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Bajo la ley de los multi-miedos

29 Dic , 2008  

Por Daniel G. Gutman *
La década de los 90 marcó un cambio definitivo en la historia de los medios de comunicación masiva. Empresas de diarios, radio y televisión como portadores de noticias fueron absorbidas por conglomerados gigantes o multimedios que les dieron un nuevo soporte económico pero al mismo tiempo debilitaron su función natural.

Pasaron a ser parte del inventario de estudios contables multinacionales que echaron mano al periodismo como producto de entretenimiento o como un activo interesante para su reventa a otros grupos del mismo tenor.

En medio de las conveniencias financieras, siempre atendibles y legítimas, rodaron las cabezas de miles de periodistas asalariados, globalizados en un abrir y cerrar de ojos, sin empleo o precarizados. La unión AOL-Time Warner suena emblemática en el nuevo contexto mundial dominado por una decena de megaemprendimientos a los que se sumaron empresas de menor tamaño en todo el mundo.

Podría decirse que la conducta multimediática se repite en cualquier país del planeta, en una réplica de procedimientos y estrategias que reproducen los mismos efectos a escala local.

Hay una conducta multimediática que trasciende la mera relación de tamaño, y con el favor de las condiciones e ideas imperantes en la economía mundial aún la pequeña y mediana empresa periodística reproduce las acciones de los grandes emporios. Hacia afuera le ofrece al cliente (antes ciudadano) un surtido excepcional de productos y hacia adentro impone controvertidas condiciones laborales a los operarios de cuello azul (antes periodistas).

Para Ignacio Ramonet la información finalmente fue devorada por el mercado y es apenas un ingrediente en el pastel de la comunicación. Ahora se mezclan las noticias con la publicidad, telenovelas, cine, espectáculos deportivos, marketing, música, juegos en red y toda la gama de alternativas de la información y el entretenimiento pero servidas en un único plato informe1.

Hasta los diarios, que dieron mayor cabida a las noticias “racionales” por encima de las “emocionales” provocaron un giro hacia el estilo televisivo, mucho más propicio para la venta masiva. Y no sólo incorporaron el color, un elemento valioso para la gráfica, sino que además se inclinaron al amarillismo –o por lo menos al sensacionalismo- y al ornamento farandulesco de la información. Con la farandulización gana el espectáculo y pierden la política y la vida pública2.

El edificio del periodismo libre, el guardián de la democracia se tambalea y los grupos mediáticos van por más. No sólo pierden el interés por la denuncia o el derecho de los ciudadanos sino que su objetivo es mantener y en lo posible engordar sus estructuras. Así pasan a ser grandes jugadores en la lucha por el poder y su voracidad los lleva a reclamar la derogación de cláusulas o leyes que impiden el ensanche monopólico3.

Dentro de este esquema la información estaría jugando del bando contrario al interés público. La tortilla se habría dado vuelta a favor del hombre de negocios y dejado a pie al ciudadano común que de ahora en más deberá optar por alguno de los productos de mediana o baja calidad que se le ofrecen. La información sobreabunda “envenenada por todo tipo de mentiras, rumores, deformaciones, distorsiones, manipulaciones4.”

Un ciudadano desarmado deberá enfrentar al nuevo superpoder con armas novedosas. Ramonet propuso crear el Observatorio Internacional de Medios de Comunicación en el Foro Social en Porto Alegre, Brasil (2003) para contrarrestar el poderío de los industriales de la comunicación. El director de Le Monde Diplomátique llamaba a combatir el mercantilismo informativo y su ideología, el neoliberalismo mundializado, para devolver la información a sus auténticos propietarios, los ciudadanos.

El Observatorio debería reunir a periodistas en actividad o retirados, profesionales o no, de cualquier medio de comunicación, a investigadores y universitarios de todas las disciplinas, en especial de la comunicación y ciudadanos comunes, y personalidades de reconocidas cualidades morales.

Este organismo rector, en el que la Universidad tendría un rol protagónico “porque es uno de los pocos lugares parcialmente protegidos contra las ambiciones totalitarias del mercado”, alcanzaría una legitimidad de la que carecen los sistemas de regulación de los medios o las organizaciones de periodistas, dependientes o vinculados a los intereses corporativos.

El tributo de los gigantes

Con el ojo puesto en el funcionamiento de la economía, un investigador norteamericano desmenuzó distintos análisis sobre concentración mediática y concluye que la única manera de modificar la estructura actual es aplicar nuevos impuestos dentro del mercado de las comunicaciones5.

Si se considera tan importante la existencia de medios independientes para la vida republicana, no puede dejarse librado al mercado esa responsabilidad ya que los conglomerados mediáticos tienen intereses en un abanico muy diversificado de rubros comerciales y financieros y lo peor es que no dejan de “tragar”.

Basta un solo dato para ejemplificar el afán troglodita de los multimedios: en 1983, el mercado norteamericano de medios estaba dominado por una cincuentena de compañías mientras que hacia fines de 2000 el dominio lo ejercían apenas seis compañías6.

La concentración produce un achatamiento informativo, la democracia pierde calidad, los ciudadanos se desentienden de la agenda política, los medios no se interesan por reflejar la pluralidad de los puntos de vista y hay un discurso hegemónico que favorece a los conglomerados y las políticas que los sostienen.

Una política de ingresos que redistribuya los recursos impediría que los multigigantes continúen ganando espacio y acumulando billonarias ganancias.

Una vez asegurados los recursos públicos habrá igualdad de oportunidades para aquellos que quieran participar en los medios de comunicación y hoy no pueden hacerlo. Así la sociedad se vería recompensada por la presencia de un periodismo acorde al ideal de la libertad de prensa, expresado en la primera enmienda de la constitución norteamericana. Es decir, se privilegiaría la libertad de prensa por encima de la libertad de empresa ya que nadie puede publicar libremente sus ideas si carece de los recursos mínimos para ello; una obviedad que los defensores a ultranza de la libertad de expresión parecerían no querer comprender.

Hacia adentro las redacciones también sufren el impacto con la reducción de los planteles de periodistas y el cierre de periódicos y pequeños y medianos emprendimientos periodísticos. En los Estados Unidos, los diarios suprimieron 2.200 puestos de trabajo desde 1990 hasta 2004 en tanto los servicios informativos de las cadenas más importantes redujeron sus planteles en un tercio respecto de 19857.

A modo de ilustración el semanario Newsweek ofrece un ejemplo catástrofe: la mitad de su personal fue despedido a lo largo de los últimos 20 años. Si faltasen datos que relacionen la hiperconcentración y el desempleo pueden observarse los números de la radio, el sector que posee la mayor concentración de medios por estos días.

Clear Channel Communications, de San Antonio, Texas, tenía cerca de 40 emisoras en 1990; hoy reúne alrededor de 1.270 estaciones de radio en los Estados Unidos y unas 240 en el exterior. ¿Cuántos periodistas necesita este atlas radiofónico?: un 56% menos que en 1990.

La mengua de profesionales determina menor o ningún control de calidad informativa, no se acude a fuentes variadas y la contextualización es casi inexistente. Para llenar el vacío y utilizar los recursos humanos los medios invierten en la distribución y presentación de noticias, con altas remuneraciones a conductores o presentadores en detrimento del periodista general.

Un periodismo de rostros marketineros precisa de contenidos livianos y de fácil acceso como pueden ser las noticias del mundo del espectáculo o los policiales o en todo caso farandulizar los hechos políticos o económicos.

El desinterés de los colosos mediáticos por aspectos esenciales del periodismo perjudica sobremanera a los diarios. La correlación entre personal y circulación se hace cada vez más evidente aunque no puedan darse números exactos.

La relación más difundida es de 1 periodista cada 1000 ejemplares, en términos de circulación. A menor cantidad de profesionales menor calidad periodística y caída en la ventas de ejemplares –aunque no significa caída en la venta de publicidad-, un círculo defectuoso para cualquier biblioteca de periodismo que no pareciera figurar en la mente de los propietarios de medios tan proclives a introducir el bisturí en la yugular de la tarea informativa, los periodistas.

