Feliz año nuevo, colombianos

Nuestros más fervientes deseos por un año 2007 pleno de felicidad, prosperidad, amor y buenas noticias a todos nuestros visitantes, colegas, colaboradores y amigos. Que Dios nos bendiga.

Las herramientas del mejor reportero del mundo

Allí, junto al Pripiat, afluente del Dnieper, había nacido Chain Weizmann, quien en 1949 sería el primer presidente de Israel, y Golda Meir, en 1969, la primera Ministra del nuevo Estado. Por Minerva Salado. Allí también nació, el 4 de marzo de ese 1932, Ryszard Kapuscinski, Pinsk estuvo ocupada por los nazis desde 1941 a 1944. Polonia albergaba la mayor parte de las comunidades judías de la Europa Oriental.
Integraba a unos tres millones de personas y, dentro del país, Bielorrusia mostraba la composición más alta de hebreos.
Los nazis se comportaron allí con máxima crueldad y una vez sometido el territorio penetraron las fronteras soviéticas por la ciudad limítrofe de Brest, a pocos kilómetros de Pinsk. Este fue el panorama que vivió Kapuscinski de los nueve a los doce años de edad.

La presencia nazi en su ciudad natal venía a añadir los despiadados elementos del odio y la persecución a los padecimientos ancestrales de la región. Pinsk era un sitio tocado por el dolor, en el cual regía una intensa mezcla de identidades, sumergido siempre en litigios territoriales, cuando no enfrentamientos.

Por tanto, al empezar a ejercer como corresponsal en los países del entonces llamado Tercer Mundo, las imágenes de la guerra y del odio, como ha dejado dicho, no le fueron ajenas. Tampoco las de la pobreza, el olvido, el abandono. Tenía 26 años y había egresado de la carrera de Historia en la Universidad de Varsovia cuando se decidió por el periodismo, aunque no dejó de ser historiador. Creía que todo periodista es un historiador, “investigar, explorar, describir la historia en su desarrollo” es su tarea.

No obstante, el instrumental básico con que enfrentó su ejercicio de diarista provenía de la propia experiencia de vida; luego, en el avatar del trabajo internacional, perfeccionó las dos herramientas con que había llegado a la profesión y que, juntas, constituyen su más esencial legado: el anonimato y la lejanía del poder.

MEMORIA Y LIBRETA DE NOTAS

Kapuscinski poseía una intuición especial, una pupila poco común pero muy entrenada, para observar la realidad. Preguntar era confirmar lo que ya de algún modo sabía; escuchar era abrir puertas a la información real. Oír lo que se comentaba en el bar o en el café mientras leía las noticias del día o bebía una cerveza y luego salir a indagar como un curioso más entre la gente, sin grabadoras que lo identificaran, solo con una furtiva libreta de notas y, desde luego, su memoria.

Memoria que era capaz de atrapar ambientes, momentos, circunstancias, que después refería en las crónicas y reportajes que poblaban, primero, las páginas de los diarios del mundo y, luego, sus libros. La libreta de notas era solo un auxiliar que, con un fragmento de diálogo o una simple palabra, podría reproducir más tarde en el soliloquio del cuarto de hotel toda una entrevista.

Porque Kapuscinski nunca pudo sustituir el diálogo humano por ese género periodístico que describen los manuales como entrevista. Sus reglas eran otras y entre ellas la fluidez, la ausencia de un cuestionario previamente elaborado y mucho menos leído ante el entrevistado, que él sustituía, eso sí, por el conocimiento del tema y la exposición abierta al contacto humano, siempre imprevisible, que manejaba como un misterio en el influjo de la conversación.

De este modo el periodista se convirtió en un instrumento preparado, engrasado, listo para entrar en acción en cualquier momento y circunstancia. Tenía, no obstante, requerimientos que actuaron siempre como dispositivos de comunicación propios, a fin de allegarse la información: conocer varias lenguas, ser un ávido lector capaz de obtener lo necesario de forma rápida y en situaciones poco comunes; ejercitar la habilidad para dialogar con personas de diferentes culturas, creencias, costumbres, o lo que es lo mismo: prestar atención a los otros.

