La mentira más grande del mundo

Por Mariomorales
Es una lástima, hemos de decir, que un país como el nuestro, tan dado a imitar (a adaptar, dirán los patrioteros que abundan por estos días) lo que pasa más allá del Rìo Bravo, no se le haya dado, ahora que el dólar está tan barato como en Montería, por “importar” la idea de tener instituciones modernas y descrestadoras
como el Center for Public Integrity, (que mal traducido sería algo así como la oficina para el Alto comisionado de la Integridad pública) que acaba de publicar un contundente informe que justifica en mucho no sólo su existencia sino su presupuesto.

El CPI, integrado por un selecto grupo de estadísticos (que también los hay, si están lejos de los asesores de imagen, de los propagandistas, de los encuestadores y de los publicistas), se dio a la tarea de diseccionar comunicados, declaraciones, entrevistas y talk shows para detectar la que, sin duda, es la mentira más grande de los últimos años y quizás del milenio.

El estudio logró determinar que 935 veces en un lapso de dos años, es decir, una vez cada dieciocho horas en promedio (para utilizar lenguaje técnico estadístico) ocho altos funcionarios ( Bush y sus 7 Magníficos como Powell, Cheney y Condoleezza) dieron declaraciones falsas, mintieron y volvieron a mentir cuando mencionaron la posesión por parte de Irak de armas de destrucción masiva o vínculos con Al Qaeda.

Es una lástima, decíamos, que el Frente Nacional, la Constitución del 91, los acuerdos sobre lo fundamental, las 123 reformas al Estado, el multibillonario presupuesto para la defensa o, en últimas, el cambio extremo a que está siendo sometida la Fiscalia (con sus 2.166 nuevos cargos y una inversión superior a 100.000 millones de pesos) no hayan contemplado la urgencia manifiesta de un centro que vele por la integridad pública, que cuente y nos cuente las veces y las voces que a diario dicen y repiten falsedades con ropajes de veracidad.

Es una lástima, diremos, que nos hayamos tenido que conformar con la bola de nieve del rumor, con las confesiones del bajo mundo o con los folletines mimetizados luego en paraísos plásticos en la pantalla chica o el celuloide, para poder establecer nuestro propio escalafón de verdades que se quedaron a medio camino y que a fuerza de repetirse hoy forman parte de nuestra historia oficial.

Como esas de que aquí los buenos somos más, que la política internacional pasa por la Cancillería, que Holguín tiene opción presidencial, que la culebra estaba derrotada en cuatro meses, que Santafé este año sí va a ser campeón, que la política económica pasa por las manos de Oscar Iván Zuluaga , que somos gente trabajadora, que Amparo Grisales va a llegar Hollywood, que qué bueno verte, que la culebra estaba derrotada en un año, que el nombre de Sabas suena, que ahora sí hay telenoticias a las diez, que ahora le toca al campo, que los paras pararon, que mañana sí te llamo, que los concursos públicos son públicos, que la guerrilla quiere la paz, que somos gente honesta, que me demoro diez minutos, que la canasta no sube, que la culebra estaba derrotada en dieciocho meses, que más de un salario mínimo trae malos pensamientos, que Valencia Cossio puede ser, que tenemos gasolina para rato, que las empelotadas son artísticas, que sí pero que fue por amor, que sólo podemos con cuatro años más, que aquí los dólares se dan silvestres, que Chávez es humanista, que se me acabó la batería, que las marchas sí sirven, que esta gloria es inmarcesible, que vecinos y amigos, que estás igual que siempre, que el júbilo es inmortal…

Es una lástima, diremos, que mentir no haya sido declarado deporte nacional, ni fiesta de guardar el 19 de noviembre (día del paisa mentiroso), ni que el polígrafo sea el símbolo patrio… y debe ser porque, como decía Hitler, las masas sucumbimos más fácilmente a una gran mentira que a unas pequeñas. Megalómanos que somos.

El periodismo colombiano atiza odios y remueve pasiones

Por Juan Diego Restrepo Editor de la Agencia de Prensa IPC Medellín, Colombia. www.ipc.org.co
Los colombianos asistimos por estos días al resurgimiento de un fenómeno mediático que se repite cíclicamente, cuando aparece en el horizonte nacional la figura de un ‘enemigo’ al que se le atribuyen todos los males posibles. Hoy tenemos a la guerrilla de las Farc, al presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías, y a la senadora del Partido Liberal Piedad Córdoba, como los culpables del desequilibrio político y económico del país.
En el pasado cercano tuvimos al Polo Democrático Alternativo, más atrás a la Unión Patriótica , antes a la clase obrera y estudiantil, en un pasado remoto a los liberales ‘comunistas’ y en el inicio de esta espiral de violencia al sacrificado líder popular Jorge Eliécer Gaitán.

