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Periodistas colombianos envìan carta abierta por caso de reportero detenido

28 Nov , 2006  

El siguiente es el texto de la carta abierta que un grupo de perodistas le enviaron al presidente Uribe, al Fiscal Iguarán y al Defensor Peréz, sobre el caso del peiodista Fredy Muñóz.
Quienes estèn de acuerdo con los términos, pueden enviar su nombre con el número de cédula a los correos de Raimundo Alvarado, coordinador de RedCaribe:
raimundoalvarado@hotmail.com o ralvarado@nuevoperiodismo.org

CARTA ABIERTA
Doctores
ÁLVARO URIBE VELEZ
Presidente de la República
MARIO IGUARAN
Fiscal General de la Nación
WOLMAR PEREZ
Defensor del Pueblo Bogotá

Respetados señor Presidente, señor Fiscal General y señor Defensor del Pueblo:

El pasado 19 de noviembre fue detenido en el Aeropuerto Eldorado, cuando regresaba de una capacitación profesional en Caracas, el periodista cartagenero Fredy Muñoz Altamiranda, corresponsal en Colombia de la cadena Telesur. Según informaciones de prensa, Muñoz está bajo investigación por la supuesta comisión del delito de rebelión, a partir de versiones de reinsertados del grupo guerrillero de la FARC.
Muchos de nosotros conocemos personalmente a Fredy. En nuestra opinión, y según las referencias que hemos obtenido de otros colegas y patronos, se trata de un hombre de bien y un periodista honesto, independiente y crítico. Su vida cotidiana y su práctica profesional han estado lejos de quienes tratan de lograr sus objetivos ideológicos mediante el terrorismo.
Por otra parte, si bien respetamos y respaldamos la acción de las autoridades y de la justicia colombiana, también conocemos sus debilidades. Nos preocupan antecedentes como el del sociólogo y agrónomo Alfredo Correa de Andreis, quien, luego de haber sido sometido a un proceso en el cual, según la Defensoría del Pueblo, hubo pruebas y testimonios fabricados, recobró la libertad para luego ser asesinado en una calle céntrica de Barranquilla en un episodio que nos duele y avergüenza como colombianos. Nos inquieta pensar que por sus ideas y talante profesional le pueda acechar a Fredy la suerte de Correa y de otros buenos ciudadanos que, desde el periodismo, la academia y las organizaciones de la sociedad civil, han sido víctimas de acusaciones injustas como consecuencia de su activismo por los derechos humanos o sus posiciones ideológicas.
Así mismo, compartimos la enorme preocupación que han manifestado varias organizaciones internacionales para la defensa de la libertad de expresión, que consideran que este hecho podría constituir una modalidad de hostigamiento al trabajo periodístico de Telesur en nuestro país. Por tratarse de un colega que trabaja para un medio internacional, su caso ha tenido una gran repercusión.
Por todo lo anterior, solicitamos con todo respeto la pronta intervención de ustedes, en el marco de sus competencias y responsabilidades, para que se aseguren debidamente los derechos y garantías procesales de Fredy Muñoz, se aclare de manera rápida su situación jurídica y se le permita recobrar a plenitud sus derechos humanos, ciudadanos y profesionales, en particular el de la libertad, si esto es lo legal y justo, como esperamos.
Esperamos, igualmente, que, dadas las particularidades del caso, la Fiscalía y el Gobierno faciliten el acceso de los periodistas a las fuentes de información que sean idóneas para una cobertura completa y acertada de este proceso.
Agradecemos a Ustedes la atención que brinden a esta petición, que procedemos a suscribir, a fecha 27 de noviembre de 2006, un grupo de periodistas del Caribe colombiano y de representantes de organizaciones profesionales nacionales e internacionales, que nos identificamos con las respectivas cédulas de ciudadanía.
Recibiremos respuestas y notificaciones en la calle 40 No. 44-39, Edificio Cámara de Comercio de Barranquilla, Fundación Protransparencia Atlántico, Barranquilla.

JAIME ABELLO BANFI
8.706.150 de Barranquilla
Director de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI)

EDUARDO MARQUEZ
79.143.786 de Usaquén
Director Centro de Solidaridad de la Federación Internacional de Periodistas (Ceso-FIP)

CARLOS CORTEZ
80.085.113 de Bogotá
Director de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP)

GINA RUZ ROJAS
45.514.610 de Cartagena

CESAR MOLINARES DUEÑAS
79.592.672 de Bogotá

EDUARDO GARCIA MARTINEZ
3.918.242 de Cartagena

HORACIO BRIEVA MARIANO
8.669.801 de Barranquilla

PABLO RODRIGUEZ BLANCO
7.422.662 de Barranquilla

RAFAEL SARMIENTO COLLEY
7.445.457 de Barranquilla

JAIME DE LA HOZ SIMANCAS
8.698.596 de Barranquilla

PEDRO LARA CASTIBLANCO
7.456.866 de Barranquilla

TADEO MARTINEZ MENDEZ
79.155.751 de Usaquén

ALBERTO MARTINEZ MONTERROSA
73.099.784 de Cartagena.

JUAN CARLOS DIAZ MARTINEZ
9.173.032 de San Jacinto (Bolívar)

IRINA JUNIELES ACOSTA
45.483.429 de Cartagena

MARJORIE LILIAN GALEZO MUÑOZ
39.013.658 de El Banco (Magdalena)

VICTOR HERRERA MITCHEL
19.405.574 de Barranquilla

ROSARIO MELENDEZ TAPIAS
33.157.806 de Cartagena

GUILLERMO VALERO CORZO
4.976.478 de Santa Marta

RUBY RUBIO
32.768.493 de Barranquilla

ROBERTO DUARTE
91.204.373 de Bogotá

RAIMUNDO ALVARADO OSORIO
7.469.144 de Barranquilla

Siguen firmas.
Las Americas, Colombia, América Latina, América del Sur, Notas de prensa

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La telenovela en Colombia: Televisión, melodrama y vida cotidiana

26 Nov , 2006  

Jesús Martín Barbero
La telenovela se ha consolidado en América Latina como el tipo de programa no sólo más legitimado en las preferencias de sintonía, sino además como la forma de producción local que mayor éxito comercial ha alcanzado en nuestros países y en otros mercados que sorprendentemente han empezado a consumir telenovelas latinoamericanas de un modo cada vez más creciente.
Publica Revista Diálogos-Felafacs.