Por suerte algunos diarios mantienen las viejas fórmulas, no por una adhesión tradicionalista sino a partir de investigaciones e índices que permiten medir la relación entre ganancias y calidad periodística. Un relevamiento sobre 400 diarios a cargo de la Universidad de Carolina del Norte (EE.UU.), entre los años 1995 y 2000, demostró que los más exitosos en mantener la circulación fueron los diarios que conservaron la relación de periodistas por encima de la medida convencional de 1 cada 1000 ejemplares.

En cuanto a los que perdieron circulación, no se sabe a ciencia cierta si primero perdieron circulación y después redujeron personal. Pero sí se confirmó que aquellos diarios que redujeron en mayor medida el personal fueron los que más circulación perdieron8.

Según el filósofo argentino Mario Bunge, devenido profesor universitario en Canadá, el problema es parte de uno mayor como es la concentración de bienes en pocas manos; muy pocos disponen de un gran poder y la única forma de remediarlo es distribuir el poder. Esa distribución debe alcanzar todos los aspectos, entre ellos los medios de comunicación9.

Bunge, frente al auge concentrador de los medios de comunicación, da la voz de alarma: “hay que trabajar por una legislación contra el monopolio informativo, esto es un peligro muy grande para la democracia porque implica alimentar a la gente con información unilateral, ocultándole la verdad, distrayéndola para mostrarle aspectos poco importantes de lo que en verdad sucede en el mundo”.

En la Argentina –mientras sigue vigente la “ley Videla” de radiodifusión- las condiciones para la concentración siguen siendo óptimas.

Por ahora no hay límites porcentuales o de participación accionaria ni se restringe la adquisición cruzada, o sea un medio audiovisual puede comprar uno gráfico y viceversa sin condicionamientos10.

Tamaña amplitud de criterio se alcanzó en los años 90, bajo la presidencia de Menem, mediante la modificación de los art. 45 y 46 de la ley de radiodifusión (ley 22.285) que contienen una serie de limitaciones, como las que existen en otros países.

En aquel momento se consideraba la ley como un impedimento insalvable a las inversiones de capital argentino y extranjero que prometían el ingreso al paraíso primermundista por la puerta de las comunicaciones. Más competencia, más empresas, más empleo…

La historia fue bien distinta. La recesión puso al descubierto el débil esqueleto sobre el cual se construyeron tantos castillos de arena. Y en su caída las grandes empresas periodísticas arrastraron a las más chicas, que sumado a las fusiones y adquisiciones anteriores conformaron la desolación actual.

Entre 1998 y 2002 el número de empresas de medios descendió de 291 a 265, con una reducción más significativa en las de gran tamaño (de 17 a 7) que son las que absorben mayor cantidad de empleados. Dentro del mismo período 1 de cada 3 periodistas perdieron su empleo o la estabilidad laboral11.

Las condiciones laborales de los periodistas, a pesar de la existencia del temible Estatuto Profesional (temible para el empresario de medios), se degradaron como las del resto de las profesiones en la economía argentina.

Se crearon formas legales o pseudolegales para encubrir la degradación laboral como son las pasantías a perpetuidad, con renovaciones por períodos breves, colaboraciones mal remuneradas por afuera de las normas o directamente impagas, trabajo gratuito, en especial en producciones de radio y televisión luego de transcurridos un año o más, tercerización de redacciones, con colaboradores satélite que ante la primer restricción publicitaria pierden su espacio laboral, salarios en baja, despidos masivos invocando situaciones de crisis para eludir la acción del Estatuto, bloqueo de la actividad sindical dentro de las redacciones y otras tantas variantes de la extorsión laboral típicas de la época coparon el mercado de trabajo.

Hacia 2000, según datos del Ministerio de Trabajo, la precarización laboral se aproximaba al 40%, es decir dentro de los parámetros que afectan hoy, 2004, al empleo nacional.

El enemigo duerme adentro

Bajo estas condiciones laborales habría que analizar hasta qué punto se garantiza la libertad de expresión o el derecho a la información, dónde queda la ecuanimidad o la pluralidad democrática en materia informativa si la tendencia no se revierte.

Cómo puede la sociedad exigir calidad informativa con periodistas atemorizados. Una redacción atemorizada es una representación circense de periodismo; el periodista no puede estar cuidando el pellejo cada día, atender cada gesto del jefe de turno, lidiar con la conveniencia editorial, satisfacer jornadas excesivas de trabajo y además hacer buen periodismo.

El periodista argentino pudo enfrentar la censura, soportó el asedio de funcionarios militares, vio como fueron asesinados muchos colegas pero no pudo con el enemigo interno, con las prácticas aberrantes dentro de su espacio de trabajo. Basta dar un vistazo a las redacciones de hoy, los rostros lo dicen todo. Quedó muy lejos la expresión de algún académico que explicaba la raíz satisfactoria del trabajo periodístico.

Sin pretender ejecutar una melodía melancólica ni desconociendo la complicidad de muchos colegas no se puede esconder la bronca y la resignación y eso significa un periodismo pobre, mucho más pobre que los pobres periodistas.

Creciente malestar e incertidumbre predominan en un relevamiento realizado entre 2002 y 2003 por Raquel San Martín, redactora del diario La Nación y docente.

Luego de reunir a varios grupos de discusión, integrados por redactores de diarios nacionales con dos años o más de experiencia y en situación de empleo efectivo, encontró que sus previsiones acerca del estado de ánimo de sus colegas fueron ampliamente superadas.

Una auténtica paradoja que revela como el miedo y las condiciones anómalas de trabajo conspiran contra la función esencial del periodista. El encargado de averiguar qué pasa no es capaz de saber qué está pasando en su entorno de pertenencia. La falta de comunicación entre compañeros de trabajo lleva a esconder el problema dentro de la intimidad de cada uno hasta convertirse casi en una cuestión psíquica individual. Aislamiento fatal. Y este fue uno de los hallazgos más interesantes del trabajo de San Martín: la incapacidad del periodista para articular una salida conjunta, un cambio solidario. No sólo por temor, también aparece la ausencia de autocrítica, como si los medios o sus propietarios fueran los únicos responsables.

Ninguno se hace cargo del autismo profesional (otra severa deformación del periodista de hoy que se aísla en su silla, su computadora, su nota, sus fuentes, y otros tantos su o sus o sustos), la falta de rigor en el chequeo de fuentes, la búsqueda del impacto antes que la información, el uso casi excluyente de fuentes oficiales o recomendables, etc.

Fatalismo y temor. Los encuestados sintieron gran alivio al participar de los grupos de discusión y pudieron expresarse en voz alta, pero una vez concluido el relevamiento insistieron en que se mantenga el absoluto anonimato, que había sido la condición ineludible para prestarse al estudio de la periodista.

Entre las incomodidades más insidiosas los redactores son unánimes en cuanto a la precarización que empobrece el trabajo, redactores polifuncionales, sobreabundancia de becarios en las redacciones, escasa formación de quienes toman las decisiones (jefes) y un sentimiento de impotencia por saberse prescindibles y manipulables.

“Somos el último eslabón”, “fabricamos salchichas”, “el trabajo es rutinario, no hay sorpresa ni adrenalina”, “esto es producción industrial en serie, somos parte de una maquinaria”, son algunos de las expresiones de los periodistas.

La sesión, como si se tratara de una terapia grupal, transitó hacia las escabrosas relaciones con los jefes: “si tenés iniciativa o no es lo mismo, la falta de motivación es completa” y “vivimos simulacros de fusilamiento: hace poco me llamaron para decirme que había ganado una beca y pensé que era para echarme (un periodista gráfico muy reconocido)”

La falacia de la línea editorial es otra de las quejas comunes a los paneles de discusión. Los periodistas no cuestionan la opción ideológica del diario sino el uso eufemístico que hacen las empresas de medios. Compromisos políticos y económicos, que vulneran principios genuinos de la profesión, se convierten en armas invisibles de control. El periodista debe acatar una serie de directivas, tácitas o manifiestas, tan cuestionables como lo que se puede o no decir, los temas que se pueden o no tocar, las personas que se pueden o no criticar, las fuentes que pueden o no citarse, focalizarse en notas que venden y otras normas controvertidas que se van aprendiendo en el discurrir cotidiano.