Los efectos propagandísticos de los medios de información colombianos contra todo aquello que se deslinda del pensamiento hegemónico del cual son sus representantes, tiene hoy un grave capítulo: las agresiones verbales contra la senadora Córdoba proferidas el pasado miércoles cuando viajaba vía aérea a Caracas. Las consecuencias de la polarización ideológica que se viene dando en el país son predecibles, de ello se tiene un ejemplo concreto: los medios de comunicación crearon las condiciones sociales que acabaron en la aceptación justificatoria del genocidio de aquellos que integraron la Unión Patriótica , al reiterar, tal como lo propone la propaganda política, sus vínculos con la guerrilla de las Farc.

Los poderosos dueños de la prensa colombiana le temen tanto a los fantasmas que cuestionan sus proyectos ideológicos, generadores de grandes ganancias económicas, que no han dudado en convertir la noticia en una herramienta unificadora de la ideología dominante para su beneficio y lucro, para contrarrestar cualquier asomo de disidencia. De la mano del capital privado y público el periodismo viene perdiendo equilibrio, sin vergüenza alguna, lo que sin duda riñe con los postulados universales de este oficio, reseñados en el campo teórico, pero ausentes en las salas de redacción. Los propietarios de los medios y sus subalternos, directores y periodistas, ya no reflexionan sobre los contenidos noticiosos; no extreman los cuidados que debe tener el tratamiento de una noticia, y cada emisión se convierte en un peligroso producto propagandístico que atiza los odios y remueve las pasiones entre los colombianos.

En esta estrategia a favor de los grupos económicos y políticos en el poder, existen responsabilidades compartidas de los propietarios de los medios de información, sus directores y periodistas. Por ejemplo, en el caso de la senadora Córdoba, si lo que se dice de ella en segmentos políticos televisivos, o la agresividad con la que se le aborda en las entrevistas radiales, o la línea que revelan los artículos en portales informativos de Internet, o las constantes ironías, sarcasmos y burlas que tanto calan entre la opinión pública, son iniciativa de los periodistas o vienen ya con el sello del jefe de redacción, que las recibe del director del medio, quien a su vez recibe órdenes del dueño del medio, quien está ligado al poder político. Alguien debe tener claro de dónde viene el sesgo informativo y cuál es su oscuro propósito.

Esa labor soterrada de los medios de información en contra de quienes actúan y piensan diferente al gobierno y a los grupos de poder, cuyos efectos se observan en las agresiones verbales contra la senadora Córdoba, es peligrosa para las actuales circunstancias del país, sobre todo para aquella oposición civilista, no armada y crítica. Silenciar esa oposición será un premio que recogerán los medios de comunicación colombianos, empeñados en imponer sus códigos hegemónicos, tal como lo ha explicado el estudioso de los medios de comunicación Manuel Castells: “El poder consiste hoy en crear, difundir, imponer códigos de información. La realidad no cuenta; cuenta el impacto mediático. La lucha por el poder es por generar, difundir e imponer códigos”.

Los mecanismos de propaganda que viene empleando el periodismo colombiano son sutiles, pero efectivos: supresión de las múltiples representaciones sociales con el fin de homogeneizarlas, simplificación de los hechos noticiosos, uso de adjetivos denigrantes, generalizaciones indebidas, abolición de distinciones en el uso del lenguaje y la estereotipación del ‘enemigo’. Desde la perspectiva de los medios de información, la realidad hoy en el país es blanca y negra, izquierda y derecha, afuera o adentro, sin dejar lugar para los grises ni para los centros, espacios donde se vive la democracia real.

Bien lo señala el catedrático español Juan José García-Noblejas: “hay temas, asuntos y personajes públicos que en unos medios entran por la puerta grande en primera página y en otros entran o bien por la puerta falsa de un ‘suelto testimonial’, o sólo encuentran arrimo de la mano de la ironía o del sarcasmo del caricaturista de la página editorial, o el peculiar sesgo censor (que tanto consiste en quitar como poner) del encargado de una sección determinada”.

