La tibieza de Samuel

Por: Mario Morales
Nada le está haciendo más daño a Samuel que la preocupación obsesiva por su imagen. Ese síndrome narcisista ha convertido a Moreno en un “blanco” fácil, porque lo ha paralizado en la contemplación de su ya lejana grandiosidad fruto de la histórica votación que lo llevó a la Alcaldía de Bogotá. (Publica El Espectador).

Su hipersensibilidad a la crítica (no siempre honesta o desinteresada por parte de un sector de los medios, la política y la opinión pública) le ha hecho refundir su propia agenda y perder la iniciativa, pero además lo está llevando a tomar decisiones si no desesperadas cuando menos precipitadas.

La repentina decisión de ampliar el pico y placa para los vehículos particulares con base en una encuesta a 900 personas, no sólo le quita seriedad al decreto, sino que se percibe como un magro pretexto para mostrar acciones de gobernabilidad sin medir sus reales efectos.

En un momento crítico como el actual, la ausencia de estudios serios y profundos que midan el impacto en todos los frentes, más allá de la misma movilidad, tiñe ese decreto con el tinte de la improvisación, la angustia y el contentillo a sectores de opinión.

La medida deja al descubierto la ausencia de imaginación y creatividad en el equipo del Alcalde y recurre al facilismo de culpar y castigar a los ciudadanos que directa o indirectamente saldrán afectados.

Es un decreto aislado que delata la inexistencia de una política integral de movilidad (lo mismo sucede en seguridad) en la que se involucren señalización, semaforización, pavimentación, pedagogía y equidad en el tratamiento con otros sectores “intocables”, como taxis, buses y colectivos.

También contradice la posibilidad de contar con un gobierno dialogante y concertador, con una medida inconsulta y autoritaria que recuerda los peores días de Peñalosa. Para colmo, no salen a la calle a dar la cara, a explicar y sustentar, a debatir y convencer.

Samuel y sus asesores prueban que por estar mirando el espejo de las encuestas sólo salen de su “inmovilidad” para aplicar pañitos de aguas tibias a los graves problemas de la capital. Al fin y al cabo, esa parece ser la temperatura preferida del Alcalde.

La ineludible reforma de la prensa escrita

Si el año 2008 hubiese sido otro año más, un año en el que empresas icono de Estados Unidos –como es el caso de General Motors-, no hubiesen estado a punto de declararse en bancarrota, un año en que los mercados bursátiles no hubieran perdido un tercio de su valor, un año tranquilo, sin ejecuciones hipotecarias, pérdidas en los planes de pensiones
ni un goteo constante de fabulosas ofertas de viajes, entonces tal vez en ese caso la precipitada caída del negocio de la prensa escrita habría sido la más importante historia financiera del momento. (Vía Red CAribe)

