿Cuáles son las responsabilidades de los periodistas? ¿Son un contrapoder o un observador del poder?

Resulta aleccionador que en medio de este ambiente contaminado sobresalga la estatura editorial del New York Times, un medio que ha comenzado a resolver sus problemas de financiación a través de los suscriptores. Este es el grado máximo de credibilidad de las audiencias y el sustento ideal de un medio en un entorno democrático.

Ocultar información trascendental anula el pacto de confianza que deben tener los medios con sus audiencias. Que un medio diga que tiene libertad editorial, sin tener en cuenta el interés ciudadano o, peor aún, esconderse detrás de él, hace tambalear su prestigio, remueve los principios fundamentales del oficio que sistematizaron Kovach y Rosenstiel y pone en juego toda la democracia.

Ocultar información trascendental anula el pacto de confianza que deben tener los medios con sus audiencias.

La conveniencia política que puede argüir el gobierno o un medio en casos como este puede acabar por usurpar el nombre y el papel del ciudadano, además de alejarlo como audiencia.

Sin duda, uno de los aportes de los nuevos medios ha sido demostrar que los medios tradicionales no conocían a sus usuarios, aunque hablaban en su nombre, para justificar decisiones, es decir, para justificarse a sí mismos.

Hoy ya no es posible hablar del periodismo como cooptación de la voz de los que no tienen voz, en medio de la conversación social que se viene tomando la agenda mediática. Se entiende, entonces, el decrecimiento en la confianza en los medios de comunicación, como lo expresan encuestas recientes.

Puede leer: La crisis del buen periodismo: ¿cómo diablos financiarlo?

Medios y poder

La cercanía del periodismo con los poderosos echa por tierra el principio fundamental de este oficio, que se debate entre ser observador independiente del poder y ser decididamente contrapoder.

Esto es así inclusive si se esgrime el pretexto del interés general y el necesario equilibrio que plantea Jack Fuller entre el daño causado por publicar algo y el daño causado por no hacerlo. En el dilema entre los medios y el poder, el periodismo debe estar de parte de los ciudadanos.

Si la razón que se esgrime para ciertas decisiones es la sostenibilidad económica, es muy posible que se esté desechando una estrategia a largo plazo: se está optando por un modelo de negocio cortoplacista, de pauta oficial —o buscando el fácil acceso a la información gubernamental—. Es la lógica del sálvese quien pueda.

Pero si se trata de salvaguardar los intereses de las empresas que financian los medios —y en este caso no se puede ignorar la reciente compra del 50 por ciento de Semana por el grupo Gilinski—, es probable que se cumpla la vieja profecía de que sobrevivan esas empresas pero desaparezcan los medios.

El dilema de la línea editorial y del sesgo político no pocas veces es suplantado por el peso del interés económico. No obstante, este interés debe estar supeditado al mandato ético que planteó en 1933 Eugene Meyer en The Washington Post cuando dijo que: “En su búsqueda de la verdad, este diario está preparado para sacrificar su fortuna material si ello es necesario para el bien público”.

En Colombia ha habido ejemplos de valentía, transparencia y coherencia. Basta con citar los casos paradigmáticos de El Espectador, QAP, AlternativaLa Prensa o Cambio, para mencionar los más recordados.

Los políticos contra los periodistas

A la par con la incertidumbre que creo esta situación, resurgió el debate sobre la creciente estigmatización de periodistas y medios por parte de líderes políticos que buscan desprestigiar a quienes fundamentan su trabajo en la reportería, la verificación y el trabajo de campo.

Los recientes señalamientos contra el New York Times, presentados con lenguajes de odio, recuerdan los libelos de políticos colombianos contra medios y periodistas que ejercen su labor informativa con independencia y probidad. Estos señalamientos, al tiempo que minan la posibilidad de tener referentes creíbles, ponen en riesgo la vida y honra de los reporteros.

The New York Times en una semana

Foto: Los Angeles county
¿Tiene justificación que Semana no haya logrado en meses lo que logró un periodista de The New York Times en una semana

Hay que recordar que en la clasificación de libertad de prensa de Reporteros Sin Fronteras (RSF) en 2018 Colombia apareció en el puesto 129 entre 180 países; y la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) se ha referido a nuestros medios en 2019 como “una prensa acorralada, un juego entre violentos y poderosos”.

