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Víctima de injuria

31 Oct , 2006  

Yo no sé si los magistrados de la corte Suprema de Justicia midieron las consecuencias nacionales al anular el fallo con el que se condenó a un mensajero a cuatro años de cárcel por haberle tocado el trasero a una joven mujer, administradora de empresas para más señas.
Dice el reporte de prensa que el alto tribunal no consideró la acción como un delito sexual, sino como un acontecimiento fugaz en el que no hubo violencia, y que si acaso se puede considerar como un acto de injuria por la vía de hecho.
Con ese precedente, por idénticas razones, y por la misma vía de hecho, pasa a ser “injuriada” a partir de hoy, buena parte de los colombianos.

Injuriados son los que, sin saberlo o sin quererlo, comenzarán a pagar más pronto que tarde el nuevo tributo para la guerra.

Injuriados son los familiares de los secuestrados, por la guerrilla, por el Estado, por los guerreristas, por los indiferentes.

Injuriados son los que se desmayaron, los que vociferaron, los que creyeron o los que siguen creyendo, que aparte de falsos, son positivos los falsos positivos Injuriados, los que creen que los 723 millones en los que se incrementó la deuda externa en julio pasado, son la muestra fehaciente de crecimiento sostenido pues a todo encogimiento le sigue una elongación.

Injuriados son los que suponen que toda tos y todo gas son actos terroristas contra la autoridad legalmente constituida.

Injuriados los que piensan que a punta de delaciones (con las cuales saldrían libres traquetos y capitos) se podrá enjuiciar a los cabecillas que hoy paradójicamente negocian su impunidad en La Ceja sapeando a esos traquetos y a esos capitos.

Injuriados, los que depositaron su fe en las encuestas con la misma intensidad que en el jugo de noni, en el I-ching y en los Sofismas del terrorismo (la obra cimera del Sancho de los nuevos molinos de viento).

Injuriados los seguidores por tantos años del ciclismo, el deporte rey de la jeringa, los desilusionados y eliminados hinchas de Santafé, los televidentes de programa matutinos, de Mesas de Noches, de Roques de sobremesa.

Con razón están de plácemes tantos “mensajeros implicados”, al fin y al cabo, la nulidad del fallo, confirma que los actos indignos de estos últimos ciento veinte años, sólo han sido acontecimientos fugaces y que nada tienen que ver con esta guerra estúpida. La siguiente consecuencia será el incremento en la cifra de toque-toques y de manoseos, claro, sin que el Dane acierte a registrarlo, ocupado como está en “injuriar” a los pobres y desempleados de este país.

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Taller fomentará creación de medios independientes

27 Oct , 2006  

Publicaciones alternativas y culturales serán el tema central de un taller que la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) está organizando del 20 al 23 de noviembre en Buenos Aires, Argentina. Hasta el 27 de octubre y becas disponibles.

La idea del taller “Experiencias de un periodismo en época de transición” es incentivar a periodistas a crear medios independientes y comprometidos con la democracia. Hay 16 cupos disponibles para periodistas latinoamericanos con la menos tres años de experiencia profesional.

Quienes deseen postular deben presentar una autobiografía de no más de 800 palabras, una carta de respaldo del medio y una descripción del proyecto periodístico. El valor de inscripción es de US$600, pero la Fundación PROA ofrecerá el pago de la mitad de la matrícula a 12 participantes.

Además, la Fundación PROA entregará un fondo de US$450 a cuatro participantes de Buenos Aires, destinados a parte de la matrícula. Por otra parte, diez periodistas de diversos países de América Latina y dos del interior de Argentina recibirán fondos de becas del 50 por ciento de la matrícula, el pasaje aéreo, alojamiento y seguro de viaje.

Para postulaciones o mayor información visite http://www.fnpi.org/.