Posicionados entre el comercio y la cultura de masas, durante más de un siglo los grandes periódicos de tirada diaria pudieron eclipsar en popularidad sus carencias en cuanto a tamaño sectorial. Al igual que las películas, la radio o la televisión, la prensa escrita formaba parte del ritmo vital de la vida en Estados Unidos. Y al igual que dichos sectores, con el paso de los años tuvo que hacer frente a las nuevas tecnologías que, en cierto modo, complicaron sus viejos modelos de negocio. Por ejemplo, los boletines de radio redujeron la urgencia de los periódicos; asimismo, las noticias de la noche aceleraron el declive de los periodos vespertinos. A mediados de los 90, los periódicos alcanzaron precios sin precedentes gracias a las fusiones con las que se crearon empresas gigantescas como Tribune, que en el año 2000 compró a Times-Mirror por 6.450 millones de dólares.
Mientras tanto, los periódicos más queridos y admirados en el sector –periódicos que cotizaban en Wall Street-, luchaban para adaptarse a la tecnología que más interferencias introdujo en el sector: Internet. Enseguida resultó evidente que éste constituía un reto de enorme magnitud. La empresa Tribune, propietaria entre otros de Los Angeles Times, Chicago Tribune se declaraba en bancarrota incapaz de hacer frente a las deudas que su propietario Sam Zell asumió para comprar la cadena. El venerable New York Times vio como su cotización se precipitaba un 60% y, para poder cumplir con sus obligaciones, pidió un préstamo ofreciendo como garantía sus relucientes y nuevas oficinas centrales en Times Square. y Baltimore Sun,
Los expertos predijeron que en un futuro cercano algunas grandes ciudades se quedarían sin periódico. En diciembre, dicha predicción casi se convierte en realidad. Los dos periódicos de Detroit anunciaron el fin de los envíos diarios a domicilio; ahora sólo ofrecerían dicho servicio tres días de la semana. El periódico Christian Science Monitor ya había hecho lo mismo, limitando su edición impresa a un solo día a la semana y redirigiendo a sus lectores a su sitio web.
“No es una locura afirmar que los periódicos van a desaparecer; tampoco creo que debamos llorar desconsoladamente su pérdida”, sostiene el profesor de Marketing Peter Fader, codirector de Wharton Interactive Media Initiative. Y a diferencia de los problemas sufridos en el sector automovilístico o inmobiliario, el cambio es estructural, no cíclico. Tal vez la recesión económica haya acelerado el proceso, pero el modelo de negocio por sí mismo habría acabado teniendo problemas de todos modos. “Mis hijos no son capaces de imaginarse por qué alguien querría leer el periódico”, señala Fader.
No obstante, los periódicos han intentado adaptarse. Tardaron algún tiempo en hacerse a la idea de Internet, pero al final incorporaron la tecnología online, los contenidos multimedia, los blogs y los titulares que aparecen en los teléfonos móviles. El pasado mes, el New York Times tuvo que hacer de tripas corazón y asociarse con otros periódicos para vender anuncios en su posesión más sagrada -la primera página-, con la intención de obtener mayores ingresos a través de su producto tradicional. “No creo que sea culpa el periódico; simplemente es el progreso tecnológico”, dice Fader.
¿Significa esto que el negocio de los periódicos simplemente va a desaparecer? Es poco probable. Pero según diversos profesores de Wharton conocedores del sector, alguien tendrá que poner en marcha un nuevo modelo de negocio que pague el costoso trabajo de la búsqueda de noticias y al mismo tiempo obtenga beneficios de sus lectores, los cuales disponen de otras opciones, como por ejemplo toda la Red.
La paradoja de este enorme hundimiento del 2008 de la prensa escrita es que los ciudadanos de este país siguen demandando más que nunca información. Hay muchas más personas –millones de personas- leyendo los informes gratuitos online elaborados por el bureau de noticias globales del New York Times que cuando se pagaba a las personas por leerlos, en los tiempos de opulencia para las finanzas de las empresas. De hecho, este fenómeno es un reto adicional al que han de enfrentarse los pequeños periódicos metropolitanos, cuyo estatus monopolístico obligó en su momento a los lectores a pagar por la versión atenuada del mundo ofrecida o bien buscar periódicos más caros de otras ciudades.
Obviamente, la Red sirve para mucho más que para que las empresas de comunicación se enfrenten. Unas cuantas historias importantes que han sucedido en los últimos años –desde los ataques terroristas de Bombay del pasado noviembre, con actualizaciones online a tiempo real de testigos directos, a la retirada en 2007 de alimentos para mascotas, donde varios sitios web defensores de los animales se convirtieron en las fuentes de mayor credibilidad sobre qué alimentos eran los responsables de la muerte de gatos y perros-, demuestran que fuentes de información clave que sean independientes y de confianza pueden rápidamente abrirse paso y desplazar a las marcas establecidas captando lectores que, como siempre, quieren seguir de cerca la historia.
El impacto de Internet no se limita a las historias globales; también permite blogs a nivel de barrio o vecindario y sitios web que ofrecen detalles sobre cada esquina de determinada área metropolitana, algo que ningún periódico tradicional puede ofrecer.
Brécol versus carne roja
Desde un punto de vista empresarial, el problema es que sólo unos pocos lectores inconstantes y ávidos de noticias están dispuestos a pagar por tener acceso online a la prensa. Hasta el momento, los consumidores han tenido suerte, disfrutando de información gratuita normalmente financiada por un limitado número de suscriptores del periódico impreso y de empresas que se anuncian. El vertiginoso declive de los principales periódicos sugiere que las cosas no seguirán siendo así por mucho tiempo, dejando a las empresas periodísticas en una complicada situación: tener que reducir plantilla cuando fueron los artículos de esos periodistas los que atrajeron en un primer momento a los lectores. (La publicidad online está creciendo rápidamente, pero los ingresos por lector en la Red siguen siendo significativamente inferiores a los de la prensa escrita).
¿Cómo puede entonces un producto como son las noticias fidedignas y profesionales generar beneficios -o al menos no generar pérdidas-, para sus inversores? Tras precipitarse a los abismos, aún no ha aparecido en el horizonte ninguna ruta clara a seguir. Pero algunos profesores de Wharton estudiosos del sector sugieren algunas ideas.

