La popularidad como chantaje moral

Por Mario Morales
Lo único que sabemos con certeza de la criatura es su destinatario: el pueblo. Pero sus señales particulares: el qué, cuándo, hasta cuándo, cómo y hasta el cuánto son un auténtico misterio.
Es más, es posible que no haya ni siquiera criatura como lo hacen sospechar las versiones encontradas de sus creadores sobre su naturaleza y sobre sus características: Que tiene forma de referendo; que no, de plebiscito; que de refrendación; que de repetición de elecciones; que de legitimación. (Publica El Espectador)
Pero la sola creencia de que va a haber criatura ya ha comenzado a dejar resultados. Como lograr que la prensa, los análisis y debates privilegien la virulenta respuesta del gobierno de Uribe antes que el fallo de la Corte Suprema y su consecuente manto de duda en relación con los procedimientos de la reforma constitucional que permitió la primera reelección.
Como cortina de humo funciona a la perfección porque traslada un fallo jurídico específico e indiscutible en ese ámbito y además de obligatorio acatamiento, a un debate político, inasible y donde todo es posible, incluso llamar, como lo hace el asesor José Obdulio Gaviria “comunes y rutinarios nombramientos” a lo que la Corte denomina “las mezquindades de los halagos y promesas burocráticas que Yidis Medina consintió en interés particular”.
Pero al observar su viabilidad, la propuesta (cualquiera que ella pueda ser) es débil, improvisada y no tiene objetivos más allá del puramente simbólico de la “legitimación” de un gobierno que se obnubiló con el activo de la popularidad (y que los medios mitificaron en ese 84%), y lo derivó hacia un chantaje moral que desconoce los fallos de la justicia, las actuaciones de los organismos de control como la Procuraduría, pero especialmente la necesidad democrática de conocer la verdad con arreglo a la ley sobre los acontecimientos de hace cuatro años.
Porque más importante que saber si el gobierno cuenta con apoyo en la urnas, es conocer si es digno de ese apoyo y si ha sido coherente con la promesa de acabar con la corrupción y la politiquería.
Sobre todo ahora que al traspasar los diques de la cordura y el respeto institucional, acabó con cualquier duda acerca de la segunda reelección, esa otra criatura que se venía gestando y que para consolidarse recurrirá al mismo pretexto fácil de querer legitimar y refrendar este período presidencial, que como el de Samper, está empleando más tiempo y esfuerzos en defenderse que en gobernar.

Pulso en el cuarto poder

Por Carlos Ramos Maldonado
Se avecina una dura competencia en el mercado de los diarios y las revistas. Televisa aumenta su apuesta en Colombia; El Tiempo-Planeta alista un periódico gratuito y los diarios regionales se lanzan a conquistar a Bogotá. (Publica Semana). No es común que los medios de comunicación sean los protagonistas de la noticia. Sin embargo, en Colombia vienen siéndolo y lo serán en los próximos meses.
La adjudicación del tercer canal y la entrada del sistema de televisión digital prometen ser una pelea de titanes, la competencia en el mercado de las revistas está al rojo vivo y el pulso entre los periódicos está como para alquilar balcón. Esto, sin contar con la vertiginosa dinámica de Internet, que ha puesto a todos los medios a respirarle en la nuca a la competencia.

Nadie quiere quedarse por fuera de una apuesta que va por más audiencia y por más anunciantes. El desafío suena ambicioso en un año con desaceleración económica e incertidumbre política. Sin embargo, no hay que olvidar que, a pesar del bajonazo, sigue siendo una economía en crecimiento y el mercado de los medios en Colombia tiene para dónde coger.

Para el tercer canal de televisión ya se sabe que la ‘guerra’ será entre titanes. Han manifestado interés los grupos El Tiempo-Planeta; Prisa, de España; RTI-Telemundo; el conglomerado mexicano Ángel González; el Grupo Televisa, también de México; la Organización Cisneros , de Venezuela, en sociedad con Luis Carlos Sarmiento Angulo, de Colombia, y la cadena venezolana Globovisión. Para el formato de televisión digital, el salto tecnológico más importante en la industria en los últimos años, llegan ofertas nada más y nada menos que desde Japón, Europa y Estados Unido.

No menos interesante está la movida en la prensa. La competencia se puso más dura con El Espectador convertido en diario. Ahora miden fuerzas en este mercado el periódico de la familia Santo Domingo, el Grupo Planeta-Tiempo y los diarios regionales que se aliaron con el Grupo Prisa de España, para aspirar al tercer canal de televisión y desarrollar otros proyectos, entre ellos de Internet.