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Hablemos de platica

25 Oct , 2006  

Hablemos de platica, porque platica sí habrá. Lo único seguro y democrático por estos días es frotarse las manos en estas gélidas jornadas bogotanas e imaginar en qué nos podremos gastar esos ocho y medio billones de pesos del impuesto al patrimonio.
El primero en aventurarse fue el viceministro de Defensa que presa del delirio (y eso que aún no ha visto el chequecito que aprobará el Congreso con un pupitrazo más sonoro que el mismo estallido de la bomba de la semana pasada) echó a volar o nadar su imaginación. Lo suyo (y se entiende por la proximidad de la Navidad) son los torpedos, ah! y los submarinos…Para esta guerra oceánica que nos acosa. Previsivo que es él. Ha dejado allanado el camino para que la Fuerza Aérea pueda pedir esos radares antiovnis que tanta falta hacían y los rayos desintegradores que pedían a gritos los que publican las cifras de la pobreza y el desplazamiento forzado en nuestro atortolado país. Pero no importa, como hemos dicho, porque platica sí hay.
El mismo Mindefensa ya tiene claro que a la hora de decidir sobre el millonario presupuesto, lo primero que pedirá es un cuerpo de bomberos propio, porque desde que hizo el anuncio de que ya era hora de renovar todo el equipamento que supere los cuarenta años, no ha parado de apagar incendios. Primero fueron las secretarias que llegaron al Ministerio cuando Juan Manuel apenas gateaba y daba sus primeros pasos (en su tierna infancia, se entiende). Luego los generales con más de tres soles a sus espaldas; después los oficiales que no han vivido una batalla en su vida, más tarde los comandantes que aún creen que son efectivas las ruedas de prensa y por último todos aquellos uniformados que ya perdieron la cuenta de las veces que han aparecido investigados por falsos positivos o por fuegos amigos.
Pero eso es nada si se compara con el fervor de las peticiones que se hacen a esta hora a una sola voz, que se escucha en todo el país, y a la que se han sumado los investigadores de carros bomba, los mencionados en el computador de Jorge Cuarenta, los señalados en los discos duros y grabaciones de La Ceja, los autores de falsos positivos, los enmendadores de encuestas, los redactores de discursos incendiarios, los que cooptan familiares en el servicio diplomático, los que quieren recortar el efecto de la tutela, los que lucrados con la guerra, la quieren sin cuartel, las 56 mil personas jurídicas que saben lo que es el crecimiento económico, los que chantajean con la torta publicitaria, los que fabrican reinas, los que luego las coronan a precio de feria, los que quieren neutralizar periodistas a base de señalamientos, en fin.
Todos ellos piden que con esa platica, (más los seiscientos millones de dólares para el Plan Colombia que por pura coincidencia acaba de confirmar el gobierno norteamericano, más el dinero de las millonarias extinciones de dominio y la resultante de las próximas doce reformas tributarias de los cuatro años que vienen) se importe, se nacionalice y se distribuya, así sea con otro impuesto, la capa que acaban de descubrir los científicos norteamericanos e ingleses en la Universidad de Duke, en Carolina del Norte. La capa construida a base de aros y cables de cobre estampados en telas de fibra de vidrio rebasa la imaginación de nuestros guerreros universales, empezando por Harry Potter, porque logra un viejo sueño de la humanidad y una utopía nacional: Tiene la virtud de hacer desaparecer los objetos, ocultar volúmenes, disfrazar formas e invisibilizar todo lo que alcance a recubrir.
Menos mal la platica es segura y el TLC va en serio y la capa está a la moda con este frío y con esta lluvia que no tienen cuando acabar.

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Cien años de la mamá Nobel

14 Oct , 2006  

“Si estuviera viva se metería debajo de una cama”: Gabo

Jaime de la Hoz Simanca *

Luisa Santiaga Márquez. (Archivo particular)Jaime García Márquez, el sexto de los once hijos de Gabriel Eligio y Luisa Santiaga, llamó a su hermano Gabo a México para decirle que el homenaje a la madre estaba listo y que se llevaría a cabo en Barrancas, el 25 de julio de 2006 a partir de las 7:30 de la mañana, con una misa inicial en la iglesia San José, una especie de templo centenario ubicado en la mitad del antiguo pueblo. Gabriel García Márquez ya había tenido conocimiento del homenaje por boca de Félix Carrillo Hinojosa, compositor y gestor cultural de Barrancas, quien lo había abordado en el marco del Hay Festival que se realizó a finales del mes de enero en Cartagena y al que asistió como invitado especial –permanecería varias semanas en la Ciudad Heroica- el Premio Nobel de literatura.

Ahora faltaban pocos días para que Barrancas se engalanara con el recuerdo de la matrona insigne y era necesario que el primogénito conociera que en ese pueblo de leyendas ocultas estarían los García Márquez con gran parte de sus hijos y nietos, todos contentos y felices por mirar las huellas imborrables de Luisa Santiaga Márquez. Gabito –como le dicen desde sus primeros años de nacido- escuchó a Jaime detenidamente y luego de saber que una de las condiciones puestas para el homenaje era no convertir aquello en un espectáculo, dijo: “Sí, porque si estuviera viva se metería debajo de una cama”. No dijo más.

En realidad, Gabo lo ha dicho todo sobre su madre, en todos los escenarios posibles, y en miles de entrevistas que una a una ha concedido con generosidad luego que la luz de la gloria descendiera sobre su cabeza en aquel lejano 1967, caminando con Mercedes Barcha, entre vítores, por el corredor tapizado de un teatro en Buenos Aires, tal como lo describió ese mismo año su gran amigo, el reputado autor de Santa Evita, Tomás Eloy Martínez. Desde entonces, la referencia a Luisa Santiaga ha sido una constante en él, y tema de los primeros capítulos de los textos biográficos.

Lo dijo, en últimas, en Vivir para contarla, las exquisitas memorias publicadas hace cuatro años que se abren con el recuerdo vivo de su mamá pidiéndole en Barranquilla, más allá de las mesas donde se exhibían los textos de la librería Mundo y con la risa de siempre, que la acompañara a Aracataca para vender la casa. En los dos primeros capítulos del libro son visibles y determinantes las remembranzas de esta mujer que nació el 5 de julio de 1905 en Barrancas, Guajira, y que dentro de pocos minutos será homenajeada en medio de la presencia de gran parte de la tribu que se vino en un microbús expreso desde Cartagena, recogió más familiares en Barranquilla, los aumentó en Santa Marta y terminó juntándolos a casi todos en Riohacha, de donde partieron rumbo al Gran Hotel Iparú, ubicado en la plaza principal de Barrancas. Gabo, en ciudad de México, quedaría a la espera del informe pormenorizado que su hermano Jaime habría de entregarle días después del conmovedor acto.

Barrancas, un pueblo del sur de la Guajira surgido a partir de núcleos de indígenas atraídos por la proximidad del río Ranchería que, según el historiador y médico José Domingo Solano, por algunas épocas del año facilitaba el comercio entre Barrancas y Riohacha, pasó a convertirse en un punto geográfico de atención y estudio para algunos críticos e investigadores de la obra del Premio Nobel colombiano. Mucho más, cuando se comienza a armar, de manera rigurosa y puntual, el rompecabezas de Cien Años de Soledad y de El amor en los tiempos del cólera, dos de sus más grandes novelas que contienen parte de los demonios históricos originados en aquel municipio guajiro con más de 350 años de existencia.

