Sin categoría

Las tres crisis del periodismo escrito

28 Jul , 2009  

La prensa escrita está sufriendo uno de los períodos más críticos de su historia. Lo que confiere gravedad e incertidumbre a la actual situación del diario impreso es la coincidencia de al menos tres crisis que operan de forma simultánea:
la crisis económica general, que ha llevado a una caída sin precedentes de los ingresos por publicidad; una crisis de modelo industrial y tecnológico, que obliga a replantear no sólo los formatos del periódico, sino la organización del trabajo periodístico, y una crisis de credibilidad que afecta al periodismo en general y que en los últimos años ha dado lugar a intensos debates. El American Press Institute reunió en noviembre pasado a 50 editores de los diarios más importantes de los Estados Unidos. Su diagnóstico no podía ser más inquietante: la caída de las ventas y de los ingresos por publicidad, la ruptura que representan Internet y las nuevas tecnologías, y la competencia de nuevos actores, como los agregadores de noticias (Google News, entre otros), están llevando a la prensa escrita “al borde del precipicio”. Información publicada en el diario El País (España).

El País (España).

Las incertidumbres de la prensa escrita

Los periódicos se preparan para configurar redacciones multimedia. EL PAÍS afronta el reto tecnológico con el desarrollo de nuevos soportes para sus contenidos