En Colombia, los medios de información parece que se declararon en rebeldía contra la realidad y decidieron construir mediáticamente un país homogéneo, donde todos somos hermanos de la misma causa, tenemos las mismas preguntas y buscamos las mismas soluciones. No hay razones para salirse del lindero. Aquel medio que lo haga, perdería lo que es hoy su don más preciado: la pauta publicitaria, tanto pública como privada, un mecanismo de financiación que somete las ideas de los periodistas. No sobra advertir que un periódico, una emisora radial o canal de televisión, son una empresa que antes que a las audiencias, se debe a sus dueños.

Asistimos pues en Colombia a la tiranía de la información: todos nos ofrecen diariamente el mismo ‘menú’, como si el proceso de producción de la noticia se hiciera bajo la dirección de un sólo jefe de redacción al mando de un mismo equipo de editores. Es difícil ver en la actualidad productos informativos que intenten mínimamente ofrecer visiones alternativas sobre la realidad nacional, que ofrezcan una visión de los hechos desde puntos de vista novedosos y enriquecedores que aporten elementos para el debate que reclama una democracia verdadera.

Hoy, todos los medios informativos nacionales cercanos al poder, observan los hechos desde el mismo lado y con los mismos ojos, parados sobre los hombros de las grandes empresas que los financian y del poder político que respaldan. Por ello, la crítica al poder que tradicionalmente el ciudadano ha dejado en manos del periodismo no depende de aquellos principios editoriales inamovibles respaldados en una ética incuestionable, sino de la relación que se ha establecido con los poderes políticos y financieros.

Lo ocurrido con la senadora Piedad Córdoba, y lo que pueda sucederle en el futuro a ella y a quienes se deslindan de las ideas políticas hegemónicas, es fruto de ese mecanismo de orquestación propio de la propaganda política, cuya acción se centra en la repetición de una idea, de insistir, con obstinación, en un tema, presentándolo bajo diversos aspectos, de forma variada, por todos los órganos de propaganda y en formas adaptadas a los diversos públicos que deben ser tan múltiples como posibles, para lograr un efecto. Hoy, el efecto, es la agresión verbal, mañana podrá ser la agresión física, luego sobrevendrá el atentado, y finalmente, la eliminación física.

En las actuales circunstancias, el periodismo colombiano está exponiendo uno de sus valores fundamentales: la verdad. Y se advierte en los espacios informativos lo que ha escrito el intelectual italiano Giovanni Sartori: “vivimos ahora en un mundo repleto de persuasores ideológicos para quienes la ‘causa’ tiene prioridad sobre la verdad”.

Pero esa espiral de defensa de la ‘causa’ desde el periodismo es necesario detenerla. Dueños de medios, directores, jefes de redacción y periodistas, están obligados a hacer una pausa en su labor diaria para reflexionar sobre aquello que vienen haciendo en temas tan sensibles para el país. Su ceguera hoy no nos puede llevar, de nuevo, al abismo del genocidio. Si ocurre nuevamente, no podrán atribuirle los hechos a ‘fuerzas oscuras’.

Juan Diego Restrepo E., es Editor de la Agencia de Prensa IPC Medellín, Colombia

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Lully Bossa y el pulso que le ganó a la Negra Candela para hacer respetar su vida íntima.

Por estos días Luly Bossa está plena. Dice que le están pasando tantas cosas buenas que solo vive momentos de gozo, de paz y de felicidad. Está reenamorada, tiene dos hijos maravillosos, ganó el pleito que tenía con la comunicadora Graciela Torres en el que reclamaba su derecho a la intimidad y, para rematar, está actuando en una serie del canal Caracol. Publica la Revista Carrusel.

Comencé esta entrevista haciendo lo que, finalmente, iba a criticar: metiéndome en el rancho de una persona que es de carne y hueso y que necesita vivir momentos de privacidad.

Claro que antes de hacerlo le pregunté a Luly si nos daba permiso y ella accedió. Creo que lo hizo porque entiende que la gente es curiosa, por no decir mor-Bossa, (tanto periodistas como lectores).

¿Por qué se grabó teniendo relaciones con su novio?, le pregunto, y me responde lo que me merecía que me respondiera por metida: “porque quise. Si estás encerrada entre cuatro paredes tú haces de tu capa un sayo y de tu trasero un candelabro”.

Tiene razón y, además, no es ni la primera ni la última pareja que se graba. Es más, son muchos los que buscan la forma de juguetear para ponerles más emoción a sus relaciones sexuales, solo que nadie anda gritando a los cuatro vientos lo que ellos hacen.