El homenaje, pues, no podía tener un escenario distinto a este pueblo de pocas leyendas cuyos habitantes ignoraban en su mayoría que de sus entrañas había nacido Luisa Santiaga Márquez, la mamá de un famoso escritor que en 1982 sería galardonado con el Premio Nobel de literatura, máxima distinción que se otorga a los hombres que han trascendido con sus fábulas las fronteras de la geografía universal. En este mismo pueblo había estado Gabriel García Márquez en los tiempos remotos en que el escritor en ciernes buscaba con desesperación los rastros de su origen y los retazos de historia de sus antepasados más inmediatos. Allí había estado también, en el ejercicio de su profesión de ingeniero, Jaime García Márquez, quien de todos los hermanos constituye la más viva estampa del escritor laureado: un tono y acento de voz similar al del creador de Macondo, el mismo rostro pétreo del Nobel al momento de contar sus historias y hoy, a pocos metros de la iglesia, de blanco hasta los pies vestido, tal como Gabo en la ceremonia fastuosa y multicolor organizada por la Academia Sueca y en presencia de su Majestad el Rey.

En verdad, Jaime pareciera ahora el Gabo menor de la familia. No escribe –que se sepa-, pero es indudable su ascendencia sobre el resto del clan. Apareció del otro lado del parque, caminando a paso lento junto a Aida, Ligia y Rita, las tres hermanas que al lado de él conformaban el cuarteto de los Gabo. También, al lado de ellos, el médico psiquiatra Patricio García Caro, primo de los García Márquez, pero considerado como otro hermano desde los tiempos lejanos en que Luisa Santiaga decidió adoptarlo como un hijo más. Patricio –“el loquero de la familia”- asistió médicamente a Luisa Santiaga en sus últimos lustros de vida.

Un poco más atrás se veían señores y señoras radiantes con cara de Gabo –algún rasgo, una línea sutil en el rostro, la misma caída de nariz, una verruga frustrada- que venían con sus mejores galas rumbo a la iglesia donde se le haría el gran homenaje. A los lados, y más atrás aún, jóvenes de distintas edades, Gabitos agazapados por cuyas venas también corre la sangre de la matrona Luisa, una mujer que 101 años después de su nacimiento convocaba a gran parte de su prole en el mismo lugar donde vivió los primeros tres años de su vida.

Barrancas de mis amores

El más grande recuerdo de Barrancas es, junto al nacimiento de Luisa Santiaga –la madre del Nobel, el otro yo de Úrsula Iguarán-, un episodio sangriento que estiraría y dispersaría múltiples destinos hasta el punto que, en el torbellino incesante de trashumancias, caminos errantes y traslados apresurados, desembocó en el nacimiento de un hombre que, cincuenta y nueve años después de aquel episodio, comenzó a flotar en la dulzura de una gloria eterna gracias a la publicación de Cien Años de Soledad, la novela mítica por la que especialmente, según el poeta Arthur Lundkvist, miembro de la Academia Sueca de Letras, recibiría el Premio Nobel. (1).

El hecho ocurrió el 19 de octubre de 1908 en uno de los descampados de Barrancas. Fue un duelo, una especie de muerte anunciada que sería revivida en muchas de las creaciones literarias del hijo del telegrafista. Sin embargo, frente a los pormenores de aquella desgracia existen múltiples versiones y hoy es sólo una circunstancia trágica con pocos detalles, pues la bruma de los años ha venido ensombreciendo la gran verdad.

El oferente del homenaje a Luisa Santiaga, Ricardo Márquez Iguarán, primo de Gabo, ignoró el hecho en el texto que leyó en la iglesia San José de Barrancas. Pero al caer la tarde, en el comedor del hotel Iparú, donde se alojó la tribu, Ricardo contó que Nicolás Márquez Mejía, abuelo de Gabo y riohachero nacido en 1864 –casado con otra riohachera: Tranquilina Iguarán Cotes- había matado a Medardo Pacheco Romero, aguijoneado por su madre Medarda, quien estaba padeciendo las desdichas de un estigma público. “Medarda era non sancta y Nicolás Márquez era veloz en algunas situaciones”, expresó Ricardo de manera jocosa. Además, señaló que en una ocasión Tranquilina Iguarán, en complicidad con el cura del pueblo, hizo tocar las campanas a rebato en los instantes en que su marido Nicolás realizaba una de sus tantas y extrañas visitas a la inquieta Medarda. Tal circunstancia sería el comienzo de una rencilla entre Nicolás y Medardo, quien iniciaría una serie de acosos y de ofensas sin final que culminarían en dos balazos históricos que, por obra y gracia de la metáfora y la magia, se transformarían en la lanza con la que José Arcadio Buendía atravesó la garganta de Prudencio Aguilar en Cien Años de Soledad dando inicio, así, según el escritor mexicano Carlos Fuentes, a una de las más grandes epopeyas de la ficción en hispanoamérica. (2).

Ricardo Márquez hace el relato como si hubiera sucedido ayer. O, tal vez, como si él hubiera sido testigo de aquel desafío fatal. Y cualquiera diría que este mismo Ricardo frecuentó a Tranquilina o que la asistió en sus momentos agónicos por allá a mediados de la década del cuarenta del siglo pasado. En el relato lo acompaña Patricio, conocedor de las historias más inverosímiles de los Márquez Iguarán.