De este modo se va ensanchando el divorcio entre periodistas y directores, con diferencias crecientes de objetivos y aspiraciones que se detectan en la falta de identificación del personal con la empresa. Se trabaja para sobrevivir, la mística del oficio quedó en el recuerdo.

No concuerdan los consultados cuando se intenta definir la función del periodista, si debe interpretar, opinar, exponer los hechos, y muchos de ellos caen en contradicciones. Tampoco tienen claro el sentido social del discurso periodístico. En general dicen dirigirse a un lector difuso sin reparar en demasía en la información como bien público.

Instrumento de cambio

En línea con esta mirada crítica, Enrique Martín, ex secretario de redacción de la agencia noticiosa DyN (Diarios y Noticias) golpea sin contemplaciones sobre el estado actual del periodismo deportivo: “Pasa por el peor momento de su historia, hay falta de imaginación y talento porque los jóvenes no leen, crecieron mirando televisión, hay deficiencias para escribir y no saben interpretar los textos. A mí no me echaron del periodismo…soy un renunciante. Me harté porque el periodismo limita a un tipo que quiere escribir. Tomar lo que dice un jefe semianalfabeto es cosa de locos. No existe la repregunta, ya sea por ignorancia o complicidad12.”

Con la misma contundencia, otro periodista deportivo, Víctor Hugo Morales (Radio Continental), casi solitario por su prédica y estilo, considera que los años 90 potenciaron las patologías del gremio hasta el paroxismo. Diarios deportivos, radios de fútbol las 24 horas, auge del amarillismo, el rumor, el chisme y el escándalo junto con la persecusión de los periodistas antimonopólicos (los que no trabajan para Torneos y Competencias del grupo Clarín) y el uso indiscriminado de pasantes dieron por tierra con la ética y el papel fiscalizador que tenían los periodistas. “Ser periodista es menos que ser nada si la profesión no sirve para mejorar a la gente. Elevar las estructuras del pensamiento, la riqueza de ideas, la sensibilidad, el nivel cultural, ésa es su misión.”, define Víctor Hugo Morales13.

Con mayor optimismo, el periodista Reinaldo Sietecase (Revista 23), cree que hay espacios de libertad individual en los cuales los profesionales todavía tienen margen de maniobra. “Si tenés información, la chequeás, ¿es cierta?, entonces la publicás. Ésa es la dinámica, y en lo posible tratar de que el empresario no incida en la línea periodística. Esto parece ingenuo pero es una pelea a dar. No digo que siempre la ganás pero hay que tratar que la agenda periodística surja de los periodistas. A la larga es lo mejor que le puede pasar a los empresarios.”, argumenta Sietecase que de todos modos no deja de reconocer las tensiones existentes. “Otra cosa son las diferencias que uno tiene con el medio en el que trabaja –continúa el ex redactor del diario Página 12- uno tiene que lograr que su material se publique, no escribir cosas que no escribiría, ser fiel a la verdad y, en todo caso, cuando se la quieren violar queda la posibilidad de irse. No me gusta la obediencia debida, a mí no me vengan con ese cuento de que el jefe me obligó a escribir algo que yo no quería; también se puede decir que no. Ahora, yo no cuestionaría a un compañero que sí lo hace porque le tiene que dar de comer a su familia, pero hay mucha gente que dice que no y otra que dice que sí con entusiasmo. Ésa es la diferencia.”.

Como integrante del consultorio ético de la Fundación Nuevo Periodismo (García Márquez), el periodista colombiano Javier Darío Restrepo se detiene en algunos vicios de la profesión, “hay una tendencia entre los periodistas a cambiar de status, a cambiar de carro, de zapatos y de vestido; se llenan de deudas y comienzan a trabajar en distintas partes”.

Siempre con referencia al periodismo latinoamericano Restrepo encuentra en las presiones económicas un problema común a todo el continente, “los medios adquieren compromisos de miedo con los bancos, después con los políticos y como resultado terminan imponiendo restricciones a los periodistas y recorte de salarios. Los exponen a tener que redondear sus sueldos con otros ingresos”.

Observa Restrepo que muchos periodistas “no son conscientes del poder que tiene el medio, de la responsabilidad en la información. Se trata de personas rutinizadas en el oficio con esas prisas absurdas, sin pensar en el manejo de las fuentes y documentos, lo único importante es ganarle a la competencia”14.

Dentro del reciente informe de 500 páginas que presentó el Pew Center de los Estados Unidos junto con el Proyecto para la excelencia en el Periodismo aparecen conflictos y dudas similares en el espectro laboral norteamericano.

En uno de sus capítulos se pone la lupa sobre la desconfianza que reina dentro de las redacciones15. Desconfianza tanto del redactor hacia su jefe como del jefe hacia los directivos y peor aún, desconfianza acerca del futuro del periodismo. Se percibe que el rumbo de los medios no es el correcto, la presión de los propietarios y los anunciantes está limando la calidad del producto periodístico.

La mentalidad cortoplacista de quienes conducen la industria noticiosa ya dio muestras en el pasado de cometer gruesos errores al recortar en forma indiscriminada los planteles periodísticos y, al parecer, van en la misma dirección. Todos los rubros de la industria noticiosa registran caídas en los niveles de empleo, incluso las redacciones digitales pese al empinado aumento de la audiencia en Internet.

Pero el dato más desalentador del capítulo es el pesimismo de los periodistas con respecto a sus lectores u oyentes. El periodista ahora desconfía del público. Los últimos cinco años mostraron un esfuerzo de parte de los periodistas por ir al encuentro de la sociedad, por reflejar mejor sus intereses y, sin embargo, la respuesta no parece ser la más satisfactoria en términos de reconocimiento.

Quizás se trate de un período muy breve si pensamos en la influencia del llamado infoespectáculo –todavía en pleno furor- sobre estas audiencias que el periodismo más comprometido intenta recapturar.

La conclusión del informe es preocupante. Hay una clara tendencia a la fragmentación, al distanciamiento entre los principales protagonistas del juego mediático. El público, los periodistas y los ejecutivos de medios no tiran para el mismo lado, no coinciden en las soluciones y tampoco en identificar los problemas.

Parece que en Europa la colección completa de joyas periodísticas no se consigue. En principio cuentan con mejores sueldos, las jornadas laborales se adecuan a la naturaleza humana, las organizaciones sindicales y asociaciones de periodistas tienen mayor injerencia en las cuestiones profesionales, se respetan los códigos de ética, pero la incertidumbre también revolotea por tan civilizadas redacciones.

El caso español estaría a mitad de camino entre las américas y las europas. En 2003, el Partido Socialista organizó una serie de encuentros con los actores principales del periodismo español. Concurrieron autoridades de los diarios El País y El Mundo, de la cadena Ser, representantes gremiales y de asociaciones de prensa, entre otros.

Uno de los expositores, Manuel Núñez Encabo (uno de los redactores del Código Europeo de Deontología) pronosticó la futura desaparición del periodismo tal como lo conocemos porque los periodistas no pueden expresarse con libertad y por lo tanto el derecho a la información carece de garantías. Desde el gremialismo se asegura que el 50% de los periodistas españoles trabajan en condiciones de precariedad y se denunció la discriminación sexual que padece la actividad (paradojas del mejor y más libre oficio del mundo), con sueldos 30% inferior de las mujeres respecto de los varones.

También se alertó sobre las relaciones peligrosas entre el poder político y los grandes grupos de comunicación. La mayoría de los periodistas se convirtieron en “esclavos mentales”, no se los forma ni se les enseña, sólo se los adoctrina en una única materia: “la sumisión”.