En el dilema entre los medios y el poder, el periodismo debe estar de parte de los ciudadanos.

Esta es una razón más para preocuparse acerca del futuro del periodismo colombiano porque, como dice Christophe Deloire de RSF: Si el debate político cae subrepticia o manifiestamente en un ambiente de guerra civil, en el que los periodistas se vuelven víctimas expiatorias, los modelos democráticos están en gran peligro”.

Como se ve, hay motivos para exigir, como propone la misma RSF, que se cree el puesto de representante especial del secretario general de las Naciones Unidas para la seguridad de los periodistas, un cargo que debería tener un capítulo colombiano, en vista del aumento de las amenazas y agresiones contra la prensa.

Le recomendamos: Los medios y el gobierno Duque: ¿cómo lo están tratando?

Más allá de las estrategias de sobrevivencia de los medios en medio de una crisis tan severa, o de la imagen de un gobierno, o de una institución particular, o de las narrativas de odio de líderes políticos venidos a menos, está en juego el pacto que asumimos como sociedad.

El soporte de este pacto es la labor periodística, fundamentada en la idea de que el reportero, por encima del medio, no tiene ataduras, y que sus sesgos se borran ante el imperativo categórico de informar siendo leal, ante todo, al ciudadano.

 

Ataques a las voces críticas

 ¿Estrategia o coincidencia?
Qué hay detrás de la serie de actos de censura y de ataques contra periodistas, programas de televisión y críticos del gobierno de Iván Duque. 

 


Las preguntas

Por Mario Morales*

 

Son tantas las señales preocupantes que viene dando el nuevo gobierno en relación con los medios públicos de comunicación, que muchos periodistas y ciudadanos se preguntan si hay una estrategia del poder para evitar preguntas, desinflar debates, arrinconar periodistas, culpar a terceros, ocultar errores o aplastar críticos. (Publica Razón Pública)

Nosotros también nos preguntamos:

  • Si hay órdenes directas para atacar a la prensa y a la libertad de expresión de los ciudadanos.
  • Si el lenguaje de odio y los mensajes violentos en redes sociales forman parte de una táctica para obstruir el trabajo periodístico y la labor de columnistas y críticos.
  • Si estamos frente a una suerte de doctrina aplicada por fanáticos que parecen ser más papistas que el papa.
  • Si fue reemplazada la meritocracia por el pago de favores con nombramientos clientelistas.
  • Si las hojas de vida de los encargados de ciertas entidades corresponden a las necesidades de los cargos y funciones requeridas.
  • Si se va a mantener un proceso exitoso como el de RTVC, y especialmente el de Señal Colombia, cuyas bases fueron sentadas a comienzos del siglo y representan el trabajo creativo de miles de personas expertas en el tema.
  • Si está en marcha una aplanadora para aprobar un proyecto de ley que no ha tenido la suficiente participación ciudadana o académica.
  • Si la ministra de las TIC tiene algún conflicto de intereses, ya que sus cargos previos fueron jefe de políticas públicas de Facebook y gerente de relaciones gubernamentales de Apple, empresas que se verían beneficiadas con la nueva legislación.
  • Si el gobierno pondrá al frente de los medios públicos a personas éticas y preparadas para garantizar la libertad de expresión de un país diverso y pluricultural. O si en vez de eso seguirá dándole contentillo a sus áulicos.

Intento de censura


Logo Los Puros Criollos. 
Foto: Facebook Los Puros Criollos. 

El panorama desalentador se hizo visible a raíz de una grabación que se filtró a los medios.

No se trató de un desliz, de un lapsus ni de una actuación precipitada. El intento de censura a los contenidos de Señal Colombia por parte de Juan Pablo Bieri, gerente saliente del Sistema de Medios Públicos RTVC, que esta semana fue formalmente denunciado por la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), hace parte de una serie de acciones cuya primera víctima ha sido la libertad de expresión.

Hay que recordar que Bieri fue el jefe de comunicaciones de la campaña del actual presidente y “su mano derecha en el trabajo de campo”, según dijo el mismo Duque. Dada esta circunstancia, la conducta de Bieri podría entenderse como un preanuncio —un teaser, o un “demo” en el lenguaje de los publicistas— sobre el enfoque que adoptará el nuevo gobierno para dirigir los medios públicos.

