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Lo que falta

28 Feb , 2007  

Yo creo que el problema es de casting, como dicen los jovencitos de hoy para hablar del impacto que les causa la imagen de las personas que conocen. Todo parece indicar que a la trinidad santísima (don Alvaro, doña Lina y doña Alicita Arango) que escoge los perfiles de los funcionarios de alto nivel en nuestro país, requiere más de una asesoría que luego puede hacerse extensiva a los mismos elegidos.
Lo primero que le hace falta a los tres es paciencia, pero no como la del Mininterior y de los sueños, el doctor Holguín, de flema alemana y reacción entre inglesa y celio-huilense. A menos que quiera entrar (la trinidad, porque el Min-Holguín no llegaría a tiempo) en el libro de los Guiness Records con decisiones cuya velocidad envidiaría Juan Pablo Montoya en la Fórmula Náscar. Como esa tan mentada, del Canciller Araujo que sólo requirió de unos minutitos para la bendición de Lina y Alicita, según cuentan las inquietas lenguas de Palacio, y que ni tiempo le dio a Florence Thomas para protestar por la sensible caída en la cuota de mujeres al poder, como pregonaban antaño María Eugenia Rojas y Consuelo de Montejo.
Lo segundo que necesitan es un cursito de polígono para mejorar el tino a la hora de encomendar misiones. Después de Sábados Felices nada había producido tanta risa en la televisión como la “embejucada

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Pronostican que la prensa escrita sobrevivirá aunque con menor penetración ante el avance digital

28 Feb , 2007  

Expertos consultados por el diario argentino La Nación analizan la difícil situación que enfrenta la prensa escrita ante la invasión de posibilidades digitales y pronostican diversos desenlaces para los diarios. Entre los consultados, hay coincidencia en que, en una década, la versión en papel de los diarios jugará un rol menos importante en la estructura periodística de la prensa; seguirá existiendo el diario en papel, aunque en una versión de menor circulación, más cara y personalizada, frente a un potentísimo sitio web. Las empresas editoras de diarios serán aquellas que pasen a ser gestoras de contenidos y creadoras de opinión pública en los formatos más diversos. La nota presenta algunos ejemplos de las herramientas que poseen o pueden poseer los diarios para encarar la tormenta que enfrentan. Información publicada en el diario La Nación (Argentina).

Los diarios ante el desafío digital ¿Adiós al papel?

Mientras algunos imaginan un futuro puramente digital, los nombres principales de la industria periodística apuestan a un escenario complejo que logre sintetizar las riquezas de los distintos formatos

Por Juana Libedinsky

LONDRES.- La noticia de que en unos cinco años sería imposible comprar The New York Times y sentarse a leerlo con el típico café comprado en el carrito de la calle dio la vuelta al mundo en pocos minutos y reavivó el debate entre agoreros del fin del papel y la llegada triunfal de la pantalla. Arthur Sulzberger, propietario, presidente y editor del diario internacional más influyente del mundo -la catedral occidental del periodismo impreso- lo deslizó sin demasiado dramatismo al reflexionar sobre el avance de Internet: “El diario en papel podría simplemente no existir más”, dijo.

Más allá de que las palabras de Sulzberger no guardaban un anuncio real, la discusión sobre el modo en que el desarrollo de la comunicación on line está afectando al periodismo gráfico está lejos de enfriarse y, así como el director del New York Times pronosticó cinco años, otras voces arriesgan distintas predicciones. Pero lo cierto es que, entre los especialistas consultados por LA NACION, hay coincidencia en que, en una década, la versión en papel de los diarios jugará un rol menos importante en la estructura periodística de la prensa.

“La naturaleza del desafío que entrañan los medios digitales -explica Bruno Patiño, director de Le Monde Interactif y autor del libro Un mundo sin Guttemberg – hoy es un círculo complicado en el cual se conjugan la fuga de publicidad, el costo del papel y, por supuesto, los hábitos de las nuevas generaciones, más cercanas a las pantallas. Esto último no es nuevo, ya se venía diciendo desde los años 50 con la televisión y la radio, pero con la diferencia de que Internet es activamente participativa y esto sí trajo un cambio revolucionario. Además la publicidad gráfica, ante un lectorado que envejece y se reduce en número, inexorablemente cae”. Y, por supuesto, si se va la publicidad, el papel se vuelve más caro, y menos gente puede acceder a comprar el diario.

Los números hasta ahora muestran un panorama complejo que a veces refleja una caída inexorable de los diarios impresos (tendencia global en la que la Argentina está incluida) y otras veces, como en el reciente informe de la WAN (Asociación Mundial de Diarios, según sus siglas en inglés) muestran cierto repunte: en el nivel mundial, la difusión creció un 9,95% entre los años 2000 y 2005, pero hay que tener en cuenta que, en ese período, la circulación de los diarios gratuitos se duplicó. Sólo en el último año el crecimiento de los periódicos fue del 2,36%. En la Argentina, en los últimos diez años -los que coinciden con el surgimiento de Internet-, la tendencia fue decreciente: según datos del IVC, la circulación de Clarín cayó cerca del 30 por ciento de lectores y la de LA NACION, 7 por ciento (claro que, en el caso específico de nuestro país, es difícil distinguir las causas dado el efecto devastador de la crisis de 2001).

“En los EE.UU. los diarios están tratando de ver desesperadamente cómo pueden hacer dinero on line (ahora que han perdido gran parte de sus avisos clasificados que se fueron a sitios web especializados), mientras que sus diarios pierden circulación cada tres meses”, le dijo a LA NACION, Todd Gitlin, influyente intelectual norteamericano, profesor de periodismo y sociología de la universidad de Columbia.

