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Sin tetas…no hay raiting

24 Ago , 2006  

En Colombia, causa mucho estrago entre las jovencitas, una serie recientemente estrenada, que, curiosamente, tiene un titulo un poco raro, se llama: “Sin tetas no hay paraiso”. Lo curioso, que este melodrama lo emite la señal Caracol, y fue el programa mas visto de agosto(ya les voy a contar mas ratings) segun Ibope Colombia. Conozacamos que dicen los medios de este fenomeno.

LO QUE DICEN LOS MEDIOS

Pocas veces una serie logra reunir tantos adjetivos. Que ese sea su mérito.Prejuicioso, sexista, discriminador, segregacionista, reduccionista, morboso y facilista. Eso logra Sin Teas no hay paraíso. No sólo por el tema que agotaron, con creces, entre Fernando Vallejo y Víctor Gaviria.La silicona, el traquetismo y el arribismo no son pecunio de una ciudad, de una región y ni siquiera (para lamento de los colombianistas) de nuestro país. Ya Pereira arrastra tras de sí un sambenito por culpa de un “gracioso” que estigmatizó a las bellas mujeres hijas de esa tierra, como para que ahora, el efectismo ( ya manifiesto en la última fase de Pandillas Guerra y paz) de otro “creativo” venga a lapidar así sea por el camino del prejuicio la honra de una región que no se lo merece.Y no sólo eso. El descuido en el manejo del lenguaje ramplón y sensacionalista, la simpleza fetichista en la construcción de las escenas, y la obviedad sin decoro de una serie se suman al bodrio que el Canal Caracol metió irresponsablemente en horario familiar, con la tonta disculpa de que estaba marcado como programa para adultos. Eso dicen sin rubor los que venden cigarrillos en las escuelas o droga en los colegios.Desde del punto de vista narrativo, no hay historia, no hay sorpresa, sino aprovechamiento del abuso del lenguaje, del exhibicionismo y del cuerpo inexpresivo de las modelitos inexpertas con más sueños de fama fácil que de actuación.Otro palo de ciego de Caracol en su afán desmedido por disminuir la gigantesca ventaje que le acumula su competencia en el prime (sin que allí el panorama sea más alentador) . Y quizás lo logre, así no importe el precio y resulte llevándose por delante, los compromisos de formación, de calidad y de responsabilidad que ha de tener la televisión. Ellos lo tienen claro y lo expresan, sin tetas, es decir, sin escándalo, no hay rating, evidentemente su único paraíso.