El teaser no pudo ser más claro. Tiene una voz en off del mismo Bieri, que ordena, se contradice y habla en nombre del mismo presidente (“ni este hombre que fue elegido políticamente por el pueblo, por las grandes mayorías, ni esta empresa, [sic] yo no estoy dispuesto a aguantarme ese sonsonete”).

En la conversación que se ha hecho pública intentó vetar el programa Los Puros Criollos (“matamos la producción”) y a su presentador, Santiago Rivas, (“no hay posibilidad de que en esta gerencia Santiago vuelva a trabajar… con esta empresa”).

Desde la posesión de Bieri se notó la intención de poner a competir los medios públicos con los privados. 

La grabación deja ver además las razones para acallar a Rivas y su manera de pensar. Según Bieri: “No habla de RTVC, pero habla del proyecto de ley [de modernización de las TIC], pero hace quedar, digamos si RTVC está a favor del proyecto, y critica el tuit donde RTVC respalda el proyecto de ley… declárese impedido”.

En el fondo de todo está pues el polémico proyecto de ley que ha sido criticado por diversos sectores de la industria, de la academia, de los partidos políticos y de la sociedad civil. Pero el gerente quiere rehuir el debate y así lograr que el Congreso la apruebe sin mayores dilaciones.

Estos actos revelan la displicencia de algunos altos funcionarios hacia los medios públicos, y subrayan el peligro de que ellos incumplan su función de cuidar la libertad de expresión, la diversidad y el pluralismo, y se conviertan en caja de resonancia del gobierno.

El incidente deja también en vilo la autonomía de la RTVC ante las prácticas autoritarias de Bieri, quien renunció a raíz del escándalo y apenas cinco meses después de posesionarse.

Le recomendamos: ¿En qué quedó el periodismo? En 2018 corrió peligro.

Los otros síntomas


Instalaciones RTVC  
Foto: RTVC

Pero el intento de censura fue apenas otra muestra de una actitud gubernamental que claramente contradice el deber de los medios públicos.

Desde la posesión de Bieri se notó la intención de poner a competir los medios públicos con los privados. El propio presidente Duque hizo énfasis sobre el aumento exponencial de la audiencia y dejó en segundo plano la función de llenar los vacíos que dejan los operadores privados.

La consigna fue acabar con la que denominaron “dictadura de las parrillas”, parrillas que siguen siendo la base del consumo televisivo tradicional en un país desconectado y tremendamente desigual en el acceso a los productos audiovisuales en otro tipo de dispositivos.

Además, el pasado diciembre se cambiaron los equipos creativos de Señal Colombia, a pesar de que estos habían dado muestra de su capacidad, como lo prueban los premios y críticas favorables de los expertos. En ese momento no les fue renovado el contrato a diecinueve empleados que estaban encargados del proceso creativo del canal.

Los medios públicos estatales no pueden ser voceros del gobierno de turno, ni propagandistas de sus políticas.

También hubo demoras para aprobar los contratos de veintitrés coproducciones pactadas por un valor de veinte mil millones de pesos, de los cuales la entidad aportaría el veinticinco por ciento. Esto se tradujo en desmejora de la programación, y las casas productoras se vieron afectadas mientras esperaban los giros para terminar sus productos.

El pasado 28 de noviembre tuvo lugar otro incidente de usurpación de funciones en Señal Colombia y en la Radio Nacional. Ese día sus periodistas no pudieron intervenir en la entrevista al presidente Duque y fueron reemplazados en el último momento por dos analistas invitados. Recientemente el director informativo, Darío Fernando Patiño, confirmó que tenía que dar cuenta sobre los invitados a su programa y el tratamiento de temas sensibles.

Mientras tanto, Bieri tomó partido a nombre de todo el sistema de medios públicos a favor del mencionado proyecto de ley de modernización de las TIC, a pesar de las dudas que despertaba la iniciativa.

Por último, se ha percibido también la displicencia ante la estéticas y narrativas de los medios públicos, así como el desprecio por el trabajo realizado en la construcción de la parrilla de Señal Colombia, fruto de un trabajo continuado de tres lustros.