Pocas veces se juntan en una sola persona las cualidades que aportó Kapuscinski a la ética y a la práctica del periodismo: inteligencia, talento, honestidad, valentía, sensibilidad humana. Le tocó ejercer en una sociedad plena de limitaciones para ofrecer la información, algo que describió en Los cinco sentidos del periodista, donde refiere las habilidades que desarrollan los más avezados para evadir de algún modo la censura: “Los que trabajamos en el sistema sabíamos más o menos cómo escribir en ese ambiente”, dice; sin embargo, considera que el peor efecto de la coacción sobre la información es la autocensura, y en tal sentido su diagnóstico se vuelve dramático: “Abandonar la pelea diaria por encontrar un camino de expresión implicaba una situación sicológica de resignación ante la adversidad que vivíamos”.

A la experiencia polaca, Kapuscinski sumó el contacto con órganos internacionales de información de varios países y gran prestigio, lo cual le hizo ver el fenómeno de la censura como algo inherente a la propia existencia de los medios, asunto que definió así: “Mientras más grandes sean el periódico, el canal de televisión y la estación de radio, mayor será la censura. En estos terrenos juegan otros intereses antes que la verdad. Y en ese juego no hay una respuesta buena. Hay que luchar y negociar, porque no hay otra solución que hacer los mejores compromisos que podamos para nuestra misión profesional”.

A partir de tal convicción, construyó herramientas que le permitieron esquivar la censura y de algún modo alcanzar la verdad. La más importante entre ellas, tal vez la única imprescindible, fue mantenerse lejos del poder, no recibir de él los beneficios que en cualquier sistema este ofrece a los periodistas, en especial aquellos que los acercan a puestos de dirección, colmados de prebendas.

Solo así, lección de Kapuscinski, es posible conservar las manos libres y, de hecho, limpias.

de Israel, y Golda Meir, en 1969, la primera Ministra del nuevo Estado.

Allí también nació, el 4 de marzo de ese 1932, Ryszard Kapuscinski, Pinsk estuvo ocupada por los nazis desde 1941 a 1944. Polonia albergaba la mayor parte de las comunidades judías de la Europa Oriental, que integraba a unos tres millones de personas y, dentro del país, Bielorrusia mostraba la composición más alta de hebreos. Los nazis se comportaron allí con máxima crueldad y una vez sometido el territorio penetraron las fronteras soviéticas por la ciudad limítrofe de Brest, a pocos kilómetros de Pinsk. Este fue el panorama que vivió Kapuscinski de los nueve a los doce años de edad.

La presencia nazi en su ciudad natal venía a añadir los despiadados elementos del odio y la persecución a los padecimientos ancestrales de la región. Pinsk era un sitio tocado por el dolor, en el cual regía una intensa mezcla de identidades, sumergido siempre en litigios territoriales, cuando no enfrentamientos.

Por tanto, al empezar a ejercer como corresponsal en los países del entonces llamado Tercer Mundo, las imágenes de la guerra y del odio, como ha dejado dicho, no le fueron ajenas. Tampoco las de la pobreza, el olvido, el abandono. Tenía 26 años y había egresado de la carrera de Historia en la Universidad de Varsovia cuando se decidió por el periodismo, aunque no dejó de ser historiador. Creía que todo periodista es un historiador, “investigar, explorar, describir la historia en su desarrollo” es su tarea.

No obstante, el instrumental básico con que enfrentó su ejercicio de diarista provenía de la propia experiencia de vida; luego, en el avatar del trabajo internacional, perfeccionó las dos herramientas con que había llegado a la profesión y que, juntas, constituyen su más esencial legado: el anonimato y la lejanía del poder.