Jaime, más reservado frente a las leyendas, pero el más conversador de todos, prefiere prolongar al Gabo auténtico con anécdotas que evocan sus tiempos de constructor e ingeniero insobornable. Aida, la ex monja, Ligia y Rita García Márquez, por su parte, se dedican a intercambiar fotografías entre sí, sin ahorrar comentarios ni recuerdos tiernos.

“Medarda, se llamaba”, repite Ricardo. Y el episodio regresa a la mesa del hotel mientras afuera una tenue brisa sopla intermitentemente y los estudiantes de bachillerato siguen desfilando por los distintos salones de la Casa de Cultura “José Agustín Solano Carrillo”, cuyas paredes están tapizadas con pendones donde aparece Luisa Santiaga, con su rostro angelical, acompañada con frases de Gabo, demoledoras y elípticas, de las tantas que surcan las páginas de Vivir para contarla.

Se llamaba Medarda, en efecto -como coinciden todos- y tal como se registra en El viaje a la semilla, el texto biográfico del escritor Dasso Saldívar cuyo comienzo habla de Barrancas, de los Márquez Hernández que llegaron de España, del pacífico joyero Nicolás Márquez, del duelo de éste con Medardo Pacheco y del éxodo interminable de los Márquez. (3).

Hoy, sólo los mayores y los más ilustrados de Barrancas hablan de la tragedia. Pero, siempre con la referencia a Gabo, pues el hecho se engrandece hasta los límites del mito en tanto que el hijo del telegrafista, muchos lustros después, funda otro mito, más trascendental e indeclinable: Macondo.

Estos jóvenes imberbes que dan vuelta ahora alrededor de las imágenes de Luisa Santiaga ignoran que caminando varios minutos en línea recta hacia el norte y doblando luego a la izquierda, enfrente, en esa especie de callejuela que bordea la casa de esquina, Nicolás Márquez, el papá de la homenajeada, acabó con la vida de Medardo Pacheco. Ignoran que el coronel se entregaría de forma inmediata a las autoridades del pueblo y que dos años después quedaría libre de la condena impuesta para iniciar entonces un periplo breve que lo llevaría hasta Aracataca junto a su mujer Tranquilina y sus tres hijos, entre ellos, la niña Luisa Santiaga, cinco años a cuestas, y un destino irreversible.

Estos jóvenes con sus uniformes planchados y relucientes, alargados a la fuerza y de mirada ávida, ignoran también que aún no existe certeza alguna acerca de la fundación de Barrancas; que tal vez la fundó Fray José Barranco pero que tal vez no; que tampoco fue fundada en 1660 y mucho menos en 1664, tal como lo señalan los textos escolares. Posiblemente muchos de estos jóvenes sí sepan que en la biblioteca del pueblo existe un libro escrito por el historiador Carlos Enrique Contreras Ureche –“Conozca a Barrancas, Guajira, tierra amable de Colombia”, publicado en el 2005 por Editorial Antillas- que en su resumen concluyente sobre la fundación dice:

“Prácticamente es poco lo que se sabe aún acerca de cuándo fue fundada la población de Barrancas, y mucho menos quién la fundó. Todo lo que se ha dicho y escrito al respecto no deja de ser pura especulación hipotética por parte de quienes han intentado profundizar en la materia. En ese orden de ideas, hay quienes creen que fue fundada el 19 de marzo de 1664 por el Fray español José Barranco, sin mencionar ningún documento antiguo que así lo acredite o lo deje entrever. Resulta lógico creer que lo que hoy es Barrancas en un principio fue una ranchería, o algo así por el estilo, habitada por los indios guajiros, procedentes de la península de La Guajira, y por los indios cariachiles o cariaquiles, desplazados desde la región de San Lucas de El Molino, y que después, tanto los unos como los otros fueron desplazados por los colonos españoles, hasta formar un pueblo, en forma lenta y espontánea. Lo único cierto es que la razón de ser de su nombre obedece al hecho fehaciente de la existencia sempiterna de muchos barrancos localizados entre la parte sur y suroriental del perímetro del casco urbano y la margen izquierda del río ranchería.”

Barrancas, además, ha trascendido fronteras de diversas formas: una, como sitio transpuesto poéticamente en la obra garciamarquiana. Al fin y al cabo, el realismo mágico y el prodigio en la obra de Gabo también hunde sus raíces en este pueblo que –he aquí el otro hecho trascendental- es conocido, allende los mares, por las minas de El Cerrejón, las más grandes del mundo, explotadas a cielo abierto.

Luisa Santiaga no está debajo de una cama

Los Gabos salieron del hotel Iparú a las 7:30 de la mañana del 25 de julio rumbo a la iglesia San José. Atravesaron el parque y se detuvieron en la plazoleta del templo para saludar a otros miembros de la familia que habían llegado por vías distintas. “Muchos de los que allí estaban dicen que son de la familia nuestra, pero yo no los conozco ni sé de ellos. Creo que había colados”, dijo Luis Carlos García, uno de los hijos de Luis Enrique García Márquez, quien decidió quedarse en Barranquilla. “A mi papá es difícil moverlo para estas cosas”, agregó.