Luly se enteró días después de que miles de colombianos la habían visto teniendo relaciones íntimas con su novio al recibir una llamada de Julio Sánchez Cristo, quien al aire le preguntó cómo se sentía. Supo entonces que la noche anterior, en un programa dirigido por la periodista Graciela Torres, conocida como la Negra Candela, habían emitido 13 segundos de un video que, pensó, había sido destruido.

“Uno en el momento se siente devastado. Sales a la calle y sientes que todo el mundo te señala”, dice.

Fue entonces cuando tomó la decisión de hacer algo que muchos no se atreven: demandar. Decidió dar una batalla legal.

“A mí lo que me hizo decidirme es que yo tenía cinco meses y medio de gestación; la periodista sabía que yo estaba embarazada y al parecer no le importó ni siquiera el impacto de lo que esto me podía causar”.

Ese día apareció como caído del cielo el abogado Jaime Lombana y más se demoraron en encontrarse que en estar en la Fiscalía.

“La gente se me arrimaba y me decía, acabe con ella”, afirma Luly. Pero ella insiste en que su intención era, por así decirlo, más sencilla: “Reclamar el derecho que tenemos los seres humanos a que se respete lo que uno haga detrás de las puertas. Sí, yo estaba en el video; yo sabía que nos estábamos grabando pero nunca nadie me preguntó si podían sacarlo al aire. Las puertas existen para algo, para separar ambientes.

Tú tienes derecho por ejemplo a entrar a un baño y a que nadie te moleste porque para eso está la puerta”, insiste.

Luly tiene claro que debe pagar un precio por ser un personaje público y trata de hacerlo de la mejor manera posible. Aunque le dan pereza los periodistas, nos atiende y accede a hablar porque se debe al público y son los comunicadores el medio para que la gente que la quiere pueda saber de ella.

Sin embargo, decidió dar una batalla legal porque el hecho de que una persona sea popular, no quiere decir que no pueda tener vida privada.

“Cuando estoy entrenando en el patinódromo, lugar al que voy carilavada a hacer ejercicio, se me acercan personas a tomarme fotos con sus celulares y me dejo fotografiar sin ningún problema.
Lo que sí no me gusta es que se te acerque una persona a escondidas y busque tomarte una foto para hacerte una embarrada”. De esta manera explica la diferencia entre ser amable con un país que la quiere y, dejarse irrespetar.

Luly asegura que no guarda rencor. No le reclamó a Dios por haberle puesto esa piedra en su camino y, por el contrario, le agradece el haberle dado la fuerza para entender la prueba que le había puesto.

“Me fortalecí. Creo que limpié muchas cosas y crecí. Fue una tocada de piso tenaz y entendí que tú te vuelves grande cuando estás de rodillas”, dice.

Logró resanar las heridas que este hecho dejó en su corazón, a pesar de las huellas que, ella asegura, le quedaron: “mi hijo menor tiene un retraso sicomotor de dos años. La rebeldía del mayor creo que es un poco consecuencia de todas las cosas con las que tuvo que lidiar. Yo mandé una carta al colegio pidiendo que respetaran, que por favor no le dijeran nada, pero los niños son muy crueles y obviamente eso lo tuvo que haber afectado pues apenas tenía 8 años”, sostiene.

No sabe si fue su ex novio el que entregó el video. “Yo pensé que eso se había destruido. Confié en una persona con la que estuve durante cinco años. Él no ha vuelto al país. Me jura que él no lo hizo. Hay quienes dicen que en un incendio rescataron las cosas y alguien lo tomó, yo no sé.”

Lo que sí dice saber es que gracias a ese video se enteró de que esa persona no le convenía pues en la cinta estaban las pruebas de los ‘cachos’ que le había puesto a Luly, mujeres que fueron grabadas con él haciendo exactamente lo mismo.

Sentó un precedente

Un reciente fallo a favor de ella le dio la razón. Inmediatamente el país volvió a hablar sobre la delgada línea entre vida pública y privada. ¿Tenemos derechos los periodistas a publicar la vida íntima de otra persona? ¿Solo por ser famosa debe someterse a este tipo de cosas?…

Luly no pudo evitar sorprenderse cuando se dio cuenta de que en una de las fotografías que le estábamos tomando aparecía por encima de una cantidad de periódicos, sin embargo aclara que no se siente por encima de la prensa. Simplemente dice que logró sentar un precedente para que la gente se dé cuenta de que no se deben aprovechar los medios de comunicación con actos excesivos y abusivos, argumentando la libertad de prensa.