Philip Meyer, maestro de periodistas y autor del libro The Vanishing Newspaper: Saving Journalism in the Information Age, insiste en que hay que ser cautelosos: “Las cifras de la WAN muestran que la circulación paga ha caído en todas partes salvo en el mundo en vías de desarrollo, o sea Asia, América del Sur y y Africa. Los diarios son los productos resultantes naturales de la industrialización, porque hacen falta los medios masivos para vender la producción masiva. El desarrollo, sin embargo, eventualmente favorecerá a los medios electrónicos por sobre los impresos en todas partes, a no ser que los editores puedan encontrar un nuevo modelo de negocio”.

Meyer es de los que creen que los diarios tal como los conocemos hoy tienen los días contados: dice que si tomamos la tendencia actual de caída en lectores de diario, la ponemos en un gráfico y trazamos una línea recta, esta recta tocaría el cero (o sea, ningún lector) para 2043 y un diario deja de imprimirse mucho antes que eso.

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Dos paramilitares condenados por homicidio de periodista colombiano

25 Feb , 2007  

Remite: Eduardo Márquez- FIP
A 16 años de cárcel, fueron condenados, este 22 de febrero, los dos criminales del periodista Santiago Rodríguez Villalba, según fallo del Juzgado Segundo del Circuito de Sincelejo.

El colega fue asesinado el 19 de febrero de 1997 en el barrio Los Tejares de Sincelejo, Sucre, al norte de Colombia, cuando trabajaba como Jefe de Divulgación y Prensa de la Corporación Autónoma Regional de Sucre, CarSucre, y como periodista del espacio radial “Contra Ataque”, donde fustigó a los corruptos de la región costeña. El colega también había sido concejal y secretario de Gobierno de Sincelejo.
Los sujetos, identificados como Juan Carlos García Lidueña, alias “Deivis Enrique Rivera”, y Enrique Salcedo Rivera, hacían parte de un grupo paramilitar de extrema derecha que azotó la región, y cuyas secuelas aún padecen los reporteros de esa zona del país. El fiscal de la Unidad Nacional de Derechos Humanos y DIH a cargo de la investigación, recaudó las evidencias que inculparon a los responsables del crimen.

Una de las pruebas que orientó la investigación de la Fiscalía, fue el testimonio del hijo del periodista quien explicó que, antes del crimen, había hablado, en una reunión, con el sicario. Por eso puedo reconocerlo al momento del atentado, en la puerta de la residencia familiar.

“Aunque siempre lamentaremos la muerte de nuestros colegas, es una buena noticia, que en país como el nuestro -donde han caído cerca de 150 periodistas y sobran los dedos de la mano para contar los fallos condenatorios contra criminales-, sean llevados a prisión dos asesinos”, declaro Eduardo Márquez, director del Centro de Solidaridad de la Federación Internacional de Periodistas. “Desde las organizaciones de periodistas, solo esperamos que la voluntad y el valor mostrados, tanto del fiscal como del juez, seaa imitados por lo demás miembros de la rama judicial, para bien de nuestra frágil democracia”.

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Google trata de negociar con las cadenas de televisión para transmitir sus contenidos por Internet, pero no consigue acuerdos

24 Feb , 2007  

Las cadenas de televisión de Estados Unidos no logran ponerse de acuerdo con Google para la distribución de sus contenidos. El buscador web más utilizado del mundo, actual dueño del sitio YouTube, el que exhibe videos de todo tipo, mantuvo negociaciones con la cadena CBS y con Viacom, pero no llegaron a ningún acuerdo. Incluso Viacom acusó a Google por violación de derechos de autor y exigió que elimine unos 100.000 videos de programas de la empresa de su página web. Sin embargo, Google no se da por vencido, y seguirá buscando alianzas. “Respetamos los derechos de los dueños del contenido y queremos trabajar con ellos para distribuirlo de manera más amplia y así ayudarlos a ganar dinero

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Cuál es el afán?

23 Feb , 2007  

Aparte de títulos y golpes de opinión los dos ministros que se estrenan en el gabinete van a necesitar más de una ayudita para cubrir las plazas que dejaron sus antecesores.
El flamante Minhacienda, Oscar Iván Zuluaga, por ejemplo, anda por estos días tomando un curso de metereología por correspondencia. Después de su exigente posgrado en Inglaterra, y de su experiencia como docente, el nuevo Ministro sabe que antes que teorías y tesis (de las cuales él ha sido tutor y director consuetudinario) necesita para un desempeño decoroso de la economía, tendencias, ambientes y climas apropiados generados por los mercados internacionales. En últimas lo que requiere, como se lo ha dicho al oído el ya experimentado en esas lides y ahora ministro saliente, Alberto Carrasquilla (como lo demuestra su indomable blower a prueba de gomina), es una dosis permanente de buenos vientos alisios. Ni tan fuerte que despeinen al santo, ni tan débiles que no lo refresquen.
Se ha enterado el hijo epónimo de Pensilvania, Caldas, tierra prolífica en ventoleras, brisas y temporales, que antes que fundamentos en macroeconomía va a tener que contar con un poco de suerte para que las ventiscas no se le conviertan en turbulencias en estas épocas veleidosas del fenómeno del Niño que, como sabemos, goza de carácter impredecible. Por eso el plan B de don Oscar Iván es hacerle un campito a Max Henriquez, para que desde una oficina contigua le sople las predicciones que le depara al país la rosa de los vientos en este año borrascoso.
Una tarea similar le espera a Fernando Araujo, que ante el incierto futuro del TLC ha tenido que conformarse con las asesorías de Norbertos, Antonios y Jhonny Staff para que los visitantes del Palacio de San Carlos, su nuevo hogar, no sientan tan brusco el cambio entre el glamour con Pantene que despedía la Conchi, y la nueva imagen de hombre silvestre de la que aún no se ha podido despegar el flamante canciller como tampoco lo ha podido hacer su pasado de los aromas chambacuneros, así haya precluído la investigación. Ni siquiera el exmindesarrollo ha tenido tiempo de “mandarle a coger

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Justicia colombiana pide que medios acaten prohibición de publicar investigaciones sobre corrupción y paramilitarismo

20 Feb , 2007  

En respuesta a la publicación de un editorial en conjunto de 31 periódicos de Colombia, los que se pronunciaron contra el “acoso judicial

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El secuestro del lenguaje

17 Feb , 2007  

REPORTAJE: PERIODISMO Y CRÓNICA HISTÓRICA
Boceto para un retrato
John Berger 17/02/2007
(Remite Oscar Domínguez)
El periodista australiano John Pilger es un ejemplo de honestidad y denuncia de las injusticias en medio del silencio o de la manipulación del lenguaje a los que sucumben otros profesionales.

