PatriaBoba.com

La ecuación

12 Feb , 2006  

Por Memorín/ Publica Semana.com

 

Dicen que los que no gustan o no tienen afinidad con las matemáticas estudian ciencias sociales y, en el peor de los casos, Comunicación Social y periodismo. Debe ser porque desconocen que el periodismo, por lo menos el periodismo que se hace hoy, está atravesado por una serie de ecuaciones entendidas como las trabajan los astrónomos.

Esas ecuaciones tienen un promedio de error en las observaciones o en las mediciones de precisión y ifieren de unos observadores a otros.  Y ecuación que se respete tiene por lo menos una incógnita. Despejarlas es la misión del periodista.

Así la ecuación de la información instantánea (eso que en nuestro medio se califica como inmediatez) ha conformado un axioma dramático, difícil de rebatir: ver es igual a comprender. No importa qué haya detrás o qué se pueda inferir, es la imagen y lo que ello suscita linealmente lo que importa. Así, la masacre no aparece, no se ve pero sí sus victimarios reclamando con el arma en la mano juego político. Sin que medie argumentación se han trasladado al terreno de víctimas del conflicto armado. Y reclaman como tales.

Hoy se ha impuesto la ecuación de la verdad mediática. Repetir es demostrar. No hay espacio para la razón. El eco es el amo. Los tiempos del loro. Hoy todo lo consume la ecuación de la presencialidad. Estar basta para saber. Opera el síndrome del enviado especial. Los peones y los alfiles se creen los estrategas y los analistas. Desde afuera del tablero alguien ríe a carcajadas.

Hoy nos envuelve la ecuación del mimetismo mediático. Un medio afirma citando a otro. Los demás esgrimen por toda sustentación lo que han dicho otros. La teoría del rumor corre rampante. Desprecio por la prueba. Hoy asistimos al divorcio entre los medios y la opinión pública. Una cosa perciben los productores de contenidos y otra muy distinta sus audiencias. Paradójicamente ambos se citan para reafirmarse en sus posiciones inexorablemente distintas.

Hoy estamos delineados por la ecuación de las emociones extremas. Es suficiente el momento, el impacto, la adrenalina, el orgasmo sensitivo que adormece hasta una nueva excitación. Hoy el común denominador es la ecuación de la sobreexposición que deforma la valoración y el buen juicio. Si algo aparece mucho, es bueno; si no se ve, no existe. Lo que no es, porque no registra, es malo. La moda sacraliza.

Esa es la magia de las matemáticas y las ecuaciones, que como el noni o las gotitas bioenergéticas parecen servir para todo, incluso para concluir que cuatro más cuatro pueden ser doce, o más si no se despejan las incógnitas

PatriaBoba.com

Un detalle así de pequeñito

12 Feb , 2006  

Vamos un paso atrás en casi todo con relación al resto de nuestros vecinos. Brasil y Venezuela ya tienen canal de televisión de alcance continental. Chile y otra vez Brasil y Venezuela crecen en su economía a pasos agigantados. Ecuador ya está en el Mundial de Fútbol de Alemania. Y ahora Brasil, Chile, Argentina, México, Costa Rica y Perú están a punto de hacer realidad el sueño atávico de dejar en manos de las mujeres la administración de sus destinos.

Aquí en cambio, la discusión sigue centrada en la apertura de un Canal para el Congreso, en si está peor la minería que la producción agropecuaria,  en el regreso o no de Aristi a la Selección o en si es un derecho fundamental de las damas el acceso a un Cambio Extremo.

Mientras tanto los congresistas y los magistrados y las gobernaciones y los Ministerios le dan de portazos a las mujeres y de paso a la ley 581 que establecía su participación por lo menos en un  treinta por ciento en esos cargos de visibilidad política.

Para no hablar de la discriminación sexual en la carrera presidencial, viciada por los mismos músculos y la misma testosterona que nos tiene envainados desde hace dos siglos.

Porque si de veras, no hay ni siquiera uno entre los veintidós millones de varones colombianos que somos, que acepte el desafío político 20-06, pues es hora de que una entre las 23 millones de mujeres que son, salte a la arena, se amarre los pantalones y haga gala de su capacidad de organización y administración más allá del Factor X,  que hoy dicen poseer quienes tienen en sus manos las riendas del poder.

Es llegada la hora de una mujer que nos cure del despecho que nos dejaron las ‘noemices’ y las ‘mariaemas’ luego de sus increíbles números de trapecio. De una mujer que vaya más allá del treinta por ciento en la equidad de género y piense en la justicia del ciento por ciento de sus compatriotas. De una mujer que limpie la casa y barra para fuera, que reivindique el auténtico valor de la ternura y que pueda mirar a los ojos de los demás con miradas de verdad. En fin, de una conciudadana que  enderece la vieja profecía literaria que predijo que el siglo veintiuno se guiará por la mano de la mujer o no será.