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Metidos en un cliché

30 Oct , 2007  

Por Germán Yances
Si nos atenemos a lo que nos muestra la TV, el mundo se divide en buenos y malos. Los buenos son por lo general de raza blanca, bien parecidos, tienen mirada bondadosa y cara de buenos. Y los malos con frecuencia son de otras razas, tienden a ser feos, su mirada es torva y tienen cara de malos.
Por supuesto esta es una visión simplista de los seres humanos, que llega a distorsionar la percepción de la realidad.

Dentro de esas dos grandes categorías, de buenos y malos, se inscriben estereotipos sobre temas sociales, sobre comportamientos, modelos de convivencia, actitudes, etc.

Un estereotipo es una idea colectiva, un esquema mental que se puede convertir en patrón cultural. El problema de los estereotipos es que no siempre corresponden a la realidad.

Ni todos los costeños son parranderos, mujeriegos, malos maridos; ni todos los paisas ponen el dinero por encima de principios éticos; ni todas las mujeres son débiles y sumisas; ni los colombianos, todos, somos narcotraficantes o violentos.

Pero en la medida en que los medios insisten en esos clichés es difícil que podamos ver de manera diferente a esos grupos de población, porque los estereotipos acaban imponiendo modelos a las audiencias.

Los estereotipos son simplistas y reduccionistas, porque les niegan a las personas sus diferencias. Pero comercialmente son muy eficientes, ya que permiten reconocer fácilmente a los individuos y ubicarlos en una categoría, y por eso la televisión recurre a ellos y los explota.

El libretista de telenovelas, Mauricio Navas Talero, con la autoridad que le da haber sido el autor de una serie clásica, como “La MUjer del Presidente”, y de la novela de moda, “Pura Sangre”, dice que en un mercado de competencia como la TV los estereotipos son resortes narrativos necesarios para captar rápidamente audiencia. Que lo perverso es cuando ese resorte se convierte en modelo para la gente, que entonces, por ejemplo, asocia lo indígena con la pobreza y lo negro on la maldad . Asegura Navas que tratar de eludir los estereotipos en la televisión implica un riesgo alto para quien lo intente.

Pero, querámoslo no, los estereotipos son parte de nuestra sociedad y de nuestra cultura.

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La negociación periodística, medios y política

30 Oct , 2007  

Acerca del vínculo entre periodistas, medios y políticos, de la información como mercancía y de algunas otras cosas que, o se ocultan, o no se quieren admitir, o pocos reconocen como parte de su propia experiencia.

Por Alfredo Torre *
Debo decir que me he dejado ganar por el juego que supone intentar poner en evidencia algo de lo que muchos sospechan y el impulso periodístico de querer lograr un título y una bajada medianamente atractivos que encierren -como en una novela- algo de misterio.
Dudo que lo haya logrado verdaderamente, pero era la excusa que necesitaba para abrir una ventana a través de la cual ver y analizar –lo más desapasionadamente posible- algunas relaciones existentes entre periodistas, medios y políticos en términos de negociación. Deliberadamente excluiré toda forma de periodismo confesional o tutelado por el Estado,1 por cuanto creo merece un tratamiento diferente.

Negociación, palabra molesta (¿sucia?) para referirnos al tratamiento de compra y venta de información de interés público en el amplio “mercado” de la política, lugar donde también se pueden llevar a cabo otro tipo de transacciones como veremos más adelante. En primer lugar, intentaré definir el perfil de algunos actores sin eufemismos:

a) Medio de difusión masiva: empresa conformada para ganar dinero (y a veces para consolidar el poder de alguien, o las dos cosas en forma simultánea) vendiendo información a un público amplio y heterogéneo.2

b) Periodista: empleado de empresa constituida para ganar dinero (y lo que ya comentara anteriormente). También intermediario entre el poder en sus más variadas formas, el medio para el cual trabaja y la gente.

c) Político: “Dícese de quien interviene en las cosas del gobierno y en los negocios del Estado”.3

Algunas consideraciones acerca de estas tres categorías. 1º) “Medio de difusión masiva” y no “medio de comunicación social”, por cuanto no existe diálogo ni decisión consensuada con el cuerpo social en la mirada sobre la realidad y menos en su valor noticiable. Las noticias, consideradas como “algo nuevo, a tiempo y dinámico”4 no se seleccionan sino que se construyen, y dicha construcción es la obra conjunta de los periodistas y de las fuentes. La prensa, por más que sea espectadora, hace la noticia, construye el suceso, lo dispone y le da un sentido. La producción de noticias –según considera Félix Ortega-5 se rige por: intereses económicos-empresariales, mentalidad profesional y oportunidad. Es así que los medios se comportan como jueces: algo se publica o no se publica según propio (o ajeno) criterio en el momento más propicio; 2º) Periodista, entendido como dependiente (lamento en esta oportunidad no incluir una figura menos despiadada). El “independiente” también está sujeto a que alguien compre su producción (¿es que acaso existe un periodismo independiente?, ¿cuál?, ¿dónde?). A los efectos de este artículo, consideraremos también al periodista como un actor político que actúa de manera y con recursos que le son propios; 3º) Político: en lo individual, incluyo a los “políticos profesionales” -como le gustaba autodefinirse a J. F. Kennedy-, los sindicalistas, los lobbystas y todo aquel que pretenda posicionarse en el terreno de la política; en lo colectivo, entrarían los grupos y factores de presión y/o poder (los grupos cumplen con su objetivo y desaparecen o mutan; los factores cuentan con organización, doctrina y permanencia) y los factores de preponderancia (son consultados por el poder antes de tomar decisiones). Una cuestión aparte merecería el tratamiento de las ONGs y su protagonismo. Aquí contemplaremos solamente el accionar de aquellas que ejercen una coerción efectiva. Se llaman: lobbies empresariales.

Dos últimas advertencias: tomaré algunos ejemplos de mi país -sobre los que tengo constancia- casi con la seguridad de que podrían aplicarse a modo de espejo en cualquier otro y dejaré definiciones del romancero academicista,6 aclarando que hace más de un cuarto de siglo que pertenezco a la academia como docente, investigador y consejero.

Pues bien, negociar de por sí no es malo. Hacer negociados sí, por ilícito y escandaloso, aunque no tomen siempre estado público. Existe un accionar especulativo inherente a la persona humana. Es nuestra forma cotidiana de hacer política. Influimos, nos influyen; convencemos, nos convencen; ganamos espacios, los perdemos; necesitamos de otros, nos necesitan. Y en muchos casos, sin darnos cuenta, pisando la angosta cornisa que separa lo ético de lo no ético y que cruza una zona gris en que también se mueven los actores señalados.

Periodistas y políticos se necesitan mutuamente. Los dos tienen algo que al otro le interesa. Un solo ejemplo como adelanto: “Yo creo –dice Daniel Santoro-7 que es lícito, por ejemplo, que un periodista cambie información off the record8 con un político por una publicación breve e inofensiva. Lo más usual será sus actos de campaña. Ahora, no hay que convertirse en protectores de esos políticos. Y si hay que investigarlos, yo debo dar un paso al costado y dejar que lo investigue otro colega”.

Por cierto es difícil de establecer quien necesita más de quien. El político requiere del periodista para ser visible y éste del primero para nutrirse de información. Las relaciones entre ambos a menudo son imprevisibles y no hay lealtades permanentes. La tendencia a influirse recíprocamente hace que se elijan unos a otros. Es más, se pueden establecer lazos de simpatía (ideológica, por ejemplo), amistad o de mutuos favores. Al respecto Jorge Bernetti,9 consultado para este artículo, ejemplificó: “Si este vínculo se establece con alguno de la órbita ministerial –digamos- que pueda estar pasando por un mal momento pero que está en condiciones de suministrar información sobre lo que pasa en el gabinete o cerca del presidente, seguramente el periodista no lo atacará y tratará de preservarlo como fuente”.

Sobre cuestiones de conveniencia para los profesionales de la información, reflexiona Frank Pierss:10 “…el periodista de la sección política que sabe que no puede renunciar a sus contactos en el poder como fuente de información, ¿echará todo a perder, revelando demasiado de lo que sabe? ¿Arriesgará no ser invitado a viajar en el avión presidencial, a ser desterrado de la comitiva oficial del premier, del presidente, o del ministro, porque sus artículos son demasiado agresivos?”.

La misión periodística

Antes de continuar con los efectos y consecuencias de estas relaciones, creo imprescindible destacar el rol que debería cumplir el periodismo en el terreno de la política. Posiblemente sea Horacio Verbitsky -con la prosa que lo caracteriza- quien mejor lo haya explicado hasta el momento. Así dice: “Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo, lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa, que del lado bueno se encarga la oficina de prensa, de la neutralidad los suizos, del justo medio los filósofos y de la justicia los jueces. Y si no se encargan, ¿qué culpa tiene el periodismo?”11

Es evidente que el ejercicio del poder y las negociaciones que se producen entre partidos políticos, afines u oponentes, se desarrollan muchas veces en términos, circunstancias y ámbitos no del todo transparentes para la opinión pública. Es más, es probable que frecuentemente se trabaje a través de operadores de prensa -de los que nos ocuparemos más adelante- para dar una imagen muy distinta de lo que verdaderamente acontece. ¿Quién podría salir a decir que se trocó el voto a favor de leyes polémicas por dinero o reparto de cargos?

Si hay una misión fundamental que se le puede adjudicar al periodismo, es la de transparentar los sistemas. Que éstos aparezcan ante la gente como auténticas cajas de cristal en donde todo se pueda ver claramente y sin distorsiones. Hay sistemas (políticos, económicos, etc.) turbios, permeables o impenetrables, pero en tal caso la peor condición que puedan mantener dentro del terreno de la democracia, es que sean inmonitoreables. En este sentido mucho es lo que ha ayudado la existencia de una cultura de la ocultación y la impunidad. Pues bien, alguien debe asumir la responsabilidad de controlarlos, revisarlos. Por suerte gracias al surgimiento de un vigoroso periodismo de investigación –al que Heriberto Muraro12 considera como una fuerza democratizadora, como un medio para limitar el margen de maniobra de los funcionarios e, inclusive, de otras variedades de poderosos tales como sindicalistas y empresarios- es que se han ido modificando algunas conductas. Hay una mayor cautela por parte de algunos actores sociales frente a la posibilidad de ser descubiertos en actos ilegales o irregulares. En tal sentido, se le debería recordar a los integrantes de la clase política aquella frase que dice: “Si no quiere que el periodismo se entere y publique algo que usted pretende mantener oculto… ¡pues no lo haga!

Al respecto, habría que preguntarse en qué circunstancias esa misma clase política podría permitirse prescindir de los medios y, en especial, ignorar los hostigamientos de que son objetos por parte del periodismo de investigación. Muraro,13 sobre el particular, dice: “En un régimen democrático, en el cual queda vedado apelar al recurso de la censura, y en una sociedad en la cual los medios han logrado liberarse del mecenazgo de funcionarios y dirigentes partidarios, la única manera de arribar a una alianza entre políticos y ciudadanos inmune a las opiniones del periodismo es, sencillamente gobernar bien”.14

Sobre otro aspecto de la cuestión, lamentablemente, también hay que considerar que muchos productos de indagación periodística que aparecen como originales y de publicación en exclusiva por parte de un medio, esconden en el fondo pujas políticas entre partidos que -amparados en un off de record, por ejemplo- utilizan a los periodistas (vaya a saber a qué precio) para desacreditar a los adversarios. Más lamentable aún es cuando éstos últimos ni siquiera chequean rigurosamente la información que reciben, muchas veces de otros periodistas que trabajan como operadores de prensa y conocen la lógica de construcción de la noticia. En general, quienes cumplen con esta función no son muy apreciados dentro del ambiente profesional serio.

Mencionaba en el párrafo anterior al off de record a través del cual funcionarios y políticos pueden diseñar planes de acción que, saben, llegarán a los medios de comunicación sin un filtro adecuado, siempre y cuando se le agregue a la fórmula una pequeña porción de verdad. Pero hay otras condiciones en el traspaso de información: el briefing (informe), por caso. Allí la fuente aporta datos al periodista bajo la condición (negociación) de publicarlos sólo en determinadas circunstancias. Tanto pueden ser secretos que solamente podrán revelarse a la muerte de la fuente, o datos en exclusiva a cambio de ir preparando a la opinión pública sobre un hecho extraordinario a futuro.15

La prensa y el poder

En el contexto de lo dicho anteriormente, creo que a la prensa más que denominarla como “cuarto poder”, habría que considerarla como un poder de carácter transversal. Es decir, con la potencial capacidad de atravesar otros poderes, cualquiera sean éstos. Sobre el particular, otra mirada tiene Verbitsky: “Contra lo que algunos colegas desearían y lo que muchos gobiernos declaman, la prensa carece en absoluto de poder. Su relación con el poder es como la del voyeur con el sexo. La prensa mira y se excita. Pero el poder no admite que lo observen durante sus orgías y procura desalentar al curioso, con leyes, con colegiaciones o tribunales de ética que aspira a manipular o mediante el más tradicional y expeditivo cachiporrazo”.16

Siempre el poder ha pretendido controlar la información desde el nacimiento mismo de la imprenta. Incluso la clase política ha montado o se ha apropiado –de muy distintas maneras, a veces a través de la violencia- de algunos medios de difusión masiva. Muchos políticos han sido y hoy son dueños de periódicos, canales de televisión y emisoras de radio. Es probable que otros utilicen testaferros. ¿Cómo han conseguido hacer eso?, ¿acaso con el dinero de la política? ¿Qué persiguen?, ¿ocupar espacios, posicionarse, utilizar una herramienta para defenderse o atacar?. A veces este recurso se transforma en un arma de doble filo cuando el público advierte las intenciones lavadas en un pretendido semitono neutro del contenido.

De tentaciones y presiones

En el intento de controlar el accionar de los periodistas, el poder ha utilizado los más diversos recursos para torcerles el brazo. Violencia física, sobornos, amenazas, forman parte de un rosario denunciado por organismos de prensa de todo el mundo.

Quisiera detenerme en el caso de un reconocido colega al que quisieron comprar el abandono de su línea investigativa sobre un resonante asunto que involucraba a la cúpula del poder gobernante. Como en las películas de ficción, le ofrecieron previa cita en un lugar público, un maletín cargado de una fuerte suma de dinero en dólares. Cuando lo interrogué acerca de las razones por las cuales no había aceptado esa más que tentadora oferta, me respondió: “Tocar un billete era emprender un viaje sin retorno a corromperme para siempre. No tuve dudas, los valores morales que aprendí de mis padres -esforzados trabajadores- y los éticos que me inculcaron en mi formación universitaria17 fueron determinantes a la hora de hacer una elección”. Con respecto a esto segundo mantengo provisionalmente esta hipótesis: los periodistas que cuentan con estudios universitarios, sostienen más férreamente ciertos principios que los alejan o los hacen poner –a veces involuntariamente- más distantes de cualquier situación en donde se pretenda modificar su correcto desempeño profesional.