Es consciente del poder de los medios de comunicación y no le parece malo que los periodistas tengan poder, es más, se sorprende con la cantidad de cosas buenas que muchos periodistas han logrado hacer y personas que han podido ayudar gracias a su profesión.

“El poder no es malo, el malo es uno, Y aplica la misma ley con la que manejamos el dinero; el dinero no es malo, el malo es el que no tiene principios y sabiduría para manejarlo”.

Siente que a raíz de lo que sucedió los periodistas han aprendido a respetar un poco más. “Llaman y le preguntan a los entrevistados si pueden sacar algunas cosas. Les explican sobre qué los van a entrevistar, como que han entendido hasta dónde deben llegar las cosas”, asegura.

En la sucursal del cielo

Hace 15 años se encontró con Dios, gracias a la también actriz Patricia Ercole, y desde entonces se siente viviendo en la sucursal del cielo. Siente que todo lo que le pasa es para su bien. Dice que ha llegado a donde está por disposición de Él (señalando hacia el cielo) y que las personas que han aparecido en su vida, como el abogado Jaime Lombana, son instrumentos de Dios para que pueda seguir andando.

Le encantó la idea de trabajar en ‘La sucursal del cielo’, la
nueva serie de Caracol televisión, no solo porque estaba el cielo de por medio, sino por el contenido y por la ciudad que se iba a resaltar.

Le encantó su personaje de Susana de Belalcázar, la madre de tres hermosas jovencitas caleñas; el toque social; le encantó que fuera grabada en una ciudad con gente tan maravillosa y, sobre todo, que le diera la posibilidad de reírse, pues ya estaba cansada de personajes que la hicieran llorar.

Próximamente la veremos en ‘Valentino el argentino’, una producción de los mismos realizadores de ‘Amas de casa
desesperadas’. Así que por estos días Luly anda empacando maletas pues la comedia se empezará a grabar en Colombia pero terminará en Buenos Aires a donde dice llegará con sus hijos y con el novio incluido.

¿Cuál fue el fallo?

Un fallo del 4 de diciembre de 2007 del Tribunal Superior de Bogotá, confirma la condena del juez 41 penal para la periodista Graciela Torres por injuria agravada: “por la cual deberá pagar 17 meses de prisión… Ya que en la publicación no había interés público… Además la circulación de la cinta es clandestina e ilegal”.
Solo falta la revisión, que puede o no hacer, según lo considere la Corte Suprema de Justicia, última instancia ante la cual Graciela Torres interpuso un recurso extraordinario de casación.

Si esta corte decide que no se requiere de una nueva revisión, un juez de ejecución de penas ordenará cumplir la sentencia. Como el delito es excarcelable, la periodista no irá a la cárcel pero deberá cumplir 17 meses sin ejercer el periodismo y pagar una multa de $86`000.000.

La versión de Graciela

Carrusel localizó a Graciela Torres, más conocida como ‘la Negra Candela’, y quien fue condenada a 17 meses de cárcel. Quisimos conocer su opinión sobre la sanción que le impediría ejercer el periodismo durante ese tiempo y el hecho de que la Justicia opine que “la divulgación de una conducta sexual no ofende solo la intimidad sino también el honor”.

¿Qué opina de la decisión de la Justicia?

La respeto y si la tengo que acatar la acato. Pienso que como el 90% de los colombianos desconocen las técnicas de televisión, por eso no tienen claro lo que es una puesta en escena. La misma Luly en su denuncia inicial y en declaraciones a la prensa dijo: “un día decidimos hacer una coreografía erótica y chévere”. Que yo sepa una coreografía implica ensayos y ensayos para perfeccionar unos movimientos que luego en escena luzcan armónicos, hasta alcanzar la perfección. Así está en su segundo video, el del litigio.
¿Quién le entregó ese video?

Mis asistentes lo encontraron en el Sanandresito del barrio La Primavera, pero igual lo voceaban en cualquier semáforo, en las zonas rosa del norte y del sur y se podía bajar de cualquier portal de internet. Además, estaba en todas las ciudades de Colombia y en otros países. Igual a diez años de haberse grabado, como aparece en el reloj de la cámara, continúa vendiéndose en los mismos sitios, ciudades y países y nadie los ha demandado.

¿Por qué decidió publicarlo?