MEMORIA Y LIBRETA DE NOTAS

Kapuscinski poseía una intuición especial, una pupila poco común pero muy entrenada, para observar la realidad. Preguntar era confirmar lo que ya de algún modo sabía; escuchar era abrir puertas a la información real. Oír lo que se comentaba en el bar o en el café mientras leía las noticias del día o bebía una cerveza y luego salir a indagar como un curioso más entre la gente, sin grabadoras que lo identificaran, solo con una furtiva libreta de notas y, desde luego, su memoria.

Memoria que era capaz de atrapar ambientes, momentos, circunstancias, que después refería en las crónicas y reportajes que poblaban, primero, las páginas de los diarios del mundo y, luego, sus libros. La libreta de notas era solo un auxiliar que, con un fragmento de diálogo o una simple palabra, podría reproducir más tarde en el soliloquio del cuarto de hotel toda una entrevista.

Porque Kapuscinski nunca pudo sustituir el diálogo humano por ese género periodístico que describen los manuales como entrevista. Sus reglas eran otras y entre ellas la fluidez, la ausencia de un cuestionario previamente elaborado y mucho menos leído ante el entrevistado, que él sustituía, eso sí, por el conocimiento del tema y la exposición abierta al contacto humano, siempre imprevisible, que manejaba como un misterio en el influjo de la conversación.

De este modo el periodista se convirtió en un instrumento preparado, engrasado, listo para entrar en acción en cualquier momento y circunstancia. Tenía, no obstante, requerimientos que actuaron siempre como dispositivos de comunicación propios, a fin de allegarse la información: conocer varias lenguas, ser un ávido lector capaz de obtener lo necesario de forma rápida y en situaciones poco comunes; ejercitar la habilidad para dialogar con personas de diferentes culturas, creencias, costumbres, o lo que es lo mismo: prestar atención a los otros.

Pocas veces se juntan en una sola persona las cualidades que aportó Kapuscinski a la ética y a la práctica del periodismo: inteligencia, talento, honestidad, valentía, sensibilidad humana. Le tocó ejercer en una sociedad plena de limitaciones para ofrecer la información, algo que describió en Los cinco sentidos del periodista, donde refiere las habilidades que desarrollan los más avezados para evadir de algún modo la censura: “Los que trabajamos en el sistema sabíamos más o menos cómo escribir en ese ambiente”, dice; sin embargo, considera que el peor efecto de la coacción sobre la información es la autocensura, y en tal sentido su diagnóstico se vuelve dramático: “Abandonar la pelea diaria por encontrar un camino de expresión implicaba una situación sicológica de resignación ante la adversidad que vivíamos”.

A la experiencia polaca, Kapuscinski sumó el contacto con órganos internacionales de información de varios países y gran prestigio, lo cual le hizo ver el fenómeno de la censura como algo inherente a la propia existencia de los medios, asunto que definió así: “Mientras más grandes sean el periódico, el canal de televisión y la estación de radio, mayor será la censura. En estos terrenos juegan otros intereses antes que la verdad. Y en ese juego no hay una respuesta buena. Hay que luchar y negociar, porque no hay otra solución que hacer los mejores compromisos que podamos para nuestra misión profesional”.

A partir de tal convicción, construyó herramientas que le permitieron esquivar la censura y de algún modo alcanzar la verdad. La más importante entre ellas, tal vez la única imprescindible, fue mantenerse lejos del poder, no recibir de él los beneficios que en cualquier sistema este ofrece a los periodistas, en especial aquellos que los acercan a puestos de dirección, colmados de prebendas.

Solo así, lección de Kapuscinski, es posible conservar las manos libres y, de hecho, limpias.