Con respecto a esto, agrego que si el empleo de periodistas estuviera relativamente bien pago y protegido por una seguridad contractual, los intentos de corrupción serían menos efectivos. A estos factores, tenemos que agregar los valores dominantes del medio: si el estímulo de la ganancia se considera por sobre la honestidad profesional, la corrupción en cualquiera de sus formas parecerá siempre como “lo normal”.

Volviendo a lo anterior, quizás haya que hacer un estudio en donde se cruce la formación académica, como variable, con relación al perfil de quienes trabajan en los medios. Una vaga percepción, más por olfato y experiencia que por demostración, me indica que cuanto menos educación superior se cuente, más se es proclive a funcionar inescrupulosamente y a estar detrás de pequeños beneficios sin medir demasiado el inexorable desprestigio: un pasaje en avión, alguna invitación para cubrir un “importante evento de interés social”,18 dinero con entrega regular como el que algunos políticos dicen sin vergüenza en su más íntimo círculo entregar a gente de la prensa para que al menos no los critiquen, etc.19 Con relación a este tipo de corruptelas, un claro y lamentable ejemplo en Argentina –según relata Santoro- sucedió durante el gobierno de Alfonsín: “el banco Hipotecario dio créditos a tasas muy bajas (eran casi subsidios) a decenas de periodistas y durante el gobierno de Menem, existió la ‘cadena de felicidad de la SIDE (Servicio de Inteligencia del Estado)’ a través de la cual se le pagaba 3 ó 4 mil dólares a diputados, jueces y periodistas. Armando Vidal del diario Clarín denunció que diputados le pagaban a periodistas acreditados en el Congreso con pensiones graciables”.

Por supuesto que a otra escala, con formación o sin formación, pero en este caso orientándonos hacia profesionales influyentes, el nivel de obsequios disfrazados alcanza un estado de proporciones: costosos viajes para “comprender la cultura y la eficiencia en la administración gubernamental” de determinados países, equipamiento informático o de comunicaciones sofisticado para evaluar el mejoramiento de la calidad en el trabajo, etc., son parte de ese intento de compra de voluntades a través de mecanismos, a veces, muy ingeniosos.20

En otras oportunidades nada se encubre. Los diarios del mundo se hicieron eco recientemente21 de que Estados Unidos estudia un plan para comprar periodistas que escriban a favor de la política de George Bush, según admitieron funcionarios del Pentágono y del gobierno. Lo que el poder de Washington pretende hacer es lanzar operaciones secretas de propaganda bélica con el fin de influir en la opinión pública de países neutrales y aliados, así como el pago a reporteros que puedan dar una visión positiva de la agenda internacional de la Casa Blanca.

Precisamente el vocero de la misma, Ari Fleischer, no negó la existencia del plan. “Existe en el gobierno un reconocimiento generalizado de que EE.UU. tiene un papel importante en el mundo para una mejor comunicación del mensaje estadounidense de esperanza y oportunidad”, dijo.

Mientras tanto, se encendió un feroz debate en la administración, y específicamente en el Pentágono, respecto a si los militares debían pagar a periodistas para que escriban artículos favorables a las políticas de EE.UU. o paguen a contratistas externos sin vínculos obvios con el Pentágono para que organicen manifestaciones en apoyo a Washington.
Ya en febrero de 2002, tuvo que ser desmantelada la Oficina de Influencia Estratégica del Pentágono, poniendo fin a un plan de corta vida destinado a proporcionar noticias verdaderas y también falsas a periodistas extranjeros para influir en el sentimiento público en el exterior.

¿Actitud crítica?

A esta altura del relato uno podría preguntarse si todo el campo estará minado por la corrupción y el interés espurio. Por supuesto que no. Pero también debemos ser cautos a la hora de analizar las voces críticas. Hay una pregunta que siempre me ha parecido clave a formular dentro del campo periodístico: con la publicación de determinada información, ¿quién se beneficia y quién se perjudica? La crítica desde el periodismo hacia el quehacer político ¿es real, ficticia, esconde algo? Por cierto la mayor parte de las veces resulta muy difícil dar una respuesta.

Conozco un par de supuestos colegas que se verían en figurillas para justificar su alto nivel de vida. No me ocuparé de ellos, claro. Sí de aquellos sobre los que tengo certeza que lícitamente se han hecho de una buena posición económica asegurado su futuro bienestar y el de sus allegados. Pregunto: ¿esto los hará más “independientes”? De ser así: ¿de qué? Posiblemente se transformen en más críticos, pero en tal caso habría que ver hasta que punto atacan la raíz de las cuestiones irregulares o ilegales. Tengo muchas veces la impresión, por ejemplo, de que a veces castigan muy duro a un político corrupto, pero poco o nada hacen referencia al sistema que lo corrompe o le brinda la grieta para que desde la alegalidad produzca hechos que -sin ser ilegales- se los pueda considerar como ilegítimos.

En otro orden, es probable que algún que otro periodista (corrupciones hay en todas las profesiones y niveles), pueda utilizar el resultado de sus indagaciones para forzar o extorsionar a quienes desde el escenario político estarían en condiciones de brindarle algún tipo de beneficio. Desde otro lugar muy distinto, aquellos que se transforman en molestos para el poder, deben tener presente todo el tiempo –como en el caso anterior- que ellos también pueden ser plausibles de ser investigados de la misma forma que se hace con políticos, jueces o empresarios.22 Cualquier error, por mínimo que sea, será el argumento que se utilice para presionarlos, sacarlos de carrera o llamarlos a silencio, tanto sea para salvaguardar su integridad física o sus bienes, como la de sus propios familiares.

Presionar a un periodista directamente (la amenaza de muerte en el recordatorio de su teléfono de acceso restringido, por ejemplo), es a esta altura de un accionar torpe o mafioso, salvo que se quiere dejar sentada la advertencia hacia otros. Hoy se utilizan recursos que pueden dañar aún más que un corte de navaja en la cara.23 A veces penetrar en la intimidad, en la vida privada, hace que éstos se transformen en seres más vulnerables.

No puedo dejar pasar la oportunidad sin recordar que hubo otros tiempos en América latina en que los periodistas que denunciaban o criticaban, aunque más no sea tibiamente, los excesos y la impunidad del poder, pagaban con su propia vida tal compromiso.

Tenebrosas dictaduras garantes del poder hegemónico mundial, de los beneficios de algunas pocas empresas, de los eternamente privilegiados sectores de la sociedad civil hoy teñidos de democráticos, todo bajo el amparo y complicidad de algunos representantes de la Iglesia Católica, dejaron una importante cuota de tragedia en todas las libertades y, especialmente, en la libertad de expresión. El capítulo de Argentina entre 1976 y 1983 es una clara muestra de ello.24 Aunque parezca inoportuno, permítaseme una humorada muy conocida en nuestras redacciones:

–¿Qué hacen los periodistas argentinos más influyentes cuando no escriben, no hablan por radio o no salen en la tele?
–Reciben amenazas.

Acuerdos entre partidos y medios

Para Bernetti, existen acuerdos explícitos entre los partidos políticos con mayor cantidad de votos –gobernantes o no- y los medios de difusión de más amplia llegada. “Los medios demandan en forma muy exigente prioridad y exclusividad”, afirma. Es decir, que si la información emanada del campo político es ampliamente socializada, al medio dominante ya no le interesa publicarla. Esta negociación, en términos generales, la lleva a cabo el periodista con la fuente y frecuentemente no llega a la cabeza del medio, que evita comprometerse directamente en estas coberturas.

El contacto entre los dirigentes políticos y los medios de comunicación ha sido muy intenso desde siempre, dado que los medios han sido y son el gran “teatro de operaciones” de la política. Sobre este vínculo, Rosendo Fraga25 entiende que “ha sido una relación asimétrica ya que en general los políticos han tenido una actitud de ‘temor’ frente a los medios, por posibles ataques o críticas a aspectos de la vida política que son muy reprochados por la sociedad”.

Este miedo también prevalece a la hora de pensar en demandar a un medio y especialmente a un multimedios, por las consecuencias que podría traer aparejado el ver multiplicado en radio, TV y prensa contenidos que pudieran resultarles desfavorables. Y hay algo aún peor: ser ignorados por éstos.

A propósito recordemos también que la pequeña prensa –a veces de fuerte presencia regional en un país-, frecuentemente es arrastrada por las tendencias de contenido de las grandes empresas periodísticas capitalinas. Esto es lo que se conoce como efecto “rebaño”, en donde los medios se van legitimando en cadena y ninguno intenta –como señala Priess-26 “nadar contra la corriente o violar lo que en ese momento se considera ‘politically correct’, lo políticamente correcto”. En este contexto, tanta negativa sobrexposición o, por el contrario, la más absoluta invisibilidad, podría resultar trágica para los políticos.

En general los abogados suelen desalentarlos cuando intentan querellar a los medios. La razón es muy sencilla en términos de conveniencia: es probable que los mismos publiquen sólo una parte de los problemas que ellos tienen, no todos.

Debo decir que no tengo conocimiento preciso acerca de si algún medio pudo haber utilizado alguna investigación con fines extorsivos para conseguir algo de la clase política, pero tengo convicción sobre el mantenimiento en reserva de ciertos datos comprometedores de la vida personal de algunos miembros de esa clase, como reaseguro o moneda de cambio ante posibles conflictos o embestidas futuras. Precisamente la indagación sobre lo privado y el encuentro de algunas irregularidades, los hace más frágiles. Como está dicho anteriormente, está claro que los medios esperarán el momento “más oportuno” para dar cuenta de lo que saben y provisoriamente mantienen celosamente guardado.

Conociendo a los políticos

Hago aquí un aparte del tema central porque me parece necesario para los políticos y quienes aspiren a serlo o pretenden un espacio de poder, el que conozcan mínimamente la lógica con que se manejan los periodistas profesionales a la hora de investigarlos. El procedimiento es bastante sencillo: se trata de demostrar en forma irrefutable, a través de documentación y testimonios, que frente un hecho que se presume irregular o ilegal, algo ellos pudieran haber hecho, y ese algo -que se pretende ocultar- está en contra de los intereses del público.

Sin tomar ningún caso en particular, digamos que en primer lugar se trabaja sobre su vida privada, en donde es probable que se encuentren elementos nada desdeñables. El origen de su nombre y apellido puede remitir a sus antecesores y a las relaciones o alianzas familiares o políticas que hubieran podido suceder en el pasado y que hoy explicarían muchas cosas. Por ejemplo, su situación patrimonial. En general, es este rubro más sensible en el que primero se indaga para conocer si puede justificar a través de su ocupación, herencias, legados o matrimonio, los orígenes y la evolución de sus bienes. La composición de su familia, los nombres de sus miembros (es frecuente encontrar propiedades a nombre de alguno de ellos) y el nivel de gastos que cada uno tiene, su vivienda actual y la anterior a ocupar algún cargo, vehículos con sus marcas y modelos, estudios efectivamente realizados (hay quienes se adjudican títulos que no poseen), etc., formarán parte del perfil del indagado que el periodista necesita conocer.

También dentro del ámbito privado será necesario saber sobre sus creencias, su ideología. En principio se puede establecer a través de ellas si existe coherencia con su imagen pública o nos encontramos frente a un doble discurso. He conocido a un personaje de la política que pretendía lavar su mal comportamiento como funcionario de gobierno levantando programas para la niñez desprotegida, cuando nunca antes le había pasado a su ex esposa la cuota alimentaria para sus hijos.

Otra cuestión digna de atención estará orientada a obtener información sobre su vida social y el círculo de sus más estrechas relaciones. Muchas de ellas podrían actuar como confidentes, asesores, consejeros, o tener decididamente influencia sobre él. Es probable que a algunos se los deba agendar como potenciales fuentes según sea el caso.

Rogelio García Lupo27 utilizaba un recurso indagatorio formidable mucho antes que por procedimientos informáticos se pudiera cruzar información: tomaba las columnas de las páginas sociales de los diarios más conservadores del país y registraba los nombres de quienes se casaban, padrinos e invitados a las fiestas; reuniones de clubes como el Rotary, invitados especiales (políticos, sindicalistas, artistas, formadores de opinión) a presentaciones de productos o fusión de empresas, etc. Así pudo explicar muchas de las coaliciones que se daban en el plano del poder y su comportamiento.

Con respecto al estudio sobre la esfera social (pública), se analiza en forma completa la trayectoria, los ambientes frecuentados y las actividades económicas. Con respecto a lo primero, será de interés conocer cómo y a través de quién –si lo hubiera- alguien se lanzó a la arena política, con quién estrechó vínculos, si existieron o no cambios significativos en sus línea de pensamiento y acción. En lo segundo, vinculaciones extraprofesionales o presencia en lugares de interés diverso (deportivos o sociales frecuentados por gente influyente). Por último, su relación con todo lo lícito que le aporte dinero. Por ejemplo, los réditos de una empresa propia (o varias), de la que se deberá saber también si cuenta con algún tipo de relación con el Estado. Entonces, de no poder justificar erogaciones acordes a sus ingresos… bueno, ese sería seguramente un motivo para investigarlo. En tal sentido resultaría muy importante que se hicieran públicas las declaraciones juradas de todos quienes participan en los asuntos públicos. Algunos intentos como la ONG Poder Ciudadano28 han dado (lamentablemente pocos) resultados.

Es bueno recordar que todos los datos mencionados son recogidos por los periodistas de fuentes documentales y personales. Pocos, desafortunadamente, se toman el trabajo de chequear –por ejemplo- los currículums vitae con los originales que verifiquen lo allí expresado. Conozco decenas de casos de gente con exposición pública que se atribuye cosas verdaderamente increíbles, o que ocultan culposamente manchas en su vida personal o profesional.

El periodista escucha los testimonios de amigos y enemigos del investigado y también presta atención a lo que recuerda de él la “memoria social”. Esto último lo explicaré con un simple ejemplo que investigaron mis alumnos: sobre un candidato a intendente, con amplias posibilidades de ganar en un distrito, alguien recordaba que -según relato de terceros- había estado involucrado hacía mucho tiempo en algo irregular que no podía precisar. No había ningún dato puntual, excepto que lo rememorado había sucedido en su ciudad natal. A través de los vecinos y con la ayuda del archivo del periódico local posteriormente, se pudo establecer que esta persona había sido sancionada por administración fraudulenta cuando había sido funcionario en la municipalidad de su partido. Gracias a esta memoria, al cómo la gente común registra y procesa la información, se pueden a veces reconstruir verdaderos laberintos.