En la cubierta del nuevo libro de John Pilger, Freedom next time (Bantam Press, Londres), hay una cita de Noam Chomsky: “La obra de Pilger ha sido un verdadero faro en tiempos tenebrosos”. Me gustaría hablar de la energía de esa luz. A lo largo del libro, las experiencias personales de Pilger en los campos de la muerte llevan al lector a enfrentarse al mundo tal y como éste ha venido siendo en los últimos 20 años. Los campos visitados son: Afganistán tras la invasión de Estados Unidos; Suráfrica desde el final del apartheid y la continuada exclusión de los pobres (negros); Bombay bajo el impacto de la globalización; Palestina y sus 60 años de resistencia frente a la disgregación planeada por Israel; y las islas Chagos, en el océanoÍndico, cuya población indígena fue desarraigada y desposeída por el Gobierno británico de Harold Wilson para que Gran Bretaña pudiera transferir las islas a Estados Unidos como base militar deshabitada.

En su introducción, Pilger cita el discurso de aceptación del premio Nobel de Harold Pinter, en el que éste declaró escandalosamente que mientras que los crímenes de la URSS se siguen mencionando constantemente, los medios de comunicación y sus expertos pasan por alto sistemáticamente los crímenes equiparables de Estados Unidos como si no hubiese pasado nada. (Es curioso que la BBC hiciera caso omiso de este discurso del Nobel británico). El consiguiente silencio ha contribuido enormemente a la mencionada tenebrosidad de los tiempos, y Pilger ha estado hablando en voz alta y clara en medio de este silencio durante 40 años.

Junto con el silencio está el secuestro del lenguaje perpetrado por los llamados “expertos de la comunicación”. Todas las palabras empleadas actualmente para justificar lo que los poderosos están intentando imponer al mundo son falsas. Poderosos en este caso hace referencia a los ricos cargados hasta los dientes de armas de destrucción masiva. No hay precedente histórico para tal poder; aunque con esto no queremos decir que sea invencible.

El secuestro del lenguaje, aparte de sus oportunismos tácticos, tiene un objetivo estratégico bien pensado: a saber, dejarnos (a la mayoría aplastante) sin palabras. Cuando está sin palabras, la gente se vuelve pasiva, porque la desobediencia deliberada normalmente comienza por las palabras. Los términos clave empleados para justificar el nuevo dominio del mundo por parte de los ricos son: Orden, Democracia, Progreso, Justicia, Libertad. Y lo que quieren decir con ellas es precisamente lo contrario (en el mismo orden): ¡Caos, Manipulación, Regresión, Intereses Creados y Poder Adquisitivo!

La reciente y obscena ejecución del abyecto tirano Sadam Husein es un ejemplo muy ilustrativo de cómo funciona esta estrategia. A raíz del espectáculo organizado de esa ejecución, el principio de justicia en todo el mundo se volvió incoherente y confuso. Pilger, en cambio, insiste infatigablemente en el significado que tienen las palabras desde hace siglos. Escúchenle. “Es difícil describir la resolución de los isleños para conquistar la justicia y la libertad. Esto, y su rechazo a que se les asignase el papel de eternas víctimas, permanecen firmes en mi recuerdo. No tengo más que pensar en la tragedia esculpida en el rostro de Charlesia y su promesa de que ‘nosotros luchamos, y luchamos’; y de Oliver, de pie sobre las tumbas de sus hermanos y hermanas, susurrando: ‘¡Ya no más!”.

* * *

La situación del mundo es más desesperada hoy en día que cuando Pilger empezó a escribir, aunque él no se desanima, porque reconoce que está comprometido con una lucha histórica y, por tanto, continua. La ira y el orgullo mandan al desánimo a freír espárragos. O, por decirlo de otra forma, su larga perspectiva le ha dado una clase especial de resistencia.

Es australiano, y cuando pienso en su resistencia, algo me hace caer en esa leyenda nacional australiana y popular de The Diggers, esos soldados australianos y neozelandeses de la Primera Guerra Mundial que nunca decían “Muere”, que no tenían un pelo de tontos, que odiaban a la autoridad y desconfiaban de toda retórica, que tenían confianza en sí mismos, que eran leales y siempre estaban dispuestos a echar una mano a un compañero, y a los que no les sorprendía descubrir que estaban solos. En alguna parte hay algo de digger en Pilger.

* * *

Pilger es algo más que reportero y testigo incansable; quiere que se haga justicia y, hasta que eso suceda, seguirá siendo implacable e intransigente. Es consciente de que hombres como Dick Cheney, Milton Friedman, Pinochet, Blair o Sarkozy eran y son tan crueles como las injusticias de las que son responsables el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, el GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y de Comercio) y la red de empresas capitalistas en todo el mundo, a todas horas del día y de la noche.

Por ejemplo, Pilger hace una larga entrevista a Nelson Mandela, a quien quiere, y durante ella le amonesta repetidamente por colaborar con el Banco Mundial y con las multinacionales. En realidad no pregunta qué capacidad de maniobra tenía Mandela en 1994 cuando, a los pocos años de salir de prisión, se convirtió en el primer presidente negro de Suráfrica. Sin embargo, para bien o para mal, la práctica política consiste en maniobrar en un espacio limitado determinado. En vez de eso, Pilger cuestiona a un ídolo caído. Un ídolo caído al que quiere. Así es como termina Pilger el relato de su encuentro: “Yo le dije, ‘¡a veces debe de sentirse desconcertado por lo irónico de su situación! Le agarran por el antebrazo’. ‘Todo el tiempo’, respondió. Mientras se subía a su Mercedes plateado, todavía llevaba desatado el cordón de los zapatos, y su pequeña cabeza gris apenas era visible en medio de una bandada de barrigudos hombres blancos con enormes brazos y cables en las orejas. Uno de ellos dio una orden en afrikáans, y el Mercedes y Mandela se fueron”.