BOGOTA.. La telenovela “Sin tetas no hay paraíso”, transmitida en el horario de mayor audiencia, es la historia de una prostituta de 17 años que agoniza al pensar que sus senos son demasiado pequeños y vende su cuerpo para pagarse una cirugía plástica, escalar así a la posición de amante de algún capo del narcotráfico y dejar sus humildes origines. Los productores del programa, inspirado en una novela homónima basada en hechos reales, dicen que es una visión trágica pero realista de la cultura colombiana del narcotráfico, la prostitución y el crimen. A pesar de que la telenovela cuenta con legiones de seguidores, muchos colombianos se sienten ofendidos por la realidad que intenta reflejar. Columnas de opinión y entrevistas de televisión y radio han sido utilizadas por feministas y grupos de familia para retratar la serie, en la cual diminutas minifaldas y reveladores escotes son la norma, como una afrenta machista en lugar de un intento de generar un debate inteligente alrededor de los problemas sociales que sufre Colombia. A finales de agosto los habitantes de Pereira, a unos 175 kilómetros al oeste de la capital, donde transcurre la historia y se grabaron algunos episodios, se manifestaron en contra de la imagen que el programa presenta de su ciudad: un nido de narcotraficantes y sicarios. “Fuimos provocados y esta fue la mejor manera para defendernos y decir que las mujeres de Pereira son mucho más que prostitutas”, dijo Juan Manuel Arango Vélez, el alcalde municipal, quien además amenazó con demandar a la cadena de televisión Caracol por transmitir el programa. Varias compañías también han amenazado con retirar sus anuncios debido a algunas escenas de contenido explícito en la serie. La polémica, sin embargo, ha sido una bonanza para el programa, que rompió récords de sintonía en Colombia superando incluso a “Betty la fea”, cuya adaptación estadounidense debutará en la cadena ABC el 28 de septiembre bajo la producción ejecutiva de Salma Hayek tras haber logrado un éxito internacional sin precedentes. La protagonista de la serie, María Adelaida Puerta, de 25 años, es totalmente distinta a su personaje y ha dicho que nunca se operaría los senos. “Estoy muy contenta con mi cuerpo”, aseguró Puerta. “La autoestima no tiene nada que ver con tener un par de senos grandes”. Ese fue el mensaje que llevó a una escuela en un humilde suburbio del sur de Bogotá, uno de los barrios empobrecidos cuyos residentes inspiran los personajes que la serie intenta retratar. Al ser recibida por un grupo de niños de entre 10 y 15 años, que al parecer ignoran el aviso de “Sólo apto para adultos” de la telenovela, la actriz respondió con cautela a preguntas como “¿Qué es una prepago y que es un traqueto?” (que en Colombia se refiere a prostitutas y narcotraficantes). Utilizando como ejemplo a su personaje Catalina, cuya desilusión después de someterse a una operación para agrandar sus senos la lleva eventualmente a suicidarse, Puerta insistió ante los niños que la única manera de tener éxito y ser feliz es estudiar y trabajar para alcanzar sus objetivos. Queda por ver, sin embargo, si su mensaje calará en sus oyentes, ya que los implantes de siliconas en Colombia siguen siendo extremadamente comunes. La Sociedad de Cirujanos Plásticos de Colombia aseguró que la mitad de las 450.000 cirugías plásticas realizadas en el 2005 fueron implantes de senos que cuestan entre 2.000 y 3.000 dólares, más de la mitad de lo que gana en un año el 58% de la población que vive bajo el umbral de pobreza. Esas cifras parecen defender la opinión de Jessica, un personaje en la serie que hace de proxeneta de Catalina, que asegura: “Hoy en día son importantes un buen par de tetas, no importa si son de mentira, de goma, de madera o de piedra”. “La presión en Colombia de ser voluptuosa y tener artificialmente un cuerpo perfecto es abrumadora”, dijo Puerta. A pesar de que la actriz dice que la novela es educativa y contiene una moraleja, no todos están convencidos de sus méritos. Florence Thomas, investigadora de temas de género de la Universidad Nacional, opina que “lo único que los productores buscaban con mostrar esos escotes era conseguir más rating”.

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Manual del perfecto optimista

23 Ago , 2006  

El dilema en nuestro país por estos días, parece que es “Ser optimista o no ser nadie”

El optimista de la actualidad no cree en las cifras que no sean oficiales. Está seguro de que los desplazados desaparecieron del país antes que los ateos. Considera a la pobreza como un mal necesario y el déficit fiscal como un “impasse” de bajo perfil. Para el optimista la imagen es todo; por eso ama furiosamente las encuestas y los vítores y los aplausos.

En el decálogo del optimista la crítica es sinónimo de traición y la réplica camino a la condenación. El optimista silba y canta sin razón y repite todo el tiempo que La “actitud” es mejor que el jugo de noni y más barata gracias a los futuros beneficios del Tratado de Libre Comercio. Ser optimista en estas latitudes es más bien sencillo.

Basta con imitar a quienes creen en las energías positivas antes que en los trece mil niños guerreros, o a quienes tienen reloj de cuarzo y le parece bien que ahora “sólo” haya dos millares de compatriotas secuestrados, salvo que el nuevo censo del Dane (que, como las nuevas fajas de yeso, todo lo reduce) lo contradiga.

O le es suficiente con seguir las rutinas de quienes se bañan con alhucema, o encienden velas porque no son víctimas de un homicidio cada 24 minutos; o de quienes duermen, aman y se desperezan desorientados por el Feng Shui, consultan el horóscopo y creen que la paz a lo sumo necesita una mesa, dos gritos y tres genuflexiones, o de los que cuando se las entregan, contestan su carta astral, son hinchas del análisis transaccional y del insigth, al mismo tiempo que del Deportivo Cali o el Independiente Santafé. Para el optimista la historia nacional tiene cuatro décadas exactas y el futuro comenzó hace cuatro años y unos días.