Desde ya que a los integrantes de la clase política se los estudiará también dentro de las entidades a las cuales pertenecen (partidos, comisiones legislativas, ONG, etc.), de las cuales se indagará el área estructural (origen, fines, recursos económicos, etc.) y el área social (actividad comercial, política, cultural, religiosa, etc.). La necesidad de hacerlo, corresponde a que no siempre coinciden los fines con las acciones. Por ejemplo, a través de la creación de fundaciones o asociaciones sin fines de lucro, se puede estar lavando dinero de la política (autodonaciones, “retornos” en moneda de partidarios a los cuales se les otorgó un cargo o un subsidio, desvio de partidas de dinero, etc.).

Vinculado a lo antedicho, es por demás evidente que en nuestros países el tema de la corrupción está a la orden del día y el periodismo hace denodados esfuerzos por develar dentro del vasto campo de la política, la trama secreta que la alienta y posibilita.29 Lamentablemente esto no es la norma para todos los medios, ni todos los periodistas utilizan una metodología rigurosa de investigación, especialmente para dar cuenta del funcionamiento de algunas estructuras que los pudieran afectar tanto a ellos como a las empresas para las que trabajan. Nada más oportuno que la frase referida a este asunto dicha por Jorge Guinsburg:30 “Somos rebeldes, salvo con lo rentable”.

Jefes de prensa

Tengo la impresión que si los jefes o los asesores de prensa supieran medianamente las lógicas en que se basa el periodismo bien hecho, cambiarían de actitud o diseñarían estrategias muy distintas a las que habitualmente ponen en práctica.

Uno de los productores de radio más cotizados de Buenos Aires, que me pidió reserva de identidad, nos ilustra con los siguientes ejemplos:

“Una de mis primeras experiencias fue cuando me inicié como productor periodístico en una emisora. El jefe de prensa de un legislador del interior me ofreció pasajes aéreos gratis a cualquier punto del país, a cambio de una entrevista. El político era impresentable y el jefe de prensa ofrecía el oro y el moro para conseguirle una nota.”
“Los jefes de prensa de los políticos son una raza aparte. Un tanto voceros, otros mucamos, asistentes, por lo general dificultan la llegada del periodista al político. Muy pocos son eficientes y manejan información con seriedad y responsabilidad. La mayoría quieren aparecer ante el periodista como un elemento importante, y no es así. En estos casos, el off the record lo preferimos tratar directamente con el político, porque la información del vocero no suele ser confiable.”
“Elecciones a diputados de 1987: los candidatos en Capital Federal eran Carlos Ruckauf (actual canciller argentino del gobierno del presidente Duhalde) y Jesús Rodríguez (de la opositora Unión Cívica Radical). La campaña venía muy dura y las acusaciones que se lanzaban eran potentes. El plato fuerte de cualquier programa político era juntarlos en un debate, cosa que el candidato justicialista se negaba sistemáticamente. Yo comprometí a Jesús Rodríguez y había obtenido la confirmación de Ruckauf a través de su jefe de prensa. Cuando lo anunciamos al aire, me llama Ruckauf en persona para pedirme explicaciones. Resultado: echó a su jefe de prensa, que fue un chivo expiatorio, porque a pesar de haberlo consultado evidentemente a último momento Ruckauf se había arrepentido. A un vocero en serio no le habría pasado esto.”
“Recuerdo cuando Rodolfo Terragno31 era ministro de Obras Públicas de Alfonsín, que piloteaba la privatización de Aerolíneas Argentinas. Era habitual que los días en que este tema dominaba la actualidad, la palabra de Terragno era importante. Cuando nos contactábamos con su jefa de prensa, para sacar al aire al ministro, muy suelta de cuerpo, nos daba una entrevista telefónica para radio en… ¡una semana o diez días adelante!. No tenía idea de la oportunidad ni de la valoración de la noticia.”
No hay jefe de prensa que no esté presionado (¡y de qué forma!) por los reclamos –a veces absurdos- de los políticos, quienes exigen todo el tiempo estar en la mira de los medios y, como si fuera poco, que éstos se comporten con ellos de manera complaciente. Muchos voceros o quienes manejan la información emanada de la clase política (al fin y al cabo, los primeros fusibles en saltar), se transforman con el tiempo en genuinos y vehementes negociadores, olvidando su principal misión. A veces consiguen buenos resultados para sus jefes trocando favores o metálico por espacio en los mejores programas, o un mayor centimetraje en medios gráficos (en los que por la inserción de una foto se debe pagar, las más de las veces, una cifra superior). En estas gestiones hay muchas veces una gran cuota de hipocresía. Relaciones entre políticos y periodistas que se muestran como distantes o críticas frente al público, son en realidad productos negociados de antemano. Hasta es posible que se acuerden anticipadamente los distintos momentos de la entrevista que puede comenzar con preguntas corrosivas y terminar favoreciendo ampliamente la figura del político. Al respecto, Santoro comenta: “Hay casos en que el político ‘compra’ la tapa de una revista, con una larga entrevista a favor. Con el dinero recaudado, la misma solventa los gastos de edición, paga sueldos y queda algo de ganancia”.

No solamente en el terreno de la política se presentan estas situaciones, en otros ámbitos como los del espectáculo o deportivos son los propios periodistas los que se transforman en agentes de prensa a cambio de dinero o dádivas de cualquier tipo. Nuestro mencionado productor radial nos vuelve a ilustrar:

“El periodista de espectáculos también se ha desvirtuado: o se dedica a difundir chismes de artistas de segunda o se dedican a elogiar películas o programas con muy poco sustento, ya que son amigos de los productores, o de los directores o de las distribuidoras. ¿En cuántas oportunidades se vio a un periodista ‘acorralar’ a una figura por su fracaso en TV o por la poca gente que va a ver su obra de teatro?.”
“Con los periodistas deportivos pasa algo similar. Hace un tiempo se difundió la versión de que un periodista deportivo de radio y televisión había hecho un fuerte lobby a favor de la designación de Marcelo Bielsa (actual DT de la selección de fútbol argentina) como director técnico del seleccionado. Una vez logrado el objetivo, el periodista le recordó el favor y le pidió a cambio, una nota exclusiva cada semana, a lo que Bielsa se negó por su conocida parquedad para hablar con los medios.”
Volviendo al tema, es interesante escuchar los relatos que algunos periodistas hacen sobre lo que otros “colegas” tranzan con los jefes de prensa en las giras presidenciales al exterior. En algunos casos los funcionarios suelen hacerse cargo de los gastos y de algunos caprichos de los periodistas. Eso sí: no publicar nada negativo de la gira.

Por lo visto hasta ahora, parecería que jefes y asesores de prensa serían parte de una casta predispuesta a cualquier cosa para complacer a sus mandantes. Por cierto y afortunadamente no es siempre así. Pero hay que diferenciar entre los que “operan” políticamente y los que tienden a cumplir una función más “técnica”. Los primeros pretenden influir en el recorte, valorización y difusión de la información política que llevan a cabo los periodistas. Los segundos se ocupan de informar a la prensa, dar a conocer a los políticos el tratamiento informativo y de opinión de los medios respecto de sus actividades y cuestiones vinculantes, como así también facilitar el diálogo entre la clase política y los periodistas. Tomado desde este último punto de vista, su trabajo es esencial para el sistema democrático y el derecho de todo ciudadano a conocer sobre las ocupaciones y preocupaciones de quienes se encuentran en el poder o pretenden llegar a él.

Prensa y Congreso

Existe un escenario muy interesante sobre el cual observar el comportamiento de los actores señalados anteriormente: el Congreso. Dentro del campo de la comunicación política hay que considerar la relevante relación que existe entre los miembros del poder legislativo y la prensa. Como se señala en una investigación de campo coordinada por Fernando Ruiz:32 “Ambas son las principales instituciones de la dimensión deliberativa de la democracia, entendida esa dimensión como los ámbitos en los cuales existe una discusión abierta de los asuntos públicos”.

Sobre el mismo trabajo, coincido con las apreciaciones (por mi recortadas y reagrupadas) que responden a los siguientes interrogantes:

¿Qué es lo que hace que un legislador tenga presencia mediática y otro sea un desconocido? En principio debe cumplir con tres tipos de requisitos:

– Protagonismo político: el interés de la prensa surge por el liderazgo de bloque, por ser autoridad de comisiones relevantes, tener influencia sobre sus pares, o ser importante dirigente partidario en el ámbito nacional. El protagonismo político puede provenir tanto de la ocupación de lugares de poder, como por el desafío a esos lugares.

– Conocimiento de la actividad parlamentaria: participar en temas de relevancia, aportar “valor agregado”, diferenciarse y trabajar intensamente. Lo que primariamente interesa a los periodistas no son los poderosos ni los protagonistas, sino la mejor información política.

– Virtudes comunicativas: ser buen orador en las sesiones, mantener claridad para expresarse frente a los periodistas, ser carismático, poseer amplia disponibilidad y adaptarse a la rutina de los distintos medios. También decir la verdad aunque vaya en contra de sus propios intereses.33

¿Qué es lo que hace que un periodista reciba la atención preferencial de los legisladores y jefes de prensa?

– Pertenecer a un medio importante: son factores importantes la influencia del medio y la amplitud de su público.

– Tener virtudes profesionales: estar informado acerca de los temas sobre los cuales trabaja.

– Poseer virtudes personales: ser confiable y respetar los dichos del entrevistado.34

Es importante destacar que la relevancia política provoca la relevancia mediática y se alimentan mutuamente. Pero no siempre es así. Un político puede ser muy mediático pero carecer de relevancia política.

Legislación resbaladiza

Aprovecharé el ámbito legislativo, en donde influye el poder del Ejecutivo y también la agenda mediática, para abrir un nuevo tema motivo de controversia y que hace precisamente al núcleo de este trabajo. Me refiero a la legislación en materia de medios de comunicación.

Si hay algo que desearían no hacer o evitar diputados y senadores, mucho menos los políticos que se desempeñan en cualquier otro ámbito, es tomar posición o deliberar sobre una cuestión que mueve los más diversos intereses, pero especialmente económicos.

Digamos que en el último cuarto de siglo, algo se ha transformado el mundo en materia de comunicaciones. Dejaré la ironía para señalar que absolutamente todo ha cambiado o ha sufrido profundas modificaciones. Existe hoy una nueva forma de percibir el mundo, de utilizar las herramientas de comunicación y de adaptarse a las consecuencias de los altos niveles de concentración mediática que se han operado a nivel global. La fusión empresaria y de capitales ha creado un nuevo polo de poder cada vez en menos manos. Ya había señalado anteriormente que ponerse en contra de un medio que pertenezca a uno de estos conglomerados, era ponerse en contra de todos. Y a veces las cosas van mucho más allá cuando existen acuerdos corporativos entre multimedios. Lo saben los políticos (algunos con el agregado de poseer vínculos económicos con ellos) y también los periodistas que allí trabajan y deben ser consecuentes con la línea empresarial en todos los frentes, a riesgo de perder futuras posibilidades laborales.

Pues bien, si así se presenta este nuevo escenario, sería lógico de que los países vayan aggiornando su legislación en la medida que se produzcan los cambios. Entonces, por ejemplo, ¿qué ha hecho que en más de 25 años no se haya modificado totalmente la legislación argentina en materia de radiodifusión, siendo que la que está aún vigente pertenece a los tiempos de la última dictadura militar?

La respuesta es sencilla: todos los intentos y proyectos presentados que no tuvieron el visto bueno de los medios más importantes, fueron bombardeados por los mismos con el agravante de desacreditar a sus autores o a quienes los enarbolaban. ¿Cuántos políticos y a qué costo estarían dispuestos a asumir tamaño desafío?

A fuerza de ser sincero, debo decir que la ley a que he hecho referencia, tuvo una leve modificación durante el mandato de Carlos Menem. Se cambió un artículo que impedía el monopolio de medios para que principalmente el diario de mayor tirada de la Argentina y buena parte del mundo (Clarín) pudiera acceder a la compra de radios y canales de televisión en todo el territorio. El gobierno ingenuamente creyó que de esta forma se volcaría a su causa o por lo menos no lo criticaría. La soberbia del ex presidente posibilitó que nunca hiciera una autocrítica de su gestión, pero esta es una de las pocas medidas de las que se lamentó públicamente. Por supuesto Clarín nunca le hizo una correspondencia a tamaño favor.

Hay legisladores que creen (pero lo callan ante el periodismo) que hay que aumentar gravámenes para las grandes empresas y de servicios privatizados, pero temen que los medios, que forman parte de ellas o reciben fuertes pautas publicitarias, lo presenten como un desaliento a la inversión o un riesgo de inseguridad jurídica, todo ello sin considerar el orquestado de una campaña que levante un supuesto encubrimiento de mordazas a la libertad de expresión.

Credibilidad

Posiblemente, todo lo anteriormente expuesto, sirva para entender que lo que está en juego es la credibilidad de medios, periodistas y políticos. No obstante, según Fraga, “pese a la crisis general de credibilidad que hoy muestra la sociedad, los medios de comunicación siguen teniendo mejor imagen que las instituciones políticas y los factores de poder, aunque ello puede cambiar en el futuro”.

No obstante, no debemos perder de vista que los medios no son entidades de beneficencia sino empresas sometidas a leyes del mercado que reconocen ante todo la lógica de las utilidades, a veces sobrepasando los límites de la ética.

Por otra parte, la clase política se encuentra -al menos en algunos de nuestros países latinoamericanos- frente a un proceso de desgaste y falta de confianza por parte de aquellos que cuentan con capacidad de voto como nunca antes había sucedido. Los desgraciados acontecimientos de diciembre de 2001 en Argentina, por ejemplo, que terminaran con el gobierno de Fernando De la Rúa, llevaron a tal límite la situación que la mayoría de los políticos no podían salir a la calle sin ser agredidos por la gente.

Sin embargo, este descrédito no alentó al periodismo para hacer leña del árbol caído. El joven periodista Daniel Tognetti,35 así sintetizó este escenario: “Hoy pegarle a un político es como patear a un borracho en la calle”.

Convengamos por último que la importancia y relevancia de la prensa es producto en gran medida de la asociación -a veces simbiótica, otras imprescindible- con el poder político, en donde existe un permanente juego en el que cada uno mide sus fuerzas. En el marco de la democracia eso podrá seguir siendo posible -dentro de una razonable convivencia-, en tanto los actores aquí mencionados36 sepan ejercer sus derechos y cumplir sus deberes.

En tal sentido, convendría recordar el contenido del artículo 4º de la Declaración Final del Primer Encuentro entre Política y Comunicación Social Alternativa en Cuba:37 “(…) El poder de los políticos no deberá ser empleado para reprimir a los periodistas, y el poder de los periodistas deberá ser la representación del derecho público a la rendición de cuentas de los políticos, sobre la base de normas éticas internacionalmente reconocidas para unos y para otros”.

Una cosa más para concluir: ante el desagradable panorama trazado en parte de esta exposición, quiero dejar mi expreso reconocimiento hacia toda esa gran legión de políticos honestos, periodistas honestos y medios honestos, que día a día “negocian” exclusivamente con la responsabilidad y con la verdad.