Pilger es despiadado no porque tenga un corazón pequeño, sino porque nunca deja de vérselas con el carácter despiadado de los nuevos gobernantes del mundo. Él es la infatigable Fiscalía en la sala de un tribunal que no existe, excepto en la vasta e implacable memoria de los pobres abandonados. Por eso su intransigencia, que, como toda intransigencia, puede ser estrecha de miras, tiene sin embargo algo de inmensa: sobrepasa un horizonte tras otro.

Hegel señala en alguna parte que, por naturaleza, la Justicia ha de ser obligatoriamente templada y modulada, porque su cometido es arbitrar entre reivindicaciones encontradas. En la práctica, esto es una gran verdad y, en cierto sentido, pone a Pilger en su lugar. ¡Aun así, le tengo un gran respeto a ese lugar!

* * *

En un par de ocasiones él y yo hemos hablado desde las mismas plataformas políticas, pero nunca me he sentado a solas con él, excepto cuando leo alguno de sus libros. Daría mucho por sentarme frente a él, porque me gustaría dibujar su retrato. Con un lápiz y sin palabras. Sospecho que las líneas de su rostro, el desgaste alrededor de las cuencas de sus ojos causado por todo lo que ha observado y que se niega a dejar de lado, el humor en sus ojos, el rictus decidido de su boca, el áspero cuello inquieto, los hombros ladeados; sospecho que todos los rastros de su vida revelarían una integridad que trasciende cualquier contradicción y que es la fuente silenciosa de la energía que lo convierte en faro.

PD. Uno debe intentar escribir de tal forma que lo que escriba, aunque crea que tan sólo lo van a leer unos pocos, hable alto y claro si se lee en cualquier parte o en todas partes.

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Entrevista con Woodward uno de los dos periodistas del Watergate

7 Feb , 2007  

“Cometí un error al no investigar más sobre las armas de destrucción masiva”

Por ERNESTO EKAIZER 04/02/2007
(Remite Oscar Domínguez)
Bob Woodward (63 años, casado, dos hijas), el periodista que investigó con su compañero Carl Bernstein el escándalo del Watergate en los años 1972 y 1974 hasta acabar con la presidencia de Richard Nixon, ha publicado su tercer libro -Negar la evidencia, editorial Belacqua- de una trilogía sobre el presidente George W. Bush. Woodward escribió este tomo sobre la guerra de Irak, un tema que ya había abordado, porque, asegura, uno de sus ayudantes, Bill Murphy Jr., le convenció de que era fundamental. Woodward ostenta el título de director adjunto de The Washington Post, pero se dedica a escribir libros cuya exclusiva informativa tiene el citado diario. Entre los detalles que Woodward ofrece en Negar la evidencia está, por ejemplo, su conversación con George W. Bush del 11 de diciembre de 2003, en la que le llevó al presidente cinco minutos y 18 segundos reconocer el fracaso en la búsqueda de armas de destrucción masiva en Irak. Woodward termina el libro así: ”con toda la verborrea optimista de Bush, él no ha dicho al público norteamericano la verdad sobre lo que se ha convertido Irak”.

“Es la guerra de Bush, pero la decisión de cómo hacerla es en gran medida de Rumsfeld”

“Si hubiera [en mi libro] un capítulo sobre Aznar, España y Bush lo titularía ‘Aliados improbables”

“Me sorprende aún la tenaz y repetida negación de los hechos por la Administración de George Bush”

“¿A qué juega el presidente? ¿Está mintiéndose a sí mismo o es él su primer engañado?”

“Me intriga saber por qué José María Aznar apoyó tanto a Bush”

“Grandes palabras, obligación y celo. Todo eso se combinó para desencadenar la guerra de Irak”

En su casa de Georgetown, una residencia colonial de tres plantas y ladrillo visto, a pocas calles del río Potomac, Woodward vive con su esposa, la periodista de New Yorker, Elsa Walsh, y sus dos hijas, Tali y Diana, y como dice en la entrevista con el enviado especial de EL PAIS acude “de manera infrecuente a la sede de The Washington Post, porque trabajo en casa con mis dos ayudantes”. Woodward escribe de manera ocasional en función de los grandes acontecimientos. “El 11/S dejé todo lo que estaba haciendo y me puse a escribir durante varios meses”, explica.

El pasado lunes, día 29 de enero, mientras se desarrollaba en el tribunal del distrito de Washington el juicio por perjurio y obstrucción a la justicia de Irving Scooter Libby, el ex jefe de gabinete del vicepresidente Richard Cheney, un proceso en el cual, en cierto modo, también la prensa norteamericana se sienta simbólicamente en el banquillo, Woodward, que en toda probabilidad tendrá que prestar declaración, mantuvo un largo diálogo con este periódico en el salón de su casa. “Cometí un error al no investigar más sobre las armas de destrucción masiva de Irak”, lamentó varias veces Woodward durante la entrevista. He aquí la versión prácticamente completa de la conversación.

“Tengo una oficina de trabajo en la tercera planta. Tengo dos ayudantes. Y hago la mayor parte de mi trabajo aquí. Hago las entrevistas personalmente. Es una necesidad que siento desde mi primer libro Todos los hombres del presidente, sobre el Watergate, y la cumplo a rajatabla. Voy de manera infrecuente al periódico. La última semana, por ejemplo, participé en una reunión con nuestro editor, Don Graham, para analizar nuestra edición de Internet, de modo queY escribo sólo en determinadas ocasiones. Cuando tuvo lugar el 11/S, por ejemplo, trabajé deje todo y trabajé durante varios meses para el diario.