Medios bajo fuego

Pero no solo se ha afectado al sistema de medios públicos. Hay otros brotes preocupantes contra el ejercicio periodístico que han enrarecido la atmósfera de la opinión pública y han afectado el ejercicio de la libre expresión:

  • Acoso judicial de periodistas.
  • Estigmatización, como en el reciente caso de Vicky Dávila, que fue hostigada desde una cuenta oficial del Centro Democrático.
  • Calumnias a críticos, como le ha sucedido a Daniel Samper Ospina.
  • El despido de una comunicadora de una de las unidades de trabajo legislativo por lanzar críticas al gobierno.
  • Dieciocho periodistas víctimas de amenazas, tres de obstrucción al trabajo periodístico, tres de hostigamiento y treinta de violaciones a la libertad de prensa en apenas veinticinco días de este año.

Estos incidentes ponen en tela de juicio la democracia colombiana porque violan sus principios fundamentales y también los tratados internacionales.

Los convenios de la Unesco obligan a los Estados a crear las condiciones para que “puedan prosperar la libertad de expresión, independencia y pluralismo de los medios” y “fomentar el libre flujo de la información para que los ciudadanos puedan comunicar entre sí historias, ideas, información y correctores de la natural asimetría de la información entre gobernadores y gobernados”.

Para que esto se haga realidad los medios públicos estatales no pueden ser voceros del gobierno de turno, ni propagandistas de sus políticas.

Medios, marketing, alianzas y maquillaje

(Tiempo estimado: 4 – 8 minutos)

Tras el escándalo queda mal parado el Distrito. Y peor parados quedan los medios que sacrifican su credibilidad y la confianza de los lectores.

Mario Morales*

(Publica Razón Pública)

Es escandaloso por las cifras, por los métodos utilizados, por la nebulosa que lo envuelve, pero, sobre todo, por lo inocuo. (Publica Razón Pública)

El gasto excesivo por pautas publicitarias de la alcaldía de Bogotá había sido revelado en abril y agosto pasados por el Concejo de Bogotá en un debate de control político extendido donde se hablaba de una cifra cercana a los 118 mil millones de pesos durante 2016 y 2017.

La semana pasada, la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) divulgó, tras un sesudo seguimiento, que la pauta oficial estaba cerca de los cien mil millones de pesos, algo así como 5.625.000 por hora.

Cuando la ciudad se debate entre la austeridad y las necesidades crecientes de sus habitantes, la torpeza del alcalde Peñalosa ya colmó la paciencia de la ciudadanía.

En febrero de este año, Peñalosa fue el alcalde peor calificado de las ciudades capitales de Colombia. La desfavorabilidad de su gobierno ha alcanzado el 80 por ciento y el pesimismo alcanza a tres de cada cuatro ciudadanos según la encuesta de percepción Bogotá Cómo Vamos.

Si tanto invirtió Peñalosa para tener una imagen favorable, ¿esa platica se perdió?

Según la FLIP, el 85 por ciento de las operaciones se cumplieron mediante contratación directa  y por lo menos la mitad de ellos tuvieron adiciones y prórrogas —lo cual  contraviene el principio sobre regulación de publicidad oficial y de libertad de expresión de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)—.

Los medios tienen todo el derecho a buscar alternativas de negocio, pero en tiempos de incertidumbre no todo hueco es trinchera.

Las entidades oficiales tienen derecho a hacer publicidad sobre sus actuaciones, pero el monto gastado por la administración Peñalosa es exagerado (teniendo en cuenta las necesidades urgentes de la ciudad en salud, educación, seguridad y movilidad, por ejemplo)  e incluso iguala o supera la inversión de las más grandes empresas, que con distintos productos llegan a agencias, medios y clientes de todo el país.

Pero falta lo peor: la falta de transparencia en la información brindada por la prensa. Los métodos y objetivos de ese tipo de publicidad ponen en tela de juicio su credibilidad y los valores del oficio.

Ese tipo de periodismo camufla la información oficial y la hace pasar como trabajo periodístico. El uso de embajadores de marca no explícitos en redes sociales ha contaminado la información que los ciudadanos necesitan, y ha afectado las libertades de prensa y de expresión.

El Distrito y los medios de comunicación tienen igual responsabilidad.

Por eso llama la atención que algunos medios nacionales, regionales y comunitarios, tanto impresos como audiovisuales, hayan aceptado en sus narrativas de ficción o editoriales contenidos realizados desde la administración distrital. Tampoco proveen la suficiente aclaración para las audiencias que consumen el material publicitario.