En los próximos días, El Tiempo y el Grupo Nacional de Medios (GNM), que integran los periódicos regionales, medirán fuerzas con dos nuevos modelos de negocio. Se trata de la prensa popular y la gratuita.

El primer caso, el de la prensa popular, ya existe en Colombia y ha sido una experiencia exitosa. Por ejemplo, en Medellín nació hace seis años La Chiva , marca que fue impulsada por el grupo El Colombiano. El experimento tuvo tan buenos resultados, que se replicó en algunas zonas de Bogotá, como Kennedy. Otro caso es el proyecto Q’hubo, que nació en 2005 impulsado por el diario El País de Cali. Nuestro Diario, otro periódico de este corte, ha ganado mercado en ciudades como Manizales, Pereira, Armenia y Bucaramanga. Según el último Estudio General de Medios, los diarios populares alcanzaron más de 1.700.000 lectores, algo así como una tercera parte de todos los que leen prensa.
Los resultados son muy positivos y por eso el GNM fortaleció su estrategia. En lugar de tener muchas marcas regadas por todo el país, va a dejar un único nombre: Q’hubo, que es el mismo del exitoso diario que circula en Cali. El periódico, además de continuar circulando en las ciudades de siempre, será lanzado con fuerza en el mercado de Bogotá. Esta decisión es la gran apuesta de los diarios regionales, señaló a SEMANA Luis Miguel de Bedout, gerente de El Colombiano. Ya aseguraron la infraestructura, desde las instalaciones del periódico La República. El plan es arrancar con 40.000 ejemplares en Bogotá, pero con la ambición de subir a 150.000 pronto.

Es una competencia directa para la Casa Editorial El Tiempo (Ceet), que edita en esta categoría el periódico Hoy, que circula en la capital. Pero no estarán solos, los diarios populares comienzan a despertar interés entre los periódicos tradicionales. El Diario del Sur, de la ciudad de Pasto, también comenzará a imprimir en Bogotá el periódico Extra, un tabloide que tendrá una línea mucho más judicial.

El Grupo Planeta y la Ceet no se han quedado con los brazos cruzados y avanzan en un ambicioso proyecto: el diario gratuito. El modelo es nuevo para el país y, sin duda, será la gran revolución en la prensa colombiana. Aunque no se sabe todavía cuándo se bajará la bandera para que empiece a circular, ya están en los preparativos y lo más probable es que lleve el nombre de ADN, el periódico gratuito de Planeta en España. Será una edición de 24 páginas, tamaño tabloide, que circulará en Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla. Contará con toda la infraestructura de Ceet en las cuatro ciudades y combinará la información nacional con la local.

La apuesta es grande, sin duda. Se estima que su lanzamiento demandará unos 10 millones de dólares y que aspiran a una circulación de unos 600.000 ejemplares. Muchos observadores de la industria editorial consideran que es una aventura muy compleja en este momento, cuando la pauta publicitaria está fragmentada y el costo del papel sigue subiendo. Luis Fernando Santos, presidente de Ceet, le dijo a SEMANA para este proyecto se contemplan todas estas variables, que sigue en estudio y por ello no han definido el momento en el que saldrán al mercado.

Para confirmar que la industria editorial está en plena ebullición, hay que mirar también hacia el sector de las revistas. Televisa de México aumentó su apuesta por Colombia. Esta multinacional de la industria editorial, que el año pasado adquirió en Argentina la Editorial Atlántida (que publica ocho revistas), lanza dos nuevas publicaciones en el país: la versión colombiana de Gente y próximamente, Para Ti. Televisa tiene sociedad con RCN para las publicaciones Caras, Poder y Gente y, según Marta María Jiménez, gerente general de Televisa Colombia, el accionista mexicano está convencido de que aquí hay grandes oportunidades para crecer en el mercado de las revistas. “Creemos que son una fuente inagotable y por ello se ha decidido seguir invirtiendo”.

Por su parte, Publicaciones SEMANA, la empresa líder en revistas en Colombia, lanzará una nueva revista en el segundo semestre y está en negociaciones con un grupo editorial argentino.

Mientras en el mundo desarrollado el papel está en crisis, afectado por la penetración de Internet y por la fragmentación de la publicidad, en Colombia siguen apareciendo periódicos, se lanzan nuevas revistas y se gestan grandes proyectos. Es irónico que mientras en el Primer Mundo los periódicos están en decadencia, en Colombia se viva una especie de bonanza editorial. Eso demuestra que no se debe leer las tendencias del primer mundo como un mandamiento para las realidades de los negocios de los países en vía de desarrollo. Lo cierto es que el potencial de crecimiento de los lectores de prensa en Colombia todavía es grande. Sin embargo, así como es necesario que los empresarios de los medios les apuesten a nuevos productos -porque hay audiencias-, también es cierto que con el tamaño de la torta publicitaria del país no todos sobrevivirán. La competencia promete ser dura y los lectores y los televidentes serán los más beneficiados.