* La ruta filantrópica. El profesor de Empresa de Wharton Joel Waldfogel ha investigado sobre el impacto de las noticias sobre la sociedad y sobre el temor a que un retroceso de la prensa “seria” en temas políticos perjudique a nuestra democracia. Obviamente, ese tipo de noticias, en especial a nivel local, suponen precisamente el tipo de financiación costosa que las empresas periodísticas frecuentemente han catalogado como “no rentables”. Waldfogel señala que en Miniápolis, San Diego y otras cuantas ciudades, los periodistas que fueron despedidos han vuelto sus ojos a fuentes benéficas para financiar las noticias de nuevas aventuras empresariales online. “Subvencionamos las verduras, que son muy saludables, y también la carne roja”, señalaba Waldfogel hablando sobre el viejo modelo periodístico, en el que muchos lectores compraban el periódico simplemente para ver los resultados deportivos, proceso que permitía que también se pudiese realizar periodismo de calidad para temas de interés público. “Ahora se ha producido esta especie de disociación (decoupling). Al final es realmente complicado subvencionar el brécol”.
* La ruta del nicho. Olvídese de Capitol Hill. Olvídese de State House. Incluso olvídese de City Hall. Steve Ennen, director de gestión de Interactive Media Initiative de Wharton, sostiene que una de las claves para tener éxito es ofrecer noticias e información a un nivel lo más local posible. “Estoy hablando de lo que pueda ocurrir en cada bloque de edificios”, dice Ennen, señalando la existencia de algunas web locales de enorme éxito en Europa y Latinoamérica. El problema al dedicar tus propios recursos para cubrir temas populares -como Hollywood o la política nacional- es que siempre habrá otra persona que también lo esté haciendo y puede quedarse con todos tus lectores. Sin embargo, un negocio periodístico que vaya al meollo de la cuestión podría tener rápidamente su espacio propio. Podría decirse lo mismo de otros nichos, desde ideología a intereses específicos como mascotas o lo último que haya sucedido en Pakistán. Waldfogel predice que el mercado de las noticias online al final acabará pareciéndose al políticamente polarizado mercado periodístico de hace un siglo, antes de que los monopolios provocasen que la mayoría de las publicaciones convergieran hacia el centro.
* La ruta del pago. El New York Times canceló su política de acceso a algunas partes de su sitio web para los no suscriptores. Pero el profesor de Marketing de Wharton Eric Bradlow, codirector de Interactive Media Initiative de Wharton, considera que las estrategias de suscripción no tienen por qué estar siempre condenadas a la desaparición. Empresas de Dow Jones, que publica el Wall Street Journal, o pequeñas revistas de negocios que ofrecen información muy especializada, captan clientes y se las han ingeniado para que sus contenidos sean accesibles únicamente previo pago, desafiando la creencia popular de que el público que accede a Internet asume que los contenidos son gratuitos. La clave es el grado de especialización -bien sea especialización geográfica o temática-, que el tradicional periódico de interés general no proporcionaba. Tal y como sugiere Bradlow, los periódicos podrían “publicar información parcial o determinadas historias a través del correo electrónico u otros medios como método de captación, y luego redirigir a la gente a su sitio web, que podría adoptar un modelo de pago. Es el clásico “te daremos algo gratis (pero no todo)”. Bradlow señala el caso del éxito de la radio de pago vía satélite a pesar de que se puede acceder de forma gratuita a radio AM y FM o de la omnipresencia de iPods.
* La ruta de la participación. Una de las cosas en que Internet más se diferencia de la prensa escrita es en las expectativas de los lectores, que pueden interactuar entre ellos o con la fuente de información. Este hecho contrasta con la idea tradicional de que los contenidos, incluso contenidos catalogados como “opinión”, son generados por profesionales con determinados estándares y formación. El profesor de Gestión de Wharton Lawrence Hrebiniak cree que las empresas periodísticas tienen que empezar a superar esta idea a medida que realicen su transición hacia el mundo online. “Los sabuesos de las noticias están buscando interactividad”, decía. “Sea lo que sea que les brinde la oportunidad de decir algo, de tener una opinión, incluso si obedece en un 90% a intereses propios, funcionará”.
* La ruta comercial. Fader, al igual que muchos observadores del sector de las comunicaciones, cree que la supervivencia online depende del replanteamiento de valores básicos sobre cosas como el sesgo, la opinión y en especial la publicidad. Como ejemplo Fader cita el caso de las revisiones de libros. En la mayoría de los periódicos las secciones sobre libros han desaparecido porque no generaban beneficios. Pero los estadounidenses siguen demandando y consumiendo revisiones de libros en grandes cantidades: simplemente lo hacen en Amazon.com, donde se incluyen en la página las opiniones de los lectores, a veces fulminantes, sobre libros que están a la venta. “El lugar al que mucha gente acude para encontrar verdadero periodismo son los sitios comerciales”, dice Fader. “Se meten en el sitio y leen las entrevistas y calificaciones en Amazon … Va a ser una lucha muy dura y muy pocos periódicos –tal y como los hemos conocido hasta ahora- seguirán existiendo dentro de cinco años. Aquellos que sobrevivan lo harán a costa de bajarse de su trono y hacer cosas que en otro momento habrían considerado una herejía comercial. Imaginemos una revisión de un libro en el New York Times con un enlace a Amazon…”.