Pregunta. ¿Está interesado en el juicio de Scooter Libby?

Respuesta. Voy a testificar.

P. Sí, lo sé. Pero, ¿está interesado?

R. Estoy interesado, pero no creo que sea el gran acontecimiento que mucha gente cree que es. En cambio, pienso que es algo muy pequeño en relación con el problema de la guerra de Irak…

P. ¿Por qué un nuevo libro sobre Irak?

R. Porque es un tema tan importante… Su anterior presidente, José María Aznar, formó parte de la coalición de fuerzas que ocuparon Irak. Es sólo un pequeño ejemplo. Es una guerra que define la percepción que el mundo tiene de Estados Unidos y define quiénes somos para nosotros mismos en una medida muy importante. Por eso, Bill Murphy, mi ayudante, me insistió en que era importante: la guerra de Irak está en el centro de los acontecimientos y debes tratar de escribir sobre algo que es tan increíblemente importante. Es duro saber lo que ocurrió, es difícil obtener informes y documentos secretos.

P. Pero ya escribió sobre Irak.

R. Es verdad.

P. La impresión que uno tiene es que sintió usted la necesidad de revisitar esta historia; digamos más directamente, revisitar su trabajo anterior…

R. Bueno, realmente Plan de ataque, mi libro anterior, publicado en 2004, cubre los 16 meses que van desde el 11-S de 2001 hasta el comienzo de la guerra de Irak, en marzo de 2003. Y Negar la evidencia cubre desde el inicio de la guerra hasta la primavera de 2006. Las circunstancias, por tanto, son diferentes. Hay gente que ha dicho que aquel libro era favorable a Bush y este libro es desfavorable. El candidato demócrata John Kerry recomendó en la campaña de las presidenciales de 2004 Plan de ataque, y The New York Times dedicó dos historias de primera página porque, estimaba, el libro sacudía la Casa Blanca por la gran cantidad de detalles que aportaba sobre los enfrentamientos y la hostilidad entre el vicepresidente, Dick Cheney, y el secretario de Estado, Colin Powell, o entre Powell y el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld. Se trata de describir lo que ha pasado… No es estrictamente revisitar, aunque es cierto que he dedicado en este libro mucho tiempo a Rumsfed, en su primer año de gestión, 2001. Y hubiera deseado saber todo eso para mi anterior libro. Pero no lo supe. Mi trabajo no logró obtener esa información hasta mucho después. De modo que ya sabe, continuas pelando la cebolla…

P. Rumsfeld es el gran personaje de este libro, ¿no?

R. Sí. Todo el problema con Rumsfeld… Era difícil llegar a esa historia antes. Mientras muchas de las personas siguen en el poder no es fácil conseguir que hablen… Su pregunta es realmente profunda, y creo que la respuesta sería: sí, siempre estás revisitando tu trabajo; no estás cambiando, pero añades detalles o completas la narración. Eso es el periodismo.

P. ¿Irak es la guerra de Rumsfeld?

R. La decisión de ir a la guerra es de Bush. Es la guerra de Bush, no tengo duda. La decisión sobre cómo hacerla es en gran medida de Rumsfeld. Y más importante, lo que centra mi atención es que la gestión de la posguerra es de Rumsfeld. La gestión de la posguerra y el fracaso en la planificación anticipada es el gran problema. De ahí que el foco esté sobre Rumsfeld.

P. Uno de los más importantes capítulos del libro, el sexto, nada tiene que ver con Irak. Es cuando usted narra que el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), George Tenet, solicita una reunión urgente, el 10 de julio de 2001, dos meses antes del 11-S, con la consejera de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice, y le advierte de un posible ataque de Al Qaeda en suelo norteamericano. Y no le hace caso. Tenet y su colega Cofer Black salen de la reunión muy frustrados, casi derrotados, porque ella no ha captado el mensaje…

R. Sí, me hubiera gustado conocer los detalles sobre esa reunión antes, en el momento de escribir mis otros libros. Pero no lo conseguí. Qué se le va a hacer. Tuve que invertir mucho tiempo para sacar a la luz esa reunión. Era algo muy secreto. Y se mantuvo una cortina de hierro sobre ella y sobre las conclusiones que se barajaron allí. Pero seguí trabajando…

P. Y a propósito, no se refiere a Irak.

R. Cierto, correcto. Pero es sobre la relación entre los servicios de inteligencia y Condi Rice, y sobre la hostilidad y sobre la sensación de que ella no respondió en un momento clave y nos explica la actitud de Tenet…

P. Es una información que confirma y realza lo que ya Richard Clarke, el máximo responsable de la lucha contraterrorista en aquellos meses, había dicho sobre los meses anteriores al 11-S; a saber, que la Administración de Bush no prestó la suficiente atención a esas advertencias sobre la amenaza de Bin Laden, y tampoco decidió, por ejemplo, sobre la posibilidad de atacarle y matarle de inmediato. ¿No hay acaso una convergencia?

R. Sí, es correcto. Estoy de acuerdo. El relato de esa escena coincide con lo que él ha dicho.

P. En su libro anterior incluyó como personaje a José María Aznar. ¿Por qué?

R. Es interesante. Si yo hubiera decidido incluir un capítulo en Plan de ataque sobre la relación entre Aznar, España y Bush lo hubiera llamado Aliados improbables. Me intriga saber por qué apoyó tanto Aznar a Bush. ¿España mantiene tropas todavía en Irak?

P. No, ni un soldado. El nuevo presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ordenó la retirada de tropas.

R. ¿Cuándo?

P. Inmediatamente después que los socialistas ganaran las elecciones de 2004. Fue en abril de 2004. Bob, usted pudo ver las agendas de Bush y allí consta la lealtad de Aznar con la estrategia de Bush en Irak.