Hoy ya no resulta extraño observar en la televisión norteamericana, europea o asiática producciones de esta naturaleza creados en México, Argentina, Brasil, Venezuela, Colombia y Perú. ¿Desde qué matrices es posible medir este éxito? ¿Qué implica y hasta dónde llega la telenovela como espacio de expresión de la vida cotidiana? ¿Cómo se inserta la telenovela en la lógica de comportamiento y desarrollo de la televisión?
Estas y otras interrogantes son asumidas con todo rigor en una valiosa investigación que viene dirigiendo, en Colombia, el Doctor Jesús Martín Barbero. Investigación que viene siendo abordada también en Perú, México y Brasil, donde equipos similares de investigadores se encuentran en una fase de interpretación nacional, que tendrá -como siguiente etapa- la confrontación que permita distinguir elementos comunes pero sobre todo las características de la diversidad.
La investigación que aquí se presenta es trabajo aún en marcha y en equipo. En ella participan profesores e investigadores de Cali,
Bogotá y Medellín, de Facultades de Comunicación (Universidades del Valle, de Antioquia, Javeriana y Bolivariana, de un centro de
investigación, el CINEP, y de instituciones de Acción Comunal. Iniciada a comienzos del año 86 se espera finalizarla al término del 87. Así mismo esta investigación se inserta en un trabajo conjunto con grupos coordinados desde la Universidad de Colima en México, de Lima en Perú y de Sao Paulo en Brasil. El carácter innovador tanto del marco conceptual como de las propuestas metodológicas ha convertido la investigación en un espacio de formación, abierto a la búsqueda y la experimentación en cada grupo.
1. EL POR QUÉ Y PARA QUIÉNES
La importancia social de la televisión rebasa cada día más el “impacto ideológico” al que suelen estar referidos aún la mayoría de los estudios críticos sobre el tema. La televisión es hoy un espacio particularmente significativo de reconversión económica, de preocupación política y de transformación cultural. Sobre la significación política de la inversión económica en televisión comienza a haber estudios tanto a nivel nacional como latinoamericano. El estudio de Roldan Moldrak(1) por ejemplo muestra que si se tomara la televisión colombiana como una empresa bajo la explotación de un solo propietario ésta ocuparía el décimo lugar por
volumen de ventas, con un total de 5.244 millones de pesos colombianos al año (Codipetróleos sería la primera con 17.902 millones en 1980) y estaría por encima de empresas del peso de Acerías Paz del Río, Coltabaco, Cervecerías Aguila o Carulla. De otra parte, la inversión publicitaria en TV representa más de la mitad de la facturación total del sector: para 1973-1982 de un total de 22.162 millones de pesos, 12.133 millones corresponden a la televisión.(2) Lo que eso significa en relación a propuestas de democratización del medio ha sido estudiado por A. Cadavid y R. Espinosa.(3) Y en el ámbito latinoamericano los estudios de Diego Portales(4) Noreene Janus y Rafael Roncagliolo muestran cómo la televisión se constituye en lugar codiciado de inversión para el capital
trasnacional y el entramado político de sostenes y cambios que ahí se hacen visibles.
Si como lo exige la lógica comercial aquellos programas que se colocan en los veinte primeros lugares de sintonía son los que copan la casi totalidad de la inversión publicitaria, en Colombia las telenovelas constituyen en conjunto el programa de mayor sintonía:
agrupadas por frecuencias obtienen el 40% del total constituyendo la fuente de ingreso más segura para las programadoras. Pero además la telenovela se ha convertido en un elemento clave del desarrollo de la industria televisiva en el país. Si en términos económicos para una programadora de televisión es muy importante que le concedan una telenovela, ya sea para producirla o para importarla de otros países, en términos del desarrollo de la industria misma el compromiso de producir una telenovela nacional está obligando a las programadoras a establecer una infraestructura técnica y profesional mucho más grande y sólida que para la producción de cualquier otro tipo de programa. De manera que no solamente se ponen las bases para producir telenovelas sino otra
serie de programas dramatizados y en general cualquier otro tipo de programa que requiera de profesionales y técnicos especializados y de una seria infraestructura.
En términos latinoamericanos las telenovelas constituyen el primer tipo de programa que ha comenzado a comercializarse con éxito no sólo en otros países de la región sino también en los Estados Unidos y en Europa. Rede Globo del Brasil y Televisa de México sobre todo, pero también la televisión venezolana, argentina y colombiana están difundiendo ampliamente en América Latina sus telenovelas. De esta manera, además de ser programas transclasistas localmente muchos de ellos logran llegar a un continente entero. “La esclava Isaura’, ‘ de Rede Globo, “Los Ricos también lloran” de Televisa, “Leonela” de Venezuela y “La mala hora” de
R.T.I. – Colombia, son ejemplos de telenovelas vistas por pueblos de varios países latinoamericanos y que actualmente han llegado a reemplazar en los primeros lugares de sintonía a los enlatados norteamericanos que antes los ocupaban exclusivamente.
En síntesis, la telenovela está dejando de ser un “entretenimiento” para amas de casa y transformándose en un programa que le hace competencia a las grandes series norteamericanas y europeas en las horas de mayor audiencia diaria de la televisión. Se convierte en un producto económicamente importante por la inversión publicitaria que allí se hace y los resortes de desarrollo industrial que moviliza, políticamente significativa porque cada día un mayor número de personas y sectores la ven como un espacio de intervención y culturalmente ofrece un campo fundamental para la introducción de hábitos y valores. El tomar la telenovela como un lugar en el que se manifiestan cambios importantes que atañen a la industria cultural de América Latina permite “tomar el pulso”, desde un producto concreto, a las relaciones entre cultura, comunicación y una sociedad como la colombiana.
Más que en las razones expuestas será en la perspectiva y en la trama conceptual escogida para el análisis donde podrán leerse las implicaciones políticas y éticas que nos llevan a tener como nterlocutores prioritarios y beneficiarios de esta investigación a:
– grupos y organizaciones populares en sus trabajos de educación, comunicación y promoción cultural, ya sea a nivel vecinal, barrial o sindical. A los que la investigación busca ofrecer elementos nuevos en la comprensión del espacio y los conflictos culturales en que se mueven además de una revaloración de sus modos propios de percibir y de narrar su experiencia;
– asociaciones de maestros y educadores que siguen con frecuencia pensando la cultura y la educación misma al margen de la vida cultural cotidiana de sus alumnos, en la que los medios masivos de comunicación y en especial la televisión tienen una presencia modeladora cada vez mayor;
– entidades estatales encargados de diseñar políticas e implementar proyectos en las áreas de la cultura y la comunicación como Colcultura, Inravisión, Secretarías de Educación, Casas de la Cultura, etc.
– canales regionales de televisión cuya finalidad cultural les exige explícitamente plantearse el sentido de la relación entre la televisión y las culturas regionales y las diferentes subculturas de grupo.