A medida que sus cotizaciones en el mercado se desplomaban, los críticos más duros de las empresas periodísticas han llegado a compararlas con las carreteras de hace medio siglo: incapaces de satisfacer los deseos de los clientes, incluso cuando los cambios tecnológicos amenazaron con llevárselas por delante. Una comparación algo más compasiva, añade Waldfogel, podría ser con el negocio de la música, que vio como sus beneficios desaparecían ante sus narices debido a las descargas gratuitas. “La piratería no es exactamente lo que está acabando con los periódicos, pero sí algo parecido”.
Obviamente hay otro paralelismo: el negocio de la música -criticado por ser genérico y soso-, se volvió tan defectuoso que sus clientes empezaron a ser muy poco comprensivos con su difícil situación, del mismo modo que los periódicos diarios de gran formato, después de dos décadas de recortes y de noticias sobre Britney Spears, han perdido gran parte de su reclamada nobleza. La cuestión es si existe un modelo que pueda resucitar las piezas buenas –la inversión en gente que considera que informar es una obligación profesional, bien sea sobre interrupciones en el tráfico local o sobre las triquiñuelas políticas nacionales-, y al mismo tiempo ofrecer a los clientes todas las opciones que en estos momentos esperan.
De cualquier modo, Fader predice que al menos algunos periódicos seguirán existiendo, pero como si se tratase de productos de boutique, exclusivos para determinado nicho de mercado dispuesto a pagar una prima por la anticuada y encantadora idea de recibir en su casa unas cuantas hojas de papel con noticias recién impresas. “Los productos de boutique, exclusivos y lujosos, existirán en formato de nicho durante mucho, mucho tiempo, hasta que desaparezca nuestra generación”, explica. “A algunas personas aún les gustan los discos de vinilo”.

Obama cuelga en Internet su discurso a la Nación

El recién nombrado presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha introducido también el cambio en el famoso discurso radiofónico presidencial. Atento a las nuevas tecnologías, Obama ha hecho dos aportaciones: lo ha convertido en un vídeo y lo ha difundido en Internet.

El nuevo mandatario de la Casa Blanca habló este sábado sobre la crisis económica y su plan de estímulo en su primer discurso radiofónico desde que ha sido investido el martes pasado como el 44 presidente de EE UU, pero además ya adelantó algo que su equipo había prometido en círculos cercanos a la Casa Blanca.

Las palabras de Obama fueron grabadas en vídeo y se colgaron en Internet para darlas más repercusión.

El vídeo, de cinco minutos de duración, promueve su plan económico. Ayer a primera hora ya se podía ver en la página web de la Casa Blanca y, poco después, se difundió por otros canales de Internet como YouTube.

En menos de 12 horas, registró más de 210.000 visitas y 1.000 comentarios. No será el único que se atenga a este estilo. Es la nueva fórmula del equipo de Obama para todos los discursos al país.