_____
Notas:

1 El Estado, o mejor dicho, la clase gobernante, históricamente ha mantenido el principio intervensionista de favorecer con avisos, créditos, facilidades impositivas, etc., a los medios “amigos” y castigar al resto –según el grado de crítica u oposición- con exiguas o nulas pautas publicitarias. Durante diciembre de 2002, fue denunciado en la provincia argentina de Río Negro que el gobierno encabezado por Jorge Sobisch, había suspendido la publicidad oficial en el diario Río Negro, el de mayor circulación en la zona, en represalia por la publicación de reportajes sobre tráficos de influencias y presiones en la legislatura local. Asimismo, intentó intimar a comerciantes y empresarios para que no anuncien en dicho medio.
2 La heterogeneidad entendida desde los procesos de recepción: de cómo la información es aprehendida por cada individuo y de qué manera éste la tamiza, resignifica y apropia.
3 Diccionario de la Real Academia Española, sin la bastardilla.
4 IZURIETA, R. (2002) pág. 216.
5 Recomiendo la lectura de “La política y el periodismo en el nuevo espacio público” de Félix Ortega, Universidad Complutense de Madrid / Facultad de Ciencias de la Información, localizable en http://www.ecomunicacion.com/valbuena/comunicacion_politica/Politicos_y_Periodistas.htm.
6 En lo posible trataré de evitar la utilización como sinónimos de “periodista” y “comunicador” (nunca entendí por qué se insiste en decir que son equivalentes) y explicaré de cada asunto lo que creo es: por ejemplo,”periodismo de investigación” como “producto marketinero impuesto por los medios de difusión para hablar del periodismo bien hecho”. Este último concepto se lo he escuchado decir a uno de los colegas más lúcidos de mi país: José María Pasquini Durán (diario Página 12).
7 Daniel Santoro, quien hizo este comentario para el presente trabajo en diciembre de 2002, es uno de los periodistas más prestigiosos de Argentina. Ha sido ganador del Premio Rey de España por su investigación publicada en el diario Clarín y desarrollada más ampliamente en su libro “Venta de armas, hombres de Menem” (Ed. Planeta, Bs. As., 2001) sobre la comercialización de armas a Croacia y Ecuador durante el gobierno de Carlos Menem, quien estuvo detenido por esa causa luego de su mandato.
8 El periodista puede publicar lo señalado por la fuente, siempre y cuando mantenga en reserva su identidad.
9 Jorge Bernetti, periodista y licenciado en ciencias políticas, con una vasta trayectoria en el periodismo político, es profesor titular, investigador y director de la Maestría en Periodismo de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP. Sus declaraciones fueron registradas en diciembre de 2002.
10 PIERSS, Frank. “Los periodistas: cómo se ven a si mismos y cómo los ven los demás”, en: FRAGA, R. (1997) pág. 162. F. Pierss es Director del Programa Medios de Comunicación y Democracia de la Fundación Konrad Adenauer.
11 VERBITSKY, H. (1997): “Un mundo sin periodistas”, pág. 16. El título de esta obra se corresponde con un dicho humorístico del ex premier británico John Major: “Un mundo sin periodistas, sería un mundo más feliz”.
12 MURARO, H. (2000) pág. 29. Este autor va aún más allá en su definición del periodismo de investigación al considerarlo como “una corriente cultural destinada a proteger los intereses y valores de los indefensos” págs. 29 y 30.
13 Op. cit. pág. 130.
14 Ibíd. pág. 30. Muraro entiende por “gobernar bien”: “(…) no sólo administrar los recursos públicos con un máximo de honestidad y eficiencia, sino también controlar el ciclo económico para crear empleo, evitar oleadas inflacionarias, atenuar desigualdades sociales y erradicar la pobreza. Es decir, mucho de lo que ahora parece estar fuera del alcance de la clase política”.
15 Un caso paradigmático sucedió con el ex presidente argentino Arturo Illía, quien fue “avisado” por la prensa con meses de anticipación sobre su caída mediante un golpe de Estado de carácter militar. Unos pocos periodistas de medios conservadores fueron convocados por miembros de las Fuerzas Armadas para dar cuenta de sus planes.
16 VERBITSKY, H. op. cit., pág. 14.
17 No ocultaré aquí el orgullo que me produce esta respuesta tratándose de un ex alumno y ex docente de mi cátedra Taller de Periodismo de Investigación de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata.
18 Durante el año 2002, el gobierno de la provincia de Buenos Aires, una de las más castigadas por la desnutrición infantil y la pobreza, invitó a 600 periodistas (sí, ¡600!) a cuenta del Estado para que cubrieran los juegos juveniles y de la tercera edad bonaerenses llevados a cabo en la turística ciudad de Mar del Plata. Además de costear el viaje, alojamiento y estadía, les fueron obsequiados a cada uno remeras y bolsos deportivos alusivos. Durante el año 2003, el gobernador actual, pretenderá ser elegido para un nuevo mandato. Afortunadamente, algunos medios hicieron una muy dura crítica a esta “estrategia comunicacional”.
19 Nunca olvidaré la patética imagen de un ex profesor que tuve en la entonces Escuela Superior de Periodismo de la UNLP, en la Sala de Prensa del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, vanagloriándose del dinero que había recaudado en un mes en concepto de “contraprestaciones” al gobernador. No me cabe dudas de que el whisky le había hecho aflojar la lengua más de la cuenta.
20 Cuando la recesión no era tan acentuada como hoy en Argentina, en las conferencias de prensa de empresarios, donde se lanzaban nuevos productos al mercado, se les hacían regalos a periodistas, o se sorteaban viajes al exterior, autos y otros presentes. Nadie se iba con las manos vacías.
21 A partir del 17/12/2002 y siguientes.
22 En este sentido los Servicios de Inteligencia que operan en nuestros países, potenciados durante los gobiernos autoritarios, cuentan con un entrenamiento digno de destacarse que no siempre lo ponen en función de la seguridad del Estado, si no más bien para garantizar que el verdadero Poder no sea molestado.
23 Uno de los casos más resonantes en Argentina en los últimos años, lo constituyó el daño físico que le provocaran al entonces periodista del diario Página 12, Hernán López Echagüe, quien finalmente optó por su seguridad y la de su familia radicarse en Uruguay.
24 Leemos en el libro Nunca Más / Informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (EUdeBA, Buenos Aires, 1985, págs. 367-69), lo siguiente: “Si cabe señalar un estamento que notoriamente estuvo bajo la óptica preocupada del siniestro aparato de persecución y represión político-social montado por el gobierno militar, forzosamente habrá que mencionar a los periodistas argentinos. No fue a causa de la casualidad o por error que es tan alta la cantidad de víctimas en proporción a los profesionales que integran el sector: además de afectar con este ataque el vasto campo de la cultura, siempre vista con recelo por las dictaduras, es evidente que se apuntó a silenciar un grupo social de gran importancia para evitar de raíz todo tipo de cuestionamiento público” (…) “Los represores interpretaron que los periodistas ponían en riesgo el pretendido consenso que debía acompañar las muy polémicas y comprometedoras facetas de la acción de gobierno, así como el sigilo y secreto con el que operaba el aparato represivo ilegal que debía paralizar por el pánico a toda la Nación” (…) “… en el lapso comprendido a los primeros meses de gobierno de facto, cuando se instrumentó el basamento funcional para el cumplimiento de sus fines y objetivos, se produce la más alta proporción de secuestros de periodistas” (…) “…el guarismo total de ‘desaparecidos’ de este gremio asciende a un centenar”. Cabe recordar que el 25 de marzo de 1977 es secuestrado una de las figuras emblemáticas del periodismo de investigación: Rodolfo Walsh. El día anterior había instrumentado la circulación pública de una carta abierta a la Junta Militar de Gobierno, por la que diseñaba el cuadro de violación a los derechos humanos y de perjuicios a la economía nacional que caracterizaba al régimen.
25 Rosendo Fraga, es politólogo y director del Centro de Estudios Nueva Mayoría. Sus reflexiones fueron registradas por el autor de estas notas en diciembre de 2002.
26 Op. cit. 170.
27 Rogelio García Lupo es maestro de periodistas y referente del periodismo de investigación.
28 Poder Ciudadano en www.poderciudadano.org.ar.
29 Recomiendo el boletín diario que distribuye gratuitamente por correo-e Periodistas Frente a la Corrupción (www.portal-pfc.org).
30 Jorge Guinsburg, humorista y conductor de “Capocómicos”, en diálogo con Mario Pergolini. Canal à, 15/12/2002.
31 Presidenciable a inicios del 2003 por la Unión Cívica Radical.
32 RUIZ, F. (2001) pág. 13.
33 Op. cit., págs. 63 y 64.
34 Op. cit., pág. 67.
35 Daniel Tognetti es periodista y conductor del programa televisivo de periodismo de investigación Puntodoc que, durante el año 2002, se emitió por el canal América. El concepto aquí citado pertenece a una entrevista publicada por la revista XXIII y que puede verse en www.data54.com/xxiii/212/Nota02.htm.
36 Frak Pierss le atribuye a los medios en la sociedad democrática la función de informar, contribuir a la formación de opinión en la población y controlar a los gobernantes. Seguidamente agrega: “Ante el doble carácter de los medios de comunicación privados y su ‘esquizofrenia incorporada’ como lo define Weischenberg, que oscila entre brindar un servicio público y buscar éxito comercial, una estrategia política destinada a desarrollar los medios masivos de comunicación debe garantizar el pluralismo de opiniones aún cuando se enfrente a la resistencia de importantes intereses sectoriales”. Ver: “¿Cuarto poder o víctima? Los medios de comunicación latinoamericanos en la búsqueda de su identidad” de F. Pierss, en: THESING, J y W. HOFMEISTER (1995) págs. 196 y 197.
37 La Habana, 2 de marzo de 2001.

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Bibliografía:

– BORRAT, Héctor (1989). El Periódico, Actor Político. Gustavo Gili. Barcelona.
– CAMINOS MARCET, José María (1997): Periodismo de investigación. Teoría y práctica. Síntesis, Madrid.
– FRAGA, Rosendo (comp.) (1997): Autopercepción del periodismo en Argentina. Ed. de Belgrano, Buenos Aires.
– GINGRAS, Anne Marie. “El impacto de las comunicaciones en las prácticas políticas”, en: Gauthier, Gosselin y Mouchon (comps.) (1998). Comunicación Política. Gedisa, Barcelona.
– IZURIETA, Roberto, Rubén Perina y Chistopher Arterton (2002): Estrategias de comunicación para gobiernos. La Crujía, Buenos Aires.
– MAJUL, Luis (1999): Periodistas. Qué piensan y qué hacen los que deciden en los medios. Sudamericana, Buenos Aires.
– MARTINEZ PANDIANI, Gustavo (2001): Marketing Político. Campañas, medios y estrategias electorales. Ugerman Editor, Buenos Aires.
– MURARO, Heriberto (2000): Políticos, periodistas y ciudadanos, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires.
– PERUZZOTTI, Enrique y Catalina Smulovitz (2001): Controlando la política. Ciudadanos y medios en las nuevas democracias latinoamericanas. Temas, Buenos Aires.
– RUIZ, Fernando (coord.) (2001): Prensa y Congreso. Trama de relaciones y representación social. Konrad Adenauer Stiftung / La Crujía, Buenos Aires.
– THESING, Josef y Wilhelm Hofmeister (edits.) (1995): Medios de comunicación, democracia y poder. Konrad Adenauer Stiftung / CIDLA, Buenos Aires.
– VERBITSKY, Horacio (1997): Un mundo sin periodistas. Planeta, Buenos Aires.
– WIÑAZKI, Miguel (comp.) (2000): Puro periodismo. Ed. de Belgrano, Buenos Aires.
– WOLTON, Dominique (2001): Pensar la comunicación. Punto de vista para periodistas y políticos, Docencia, Buenos Aires.

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* Alfredo Torre es miembro del Consejo Editorial de Sala de Prensa. Periodista y profesor en Ciencias de la Comunicación Social y licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) en Argentina. Actualmente es profesor internacional de la Maestría Comunicación Política y Marketing Electoral de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, España, y titular del Taller de Periodismo de Investigación y del Seminario de Periodismo de Precisión de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP, en donde también tuvo a su cargo -entre otras- las cátedras Opinión Pública y Propaganda, Periodismo Impreso III y Medios y Centros de Información en anteriores planes de estudio. Además, se desempeña allí como Investigador y también Coordinador Académico de una de sus Extensiones Universitarias (Las Flores). Ha sido Consejero Superior (UNLP) y Consejero Académico (FPyCS). Dirige el Centro de Proyectos y Estudios Interdisciplinarios, organismo gubernamental de la provincia de Buenos Aires dedicado a temas de comunicación, cultura y patrimonio. Ha impartido conferencias, cursos y seminarios de posgrado en distintos ámbitos académicos de Argentina, Bolivia, España y Estados Unidos.

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Mensajero del viento

30 Oct , 2007  

Por Jotaeme Pereira
En el aeropuerto de Pasto un helicóptero de la Policía Nacional se abastece de combustible. Aterrizó de manera lenta. Sus hélices sonaban, tanto así que estremecían los ventanales del restaurante donde estábamos unas veinte personas esperando el llamado para abordar el avión de regreso a casa. Todos vimos su aterrizaje y, luego, tan solo en pocos minutos, el decolaje.
Tenía la figura de un insecto, como la de un grillo o saltamontes. Este abastecimiento no era el primero. Estaba vigilando la ciudad. Era la víspera de las elecciones locales de 2007. El ambiente, como en todo proceso electoral del país, estaba tenso. Y estos saltamontes se multiplican por montones como plagas de época.

En el restaurante del aeropuerto, aunque no hacía calor, cuatro abanicos de aspas daban vuelta y revueltas. Los mozos atendían, muy diligentes, a los pasajeros que esperábamos el avión de Avianca. Tres personajes me llamaron la atención. Habían viajado conmigo en el taxi-colectivo de Pasto al aeropuerto.

Una mujer, abogada, de cabello negro y piel color canela, con bufanda de lana virgen alrededor del cuello, gafas grandes de sol, bien oscuras, de esas que están a la moda. Hablaba hasta por lo poros y viajaba desde Perú y Ecuador. Dijo que se dedicaba a asesorar empresas, que venía a votar en las elecciones de domingo porque no podría permitir que en Bogotá, se fuera a elegir un candidato de la izquierda, “representante de un grupo que había matado a sus profesores en la toma del Palacio de Justicia.”

El otro era un comerciante. Un paisa que tenía almacenes de venta de ropa en Ipiales. Habló de lo avispados que somos los colombianos, lo berracos y pilos porque acá “el que se duerme se lo lleva la corriente”. Se quejaba de los taxistas colombianos, el abuso en el cobro en las tarifas de los peajes y del mal estado de las carreteras. Quería radicarse en Quito, una ciudad amable donde admiraban a los colombianos. Especialmente a las colombianas, afirmó que “en Quito se rumora que el ochenta por ciento de las prostitutas son caleñas y paisas.”