2. PERSPECTIVA DE ANÁLISIS: LOS OBJETIVOS Y LOS OBJETOS
El espacio de la cultura se ha convertido estos últimos años en América Latina en un lugar fundamental de la interrogación sobre el sentido de las transformaciones que conlleva la modemizaci6n de nuestras sociedades. Y dentro del espacio cultural la televisión constituye un medio estratégico para comprender los dispositivos de una modernización, cuya lógica se articula, a la vez que entra en conflicto, con las diversas lógicas culturales de cada sociedad. Es además la televisión el medio de punta en los procesos de renovación tecnológica. Pero ¿qué sabemos acerca de esos conflictos y dispositivos de modernización? hasta el momento la mayoría de los estudios acerca de la televisión se han hecho desde la perspectiva de su naturaleza jurídica, su estructura económica y sus efectos ideológicos.
Pero estos estudios difícilmente pueden explicar fenómenos de manifestación, de modernización y de configuración de los gustos y los usos sociales. Lo que se plantea ahora es la necesidad de abordar un producto concreto de la industria televisiva, de indudable éxito popular como lo es la telenovela, para observar en él la manera como se articulan las lógicas comerciales de su producción con las lógicas culturales de su consumo. Este modo de abordar la telenovela permitirá enriquecer y aterrizar los debates levantados recientemente en tomo a: lo cultural entendido no sólo como conjunto de productos sino como matrices de conocimiento y comportamiento; lo popular entendido como modo de existencia de competencias culturales diferentes a la hegemónica; el melodrama como expresión de la vigencia de “otras” matrices narrativas. La telenovela se presenta además como un espacio de confrontación entre el sentido de lo nacional (el “sentirse colombiano”, las temáticas y personajes que se consideran “propios”) y lo trasnacional (los modelos y formatos de melodrama televisivo en su capacidad de trascender las fronteras nacionales). Desde esa perspectiva podemos definir el objetívo general del proyecto en esta forma: investigar las mediaciones en que se materializan las constricciones que vienen de la lógica económica e industrial en su articulación a las demandas y los modos de ver de diferentes grupos sociales. Las mediaciones son entendidas aquí como ese “lugar” desde el que es posible percibir y comprender la interacción entre el espacio de la producción y el de la recepción: que lo que se produce en la televisión no responde únicamente a requerimientos del sistema industrial y a estratagemas comerciales sino también a exigencias que vienen de la trama cultural y los modos de ver. Estamos afirmando que la televisión no funciona sino en la medida en que asume -y al asumir legitima- demandas que vienen de los grupos receptores; pero a su vez no puede legitimar esas demandas sin resignificarlas “en función” del discurso social hegemónico.
Ese objetivo general se desglosa a su vez en los siguientes planos o niveles:

– Describir y analizar las etapas de conformación y producción de las telenovelas en Colombia tanto en el contexto económico de la producción y la distribución como en el de las dinámicas institucionales y profesionales que regulan el funcionamiento del campo cultural.
– Analizar los modos como ideologías generales se convierten en relatos particulares de televisión, en los que formas arcaicas dan cabida a contenidos modernizadores.
– Analizar las diferentes formas de apropiación que diversos grupos sociales y culturales hacen de la telenovela, formas en las que se expresan diferencias de clase y de cultura cuyo sentido remite a la imbricación de la industria cultural en la vida cotidiana.

La traducción de esos objetivos en problema-objeto de estudio configura el siguiente cuadro:
a. La industria televisiva: estructura y dinámica de la producción.
– reglas de funcionamiento y niveles de decisión de las empresas que producen telenovelas,
– ideologías profesionales y rutinas dé operación,
– competitividad industrial y competencia comunicativa de las empresas,
– estrategias de comercialización de las telenovelas.

b. Grupos culturales: usos sociales y modos de ver
– Hábitos de clase que atraviesan los usos de la televisión organizando el espacio y el tiempo cotidianos de la recepción,
– rutinas familiares en que se inserta el consumo de telenovelas,
– competencias culturales en que se inscriben los dispositivos de reconocimiento y a las que responden los diferentes modos de ver
y de narrar.

c. Productos culturales: composición textual de la telenovela
– los géneros televisivos como mediaciones entre la lógica de los formatos y los dispositivos del reconocimiento,
– el discurso de la telenovela como espacio de dramatización/ poetización de la cotidianidad,
– el melodrama como anacronía expresiva y lugar de activación de matrices culturales populares. El análisis de esos tres objetos-problema estará acompañado por la elaboración de un doble mapa: un mapa diacrónico que contendrá las etapas en la historia de la producción de telenovelas en Colombia, señalando los grandes cambios que se han producido en ese proceso en el aspecto temático, el tecnológico y de lenguaje; un mapa sincrónico que contendrá el análisis del consumo de telenovelas en Colombia durante los años 19861987, no sólo de las novelas producidas en el país sino de todas aquellas que se hayan emitido durante ese tiempo por las cadenas nacionales.

3. TRAMA CONCEPTUAL: CONCEPTOS Y TRAYECTOS

Los conceptos-matrices de esta investigación no “enmarcan” sino forman una red, una trama con varios trayectos. Pues estamos tratando de pensar el espacio de la producción desde el tiempo de la cotidianidad, a la vez campo del trabajo y del ocio, donde las demandas sociales y las competencias culturales son convertidas en la materia prima con que la industria cultural configura el sistema discursivo de un medio y elabora sus formatos. Lo que implica ir al medio TV desde una doble cotidianidad, la de los productores y la de los consumidores, y abordar el discurso televisivo y los textos de los diferentes géneros más que como estructuras de significación como prácticas de enunciación de unos sujetos y como formatos de sedimentación de unos saberes narrativos/expresivos/técnicos.
En forma esquemática se exponen los contextos teóricos en que desarrollan su trayectoria los conceptos-matrices. · La cotidianidad desde el consumo y los usos “Lo que indagamos es cómo la violencia del orden se hace tecnología disciplinaria pero también red de antidisciplina, posibilidad de juego, de resistencia y de desplazamiento ”
Michel de Certeau

En varios de sus últimos trabajos N. García Canclini ha ido reuniendo elementos para la configuración de una concepción no reproductivista ni culturalista del consumo. Siguiendo de cerca la concepción de Bourdieu pero rebasándola para dar entrada a la práxis, a la transformación y sus formas de producción en las culturas populares de América Latina. Hemos de comenzar por ubicar el verdadero alcance de lo que buscamos, su diferencia con las teorías funcionalistas de la recepción: “No se trata sólo de medir la distancia entre los mensajes y sus efectos sino de construir un análisis integral del Consumo, entendido como el conjunto de los procesos sociales de apropiación de los productos”.(6) No estamos en el terreno de la tan denostada “compulsión consumista”, ni en el del repertorio de actitudes y gustos que recogen y clasifican las encuestas de mercado, pero tampoco en el gaseoso mundo de la simulación y el simulacro baudrillardianos. El espacio de la reflexión sobre el consumo es el espacio de, las prácticas cotidianas en cuanto lugar de interiorización muda de la desigualdad socia1,(7) desde la relación con el propio cuerpo hasta el uso del tiempo, el habitar y la conciencia de lo posible en cada vida, de lo alcanzable e inalcanzable. Pero lugar también de la impugnación de esos límites y de expresión de los deseos, de subversión de códigos y movimiento de la pulsión y del goce. El consumo no es sólo reproducción de fuerzas sino producción de sentido: lugar de una lucha que no se agota en la posesión de los objetos pues pasa aún más decisivamente por los usos que les dan forma social y en los que se inscriben demandas y dispositivos de acción que provienen de las diferentes competencias culturales.