El periódico de papel no está muerto, puede incluso tener aún larga vida, pero el futuro es sin duda digital. Éste podría ser el resumen de una serie de debates a los que he asistido en las dos últimas semanas en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander, la Universidad de León y el Colegio de Periodistas de Catalunya. En todos ellos se debatía la crisis de la prensa escrita y las inquietantes incógnitas que se ciernen sobre el futuro del periodismo, una cuestión que preocupa en las redacciones. Como la de muchos otros diarios, la de EL PAÍS se encuentra en estos momentos inmersa en un cambio estratégico, de adaptación a las enormes posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías, que considero importante que ustedes conozcan. Son cambios organizativos y tecnológicos que abren grandes oportunidades, pero también ciertos riesgos. El más importante de estos cambios es la integración de las dos redacciones, la del diario impreso y la del digital, que durante años no sólo han funcionado por separado, sino que incluso han pertenecido a empresas diferentes dentro del Grupo PRISA. Entre los tecnológicos destaca la búsqueda de nuevas vías de distribución, como el reciente acuerdo alcanzado con la librería electrónica Amazon.com para poder descargar (de momento, sólo en Estados Unidos) el contenido del diario impreso en el lector electrónico Kindle.
Lo que confiere gravedad e incertidumbre a la actual situación de la prensa escrita es la coincidencia de al menos tres crisis que operan de forma simultánea: la crisis económica general, que ha llevado a una caída sin precedentes de los ingresos por publicidad; una crisis de modelo industrial y tecnológico, que obliga a replantear no sólo los formatos del periódico, sino la organización del trabajo periodístico, y una crisis de credibilidad que afecta al periodismo en general y que en los últimos años ha dado lugar a intensos debates como el propiciado en torno al Project for Excellence in Journalism, cuya web les invito a visitar.
El American Press Institute reunió en noviembre pasado a 50 editores de los diarios más importantes de EE UU. Su diagnóstico no podía ser más inquietante: la caída de las ventas y de los ingresos por publicidad, la ruptura que representan Internet y las nuevas tecnologías, y la competencia de nuevos actores, como los agregadores de noticias (Google News y otros), están llevando a la prensa escrita “al borde del precipicio”. La evolución de 2009 no ha hecho sino agravar la crisis y muchos grupos de prensa han entrado en pérdidas, aunque la vuelta a los beneficios en el último trimestre del grupo editor de The New York Times hace albergar esperanzas de brotes verdes también en la prensa.
Sin embargo, aunque la crisis económica amainara a corto plazo, la del modelo industrial, vinculada al desafío de los cambios tecnológicos, está lejos de resolverse. La extensión de la cultura de la gratuidad en Internet y los cambios en la forma de percibir y acceder a la información por parte de las nuevas generaciones están conduciendo a una progresiva disminución de las ventas en quiosco, la otra gran fuente de ingresos de la prensa escrita, en todos los países industrializados. La migración de lectores hacia el formato digital no está siendo acompañada por la correspondiente migración de la publicidad. De hecho, las ediciones digitales no serían rentables si tuvieran que producir por sí mismas los contenidos que ahora les proporciona la edición impresa. De manera que en la práctica, el lector que va cada día al quiosco a comprar el diario está subvencionando a los lectores que acceden al diario digital de forma gratuita. ¿Cuánto tiempo continuarán pagando, teniendo en cuenta además que la versión digital, a la que se puede acceder sin coste alguno, es ya más completa y extensa que la impresa?
La combinación de estas crisis está dando lugar a no pocas paradojas. La primera es que, en una sociedad acelerada y permanentemente preocupada por anticipar el futuro, como señala Daniel Innerarity en su libro El futuro y sus enemigos, disponer de información fiable y de calidad es más importante que nunca. Y de hecho circula una gran cantidad de información. Pero mientras la necesidad de información crece, disminuye el número de ciudadanos dispuestos a pagar por ella. Gracias a Internet, los diarios tienen ahora una audiencia más amplia y extendida que nunca, pero grandes dificultades para rentabilizar su trabajo periodístico. De hecho, en estos momentos lo rentabilizan más las empresas tecnológicas que facilitan los nuevos soportes y accesos que las que producen los contenidos. Lo cual no parece sostenible.
Los editores se plantean un cambio de estrategia y sus foros hierven con múltiples y diferentes propuestas. En mayo pasado se dio a conocer, por ejemplo, el Newspaper Economic Action Plan, promovido por el American Press Institute, que plantea distintas estrategias para afrontar las transformaciones y rentabilizar los contenidos online. Algunos importantes diarios se plantean implantar de nuevo un sistema de suscripciones para poder acceder a los contenidos online, mientras otros exploran aplicar algún sistema de micropago.
Pese a las incertidumbres, todos tienen claro que el futuro está en el máximo desarrollo de la edición digital. También EL PAÍS, pues ésta es la que le permite ampliar su audiencia en todo el mundo como nunca hubieran soñado sus fundadores. Los periódicos más innovadores han iniciado ya la transición hacia un nuevo modelo de producción que ha de convertirles en proveedores de contenidos en múltiples soportes (papel, ordenador, teléfono, libro electrónico, televisión, etcétera) y múltiples formas (impresa, en audio, en vídeo). Periódicos como The New York Times, The Guardian o The Washington Post están avanzando en el proceso de integración de sus redacciones por diferentes vías, pero es The Daily Telegraph el que parece haber llegado más lejos en la configuración de una redacción multimedia preparada para ofrecer contenidos en todos los soportes.
También EL PAÍS ha iniciado el camino de la integración. Lydia Aguirre, directora de El País.com, explica el objetivo: “Nos estamos transformando para adaptarnos a la demanda de la sociedad. El reto es que los lectores puedan recibir los contenidos que producimos donde quieran y de la forma que quieran; que puedan recibir las noticias en diferentes soportes según sus necesidades en función del lugar en el que estén y la vía que les resulte más cómoda”.
El modelo de redacción multimedia exige cambios importantes. El diario impreso dispone de cierto tiempo para verificar y contrastar las informaciones. El periódico digital incorpora la inmediatez de la radio y la mentalidad de la agencia de noticias. A diferencia del papel, en el soporte digital cabe todo lo que se quiera introducir. Dar la noticia lo más pronto posible se convierte en un imperativo categórico, lo cual puede afectar a la calidad de la información si no se establecen mecanismos de control de calidad ágiles, pero también muy severos para contrarrestar el factor de inseguridad que la prisa representa en periodismo.
Diferentes expertos con los que he coincidido estos días consideran que eso requerirá no sólo reforzar los equipos humanos de las nuevas redacciones, sino situar en los puestos clave de decisión a profesionales de gran veteranía y amplios conocimientos. De modo que los periódicos que, a causa de la crisis económica, se han decantado por prescindir de sus profesionales más veteranos para reducir costes, tal vez los echen de menos muy pronto.
El futuro del periodismo exige cambios, y los lectores tienen mucho que decir al respecto; por eso he querido hacerles partícipes, con esta breve pincelada, del debate en el que están sumidas las redacciones. Les invito a participar. A partir de septiembre, la Defensora dispondrá de un nuevo espacio en la edición digital con el que me propongo intensificar el diálogo entre la redacción y los lectores. Gracias por la ayuda que me han prestado hasta ahora y que disfruten de sus vacaciones.

http://www.elpais.com/articulo/opinion/incertidumbres/prensa/escrita/elpepuopi/20090726elpepiopi_5/Tes

Con Medios Latinos

Sin categoría

El arte de escribir en tiempos digitales

28 Jul , 2009  

Por Paul Alonso
Escribir; contar una historia. De eso se trata, en parte, el periodismo y la literatura. El debate sobre sus afinidades y diferencias tiene larga data. Ahora, en el ambiente digital, este debate parece radicalizarse. Mientras nuevos proyectos literarios buscan condensar Hamlet en los 140 caracteres impuestos por Twitter, ¿cuántas posibilidades creativas (y estéticas) hay para el escritor digital?