Mil palabras por una imagen

La imagen de Íngrid Betancourt en el video de las Farc, inmóvil y callada en su cautiverio, es muchas cosas a la vez. Un documento probatorio. El símbolo de una tragedia colectiva. Una obra de arte. Antonio Caballero escribe en Arcadia sobre la última imagen que se conoció de Íngrid Betancourt, secuestrada por las Farc hace seis años

Un documento de índole, digamos, notarial: una “prueba de supervivencia” en el sentido burocrático que le dan a ese término la guerrilla y el gobierno, como simple constancia fidedigna de que una persona todavía no está muerta. Pero también una prueba de supervivencia en el sentido más profundo de que da fe de la dignidad de una vida humana. En la carta que va con el video le escribe Íngrid a su madre que “todo lo que ha sucedido acá es inaceptable”; y me vienen a la memoria unos versos de Czeslaw Milosz:

“La vida era intolerable.
Pero fue tolerada”.

La muerte en vida del secuestro la ha tolerado Íngrid durante seis años, y la foto lo confirma: sigue viva. Pero es inaceptable. Y el hecho de que ella no la ha aceptado, la foto lo demuestra: eso es lo que dice elocuentemente su silencio, eso es lo que subraya su impasibilidad frente a la intromisión de la cámara. De manera que el video de la guerrilla se convierte además en una prueba de cargo contra la propia guerrilla, que con él revela en qué consiste su proclamada “forma superior de lucha”: en mantener durante años a una persona amarrada a un árbol como si fuera un perro. (Por las palabras de uno de los compañeros de infortunio de Íngrid Betancourt sabemos que los carceleros les acaban de quitar, para la foto, la cadena de cuello). El video retrata al mismo tiempo a la fotografiada y sus fotógrafos: la entereza moral de la una y la degradación política de los otros.

Esas imágenes son también un símbolo: la representación alegórica de la tragedia colombiana. Íngrid Betancourt secuestrada, abandonada y sola, personifica a todas las víctimas de esta guerra que vivimos, hombres y mujeres, viejos y niños; los secuestrados y los desaparecidos, los humillados, los ofendidos, los expulsados, los despojados, los desplazados. Es a causa de esa representatividad general que, a riesgo de ofender a los/as doctrinarios/as de la corrección de género, titulo esta nota con las palabras Ecce Homo, “he aquí al hombre”, y no Ecce Mulier, “he aquí a la mujer”, como lo hubiera requerido la adecuación de sexo. Además de rebuscado, el título hubiera sido restrictivo. En cambio es universal la figura del Ecce Homo, el Cristo humillado y azotado exhibido ante el público por Poncio Pilatos, que en el arte de Occidente, de Pisanello y el Bosco a Otto Dix y a Rouault, ha sido tradicionalmente usada para encarnar y compendiar a todos los hombres que padecen a manos de otros hombres. Ecce Íngrid.

Una obra de arte. La luz de ceniza que difumina en una penumbra mate los verdes de la selva y baña de plata a la prisionera perfilando sus rasgos macilentos, apenas piel y huesos. El cuerpo inmóvil, las manos anudadas sobre las rodillas, los brazos delgados como cuerdas, el largo pelo crecido de magdalena en el desierto, el párpado entornado por la melancolía bajo las altas cejas, y la boca cerrada. Una obra de arte involuntaria
por parte de su autor material, el esbirro de las Farc que maneja la cámara; arte bruto, habría que llamar a eso: arte sin conciencia. Y arte consciente por parte de la protagonista. Una obra de arte firmada por la voluntad de Íngrid Betancourt.

Inocentadas en tecnologìa

La credibilidad es uno de los activos que los periodistas y los medios en los que publicamos esgrimimos durante todo el año ante nuestros lectores. Se supone que quienes nos leen pueden fiarse de nosotros, porque sabemos de qué hablamos, o al menos nos hemos documentado antes de escribir. Publica la Vanguardia.es.

Sin embargo, hay un día al año en que todo salta por los aires y nos permitimos la licencia de contar alguna mentirijilla. En el ámbito hispanohablante, ese día es hoy: 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes. Las inocentadas periodísticas son una tradición bien asentada, y es costumbre tratar de colar entre las noticias auténticas alguna ‘bola’ más o menos ingeniosa, que mañana desvelaremos junto a las perpetradas por nuestros colegas.