M. de Certeau ha elaborado una teoría de los usos sociales como operadores de apropiación que, siempre en relación a un sistema de prácticas, pero también a un momento y a un lugar, instauran una relación de sujeto con los otros. Es la otra cara de la cotidianidad, la de la creatividad dispersa, oculta, sin discurso, la de la productividad inserta en el consumo. Marginales al discurso de la racionalidad dominante, reacios a dejarse medir en términos estadísticos, existen modos de hacer cuya lógica remite, según de Certeau (8) a la cultura popular en cuanto resto y estilo. Un resto: memoria de una experiencia sin discurso, que resiste al discurso de la razón y se deja decir solo en el relato; resto hecho de saberes inservibles a la colonización tecnológica pero que aún marginados cargan simbólicamente la cotidianidad y la convierten en espacio de una creación muda. Y un estilo, esquema de operaciones, maneras de caminar la ciudad, de habitar la casa, de ver televisión, un estilo de inventiva técnica y de resistencia moral. Para abordar, las lógicas (en plural) de los usos debemos diferenciar nuestra propuesta de aquel análisis denominado “de los usos y gratificaciones “(9). Puesto que de lo que tratamos es de sacar el estudio de la recepción del espacio acotado por una comunicación pensada en términos de mensajes que circulan, de efectos y reacciones, para reubicar su problemática en el campo de la cultura: de los conflictos que articula la cultura, de los mestizajes que la tejen y las anacronías que la sostienen, y en últimas del modo en que trabaja la hegemonía y las resistencias que moviliza, del rescate por tanto de los modos de apropiación y réplica de las clases subalternas. El plural de las lógicas del uso no se agota en la diferencia social de las clases pero esa diferencia articula las otras. Los habitus de clase(10) atraviesan los usos de la televisión, los modos de ver, y se hacen manifiestos -observables etnográficamente en la organización del tiempo y del espacio cotidianos. ¿Desde qué espacios mira la gente la televisión: privados o públicos, la casa, el bar de la esquina, el club del barrio? Y ¿qué lugar ocupa la TV en la casa: central o marginal, preside la sala en que se hace la vida “social” o se refugia en el dormitorio, o se esconde en el armario de donde se saca solamente para ver algo muy especial? La lectura de la topografía posibilita el establecimiento de una topología simbólica configurada por los usos de clase. Del mismo modo es posible trazar una tipología social de los tiempos: desde la pantalla encendida todo el día hasta el encendido sólo para ver el noticiero o la serie de la BBC, puede observarse una gama de usos que no tiene que ver únicamente con la cantidad de tiempo dedicado sino con el tipo de tiempo, con el significado social de este tiempo (11) y con el tipo de demanda que las diferentes clases le hacen a la televisión.

En los usos no habla sólo la clase social, habla también la competencia cultural de los diversos grupos que atraviesa las clases, por la vía de la educación formal en sus distintas modalidades, pero sobre todo las que configuran las etnias, las culturas regionales, los “dialectos” locales y los distintos mestizajes urbanos en base a aquellos. Competencia que vive de la memoria -narrativa, gestual, auditiva- y también de los imaginarios actuales que alimentan al sujeto social femenino o juvenil. · La televisión desde la repetición y el fragmento “El funcionamiento de la televisión ofrece la seguridad emocional de que el mundo cotidiano permanece”. M. Martín Serrano “La repetición es el principio de organización de una poética, pero a condición de que se sepa reconocer cual es su orden”
Omar Calabrese

Mientras en nuestra sociedad el tiempo productivo, el valorado por el capital es el tiempo que “corre ” y que se mide, el otro, del que está hecha la cotidianidad es el que se repite y está conformado no de unidades contables sino de fragmentos.(12) ¿Y la matriz cultural del tiempo que organiza la TV no es acaso esa: la de la repetición y el fragmento? ¿y no es insertándose en el tiempo de la rutina como la TV inscribe la cotidianidad en el mercado? El tiempo en que organiza su programación la TV contiene la forma de la rentabilidad y la del palinsesto, esto es de un entramado de géneros, cada programa o mejor cada texto televisivo, remite su sentido al cruce de los géneros y los tiempos. En cuanto género pertenece a una familia de textos que se replican y reenvían, uno a otro desde los diversos horarios del día y la semana. En cuanto tiempo “ocupado” cada texto remite a la secuencia horaria de lo que le antecede y le sigue o a lo que aparece en el palinsesto otros días a la misma hora.

Mirado desde la televisión el tiempo del ocio cubre pero devela la forma del tiempo del trabajo: la articulación del fragmento a la serie. Dice Foucault que el poder se articula directamente sobre el tiempo porque es en él donde se hace más visible el movimiento de uniformación que atraviesa la diversidad de lo social. Pero el tiempo de la serie no habla sólo el idioma del sistema productivo -el de la estandarización- pues bajo él pueden oirse también otros idiomas, desde el del cuento popular y el relato de aventuras hasta el, de la canción con estribillo: aquella otra serialidad propia de una estética “donde el reconocimiento funda una parte importante del placer y es, en consecuencia, norma de valores de los bienes simbólicos”(93). Y aún otro idioma más, el que según Benjamin se hace posible con la reproductibilidad técnica, aquel sensorium o experiencia cultural del nuevo público que nace con las masas.(14) Podría hablarse entonces de una estética de la repetición que, trabajando la variación de un idéntico o la identidad de varios diversos “conjuga la discontinuidad del tiempo del relato con la continuidad del tiempo relatado”(15). Lo que remite al sentimiento de duración que inaugurará el folletín del siglo XIX permitiendo al lector popular hacer el tránsito del cuento a la novela “sin perderse”. Es el oficio que desde la televisión cumplen ahora los géneros producidos en serie, el oficio de mediación entre la lógica del sistema productivo y la lógica de consumo, entre la del formato y las de los modos de leer, las de los usos. La noción de género que estamos trabajando tiene entonces poco que ver con la vieja noción literaria del género como “propiedad” de un texto, y muy poco también con la reducción a taxonomía que del género hizo el estructuralismo.(16) En el sentido en que estamos trabajando un género no es algo que le pase al texto sino algo que pasa por el texto, pues es menos cuestión de estructura y combinatorias que de competencia. Asumimos entonces la propuesta de un equipo de investigadores italianos según la cual un género es ante todo una estrategia de comunicabilidad, y es como marcas de esa comunicabilidad que un género se hace presente y analizable en el texto.(17) La consideración de los géneros como hecho puramente “literario” -no cultural- y desde el otro lado, su reducción a receta para la fabricación o etiqueta para la clasificación, nos han estado impidiendo comprender su verdadera función en el proceso y su pertinencia metodológica: clave para el análisis de los textos masivos, y en especial de los televisivos.

En cuanto estrategias de interacción, esto es “modos en que se hacen reconocibles y organizan la competencia comunicativa los destinadores y los destinatarios”(18) el estudio de los géneros no puede llevarse a cabo sin replantear la concepción misma que se ha tenido de comunicación. Pues su funcionamiento nos coloca ante el hecho de que la competencia textual, narrativa, no se halla sólo-presente, no es condición únicamente de la emisión sino también de la recepción. Cualquier telespectador sabe cuándo un texto/relato ha sido interrumpido, conoce las formas posibles de completarlo, es capaz de resumirlo, de ponerle un título de comparar y de clasificar unos relatos. Hablantes del “idioma” de los géneros los teleespectadores, como indígenas de una cultura textualizada,(19) “desconocen” su gramática pero son capaces de hablarlo. Lo que a su vez implica un replanteamiento en el modo de aproximación a los textos de la televisión. Momento de una negociación, los géneros no son abordables en términos de semánticao de sintaxis: exigen la construcción de una pragmática que es la que puede dar cuenta de cómo opera su reconocimiento en una comunidad cultural. Así mismo, el texto del género es un stock de sentido que presenta una organización más complexiva que molecular y que por tanto no es analizable siguiendo una lista de presencias sino buscando la arquitectura que vincula los diferentes contenidos semánticos de las diversas materias significantes. Un género funciona constituyendo un “mundo” en el que cada elemento no tiene valencias fijas. Y más aún en el caso de la televisión donde cada género se define tanto por su arquitectura interna como por su lugar en la programación: en la estructura horaria y en la trama del palinsesto. De ahí la tercera exigencia que acarrea el abordaje de los géneros: la necesidad de construir su sistema en cada país. Pues en cada país ese sistema, responde a una configuración cultural, a una estructura jurídica de funcionamiento de la televisión, a un grado de desarrollo de la industria televisiva nacional y a unos modos de articulación con la trasnacional. · El melodrama desde el reconocimiento y la anacronía “Algunos se esfuerzan por exorcizar la lógica de aquella narrativa popular que la historia del pudor y la racionalidad del triunfo de la burguesía nos acostumbró a descartar como populachera y de mal gusto. Narrativa de la exageración de la paradoja, del registro ético en que la diferencia social y la desigualdad política, como las penas de amor, aparecen siendo expresiones ejemplares de situaciones que revelan virtudes y vicios “.
Marlyse Meyer