Cuando la brevedad es una imposición de las nuevas redes sociales, la decisión de la famosa editorial Penguin de embarcarse en proyectos de ‘Twitteratura’ se muestra como un síntoma de los tiempos. Estas propuestas de brevedad, sin embargo, parecen estar lejos de las aspiraciones del haiku —poesía tradicional japonesa de tres versos de cinco, siete y cinco sílabas— o el microrrelato.

Mientras los japoneses trataban de describir con el haiku la vida cotidiana y la naturaleza, empañado de filosofía y estética zen, su brevedad y aparente sencillez buscaban la eternidad. Por su cuenta, la tradición del microrrelato también tenía un componente lírico, donde lo breve y conciso aspiraba a la perfección. Han pasado décadas desde que el guatemalteco Augusto Monterroso entrara en la historia literaria con su famosa mini-ficción, “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Twitter aún no la ha superado en originalidad.

Para Mario Vargas Llosa, la pantalla es un gran desafío para la literatura: “Si la literatura se hace solo para las pantallas se empobrecerá, porque la pantalla hace que pierda profundidad y riesgo. La tecnología imprime a la literatura una cierta superficialidad”, dijo en una entrevista a El Tiempo. Y agregó: “El papel infunde un respeto casi religioso al escritor. En la pantalla se escribe informalmente, no infunde respeto. Uno se queda pasmado de la indigencia gramatical de los textos hechos para Internet. La pantalla incita al facilismo, a la frivolidad y el rigor desaparece”.

Sobre este tema, José Saramago piensa de manera parecida. Para el escritor portugués —quien tiene un blog y ha publicado recientemente sus artículos blogueros en un libro—, “con los blogs se está escribiendo más, pero se está escribiendo peor”. Tras admitir que él pone tanto cuidado en un texto de su blog como en una página de novela, Saramago dijo a Clarín: “La práctica del blog ha llevado a la escritura a muchas personas que antes poco o nada escribían. Lástima que muchas de ellas piensen que no merece la pena preocuparse con la calidad de estilo de lo que se escribe”.

Desde un ángulo periodístico, el colombiano Guillermo Franco, autor de Cómo escribir para la web, piensa que hay espacio para la creatividad y que el reto es inventar nuevas fórmulas para la crónica en internet. Para Franco, “el problema que enfrentan los editores web es que la mayoría de textos que les son presentados como crónicas no están bien logrados y lo único que hacen es diluir la esencia de la información en muchos párrafos (no en vano las redacciones de los periódicos están llenas de frustrados en la literatura)”.

A estas alturas, parece existir consenso en que el periodismo puede ser buena literatura. El debate de la brevedad, sin embargo, plantea nuevas interrogantes: ¿se puede evaluar la calidad de una obra por su extensión?, ¿hay espacio en el medio digital para el escritor de largo aliento?, ¿cuánto tiempo puede un escritor dedicar a reflexionar sobre el lenguaje antes de publicar en la web?, ¿dónde están los Monterroso de Twitter?

Mi impresión es que existen. O que podrían existir y que todos quisiéramos serlo. Pero que Twitter no es el New Yorker, y que resulta más efectivo publicar decenas de tweets al día que elucubrar algunas palabras en las que se nos va la vida. Para nosotros, el mundo digital corre paralelo y en un nivel más epidérmico a nuestros libros.

Sin categoría

El cansancio nacional

26 Jul , 2009  

Por: Mario Morales
Eea predecible. La sobreexposición y abuso mediático de la figura de Uribe y lo que representó durante estos siete largos años está infectada del síndrome de eso que en ingeniería política llaman fatiga de los materiales. (Publica El Espectador)

Prueba de ello es la sublevación de la clase política en sus dos vertientes: la del golpe de mano que trituró la coalición uribista, originado en el maltrato como lo denunció el nuevo presidente de la Cámara, o en la angustia existencial que confesó Héctor Helí Rojas por tener que votar por lo que el uribismo decía, o en lo inaguantable que hubiera sido, como apuntó Gustavo Petro, un paisa más mandando. Y la sublevación generacional que va desde la frentera de Pardo y Vargas Lleras, hasta la más soterrada de Fajardo y Santos, pasando por la afectada de la eterna Noemí.