Por eso optimistas hoy se confiesan el Ministro Carrasquilla (que mira enguayabado cómo desgrava la cerveza y se gravan la leche, el cine y los libros), Sabas, (antes de ser ministro, es decir cuando quería ser embajador), la Ministro Araujo (imagen subliminal de Pepsodent y Pantene más brillo), el Ministro Palacio (que ama tanto el “Seguro” como lo nacional y por eso prefiere ver nacer sus hijos españoles), los más de 40 congresistas con familiares empleados en el exterior, el ex ministro Londoño (que aspira humilde y legalmente al otro 20 por ciento de Ecopetrol), los empresarios que pagaron más de tres billones en sobornos para recibir licitaciones, los paras en medio del veraneo así digan que los tienen entre ceja y ceja, y una buena cantidad de colombianos que creen que tarde o temprano, vía referendo o reality show, les llegará la feliz oportunidad de ratificar (así sea con un articulito) como símbolo nacional a la papaya.

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Cándido, un cronista en busca de utopías

22 Ago , 2006  

Falleció a los 78 años tras una larga lucha contra un cáncer de colon
Su carrera estuvo estrechamente vinculada al diario ABC
Ha sido galardonado con algunos de los premios más importantes del periodismo español

Por FELIPE SAHAGÚN

MADRID.- Murió como vivió: tratando de hacer el menor ruido posible, sin molestar, un 15 de agosto a las cinco de la madrugada, por un cáncer de cólon, en el hospital de la Moraleja de Madrid.

Siempre he creído que los periodistas merecedores de un obituario deberían dejarlo escrito ellos mismos para no hacernos sufrir a los amigos, pero ninguno me hace caso.

Con Carlos Luis Álvarez (‘Cándido’ por el personaje de Voltaire) compartí durante más de 20 años el Consejo de la Asociación de Periodistas Europeos, durante otros tantos años el jurado de los premios anuales de redacción de Coca-Cola y, durante sólo cuatro meses, entre 1982 y 1983, responsabilidades en RTVE.

Desde que el rictus cerebral, complicado por su vieja diabetes, le apartó casi del todo de este mundo en octubre del año pasado, ‘Cándido’ siempre respondía igual cuando le preguntábamos cómo se encontraba: “Aquí, extinguiéndome”.

Miguel Angel Aguilar, su mejor amigo, le consiguió (en España, por merecimientos propios, que a él le sobraban, no se consigue nada si no tienes amigos) al final de su vida dos nuevos premios: la Medalla al Mérito del Trabajo y la Gran Cruz del Mérito Civil.

Al entregársela, el ministro de Exteriores, Moratinos, recuperó una cita de las memorias de Eduardo Haro Teglen sobre su amigo: “Tiene una cultura, un conocimiento sagrado de clásicos y modernos, los romanos o los asturianos, Cicerón o Pérez de Ayala, un giro latino, una lectura particular y misteriosa de lo sagrado, un fondo milenario de sefardita, y escribía con todo ello”.

En su respuesta, ‘Cándido’ se declaró “un creyente en las grandes utopías que buscan las dimensiones perdidas del hombre… desde Campanella a Bacon, desde Tomás Moro a Platón”. Y concluyó: “La pregunta amarga es de qué nos han servido los Estados y el Derecho Internacional a los hombres del siglo XX… Espero que los hombres del siglo XXI lo hagan mejor”.

Nacido en Oviedo en 1928 e hijo de periodista, en su libro autobiográfico Memorias prohibidas (1995) cuenta su primera salida en tren de los valles y montañas asturianos, con 13 años, para estudiar en Madrid y la impresión del paisaje que vio al entrar en Tierra de Campos: “Nunca había visto tan lejos. Me sentí abandonado, era como una pérdida del centro… Abandonaba la posguerra asturiana para ingresar en la posguerra de Madrid”.

A partir de ahí, la Facultad de Derecho, la Escuela de Periodismo de Juan Aparicio y su primer trabajo en ABC, en 1955, en la sección de Local. No dejó ABC definitivamente hasta 1982, pero en esos 27 años fue también subdirector de la revista Indice, redactor de Pueblo o la Hoja del Lunes, director de La Codorniz en su última etapa y cofundador de Hermano Lobo.