La calidad en el arsenal

Por: Javier Darío Restrepo
Aún recuerdo el desconcierto y la frustración de un colega reportero de televisión que había descubierto el refugio campesino donde un legendario compositor vallenato mantenía su vida discreta y alejada del ruido del espectáculo.
El reportero había llegado hasta su casa, había seguido paso a paso las rutinas de su vida sencilla, lo había escuchado y obtenido de él una cálida y reveladora visón de un hombre y un artista de altísimas calidades. Pero la nota, cuidadosa y llena de afecto, no fue emitida porque no era noticia. Y allí quedó, en el archivo del noticiero.
Su autor no se dio por vencido, la emitió en un noticiero regional y, convencido de sus méritos, la puso a consideración de un jurado internacional.
Cuando meses después, este reportero fue proclamado ganador del premio Rey de España, sus colegas celebramos su triunfo y lo interpretamos como un mentís a la dirección del noticiero. Hoy, cuando recuerdo este episodio, tengo que reconocer que no teníamos razón en nuestra perversa alegría contra la plana directiva.
En las tres instancias, la del noticiero nacional, la del noticiero regional y la del premio internacional se había juzgado ese trabajo periodístico con distintos criterios de calidad.
Para la dirección del noticiero nacional, el criterio de calidad estuvo guiado por el factor actualidad que, a su vez, estuvo inspirado por una noción de noticia, común en esa clase de informativos. Según ellos las noticias son hechos que interesan a todos, acabados de suceder y con un potencial de reacción que le da presencia en la atención del público.
El noticiero regional valoró, en cambio, la cercanía geográfica y afectiva del hecho: se trataba de un personaje de la región, conocido y admirado por la población que debió apreciar la nota periodística como un verdadero descubrimiento.
El jurado internacional valoró el trabajo técnico: iluminación, enfoques, estética de la imagen, sonido, edición; admiró la comunicabilidad de un contenido cultural; destacó la exaltación de los valores humanos y artísticos del compositor a la vez que el hecho de que una historia de esta naturaleza hubiera sido elevada a la categoría de noticia. Tres juicios distintos y una calidad verdadera.
“ La historia ha sido un camino largo para llegar a una escueta afirmación: el periodismo de calidad no tiene todavía unos patrones fijos”.
La historia ha sido un camino largo para llegar a una escueta afirmación: el periodismo de calidad no tiene todavía unos patrones fijos. En una pieza periodística de calidad pueden contar factores tan diversos como el público al que va dirigida la noticia en cuestión, el momento en que se publica, los hechos concomitantes, el tono, los acentos y los contextos. No sucede aquí como en los otros productos industriales, cuya calidad se mide de acuerdo con estándares acordados internacionalmente y con ayuda de las reacciones de los focus group o de las encuestas entre consumidores. Aquí intervienen otros factores de difícil medición que hoy tratan de concretar y reunir las investigaciones sobre calidad periodística.
De ese trabajo resultó la identificación de ocho principios a los que se les aplicó la clásica metodología del ver, juzgar y obrar, o sea el resumen de la situación del principio, las líneas de acción y los indicadores de calidad. En los principios parece recogerse y seguirse el consenso de la conciencia periodística sobre el deber ser de la profesión, y como línea operativa, el proceso de la noticia, tal como había sucedido en las investigaciones de Chile y de Argentina.
La saga de los ocho principios comienza con el proceso de construcción de la información, avanza con la verificación, la contextualización y la investigación, se detiene a examinar la organización interna, los códigos de ética y los mecanismos de contrapeso que operan en el interior y que marcan la actuación periodística y su producto, relaciona la calidad con la asignación de publicidad y concluye con la indispensable relación con el ciudadano, titular del derecho a la información, amo y señor de periódicos y periodistas y razón de ser de la calidad.

Ética y calidad

Estas investigaciones recogen las perplejidades y ponen en cuestión las respuestas que han aplicado consejos de redacción en plan autocrítico, directivos de medios en trance de contratar, ascender o estimular a los periodistas, basados en la calidad de su trabajo; o profesores universitarios que se esfuerzan en la tarea de identificar lo que hace bueno a un periódico.

De mí sé decir que encuentro en estos trabajos las respuestas que he buscado con cierto desasosiego cuando, como parte de algún jurado, he tenido que decidir sobre la calidad de trabajos presentados a concurso. Uno de los buenos hallazgos, que me confirmó en una vieja convicción, ha sido ver la estrecha conexión entre la calidad técnica y la calidad ética en el trabajo periodístico, tan indisoluble como el zumbido y el moscardón, según la expresión de Gabriel García Márquez.

“Uno de los buenos hallazgos, que me confirmó en una vieja convicción, ha sido ver la estrecha conexión entre la calidad técnica y la calidad ética en el trabajo periodístico, tan indisoluble como el zumbido y el moscardón, según la expresión de Gabriel García Márquez”.

Los organizadores de concursos periodísticos suelen insistir en criterios como la investigación, la pertinencia de los temas, el lenguaje, la originalidad en el tratamiento y los valores éticos. La práctica me ha demostrado que esta última es prescindible porque debe estar incluida en las otras categorías en virtud del principio de que la ética es el alma de la calidad.

Esa relación se había hecho patente en las deliberaciones sobre los trabajos con la mayor calificación en el último concurso continental de la Fundación Nuevo Periodismo. A los tres jurados nos había seducido la calidad de una investigación presentada por el periodista peruano Carlos Paredes sobre la verdadera historia de un general elevado a la categoría de héroe durante el gobierno del presidente Alberto Fujimori. Durante tres años este periodista, en una obstinada tarea de zapador, exhumó dato por dato, como si fueran las piedras falsas del monumento al héroe. Dominando el entusiasmo que le producía cada nuevo hallazgo, este periodista lo sometió todo a las necesarias pruebas de verificación, ensambló el conjunto de modo que todas las piezas recuperaron su verdad original. La solidez de la investigación, el sabio uso de las fuentes, el científico manejo de los datos en la comprobación de la hipótesis, fueron puestos a prueba por una coyuntura inesperada. Al conocer que la investigación había sido premiada por un jurado internacional, el protagonista de la serie movió todas sus influencias, amenazó con demandas judiciales, presentó en los medios contraargumentos y pretendidas pruebas, cuyo único efecto fue demostrar la solidez del trabajo del periodista.
Reconstruíamos todo el proceso seguido para lograr ese resultado y llegábamos a la evidencia de una pasión por la verdad, de una disciplina investigativa puesta al servicio de esa pasión, de un rigor y sabiduría en el manejo de la información y de las técnicas utilizadas para compartir con la sociedad ese conocimiento. Son los valores éticos que se traslucen en los criterios de calidad, que en la propuesta mexicana corresponden a los principios 1, 2 y 3 sobre transparencia en el procesamiento de la información, verificación y contextualización de datos, de investigación periodística. Se leen los indicadores de esos principios y aparece, como alma que todo lo llena de vida, el valor ético de la pasión por la verdad.
En el mismo proceso de juzgamiento deliberábamos sobre las calidades de otro trabajo, firmado por el periodista salvadoreño Carlos Martínez, sobre la ejemplar historia del juez Atilio. A este juez le habían asignado la investigación por el asesinato de monseñor Óscar Arnulfo Romero y hasta ese momento hubo sosiego en el despacho judicial y en la vivienda del juez, lugares que fueron perturbados hasta volverse invivibles por las amenazas, disparos, pedreas y agresiones. El juez vendió cuanto tenía y se fue a Costa Rica y después a Nicaragua en un recorrido que el periodista siguió y reconstruyó en una detallada y deliciosa crónica que, finalmente, registró el regreso del juez, su promoción y el resurgimiento del proceso que los asesinos habían querido silenciar y sepultar.