El papel de un columnista

Por Rudolph Hommes
Entre los muchos temas discutidos en el festival de ‘El Malpensante’, sus organizadores designaron un espacio para conversar sobre la práctica de lo que llaman “columnística”, en el que se discutió cuál es el papel, la responsabilidad y la finalidad de los comentaristas o columnistas.

Como he sido invitado a participar como panelista en ese evento, he tenido que reflexionar sobre estos temas y hacer algunas breves lecturas para orientarme. No obstante, las ideas que discuto a continuación han surgido más de introspección y fruto de consultas casuales a algunos colegas.

En primer lugar, un columnista tiene la obligación de orientar. Cumpliendo con este objetivo, no es preciso presentar distintos puntos de vista, sino uno solo, que es el propio. Para hacerlo tiene la obligación de hacerlo con altura y ojalá con estilo. Necesariamente debe ser veraz y responsable. Debe evitar causar daño conscientemente, ser independiente y no utilizar el espacio y la confianza de los lectores para su propio beneficio o como agente de alguien que se beneficia con la divulgación del material o con los argumentos que defiende el artículo. Tampoco parece legítimo utilizarlos para hacer ataques personales o para promover ‘vendettas’.

Un columnista va a enfrentar situaciones de conflicto de interés. Generalmente, la mejor opción es evitarlas, pero cuando no puede o no desea hacerlo y escribe sobre un tema que puede reportarle beneficios, tiene la responsabilidad de hacerles conocer a los lectores esa situación para que ellos tengan esto en cuenta a la hora de evaluar.

La gente lee artículos de opinión porque desea orientarse. Algunos lo hacen para confirmar sus propios análisis, otros para confrontarlos con las ideas y la visión de alguien que piensa distinto.

En ambos casos, el columnista tiene que estar bien documentado, preferiblemente de fuentes públicas, y estar seguro de que dice todo lo que cree que debe decir; y que si calla algo, hay una buena justificación para hacerlo.

La contribución más importante de un columnista es brindarles a los lectores su interpretación sincera de lo que está pasando, en el entendido de que ellos lo leen porque creen que es conocedor de estos temas, porque confían en su capacidad para ver las cosas de una manera distinta o, en algunos casos, porque el columnista o la columnista tienen acceso a información que no es pública o que es fruto de su investigación.

En Estados Unidos, por ejemplo, un famoso periodista basaba la mayoría de sus escritos en la premisa de que todos los gobiernos dicen mentiras, y se dedicó con mucha diligencia a demostrarlo. La gente lo leía para confrontar las declaraciones oficiales o presentaciones del gobierno sobre asuntos como seguridad nacional, política internacional o temas como la educación pública o la propia sociedad norteamericana.

Para obtener este ascendiente sobre la opinión, este comentarista trabajó siempre en forma independiente, vivía de las suscripciones a su publicación y basaba sus opiniones en información pública verificable.

Si su premisa se extiende más allá del gobierno, no solamente a que los gobiernos mienten y ocultan, sino a que las empresas también lo hacen y emplean frecuentemente a firmas especializadas en comunicaciones para hacerlo más efectivamente, hay un espacio para que los comentaristas y columnistas independientes (que no son socios o empleados de firmas de relaciones públicas) asistan a la opinión pública en conocer la verdad.

Una función adicional que cumple un comentarista es analizar lo que está sucediendo y tratar de adelantarse, identificando tendencias o previendo desarrollos, o en la interpretación de ellos y de políticas o comportamientos privados, políticos u oficiales. La revista norteamericana ‘The Nation’ se ha especializado tradicionalmente en cumplir esa misión y es de consulta obligatoria para otros periodistas.

Periódico de ayer

Por: Mario Morales
Diríamos que sufrimos del síndrome de Peter Pan, negados a crecer, si el pasado fuera fabuloso. O que estamos en un comic (donde los personajes no cambian ni envejecen) si la historieta fuera graciosa. Ni siquiera clasificamos en la saga de Harry Potter. Si acaso nos parecemos a Oskar, el infante que toca a rebato El tambor de Hojalata, la novela del Nobel Gunter Grass, para que el tiempo no transcurra, aferrado a su presente. (Publica el Espectador)
Así estamos en un bache, con el tiempo están suspendidos, repitiendo la historia, los sucesos y hasta las frases. ¿No disputábamos hace cuatro años, y con los mismo argumentos, la reelección del Procurador y del Presidente?