Indicios de ese hastío ya los habían dado los renunciados del primer sanedrín que presentían el colapso por las cargas dinámicas cíclicas de cada escándalo, y el alto mando militar que se cansó de que el Gobierno se quedara con los éxitos y ellos con los procesos judiciales, la mala imagen y los regaños. (No parece coincidencial el derrumbe de todas las cifras de este semestre en la lucha contra grupos armados, como revela Semana).

Hay que sumar a los que cansados de la politiquería, clientelismo, corrupción y especialmente del descaro, hoy son ex uribistas arrepentidos, y a seis de cada diez colombianos, como dicen ahora las encuestas, también fatigadas del rol inútil de solución de parche para los quiebres irreversibles del actual gobierno, de su discurso monotemático y obsesivo centrado en “la far” y de su espíritu pendenciero y altisonante frente al disenso. Para colmo ponen la cara Luis Carlos Restrepo y Valencia Cossio.

Amenaza pues la ley de la selva en estos 376 días restantes. Tarde le damos la razón a Bernard Shaw, quien recomendaba que “a los políticos y a los pañales, hay que cambiarlos con mucha frecuencia… ¡y por las mismas razones!…”.

www.mariomorales.info

Sin categoría

Maquila TV

26 Jul , 2009  

Desde hace unos meses canales internacionales vienen al país a producir series. ¿Qué hay detrás del fenómeno? ¿Cuáles son las críticas a un modelo que parecería ser la manera de internacionalizar la producción colombiana? (publica Semana)
‘Fox’ Telecolombia aceleró la construcción de sus nuevos superestudios en Colombia para grabar ‘Mental’
Aunque reconocen que este nuevo modelo de hacer televisión traerá beneficios a Colombia, el crítico Ómar Rincón y actores como Álvaro Bayona opinan que hay ajustes por hacer, Juan Maldonado, productor, es más positivo
Aunque reconocen que este nuevo modelo de hacer televisión traerá beneficios a Colombia, el crítico Ómar Rincón y actores como Álvaro Bayona opinan que hay ajustes por hacer, Juan Maldonado, productor, es más positivo
El fenómeno no es nuevo. Desde los años 80 -la época dorada de la televisión colombiana para muchos-, productoras extranjeras han venido al país en busca de locaciones, mano de obra y a veces talento nacional para producir series y telenovelas para un público que no es el local. El zorro y hace poco Sin senos no hay paraíso fueron grabadas en Colombia y distribuidas en el exterior, en cable o en canales de otros países. Siempre en silencio, como producciones que nacían de iniciativas individuales.

Nunca tan sonadas, en todo caso, como Mental, la última producción de Fox Telecolombia, la primera serie estadounidense que se graba en Colombia y la primera que produce tanta expectativa. Expectativa porque con la serie se construyeron estudios con características nunca antes vistas en Colombia y porque con ella quizá se abre la posibilidad de que Colombia entre al mercado de países que ofrecen facilidades de producción internacional. Después de esa primera experiencia, sin embargo, apareció el descontento de algunos que no creen que las cosas son tan idílicas como parecen.

La entrada de estas productoras y su nueva forma de hacer televisión han tenido críticas. Hace unas semanas, el crítico de televisión Ómar Rincón dijo en su columna de El Tiempo que, de alguna manera, lo que hacían estas productoras era explotar la mano de obra colombiana y, poco después, dijo que el resultado de estas nuevas producciones aún eran muy pobres de calidad. “Los escenarios están mal iluminados, todo se ve pobretón, los paisajes son apagados, todo es como de noticiero. Se nota que cobramos poco”.

Y él no es el único. Actores colombianos también se mostraron molestos por lo que consideran una situación desigual. Según Álvaro Bayona, que hizo el papel de Juan Pablo Preciado en Aquí no hay quien viva, en la producción de series puede ocurrir algo similar a lo que ha empezado a pasar en cine. “Los colombianos somos los ‘convidados de piedra’, en el sentido de que ponemos la mano de obra barata, el paisaje, digamos, el toque exótico, pero los protagonistas son de afuera y trabajan en condiciones distintas a las de los actores colombianos”. Lo que más le preocupa, sin embargo, es que, de alguna manera, este nuevo modelo afecte forma de contar historias: “Mantener la riqueza con que contamos nuestras historias -con telenovelas como Betty la Fea y Pedro el Escamoso-. Con este modelo global pareciera que todas estas historias que se cuentan terminan siendo iguales”.