R. Sí. Todo lo que pude averiguar salió de allí.

P. ¿Cuál sería su principal mensaje, su obsesión más relevante, en este libro?

R. Me gustaría decirle que hay una enorme cantidad de información en este libro. A veces pienso que es muy largo y otras que es muy corto. Lo que me sorprende todavía, después de haberlo escrito, es la tenaz y repetida negación de los hechos por la Administración de Bush. Éste es quizás el punto.

P. Cuando leí su libro asocié el título con una obra teatral de Jean-Paul Sartre sobre la guerra fría escrita en 1955. Se llama Nekrasov. Allí, uno de los personajes, Sibilot, ve al otro, Georges, gesticular ante un espejo y le pregunta qué está haciendo. Georges responde que está ensayando, y entonces Sibilot inquiere de qué ensayos habla. Georges dice que se está mintiendo a sí mismo. “¿A ti también?”, pregunta Sibilot. Y esto es lo que contesta Georges: “Sí, a mí en primer lugar. Tengo demasiada inclinación por el cinismo: es necesario que yo sea mi primer engañado”. ¿Qué le parece esto, Bob? ¿No hay acaso una trampa en este llamado estado de negación de Bush?

R. Sí, hay un truco…

P. ¿Está de acuerdo?

R. Pero he aquí una cuestión que honestamente no puedo responder y no respondo en este libro. Es verdad. Bush informa de que las cosas están mejor y a la vuelta de la esquina hay un informe secreto según el cual la situación de Irak va a peor. De modo que: ¿a qué está jugando el presidente? ¿Está mintiéndose a sí mismo? ¿Es él su primer engañado, que diría Sartre? No lo sé. Quizá se lo crea. Recuerdo una entrevista con Bush en su rancho de Tejas, en 2002, sobre… la duda. “El presidente tiene que dar seguridad, es la columna vertebral de la nación. Yo no puedo mostrar ninguna duda”, me dijo. Quizá su idea de su trabajo en la Casa Blanca es que… si te enfrentas a malas noticias no debes reconocerlo nunca. O quizá es que simplemente Bush está en una burbuja. Bush me dijo una vez refiriéndose a alguien: “Está burbujeado. Vive en una burbuja”. Pero la pregunta psicológica que usted me hace, que es muy buena, no se la puedo responder.

P. Retroceda a sus años mozos, al Watergate. ¿Diría usted que Richard Nixon vivía en estado de negación? ¿A que no, Bob?

R. He estudiado a Nixon, claro. Hay muchas pruebas, como las cintas grabadas, por ejemplo, de que sabía muy bien lo que estaba haciendo. Y lo hizo.

P. Pero en aquel tiempo, cuando usted cubría el escándalo del Watergate, no dijo que Nixon vivía en un estado de negación. Y no lo diría ahora, ¿o sí?

R. No, no, no… No lo diría.

P. Lo que nos lleva a que establece usted una diferencia entre Nixon y Bush.

R. Sí, sí, sí. Hay una diferencia porque… Al menos, basándome en lo que sé. Cuando cito al presidente Bush diciéndoles a algunos congresistas: “No voy a retirarme de Irak aun cuando Laura [su esposa] y Barney [el perro del presidente] sean los únicos que me sigan apoyando”. Lo dijo. Es lo que cree.

P. Su colega y amigo Carl Bernstein, ha afirmado esta semana que Bush es peor que Nixon y que el problema es por qué la prensa no le paró los pies. ¿Lo comparte?

R. Buena pregunta. ¿En qué momento? Quiero decir: la guerra continúa aún. Y la oposición del público y del Congreso está creciendo. Pero diría que una de las lecciones es que en una guerra no puedes parar a un presidente. Tiene los poderes constitucionales para utilizar las tropas que él considera necesarias. No puedes frenar al presidente en una guerra. Es su decisión, que el Congreso respaldó en una proporción de tres a uno. Es una guerra legal…

P. No se puede parar a un presidente en guerra, dice usted. Hablemos de la etapa de la “venta” de la guerra de Irak al público, de la operación de marketing. Si la cobertura del escándalo del Watergate entre 1972 y 1974 es el auge del periodismo norteamericano, ¿no es Irak el momento de su caída?

R. En mi caso, ojalá hubiera hecho una cobertura y seguimiento más agresivo investigando el tema de las armas de destrucción masiva. Escribí sobre ello en Plan de ataque, después de la guerra, pero debí haber hecho más. Sí, es un error de mi parte no haber indagado más. Mucha gente que entrevisté me dijo, para aquél libro, que las pruebas sobre las armas de destrucción masiva eran menos concluyentes de lo que la Administración de Bush afirmaba…

P. Paul Pillar, responsable de la CIA para Oriente Próximo hasta 2005, me dijo que la Administración de Bush había lanzado una campaña de manipulación sobre la guerra.

R. ¿Por qué no renunció Pillar?

P. Lo dijo después de que comenzara la guerra. Pillar me dijo que él tampoco tenía problemas en decir que el presidente Bush había mentido sobre las armas de destrucción masiva. ¿Por qué, ante las evidencias, hay tanta resistencia a admitir que el presidente mintió?

R. Yo pienso que Bush pensaba que había armas de destrucción masiva en Irak. La CIA se lo dijo. Bush exageró la existencia de esas armas. Está la afirmación de Bush en su discurso sobre el Estado de la Unión, en 2003, de que Irak quería comprar uranio enriquecido en África para fabricar bombas nucleares. Bien. ¿Cómo un periodista puede hallar pruebas de que era equivocado o falso? ¿Tratando de ir a Irak y haciendo una investigación sobre armas de destrucción masiva en 2003 antes de la guerra? ¿Sadam lo hubiera permitido? Fíjese, en el juicio de Scooter Libby la fuente esas dieciséis palabras del discurso del estado de la Unión del presidente Bush, a finales de enero 2003, en las que afirmaba que según el Reino Unido Irak había intentado comprar uranio enriquecido en África. Bueno, lo que quiero decirle es que en el Reino Unido creen que eso es verdad…

P. Pero si ha habido un gran debate en la ONU. Sobre el uranio, por ejemplo, la semana anterior a la invasión, Mohamed el Baradei, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), denunció que los documentos que le había enviado el secretario de Estado de EEUU, Colin Powell, eran falsos. Eso fue el 7 de marzo de 2003…

R. Sí, sí…

P. Y en la llamada Estimación de Inteligencia Nacional, firmada en octubre de 2002 por los principales organismos de inteligencia de EE UU, a solicitud del Congreso, hay discrepancias serias de otros servicios con las afirmaciones de la CIA. Había gente dentro de la comunidad de inteligencia que no compartía lo que se aseguraba.