Melodrama y cotidianidad: ¿qué sentido puede tener ahí la conjunción? ¿No es acaso el melodrama, según los “críticos” el relato más alejado de la vida, el más ensoñador? Y sin embargo el melodrama toca la vida cotidiana, enchufa en ella no sólo como su contraparte, como su sustituto, sino como algo de lo que está constituida pues como ella vive del tiempo de la recurrencia y de la anacronía y es espacio de constitución de identidades primordiales.

De los dos planos de significación que articula la noción de reconocimiento el racionalismo imperante solo atribuye sentido a uno: al negativo. Pues en el plano del conocer, re-conocer es pura operación de redundancia, costo inútil. Y si a esa isotopía se la proyecta sobre la cuestión ideológica, entonces el resultado es aún más radical: estamos en el reino de la alienación, aquel en que re-conocer consiste en des-conocer. Existe sin embargo otra matriz que atribuye al reconocer un muy otro sentido: aquel en que reconocer significa interpelar, una cuestión acerca de los sujetos, de su modo específico de constituirse. Y no sólo los individuales, también los colectivos, los sociales, incluidos los sujetos políticos. Todos se hacen y rehacen en la trama simbólica de las interpelaciones, de los reconocimientos. Todo sujeto esta sujeto a otro y es a la vez sujeto para alguien. Es la dimensión viva de la socialidad atravesando y sosteniendo la institucional, la del “pacto social”.

Ahora podemos retornar al melodrama, a lo que allí está en juego, que es precisamente el drama del reconocimiento.(20) Del hijo por el padre o de la madre por el hijo, lo que mueve la trama es siempre el desconocimiento de una identidad y la lucha contra los maleficios, las apariencias, contra todo lo que oculta y disfraza: una lucha por hacerse reconocer. ¿No estará ahí la- conexión secreta del melodrama con la historia de ese subcontinente? En todo caso el des-conocimiento del “contrato social” en el melodrama habla, y habla bien alto, del peso que para aquellos que en él se reconocen tiene esa otra socialidad primordial del parentesco, de las solidaridades vecinales y la amistad. Pero esa socialidad nos remite a la anacronía que viven las culturas populares. Aquellas en que el tiempo familiar es “ese tiempo a partir del cual el hombre se piensa social, un hombre que es ante todo un pariente. De ahí que el tiempo familiar se reencuentre en el tiempo de la colectividad”(21). De manera que entre el tiempo de la historia -que es el tiempo de la nación y del mundo, el de los grandes acontecimientos que vienen a irrumpir en la comunidad- y el tiempo de la vida -que es el que va del nacimiento a la muerte de cada individuo y que jalonan los ritos que señalan el paso de una edad a otra- el tiempo familiar es el que media y hace posible su comunicación. Dice Hoggart, a propósito no ya de campesinos alejados del tiempo del progreso sino de los sectores obreros en la ciudad, que “los acontecimientos no son percibidos más que cuando afectan la vida del grupo familiar”(22). Una guerra es, entonces percibida como “el tiempo en que murió el tío” y la capital como “el lugar donde vive la cuñada”. De ese modo familia y vecindaje -pues este último es hoy en los barrios populares de las grandes ciudades, dada la migración brutal, el desarraigo y la precariedad económica, una especie de “familia extensa”- representan en el mundo popular aún con todas sus contradicciones y conflictos modos de la socialidad más verdadera.

Frente a esa concepción y esa vivencia, las transformaciones operadas por el capitalismo en el ámbito del trabajo y del ocio, la mercantilización del tiempo de la calle y de la casa y hasta de las relaciones más primarias, parecerían haber abolido aquella socialidad. En realidad no han hecho sino tornarla anacrónica. Pero esa anacronía es preciosa, es ella la que en “última instancia” le da sentido hoy al melodrama en América Latina -desde la permanencia de la canción romántica al surgimiento de la telenovela-, la que le permite mediar entre el tiempo de la vida, esto es de una socialidad negada, económicamente desvalorizada y políticamente desconocida, pero culturalmente viva, y el tiempo del relato que la afirma y le hace posible a las clases populares reconocerse en ella. Y desde ella, melodramatizando todo, vengarse a su manera, secretamente, de la abstracción impuesta por la mercantilización a la vida, de la exclusión política y la desposesión cultural.

4. ESTRATEGIAS METODOLÓGICAS Y MODOS DE OPERACIÓN

Hacemos un recuento de los diversos tipos de aproximación requeridos por la diversidad de problemas-objeto, y de los modos operativos del análisis. Lo que a este respecto se expone es ya en buena parte resultado de la investigación misma, del camino recorrido en el ajuste de la formulación y en la apropiación de instrumentos adecuados a ella. Seguimos para la exposición el cuadro de delimitación de los objetos de estudio enunciados en el segundo apartado.
· Estructura y dinámica de la producción
Se trata aquí del estudio de las condiciones de producción de las telenovelas, del hecho laboral(23) en cuanto mundo de ideologías corporizadas, de técnicas y procedimientos, de jerarquías ordenadoras, de etapas y recursos. Lo que implica dos operaciones:
a. una reconstrucción etnográfica y sociológica de las prácticas y los dispositivos, de las rutinas y las formas de división del trabajo tal y como se efectúan actualmente.
b. otra de construcción de una historia de los cambios habidos en esas condiciones y en los modelos culturales a que respondían. Para la primera, los dispositivos y las instancias concretas a estudiar -mediante la observación, el diario de campo, el cuestionario en algunos casos y la entrevista en profundidad en otros son:

– la competitividad industrial, entendida como la capacidad de producción expresada en el grado de desarrollo tecnológico, capacidad de riesgo para la innovación y grado de diversificación- especialización profesional de una empresa,
– la competencia comunicativa: lograda en términos de reconocimiento por los públicos, y no basada únicamente en el grado de competitividad ni mediable enteramente por los rating de audiencias,
– los niveles y fases de decisión en la producción del género: quiénes, en qué momentos y con qué criterios deciden lo que es telenovelable,
. las ideologías profesionales como componentes y campo de tensión entre las exigencias del sistema productivo, las reglas del género, las demandas sociales y la iniciativa y creatividad -las formas de resistencia- de los productores: directores, libretistas, actores, escenógrafos, camarógrafos, etc.
– las rutinas productivas o la serialidad mirada desde los hábitos de trabajo que ella impone, como exigencias de la rentabilidad
sobre el tiempo de la producción y las formas de actuación, pero también como esguinces por donde la experimentación y el
“estilo” se incorporan a las prácticas,
– las estrategias de comercialización no como algo que viene a añadirse “después” para vender un producto ya terminado sino como algo que ha puesto sus huellas en la estructura del formato, desde la forma que toma el corte narrativo para la publicidad, a las que vienen exigidas por el lugar que va a ocupar en la programación o los ingredientes diferenciales que introduce la diversificación entre lo que sólo se verá dentro de un país y lo que aspira a ser exportado.
Para la segunda operación, la historia a construir, son dos los modos operativos de abordaje:
– la recolección de información suministrada por los libros, periódicos, revistas (atención especial a las de “farándula”),
documentación de los productores, etc.
– el cuestionario y sobre todo la entrevista (organizada desde una “guía”) a los que toman decisiones administrativas con incidencia en la producción, en sus procedimientos para repetir o cambiar, y a los que hacen la producción en sus diversas etapas, desde la pre hasta la post-producción.
· Usos sociales y modos de ver

Es ésta sin duda la parte más innovadora de la investigación, para la que se cuenta con menos estrategias formuladas, con menos experiencias en las que apoyarse. Ello hace más notorio el aporte de la investigación sobre los modos en que las mujeres de un barrio popular de Cali usan los medios de comunicación y los inscriben en su cotidianidad realizada por Sonia Muñóz (24) quien ha sistematizado las líneas de esta propuesta. Lo que se trata de indagar aquí son los procesos de, apropiación de la telenovela en su diversidad, esto es en la pluralidad de condiciones sociales y de matrices y competencias culturales, de hábitos de clase, modos de comunicar y gramáticas narrativas.

a. Tipología de los barrios: Para abordar la diversidad sociocultural de lo urbano se está construyendo un mapa en base a estos
criterios:

– estrato social (para lo que se ha partido de la propuestas de estratificación formuladas por e Departamento Nacional de Estadística y su adaptación a las ciudades por las Empresas municipales de servicios públicos);
– forma de asentamiento: como invasión, urbanización estatal o privada, reubicación, condominio, etc.;
– años de fundacián: antiguos, nuevos, en formación;
– composición étnica y/o procedencia de los habitantes;
– formas de organización barrial: de supervivencia, de educación, de mujeres, de jóvenes, etc.

La elaboración de la tipología está siendo llevada a cabo en base a:
– información escrita (DANE, archivos de planeación municipal, Acción Comunal, historias de barrio publicadas, literatura urbana, etc.);
– testimonios (grabados) de habitantes fundadores del barrio, de dirigentes comunales, de pobladores;
– observación participante: a través de la participación de los investigadores en actividades barriales y de la convivencia;

b. Hábitos de consumo de la televisión y vida cotidiana: Tomando a la familia como unidad básica de audiencia y situación primordial de reconocimiento, esta etapa es operacionalizada mediante un cuestionario que se aplicará al ama de casa o a quien haga sus veces. El universo se define en base a los seis estratos sociales delimitados en la documentación antes citada y que, por ejemplo para la ciudad de Cali presenta el siguiente cuadro:

I. Bajo – bajo:
11.000 hogares en 33 barrios 8%
II. Bajo:
60.000 hogares en 41 barrios 37%
III. Medio-bajo:
42.000 hogares en 40 barrios 28%
IV. Medio:
8,000 hogares en 42 barrios 6%
V. Medio-alto:
24.000 hogares en 43 barrios 16%
VI. Alto:
7,000 hogares en 47 barrios 5%
Lo que implica que, tornando una muestra de 1 x 1.000, en Cali se aplicaría el cuestionario a 152 hogares.

El cuestionario interroga sobre:
– datos básicos acerca del tipo de vivienda y composición de la familia,
– grado de exposición a la televisión de los diferentes miembros de la familia,
– integración del ver televisión en las rutinas domésticas,
– decisiones sobre la televisión que se ve y relaciones de poder en la familia.
– programación seleccionada por la familia y por los diferentes integrantes de la familia,
– el uso de otros medios de comunicación.

La aplicación del cuestionario deberá ser complementada con una indagación etnográfica del habitat familiar para recoger visual, y a ser posible fotográficamente, la organización del espacio que ocupa o “invade” la TV, su incidencia sobre el espacio de la casa y su articulación al sistema de objetos -muebles, radio y equipo de sonido, objetos de “recordación”, decoración, de “arte”, etc.- a la estética y los rituales del hogar.

c. Espacios de circulación y resemantización: La telenovela “es un género que más que cualquier otro se vive por fuera de su ámbito propiamente textual”(25), es decir cuyo sentido remite tanto o más al contexto familiar, vecinal, de amistad o de trabajo que al texto mismo. Puesto que vista, la telenovela es objeto de reaparición constante en las comunicaciones cotidianas, objeto de transformación, de resemantización dentro y fuera de la casa. Se trata entonces de indagar qué espacios y qué actores intervienen en la circulación y resemantización de las telenovelas, sobre qué dimensiones gira la atención y el interés, en que preocupaciones ancla, sobre qué actividades o comportamientos principales recae su peso, qué personajes catalizan deseos/fobias, etc.

Los principales espacios a indagar podrían ser:
– la casa, cuyos actores son los miembros de la familia pero en ocasiones también -especialmente en los estratos populares,- vecinos y amigos,
– el barrio o sea la puerta de la casa, la tienda de la esquina, el mercado, el bar o la cantina, y cuyos actores son los vecinos, grupos, de mujeres, de jóvenes, de amigos,
– el lugar de trabajo, cuyos actores son los compañeros y compañeras sobre todo en las pausas y tiempos de descanso,
– otros lugares, como las peluquerías de señoras o ciertos sitios de reunión de grupos sociales.
Desde el punto de vista operativo se propone que esta etapa se desarrolle sobre una selección de barrios (de acuerdo a la tipología señalada) y de grupos constituidos por familias, grupos de jóvenes y grupos de mujeres. Las estrategias apropiadas en este caso son:
– guías de observación y de organización de testimonios (a ser posible grabados).
– actividades que hagan posible la inserción del investigador en los diferentes contextos y ambientes por los que circula y en los que se produce la resemantización de la telenovela.

d. Competencias culturales e imaginarios colectivos: Nos referimos aquí a los haberes, saberes y gramáticas que constituidos en memoria median la lectura de las clases sociales, y a los imaginarios con los que arman su identidad grupos como los femenino/feministas, o los de jóvenes. Se trata de indagar desde dónde los sujetos, los diversos tipos de sujetos, ven, miran y “leen” las telenovelas: ese tejido de códigos y de inflexiones, de gramáticas y de desviaciones. Ahora bien, el acceso tanto a las competencias como a los imaginarios pasa por los relatos de la gente ya que es en ellos donde son activados los códigos y “citados” los textos a los que nos remiten las lecturas. De ahí que el trayecto metodológico en esta etapa se realiza entre el ver con la gente y el darle a la gente la posibilidad dé contar lo visto. Aproximarnos a sus modos de ver se resuelve operativamente en hacer posible que los diversos “públicos” nos relaten su experiencia, nos la den a ver. Lo que implica de parte del investigador implementar estrategias que activen la competencia narrativa del telespectador
Esas estrategias pueden ser de dos tipos:

– RELATOS DIRECTOS
– la narración por parte de un grupo de la telenovela que más les haya gustado,
– la narración individualizada de capítulos de una telenovela actualmente en programación,
– la vista en grupo de un capítulo de telenovela en betamax de manera que pueda cortarse en un momento de la narración y se permita al grupo dar continuidad a las diferentes “salidas” del relato, completarlo, resolver sus conflictos.
– solicitar resúmenes de lo que va corrido de una telenovela.
– historias de vida que tengan como eje la relación telenovela/vida cotidiana.