Lo cierto es que el modelo de producción de Mental más que una amenaza parece una tendencia. Teleset (que lleva 15 años haciendo televisión en Colombia, conocido por programas como La invencible Mujer Piraña, con Amparo Grisales y, más recientemente, por la Baby Sister) hace unos meses fue comprado por Sony. Entre sus proyectos más sonados está una serie para transmitir en el canal de Sony basada en el best-seller de Isabella Santo Domingo Los caballeros las prefieren brutas y una versión criolla basada en Grey’s Anatomy.

El fenómeno es indudable. Hace poco David Medina, Alejandro Arango Gómez y Laura Vargas crearon Contento Films, una nueva productora independiente que tiene en proceso tres películas, La bruja, de Brad Halloway, cuyo guión ya compró Paramount y que se empieza a rodar en agosto; Pescador, una coproducción con Ecuador, y Brujas, la primera de las series del tipo de Tiempo final y Mental que producirán, con historias originales, filmadas en Colombia, un formato internacional y calidad Hollywood. “Todo lo que hacemos son producciones colombianas, aunque sean en inglés y producciones de exportación con la calidad de Hollywood -dice Laura Vargas-. La razón es que en Colombia contratar al equipo técnico, conseguir locaciones y demás es más barato; en pocas palabras, el costo de la producción se reduce hasta el 50 por ciento.

En Contento Films, no obstante, son conscientes de que esto no puede hacer con todas la producciones. Un set de Nueva York en Colombia se hace en estudio y hay que simular ciertas locaciones, lo que hace no sólo que el resultado no sea el mejor, sino que se incrementen los costos. “Nosotros nos encargamos de seleccionar qué producciones se pueden hacer acá -continúa Vargas-. Y en muchos casos se trata de producciones en las que los interiores se hacen aquí y los exteriores se hacen allá”. O producciones en las que se pueden adecuar los paisajes. En este momento, por ejemplo, están preparando una superproducción de Hollywood que se lleva a cabo en la Inglaterra medieval, y en la que las escenas campestres se rodarán en la sabana de Bogotá. El trabajo de estas productoras es, precisamente, hacerse cargo de evaluar qué proyectos van a funcionar, cuáles no, que se puedan hacer en Colombia y, en otros casos, que tengan salida del país.

Pero, en términos prácticos, los del día a día, este modelo también revoluciona la forma como se ha venido trabajando en televisión hasta el momento. Aunque, como dice Bayona, no se trata de hacer una persecución a lo extranjero (la nueva forma de hacer televisión, reconoce, puede tener su ventajas), “se trata de que las condiciones en las que trabajan los que vienen de afuera sean las mismas en las que trabajan los actores colombianos: las mismas posibilidades, oportunidades, remuneración, condiciones de tiempo de trabajo (mientras los actores colombianos trabajan jornadas de hasta 16 horas, los extranjeros ponen límites), y que exista la posibilidad de que si actores extranjeros vienen a trabajar acá, nosotros podamos trabajar allá”. Sin embargo, la televisión no sólo está hecha por actores. Además de ellos están los técnicos, los camarógrafos, los escenógrafos, un equipo de catering, por no mencionar guionistas, directores y creativos. Y es ahí donde aparecen nuevas posibilidades de empleo de estas producciones, así como duras críticas. Ómar Rincón le dijo a SEMANA que mientras no haya un código laboral para todos estos técnicos y en general para la gente que está detrás de las imágenes, Colombia será solo una “maquiladora que vende mano de obra barata y cobra muy poco por su saber al hacer ficción. Lo otro es que casi no hay talento local en la creación, somos ‘hacedores’ con un saber muy bueno pero no lo cobramos, ‘nos encanta’ ser internacionales, pero hace falta poner más talento local. Se deben crear organizaciones laborales para que no se venda como virtud su esclavitud”.