En el sector tecnológico, la rápida evolución de los productos y las empresas hace que muchas veces cueste distinguir entre la realidad y la ficción. Y desde que Internet ha democratizado la labor de informar, es más fácil que nunca que un bulo se propague y amplifique, en ocasiones de manera intencionada y en otras por simple error.

En este campo, la mayoría de las inocentadas aún se originan en inglés. Y de hecho, ni siquiera se producen en diciembre, sino el primero de abril, fecha en que los anglosajones celebran el denominado April Fool’s Day. En esa fecha, conviene poner en duda cualquier dato que se refiera a chismes digitales y las empresas de cacharritos.

Algunas inocentadas son premonitorias. Por ejemplo, The Register publicó en abril de 2002, cuando los blogs eran todavía un fenómeno incipiente, que America Online (AOL, el mayor proveedor mundial de acceso a Internet) iba a comprar los 200 blogs más importantes de la red. Era broma, pero dejó de serlo en octubre de 2005, cuando AOL adquirió Weblogs Inc., una de las dos redes principales de sitios temáticos, por 25 millones de dólares.

Otras bromas de abril se inspiran en cuestiones arraigadas en el inconsciente colectivo. Es el caso de una noticia aparecida ese mismo 2002, asegurando que Microsoft iba a comprar Apple para convertirla en su departamento de usabilidad, dedicado a mejorar la facilidad de uso de sus productos. También había algo de cierto: el próximo 30 de enero, Microsoft lanzará al mercado Windows Vista, la nueva versión de su sistema operativo para PC, y quienes lo han probado dicen que muestra un parecido más que sospechoso con el Macintosh de Apple.

Sin dejar a las dos empresas citadas, muchos creyeron ver visiones cuando Steve Jobs, presidente de Apple, introdujo en una de sus populares presentaciones a quien pasaba por ser su mayor adversario, el mismísimo Bill Gates, que intervino por videoconferencia en el acto para anunciar una inversión multimillonaria de Microsoft en Apple. No era broma, ya que Microsoft es el mayor proveedor de software para los ordenadores de Apple, pero venía a ser como Aznar participando en un mitin de Zapatero.

Por su enorme músculo financiero, Microsoft ha sido objeto de innumerables bromas a lo largo de los años. A finales de 1994 circuló por la red un mensaje asegurando que la firma de Bill Gates había adquirido la Iglesia católica Fue tan difundido que la empresa se vio forzada a desmentirlo formalmente. Otras cosas que Microsoft ha ‘comprado’ o absorbido al cabo de los años son el sistema operativo Linux (2003), competencia de su Windows, y el navegador Firefox, competencia de su Internet Explorer.

Además del Vaticano, otros estados han protagonizado tecno-bromas sonadas. Sin ir más lejos, la de este mismo año en el citado The Register, según el cual China habría adquirido Google .

La propia Google, que pugna duramente con Microsoft por la posición dominante en el sector tecnológico, es objeto de inocentadas por partida doble. Por una parte, las ajenas, pero sobre todo las propias: la firma suele propagar bulos internos cada primero de abril. Si en 2000 anunciaba el lanzamiento de MentalPlex, una tecnología capaz de leer la mente del usuario y encontrar lo que éste busca sin necesidad de teclearlo, en 2002 aseguraba que su algoritmo PageRank de clasificación de los resultados de búsqueda era en realidad fruto del trabajo de una batería de palomas mensajeras, denominada Pigeon Rank. Este año le ha tocado el turno a Google Romance, un supuesto buscador de pareja que promete el mismo índice de acierto que el buscador de webs.