“Buena gente, gran maestro y periodista excepcional”, dijo de él ayer en Radio 1 Antonio Fraguas (Forges). “Cuando el cuerpo te pedía gritar, él mantenía que se podía decir todo si se decía bien. Lo mejor es releer sus crónicas parlamentarias”. Algunas de las mejores están recogidas en otro de sus libros, ‘Setenta y cuatro artículos de ‘Cándido’ en ABC’.

Ningún género le fue ajeno, aunque la columna es el que le dio más fama. Martín Prieto, en su serie Las mujeres de mi agenda, al retratar a Carmen Rigalt, distingue a los periodistas de telescopio como él y a los de microscopio y de miniatura, entre los que incluye a Carlos Luis Alvarez y a Carmen Rigalt.

“Siempre le admiré desde que, adolescente, leí un artículo suyo que sólo relataba sus reflexiones viendo por una ventana a un obrero apaleando arena… Era un folio, pero para escribir aquello era requisito previo haber leído a Heiddeger”, señalaba Martín Prieto.

Tras su efímero paso por la dirección de comunicación de RTVE, se incorporó al Grupo Zeta, en cuyas publicaciones ha continuado escribiendo prácticamente hasta el final de su vida. “Fue uno de los periodistas literarios más brillantes”, dijo ayer Diego Carcedo, asturiano como Cándido y amigo. “Uno de los grandes periodistas españoles del siglo XX”.

Hasta de negro le tocó hacer en sus comienzos profesionales. Maestro de la ironía, con gran sentido del humor, varias veces escuché de sus labios cómo, en 1956, por 25.000 pesetas, escribió en 370 páginas 20 biografías de supuestos mártires de la Guerra Civil muertos por la fe.

El libro, firmado por el abad Justo Pérez de Urbel, del Valle de los Caídos, lleva por título Los mártires de la Iglesia y hasta ‘L’Osservatore Romano’ hizo grandes elogios de él. Como le faltaba información, se inventó a unos cuantos mártires plagiando, sobre todo, ‘Checas de Madrid’, de Tomás Borrás.

Nunca lo contaba como un mérito. “La miseria fue moral, social, de todo orden”, repetía al hablar aquellos años. “Los 25 o 30 años siguientes a la Guerra Civil fueron dramáticamente empobrecedores. Varias generaciones no hemos tenido maestros. La libertad fue casi una cosa artificial”.

En los últimos años del franquismo y durante la Transición se convirtió en uno de los periodistas que más impulsaron la democracia. Aparte de sus crónicas, reportajes, entrevistas, críticas y columnas, nos ha dejado en forma de libro ‘Las ciento y una últimas horas de Cándido’, ‘La rueda’, ‘Miseria y explendor de la India’, ‘Penúltima hora’, ‘Azorín ante el cine’, ‘Caperucita y los lobos’, ‘Pecado escarlata’, ‘Un periodista en la dictadura’, ‘La sangre de la rosa’, ‘De ayer a hoy’ y el ya citado, su biografía, ‘Memorias prohibidas’.

Entre los numerosos premios que jalonan su carrera destacan el González-Ruano, el Luca de Tena, el Mariano de Cavia, el Periodista del Año (1968), el Premio Foro Teatral a la mejor crítica de teatro, el Premio Europeo de Periodismo y el Javier Bueno. Desde su fundación, en 1982, ha presidido la Asociación de Periodistas Europeos de España.

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¿Otro cadáver insepulto?

21 Ago , 2006  

Por: Mario Morales
La culpa la tiene la realidad desbordada que vivimos. Una realidad que, por lo menos en el relato, se queda a medio camino. Como aquí cualquier cosa puede suceder, nos hemos ido inscribiendo, sin necesidad de firmas ni referendos, en la escuela de Tomás, el discípulo incrédulo en la Sagrada Escritura. (Publica El Espectador)

Hasta no ver no creer, parece ser la enseña de estos tiempos en los que pululan los cadáveres insepultos, cuyos fantasmas pasean por teatros de operaciones, salas de redacción y por la imaginación de los colombianos que todavía no sabemos qué pasó con Fidel Castaño, cuyo paradero, o el de sus restos, se desconoce desde 1994; y si Vicente Castaño fue ultimado por sectores emergentes de paramilitares en julio del año pasado o si, como sostiene el jefe paramilitar alias H.H., está escondido en algún lugar del país.