Y el músico, un compositor de cumbias, había trabajado con Lisandro Meza. Ahora tenía su propio grupo con varios CD grabados. Habló de una larga gira por Europa. Había ganado un festival de orquesta en una feria de Cali. Le pidió al taxista que sintonizara una emisora local donde pasaban una entrevista que le habían hecho. Habló de su viaje a Grecia y de cómo “la cumbia, la música colombiana por excelencia, rompía las barreras del idioma”.

Todos estaban agradecidos por la seguridad en las carreteras. El país había cambiado y era necesario firmar el tratado de libre comercio con Estados Unidos. Pero seguramente no estaban enterados del asesinato de los unos veinte candidatos a las corporaciones públicas en los últimos días. El taxista se declaró hincha de Navarro, la abogada detestaba a Petro, el paisa era fiel a Uribe y el músico fanático de la cumbia.

Yo venía de hablar con estudiantes de periodismo durante tres días. Era mi tercer viaja a Pasto. Una ciudad que me había cautivado. Su gente especialmente amable y cariñosa, con un humor muy especial. Grandes montañas, un clima muy agradable. El volcán Galeras, ahí, al frente. En cada rincón, en cada sabor, en cada palabra y en cada persona hay una sorpresa. Con los estudiantes hablamos de ciudadanías, salud y medio ambiente. Ellos hicieron un trabajo de recolección de experiencias de comunicación y periodismo en la ciudad y en el Departamento sobre estos temas. Descubrieron y me mostraron todo lo que, algunas organizaciones, hacen, han hecho y son capaces de hacer a favor de la gente.

Fue una experiencia significativa, llena de información y mucho conocimiento local, hecho allí en la región. Descubrieron, a diferencia de mis amigos viajeros del aeropuerto, que en salud, medio ambiente y en política no todo estaba bien. Estaban convencidos que la situación social andaba muy mal y por ello culpaban a los políticos. Estos jóvenes tampoco sabían cuántos candidatos habían muerto. Estaban preocupados por su futuro laboral. Pero no veían ni al trabajo, la salud, el medio ambiente o la participación ciudadana como problemas centrales de la política. Asociaban la política con politiquería y corrupción. Eso que les habían mostrado muchos de los políticos en ejercicio.

Por los parlantes del aeropuerto nos hacen el llamado para pasar a bordo. Antes se me acerca Jairo, un músico local y me ofrece su CD “Mensajero del viento”. Otro helicóptero se acerca nuevamente, para abastecerse de combustible, totalmente artillado. Es claro que tampoco su tripulación tiene por qué saber el por qué y el para qué de la política, si todo “está bien” en tiempos de miedo y seguridad democrática. El helicóptero se eleva como un mensajero en estos tiempos de tormenta política. Entendí que no era un grillo o un saltamontes como los que veía en la infancia en los Montes de María. Era un mensajero del miedo y no del viento como la música de Jairo.

El voto de la abogada no alcanzó para su propósito. Seguramente el comerciante no ha pensado sobre las consecuencias del TLC en su pequeño negocio. Confirmado, la música sigue siendo nuestro rostro amable en el exterior. El taxista la tenía clara. Mis estudiantes comprendieron más su problemática local. Y el país, contra el miedo que produce el saltamontes y la seguridad democrática, hizo un conjuro: Moreno en Bogotá, Navarro en Nariño, Verano de la Rosa en Atlántico, Maríamulata en Cartagena, Salazar en Medellín y Ospina en Cali. Definitivamente, los colombianos, están aprendiendo a ¡no hacer caso!

JM Pereira
jotaeme61@hotmail.com
30-10-07

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“Con tutela nadie puede imponer entrevistas o noticias”, dice Manuel José Cepeda

29 Oct , 2007  

Cepeda calificó de perversa la situación que se da cuando las EPS les sugieren a sus usuarios que usen la tutela para que ellas puedan darles tratamientos no incluidos en el POS y cobrar el 100 por ciento.Para este magistrado de la Corte Constitucional, considerado ‘padre’ de la tutela, eso lo ha dicho el alto tribunal en sus sentencias. Publica El Tiempo.

Pero aclara que “eso no significa que la Constitución no garantice el pluralismo informativo, o que la Constitución no garantice que haya un flujo diverso de opiniones pensando en que el ciudadano tenga la mayor diversidad de perspectivas para formarse su criterio como ciudadano. La garantía del pluralismo no puede pasar por formas de censura ni imposición de criterios externos a quien orienta y dirige un medio de comunicación.

Yamid Amat: En el caso de la libertad de prensa, ¿por qué hay jueces que se equivocan al desconocer jurisprudencias claras de la Corte Constitucional?

Manuel José Cepeda: Desde 1993 se consolidó una jurisprudencia constitucional que protege claramente la libertad de prensa. Los jueces siguen esa jurisprudencia, pero a veces hay eventos en los cuales no ha sido así. Usualmente, la Corte selecciona la tutela y profiere un fallo para ajustarla a lo que ha sido su jurisprudencia. Tengo varios puntos de vista. Primero: me parece que lo fundamental es que los medios de comunicación defiendan rigurosamente esa libertad; segundo, es necesario que se divulgue y que se siga la jurisprudencia de la Corte Constitucional que ha sido protectora de esa libertad; tercero, la Corte Constitucional ha dicho que la tutela no puede ser deformada ni convertida en un instrumento de censura en ninguna de sus modalidades.

¿Cuáles son las modalidades contra la libertad de prensa?

Ha dicho la Corte que hay censura por tres vías: cuando se impide que un medio de comunicación o un periodista diga lo que quiere decir; cuando se le impone decir lo que no quiere decir o cuando hay amenazas, que en lugar de silenciar, paralizan o inhiben el flujo abierto de opiniones e informaciones.

Hay quienes creen que la libertad de prensa es un derecho de los periodistas. Pero, realmente, es un derecho de los lectores, los televidentes o los oyentes. Derecho a recibir una información imparcial, oportuna y veraz. ¿No es así?

Así lo ha dicho, clarísimamente, la Corte Constitucional. El destinatario y beneficiario último de la libertad de prensa es el ciudadano.

¿Y el alegato de que todos los candidatos a un cargo tienen los mismos derechos para acceder a los medios de comunicación?

La Corte ha dicho en múltiples pronunciamientos que la igualdad no es matemática, que existen diferencias entre personas o grupos de individuos que son relevantes. Además, la Corte ha dicho que un periodista que dirige un medio de comunicación es quien ejerce la discrecionalidad para orientar el medio y que nadie desde afuera puede imponerle criterios para obligarlo a entrevistar a alguien, darle prelación a una información sobre otra o abrirle espacio a unas opiniones específicas. La jurisprudencia ha subrayado que una cosa es el derecho de réplica frente a las opiniones -derecho reconocido por el artículo 112 de la Constitución a los partidos y movimientos de oposición- y otra muy distinta es el derecho a obtener la rectificación de informaciones erradas o inexactas que lesionen la honra, derecho reconocido por el artículo 20 a cualquier persona que se sienta afectada en su buen nombre.

Si hay ‘tutelitis’, es porque hay ‘abusitis’

La tutela es la gran conquista para la defensa de los derechos de los colombianos. ¿Se está abusando de ella?

Cuando la gente se siente maltratada, siente que hay arbitrariedades o abusos contra ella, acude a la tutela como el mejor instrumento para defenderse. Si hay ‘tutelitis’, es porque hay ‘abusitis’ contra los derechos de la gente. Un dato ilustra lo que está pasando: estamos llegando a cerca de 300 mil tutelas por año. En 1992 hubo un poco más de 10 mil. Desde 1993, cada cinco años se duplica el número. Este crecimiento significa que los derechos cuentan y que la Constitución se aplica. La tutela le da poder a los débiles, resuelve en paz toda suerte de conflictos, construye ciudadanía, es un camino muy eficaz de participación, es la última esperanza que le queda a muchas personas de ser protegidas en su dignidad humana. Quienes deben evitar que la tutela se use mal son los jueces. Los jueces son los garantes del buen uso de la tutela.

¿Y cuando son los jueces quienes usan mal la tutela?

Cuando un juez de primera instancia comete un error, cabe una apelación. Y si el juez de segunda instancia también comete un error, la Corte Constitucional puede revisar la sentencia, de tal forma que hay tres oportunidades para evitar que una tutela mal fallada conduzca a una situación indebida.

¿Pero quién decide que hubo un error del juez?

La parte afectada. Es ella la que puede apelar o pedir revisión cuando la tutela llegue finalmente de manera automática a la Corte para su eventual revisión.

¿Por qué, entonces, todos los que resultan afectados no demandan, alegando error del juez?

La tutela se ha vuelto tan legítima que el que pierde en primera instancia tiende a aceptar que perdió, porque si no se protegió su derecho en primera instancia es porque no lo tiene.

A veces el juez cierra la puerta a la segunda instancia cuando dicta una orden cautelar, es decir, hay que cumplir lo que el demandante solicita, mientras se dicta sentencia de fondo. ¿Eso no se presta a arbitrariedades?

La regulación vigente dice que las medidas cautelares deben ser excepcionalísimas y si hay una orden cautelar, el juez debe dar la oportunidad para que también muy rápidamente el afectado pueda defenderse, de tal manera que haya plenas garantías para el ciudadano contra quien se dictó la tutela.

¿Esos no son vacíos que imponen cierta reglamentación?

La tutela ya ha sido reglamentada. Lo que falta es reglamentar los derechos. Me explico: en materia de salud, por ejemplo, no existe una ley estatutaria que regule el alcance del derecho a la salud; eso lleva a que por vía de tutela tenga que desarrollarse el derecho a la salud. La tutela funciona muy bien. Falta reglamentar el alcance y los límites de cada derecho. Es una tarea difícil, pero 15 años de jurisprudencia de la Corte Constitucional son una excelente base para avanzar en esa dirección.

Los dos derechos más invocados

¿Qué derechos se reclaman mayoritariamente en las tutelas?

El 40 por ciento de las acciones de tutela tienen que ver con derechos sociales , según datos del 2003. El derecho a la salud se ha vuelto el más invocado. En 1995, solo el 4,6 por ciento de las tutelas reclamaban el derecho a la salud, mientras que en la ultima estadística alcanzó el 36 por ciento; la tutela por salud ocupaba el puesto 11 al comienzo, en 1993; ahora ocupa el primer lugar.

¿Cuál es el segundo ?

El derecho de petición. Es el 28 por ciento, que me parece alto. Su origen esta en que no hay sensibilidad de la administración para responder o atender una solicitud del ciudadano. La gente se ve obligada a acudir a los jueces para obtener lo más elemental: que le respondan su petición. Es importante resaltar que los jueces se han abierto mucho más a decidir de fondo las tutelas. Un dato interesante es que en el año 93 se encontró que los jueces negaban el 76 por ciento de las tutelas. En el año 2003 sólo se negó el 37 por ciento . En la última estadística, en solo salud, el 87 por ciento de las tutelas fueron concedidas.

Cuando a una persona le niegan un tratamiento médico, la EPS, con frecuencia, le recomienda que presente tutela. ¿Por qué?

Eso se debe a varias razones. Una de ellas es un estímulo perverso que está en la regulación del sistema de salud. Si una EPS da un tratamiento no previsto en el POS, sólo puede recobrar el 50 por ciento de ese tratamiento ante el Fosyga (fonodo de garantías). Pero si concede ese tratamiento no por iniciativa propia sino porque un juez de tutela se lo ordena, puede recobrar el 100 por ciento. La regulación está creando un estímulo a que se acuda a la tutela para efectos de salud. Eso es, repito, perverso. Una ley reciente, la 1122 de 2007, trató de solucionar ese problema pero solo respecto de las enfermedades llamadas de alto costo.

¿Cómo se puede corregir esa situación sin afectar los derechos de la gente?

No puedo darle un consejo a la administración, pero sí puedo resaltar que ese incentivo perverso está en actos administrativos que se podrían modificar sin necesidad de acudir a una reforma legislativa. Si las EPS aceptan el tratamiento pedido, así no esté en el POS, y el Fosyga les reconoce el 100 por ciento, no habría ninguna razón para presentar acción de tutela; se presentan porque el Fosyga reconoce el 50 por ciento. A pesar de lo anterior, aplicable a servicios médicos no incluidos en el POS, no se puede pasar por alto que la mitad de las tutelas en salud son para pedir lo que sí esta incluido en dicho plan básico. Ese es otro problema.

¿No es injusto que una tutela obligue, por ejemplo, a pagar indebidamente una pensión y si el funcionario se niega a acatarla, termine en la cárcel?

Su pregunta plantea un dilema: ¿Qué es peor: dejar que cada persona que recibe la orden de un juez decida si la cumple o no, hasta cuando se decida la segunda instancia, o entender que las órdenes judiciales siempre deben ser acatadas y esperar prudentemente a que por las vías institucionales se corrija el error? Es un dilema muy difícil. Sin embargo, si la regla general llegare a ser que las órdenes de los jueces sólo se cumplen hasta tanto se revisen, la tutela dejaría de ser inmediata y eficaz para proteger nada menos que los derechos fundamentales.

¿Cuántas se han fallado desde cuando comenzó ese derecho?

Un millón 767 mil 15 tutelas.

Tutela y ‘choque de trenes’

En los últimos días se ha advertido un enfrentamiento entre los poderes ejecutivo y judicial. ¿Esa discrepancia podría terminar en una tutela?

La Constitución expresamente dice que las ramas del poder público deben colaborar armónicamente entre sí, pero dentro del respeto a la autonomía e independencia de cada una. La propia Constitución prevé mecanismos institucionales para resolver las controversias y en este como en muchos otros casos, como ya ha sucedido en el pasado, serán las vías institucionales el camino a seguir. En últimas, el caso al que usted se refiere podría originar un reclamo tutelar.

¿Para proteger la autonomía del poder judicial?

No es posible descartar que la controversia que ha sido de conocimiento público termine tramitándose como una acción de tutela, promovida por cualquiera de los interesados. Esa es la vía institucional última para resolver un desacuerdo donde está en juego derechos de tipo constitucional. Por eso no puedo pronunciarme sobre ese caso concreto. Hasta el momento, el trámite se hace en la Fiscalía General, pero si llega a haber desacuerdo sobre algún aspecto de esa decisión que comprometa derechos fundamentales -y el tema de la independencia de la justicia es una garantía del debido proceso que es un derecho fundamental- cabría eventualmente una acción de tutela y eso termina en la Corte Constitucional. Por eso, guardo silencio absoluto sobre el tema.

‘Papá’ de la tutela

El Magistrado de la Corte Constitucional Manuel José Cepeda es considerado el ‘padre’ de la acción de tutela en Colombia, por haberla sugerido, como consejero del presidente César Gaviria, en la Constitución de 1991.