Cada uno tiene su propio criterio periodístico y cuando en la calle tú encuentras una información como ésta, la tomas o la dejas. Yo consideré que valía la pena confirmar con imágenes una noticia de la cual venía hablándose desde hacía tiempo en algunos medios radiales y era la comidilla en algunos círculos masculinos.

La intimidad como la ética son conceptos unipersonales y cada quien tiene sus propias reglas. ¿Una casa, una habitación donde estaba montada una cámara de televisión para grabar coreografías de esta naturaleza, como lo demuestran los otros dos videos con otras dos mujeres distintas, haciendo exactamente la misma coreografía que con la actriz, es un sitio íntimo?

La tentación del ICBF y los medios

Por Jaime Horta Díaz*

La tentación del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) de actuar contra los medios de comunicación por identificar a menores de edad víctimas o autores de delitos es peligrosa, inconveniente y puede ser ilícita. Aparte de indebida, se entendería como una persecución a los que le hacen oposición o criticas al gobierno.

Seria una torpeza sancionar, por ejemplo, a la revista Semana, descalificada por algún asesor presidencial, porque publicó la fotografía de los ojos del niño Emmanuel. Pero resulta que las acciones contra los informativos escritos es bastante discutible. La radio y la televisión son más vulnerables y podrían ser recriminados por aquello de que el espectro electromagnético es del estado y particularmente por violar estipulaciones contractuales que las obligan a cumplir las leyes.

La prohibición legal existe ciertamente -aunque no con la imperatividad que algunos han señalado- en el sentido de que los órganos de expresión deben “Abstenerse de entrevistar, dar el nombre, divulgar datos que identifiquen o que puedan conducir a la identificación de niños, niñas y adolescentes que hayan sido víctimas, autores o testigos de hechos delictivos, salvo cuando sea necesario para garantizar el derecho a establecer la identidad del niño o adolescente víctima del delito, o la de su familia si esta fuere desconocida. En cualquier otra circunstancia, será necesaria la autorización de los padres o, en su defecto, del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar” (Código de la Infancia y la adolescencia, adoptado por la Ley 1098 de 2006, art. 47 numeral 8). En todo caso debe tenerse en cuenta la prohibición absoluta de la censura en la Constitución: “No habrá censura” (art. 20).

El parágrafo del mismo artículo 47 de la Ley 1098 aclara que el ICBF podrá hacerse parte en los respectivos procesos contra los medios, luego no es obligatorio ni puede proceder autónomamente. Pero ¿cómo, por ejemplo, dejar de publicar la fotografía de un niño perdido para buscarlo o de otro, delincuente, para aprehenderlo?.

Como en este país pasamos de un extremo al otro, el colmo en la aplicación de la ley que limita la identificación de menores ocurrió a comienzos del año cuando algunos medios se autocensuraron al omitir la divulgación del retrato hablado de uno de los agresores sexuales de las niñas caminantes del cerro de la iglesia de la Valvanera en Chía.

En el caso de Emmanuel la nación tiene incluso el derecho de conocerlo porque de una u otra manera vivió la singularidad de su circunstancia y compartió la alegría de su libertad. Corresponderá esa decisión a la señora Clara Rojas el día que lo considere oportuno. Lo más curioso es que el rostro lo publicó en su momento el propio Bienestar Familiar cuando nadie sabía que era el niño más buscado del país y podía ser al menos víctima del delito de inasistencia alimentaria. De igual manera, la foto está en la Internet y, curiosamente, allí fue donde lo pudo ver la propia madre por primera vez luego de tres años de la forzada separación.

E-mail: hortajaimehotmail@hotmail.com

*Presidente del Colegio de Abogados de la Universidad Nacional de Colombia

La Academia de la lengua elabora un diccionario con las abreviaturas de los sms

La institución dirigida por Víctor García de la Concha quiera mostrar que tiene “conciencia de que la lengua es del pueblo y es callejera”. Así, tratará de darle brillo y esplendor a las palabras que millones de personas se trasmiten a través de correos electrónicos y sms.

La Real Academia de la Lengua española pretende elaborar una tabla de abreviaturas con la ayuda de Microsoft y Red.es. Víctor García de la Concha, presidente de la RAE, indicó que hay que dar respuestas a las personas que escriben en Internet o utilizan los mensajes a móviles, bajo parámetros como ortografía, gramática y el diccionario en la red.

La idea de un “diccionario” con las abreviaturas más usadas viene de lejos. En 2005 durante el “primer día de Internet”, la Asociación de Usuarios y las operadoras móviles enviaron a la RAE una compilación de los términos más usados.

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