¿No fue hace poco que dijo Valencia Cossio, como senador, como cacique, o ahora como ministro, que si no cambiaban los cambiábamos? (Y al final ni lo uno ni lo otro sino todo lo contrario) ¿No fue hace un lustro que pedimos que se endurecieran las multas de tránsito y las penas contra delincuentes para, luego, encontrar rebajas más generosas?

¿No fue al comenzar el siglo que la ONU dijo que los cultivos ilícitos crecieron, que el Plan Colombia fracasó y que, según el Gobierno, había que cambiar la medición para disimular esas cien mil hectáreas?

¡Qué hace que las autoridades reclamaban a la televisión la imagen representada! Entre tanto la “sapa y entrometida” ficción no le llega a los tobillos a la realidad del Cartel.

¿No han rechazado siempre con idéntico tono y palabras, como acaba de hacerlo este Gobierno, el desmadre en desplazamiento o en homicidios?

Quizá no les parezca mucho que en el último año murieran, a manos de otro, 400 compatriotas más que el año anterior.

¡Cuánto ha transcurrido desde que en vez del Congreso legislara un congresito!

¡Cuántas veces se ha escrito que se retoman, como ahora dice Francia, las conversaciones con la guerrilla en busca de un acuerdo humanitario!

Pongamos un largo etcétera para la reiteración casi anual de que a la banca, empresas de seguridad privada y construcción les va súper bien, de que hay 95% de impunidad frente a violaciones de derechos humanos, u 80% de asesinatos de mujeres, en fin… Quizá sea mejor declararse en edición permanente y fijar un amplio mural en el que aparezcan las imágenes y sucesos de siempre, con los obligados cambios de diseño y de fechas para no creer que no crecemos, que no cambiamos, que seguimos leyendo el mismo periódico de ayer.

Novela de alto ‘rating’

El negocio de la televisión está bien prendido. ¿Qué hay detrás del retiro de ‘RCN’ y ‘Caracol’ de Ibope, la firma encargada de medir la sintonía? Está declarada una nueva guerra en la televisión en Colombia, que va a terminar revolucionando el millonario negocio de la pauta publicitaria que hoy mueve más de un billón de pesos anuales. (Publica Semana)
Esta sería la última etapa de la transformación que sufrió esta industria en los últimos años y que muestra que los hábitos ante la pantalla chica han cambiado. Por eso todos los actores de esta serie están muy atentos y listos para la acción.

El primer capítulo de la novela empezó hace 15 días, cuando Caracol y RCN anunciaron su salida de las mediciones que hace Ibope sobre el rating. La razón: esa firma empezó a tomarle el pulso a la audiencia de la televisión por cable y ante los crecientes resultados, los dos canales privados plantearon su desacuerdo. Dijeron que Ibope no ha cumplido el contrato y que la medición tiene problemas.

Pero el asunto no paró ahí. Esta misma semana empezó a circular una carta en la que Caracol sugería a dos importantes anunciantes que era ilegal pautar en canales internacionales. La carta iba dirigida a la Dian y al Fondo Nacional del Ahorro (FNA), que pautan seguidamente en este tipo de señales. Muchos empresarios se preocuparon y empezaron a preguntar. La ministra de Comunicaciones, María del Rosario Guerra, explicó en una entrevista para la W Radio, que “hoy no se debería pautar en la televisión por cable”, pues estos canales no hacen las contribuciones respectivas que ordena la ley. La Ministra parecía apoyar la posición de Caracol.

Paulo Laserna, presidente del Canal Caracol, y Gabriel Reyes, presidente de RCN, creen que hoy la reglas del juego no son claras para que la television satelital compita con los canales privados
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El director para América Latina del canal FOX, Carlos Martínez, quien se encontraba en Argentina, por poco sufre un ataque cuando escuchó esas declaraciones. Martínez dijo a SEMANA que la actitud de Caracol demuestra que los canales privados colombianos tienen miedo de competir. “El televidente tiene derecho a escoger qué quiere ver, y el anunciante a poner su pauta donde quiera”, explicó. La pelea apenas está comenzando.

Los enfrentamientos por el rating no son nuevos. A mediados de los 90 Ibope revolucionó el mercado con el People Meter, un sofisticado sistema digital para medir las audiencias que permite tener resultados casi en línea todos los días. En ese momento hubo una dura competencia con Nielsen, la otra firma que medía el rating. Ibope terminó imponiéndose.