YAMID AMAT
ESPECIAL PARA EL TIEMPO
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Acerca del aporte del canal público de TV Señal Colombia

26 Oct , 2007  

El diario colombiano EL Heraldo ponderó la nueva programación del canal de televisión pública Señal Colombia, destacando su contenido y las producciones. El nuevo formato realizado por Rtvc para Señal Colombia incluye un diseño gráfico conceptual y una parrilla de programación que refleja la cultura colombiana de forma moderna.
La mañana del canal está dedicada exclusivamente a los niños, con programas internacionales alternada con opciones nacionales; la segunda franja está dirigida al público juvenil; la tercera es la familiar, en la que se exhiben documentales nacionales, latinoamericanos e internacionales; y por último está la franja de cine en la noche. Información publicada en el diario El Heraldo (Colombia).

Canal público estrena programación
Señal Colombia le apuesta a los ‘pelaos’

Las opciones que ofrece en diversidad de contenido y producciones, responden
a los televidentes que buscan algo más que telenovelas y formatos extranjeros.

Por RICARDO RODRÍGUEZ VIVES

En 1970 Inravisión emitió un canal televisivo con una programación fundamentalmente educativa, cultural y deportiva. El espacio tenía el nombre de canal 11.
Dos años después cambió a Cadena 3, para tomar en 1981 el nombre que llevaría durante 14 años: Canal 3. Una renovada transformación llegaría en 1995, año en que el canal adoptó una designación de importante significado: Señal Colombia, un concepto de identificación nacional detrás de un nombre.
Como parte del proceso, el canal cultural no ha dejado de evolucionar. Nuevos cambios vendrían con el pasar del tiempo, hasta quedar bajo el manejo de la recién conformada Radio Televisión Nacional de Colombia (Rtvc) en 2005, cuando el presidente Uribe liquidó Inravisión. El nuevo formato realizado por Rtvc para Señal Colombia ha sido un ‘revolcón’, con la inclusión de diseño gráfico conceptual y una parrilla de programación que refleja la cultura colombiana de forma moderna.

Encarando el reto digital

El pasado 22 de septiembre Señal Colombia lanzó su nueva programación, dirigida especialmente al público infantil. Para esta franja el canal introdujo programación internacional, apuntando ser una alternativa en contenidos y diversidad de producciones.
Kathy Osorio, gerente de Rtvc, asegura que la nueva parrilla de programación implementa un mensaje único que indica el avance actual de la televisión pública en el país.
“Señal Colombia está evolucionado en dos sentidos: basada en estudios cuantitativos y cualitativos, la información que recibimos muestra unos indicadores importantes acerca de qué es lo que desean ver los colombianos; cuáles son sus hábitos. A partir de allí realizamos una política de programación en el canal, que es la que observan los colombianos en este momento. El segundo tema toca la parrilla de programación con la migración tecnológica; sabemos que vienen cambios próximamente en los cuales hay que adelantarse: la televisión digital es la que se muestra al mundo en este momento”, argumenta la funcionaria.
Osorio agrega que la institución desarrolla en este momento un centro de misión digital que adoptará la más reciente tecnología de punta en televisión. “La migración tecnológica va de la mano dentro del concepto de nueva programación; es decir, no solo es una programación con contenidos de calidad, también es atractiva visualmente y placentera de asimilar”, dice.

Los jóvenes, el público objetivo

La parrilla de Señal Colombia está desarrollada en tres franjas. La mañana está dedicada exclusivamente a los niños, con programas internacionales como Barney y sus amigos, Caillou y HI 5, alternada con opciones nacionales como Jaibana y Wanana. Estas variadas propuestas superaron el rating del canal, de 0,02% a un 3.8%. “Creo que Señal Colombia ha evolucionado desde que se le dio un vestido, un carácter gráfico. La franja infantil que se llama Mi Señal Colombia ha logrado que los niños se identifiquen con su televisión; tiene particularidades muy especiales, un gran diseño, con colores y texturas que le gusta al público infantil”, dice Osorio.
La gerente precisa que la segunda franja, dirigida al público juvenil, está liderada por el programa La Sub 30, propuesta audiovisual que ha extraído del anonimato a numeroso talento artístico colombiano. En este momento se promociona Ruido Blanco y Por la Trocha. “En estos dos programas, los protagonistas son los jóvenes: historias de vida urbanas o morraleros que recorren el país con una mirada lúcida y diferente, mostrando información de las regiones del país”, anota la gerente.
La tercera franja es la familiar, que exhibe documentales nacionales, latinoamericanos e internacionales, finalizando con una franja de cine en la noche. “Estamos invirtiendo en talento colombiano, dando importancia especial a las producciones que no responden a necesidades comerciales ni de anunciantes, sino que responde a unas necesidades de país. El colombiano no desea ver telenovela solamente, desea ver otras cosas y nosotros somos la alternativa para esas otras cosas”, afirma la Gerente General de Rtcv.

Un experto opina

Jorge Humberto Klee, docente y especialista en televisión, argumenta que la programación de Señal Colombia es de innegable calidad, pero que debe enfatizar más en la identidad colombiana. “Los programas infantiles tienen un contexto universal que pueden llegarle a todo público, pero en el caso de los internacionales, siempre están vendiéndonos su forma de pensar, su idiosincrasia; y sin querer lesionan nuestra identidad. Lo nuestro debe ser impulsado mucho más”.
“Programas como La Sub 30 y Culturama son buenos ya que retienen nuestra idiosincrasia y suman el aporte juvenil de las nuevas generaciones. Se evidencia cómo piensan y quieren transmitir los jóvenes su mensaje: con liberalidad y franqueza; funcionan para que los muchachos se identifiquen con ellos. Por otro lado, la televisión colombiana está dominada por los programas del exterior, a excepción de las novelas. Quienes dicen que el TLC va a acabar con nuestra televisión, no se han dado cuenta que la TV colombiana está invadida hace mucho tiempo por lo extranjero, que nos roba la identidad. Esa es la misión de Señal Colombia: dar a conocer en su totalidad lo que es nuestro”, dice Klee.

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La necesidad ética del periodismo

20 Oct , 2007  

Por Sergio Ramírez
La globalización es un fenómeno que representa una integración vertiginosa de los mercados, pero también ha creado una nueva concepción de la cultura, y una nueva visión de la información. Hoy no existen en el mundo distancias remotas, ni acontecimientos de ayer. En los siglos de la colonia, las coronaciones de los reyes de España se celebraban en América ya cuando esos reyes habían muerto, o enloquecido.
Ahora, el poder de las imágenes nos atrapa con su presencia instantánea; todos los dramas se representan a domicilio, y todas las catástrofes entran cotidianamente en nuestra vida privada. El resplandor de la pálida hoguera del aparato de televisión ilumina nuestra caverna. Es nuestro oráculo cotidiano.

En la mente del escritor de ficciones, y en la mente del escritor de realidad, también se arman escenarios simultáneos, que tienen la misma calidad instantánea, y en muchos sentidos comos prisioneros de esos escenarios. No puedo huir de las visiones de la realidad. Lo que siempre tendré en mis manos es un modelo para armar, con piezas sorpresivas que me entrega esa misma realidad que llega desde la vida turbulenta y desde las imágenes que reflejan esa turbulencia.

La aldea global es una aldea en llamas donde los conflictos se suceden unos a otros sin vínculos aparentes, pero bajo una misma variada escenografía en la que pesan visiones contrastadas del mundo. El horror a domicilio. Todo podemos verlo sentados frente al televisor. La locura con garras nos acompaña a la hora de la cena. No hay escenarios distantes. Todo ocurre dentro de nuestra propia casa, y dentro de nuestras propias conciencias intrigadas por el siguiente capítulo de la gran telenovela global.

Ultramodernas guerras de conquista por el dominio de las fuentes del petróleo, como ya no creímos ver más desde los tiempos coloniales, transmitidas con la fanfarria de las grandes superproducciones cinematográficas. Fanatismos irreductibles, raciales y religiosos, que alientan el terrorismo que ha borrado todas las fronteras; el racismo renacido en Europa de las cenizas de los crematorios de los campos de concentración.

América Latina resplandece cada noche en las pantallas frente a nuestros ojos con fulgores de azufre. Bandas de asesinos paramilitares cuyos líderes, vestidos como ejecutivos de negocios con trajes de Gucci dan cuenta de sus víctimas enlistadas en la memoria de una lap top, y ancianos guerrilleros obesos que reina en la selva convertidos en aliados de los narcotraficantes.

Narcotraficantes que se sientan en retretes de oro macizo, van en peregrinaciones a Jerusalén, y coronan reinas de belleza que luego pasan a ser sus trofeos de caza, héroes de los corridos norteños que cantan sus hazañas.

Pandilleros adolescentes organizados en fraternidades bajo códigos de honor secretos, inscritos en sus tatuajes, que aprendieron el arte de matar en las calles de Los Ángeles y en las propias pantallas de televisión, y que se ven a sí mismos como héroes de su propia película.

Caudillos que encienden fuegos mesiánicos en las cuevas del poder, destinados por la divina providencia a quedarse gobernando para siempre, en la repetición de una de nuestras más viejas fantasmagorías decimonónicas, la del poder repetido en un juego infinito de espejos.

Revolucionarios con cuentas cifradas en dólares, prósperos empresarios entrenados en los viejos manuales del materialismo histórico, que cuando entraron en triunfo a la plaza colmada de pueblo, tantos años atrás, no tenían segunda camisa que ponerse. Los sueños de la razón, que siempre engendran monstruos.

Los símbolos han sido trastocados. El heroísmo ha dejado de ser un atributo de los buenos, para trasladarse a una frontera difusa entre el bien y el mal. Los ideales y el heroísmo han dejado de pertenecer a un territorio seguro para convertirse en una materia borrosa. ¿De qué lado del espejo nos hallamos?

El espectador de las películas de acción made in Hollywood siempre ha sabido que hay un vengador que terminará haciendo justicia a balazos, matando a decenas de villanos y haciendo volar sus madrigueras con armas cada vez más mortíferas. El vengador justiciero empapa de sangre la pantalla, mutila, tortura, hace padecer al delincuente para que pague su culpa antes del tiro final. Un estremecimiento de gozo sacude al espectador; nuestro amor a la justicia se vuelve sádico. ¿Pero dónde ocurre todo esto, en la vida, o en la ficción? ¿Y quién mata a quién? ¿De qué lado estamos por fin? ¿Cuál es la vestidura de los héroes? ¿Y los ideales?

Verdad y ficción pasan a ser sacudidas por los mismos estremecimientos, o a caber en las mismas certidumbres. Lo que recrean las películas de Tarantino viene a ser lo mismo que lo que sucede de verdad en las calles de Río de Janeiro, donde los niños mendigos son muertos a balazos para limpiar la ciudad, o en las de Ciudad Juárez, donde cada día muere asesinada al menos una mujer que antes ha sido torturada y mutilada, o en Guatemala, donde un obispo es ejecutado al día siguiente de presentar su informe sobre crímenes de guerra, su nombre agregado a la lista de miles de víctimas que él mismo había elaborado.

La muerte por causas naturales viene a ser la excepción sin gloria. Puedo resumirlo en aquella historia de la madre que se acerca al niño absorto frente a la pantalla del televisor, y le dice que su abuelo ha muerto. El niño, sin quitar los ojos de la pantalla, sólo pregunta: “¿Quién lo mató?”.

Pero también hay otras imágenes que me acompañan con persistencia. La imagen de un niño en el desierto de Eritrea. Alguna vez se está peleando allí una guerra absurda, por una franja de arena frente al océano Índico. Mientras el ejército etíope avanza, los refugiados que cargan sus pocas pertenencias se van multiplicando. Y aquel niño moribundo queda atrás, seguramente porque su familia ha muerto. Y es el momento en que un fotógrafo alemán hace la foto. En esa foto el niño famélico de piel seca, más bien parece un anciano. El paisaje es también una piel seca, la tierra dura de las eternas sequías fragmentada como una tela de araña. Y al lado del niño, atento, paciente, vigila un buitre. El buitre sabe que sólo le toca esperar. Nuestros cielos están llenos de buitres.

O al cerdo le toca esperar. Nicaragua, 1998. Una avalancha de piedras, lodo, troncos descuajados que han descendido desde las faldas de un volcán arrasadas por la voracidad de los traficantes de madera, sepulta decenas de aldeas. Sobre el gris sucio del barro que define todo el horizonte, está tendido el cadáver desnudo de un niño de unos tres años. A su derecha, un cerdo negro y flaco lo husmea, acercándose. Un horizonte infinito de cal y ceniza en el visor, no hay cielo en el campo del encuadre, sólo gris, la silueta más oscura del niño desnudo y la silueta más oscura aún del cerdo que avanza, la pelambre enlodada, el hocico entreabierto en el que se adivinan los colmillos, la ranura de los ojillos, las orejas puntiagudas alertas, la cola en espiral, la pelambre enlodada. La violencia de la naturaleza, apurada por la ambición. El paisaje está lleno de cerdos hambrientos.

La violencia deja unas aguas teñidas de sangre para entrar en otras aguas espectrales, de la guerra a la miseria, madre terrible de todas las violencias, cataclismos que sólo exponen la penuria de los que desde antes eran damnificados. Los huracanes, los terremotos, no hacen sino sacudir y desgarrar el telón que cubre su indigencia.

De las tinieblas a la luz. El mundo iluminado que puede seleccionarse en trescientos canales distintos de televisión, en las revistas ilustradas, en los suplementos a colores de los periódicos, queda al alcance como la fruta dorada del paraíso. No hay más que estirar la mano. Automóviles inteligentes, hoteles de seis estrellas, tarjetas de crédito de platino que pagan por todos los sueños artificiales, cruceros de vacaciones por las aguas azules del Caribe en barcos de veinte pisos, pantallas de plasma para cubrir toda una pared donde las imágenes son siempre de tarjeta postal, espectaculares equipos de sonido que retumban dentro de los hogares.

Para quienes seducidos por el hedonismo de los tiempos pueden comprar algo de ese paraíso a plazos, la promesa de felicidad sin fin se vuelve una droga alucinógena. Para el que no tiene nada, aquel es un eco lejano que arrastra una música atrayente; así comienza, primero en las mentes, el éxodo hacia la tierra prometida distante. Los efectos de la prédica que no cesa han sido devastadores en el alma de quien busca la frontera del paraíso.