Familiares o no, allí estaban decenas de descendientes, verdaderos y falsos, de Luisa Santiaga. Muchos se escabullían por el laberinto intrincado de apellidos naturales para esgrimir el parentesco mítico y la sangre Nobel. “Mi mamá era prima hermana de Luisa Santiaga”, expresó Ruth Ariza Cotes, una antropóloga que había llegado de Santa Marta en compañía de sus hijos Rosa María y Gustavo Adolfo Ramírez Ariza, quien también fungía como un organizador más del homenaje a su antepasado ilustre. “La esposa del coronel debió llamarse Tranquilina Cotes Iguarán, pero como era hija natural quedó Tranquilina Iguarán Cotes. Era hija de Agustín Cotes”, expresó una mujer que se identificó como Rosalía Cotes Mejía y quien dijo vivir en San Juan del Cesar. Se había venido desde su pueblo luego de enterarse del homenaje a Luisa Santiaga.

En fin, aquel día en Barrancas, no sólo había una gran expectativa sino autoridades de Riohacha, concejales, políticos en búsqueda de protagonismo, directivos de universidades costeñas, representantes de la etnia Wayuu, intelectuales de barba y guayabera, historiadores, ancianos de frescos recuerdos, niños de brazos, adolescentes de última hora, estudiantes aplicados y gran parte del linaje de la gran mamá.

Entreverada en aquel torbellino del tejido genealógico apareció de repente Margarita Márquez Caballero, hija de Juan de Dios, es decir, nieta del coronel Nicolás Márquez y por tanto sobrina de Luisa Santiaga. Es, además, la secretaria privada de García Márquez en Bogotá. Margarita maneja los asuntos más importantes del Nobel y -dicen algunos de sus familiares cercanos-, una de las que más conoce los secretos del escritor vivo más importante del mundo. Y, ciertamente: ante preguntas impertinentes (Margarita: a propósito del conflicto entre Nicolás Márquez y Medardo Pacheco, ¿Cuál fue en realidad el origen de la disputa entre los compadres Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa?), Margarita pone cara de Gabo severo, y la sonrisa bonachona del comienzo se transforma en un rictus grave. Es sin duda, un candado de acero que protege las actuaciones, proyectos secretos y vicisitudes del inventor de Macondo. (3).

– Margarita: ¿cuál es la próxima obra de Gabo? Adelántanos algo…

-He oído decir que es un libro de cuentos que se llama “En agosto nos vemos”. Podría ser.

En realidad, la misa fue un acto sobrio con breves discursos a bordo, entrega de medallas y reconocimientos y evocaciones afectuosas. En las primeras filas estaban los hijos de la matrona inmortal: Aida, Ligia, Rita, Jaime y Patricio. No llegaron los otro siete por diversas razones: Luis Enrique prefiere permanecer en su casa de Barranquilla, al igual que Margoth, en Cartagena. Gustavo y Hernando enfrentan con dignidad y coraje avatares inesperados; Eligio y Alfredo fallecieron hace ya algunos años; y Gabriel, el grande, decidió quedarse en Ciudad de México disfrutando de su gloria eterna, pero sabiendo que en la lejanía, más acá del Canal de Panamá, en un pueblo que recorrió alguna vez junto al Maestro Rafael Escalona, flotaba el espíritu de su mamá Luisa, la misma que dijo alguna vez, luego de que Gabo recibiera el Premio Nobel, que su genio de escritor se lo debía a la Emulsión de Scott. Eso lo atestigua, poco después de la misa, el mismo Jaime García Márquez, quien a su vez repite, de manera textual, lo que alguna vez le contó a la escritora y periodista Silvia Galvis: “Cuentan que Gabriel Eligio García, mi papá, llegó a Aracataca de telegrafista y que un día vio a Luisa, le gustó y se le acercó y le dijo: ‘Después de analizar a las mujeres que he conocido aquí, he llegado a la conclusión de que la que más me conviene es usted. Yo quiero casarme, pero si le parece que no dígamelo y no se preocupe porque no me estoy muriendo por usted’. Para Jaime –escribe Silvia-, como más tarde recogió su hermano Gabo en El amor en los tiempos del cólera, así empezó todo”.

Al filo de las once de la mañana, la Casa de la Cultura de Barrancas comenzó a atiborrarse de visitantes. Tres salones fueron dispuestos para la exposición de fotografías de la homenajeada y textos alusivos a ella. Un pendón gigante, similar al que colgaba detrás del atril central de la iglesia, estaba al fondo de la entrada principal de la Casa. El impacto de aquella imagen fue instantáneo: Luisa Santiaga joven, delgada, de cabello corto y cejas pobladas, vestida con cuello alto y arandelas en las mangas; una pulsera ajustada al brazo derecho y las manos sobrepuestas encima de las piernas cruzadas. Mirada lánguida: una auténtica estampa romana, tal como la describe Gabo en sus célebres memorias.

Encima de la foto, un llamativo título: “Las huellas de Luisa Santiaga”. Más abajo: “Celebración del primer centenario del natalicio de Luisa Santiaga Márquez Iguarán, Barrancas, Guajira, 25 de julio de 2006”. Y a un lado de la fotografía, en letras de sueños, el siguiente texto escrito por el Premio Nobel: “Había nacido en Barrancas el 25 de julio de 1905, cuando la familia empezaba a reponerse apenas del desastre de las guerras. El primer nombre se lo pusieron en memoria de Luisa Mejía Vidal, la madre del coronel, que aquel día cumplía su mes de muerta. El segundo le cayó en suerte por ser el día del apóstol Santiago, el mayor, decapitado en Jerusalén. Ella ocultó este nombre durante media vida, porque le parecía masculino y aparatoso, hasta que un hijo infidente lo delató en una novela”. (4).