Lo curioso es que Google suele aprovechar el primero de abril para anunciar servicios auténticos, contribuyendo notablemente a la confusión. Así, en esa fecha de 2004, Google presentó Gmail , su sistema de correo-e web con buzones gratuitos de 1 GB de capacidad en un momento en que la competencia no ofrecía más que 10 megabytes, es decir, cien veces menos. Desde entonces, los buzones de Gmail se han ido ampliando, y actualmente admiten más de 2,5 GB de correo-e, habiendo forzado a Hotmail y Yahoo a aumentar sus respectivas capacidades.

Si bebes, no te conectes
John Dvorak, columnista de PC Computing, aseguró en abril de 1994 que el Congreso de los EEUU preparaba una ley que prohibiría usar Internet bajo los efectos del alcohol. Cabe recordar que por aquel entonces, la red se denominaba super-autopista de la información, en expresión popularizada por el vicepresidente Al Gore. Naturalmente, era broma, pero varios senadores, Edward Kennedy entre ellos, recibieron llamadas de indignación por su supuesto apoyo al proyecto.

En la misma línea está el anuncio, en abril de 1999, de un supuesto apagón de toda la Internet para llevar a cabo operaciones de limpieza , en una reedición del clásico de 1974 que recomendaba envolver los teléfonos de todos los hogares en una bolsa de plástico para que no saliera por el auricular el polvo resultante de la limpieza general de la red telefónica.

Ningún campo de la ciencia y la tecnología escapa a las inocentadas: la misma NASA se hizo la graciosa en 2005 anunciando el descubrimiento de agua sobre la superficie de Marte, con todas sus implicaciones como indicio de la existencia de vida en el planeta. En realidad, se trataba de un vaso de agua colocado sobre una chocolatina Mars .

El año anterior, la NASA fue a su vez protagonista de la broma anual del diario australiano The Age: el vehículo de exploración marciana Spirit se había bloqueado a causa de una avalancha de correo basura interplanetario que saturaba el ordenador de a bordo. Los supuestos culpables eran unos spammers rusos que obtuvieron la dirección de correo-e del artilugio gracias a la filtración de una lista de correo interna de la agencia espacial americana. Tal vez el insidioso ‘spam’ acabe desbordando nuestro planeta y se extienda a otros. Al paso que vamos, tampoco seria de extrañar.

Te tragarás tus palabras
En sentido contrario, la fiebre de las fusiones y las adquisiciones de empresas en el sector tecnológico también ha dado mucho juego. Hay operaciones tan improbables, que uno se ve obligado a consultar el calendario para descartar que se trate de una broma. Así, quién podía imaginar que Digital Equipment Corporation (DEC), la gran competidora de IBM en el campo de los ordenadores corporativos, sería adquirida por Compaq, por entonces líder de la informática personal, como ocurrió en 1998. Pero la historia no acabó ahí, pues Compaq fue absorbida a su vez por Hewlett-Packard en septiembre de 2001. Por su parte, IBM traspasó hace un año su negocio de PC a la firma china Lenovo.

Otras dos operaciones igualmente sorprendentes también tuvieron lugar durante 2005. La primera, el cambio de rumbo de Apple en junio al adoptar los microprocesadores de Intel para sus Macintosh, tras haber llegado a basar en 1998 una campaña publicitaria ridiculizando los chips de Intel. Y la segunda tuvo lugar sólo tres meses después: en septiembre, Palm anunció el lanzamiento de su primer teléfono avanzado Treo con el sistema operativo Windows Mobile tras casi una década presumiendo de la mayor facilidad de uso de Palm OS respecto a la plataforma de Microsoft.

La versión ibérica
Pero las inocentadas tecnológicas no son sólo en inglés. Algunos nos esforzamos en tratar de sorprender a los lectores hispanos, y a veces, impulsada por el desconocimiento de la celebración de hoy en buena parte del mundo, la broma se propaga internacionalmente de manera imparable. Así nos ocurrió hace un par de años, cuando en CanalPDA ‘revelamos’ que Apple iba a convertirse en operadora de telefonía móvil. Lo mejor de todo fue comprobar que tal vez no andábamos del todo desencaminados, pues publicaciones tan serias y prestigiosas como Forbes han especulado posteriormente con la misma idea.