Medio millón de africanos vagan por el desierto esperando acercarse a las alambradas que dividen África de Europa en Ceuta y Melilla, para saltarlas una noche de tantas, o escabullirse debajo de ellas y abandonar así el corazón de las tinieblas. ¿Cuánto tiempo podrá Europa tener africanos como estrellas de sus equipos de fútbol, dueños de las portadas de las revistas deportivas, y detener a la vez la avalancha de inmigrantes ilegales que vienen a represarse tras las cercas de alambre desde sus oscuros y lejanos países casi abolidos hoy por las hambrunas, las enfermedades y las sequías, y no pocas veces las disputas de poder resueltas en guerras tribales que sólo generan más miseria y abandono?
Nadie escoge a sus vecinos de geografía, pero el vecino más inquietante de Europa es África. Nadie escoge a sus vecinos de geografía, pero el vecino más inquietante de Estados Unidos seguirá siendo América Latina. Millones de latinoamericanos avanzan clandestinos hacia la tierra prometida. Espaldas mojadas que se lanzan a nado a las aguas del río Grande, que se arriesgan a morir de sed, o calcinados, en el desierto de Arizona, asfixiados dentro de vagones de ferrocarril, congelados dentro de camiones frigoríficos.

El símbolo más ominoso durante la guerra fría fue el muro de Berlín. Ahora los Estados Unidos alza un muro de más de dos mil kilómetros para detener a quienes van en busca del sueño americano. Un muro inteligente, atravesado por rayos láser, armado de detectores ultrasensibles, vigilado por aviones sin tripulantes. “Dadme a tus cansados, a tus pobres, a las muchedumbres que ansían respirar libertad”, suena la vieja frase en el viejo disco rayado.

La nueva filosofía levanta un muro frente a los desnudos y los hambrientos. Y también proclama que han quedado abolidas las viejas reglas. La decencia, la primera de ellas. La exacerbación del individualismo, que justifica el enriquecimiento a toda costa, abre ante los pies el abismo de lo ilícito. Para enriquecerse, como manda el nuevo credo, no valen reglas. La violencia contra la conciencia. La ética ha sido demolida desde sus cimientos. La principal violencia que sufrimos es la violencia ética.

El descrédito repentino de las utopías sociales, a la caída del socialismo burocrático, creó primero un vacío, no exento de estupor, y en seguida una sustitución virulenta. Las luchas y los sacrificios para conseguir un mundo nuevo sin explotación ni miseria, terminaron en fiasco y desencanto, y en el enriquecimiento masivo de unos pocos. Ahora había que pensar en el yo, tantas veces pospuesto. Una carrera para recuperar el tiempo perdido que significó la carrera hacia el abismo ético.

Sólo hemos alcanzado a tocar con la mano los frutos más amargos, y eso podemos advertirlo en la realidad, y en la pantalla. En los dos ámbitos, el mundo se divide frente a nuestra percepción: la oferta del paraíso del consumo, y la violencia y la miseria que se engendra en su entorno. Dos ámbitos que resultan, obviamente, contradictorios pero no excluyentes. En el mundo global, consumo y violencia están conviviendo.

Y la corrupción está en la foto. La manifestación más importante de la violencia ética es la corrupción, no como la actitud esporádica de un grupo de individuos, sino como una conducta que afecta al cuerpo social y busca de manera solapada una carta de legitimidad en la conciencia individual, y en la colectiva. Ese es el mayor daño.

Frente a los ojos del ciudadano los actos de corrupción no tienen castigo. Negocios ilícitos a la sombra del Estado, tajadas en las privatizaciones, apropiación de bienes públicos, licitaciones amañadas, quiebras fraudulentas de bancos. Lavado de dinero a gran escala. La gente común adquiere la certeza de que hay una raya insalvable que traza los privilegios de la impunidad, privilegios que se vuelven naturales. La gente común transforma entonces su sentimiento de indefensión, en impotencia, y la impotencia, muchas veces en cinismo. ¿Si los otros pueden, porqué no yo? Y esa deserción ética en la conciencia, es la que concede al fenómeno de la corrupción un carácter orgánico. Nunca hemos estado tan desprovistos de una brújula ética como ahora.

Gobernantes electos por el voto popular que terminan prófugos de la justicia pero mantienen ocultas sus fortunas, o, lo que es peor, vuelven a presentarse como candidatos, y mantienen altas cuotas de poder político.

Héroes de la gran novela negra. Vladimiro Montesinos, que en nombre del convicto presidente Alberto Fujimori logró comprar en Perú desde reinas de belleza hasta periodistas deportivos, animadores de televisión y empresarios de supermercados, diputados y militares, dueños de diarios y a los periodistas de esos diarios, y mientras compraba a todo el mundo, también robaba, y mataba.

Pero junto a la violencia contra la ética, está también la violencia contra la democracia. El autoritarismo nos amenaza siempre desde el fondo de nuestro pasado. También de esa violencia tenemos noticia todos los días. La inoperancia de las instituciones, el miedo a emitir leyes justas y el temor a dar sentencias justas. Y junto al desprecio a las leyes y a la Constitución, la retórica que ampara la falsedad y la falta de transparencia en la conducta política.

Y la violencia de la ignorancia. El fenómeno de la globalización está imponiendo un mundo dividido no sólo entre los que tienen y no tienen, sino, más dramático aún, entre los que saben y no saben.

Dominar el conocimiento, estar al día, participar de las claves tecnológicas del desarrollo significará la integración, o el ostracismo; y el ostracismo de la ignorancia llevará aún a mayor pobreza. Sin educación, veremos al avance de la humanidad como espectadores, a través de las pantallas que siempre estarán allí, pero no seremos ni actores, ni partícipes. La violencia de la ignorancia será entonces más patética aún.

Abismos repetidos. Quizás como en ningún otro lugar del planeta, los escritores latinoamericanos nos hemos vistos a nosotros mismos como profetas de nuestro tiempo. Quizás sea una arrogancia. Pero al menos, tenemos un papel insoslayable, que es el de testigos, y al ser testigos, somos también cronistas.

Ver, y tocar. La historia pública ha estado siempre en la sustancia de nuestra escritura, como lo está en la sustancia del periodista, y nunca ha sido posible contar historias privadas fuera del gran escenario de la historia pública, que nos seduce por sus anormalidades.

La épica narrativa no viene a ser sino la suma de las pequeñas épicas, los dramas representados, a lo mejor, en las esquinas más oscuras del escenario, entre la miseria y la corrupción, el éxodo hacia los espejismos y la épica pervertida, y, además, la recurrencia viciosa de nuestro pasado.

Porque el pasado tiende a repetirse de manera viciosa, y aunque volvamos a ver las mismas imágenes de ayer, esas imágenes sabidas vuelven a sorprendernos. Tiranos y caudillos. Demagogos de feria que ofrecen aguas de colores como elíxires para todos los males. Estuvieron en la vida, estuvieron en la historia, y estuvieron en la novela. La rueda gira, y vuelven a aparecer en el escenario con perturbadora constancia.

Frente a esta perspectiva, lo más inquietante no es la materia de que estarán hecha los periódicos en el futuro, ni la forma en que las noticias llegarán a nosotros, sino cómo estará definido en términos éticos el universo de la información, desde luego que cualquiera que sea el mundo en que vivamos, siempre dependeremos de la necesidad de saber lo que ocurre.

Nadie ha previsto por el momento un mundo de seres solitarios, que no tengan que comunicarse entre sí, o un mundo donde los medios de comunicación no tengan un papel ético que cumplir. Es decir, el papel ético que representa la búsqueda de la verdad.

Buscar la verdad significa descubrir. Levantar tapaderas, abrir cerrojos, arrancar máscaras. Y el poder, por su propia naturaleza, busca ocultar. A mayor respeto de la institucionalidad democrática, mayor transparencia, mayor rendimiento voluntario de cuentas. Pero mientras tanto, el periodismo siempre estará enfrentado al poder. Es su fiscal natural.

Hoy elegimos a nuestros gobernantes en la generalidad de los países de América Latina. Pero el hecho del voto popular no confirma todo el proceso democrático, que es un asunto de todos los días, y pasa necesariamente por la libertad de expresión, que es también un asunto de todos los días.

Y nuestra democracia contemporánea engendra paradojas. Tenemos gobernantes autoritarios legítimamente electos, y ésa es la contradicción más visible de nuestros tiempos en América Latina.

Gobernantes legítimos que se empeñan en conspirar contra la democracia misma, en el afán de quitar de por medio todo aquello que sirve de obstáculo al poder sin límites que quisieran tener en la manos, entre esos obstáculos los medios de comunicación críticos. Y eso que ellos consideran obstáculos, son nada menos que los pilares de la institucionalidad.

No olvidemos que el periodismo nació en Latinoamérica en el siglo diecinueve en contra del poder. En las mesas de redacción, instaladas al lado de las imprentas manuales y las cajas de chibaletes, y lo mismo al lado de los polvorines, se sentaban quienes tenían la doble condición de periodistas y luchadores por la libertad para escribir libelos, una palabra entonces legítima. Más que noticias, sin embargo, difundían ideas. De la mesa de redacción se solía subir al caballo para las campañas militares, o pasar a la cárcel, o al ostracismo, cuando no al paredón de fusilamiento.

La terquedad, la visión de un solo color, fue una herencia decimonónica. Se estaba completamente en contra o completamente a favor. No había líneas intermedias, no había espacios de tolerancia, ninguna posibilidad de reconocer en los hechos ángulos diferentes a las posiciones de cada bando.

Aquella identidad original entre ideología y difusión de ideas, más bien que de noticias, se ha ido modificando en aras de la objetividad a la hora de informar, pero no se ha modificado la toma de distancia frente al poder. Para beneficio de la modernidad, los periódicos que respaldan al gobierno de turno incondicionalmente y pasan a ser sus voceros, se vuelven malditos. Los lectores reclaman siempre un espíritu crítico de parte del periódico que leen, un espacio de independencia, la garantía de que si se está cocinando algo malo en las alturas, el periódico debe exponerlo.

En este sentido, los medios de comunicación cumplen en América Latina con una función sanitaria cuando denuncian los actos de corrupción, y cuando lo hacen de manera seria, y documentada, llegan a sustituir a los órganos de control de los Estados.

Tienen, así, el papel de suplir muchas de las carencias y deficiencias de nuestros sistemas, asegurando una posición crítica e independiente, y garantizando que en sus espacios quepa el debate abierto. Este es un puntal necesario de la sociedad democrática, que los gobiernos autoritarios siempre van a tratar de disminuir

Si los medios de comunicación tienen una función crucial, entre otras varias, es la de contribuir a que los gobernantes se sometan a las leyes, y no que ellos sometan a las leyes. Que tenga más peso la voluntad de las instituciones, que la voluntad de los individuos. Que la autoridad, en fin, sustituya al autoritarismo, y que los espacios de libertad ganados, no sean maltratados, ni reducidos. Entre ellos, por supuesto, el de la propia libertad de prensa.

Por eso el poder público cierra medios de comunicación, usa las cuentas publicitarias del Estado como arma para someter, y reprime a los periodistas, que caen también bajo la represión de otras manifestaciones de poder que no son ya las del Estado, sino fácticas, como ocurre hoy con el narcotráfico. Un poder oscuro y despiadado, pero eficaz.

Sólo en México, hacia donde se ha ido trasladando el centro de gravedad del negocio de la droga, 35 periodistas han sido ejecutados desde el año 2000, y hay periódicos que han decidido el cierre temporal ante las amenazas, como el diario “Cambio Sonora”.

Frente al edificio del diario “Tabasco Hoy”, en Villahermosa, fue arrojada hace poco la cabeza de un redactor, mientras su cuerpo decapitado apareció en otro paraje de la ciudad. Ya el diario había sufrido ataques con bombas y granadas de fragmentación, y uno de sus reporteros había desaparecido. Horror y terror que no cantarán los narcocorridos.

Mucho se habla de la suerte del periodismo escrito, y acerca de la desaparición de los periódicos, tal como los conocemos hoy. No estoy seguro de cuándo se publicará el último ejemplar de un periódico impreso, o de un libro impreso. Pero sí estoy seguro de que cualquiera que sea la forma en que el relato de los acontecimientos llegue a los ojos del lector, ese relato dependerá siempre de una mente aguda y creadora que seguirá averiguando en nuestro nombre, con garra ética y con sustancia ética.

En un mundo tan lleno de falacias, donde los villanos son tomados no pocas veces por héroes, a los verdaderos héroes debemos buscarlos en las redacciones. Son los que no se doblegan, ni se dejan aturdir por el poder. Y porque no ceden en su dignidad, ni se alquilan, ni se venden, ni se callan, ni se arredran, construyen a diario ese heroísmo que consiste no sólo en arriesgar la vida, sino en hacer que en la vida de los demás, quienes los leen, se arraigue el sentimiento de compartir la verdad.

La verdad, que según las viejas palabras del Evangelio de San Juan, tiene el poder de la redención, porque siempre que conozcamos la verdad, la verdad nos hará libres.

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Buscando talentos

20 Oct , 2007  

Ha de ser por falta de Lobby, de notoriedad o de conocimiento. Pasada la fase dura de los premios que por esta época curan tantas vanidades en diversas partes del orbe, a nuestro país, así fuese por escasez del triunfalismo de otras épocas, ni siquiera lo mencionaron en las múltiples nominaciones, científicas, políticas y literarias, casi todas ganadas, para variar, por estadounidenses y europeos.

Cada año el gobierno colombiano, así como hizo con El TLC debería nombrarle a los premios internacionales un embajador itinerante que reúna las relaciones de Ivonne Nichols con la eficiencia de Gloria Zea y la capacidad de convocatoria de Tatiana de los Ríos, como lo saben casi todos los centros comerciales del país.

Aquí desde hace años, para poner un ejemplo, tenemos expertos, en la banca y en la bolsa, para la toma de decisiones sociales en situaciones en las que los agentes económicos tienen información privada y la utilizan de forma estratégica. Con ese veredicto, la academia Sueca le acaba de entregar el premio Nobel de Economía a los norteamericanos Hurwicz, Maskin y Myerson. Estaban chiviados. Queda el consuelo eso sí, que nuestros aventajados connacionales ganan más dinero cada mes que el que entrega el banco central de Suecia cada año, y por la misma razón.

Si el premio Nobel de física se lo otorgaron al Francés Fert y al alemán Grunberg por la miniaturización de dispositivos, no se comprende cómo no tuvieron en cuenta a Fabio Echeverry y a Luis Guillermo Giraldo, que han logrado el milagro de reducir todo el presente y el futuro políticos a un diminuto articulito. Son casi los progenitores de lo que en algunos años se conocerá como nanocracia.

Tampoco se entiende cómo llegaron a estar nominados Evo Morales y Hugo Chávez para el Nobel de paz, que pasó a manos, con nueve grandes dudas, de Al Gore, y hayan ignorado, como si fuesen árbitros paraguayos, los esfuerzos y desvelos por tanto kilometraje del Comisionado Luis Carlos Restrepo, que si fueran medidos en gasolina de avión deberían por lo menos generar el mismo sentimiento entre sus compatriotas, que ese mismo combustible produjo en una exdiva televisiva, según lo relata en su libro, los monólogos de la Virginia.