B. RELATOS MONTADOS
– talleres de producción de cuentos, historietas o fotonovelas construídas con personajes/situaciones/conflíctos de alguna telenovela.
– talleres de foto-idea en los que un grupo partiendo de fotos, publicadas en revistas, de actores/ actrices o publicidad de las
telenovelas hagan relatos que involucren “lo que pasa en/con” las telenovelas.

COMPOSICIÓN TEXTUAL
El análisis que proponemos del texto de la telenovela no tiene su eje ni en una problemática -lo ideológico-.ni en una disciplina -la semiótica- sino en un movimiento de construcción que lleva de aquello que hace la diferencia de la telenovela, como género, de otros géneros televisivos, a aquello que en la telenovela hace referencia al mundo de la gente. Ello implica no olvidar en ningún momento que lo que estamos analizando no son obras sino géneros pues “mientras en la cultura culta la obra está, al menos hoy, en contradicción con su género, en la cultura de masa la regla “estética” es aquella de la mayor adecuación al género. Se podría afirmar que el género es justamente la unidad mínima de contenido de la comunicación de masa (al menos a nivel de la ficción pero no solamente) y que la demanda de mercado de parte del público (y del medio) a los productores se hace a nivel del género. Para los investigadores es a través de la percepción del género como se accede al sentido latente de los textos massmediáticos”. (26) Y en segundo lugar, ello implica que la referencia de la telenovela al mundo y a la vida de la gente no se produce a través de indicadores inmediatos de realidad trasplantada o transplantable pues “no es la representación de los datos concretos y particulares lo que produce en la ficción el sentido de realidad sino una cierta generalidad que mira para ambos lados y le da consistencia tanto a los datos particulares de lo real como al mundo ficticio”.(27)

Como mediadora entre el mundo del género y el mundo de la vida, esta investigación coloca al melodrama, entendido como matriz narrativa y escenográfica. De manera que estudiar la telenovela en América Latina es indagar el movimiento de transformación de una narrativa: la fidelidad a una memoria y el apego a un formato pero también al movimiento de innovación y adaptación -la riqueza de subgéneros- que hace posible el reconocimiento de la memoria y el éxito del formato. Se trata entonces de un análisis que nos permite la construcción de una tipología de la telenovela latinoamericana, teniendo como parámetro la modernización tanto en la trama de contenidos como en las formas de la expresión. Proponemos entonces los siguientes niveles para el análisis:

MATERIA DE LA ESTRUCTURA DEL IMAGINARIO:
PRESENTACIÓN
¿qué de la vida es lo dramatizado? ¿qué es lo dado a ver en el sistema de imágenes?

FORMA DEL RELATO: LENGUAJE DEL MEDIO:
¿cómo es contada la historia ¿con qué tipo de recursos televisivos?

MATERIA DE LA REPRESENTACIÓN
A este nivel la pregunta central, señalada en el cuadro, se desglosa en estos aspectos:
– qué actores sociales aparecen como protagónicos de una telenovela, de tipo de telenovelas: pertenecientes a qué clases sociales, a qué oficios o profesiones, urbanos o campesinos, hombres o mujeres, viejos y jóvenes, etc.,
– qué conflictos nuclea la representación: de parentesco o de familia, de trabajo, de amor, de ascenso social,
– qué lugares de encuentro sitúan la acción: la casa, la calle, el lugar de trabajo, de ocio, de ciudad, de pueblo,
– qué cotidianidad construye la telenovela: de qué comportamientos está hecha la cotidianidad de los personajes.

ESTRUCTURA DEL IMAGINARIO
Lo convertido en imágenes lo es a través de un sistema de:
– espacios y objetos que “puestos en escena” producen “atmósferas”, “climas”, etc.,
– tiempos referidos o eludidos (por presencia o ausencia de referencias materiales) en una producción de diferentes verosímiles,
– oposiciones identificatorias entre lo noble y lo vulgar, lo masculino y lo femenino, lo colombiano y lo extranjero, lo moderno y lo tradicional, lo rural y lo urbano, etc..

FORMA DEL RELATO.
A través de qué dispositivos se lleva a cabo y en qué formas:
– la nominación de la telenovela: título, créditos, tema musical, denominación de personajes,
– la fragmentación del relato en cuanto organización de la duración y “facilitación” de la lectura,
– la composición o construcción de la continuidad: cuáles son y de qué están hechos los “conectivos” del relato, los que después de meses son aún el soporte de su unidad,
– el anclaje o la apertura, la porosidad del relato a la actualidad y a las condiciones de producción,
– la efectuación: predominio de la actuación o de la espectacularización,
– la retorización verbal: según el tipo de lenguaje: elaborado, standard, coloquial, técnico, regional, proverbial, etc.

LENGUAJE DEL MEDIO
– lenguaje prestado (del teatro, del cine) o buscado en las posibilidades expresivas de la TV
– predominancia de interiores o exteriores,
– predominancia de la cámara continua o de los cortes, de los planos alejados o los cercanos,
– construcción por montaje funcional o expresivo,
– aplicación de una escenografía implicada o decorativa.

El análisis de los dos últimos niveles no puede quedarse en lo formal sino que debe ser remitido pragmáticamente al mundo de la vida: qué significan esas operaciones del relato o del medio en cuanto operadores de supervivencia/transformación de unos modos de ver y de contar la experiencia. Sólo así el análisis del texto se hace coherente con la perspectiva global: investigar las huellas que la estructura productiva deja en los formatos y los modos en que la industria televisiva recicla y semantiza demandas sociales.

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La polèmica de los falsos positivos

24 Nov , 2006  

Polèmica despertaron tanto el Editorial de El Tiempo sobre los falsos positivos y la inmediata respuesta del Ministro de Defensa publicada en ese mismo diario. Aquí reproducimos las dos.

El Editorial: El positivo de la Fiscalía

Un mayor y un capitán del Ejército acusados del “grosero montaje” -así lo llamó el Fiscal General- de un acto terrorista para escalar posiciones y ganar puntos en sus hojas de vida es algo que no tiene antecedentes y que viene a sacudir aún más el prestigio de una institución que parece perseguida por un escándalo tras otro.