Nada más intimidante que un asesino dispuesto a silenciar a jueces y a periodistas para ganar la paz artificial del olvido; nada que genere más incertidumbres y angustias que la amenaza sin rostro, que el peligro disuelto en el aire, pero real como todo lo que se respira; y a pesar de ese ambiente de amenaza, no obstante la opresora incertidumbre, la historia del juez Atilio llegó a los lectores, tan documentada y veraz, tan por encima de presiones e intimidaciones, que para nosotros fue un ejemplo de calidad. Todos los valores técnicos de esa buena pieza profesional aparecían atravesadas por esas calidades éticas fundamentales, la independencia y la pasión por la verdad. Este valor de la independencia se destaca en la propuesta como parte del código de ética y cuando en el principio 7, los indicadores enfatizan que “el periodista no garantiza a ninguna institución que sus servicios o productos serán presentados de modo favorable”. Los lectores, por su parte, tienen el instrumento ético de subestimar, cuando no de despreciar, al medio servil, sometido a cualquiera de los poderes. Estos lectores exaltan y aplauden la calidad del periodismo independiente, a la vez que menosprecian a periodistas y medios rendidos ante los poderosos.

“Los lectores, por su parte, tienen el instrumento ético de subestimar, cuando no de despreciar, al medio servil, sometido a cualquiera de los poderes. Estos lectores exaltan y aplauden la calidad del periodismo independiente, a la vez que menosprecian a periodistas y medios rendidos ante los poderosos”.

Por otra parte, las variables de calidad consideran el eje información-sociedad como el punto de encuentro de las condiciones para una buena calidad periodística.

Los indicadores son explícitos: es de buena calidad la noticia obtenida de fuentes independientes y de modo independiente; califica mal la manipulación de la fuente o del periodista; califica bien la información que responde a las intenciones del receptor y que, por tanto, es relevante porque reúne los elementos de interés y utilidad para el lector, oyente o televidente; califica mal lo irrelevante, que obedece a intereses ajenos a los del receptor o de la sociedad; califica bien la información que tiene en cuenta la implicación del lector en los temas, que responde a sus preguntas y maneja su lenguaje a la vez que sus expectativas, es de mala calidad la noticia que ignora o desdeña esas implicaciones.
La mirada que se descubre detrás de estos focos de atención es una mirada ética, dirigida por el valor de responsabilidad para con la sociedad. Este valor tiene la fuerza de proyectarlo todo hacia el futuro, urge el examen de las consecuencias de los actos y le impone al ejercicio periodístico un carácter de respuesta a la sociedad.

La categoría aristotélica del equilibrio, que demanda un difícil tránsito por el estrecho camino que corre entre los extremos, se pone al servicio de la responsabilidad hacia la sociedad cuando ­como medida de la calidad­ examina las prioridades informativas: ¿son las de la sociedad, o las del periodista, o las del medio?; inquiere sobre la orientación de las noticias: ¿qué las guía: el norte de la sociedad, el de un partido, el de un gobernante, una iglesia, una corporación o institución particulares? ¿Se privilegia a alguien: el protagonista o el antagonista? ¿Se atienden los puntos de vista de unos u otros, o de todos, como base de unas conclusiones? ¿De qué lado se inclina la balanza: tienen un peso mayor los poderosos, los ricos y los famosos, o también pesan las personas del común, los pobres y los derrotados?