Sin embargo, años después empezaron los reparos contra esa compañía. El primero en quejarse fue el canal Citytv, que se retiró porque consideraba que la muestra que tenían perjudicaba a la televisión local. Ahora RCN y Caracol vuelven a poner en tela de juicio el estudio.

Según Ibope, hoy la televisión paga tiene una penetración del 62 por ciento y esto ha cambiado las audiencias. Eso es lo que no les gusta a RCN a Caracol. Las razones son de peso: si tienen un menor rating, sus argumentos de venta de publicidad serán menos sólidos. Este es el fondo de la pelea.

Por eso, reducir el conflicto a un asunto con Ibope es buscar la calentura en las sábanas. La televisión por cable tiene hoy audiencias muy importantes. Y eso no depende de una firma investigadora, sino de lo que decida quien tiene el control del televisor en la casa. Ese es el verdadero motor del negocio publicitario. Y así lo entienden los anunciantes, quienes deciden poner los anuncios de sus productos sólo donde haya un número importante de personas sintonizadas.

La industria de la publicidad por televisión en Colombia tiene un valor superior a un billón de pesos al año. El 95 por ciento de esos dineros se lo llevan los canales privados, que el año pasado, según las cifras de la Superintendencia de Sociedades, redondearon sus ingresos operacionales en 913.000 millones de pesos.

Pero la televisión por cable entró en escena y con ella, los canales internacionales que ya están quitándoles una porción de la torta. FOX, Discovery y HBO, entre otros, ya facturan al año 15 millones de dólares de pauta dirigida a consumidores en Colombia. No alcanza a ser el 3 por ciento del mercado; pero lo que preocupa es la tendencia, pues un año antes, las ventas habían sido de 10 millones de dólares. Descontando la revaluación, el crecimiento fue de más del 20 por ciento. De ahí que los canales privados estén tan tensos. Sin embargo, ellos también tienen sus argumentos.

Caracol y RCN invirtieron el año pasado más de 55.000 millones de pesos y son los principales actores del negocio. Sus producciones se pelean el rating en los horarios triple A, y sus novelas se están exportando a todo el mundo: Café, Betty la Fea, Pasión de Gavilanes o, últimamente, Sin tetas no hay paraíso. Así que, bien o mal, son los que mueven realmente esa industria en el país.

El vicepresidente jurídico de Caracol, Jorge Martínez, señaló que la pauta que venden los canales internacionales abre las puertas para que no se cumpla la normativa. Por ejemplo, mientras que para los canales privados está prohibida la pauta política en ciertos momentos de un proceso electoral, los canales internacionales pasaron mensajes de candidatos colombianos dirigidos a los electores en el país.

Además de eso, los canales internacionales como FOX, HBO y Discovery, reciben la mayor parte de sus ingresos por suscripciones. Así que no tienen presión para fijar tarifas altas de publicidad. “Esto prácticamente es un ‘dumping’ para nosotros que tenemos que seguir vendiendo pauta publicitaria a precios altos, porque es nuestro principal ingreso”, explicó Martínez.

La situación es compleja. El propio comisionado Juan Andrés Carreño reconoció que la Comisión de Televisión no tiene cómo prohibir que los anunciantes colombianos pauten en señales internacionales, porque esas transacciones se hacen directamente en ciudades de otros países como Miami o Buenos Aires. Pero, si hasta las entidades estatales pautan en estos canales es porque en las señales internacionales existe una audiencia colombiana importante.

Evidentemente, hay una zona gris en las normas que es importante esclarecer. Actualmente la Comisión está trabajando en regular el tema y lo más probable es que no va a prohibir la pauta publicitaria, sino que establecerá medidas para que las reglas del juego sean más claras. Podría definir un límite de minutos de pauta por cada hora de programación y la exigencia de abrir oficinas de comercialización de pauta en Colombia, para que se facture y se paguen las contribuciones al Fondo de Promoción de la Televisión. Todo esto va a terminar en que los canales internacionales van a empezar a ofrecer pauta publicitaria en Colombia de manera más agresiva, pero con las reglas claras.

Nadie duda que la situación se ha tornado más difícil para los canales nacionales con el crecimiento de la televisión por cable, la creciente penetración de Internet y el próximo advenimiento del tercer canal. Pero la competencia siempre es bienvenida. Los televidentes tienen más opciones y hay más pluralismo. Lo importante es que la competencia se haga en franca lid. No sólo entre los canales nacionales y los internacionales, sino también para que haya un acuerdo en las mediciones de las preferencias de los colombianos. Y, por lo tanto, a dónde se va la plata. Ese es un capítulo que nadie se quiere perder.

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