Los dos oficiales, el mayor Javier Efrén Hermida y el capitán Luis Eduardo Barrero, han sido acusados por la Fiscalía, luego de una investigación de dos meses, de los delitos de tráfico ilegal de explosivos y estafa agravada. En cristiano, se los acusa de haber montado un falso atentado con carro bomba en un centro comercial del sur de Bogotá, el pasado 14 de julio. Se trata de uno de los cinco incidentes de los denominados ‘falsos positivos’ que se vienen investigando a raíz de las denuncias publicadas por este diario.

Todavía está fresca la historia de contradicciones en el interior del Gobierno. A la precipitada admisión del Ministro de Defensa y el comandante de las Fuerzas Militares, en rueda de prensa, de la existencia de los falsos positivos siguió la marcha atrás que dio el Gobierno, por boca del presidente Álvaro Uribe y del mismo Ministro, cuando negaron el hecho. Se apoyaron, entonces, en una declaración del fiscal Iguarán en el sentido de que no había pruebas, aunque este agregó que la investigación estaba en curso.
La conclusión de la misma no puede ser más penosa. Que la Fiscalía haya confirmado que al menos una de las denuncias sobre “falsos positivos” había resultado cierta es un hecho de inmensa gravedad para las Fuerzas Armadas. Y debe provocar reflexiones serias y de fondo –más allá de la consabida disculpa de que hay ‘algunas manzanas podridas’–, que permitan revisar desde el sistema de ascensos militares hasta lo que se entiende por inteligencia militar.
El Gobierno y el alto mando reciben con mal disimulada intemperancia las críticas a los militares. Pero los incidentes son demasiados y demasiado graves. En años recientes, la institución ha pasado por eventos tan serios como el choque entre militares y policías en Guaitarilla (Nariño), la muerte de campesinos en Cajamarca (Tolima), numerosas investigaciones por presunta presentación de civiles como guerrilleros muertos, la matanza de una unidad de élite de la Policía por una unidad del Ejército en Jamundí (Valle), la oscura participación de militares en un supuesto ajuste de cuentas entre narcotraficantes en Atlántico y ahora la confirmación de que, al menos en un caso, el positivo resultó ser verdadero, pero en la Fiscalía, y no una invención periodística, como se alcanzó a insinuar.
¿No será hora de dejar de acoger las críticas a las Fuerzas Militares como si lindaran con la traición a la patria, y agarrar el toro por los cuernos? Por supuesto que se trata de casos específicos. Por supuesto que desmoralizan a cientos de miles de oficiales y soldados intachables. Pero es preocupante que sucedan. Y que la primera reacción de un mal entendido espíritu de cuerpo sea salirles al paso a quienes señalan los problemas.
Pues algo está ocurriendo si hechos como estos se presentan una y otra vez.
El presidente Uribe y el ministro Santos deberían liderar el análisis de las razones de estos incidentes y de las medidas necesarias, para evitar que se repitan. Es esa la mejor defensa de la institución militar.
¿No será hora de dejar de acoger las críticas a las Fuerzas Militares como si lindaran con la traición a la patria, y agarrar el toro por los cuernos?
Publicación
eltiempo.com

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Cambio de planes

16 Nov , 2006  

Lo primero que hice fue cancelar la reserva de avión y el plan de playa, brisa y mar para las vacaciones que se avecinan. Esta vez el cambio de planes no tenía que ver con la sequía producto del fenómeno del niño, pronosticada por el Ideam y los anuncios apocalípticos de escasez de agua y hasta de apagón eléctrico.
Por coincidencia como suelen llegar las grandes revelaciones, llegó a mis manos el fallo completo del jurado, conformado por iraníes, italianos e ingleses, de la Décima versión de la Bienal de Arquitectura de Venecia y que significó el premio León de Oro para Bogotá entre dieciséis ciudades del planeta.
Leerlo es adentrarse en una ciudad fabulosa de la cual tenemos alguna idea sus habitantes pero que desconocemos todos los colombianos en su magnitud.
Dice el fallo que dijo el jurado que Bogotá enfrentó en los últimos 10 años problemas como “la integración social, la instrucción, la construcción de habitaciones, el espacio público, en particular la innovación en el sector del transporte, donde se aplicó el principio de Mies Van Der Rohe, según el cual ‘menos es más’, es decir, menos automóviles, más espacio público y recursos para los ciudadanos”.

¡Habráse visto! Y nosotros creyendo en esas informaciones tendenciosa y amañadas de ‘Bogotá cómo Vamos’, la prensa, la televisión y de los observatorios urbanos que decían, que insisten con desfachatez en su informes, que el parque automotor se ha multiplicado, que por culpa del pico y placa la venta de automóviles se ha duplicado, que la ciudad es un eterno trancón y que no hay cómo moverse.

Añade el fallo, firmado -para que no quede duda de su integridad- por el escritor Richard Sennett, que Bogotá ofrece ’una solución ejemplar a los problemas de viabilidad con calles estéticamente agradables y realizables desde el punto de vista económico, además de favorecer la integración social’.

Nosotros, los muy subdesarrollados, creíamos en cambio que los huecos, cataratas y abismos de las calles capitalinas afeaban el aspecto y nos afectaban los riñones. Ahora se entiende que a 5 kilómetros es más audible el madrazo y la consecuente integración a puñetazo limpio, que si estuviéramos en una speedway, viejo truco de los sueños urbanos del primer mundo.

Cierra el veredicto luego de interminables halagos (propios de los premios, pero más que justos en este caso), diciendo que el premio fue otorgado a la ciudad más inteligente, que mira el futuro seriamente. Y no dice, una de las más, sino como repetiría una protagonista de novela, “La más” inteligente… Habrá que volverse a matricular en la nocturna.

Lo que yo entiendo es cómo ese fallo no lo han convertido en himno y luego en guía turística. Yo, a diferencia de los honorables concejales Lariza Pizano, Gilma Jiménez y Jairo Rodríguez (inconformes con los materiales enviados), ardo, como dice la novena de aguinaldos, en ardientes deseos por conocer la propuesta audiovisual que llevó Bogotá a Venecia, la otra ciudad inundada. Quizás esa producción pueda aumentar el número de premios, quince en total, que ha obtenido la ciudad en los últimos siete años.

De la mano de los míos seguiré sus rutas y me echaré a conocer esa ciudad fabulosa antes que la Unesco la declare como una de las siete maravillas modernas del mundo, y se llene de carros, de buses viejos, de bolardos, de indigentes diseminados, de cementos y ladrillos, de desplazados y mendigos multiplicados, de buses articulados repletos, insuficientes y desprogramados, de taxistas abusivos, de barrios anegados, de hampones y atracadores, de concejales ineptos, y entonces ya uno no va a poder ni siquiera caminarla. Mejor que el cine, mejor que la ciencia ficción. Las vacaciones que me esperan…

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CPB vs SIP

6 Nov , 2006  

Según la revista Cromos, el fiscal general Mario Iguarán ofreció presentar un informe del estado de las investigaciones sobre periodistas secuestrados, asesinados y amenazados, al Círculo de Periodistas de Bogotá (CPB) y la cita sería esta semana. El único inconveniente es que la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), ente al que le compete este tema directamente, puso el grito en el cielo porque consideran que el CPB le está pisando sus terrenos. ¿Quién ganará?