Ese escepticismo, hasta cierto punto justificable, no niega que Tirofijo esté muerto. Como no lo niega la recompensa de cinco mil millones de pesos ofrecida por el Comandante del Ejército a quien dé razón del paradero de sus despojos mortales. Ese interés radica tanto en saber las causas del deceso (no es lo mismo en el balance un infarto cardíaco que un bombardeo) sino con echarle tierrita a un fantasma que se paseó orondo por la geografía y la historia reciente del país y que puede terminar tristemente convertido en mito.

A diferencia de los cadáveres del Che o de Camilo Torres, de los cuales sólo se conocieron las fotos para evitar que sus tumbas se convirtieran en lugar de culto, la aparición del cuerpo de Tirofijo eliminaría cualquier suspicacia, pero sobre todo pondría cualquier germen de su leyenda dos metros bajo tierra.

Y no es que no creamos en la palabra del ministro Santos o en los informes de inteligencia o aún en el comunicado del secretariado de las Farc, pero un certificado de Medicina legal avalado, como está de moda, por un ente internacional le haría bien a este país que no termina de cocinar su historia por culpa de los relatos a medias

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Un poco de comprensiòn

16 Ago , 2006  

Ya es hora de que alguien se ocupe de la Hacienda, es decir del Ministerio y sus haberes (y sobre todo sus deberes y acreencias) porque el Ministro Carrasquilla anda, por ahora más embelesado con el juego didáctico de la reforma tributaria que con el sudoku.
La culpa no la tiene el pobre Alberto como no la tiene por la capa de ozono Juanito Lozano (de capa caída por estos días cuando se enteró por la prensa que estaban fumigando La Macarena, (el parque, me corregiría, Antanas mientras se rasca la cabeza y se asoma por la ventana (o al revés) del mirador de su céntrico barrio bogotano). El, Juanito, que no tiene nada de cándido y que es experto en olores, estaba ocupado olfateando algo raro en el shutt de su oficina luego del trasteo de su antecesora que por ahorrarle costos al erario no aceptó la cotización de Trasteos Rojas y le pidió una manita a su colega de Minas y “energía(por qué otra razón iba a ser!).

En las mismas anda el profesor Carrasquilla que por andar poniendo y quitando puntos (como si fuera un técnico del fútbol Colombiano o dueño de una droguería) al Iva y a las transacciones bancarias no ha podido ordenar su casa, que es su oficina, donde dicen que se la pasa 18 horas al día en un trabajo cuya paciencia y rigor envidiarían las taquígrafas musulmanas y los traductores de palimpsestos.

La verdad es que el pobre Alberto ahora anda como los escritores, en la manía de la corregidera. Suma, dicen quienes lo ven por las noches y en las madrugadas arrugando papeles, vaciando termos y tomando gotitas antiestrés, varios centenares de versiones de la que considera su obra total: la reforma tributaria del nuevo siglo (que ya quisiera para los suyos, así esté en la oposición Juan Gabriel Uribe).

De ese trabajo prolijo del Min-Impuestos, sus compatriotas hemos conocido catorce versiones que el Congreso Nacional, desconocedor de tan descomunal esfuerzo, no ha querido publicar.

Y no se necesita ser relojero suizo para establecer las diferencias entre una y otra, así Carrasquilla, diga desde la diestra de Dios padre, que a pesar de sus ingentes esfuerzos para poner ese punto final (y poder dedicarse al crecimiento económico, a atajar la caída del dólar, a actualizar las cifras del gobierno, a lidiar con la deuda externa y todo esos asuntos “tan demasiado humanos”) que padece del mismo síndrome de los artistas que se repiten en sus publicaciones pretextando que están condenados a escribir sólo variaciones sobre el mismo tema.

Se le entiende. Así son las compulsiones creativas que todos esos millones de legos e insensibles que no pagan renta a la canasta familiar no alcanzan a comprender. Pero que lo mismo ocurra (es decir que no paguen y no entiendan) con los Padres de la Patria no tiene ninguna justificación.

Se entiende también que algunos amigos suyos, condolidos, le estén haciendo lobby a la Mincultura para que así sea en edición de bolsillo le publique el texto final al profesor Carrasquilla, como legado para la posteridad y como luz verde a su ansiedad de llevar a cabo todo lo otro que prometió en aulas y columnas, así sea más prosaico e igual de incomprendido.