R. Sí, pero el titular, en las conclusiones, era que Irak poseía armas de destrucción masiva. Las discrepancias eran la letra pequeña. Y nadie decía en público antes de la guerra lo que pensaba de verdad… Repito que en el tema de las armas de destrucción masiva, yo siento que debí trabajar mucho más.

P. ¿Presionando?

R. Sí, averiguando.

P. Otros periodistas como Judith Miller, de The New York Times, participaron activamente en la campaña de propaganda de preparación de la guerra. ¿No ha sido un síntoma de la crisis del periodismo norteamericano en relación a Irak?

R. No leí esas informaciones. Bueno, yo creo que tenía una relación muy especial con sus fuentes. Creo que es un asunto simple, se trata de alguien que tenía necesidad…, que tenía estas relaciones con cierta gente y escribió esas historias sobre las armas de destrucción masiva. Pregunté a cierta gente cuando esas noticias se publicaron. ¿Qué hay de esto? indagué. Me dijeron: “Manténte fuera de esto”. Ha sido algo muy teatral. Lo que pasó no es bueno ni serio, usted sabe… Pero es tan complejo. No estoy seguro de que sea un síntoma. Me parece alguien bastante singular, único, en ese tipo de relaciones que mantenía con la gente…Recuerdo que personas con la que entonces hablaba, mientras salían esas informaciones, antes de la guerra, me decían: “Manténte fuera…”.

P. Hay una pregunta muy simple que cabe contestar. ¿Por qué, como se preguntó Norman Mailer sobre Vietnam, está EE UU en Irak?

R. ¿Por qué estamos en Irak? ¡Ja, ja! Bueno, el 11-S, el síndrome del 11-S según el cual íbamos a ser atacados otra vez. Las amenazas… Y estoy seguro de que al revisar las diferentes razones nos encontraremos con mucho de idealismo quizá desubicado. En mis entrevistas con Bush para los libros anteriores, él aseguró tener la “obligación” de liberar a los pueblos. Me sorprendió y le desafié sobre este punto.No era realista. Y entonces citó al primer ministro británico, Tony Blair, a Aznar y al primer ministro de Australia, John Howard. “Tenemos el celo, el entusiasmo, para liberar a la gente”. Grandes palabras. Obligación y celo. Esa idea de difundir la democracia, acabar con las armas de destrucción masiva. Parecía cosa de un abrir y cerrar los ojos, como cuando el subsecretario de Defensa, Paul Wolfowitz, declaró que la guerra duraría siete días.Todo esto contribuyó a desencadenar la guerra.

P. Sobre la decisión de ir a la guerra y las armas de destrucción masiva, el llamado memorándum de Downing Street del 23 de julio de 2002, que refleja una reunión de Tony Blair con los jefes de los servicios secretos, señala que la decisión se adoptó por esas fechas en Washington y que la “inteligencia”, es decir la existencia o no de armas prohibidas, debía subordinarse, acomodarse, a esa decisión. ¿Cómo encaja ese memo en su puzzle?

R. Sí, he visto el informe. No estoy seguro de que el memo de Downing Street es un documento fidedigno…

P. Nadie ha cuestionado la integridad del documento…

R. Sí, lo han hecho. Bueno, el documento es auténtico, pero al parecer no refleja lo que se dijo en aquella reunión.

P. Pero, ¿no encaja en su investigación? Y, además, a la luz de lo que ocurrió, ¿la inteligencia no se arregló en función de la decisión de invadir Irak?

R. Los plazos no encajan. Bush decidió ir a la guerra en concreto, en el momento crucial, en enero de 2003. El memo que usted menciona dice que ya estaba decidido en julio de 2002. Yo diría que Bush se orientaba en esa dirección, pero no había una decisión final.

P. Poco después de publicarse el libro el pasado otoño, el vicepresidente Richard Cheney le llamó y luego en medio de la conversación que mantuvieron le colgó el teléfono. ¿Qué ocurrió? R. Sí me llamó a finales de septiembre pasado para quejarse porque yo le citaba en Negar la evidencia en relación con las reuniones que Cheney y el presidente Bush mantuvieron con Henry Kissinger, secretario de Estado en la Administración de Nixon, respecto a Irak. Los hechos fueron estos: yo había visto un par de veces a Cheney para hablar sobre la Administración de Ford en una serie de entrevistas on the record (publicables). En una de esas reuniones, Cheney me dijo: “Por cierto, está por llegar Henry Kissinger”. Y y me contó que se reunía una vez al mes con Kissinger y que el presidente Bush lo hacía cada dos o tres meses. Lo escribí en Negar la evidencia. Cheney estaba furioso. Me dijo en el teléfono que el permiso para publicar estaba referido al otro tema del que habíamos hablado, es decir, de Ford. Le respondí que según él había dicho la entrevista era publicable. Me dijo que una mier… Le repetí que publicable quería decir publicable. Y me colgó.

P. En fin de cuentas, ¿qué aconsejaba Kissinger a Bush?

R. Kissinger le envió al redactor de los discursos de Bush el famoso informe sobre Vietnam que se conoce como el memorádum de los cacahuetes salados. Allí se dice: si usted comienza a retirar tropas será como cuando uno come cacahuetes salados. La gente no parará hasta que regresen todos.