El cierre del acto estuvo a cargo de quien luego sería tiempo después el presidente del país, José Luis Rodríguez Zapatero (PSOE), que prometió dar curso al Estatuto de la Profesión Periodística que reclaman los periodistas16.

Clima tormentoso bajo los cielos del periodismo español. Acechan vendavales aquí y allá. Es tiempo de transición y de pronósticos. El periodismo cae en la indefinición, en los para qué y los por qué.

¿Periodismo vs. Libertad?

Entre apocalíptico y escéptico, Ignacio Ramonet también cree que los periodistas están en vías de extinción. Reducidos a obreros de una cadena de montaje, se hallan en medio de una regresión que los arrastra hacia el esquema taylorista de trabajo17.

Para el director de Le Monde Diplomàtique la información se convirtió en primer lugar en mercancía, por lo tanto se rige por las leyes del mercado, de oferta y demanda en vez de criterios cívicos o éticos que hasta hoy habían sentado las bases teóricas del periodismo.

La relación entre información y verdad se descompensó; pueden decirse grandes mentiras que interesen a mucha gente y venderse a muy buen precio. Para colmo aumenta el caudal informativo pero lo hace cuantitativamente, lo que agrega confusión y se convierte, a fin de cuentas, en un elemento regresivo de la libertad. A medida que se agrega información se achica la cuota de libertad, un efecto censura –dice Ramonet- basado no ya en la supresión de otros tiempos sino en el incremento informativo.

Si tomáramos prestado de la ciencia económica la noción de rendimiento marginal decreciente y acompañando el pensamiento de Ramonet, podría decirse que cada unidad de información que se inyecta en el torrente comunicacional produce proporcionalmente menor grado de libertad.

La pregunta que surge de inmediato es: ¿el periodismo está trabajando en sentido contrario a la libertad de expresión? Siguiendo la ley de libertades marginales decrecientes la respuesta es sí. Por lo tanto, para seguir vivo el periodismo debe ofrecer calidad y la transparencia debe formar parte fundamental del componente de calidad.

En la oferta de calidad Ramonet encuentra una luz de esperanza para la profesión, “información creíble y fiable, es decir, la que tiene un mínimo de garantías relacionadas con la ética, la honestidad, la deontología o la moral de la información”.

La cuestión ética pasó de ser una materia de estudio en el ámbito universitario, plena de curiosidades, héroes y villanos, ideales inalcanzables, para convertirse en el instrumento que asegure la continuidad y consolide la profesión. Parece mentira pero ahora el futuro es la ética; las utopías serán las futuras realidades.

Pero al retornar a la situación laboral presente Ramonet retorna al más agudo pesimismo y lamenta que en “nombre de la industrialización de la información, el ámbito de actividad se redujo considerablemente. El periodista enfrenta un sistema de jerarquía y propiedad que reclama una rentabilidad inmediata. De allí que el periodista se preocupe por lo que le van a pedir y más si lo que le piden entra en contradicción con su pensamiento. A pesar de la resistencia y la defensa de la ética muchos periodistas abandonan y se pasan al campo de las relaciones públicas, a la comunicación institucional, a ser simples canales de transmisión.”

El periodismo está que arde. Ojalá no llegue a quemarse. La crisis se agudiza y llena de incertidumbre a los participantes; hasta resulta complicado definir al periodismo y a los periodistas. Se duda incluso de su eficacia como herramienta para el desarrollo de las democracias, tambalea el andamiaje ético y caen bajo la tiranía de las presiones económicas o políticas principios estructurantes de la actividad.

Es una transición muy dura. Algo es evidente: el periodismo está cambiando, falta que los periodistas tomen el control del cambio, que pasen a la ofensiva o se resignen a ser operarios pasivos de un neoperiodismo, servil y funcional, apéndice comercial –en el mejor de los casos- de grupos de poder o presión.

Habrá que animarse a dar la batalla o seguir perteneciendo al staff del cinismo o la corrupción. El punto medio, la reserva del espacio individual a la que apuntan muchos periodistas, es un esquema difícil de conservar.

La comodidad o el miedo no son buenos consejeros, la marea sigue avanzando y tarde o temprano lo cubrirá todo. Es mejor ser precavido y empezar a construir la barca.

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Referencias bibliográficas:

(1) Ignacio Ramonet. “El quinto poder”, www. monde-diplomatique.es, octubre 2003.
(2) Entrevista: García Canclini, Revista “Cinco W”, Instituto de Comunicación Social-UCA, Bs. As. 2003.
(3) (4) Ignacio Ramonet. “El quinto poder”, www. monde-diplomatique.es, octubre 2003.
(5) Brian Houston, “Inequality of resources: The crisis of media conglomeration and the case of reform”, Universidad de Oklahoma, 2001
(6) Ben Bagdikian, “The media monopoly”, 2000, citado en (5)
(7) Ernesto Carmona, “El negocio mediático está en decadencia en Estados Unidos”, www.argenpress.info, 2/02/2004 o ver “Proyecto para la excelencia del periodismo” en www.journalism.org
(8) Philip Meyer y Minjeong Kim, “How many news people does a newspaper need?, Universidad de Carolina del Norte, 2001.
(9) Mario Bunge/Martha Paz, “Concentración mediática, peligro para la democracia”, www.argenpress.info, 2003.
(10) Damián Loreti, El derecho a la información, Paidós, Bs.As. 1999.
(11) Observatorio de medios UTPBA, “Las alambradas mediáticas. Concentración económica y degradación del trabajo”, www.observatorio.org.ar
(12) Sergio Levinsky, El deporte de informar, capítulo 6, pág. 95-96, Paidós, Bs.As, 2002
(13) Víctor Hugo Morales y varios, Jugados. Crítica a la patria deportista. pág. 175-179, Eudeba, Bs.As. 1999.
(14) Gerardo Reyes, “Javier Restrepo. El compromiso con la verdad”, Perfiles y Entrevistas, www.fiu.edu. 1998
(15) Bill Kovach, Tom Rosenstiel y Amy Mitchell, “A crisis of confidence”, Pew Research Center for the People and the Press and the Project for Excellence in Journalism, www.people-press.org, 2004.
(16) Marisol Castro y Gaia Mega, “Zapatero se compromete a regular la actividad periodística”, Periódico electrónico Opinar, www.opinar.net, 2003
(17) Ignacio Ramonet. “El periodismo del nuevo siglo”, www.etcetera.com.mx, mayo 2004

* Daniel G. Gutman es profesor en el Instituto de Comunicación Social de la Universidad Católica Argentina y es editor responsable del sitio www.brutalargentina.com.ar.Esta es su primera colaboración para Sala de Prensa.

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Comiendo pavo

29 Dic , 2008  

Por: Mario Morales
No debe haber muchas celebraciones por estos días entre los más allegados al presidente Uribe. El 2008, que pintaba como el año de la consagración, termina lánguido y confuso no sólo desde la óptica de la percepción por la crisis económica, las pirámides, los falsos positivos y las deficientes relaciones con los vecinos, sino también por los augurios. (Publica El Espectador)

La polémica aprobación del referendo reeleccionista terminó por aguarles el ajiaco navideño y amenaza con dejar comiendo pavo en el Año nuevo al uribismo (o lo que queda de él), a una parte del gabinete, a algunos de sus allegados y al mismo presidente.

Indigesto está Juan Manuel Santos que se debate, y no sabe qué es peor, entre lanzarse como candidato a disputar con su jefe, quedarse donde está o ir por el ministerio del Interior, en el cual resucitó, contra todos los pronósticos y en 24 horas, Fabio Valencia Cossio.

Indispuesta está Martha Lucía Ramírez ante la falta de claridad de Santos y Uribe que le cierra a ella, y a quienes como ella aspiran a ser candidatos desde lo que sobrevive del uribismo, o desde el uribismo por conveniencia, como pasa con Noemí.