En la Propuesta de Indicadores de Calidad el criterio es claro. Se trata de recuperar y ampliar la responsabilidad de los medios con la sociedad, como criterio de calidad, según se concluye en el Principio 6, y el Principio 7 lo explicita al exigir autonomía respecto de intereses ajenos a los de la ciudadanía. El Principio 8, a su vez, no deja dudas: hay calidad cuando el ciudadano es destinatario y sujeto de la información y el lector y la audiencia señalan el criterio para la conformación de la agenda.

Llama la atención, la omnipresencia del Otro, como motivación de cada una de las variables, hasta el punto de que se puede afirmar que el comienzo de un buen periodismo se encuentra en la relación con el Otro. O dicho de otra manera, es imposible la calidad de lo periodístico si se prescinde del Otro. Esto da una explicación para la crisis de los medios, que se debe a la subordinación del Otro al interés del periodista o del medio de comunicación. Es allí donde se debe buscar la clave para sortear con éxito las crisis.

“es imposible la calidad de lo periodístico si se prescinde del Otro. Esto da una explicación para la crisis de los medios, que se debe a la subordinación del Otro al interés del periodista o del medio de comunicación. Es allí donde se debe buscar la clave para sortear con éxito las crisis”.

Y es la clave, no tan oculta, de los problemas y de las posibles soluciones de la empresa periodística en el mundo. Anota con desaliento el Proyecto de Excelencia en Periodismo[2] “en varias compañías de medios tradicionales terminó la vieja batalla entre idealistas y capitalistas. Los idealistas perdieron”. Un ejecutivo de una de las tres cadenas de TV más importantes de Estados Unidos dijo que “el yunque ético había sido levantado”. Y en las compañías emergentes “no hay muchos indicios de que siquiera exista la presión de los que abogan por los intereses del público”.[3]

Es significativo el dato destacado en el citado Proyecto de Excelencia tras la enumeración de los porcentajes de caída de la circulación de los medios comerciales: “los semanarios alternativos y la prensa étnica han crecido. Tratándose de los números básicos, 2005 fue un año difícil para la mayoría de los medios informativos, encontramos que la prensa alternativa continuó creciendo su circulación; llegó a 7.64 millones en 2005; la cifra más alta desde 2001”.

Esa prensa alternativa parece ser una opción por su capacidad de escucha de las comunidades, que encuentran allí un espacio abierto para su agenda y para su voz. Esta sintonía de las voces que vienen de abajo es su gran diferencia respecto de los medios comerciales y es, a su vez, la concreción de la mayoría de las variables de calidad compendiadas en el VAP y en el CIP (Calidad para la Información Periodística ) y por la Propuesta de Indicadores, que denota una particular sensibilidad al respecto. En cuatro de sus ocho principios, valora y urge de distinto modo la sintonía con el ciudadano de a pie. En el 1 lamenta “las carencias del saber decir2; propone la transparencia como “respeto a la audiencia” y en los indicadores sugiere la pregunta: “¿qué necesitan saber y entender los ciudadanos?”.
Hablar, pues, de calidad, es referirse a lo ético. No puede haber periodismo de calidad sin ética; ni puede darse un periodismo ético que no sea de la más alta calidad.

Periodismo y democracia

Es ese periodismo, en el que brillan la calidad técnica y la ética, el que preserva la democracia y los derechos humanos; pero ante la realidad de nuestros países donde pululan periódicos y noticieros que no aspiran a la calidad sino a la prosperidad del negocio, cabe la duda: ¿deben permanecer esos medios de comunicación cuya sola existencia implica una amenaza para la democracia?

Son medios de comunicación que mantienen su negocio merced a la publicidad oficial distribuida con un singular criterio de justicia distributiva que considera a todos los medios, no importa su calidad, como legítimos aspirantes al favor oficial. No importa si circulan o no, si tienen una mínima calidad o no, si informan o simplemente transcriben boletines y avisos. En otros casos los dineros de la publicidad oficial se entregan como efecto de un chantaje: nos dan publicidad y hablamos bien, no hay publicidad y atacamos. ¿Se justifica, reitero, que esos medios existan con dineros públicos a pesar del daño público que hacen?

También hacen negocio con el dinero que reciben de la empresa privada y de la ciudadanía, por la publicidad que reciben y por la venta de ejemplares al público. Así la sociedad conserva la vida de unas publicaciones que están minando al sistema democrático. ¿Se justifica de algún modo esa inconsciencia suicida de la sociedad?

En un régimen como el de Fujimori fue explicable la operación de promoción de los periódicos chicha, publicaciones de propaganda del régimen que se imprimían con el formato y el estilo de la prensa sensacionalista popular y que sólo figuraban en los kioscos para mantener presente y viva una buena imagen del régimen. Esa perversión de los periódicos era explicable en manos de un gobierno dictatorial; pero es inexplicable, e injustificable que en nombre de la libertad de información, gobierno y sociedades mantengan medios que ni son libres, ni informan.