P. Usted solicitó una entrevista con el presidente Bush, ¿no es así?

R. Sí, le pedí verle. Me contestó que no. ¿Cómo me iba a dar la entrevista? ¿Qué podía decir? ¿Que las cosas sobre las que yo le preguntaría no habían ocurrido?

P. No tenía usted, por tanto, expectativas de que Bush pudiera recibirle.

R. Bueno, no. Tienes la esperanza. Ahora bien, la gente conocía lo que yo sabía. Por intentarlo, pues, que no quede. El libro ya lleva meses en la calle.¿Y cuál ha sido la respuesta? Ninguna. Un funcionario de la Casa Blanca, cuyo nombre no puedo revelar, se reunió conmigo a comer después

que salió el libro. Y cuando tomó asiento dijo de manera solemne [imitándo la voz]: “Si estábamos en un estado de negación, ya no lo estamos más”. Ja, ja, ja.

P.Qué pasará ahora? ¿Adónde desembocará la nueva escalada con el envio de 21.500 soldados más?

R. No lo sé. Esa es la razón por la cual probablemente voy a escribir el cuarto tomo de Bush en guerra…

P. Pero ya sabemos lo que puede pasar. Ya ocurrió: los republicanos perdieron el Congreso y el

Senado en noviembre pasado. Porque fue a causa de Irak en gran parte,¿ no?

R. Oh, sí, pienso que la razón fue Irak. Si es que la guerra no va bien…

P…. Va muy mal

R. Sí.

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Puras coincidencias

1 Feb , 2007  

Yo no creo, como dicen algunos de sus detractores (que los tiene) que a José Obdulio Gaviria se le esté secando el cerebro de tantas libros leídos. Tampoco tiene asiento
la tesis (con un halo gavirista o en el peor de los casos pastranista) de que esté buscando una banca en el congreso de la lengua de marzo próximo, y que por ello anda tan preocupado por el uso de las preposiciones y de las citas que hacen los periodistas de los discursos gubernamentales.
Esos son los oficios menores de un alto consejero presidencial, aparte de apagar los incendios que provocan sus papers y de aprender a ponerse en puntas (como en el
ballet) para hacerle honor al cargo, al tiempo que disimula su metro con sesenta centímetros que sólo equiparan Fabio Echeverry, Fabio Valencia, Luis Alberto Moreno y su mismísimo jefe. Todos ellos Bajos Distintos.
Ese entrenamiento, una vez frustrada su intención de ser la cabeza del partido de la U, le ha abierto en todo caso, el abanico de oportunidades laborales (así sean informales) cuando siga los pasos de renuncia de los ministros de Comercio, Protección e Impuestos y Hacienda y dé la media vuelta cuando muera la tarde. Se lo pelearán las editoriales como corrector de pruebas y los cuerpos de bomberos voluntarios.
Lo que nadie sabe es que por estos días está “aplicando’aplicando’ para una beca de Altos (lo persigue la

dialéctica) estudios en Fukuyama, quiero decir, en Estados Unidos y sobre Fukuyama (¿o es acerca de?… ese es el problema de las preposiciones).

Francis Fukuyama es el intelectual japonés y norteamericano, a quien don José Obdulio lee y venera cuando no está ocupado disertando sobre Trotsky y su revolución permanente. Fukuyama es el mismo que en su libro más reciente ’Construcción del Estado: Gobernación y orden Mundial en el Siglo XXI’, declara la muerte del modelo neoliberal y con él de la privatización, al tiempo que reclama una suficiente supervisión estatal, sin llegar al estatismo.

Sí, un discurso coincidencialmente parecido al que ha pregonado el presidente Uribe, en los diferentes tonos de su escala anímica, en Costa Rica, Río de Janeiro, Montería, Pereira y frente a (o ante) cuanto micrófono, cámara o grabadora se le ponga por delante.

No parece preocuparle a Gaviria, experto en esas lides, el reversazo de Fukuyama que se hizo famoso hace dos décadas, pregonando precisamente lo contrario, es decir, el imperio del mercado con su libro “Fin de la historia y el último hombre”.

Para justificar la política de Seguridad Democrática, José Obdulio repite, citando con alguna inexactitud a Fukuyama, que si los graves problemas del Siglo XX se atribuyeron a estados poderosos, muchos de los problemas actuales son causados por estados débiles o fracasados. Es decir, de la pobreza y del subdesarrollo como fuente de la violencia. De las contradicciones nacen los debates parece decirse el asesor presidencial.

No es más que una coincidencia que el ahora tutor de don José Obdulio, haya sido empleado en la oficina de Planeación del Departamento de Estado norteamericano, una suerte de Alta consejería, que dirigía James Baker, pilar del Nuevo Orden Mundial que terminó adaptando el gobierno Bush. Y que como ellos tres, piense que para el crecimiento económico es mejor un Estado fuerte que preserve la ley y proteja la propiedad.

A eso es a lo que Gaviria llama doctrina. No importa que por el afán de los discursos y la presión de los debates se olvide de mencionar las fuentes bibliográficas. Para eso ya tendrá tiempo, si los incendios y el mal castellano que hablamos los colombianos se lo permiten, y pueda escribir su tratado titulado ’Hay que volver al Estado’, como escribió Fukuyama, en The Observer, en julio de 2004.

Que sea una coincidencia más.

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Bill Gates pronostica el fin de la TV

1 Feb , 2007  

El líder del gigante informático Microsoft pronostica el fin de la televisión tal como la conocemos hoy, en cinco años. Según el magnate del soft para PCs, Internet revolucionará la TV debido a la explosión de contenidos en video en la red y a la alianza entre computadoras y televisores. El presidente de Microsoft explicó que en los próximos años, cada vez más espectadores tendrán ansias de la flexibilidad que ofrece el vídeo en Internet y abandonarán las emisiones televisivas convencionales de programas y anuncios que los interrumpen. “La televisión está comenzando a distribuirse por Internet, y algunas grandes compañías telefónicas están construyendo la infraestructura para ello, vamos a tener esa experiencia todos juntos,” agregó Gates. .