Marketing, alianzas y maquillaje

Televisión.
Televisión.
Foto: Autoridad Nacional de Televisión

Algunos dicen que es inevitable que el poder fiscalizado, los corruptos y los ilegales  permeen el periodismo, que debería estar regido por la lealtad, la verdad y la credibilidad.

Pero en este caso no se trata de que el periodismo pierda valor a causa de los contenidos falsos, de los embajadores de marca subrepticios, o de la manipulación capciosa por parte de determinadas fuentes (fenómenos donde el periodista puede “caer en una trampa”).

Es peor. En este caso son los mismos medios los que estén decididos a venderle el alma al diablo con el pretexto socorrido de las nuevas alternativas de sostenibilidad y de negocio. Parece —y es— un acto desesperado, de kamikazes, un acto suicida.

En el pomposamente llamado content marketing o marketing de contenidos —que no es otra cosa que los viejos artículos publicitarios disfrazados de información periodística— los propios medios destruyen el valor más preciado en la relación con sus audiencias: la fidelización.

Sin duda los medios tienen todo el derecho a buscar alternativas de negocio, pero en tiempos de incertidumbre no todo hueco es trinchera. Más aún si son baluartes y referentes para los demás medios y periodistas del país.

Ya es preocupante el bombardeo publicitario directo o branded content emitido precisamente en las secciones periodísticas que tocan temas afines y que se aprovechan de los públicos allí congregados y atentos. Por eso, exaltar, moldear, maquillar por encargo o publicar como propios contenidos publicitarios son tácticas de engaño.

Ese tipo de comportamientos traiciona el pacto con las audiencias y además afecta la democracia, si convenimos con Kovak y Rosenstiel en que la función  del periodismo es entregar la información que la gente necesita para ser libre y gestionar sus vidas y sus decisiones.

¿Dónde está el problema?

Propaganda.
Propaganda.
Foto: Pxhere

El problema va más allá de la letra pequeña que incluyen algunos medios y que aclara que el texto es publicitario, pero que nadie lee porque solo sirve para lavarse las manos.

No se trata tan solo de limpiar de manera engañosa la imagen de una entidad cuestionada como la alcaldía de Bogotá, sino también de construir  imaginarios deficientes, incompletos o falsos en una comunidad urgida de acciones reparativas. Es, en últimas, un atentado contra la disciplina de la verdad, porque juegan con la voz, la independencia editorial y la integridad del periodismo.

Le recomendamos: Uribe, el rey del twitter.

En medio de toda esta pirotecnia del mercadeo es menester recordar —como repiten los manuales de ética— que las audiencias de los medios no son clientes, que las redacciones no son unidades de negocio, que las noticias no son productos y que los lenguajes y los métodos del periodismo tienen su origen en el servicio público y en los derechos de la ciudadanía.

Es cierto que los medios reúnen públicos propicios para los anuncios publicitarios, como también lo es que esos públicos son renuentes a esos contenidos. Si los insertos, las separatas, los suplementos o los avisos publicitarios marcados y delimitados no satisfacen las necesidades de los anunciantes, no por ello publicistas, medios y comunicadores pueden contaminar las narrativas periodísticas en aras de una pretendida innovación estratégica.

Que las audiencias de los medios no son clientes, que las redacciones no son unidades de negocio, que las noticias no son productos.

Y si a ese panorama le sumamos que hay periodistas y analistas contaminados, que vienen y van de un empleo a otro o que con una palmadita en el hombro dicen lo que dicen en los debates y en los medios, al ciudadano le quedan pocas alternativas para determinar si la información que recibe tiene estándares de calidad periodística o no.

Cuando los alimentos o los medicamentos no tienen información suficientemente clara y transparente para los consumidores, todos ponen un grito en el cielo porque se pone en riesgo la salud de las personas.

En esta época de descrédito del periodismo, tal vez sea hora de introducir la “posología informativa” esto es, la necesidad de acompañar cada pieza periodística con un contexto sobre los insumos, las fuentes y las decisiones que se tuvieron en cuenta para escribirla.

Quizás no sea cierto que las audiencias se estén yendo de los grandes medios y que se estén alejando del periodismo tradicional en busca de la tierra prometida de los “nuevos contenidos”. Tal vez, los usuarios estén huyendo defraudados cuando perciben que se les insulta la inteligencia o la confianza y que todo tiene un precio.  Esa es la verdadera crisis.