Transcurrido el medio día, los visitantes habían completado el recorrido por los distintos salones y los familiares de Luisa, todos sin excepción, tenían ya una visión panorámica a partir de las referencias textuales y de las fotografías de aquella mítica mujer que aparecía en el primer salón a los 9 años, en 1914, al lado de otra estampa en la que Tranquilina “Nina” Iguarán Cotes, en 1914, extraviaba su miraba en el horizonte. Más allá, el rostro del coronel Nicolás Ricardo Márquez, adusto y elegante con su bigote de canas y lentes juveniles.

En el otro salón, Luisa de perfil y con sonrisa de Mona Lisa mirando a los ojos de Gabriel Eligio, radiante en aquel lejano 1976. Al frente, la fotografía en la que más se detuvieron los Gabo: Luisa Santiaga sentada al lado de sus hijas en un sillón recio, y atrás los demás hijos, uno por uno, hasta completar once. Ahí estaba el Nobel, por supuesto, pecho henchido y un orgullo que se salía de madre. En el otro salón, Luisa por todos lados, la casa de Aracataca, las frases iluminadas, y las sonatas y óperas de Martín Vivaldi, el compositor italiano que invadió de repente la Casa de la Cultura de Barrancas, el pueblo que ese día, en presencia de su patrona, la Virgen del Pilar, vio el desfile de los descendientes de la Mamá Nobel.

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Periodismo y gobernabilidad en América Latina

12 Oct , 2006  

Por Fidel Cano Correa
Director de El Espectador. Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar 2006

La mayor contribución a la gobernabilidad que pueden hacer los medios de comunicación es ejercer un buen periodismo. Estos deben ser fiscalizadores e independientes y promover el diálogo y el debate en la sociedad.

“¿Cómo pueden contribuir los medios de comunicación masivos a la gobernabilidad en América Latina?” fue la pregunta que condujo el panel sobre Medios de comunicación y democracia en el marco del seminario internacional ‘Democracia y Economía Global en América Latina’ organizado porla Fundación Agenda Colombia, el Banco de la República y Compensar el pasado 27 de septiembre. A continuación presentamos la ponencia de Fidel Cano, director de El Espectador.

Permítanme dividir esas “contribuciones” en las que considero inherentes al periodismo y las que, si bien pueden tener efectos sobre la gobernabilidad, no hacen parte de la propia naturaleza del ejercicio periodístico.

El primer punto dentro de estos primeros, inherentes al periodismo, y también el más obvio, es el de fiscalización, el de veeduría, el watchdog tradicional. Unos medios que supervisan y tienen el ojo avizor sobre los gobiernos, contribuyen a que exista gobernabilidad, a que se den las condiciones para que ésta sea posible y vaya por un buen cauce. Por supuesto, si hablamos de América Latina, tenemos que partir de una débil capacidad institucional que el periodismo puede y debe aliviar mediante esa función fiscalizadora. Claro está que esa misma carencia institucional requiere de un ejercicio periodístico muy responsable, porque de lo contrario puede caer en la tentación de suplir las instituciones y entonces el daño sería mucho mayor.

La otra contribución de los medios de comunicación al fortalecimiento de la gobernabilidad, y en mi concepto la más importante, es su capacidad de promover el diálogo y el debate en la sociedad. Una sociedad sin diálogo ni debate, hace imposible la gobernabilidad; Y los medios son el escenario por naturaleza donde es posible dialogar y debatir. Sobre todo si hablamos de América Latina, con todos esos procesos de cambio que todavía no acabamos de comprender, ni sabemos qué destino tendrán, las amenazas que recaen sobre ese diálogo y ese debate son muy grandes. De manera que en ese sentido creo que los medios de comunicación tienen un papel preponderante para jugar a favor de la gobernabilidad en América Latina como el escenario ideal donde se muevan las ideas.

Más allá de esas dos, sinceramente no veo contribuciones que sean inherentes al papel de los medios en una sociedad. El periodismo está para informar, para revelar lo que alguien intenta ocultar, para mover ideas y opiniones; pero cuando se le empieza a cargar de responsabilidades adicionales se corre el peligro de desvirtuar su función principal. Claro, hay otras funciones que la disciplina puede, si quiere, cumplir dentro de una sociedad democrática, pero que no se le deben imponer como responsabilidades propias de ella.

Cuando se habla de la contribución de los medios a la gobernabilidad, en muchas ocasiones, por ejemplo, se les pretende cargar el compromiso de que los programas de gobierno funcionen, como si fueran parte del éste, como si sus metas fueran las nuestras. Y en ocasiones también, el periodismo intenta amortiguar su creciente mala imagen cayendo en ese mismo juego. Eso suena bonito: gobernantes y medios de comunicación unidos en un mismo propósito. Pero frente a esa tendencia, o a esa tentación más bien, solamente diría: mucho cuidado porque eso en apariencia podría lucir como una contribución a la gobernabilidad y en realidad pone en peligro la función misma del periodismo y termina siendo nocivo. Por supuesto que los medios pueden colaborar con campañas sociales, de cultura ciudadana y ese tipo de actividades, pero jamás pueden permitir que las metas de los gobernantes se conviertan en las suyas. Juntos, pero no revueltos. Cada uno en lo suyo.