Confundidos andan Andrés Felipe Arias, que soñaba con llegar al Mindefensa e incluso al Mininterior; y el Minhacienda, Óscar Iván Zuluaga, a quien le tocó bailar con las más fea, salió regañado y se siente preavisado cada vez que se ventila a Carolina Rentería como su reemplazo.

Y qué decir del Minprotección, Diego Palacio, que sigue envainado con las múltiples críticas por su opaca gestión y con la yidispolítica, que lo acompaña como una sombra; o del Mintransporte que se quedó en el trancón o el Canciller Bermúdez que, como Samuel, el alcalde, aún no han terminado de posesionarse.

Pocos motivos para brindar; a diferencia de Germán Vargas y Sergio Fajardo que supieron desmarcarse a tiempo, que tienen agenda propia y unos kilómetros de ventaja.

Ejemplo que no han seguido los liberales y el Polo, enredados en disputas, vanidades y formalismos egoístas que los pueden dejar, como en estas festividades, de extras para aplaudir o rechiflar en la campaña electoral que ya arrancó.

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El síndrome Watergate

29 Dic , 2008  

Por Carlos Castillo Cardona
Hace unos días murió Mark Felt, quien sirvió de informante clave de Woodward y Bernstein en el escándalo de Watergate, que acabó con la renuncia del presidente Richard Nixon en 1974. Esa muerte ha revivido las hazañas de estos dos periodistas de The Washington Post, reforzando, una vez más, el mito de que la prensa puede tumbar a un jefe de Estado.
La historia de Woodward y Bernstein ha servido para publicar muchos libros y un número infinito de horas de clase sobre la comunicación y el poder.

Pero, ¿es la prensa capaz de tumbar a un presidente? ¿Podían estos dos muchachos de cerca de treinta años realizar semejante proeza? Muchos creen, con la misma ingenuidad con la que se dice en Colombia que los estudiantes tumbaron al dictador Rojas Pinilla. No se hubiera logrado sin el sector bancario, el empresarial y el político de aquellos
tiempos. Tampoco los diligentes periodistas de Washington hubieran logrado lo que lograron sin la existencia de ‘Garganta Profunda’, que a la sazón era el director adjunto del FBI. Felt no operaba necesariamente por razones simplemente personales, sino que lo apoyaban intereses políticos en un país que se desangraba por Vietnam y las
protestas públicas.

Sin demeritar el trabajo de Woodward y Bernstein, sus acciones condujeron a desarrollar el síndrome Watergate de los medios, es decir, la idea obsesiva que algunos periodistas tienen de tumbar presidentes. En algunos casos, la acción tipo Watergate ha dado sus frutos cuando se combinan con otros factores políticos. Pero algunos periodistas, ante la ingente y frustrante tarea de arrasar con los jefes de Estado, se
contentan con perseguir presas de menor calibre con la esperanza de obtener la pírrica e ilusa satisfacción de llenarse de gloria por haber logrado abatir a un político, a un director de instituto descentralizado, un contratista o, si tienen gran fortuna, a un ministro.

Nuestro país ha gozado de este síndrome de manera cumbre y constante. Un ejemplo es el proceso 8.000. Tumbar a Samper fue una tarea colectiva de varios periodistas que intercambiaban información, acordaban artículos, creaban símbolos y buscaban escalar el conflicto. Si la operación falló no fue por falta de esfuerzo. Sus apoyos no resultaron ser tan poderosos, pues se limitaban a un fiscal bastante débil y mediocre, a un jefe de la Iglesia Católica poco creíble y al manipulador embajador de un país que no gozaba del afecto de los colombianos. El Presidente tuvo
el apoyo del poder real representado por los ‘cacaos’, los dueños de los grandes capitales. El manejo de la clase política, tan dúctil y maleable, y el apoyo de los grupos populares, más amplio de lo que la gente recuerda, mantuvieron al Presidente en el poder. La frustración de los medios, por no lograr un Watergate, ha marcado los tiempos presentes. Sin que eso sea común a todos los periodistas, hay un grupo que no ve la hora de coronarse por haber tumbado al presidente Uribe. Creo que muchas de las críticas que hacemos al Presidente son justas. A veces serán exageradas o, llevados por el entusiasmo, ignoramos alguna de sus virtudes. El papel de los periodistas o de los pocos que gozamos de la posibilidad de expresar opiniones debería estar lejos del síndrome Watergate. El periodismo, en vez de ser arrastrado por la vanidad personal de los que lo ejercen, se debe guiar por la objetividad y la ética que dé las bases para un razonamiento equilibrado.

El público huele fácilmente la vanidad ajena. Si los ciudadanos no tienen las bases independientes para razonar políticamente, es probable que el simple odio no tumbe a Uribe. Mientras el Presidente goce del apoyo de los grandes grupos económicos, de los politiqueros, de los miembros del Estado que se benefician con prebendas será reelegido una y otra vez, por más síndrome Watergate que tengamos. Los medios siempre serán
manipulables.

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Mucha estrategia, y de aquello nada

24 Dic , 2008  

Por: Mario Morales
Es, como dicen los retóricos, una falacia de argumentación. Los propagandistas prefieren llamarla transposición. Ocurre cuando se le carga al adversario los errores o defectos, intencionales o no. (Publica El Espectador)
Menospreciar el ofrecimiento de la liberación unilateral de seis secuestrados por las Farc y calificarlos de trampa o show sin conocer los detalles de la propuesta, es a su vez un juego político del presidente Uribe.

La estrategia apunta simultáneamente a varios objetivos. El primero es no perder la iniciativa en temas atinentes al conflicto. El segundo es invisibilizar la propuesta que puede tener calado en la opinión, más sensible en época navideña (“Si no puedes negar unas noticias, inventa otras que las distraigan”). El tercero, como lo señaló el editorial de este diario, es privilegiar los rescates frente a cualquier otra acción, sobre todo si no es estatal. El cuarto es aprovechar los réditos que la mano dura le brinda a la imagen presidencial, en picada en las encuestas. Y el quinto, en relación con el anterior, es alimentar la percepción de coherencia y seguridad a la hora de plantarse sobre inamovibles, que no pocos sectores califican de terquedad, cuando se barrunta la posibilidad de un acuerdo o negociación.

Si bien tardío e insuficiente, ese gesto de una guerrilla diezmada y arrinconada, representa no sólo la alegría de seis familias, la esperanza de las otras 22 que aguardan su turno, sino una oportunidad para el Gobierno, apremiado con el sol a la espalda, de retomar la agenda de una paz negociada y pronta como lo reclama el país, más allá de un pulso de estrategias de unos y otros.

En vez de desvirtuar la eventual liberación, el Gobierno debe entrar a acordar unas condiciones claras y transparentes con ayuda de la comunidad internacional que fue efectiva y definitiva en las liberaciones unilaterales de enero y febrero pasados. Ya lo decía Voltaire hace 300 años, en lugar de discutir hay que definir los términos.

Por esos secuestrados y por los demás, esta noche habrá en nuestros hogares una silla vacía en señal de que los seguimos esperando.

Para todos, una feliz Navidad.

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Entrevista – Tres expertos hablan sobre libertad de expresión

23 Dic , 2008  

Con ocasión del debate surgido por la orden de arresto al director de la revista Semana*, la FLIP conversó con tres expertos en libertad de expresión. Catalina Botero, relatora Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos; Roberto Saba, director de la Asociación por los Derechos Civiles de Argentina, y Toby Mendel, director jurídico de la organización internacional Article XIX, hablaron sobre el derecho de rectificación y el derecho de réplica, y sobre la proporcionalidad de la sanción penal.

FLIP: ¿en qué condiciones debe rectificar información errónea un medio de comunicación?

Catalina Botero: cuando un medio de comunicación comete un error en la presentación de los hechos y ocasiona un daño que afecte derechos fundamentales – como la honra y el buen nombre –, y la persona interesada solicita la rectificación, ésta procede exclusivamente para corregir ese error.