La verdad en guerra

Amenazas contra medios.

Más que las eternas represalias por el trabajo de algunos periodistas, hoy estamos asistiendo a una cruzada para imponer una cierta lectura del conflicto como versión oficial de la historia.

Mario Morales*

Fabricando la opinión

(Tiempo estimado: 5 – 10 minutos)

En medio de las sombras que cubren, de manera reiterada, reinventada y reforzada, el ejercicio periodístico hoy en Colombia es posible distinguir por lo menos los siguientes patrones:

-Que no es lo mismo trabajar en las ciudades capitales que en las regiones como lo ratifican hoy los 3 reporteros de Mocoa, abandonados a su suerte, luego de efímeros registros de sus colegas en los medios de cubrimiento nacional. Conminados a salir de la región, no obstante, resisten desde sus casas o medios, pero no san su brazo a torcer. La brecha entre centro y periferia en vez de disminuir con la omnipresencia de los medios digitales, se acentúa.

-Que la confusión generada en las redes sociales, con velada intencionalidad de ideologías y fanatismos, al tiempo que suscita amenazas inconcebibles, pone a dudar por igual a audiencias y reporteros sobre el deber ser del oficio, como le consta a Paola Rojas la periodista de Noticias Uno que grabó lo que se dijeron entre bastidores algunas de las voces reconocidas del Centro Democrático después de la posesión presidencial. No hubo dolo, ocultamiento ni lesión a la ética en el hábil trabajo de la comunicadora que grabó de manera visible, como consta en las fotos que circularon a posteriori, una reunión pública sobre un hecho público en un lugar público. Su labor se ve legitimada por el evidente interés que suscitaron esos comentarios dichos en palabras y voces de los mismos protagonistas.

-Que se sigue naturalizando cada año electoral como un período en el cual son “normales” las amenazas a los periodistas fruto de las tensiones y disparidades ideológicas y emocionales de los contendientes de diverso origen en el espectro político.

-Que la descalificación a la prensa se convirtió en un leitmotiv en los discursos demagógicos e incendiarios de quienes quieren cosechar en los descontentos ciudadanos, y que dicha descalificación no solo merma la confianza en medios y reporteros, sino que permea el ambiente para que surjan y, de manera absurda, hasta se justifiquen las amenazas en grupos sectarios y fanáticos; o que los periodistas sean estigmatizados en medio de la indiferencia de la “opinión pública” desinformada.

-Que, nuevamente, sean los mensajeros y no los hechos denunciados o los culpables de esos hechos el epicentro de las iras, críticas y amenazas de individuos o masas prejuiciadas.

-Que no haya contundencia en las investigaciones acerca del origen y autores de las amenazas, cuyos resultados apenas son esbozados en medio de ambigüedades o generalidades que tienden a la impunidad.

-Que el patrón de amenazas y demás violaciones a la libertad de expresión pase por el amedrentamiento de individuos o grupos específicos al tiempo que como advertencia para los demás; por generar confusión intimidando a comunicadores de distintas vertientes para hacer inubicable en el espectro ideológico a los responsables; y por acallar voces independientes manipulando lo que dicen o piensan, acosándolos judicialmente o conminándolos a autocensurarse en la búsqueda de la verdad en el momento histórico que vive el país acerca de la definición y concreción de la paz y la reconciliación.

Ese estado de zozobra continua que este año ya supere las 139 amenazas*, según la Flip, no solo ataca las iniciativas de investigación, sino que ataca también las de interpretación y opinión acerca de los hechos sensibles del país, para coaccionar, limitar e impedir la libertad de expresión de quienes trabajan o colaboran en los medios masivos de comunicación, pero extienden su nefasta influencia a los ciudadanos con voz en las redes sociales, en la idea de generar eso que Walter Lippman, llamó un consenso manufacturado en torno a determinadas ideas; concepto que después retomó Noam Chomsky para significar que la construcción de opinión pública no siempre obedece a un derrotero o una intención sino a un “fenómeno corporativo y emergente”, lo que no excluye que esa manipulación pueda estar envuelta en sombras y anonimato.