Se les reprocha muchas veces también a los medios de comunicación esa cómoda distancia que parecen manejar frente a los problemas. “Es muy fácil criticar y no comprometerse en las soluciones”, es la queja que se escucha a menudo frente a su aparente arrogancia. Entonces los medios crean divisiones de responsabilidad social, organizan foros, se vuelven activistas de las buenas causas. Nada malo hay en ello, siempre y cuando esas actividades se circunscriban a un asunto empresarial, como cualquier otra empresa que desarrolla la responsabilidad social tan de moda en estos tiempos. Pero eso no es periodismo. Esa no es una función inherente a su oficio.

La otra gran crítica que se les hace a los medios es su poca profundidad, y peor aún, su incapacidad de anticiparse a los hechos y procesos, en su afán por ir de la mano de la coyuntura sin tomar distancia, y en la falsa creencia de que informar sobre la gobernabilidad es hacerlo sobre los gobernantes. Hace poco, Tom Plate, un profesor de UCLA y columnista ocasional de Los Angeles Times, señalaba que “si los medios de comunicación occidentales fueran verdaderamente honrados, aceptarían las críticas por no haber por no haber anticipado las noticias más significativas de nuestro tiempo: la caída del imperio soviético, la crisis financiera asiática, y por supuesto, el 11 de septiembre”. Y tiene toda la razón, los medios deben ser más proactivos que reactivos y, por ejemplo, frente a los procesos de cambio que vive hoy América Latina, tienen el reto inmenso de entenderlos, explicarlos y anticiparse a las posibles crisis que se avecinan. Sin embargo, se necesitan dos para el tango. Y aquí la responsabilidad, creo yo, cae mucho más en los ciudadanos usuarios de esos medios que en los medios mismos, tanto más en estos tiempos cuando la información disponible es más que abundante. Para que los periodistas seamos más proactivos, para que no lleguemos a cubrir el incendio cuando ya los bomberos están echando agua al edificio, los ciudadanos tienen que dejar de ser pasivos frente a lo que ofrecemos y desear, o exigir más bien, una información más elaborada y más reposada.

Llegado acá, no puedo evitar la cuña. En El Espectador hemos asumido ese reto de producir una información más elaborada, llena de opinión, en ese camino de contribuir a la gobernabilidad de este país moviendo ideas y debates. Todo esto en contra de lo que los principios del mercadeo aconsejaban, en un tiempo en el que, según ellos, el ciudadano no tiene voluntad de recibir una información más elaborada sino textos cortos, concretos, al grano, rápidos, ligeros, entretenidos. El resultado ha sido sorprendente para algunos gurús del mercadeo y muy esperanzador para quienes creímos que sí existía ese otro para el tango, pues en El Espectador ha logrado conformar en estos casi tres años una creciente masa crítica que se muestra feliz con el reto. Y, no me cabe duda, esa masa ha contribuido de manera significativa a la gobernabilidad de este país. Fin de la cuña.

A manera de síntesis, una simple obviedad: la mayor contribución a la gobernabilidad que puede ofrecer el periodismo es hacer buen periodismo, fiscalizar y mover las ideas con independencia y con pluralidad. En concreto en América Latina, frente a la debilidad institucional, a la desesperación ciudadana por solucionar los problemas de manera rápida y cortoplacista, a las amenazas totalitarias, el periodismo no puede perder el foco de esa función principal, para no dejarse encantar por cisnes pasajeros. Así a los gobernantes les fascine echarle la culpa a los medios de sus frustraciones.

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Acceso a Internet pasó de 25% a 35% en las grandes capitales del país.

6 Oct , 2006  

Publica EL TIEMPO
Los colombianos acceden a la red principalmente desde locales públicos (55 por ciento), como el café Internet de la imagen. Bogotá llegó a 38% de penetración de la red, según un estudio inédito adelantado por las universidades de Wisconsin (Estados Unidos) y Externado de Colombia, realizado en 13 ciudades principales

El dato es significativo si se tiene en cuenta que estudios anteriores documentan un acceso del 25 por ciento hace sólo dos años. Colombia, no obstante, sigue rezagada frente a naciones como E.U., donde el acceso supera el 70 por ciento.

Pero a pesar de eso, opina Hernando Rojas, el investigador colombiano que dirigió la investigación, el crecimiento del número de personas que disfrutan de Internet es sorprendente.

“En el caso de Bogotá, por ejemplo, se pasó de un acceso del 25 por ciento en el 2004 a uno del 38 por ciento. Crecer 13 puntos porcentuales en dos años es positivo, sobre todo si se tiene en cuenta que en el mismo período Estados Unidos aumentó 10.

Estas cifras sugieren que, si bien queda mucho camino por recorrer, Colombia está cerrando la brecha digital”, argumenta él.

Sin embargo, se mantienen las grandes disparidades en lo que respecta al nivel educativo y el estrato económico de los usuarios. Mientras que apenas el 22 por ciento de la población en estratos uno y dos manifiesta tener acceso a Internet, en los estratos cinco y seis la cifra se eleva al 67 por ciento. “Estos se conectan al nivel de Europa o Estados Unidos, pero los estratos más bajos lo siguen haciendo al nivel de de África”, sentencia Rojas, experto en comunicación política y nuevos medios.

Según él, el desarrollo nacional pasa por incentivar el uso de las nuevas tecnologías entre las personas de pocos recursos.

El documento también destaca que, pese a que el correo electrónico es el recurso más utilizado, es creciente el número de personas que usan la red de redes para mantenerse informadas y como herramienta para participar en procesos políticos.

SERGIO GÓMEZ MASERI
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO
WASHINGTON

Las cifras de la conectividad

Los usos más frecuentes.