La rectificación debe producirse en condiciones de equidad, pero no se puede medir en términos matemáticos. Lo importante es que la audiencia tenga la oportunidad de reconocer el error en el que se incurrió. Se requiere entonces que sea un lugar de la publicación consultado por el mismo tipo de audiencia que vio la publicación original donde estaba la información errónea.

Roberto Saba: según tengo entendido, en Colombia no existe el derecho de réplica para los medios escritos. No obstante, en algunos casos podría pensarse en este recurso, que además está contemplada en la Convención Interamericana de Derechos Humanos, en el artículo 14. En la réplica el medio no está reconociendo que cometió un error, sino que le da un espacio al afectado para que se refiera específicamente a la información que lo afecta.

Ahora, en el caso de la rectificación, hay que tener en cuenta que ésta sólo debe proceder por errores que representen un daño. De lo contrario, los medios tendrían que rectificar errores que no tienen relevancia. Por ejemplo: un medio de comunicación dice que alguien robó algo y tenía un saco amarillo; y ese alguien no discute la afirmación de que es un ladrón, pero dice que el saco que tenía era de otro color. En ese caso no debe proceder la rectificación.

Toby Mendel: quisiera retomar brevemente lo de la réplica. En el Reino Unido existen reglas muy claras para que ésta opere. Sólo existe para errores en cuanto a los hechos, que además constituyan la violación de un derecho legal del afectado. La réplica no puede ser más larga de la publicación original, y sólo puede referirse al asunto específico que se trató. Además, no puede a su vez violar otros derechos.

En el caso de las rectificaciones no tenemos unos criterios tan estrictos, básicamente porque la rectificación es menos invasora de la autonomía del medio. Hablo de la rectificación autónoma que hace el medio de comunicación. Éste decide cómo corrige el error que cometió. Cuando un juez empieza a decir cómo se debe rectificar, y dar las condiciones para hacerlo, empieza a parecer una réplica desde la órbita del juez. Por último, cabe decir que la rectificación puede implicar la afectación de un derecho sin que implique una difamación, pero tiene que referirse exclusivamente a hechos.

FLIP: ¿el hecho de que un juez le ‘dicte’ los términos de la rectificación a un medio de comunicación podría considerarse una forma de censura?

Catalina Botero: cualquier requerimiento adicional a los que señalé, en una rectificación, sería desproporcionado y supone una violación del derecho a la libertad de expresión. En particular si se ordena incluir información adicional que no está directa y específicamente relacionada con el error fáctico cometido. Obligar a un medio a publicar todo una reflexión elaborada por el juez, que implique por ejemplo una forma distinta de valorar los hechos, es una violación de la libertad de expresión.

Roberto Saba: la regulación sobre libertad de expresión debe ser muy exacta. Si no, se puede incurrir en lo que los norteamericanos llaman ‘sobrerregulación’. La rectificación debe estar centrada exclusivamente en los hechos que el afectado alega. Hay que aplicar un criterio estricto. Cualquier otra obligación más allá de eso, excede la facultad que tiene el Estado de intervenir en la libertad de expresión.

Por lo general, la función de un juez está limitada a decidir sobre las partes del proceso y los hechos que el afectado identifica como centrales en el pleito; se trata de pleitos entre las partes. Cualquier obligación que exceda el reclamo del demandante o los hechos identificados, parece estar fuera de la jurisdicción del juez. Así, si un juez obliga a hacer una rectificación sobre hechos o partes que no estuvieron en el proceso, puede haber una violación del debido proceso. Un juez no puede obligar a un medio de comunicación a pronunciarse sobre hechos que no se discutieron durante el proceso.

FLIP: ¿sancionar penalmente a quien se niega a rectificar una información en los términos en que lo exige un juez, puede resultar desproporcionado? Por ejemplo en el caso del desacato.

Catalina Botero: el desacato de una orden judicial supone restricciones drásticas a los derechos fundamentales, como el derecho fundamental a la libertad personal, por un periodo breve. Y cuando se deriva de una decisión judicial arbitraria, puede ser una doble violación de la libertad de expresión: en primer lugar, la arbitrariedad de la decisión, que obliga a incluir información innecesaria para la rectificación; y segundo, la restricción de libertad personal.

Roberto Saba: en el caso de información periodística sobre funcionarios públicos, creería que sí. Cualquier sanción penal a expresiones críticas sobre un funcionario público, de acuerdo a la jurisprudencia de la Corte Interamericana, es contraria a la convención. Los funcionarios públicos están expuestos a un escrutinio más extendido que el de un particular. La sanción penal en esos términos puede ser una responsabilidad ulterior desproporcionada.

Toby Mendel: los jueces deben tener la posibilidad de hacer cumplir las decisiones judiciales que, por supuesto, deben ser legítimas. Ahora, si un periodista enfrenta una sanción penal por no rectificar, esa sanción penal no es por un asunto de libertad de expresión, sino por incumplir la orden de un juez. En ese sentido, debe haber herramientas para que los medios de comunicación también cumplan con las normas. Y opera también en el otro sentido: cuando alguien desobedece una decisión judicial que favorece a un periodista o medio de comunicación, el juez también debe meterlo a la cárcel. Las personas no se pueden negar a cumplir la orden de un juez.

– – –

* Recientemente un juez inició un incidente de desacato contra el director de un medio de comunicación nacional por incumplir un fallo de tutela. Después de haber publicado dos rectificaciones, el medio se negó a emitir una tercera por considerar que había cumplido con la orden judicial. La sentencia ordenaba que la rectificación se hiciera “con los mismos caracteres, colores, tamaño del artículo original errado”. Para los medios de comunicación y organizaciones como la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), esta orden judicial desconocía los parámetros fijados por la Corte Constitucional y constituía una violación de la libertad de expresión. Para mayor información, vea: http://www.flip.org.co/veralerta.php?idAlerta=328

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La ley de la selva

22 Dic , 2008  

Por: Mario Morales
El 2008 Pasará a la historia como el año del quiebre institucional. Sin importar antecedentes o referentes la administración Uribe terminó de llevarse por delante una larga lista de acuerdos sociales que eran el fundamento de esa institucionalidad.(Publica El Espectador)

La tapa fue, sin duda, la decisión agónica y desesperada de montarse en el referendo que busca un tercer período, así se trate de un procedimiento de emergencia, y no de una calculada estrategia política para mantener la gobernabilidad en estos 19 meses restantes. (Sería osado ir a la urnas si, como dice la reciente encuesta Gallup, uno de cada dos colombianos no quiere ver repitiendo a Uribe).

Con esa decisión Uribe rompió las reglas del juego político al negarle a toda una generación de dirigentes la opción de ser elegidos, especialmente a sus amigos y colaboradores que le fueron leales estos seis años.

Rompió, de paso, los lazos de confianza de un sector de la población que le creyó cuando repitió que no estaba interesado en quedarse, y riñe con el sentido de las proporciones si espera gobernar 16 años.

La lista de rupturas se hace extensiva a lo jurídico y a lo ético con la desproporción en las penas, premios y bonificaciones extrajuicio a parapolíticos, paramilitares y guerrilleros arrepentidos.

También se rompieron las reglas del DIH y del derecho de gentes con los falsos positivos, uso inadecuado de emblemas, seguimientos indebidos e interceptaciones no autorizadas.

Se rompieron las reglas que consagran el derecho a una oposición libre y desprovista de señalamientos y acusaciones, y las del decoro con nombramientos diplomáticos a periodistas piloto como Álvaro García y Rafael Nieto y al mantener en sus cargos a funcionarios en entredicho legal o moral.

Se rompieron los principios humanitarios con la invisibilización de las víctimas y los más de tres millones de desplazados, y hasta las normas del buen trato a quienes osaron preguntar, disentir y contradecir como le consta a Luis Fernando Velasco.

Con el rancho ardiendo, la única ley que parece prevalecer es la de selva y la del sálvese quien pueda.