Si hubiera un premio mundial de parasicología, el ganador incuestionable debería ser el asesor presidencial José Obdulio Gaviria, quien de manera profética anunció en la edición del 29 de julio de 2007 en este diario, la llegada del año de la histeria, dos meses antes de que se conociera la carta astral que dio lugar al choque de órbitas y casi de narices, con la Corte Suprema.

Si hubiese justicia seríamos declarados como el país más pluriétnico y más diverso del planeta, como lo acaban de demostrar estudios genéticos, y de paso se acabarían los intentos de ponernos de acuerdo a las malas como si fuéramos los ganadores de un boleto de viaje forzado (en una embarcación con escasa libertad de acción) que a propósito, narra Julio Cortázar en su novela Los Premios, de la cual, tuvimos noticias los colombianos antes de que la pujante industrialización televisiva tuvieran la visión que ahora tiene.

Y claro habría menciones especiales para los periodistas deportivos como los más acomodados, y para los candidatos a la alcaldía de Bogotá como los más raizales y para el presidente Uribe por mantenerse en el top ten de popularidad durante 270 semanas, con reconocimientos tan diversos y merecidos como sus honoris causa en derecho, comunicación, ingeniería y el autocontrol.

Lo ven? Talento es lo que tenemos, así las candidaturas para las elecciones del próximo 28 parezcan decir lo contrario.

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MORALEJA: ¿Dejaría usted la suerte de sus hijos y de su ciudad a un candidato que tiene como símbolo de campaña el uso de zapatos rotos? Y NO estamos hablando de Cartagena. Sintomàtico que sea sea el santo y seña de Peñalosa para identificarse con el pueblo. La que nos espera…

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De cómo y para qué sirve un periódico

17 Oct , 2007  

Por Javier Moreno. Director de El País de España.
Desde que hace bastantes meses comenzamos los esfuerzos que culminarán el próximo domingo en el primer gran cambio que El País experimenta en sus 31 años de historia, hubo una pregunta que se habría de repetir luego en tantas reuniones que acabó por convertirse en el primer gran escollo que parecía necesario solventar antes de poder avanzar.
Primero, con timidez, asomó en citas internas, de la casa, donde esbozábamos ideas aún nonatas y garabateábamos borradores que todavía no lo eran; pero después devino en un crescendo al que se sumaron, a ambos lados del Atlántico (por eso somos el periódico global en español), tantos amigos, lectores y colaboradores:

-¿Y para qué cambiar?

Cuando logramos formular la respuesta, ya estuvo hecho casi todo. Hubo un día en que por fin atrapamos los perfiles de ese anhelo en una frase muy sencilla: cambiamos por responsabilidad; por responsabilidad con nosotros mismos, en primer lugar, como periodistas; por responsabilidad con nuestros lectores y, por extensión, por responsabilidad con la sociedad a la que nos dirigimos y con la que ya contrajimos ese compromiso hace 31 años, cuando el periódico vio la luz por vez primera.

El diario -independiente de la mañana- que salió a la calle entonces era un feroz compromiso con la sociedad de aquel momento, con las libertades, con la democracia, y con el cambio que se estaba produciendo tras 40 años de una dictadura insólita en Europa occidental. Y ése fue su éxito: su independencia insobornable, su capacidad de entroncar con los anhelos y con las aspiraciones de la centralidad de la sociedad española de 1976. Esto es, su capacidad de constituirse, a la vez, en referencia del país al que se dirigía y en foro público donde conformar la opinión pública de la nación, un elemento imprescindible de la democracia tal como la hemos entendido hasta ahora.

Por eso no creemos que el periodismo esté en crisis; y si nos hubiéramos de preocupar por el futuro de los periódicos, mejor haríamos en hacerlo por el futuro de la democracia misma. Por eso cambiamos. Un periódico es, entre otras muchas cosas, una mirada compartida con sus lectores a lo largo de los años. Y para seguir desempeñando esa función con éxito en los próximos 15 o 20 necesitamos conectar con las generaciones que se convertirán en el eje central de este país en ese periodo de tiempo. A todos los niveles: un nuevo discurso narrativo; otra manera de contar lo que sucede; cómo se les ofrece y qué se les ofrece; un nuevo perfil de la modernidad, que ahora tiene poco que ver con la que se impuso hace tres décadas; Internet. Asumimos la responsabilidad de todo ello porque queremos seguir siendo el espacio público para la formación de un consenso en torno al proyecto democrático: hemos venido a serlo desde 1976. Muchos otros han renunciado; ninguno puede aspirar a él desde la posición de primacía de EL PAÍS en España y en el universo que se expresa en español a ambas orillas del océano Atlántico.

No estamos hablando de que las fotos sean más grandes o más pequeñas; no estamos toqueteando unos detalles en los márgenes para ver si las páginas quedan un poco más modernas; no pretendemos más vistosidad como puro efecto pirotécnico. Nos estamos jugando cuestiones fundamentales para la España de los próximos 20 años. Y tenemos una idea muy clara de qué país queremos, porque ser independientes no implica cargar con la losa de la indiferencia o la equidistancia: aspiramos a una sociedad abierta, liberal, moderadamente progresista, lo que muchas veces ha venido a identificarse con las posiciones del centro izquierda de este país, aunque a propósito de sonadas trifulcas con Gobiernos socialistas los más tontos o los más interesados hayan realizado muchos aspavientos de incredulidad que, de ser sinceros, tan sólo muestran un grado supino de desconocimiento de cómo se ejerce el poder, de cómo se ejerce el periodismo independiente, y de cómo se relacionan ambas cosas entre sí. Y así pretendemos seguir, igual de beligerantes, de independientes y de incómodos para todos los poderes como, con el apoyo de nuestros accionistas, ejecutivos y redactores, hemos venido siendo desde 1976. Ni más, ni menos.

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Los guerreros de la información

17 Oct , 2007  

Por Javier Darío Restrepo
Durante cuatro meses, una campaña de manejo de medios, que costó 397.000 dólares, logró mantener lejos de las hogueras del escándalo los errores y abusos del ejército de Estados Unidos en Afganistán. Publica El Colombiano. El mismo recurso se había utilizado cuando miles de personas murieron en Chorrillos, el barrio popular de ciudad de Panamá durante la invasión de Estados Unidos. La prensa mundial dio cuenta de 500 muertos nada más.

Un contrato de información estratégica por 100.000 dólares con la Oficina de Información Estratégica, OSI en inglés, en febrero de 2002 fue el comienzo de una campaña de desinformación para hacer del Islam un enemigo como el comunismo durante la guerra fría. El emirato kuwaití durante 10 meses pagó un millón de dólares mensuales para una campaña que creó la ilusión de que el pueblo de Estados Unidos apoyaba la liberación de ese emirato; de esa campaña hizo parte la difusión de historias de horror como la que contó una niña de 15 años que habría visto entrar soldados de Irak a una clínica y dar muerte a 15 bebés en sus incubadoras. Después, ante el House Committee on Foreign Affairs, se habló de 312 bebés asesinados por los iraquíes. Fueron acusaciones que sensibilizaron a la opinión para que respaldara la invasión militar del 12 de enero de 1991 a Irak. Caían en Bagdad las primeras bombas cuando el periodista Alexander Cockburn demostraba en Los Ángeles Times que las historias de bebés asesinados eran falsas. La ABC y Seymour Hersh no se pusieron de acuerdo: ¿fueron 33 o 100 millones de dólares los que pagó la CIA para la creación del Consejo Nacional Iraquí, la institución de bolsillo que debía cambiar la opinión de los iraquíes y validar la segunda guerra del golfo?

En todos estos episodios figura el nombre de John Rendón, junto con la empresa Hill y Knowlton, como contratistas de actividades de propaganda y relaciones públicas, al servicio de gobiernos o entidades anticomunistas en el mundo. En la página web del Grupo Rendón se afirma que ha trabajado en 80 países y entre ellos menciona los contratos con el Ejército, la Marina, la Fuerza Aérea y la Policía de Colombia, entidades con las que este grupo elaboró programas de entrenamiento de comunicaciones estratégicas y un programa multifacético para el Ministerio de Defensa en coordinación con el Departamento de Defensa de Estados Unidos.

Franklin Foer en The New Republic, 20-08-02, describía el trabajo de Rendón como una estrategia de golpes efectistas, respuestas veloces que deslumbraban al público y frases breves fáciles de recordar: la CIA sin embargo ante sus desmesurados costos y su trabajo amateur de propaganda negra decidió realizar una auditoría a la empresa.

Este es el perfil del asesor contratado por el ministro Juan Manuel Santos para el partido de la U y luego para el Ministerio de la Defensa, en donde parecería que ha estado detrás de campañas como la de las cartas de poker con las imágenes de los jefes guerrilleros, copia de la que se puso en circulación con los principales colaboradores de Hussein después de la invasión a Irak.

Pero lo más revelador es el estilo mantenido en la acusación contra Rafael Pardo, reproducido en dos ocasiones contra Carlos Gaviria e intentado contra el senador Petro en cabeza de su ex esposa. Todos estos intentos desinformativos, si no son suyos, tienen la misma torpe marca Rendón. Ellos son de izquierda, luego tienen que ser malos: el hecho no está comprobado, pero no hace falta verificar y si ellos lo desmienten, era la aclaración que necesitábamos, que fue la singular lógica manejada por el ministro Santos en el episodio The Guardian. En cada caso tuvo que rectificar, pero el daño ya estaba hecho y de eso se trataba.

J. Rendón se ha definido como un guerrero de la información y un administrador de la percepción, tan eficaz que convirtió a los periodistas durante las guerras del Golfo en dóciles turistas bélicos a quienes los mandos militares les mostraban lo que querían cuando querían, según el estudio de Naief Yahya sobre Guerra y Propaganda.

Trasladar esta guerra de la información al Ministerio de Defensa equivaldría a convertir en política oficial el uso de la mentira, la calumnia y la desinformación, que son las armas de la propaganda negra de Rendón. Copiar la política de la tercera vía del primer ministro Blair fue un intento torpe, pero inocuo, pero trasplantar lo peor de la política de engaño de los presidentes Bush, los contratistas de Rendón, es degradar aún más la política colombiana.

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Las chispoteadas presidenciales y el periodismo

10 Oct , 2007  

El fuerte cuestionamiento del presidente Uribe la semana pasada por varias emisoras al corresponsal en Colombia del diario El Nuevo Herald de Miami, Gonzalo Guillén, suscitó preocupación en organizaciones de prensa nacionales e internacionales. Publica El Tiempo.
Así lo consignaron en estos días tanto la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), como la Fundación para la Libertad de Prensa (Flip) y Reporteros Sin Fronteras. Estas organizaciones temen los posibles efectos que puedan tener estos pronunciamientos del jefe del gobierno en un país donde los periodistas han sido blanco de tanta violencia e intimidación.

Por otra parte, ante la descalificación de su periodista, a quien el Jefe del Estado definió como “calumniador profesional”, el director de El Herald, Humberto Castelló, expresó su extrañeza por estas afirmaciones y sostuvo que su diario jamás había recibido “una sola queja, ni solicitud de corrección del Presidente por las publicaciones de nuestro corresponsal”. A quien el Primer Mandatario sindicó también de ser el inspirador del libro de la ex amante de Pablo Escobar, Virginia Vallejo, cuyas perversas alusiones a Uribe habían suscitado ya una enérgica aclaración suya. Guillén respondió que nada tenía que ver con el libro, que ni siquiera lo había leído, pero que había recibido amenazas de muerte a raíz de las acusaciones de Uribe, de quien exigió una rectificación. Sería bueno saber quién está en lo cierto.

En sí mismas, las declaraciones radiales del Presidente no constituyen una violación de la libertad de prensa, ni un acto de censura oficial. Podrían incluso entenderse como legítimo derecho de réplica de una persona que se siente ultrajada en su honra y en la de su familia. Pero Álvaro Uribe no es un ciudadano cualquiera, sino el que detenta la más alta investidura del país y, como tal, sus opiniones o juicios adquieren significados particulares.
Y hay que decir -porque ya hay varios antecedentes- que no deja de ser inquietante el tono agresivamente descalificador con que el Presidente suele rechazar críticas o informes periodísticos que considera desacertados. No habla bien de la tolerancia y mesura esperadas de quien gobierna al país más conflictivo del hemisferio. Un país donde, como dijo el director de El Herald, al lamentar el cuestionamiento a su corresponsal desde la cúpula del Estado, “a los periodistas no los corrigen con cartas sino con balas”.

Manes, en fin, de una ya conocida y por lo visto irrefrenable tendencia del Primer Mandatario a ‘chispotearse’. Él mismo ha dicho que es “frentero” y es posible que haya asesores presidenciales que alimenten su espíritu camorrista porque creen que al electorado le gusta ver a Uribe siempre “fajado” con sus opositores. Pero otra es la lectura que se tiene en el exterior -entre, por ejemplo, los demócratas del Congreso estadounidense-, donde las salidas de casillas del Presidente se perciben más bien como salidas en falso.

El presidente Uribe debería rememorar con más frecuencia sus tiempos de estudiante en Oxford y recordar las lecciones que han dado tantos gobernantes británicos sobre cómo salir al paso con fría elegancia o fino humor a las acusaciones ponzoñosas y críticas malintencionadas que inevitablemente atraen los altos cargos públicos. Tony Blair dio memorables muestras de refinado sarcasmo al responder a despiadados ataques de la prensa inglesa. Pero el maestro de la ironía en este campo ha sido Winston Churchill, de quien, a propósito del tema, cabe recordar una célebre frase: “En el curso de mi vida he tenido a menudo que comerme mis palabras, y confieso que siempre me ha parecido una dieta saludable”.

* * * *

Si las ‘chispoteadas’ presidenciales contra periodistas suscitan justificadas inquietudes en el campo de la libertad de prensa, hay actuaciones concretas de la Justicia que resultan tan alarmantes como indignantes. Como la del juez que decretó en estos días la libertad del sicario que asesinó al subdirector de La Patria de Manizales, Orlando Sierra. Condenado a 29 años, el homicida cumplió apenas cinco y medio, gracias a diferentes descuentos y beneficios que otorga la ley.

Desafía toda lógica que cuando se ha logrado que la ley considere el asesinato de periodistas como causal de agravación del delito, la misma legislación consagre favorecimientos que terminen en penas tan irrisorias para crímenes tan graves. A raíz de este hecho, la Asociación Nacional de Diarios (Andiarios) ha planteado la urgencia de revisar el Código Penal para que la aplicación de beneficios no conduzca a contradicciones tan aberrantes.

El sicario que le arrebató la vida a Orlando Sierra se pasea hoy libre por las calles de Manizales, mientras que los autores intelectuales de este crimen aún no han sido tocados por la justicia, pese a los abundantes indicios que existen. Fiel y patético reflejo de uno de los mayores flagelos que conspiran contra la libertad de prensa en Colombia: la impunidad que rodea el asesinato de tantos periodistas valientes y honestos.

editorial@eltiempo.com.co