Primero, el correo electrónico (83%), seguido por la consulta de noticias (53%).

Información con participación.

Internet está permitiendo un acercamiento de los colombianos a la producción de noticias. El 22% de los usuarios manifiesta que utiliza las herramientas que le permiten comentar los artículos en línea, mientras que el 11% participa en foros de discusión y el 4% retroalimenta blogs periodísticos.

Comienza la política ‘virtual’. Durante la campaña presidencial, el 22% comentó temas electorales en su correo electrónico; el 11% lo usó para convencer a familiares o amigos de que votaran por algún candidato; el 17% utilizó Internet para conseguir información sobre las elecciones; el 10% visitó el sitio web de un movimiento o partido, y el 7% leyó blogs de carácter político. En el 2002, la participación política en la red era casi inexistente.

Ficha Técnica: Encuesta cara a cara a 1.009 personas mayores de edad (julio del 2006). La tasa de respuesta para la encuesta fue del 84%, con un margen de error del 3% y una confiabilidad del 95%.

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Soplan vientos de censura en Colombia

5 Oct , 2006  

La idea de la ministra de Comunicaciones, María del Rosario Guerra, para crear una comisión que haga ‘seguimiento y vigilancia a los contenidos de la radio’ activó las alarmas en los medios de comunicación y las organizaciones que velan por la libertad de expresión.
Por JULIANA BEDOYA de la Revista Semana

Hasta el escenario escogido por la ministra de Comunicaciones, María del Rosario Guerra, sorprendió: la sede del Círculo de Periodistas de Bogotá (CPB). Allí, donde se reúnen los comunicadores, fue que la Ministra soltó la pésima noticia de que arreciaban tiempos de censura. Fue durante su intervención sobre la reforma para la Comisión Nacional de Televisión. Habló del tema y de pasó reveló que el gobierno no sólo iba a meterle mano al organismo sino que también podría vigilar la radio.

Como la propia Ministra encendió las alarmas la reacción de los medios fue en cadena. Todos se preguntaron si el propósito final de la medida terminará funcionando como un modo de censura.

La preocupación está en que dicha comisión, pensada para regular contenidos, termine imponiendo sanciones y se convierta en un órgano que coarte la libertad de expresión.

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Sin embargo, la Ministra piensa otra cosa. Así, por ejemplo, pasó por los micrófonos de Caracol Radio para, según ella, aclarar que en el asunto no había algo nuevo sino que “ha habido una mala lectura del tema, nosotros no estamos haciendo nada que el Ministerio de Comunicaciones no haya hecho en los últimos años que es hacer seguimiento, como nos corresponde por ley, a que las emisoras comunitarias y las emisoras de interés público llenen los requisitos legales tanto como de contenido”.

La Ministra dijo que ellos actúan cuando conocen denuncias de los ciudadanos sobre algún tipo de violación a la intimidad y buen nombre. Ante las denuncias, estudian el caso y de ser necesario se abre la investigación.

Guerra señaló que las denuncias han aumentado y en el Ministerio se están viendo desbordados, por lo que sería necesario crear una comisión que estudie todos los casos e imponga sanciones.

Censura

A pesar de la insistencia de la Ministra en que este no es un intento de censurar y controlar la actividad de las emisoras radiales, la sensación que produce sí es esa.

En caso de que algún medio de comunicación cometa excesos, quien debe juzgar su actuación es el juez ante quien se interponga una demanda y no un organismo manejado directamente por el ejecutivo. Además, si se toman medidas contra los medios son posteriores y nunca para controlar lo que estos emiten.

Por eso Carlos Cortés, de la Fundación para la Libertad de Prensa, insiste en que estas comisiones “no pueden volverse una instancia de control, no pueden volverse jueces”. Según él, la palabra comité o comisión “es sospechosa”, y si se dedica a revisar contenido podría llegar a ser inconstitucional, pues iría en contra de la libertad de expresión.

Para Humberto Coronel del Instituto Prensa y Sociedad, “una comisión para la regulación de la radio es peligrosa y sorprendente y, por principio, las organizaciones que velamos por la libertad de los comunicadores y de los medios de comunicación nos oponemos a todo tipo de censura”.

Falta ver si dicho organismo llega a ver la luz, cuáles serán sus funciones y sus alcances. Si terminará actuando como un ente de censura o si se convertirá en un organismo plenamente burocrático. Lo cierto es que la idea pone sobre el tapete el tema de la censura y las atribuciones de los gobiernos en este sentido. El debate hasta ahora empieza y sea cual sea la intención del ejecutivo lo que la Ministra logró fue avivar la llama de la censura.

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Analistas preven una campaña más violenta para la segunda vuelta en Brasil

2 Oct , 2006  

El diario brasileño O Globo, al analizar el resultado de la primera vuelta en las elecciones presidenciales de ayer, señaló que Lula fracasó en su intención de obtener su reelección en el primer turno electoral y, aunque sus partidarios digan que las faltó muy poco, si algún candidato puede decirse victorioso, ese es Geraldo Alckmin, quien hasta hace muy poco –según todas las encuestas preelectorales-no podía evitar la consagración de Lula sin necesidad de llegar al balotaje. Analistas entrevistados por el diario advierten que la campaña por la segunda vuelta será de extrema dureza, entre ambos contendientes .Adjudican la caída final en las urnas en el partido de Lula al efecto negativo de las denuncias por corrupción que afectaron al PT Información publicada en diario O Globo (Brasil)