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Castigan cámara oculta e intimidad

22 Dic , 2008  

Pese a que aún no se conocen sus fundamentos jurídicos, el Tribunal Supremo ha dictado una novedosa sentencia en la que castiga la emisión por televisión de un reportaje grabado con cámara oculta, una práctica que se ha popularizado en muchos países y que, en algunos casos, vulnera el derecho a la intimidad.

En la sentencia se impone una severa multa a El Mundo TV, la productora televisiva de Unedisa, por «la utilización sin consentimiento de aparatos ocultos de captación de imagen y de voz» en un programa emitido hace ocho años, en el que se había grabado a una naturópata que ejercía la profesión en Valencia sin título alguno.

Posteriormente, esta mujer fue condenada por un tribunal por intrusismo profesional.

La demandante alegaba que la productora violó su intimidad al filmar su actividad en un despacho de su casa en el que atendía a sus clientes.

Es indudable que muchos de estos reportajes de investigación periodística sirven para desvelar tramas delictivas y contribuyen a poner en guardia a la sociedad ante muchos abusos.

Sin embargo, es razonable que el Supremo sea cauto y no incurra en la sublimación de un derecho, el de la libertad de información, de modo que prevalezca siempre sobre el de la intimidad en supuestos en los que se graban imágenes y conversaciones sin conocimiento ni autorización de uno de los interlocutores.

Se trata de derechos cuyos límites conviene ponderar en cada caso concreto atendiendo a sus circunstancias. Por tanto, la sentencia es un varapalo para el periodismo de cámara oculta, pero no supone una desautorización absoluta de esta práctica, cuyas pretendidas bondades sociales son tantas como sus riesgos jurídicos.

No en vano, se trata de una práctica carente de una regulación específica en la que la línea que separa una investigación rigurosa de un montaje o de un mero espectáculo con ánimo de lucro o morbo es muy fina.

Este fallo animará el debate de hasta qué punto es jurídicamente admisible el descubrimiento de determinados hechos sin un control judicial y policial previo, pero reafirma que el fin no siempre justifica los medios cuando, además, estos medios pueden suponer la invalidación de pruebas.

VÍA ABC

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Radiografía del crimen contra periodistas en Colombia 15 años

22 Dic , 2008  

Más del 70 por ciento de los crímenes cometidos en los últimos quince años en Colombia está en la impunidad. Ningún autor intelectual ha sido condenado y encarcelado. Se han presentado sentencias absolutorias en el 19.2 por ciento de los casos. Salvo algunos casos donde hay condenas contra los autores materiales para una impunidad relativa, en todos los demás, hay impunidad total.

Por Diana Calderón

Gustavo Ruiz Cantillo fue asesinado en plena plaza de mercado de la población de Pivijay en el departamento del Magdalena a las 5:40 de la tarde del 15 de noviembre de 2000. Dos hombres lo seguían de cerca y uno de ellos le disparó en la cabeza, por la espalda.

No había dudas: el periodista de Radio Galeón fue asesinado para evitar que siguiera informando sobre el incremento de muertes en el área rural de Pivijay, de los que responsabilizaba a los paramilitares. Se reportaron dos mil homicidios en dos años.

A los tres años y dos meses del asesinato de Ruiz Cantillo, la Fiscalía General de Colombia decidió archivar el caso, pues según dijo “no logró relacionar a las personas con el homicidio”. Fue entonces cuando la Unidad de Respuesta Rápida (URR) de la SIP en Colombia decidió investigar lo que según los pobladores y colegas de Pivijay, todo el mundo sabía y las autoridades no habían logrado comprobar o no habían querido investigar.

Investigación en mano, en febrero de 2006, la URR de la SIP solicitó la reactivación del expediente a la Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía en Bogotá. La solicitud fue aceptada cinco meses después cuando se entregó el proceso para conocimiento de un nuevo fiscal y se revocó la resolución inhibitoria.

En junio pasado, casi ocho años después de la muerte de Ruiz Cantillo, la Fiscalía ordenó vincular y capturar a Ever Mariano Ruiz Pérez, Saúl Severini Caballero, Alberto Enrique Martínez Macea, Norberto Quiroga Poveda y Rodrigo Tovar Pupo, alías Jorge 40.

El 19 de noviembre se realizó la audiencia de formulación de cargos para sentencia anticipada a Martínez Macea y se remitió al Juzgado Penal del Circuito Especializado de Santa Marta para la respectiva sentencia. Y el 3 de diciembre, se pidió por intermedio del cónsul de Colombia en Washington escuchar en indagatoria al jefe paramilitar extraditado Rodrigo Tovar Pupo.

Ruiz Cantillo es uno de los 57 periodistas asesinados por razones comprobadas del ejercicio profesional en los últimos 15 años en Colombia (1993-2008). El proceso investigativo para determinar a sus homicidas estuvo archivado por más de dos años. En ese mismo estado se encuentra el 28.07 por ciento de los procesos investigativos por homicidios de periodistas: archivados o suspendidos.

Pero también el caso de Ruiz Cantillo es uno de los que demuestran que es posible romper el círculo de la impunidad, como son los de Nelson Carvajal Carvajal (abril de 1998 en Pitalito, Huila) o los de Carlos José Restrepo Rocha (7 de septiembre de 2000 en San Luis Tolima); José Emeterio Rivas (7 de abril de 2003 Barrancabermeja, Santander), Luis Eduardo Alfonso (18 de marzo de 2003 en Arauca), sobre los cuales se esperan fallos de los respectivos juzgados en los próximos meses.

En Colombia, se han logrado 17 sentencias condenatorias de autores materiales en 12 casos de periodistas (Freddy Elles Ahumada, Elsa Alvarado, Mario Calderón, Bernabé Cortés, Amparo Leonor Jiménez, Luis Alberto Rincón, Alberto Sánchez, Guzmán Quintero Torres, Jaime Garzón, Efraín Varela Noriega, William Soto Cheng y Orlando Sierra). Pero en ningún caso ha sido condenado y encarcelado un autor intelectual.

Algunos de los autores materiales que han sido condenados han logrado recuperar la libertad después de cumplir cinco o seis años de cárcel gracias a los beneficios de rebaja de pena que otorga la ley, como ocurrió en los casos de Luis Molina Yepes y Luis Fernando Soto Zapata.

Luis Molina Yepes fue condenado por el asesinato del director del periódico El Espectador, Guillermo Cano. Permaneció prófugo desde su sentencia en octubre de 1995 hasta febrero de 1997, cuando fue capturado. Fue liberado en septiembre 2004. Cumplió seis años en prisión de su sentencia de 16. En octubre de 2007 fue liberado Luis Fernando Soto Zapata, el sicario del subdirector del periódico La Patria Orlando Sierra. Soto Zapata, cumplió solo 67 meses de una condena de 19 años.

La investigación de la URR abarcó el asesinato de 127 periodistas, los que fueron investigados y se determinó que 57 de ellos corresponden a razones del ejercicio profesional; en 21 casos aún está por establecerse los móviles y que los 49 restantes fueron periodistas asesinados por causas ajenas al ejercicio de la profesión.

El 43. 8 por ciento de los casos (25 procesos de los 57) se encuentra en etapa preliminar en práctica de pruebas, no obstante que los crímenes ocurrieron hace varios años, por lo que se concluye que la Fiscalía no ha logrado reunir dichas pruebas contra los responsables en muertes como las de Carlos Lajud Catalán (1993), Gerardo Bedoya (1995), Francisco Castro Menco (1997), Jairo Elías Márquez (1997), Didier Aristizábal (1998), entre otros. En el 19.29 por ciento de los casos se ha presentado sentencias absolutorias.

La Fiscalía explicó que a pesar de los esfuerzos, carecen de funcionarios de policía judicial y de recursos para llevar a cabo las investigaciones. Pero los logros alcanzados en algunos casos demuestran que es cuestión de voluntad política y de aplicación de la justicia. Y principalmente de una decidida lucha contra la corrupción, la negligencia y la debilidad informativa además de la fundamental coherencia que se espera que los jueces apliquen en sus fallos judiciales de acuerdo con normatividad nacional e internacional vigente sobre estos delitos.