Esas amenazas, tras bozales de grupos violentos de extrema derecha, y que tildan, entre otras cosas, a los comunicadores de “guerrilleros”, aparecen en un momento crítico de fanatismo en torno a la implementación de los acuerdos del proceso de paz, especialmente en lo atinente a la comisión de la Verdad, cuyas directivas han sido objeto de videos manipulados y señalamientos plagados de improperios e imprecaciones.

Que casi todos los amenazados tengan que ver de una otra manera con el proceso de paz, el pluralismo, la inclusión y el trabajo periodístico de visibilización de las víctimas, los pone en el mismo contexto de indefensión y riesgo que los líderes sociales y de los personajes piloto que trabajan por la defensa de los derechos humanos y las libertades individuales y sociales

En el fondo, parece estar en juego la versión de lo ya acaecido y de lo que está sucediendo en los hechos de guerra y paz en nuestro país en los últimos años, como lo demuestra la sensibilidad de algunos sectores cuando la citada comisión solicitó acceso a los informes de inteligencia del conflicto armado.

Narrativas de la paz

Periodismo en Colombia.
Periodismo en Colombia.
Foto: Emisora cultural del Huila

Como en la novela 1984, algunos medios de comunicación se han empeñado en una narrativa acerca del proceso de paz que pretende ocultar, disipar o confundir una verdad recuperada a partir de documentos y trabajo periodístico.

A esa verdad se anteponen los prejuicios para exacerbar las emociones y creencias de los ciudadanos y hacer creer, como decía Orwell, que la guerra es paz y la paz es guerra; que la ignorancia –entendida como ausencia de verdad– es fuerza.

Quienes amenazan atacan los proyectos o intentos de investigación, así como las interpretaciones u opiniones críticas sobre los temas sensibles para el país.

Consecuencias nefastas

Las amenazas proferidas por grupos de extrema derecha surgen en un momento crítico de fanatismo contra el desarrollo del Acuerdo de paz. La Comisión de la Verdad ha sido un tema particularmente sensible- y tanto así que sus directivas han sido objeto de videos manipulados y señalamientos plagados de improperios-.

Casi todos los periodistas amenazados están relacionados de una otra manera con el proceso de paz, el pluralismo, la inclusión y el trabajo periodístico para dar visibilidad a las víctimas. Esto los pone en una situación de indefensión y riesgo similar a la de los líderes sociales que trabajan por los derechos humanos y las libertades individuales y sociales.

Algunas de las violaciones a la libertad de expresión que siguen sin esclarecerse son:

  • Las amenazas en Internet contra María Jimena Duzán, columnista de Semana y declarada defensora de la paz;
  • Las amenazas contra Jineth Bedoya, defensora de los derechos de las mujeres;
  • Las amenazas contra La Silla Vacía, medio independiente que investiga el poder;
  • Las amenazas contra Jorge Espinosa, Juan Pablo Latorre y Yolanda Ruiz –comunicadores de RCN pertenecientes a un equipo serio y probo en el cubrimiento de la actualidad nacional– cuando se referían a las intimidaciones a sus colegas;
  • Las más de diez amenazas contra el periodista y activista Ricardo Ruidíaz, quien ha denunciado la trata de menores, así como las amenazas y asesinatos de líderes sociales en el Magdalena Medio;
  • Las amenazas contra la periodista Catalina Vásquez por sus denuncias de violación de derechos humanos en la Comuna 13 de Medellín;
  • Las amenazas contra Laura Montoya, quien ha venido publicando acerca de los crímenes contra líderes sociales en Mocoa, Putumayo;
  • Las amenazas contra Fernando Londoño, director del programa “La hora de la verdad”, y Luis Carlos Vélez de la emisora La FM.
  • Las agresiones verbales y el decomiso de celulares a Ariel Ávila, analista de la Fundación Paz y Reconciliación, columnista y colaborador de varios medios hablados y escritos del país;
  • Las amenazas contra Januaria Gómez, quien tuvo que irse de Segovia, Antioquia por sus reportajes acerca de irregularidades en la minería y de daños al medio ambiente;
  • Las advertencias de atentado contra los diarios La opinión y Q’Hubo por sus denuncias de bandas delincuenciales en Cúcuta, y
  • El veto impuesto a los reporteros de Frontera Estéreo, una emisora en Maicao, para hablar del alcalde, de aspirantes a cargos públicos o de entidades estatales.