“Es inexplicable, e injustificable que en nombre de la libertad de información, gobierno y sociedades mantengan medios que ni son libres, ni informan”.

No estoy proponiendo, desde luego, una arrasadora acción oficial o pública de cierre y quema de los periódicos que son negocio y nada más. Estoy señalando una de las más obvias y saludables aplicaciones de este esfuerzo por definir y urgir la calidad periodística. Distinguir entre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto, lo profesional y lo improvisado en periodismo, es un paso inicial en la formación de lectores críticos, dotados de instrumentos para apoyar el buen periodismo y para rechazar publicaciones sin calidad y sin derecho a existir.
Así como en el mundo ha nacido y crece una cultura de preservación del aire puro, del agua incontaminada, de alimentos sanos, de medicinas confiables, que les impone a los industriales la aplicación de normas de calidad para sus productos, se nos está haciendo tarde para imponer normas que preserven algo superior al medio ambiente, al aire puro, a los alimentos y medicinas sanos, que es la descontaminación de la información.

Esa actitud defensiva apenas está comenzando cuando ya la mente de las personas está invadida por los más variados y grotescos productos de la información y la sociedad está regida por los manipuladores de la opinión y la información.

El esfuerzo y los resultados representados en la publicación de la Propuesta de Indicadores para un Periodismo de Calidad, son un avance en esta indispensable campaña en defensa de la libertad. Por eso tiene que ser mirada con agradecimiento por toda la sociedad: un periodismo de calidad es una defensa de la dignidad de las personas y de la libertad de la sociedad.

Tomado de: http://www.prende.org.mx/info/discursodarior.pdf
Contacte al autor: jrestrep1@cable.net.co

Un plan para salvar la prensa, no el periodismo

Por Juan Varela
Las buenas intenciones también matan. Nicolas Sarkozy lanza el rescate de la prensa francesa, aquejada de los mismos males que el resto de la prensa mundial más algunos propios. Y lo hace con más dinero público y más intervencionismo. El presidente francés proclama el fortalecimiento de la prensa libre y también de una internet regulada. Mal ejemplo. Son dos de las causas de la enfermedad de los medios.
POOL (REUTERS)

Seiscientos millones de euros en tres años, doblar la publicidad institucional, periódicos gratuitos para los menores de 18 años durante doce meses, recortar los costes de distribución, un nuevo “contrato social” (eufemismo para romper el bloqueo sindical) con las imprentas, derechos de autor de los periodistas adaptados a la multimedia y equiparar a los editores de medios informativos digitales a los de la prensa. Eso sí, previa firma de un estatuto del editor digital comprometiéndose a contratar periodistas profesionales y respetando el mismo código deontológico.

Resumen: mayor control del Estado y aumento del corporativismo y el blindaje de un oficio cuya esencia ha cambiado.

A un lado, los profesionales, protegidos por el estado por el bien de la democracia. Al otro, los arribistas, los disidentes, los asaltantes de un periodismo cada vez más abierto.

El Estado y el periodismo refugiados en el Palacio de las Tullerías. El tercer estado, los ciudadanos, en plena revolución democrática de la sociedad de la información. Ni Sarkozy los frenará.

Y muchos periodistas y editores españoles aplaudirán sin saber que aplauden a su cortejo fúnebre. Porque lo malo del plan de salvamento de la prensa francés es que fracasará y ahondará más la separación entre medios y público.

En toda la abundante retórica del plan el objetivo no es el sujeto del derecho a la información: los ciudadanos. Es un plan elaborado por editores y periodistas en los llamados Estados Generales de la Prensa, que son más bien el refugio de la nobleza, la burocracia y los privilegios.

Los editores españoles piden ayudas a la prensa para defender un negocio que se acaba y que durante los años de bonanza no se ha tomado en serio la revolución que se le echaba encima. Los periodistas españoles llevan años enredados defendiendo estatutos y colegios profesionales, una corporativización de la profesión que no la protege. Sólo crea un estamento cada vez más débil.

Walter Lippmann, el teórico más importante de la prensa moderna y de su papel democrático, ya decía en 1922 que no había que confundir a la prensa con los servicios públicos financiados por los ciudadanos. Rechazaba que el periodismo fuese una institución y recordaba que “la información debe llegar naturalmente, esto es gratis” para los ciudadanos (Public Opinion). Y a partir de ahí ellos escogerían si querían pagar por un producto que contaba historias.

Los gratuitos y la información en internet, gratuita y a menudo no profesional ha roto el monopolio de la información de los editores y periodistas. Salvar los medios es reinventarlos pensando de nuevo más en el público, sus instrumentos y hábitos que en la supervivencia del viejo negocio del periodismo.

Si el periodismo independiente tiene que depender del Estado, muera el periodismo.

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