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La seguridad de Internet ha fallado y nadie sabe cómo arreglarlo

22 Dic , 2008  

La seguridad de Internet ha fallado y nadie sabe bien cómo restablecerla. A pesar de los esfuerzos del sector de la seguridad informática y de la lucha de Microsoft durante media década por proteger su sistema operativo Windows, el software malévolo se propaga con mayor rapidez que nunca. (Con Periodista Digital)

El llamado malware se hace furtivamente con el control del ordenador y luego utiliza dicho ordenador para distribuir más malware entre otras máquinas de forma exponencial. Los especialistas en informática y los investigadores sobre seguridad reconocen que son incapaces de detener la invasión.

Explica John Markoff en The New York Times que los criminales prosperan gracias a una economía sumergida de robos de tarjetas de crédito, fraude bancario y otras estafas con las que a los usuarios de ordenadores se les sustraen alrededor de 76.000 millones de euros al año, según cálculos por lo bajo de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa.

Una empresa rusa que vende programas antivirus falsos que, en realidad, se hacen con el control del ordenador, paga a sus distribuidores ilegales nada menos que ciberasaltantes, que disponen de enormes recursos procedentes de tarjetas de crédito robadas y de otra información financiera, están ganando con facilidad una guerra en la que la tecnología se emplea como arma.

“Ahora mismo, los malos progresan con mayor rapidez que los buenos”, afirma Patrick Lincoln, director del laboratorio de informática de SRI International, un grupo de investigación científica y tecnológica de Menlo Park, California.

Hay una clandestinidad informática bien financiada que ha aprovechado las ventajas de moverse en países que disponen de conexiones mundiales mediante Internet, pero cuyas autoridades muestran poco entusiasmo por perseguir a unos criminales que están ingresando importantes cantidades de moneda extranjera.

Esto se puso especialmente de relieve a finales de octubre, cuando el RSA FraudAction Research Lab, un grupo asesor de Bedford, Massachusetts, descubrió un alijo de medio millón de números de tarjetas de crédito y contraseñas de cuentas bancarias que habían sido robados por una red de ordenadores zombis (como se los conoce), controlados a distancia por una banda criminal que actuaba a través de Internet.

En octubre, los investigadores del Centro de Seguridad de Información Tecnológica de Georgia consideraron probable que el porcentaje de ordenadores conectados a Internet e infectados en todo el mundo por botnets -redes de programas conectados a través de Internet que envían correo basura o interrumpen servicios que funcionan gracias a Internet- aumente del 10% de 2007 hasta un 15% este año.

Esto indica que hay una cantidad sorprendente de ordenadores infectados (nada menos que 10 millones) que están siendo utilizados para distribuir por Internet correo basura y malware, según una investigación de PandaLabs.

Los investigadores sobre seguridad admiten que sus esfuerzos son en gran parte inútiles porque los botnets que distribuyen malware como los gusanos (programas capaces de pasar de un ordenador a otro) son todavía relativamente indetectables por los programas antivirus que se comercializan.

En noviembre, un informe sobre una investigación realizada por Stuart Staniford, jefe científico de FireEye, una empresa de seguridad informática de Silicon Valley, señalaba que, en pruebas realizadas con 36 productos antivirus comerciales, se detectaban menos de la mitad de los programas malévolos más recientes.

Últimamente ha habido algunos éxitos, pero por poco tiempo. El 11 de noviembre, el volumen de correo basura, mediante el cual se propaga el malware, bajó hasta la mitad en todo el mundo después de que un proveedor de servicios de Internet desconectase a Mycolo Corporation, una empresa estadounidense con conexiones rusas. Pero no se espera que el respiro vaya a durar mucho, ya que los cibercriminales están retomando el control de sus ordenadores productores de correo basura.

“Los gusanos modernos son más sigilosos y están diseñados de una manera profesional”, dice Bruce Schneier, jefe de tecnologías de seguridad de British Telecom. “Los criminales han subido de categoría, y están organizados y son internacionales porque hay mucho dinero que ganar”.

Las bandas criminales siguen mejorando su malware y ahora los programas pueden diseñarse para conseguir un tipo concreto de información almacenada en un ordenador personal. Por ejemplo, cierto malware utiliza al sistema operativo para que busque documentos recientes creados por el usuario, al suponer que serán más valiosos.

Algunos vigilan de forma rutinaria la información sobre registros y contraseñas para luego robarla, especialmente la información financiera del usuario.

En los dos últimos años, la sofisticación de los programas ha empezado a conferirles características propias de los seres vivos. Por ejemplo, ahora los programas de malware infectan los ordenadores y luego usan de forma rutinaria sus propias posibilidades como antivirus no sólo para desactivar los programas antivirus, sino también para eliminar los programas de malware rivales.

Probablemente el principal problema sea que la gente no pueda saber si sus ordenadores están infectados, ya que el malware suele enmascarar su presencia ante los programas antivirus.

Además de los miles de millones de euros perdidos por el dinero y los datos robados, hay otro efecto más profundo. Muchos ejecutivos de Internet temen que se esté erosionando rápidamente la confianza básica en lo que se ha convertido en el fundamento del comercio del siglo XXI.

“Hay una tendencia cada vez mayor a depender de Internet para una amplia variedad de operaciones, muchas de las cuales tienen que ver con instituciones financieras”, explica Vinton G. Cerf, uno de los creadores de Internet, que ahora es el “principal defensor de Internet” de Google.

Actualmente, los investigadores de seguridad de SRI International están recogiendo más de 10.000 muestras individuales de malware diarias en todo el mundo. “Me siento como si fuese un guardia de seguridad”, dice Phillip Porras, el director de programas de SRI y experto en seguridad informática.

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Los personajes del año

17 Dic , 2008  

Por: Mario Morales
Otra vez fueron ignorados ellos, los verdaderos protagonistas de 2008. No obstante que propiciaron o participaron en los principales acontecimientos de los últimos doce meses, no fueron mencionados como nominados a personaje del año. (Publica El Espectador)

Quizás la historia restituya el valor de su aporte cuando lo mida en términos de acción colectiva traducida a decisiones políticas con implicaciones de toda índole, incluyendo las militares.

Hablamos de los millones de colombianos anónimos que hicieron hitos de fechas como el 4 de febrero o el 6 de marzo; de las decenas de miles de compatriotas que fueron al concierto sin fronteras en Cúcuta, de los que el 4 de abril caminaron por la vida y la libertad de los secuestrados, de los participantes en las actividades del 1° de mayo, de las marchas del 20 de julio, de los que acompañaron al profesor Moncayo, la minga indígena, las marchas de camioneros, corteros, empleados judiciales o población LGTB; de los que tomaron parte en las movilizaciones en Second Life, en la marcha virtual de Facebook, en la convocatoria de Íngrid el 28 de noviembre, o en las decenas de marchas en este año, incluidas las de los damnificados de las pirámides que andan “manifestándose” sin que nadie, ni los medios, les paren bolas.

Les cabe algo de razón a quienes, al evaluar las distinciones a los Juanes, el cantante paisa, y el Ministro de Defensa, sienten que esos fueron logros, afortunados y reconocidos, pero como parte del cumplimiento del deber, y de los que serán directos beneficiarios comerciales o electorales.

En cambio, el talante de esta “generación” no ha sido valorado, así haya retomado sin permiso la iniciativa, la voz deliberante, el poder de convocatoria, la acción social y clara frente a los violentos. Quizás les faltaron apellidos, medios o pinta. Tal vez les faltó una marcha o un concierto para hacerse notorios.

O quizás no, sabedores como son de que las movilizaciones no les pertenecen y que las marchas, con todo lo que significan, ya forman parte del patrimonio social y político del país. Así sigan siendo anónimos o desinteresados.