La consecuencia directa de estas amenazas para los comunicadores y sus audiencias, especialmente en las regiones, es la sensación de caos y peligro que deviene en miedo a expresarse y en temor a actuar por falta de garantías.

Los efectos colaterales son la parálisis o la autocensura en el proceso de encontrar y decir la verdad sobre el presente y el pasado reciente en los medios masivos – e inclusive en las redes sociales-

El miedo aumenta ante la falta de resultados de las pesquisas oficiales, pues las  autoridades tienden a investigar ataques consumados pero no a prevenirlos, y muestran negligencia a la hora de garantizar el ejercicio profesional en situaciones de riesgo. Precisamente por eso, las autoridades han contribuido a naturalizar una prensa escoltada, que no favorece el ejercicio de un periodismo libre e independiente.

La responsabilidad del periodismo

La excitación excesiva frente al futuro inmediato del país está tocando a los medios que han caído en la trampa incendiaria de la sectarización, que se manifiesta en debates virulentos y efectistas, como los que se han venido dando especialmente en la radio.

El disenso y la vehemencia nada tienen que ver con la grosería o las descalificaciones ad hominem. De allí a las amenazas hay solo un paso.

Esta agitación alcanzó un punto deplorable en la confrontación verbal entre el litigante Abelardo de la Espriella y el analista Ariel Ávila, quien acusó a su oponente de maltrato verbal y de decomiso de los teléfonos celulares con los que grababa lo que decía el abogado.

Los medios, que tienen el poder de legitimar lo que dicen y piensan sus audiencias, no pueden seguirle el juego a los insultos y las estigmatizaciones en los debates sobre temas importantes solo por aumentar la sintonía. El disenso y la vehemencia nada tienen que ver con la grosería o las descalificaciones ad hominem. De allí a las amenazas hay solo un paso.

La autorregulación que deben practicar los panelistas tiene que comenzar con el ejemplo desde la producción y realización de los espacios periodísticos, cuyo propósito ha de ser el esclarecimiento de situaciones coyunturales mediante la exposición bien argumentada de ideas diversas.

La construcción de la verdad no se puede comprender como una lucha entre visiones radicalmente opuestas o como una guerra entre enemigos al cabo de la cual tiene que haber vencedores y vencidos.

Cifras alarmantes

Proceso de paz.
Proceso de paz.
Foto: Presidencia de la República

Para acabar de nublar el panorama del ejercicio periodístico, a esta altura del año ya son casi 300 las víctimas de violaciones a la libertad de expresión, según el seguimiento que hace la FLIP. De esas violaciones:

  • 55 son en Bogotá;
  • 22 en Antioquia;
  • 22 en Huila, y
  • 10 en Magdalena.

Hasta el momento, de estas violaciones:

  • 124 corresponden a amenazas;
  • 32 a acoso judicial;
  • 26 a obstrucción del trabajo periodístico;
  • 19 a hostigamiento;
  • 19 a estigmatización;
  • 17 a agresión.

El estado de cosas es tan preocupante que 19 entidades, cinco de ellas embajadas en Bogotá, ONGS y la oficina del Alto o Comisionado para los Derechos Humanos elevaron su voz pidiendo garantías para los periodistas. Por ahora hay una tímida respuesta de la Fiscalía que anunció avances en dos casos, pero necesitamos medidas eficaces, más allá de las investigaciones post factum o de las escoltas engorrosas que han sido sugeridas.

Frente a este panorama desolador es necesario salvaguardar a la prensa, eje de la democracia. El Estado debe dar resultados en la búsqueda de los victimarios; los gobiernos de Santos y Duque deben condenar estas violaciones y tomar medidas, ojalá de manera conjunta, con el apoyo de los organismos de protección. Finalmente, los medios y periodistas deben actuar como un solo cuerpo y los ciudadanos unirse a esta defensa de la libertad de expresión, que es la suya representada en sus comunicadores.

No es poco lo que hay en juego. Más que de mejorar en las lúgubres estadísticas que nos ubican como uno de los países más inseguros de la región y del mundo para el ejercicio periodístico, se trata de defender la vida, honra y bienes de los reporteros y la independencia de los medios.

Pero, sobre todo, se trata de no perder la posibilidad de construir un relato fidedigno de nuestros acontecimientos para impedir que fuerzas oscuras nos arrebaten la verdad.

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