Así pues, no se crean todo lo que lean estos días sobre cacharritos. Podría acabar siendo cierto.

Feliz año nuevo.

Estamos de suerte

Por mariomorales
Fue un año raro éste que termina. Un año loco de comienzo a final.Comenzando por los elementos de la naturaleza, más veleidosos que de costumbre, que nos dejaron este clima antojadizo e imprevisible que se encargó de enlodar todos los pronósticos del Ideam y de paso, las inversiones, de los fabricantes de bronceadores y paraguas, que siguiendo
las previsiones metereológicas, terminaron indistintamente quemados o con el agua al cuello.
De la misma manera, es decir, despiporrados estuvieron los precios del petróleo y sus derivados (incluidas las acciones de Ecopetrol) y elprecio del dólar, cuyo manejo estuvo a al altura de los enigmas que la Esfinge (que traduce, desde entonces, La Estranguladora) le proponía alos egipcios y a los griegos. De ahí el complejo de Edipo que dicen que
tiene el MinHacienda Oscar Iván Zuluaga.
Fuera de control ha estado todo el año (y toda la última década) el cobro de valorización en Catastro Distrital, que fiel a la teoría del caos, ha propuesto el método del ensayo y error. Quizás le alcance el período a
Samuel para la enmienda, antes de que se junten los cobros de reavalúo, tercera fase de Tansmilenio, primera línea del Metro y del programa Bogotá: cuál era la diferencia.
En manos del azar (que no del zar) también parece estar el acuerdo humanitario cuya agenda perdió hace rato Luis Carlos Restrepo, hoy más preocupado por aprender los secretos de la pirinola, la ruleta, la taba y la cara y sello para saber si finalmente va a ser comisionado de paz o de guerra.
En el mismo desbarajuste anda el Departamento Administrativo Nacional del Escepticismo en que terminó convertido el DANE, como se lo dijo la Comisión de Naciones Unidas, para significar entre líneas que una cosa es la fe y otra barajar la estadística.
Caben por supuesto en este desmande la estrategia (prestada del dominó) de nombramientos y desnombramientos del Canciller Araújo y los argumentos contumaces de José Gaviria, como se hace llamar el asesor presidencial, porque el Obdulio lo tiene reservado para el santoral al que aspira a ingresar luego de estos cinco años de ataraxia y estoicismo que aprendió el pobre hombre en el seminario.
Y hay que hacerle un campito en ese desmadre (al mejor estilo de la ruleta) al proceso con los paramilitares de todas las temperaturas,(incluida los Nevados, y hasta la quinta generación); al TLC que ya cuenta más aplazamientos que el encuentro de Uribe con el Samuel Moreno; al fútbol profesional colombiano que un año puede coronar a los equipos de tradición y otro a un palo como La Equidad o Santafé.
Y no hablemos de la carrera presidencial, de las relaciones
internacionales, de la trepada de las tasas de interés, de la creciente inflación, del aumento del desempleo informal, de las conductas arbitrales, de la vivienda de interés social en los estratos 4 y 5, o de los súbitos fallos a favor de los parapolíticos y de los poliparamilitares.
Como se ve la lista es interminable y tediosa, como los balances de fin de año (salvo para los banqueros) pero deja esa extraña sensación de que anduvimos estos doce meses al albur y a la contingencia de los acontecimientos.
Esos síntomas nos dejan frente al dilema de pensar de que o se trata del malestar de la cultura (como lo llamó Freud), o que definitivamente somos raros y que lo nuestro son los juegos de azar como lo demuestran los cuatro billones de pesos que invertimos en 2007 apostándole a la suerte. Y después dicen que no somos optimistas.

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