Algo contrario opina Juan Maldonado, de Colombo Films (otra de las productoras de Fox en Colombia). Para él, las producciones internacionales en Colombia traerán más beneficios que daños a la televisión colombiana. La principal es la nueva autonomía de las productoras independientes, que muchas veces se ven limitadas por RCN y Caracol, pues ellas tienen la palabra final en cuanto a escogencia de actores, el presupuesto y hasta en el tipo de historias que quieren contar. “En Colombia creemos que tenemos buena televisión, y aunque eso es cierto -tenemos mucha experiencia y buena producción de telenovelas-, sólo tenemos dos canales y un solo concepto de hacer televisión”. Que haya nuevos espacios para producir en Colombia, que se abra el mercado a distintos países y que las producciones colombianas se transmitan por cable abre la mente de quienes hacen televisión: desde los maquilladores, que tienen que aprender nuevas técnicas para las grabaciones en alta definición, pasando por los escenográfos, que se tienen que especializar, hasta que se construyan estudios como los de Fox Telecolombia y los de la alianza Sony-Teleset.

Es evidente que la industria cinematográfica y audiovisual en Colombia está en ciernes, que no existe la misma experiencia técnica que hay en otros países, pero, como dice Laura Vargas: “Se ha hecho un avance. Pasamos una etapa que era tocar temáticas locales, a contar historias más universales y series como ‘Mental’ nos están abriendo las puertas”. Y este nuevo modelo de hacer televisión implica un cambio, el paso de una economía (para hablar en términos de industria) local a una global. Y aunque Bayona y Rincón lo entienden, creen que así como hay beneficios indudables en producir televisión para el mercado internacional, también hay que hacer críticas, pues este es un proceso.

Sin categoría

¿Google? “No, gracias”, dice Gay Talese

26 Jul , 2009  

En un reciente viaje a Brasil el periodista y escritor Gay Talese dio contundentes declaraciones contra el periodismo practicado hoy. Los medios brasileños destacaron su desdén por internet, Google y otras tecnologías y su confiaza en hábitos de reportaje que ha usado por más de 50 años.

(El ícono del llamado Nuevo Periodismo concedió varias entrevistas en Brasil, varias de ellas disponibles en este post de Paulo Rebêlo).

Por ejemplo, en el programa de televisión Roda Viva, Talese repitió sus críticas y reforzó su convicción en las entrevistas cara a cara. En otra entrevista, para el diario Estado de S. Paulo, Talese dijo que apenas usa Google para buscar informaciones más precisas sobre ciertas fechas y distancias, y agregó que muchos de sus entrevistados, varios de los cuales nunca habían hablado con un reportero, probablemente ni siquiera existían para Google.

Talese no podría ser un bloguero, escribió Patrick Appel, de The Daily Dish, como conclusión de la entrevista que el escritor y periodista diera a The Paris Review.
Vía Knight Center

The Paris Review Interviews

Return to Interview Archive Index

Gay Talese GAY TALESE
The Art of Nonfiction No. 2
Interviewed by Katie Roiphe
Issue 189, Summer 2009
Purchase this issue
View a manuscript page

From the Interview
INTERVIEWER
How does your writing day begin?

TALESE
Usually I wake up in bed with my wife. I don’t want to have breakfast with anyone. So I go from the third floor, which is our bedroom, to the fourth floor, where I keep my clothes. I get dressed as if I’m going to an office. I wear a tie.

INTERVIEWER
Cuff links?

TALESE
Yes. I dress as if I’m going to an office in midtown or on Wall Street or at a law firm, even though what I am really doing is going downstairs to my bunker. In the bunker there’s a little refrigerator, and I have orange juice and muffins and coffee. Then I change my clothes.

INTERVIEWER
Again?

TALESE
That’s right. I have an ascot and sweaters. I have a scarf.

INTERVIEWER
Do you like that the bunker doesn’t have windows?

TALESE
Yes. There are no doors, no time. It used to be a wine cellar.

INTERVIEWER
How do you write?

TALESE
Longhand at first. Then I use the typewriter.

INTERVIEWER
You never write directly onto the computer?

TALESE
Oh no, I couldn’t do that. I want to be forced to work slowly because I don’t want to get too much on paper. By the end of the morning I might have a page, which I will pin up above my desk. After lunch, around five o’clock, I’ll go back to work for another hour or so.

INTERVIEWER
Surely there must be some days in the middle of a project, when you’re really going, that you write more than a single page.

TALESE
No, there aren’t.

INTERVIEWER
But your books are so long.

TALESE
I take a long time. I have published relatively little given how long I have been working. Over fifty-five years I’ve only written five long books, two short ones, and four collections. It’s not that many.

INTERVIEWER
Is that because you spend a lot of time editing?

TALESE
Not really. I type and I retype. When I think I’m getting close, that’s when I put it on the computer. Once it’s on the screen I make very few changes. It’s the reporting that takes so much time.

INTERVIEWER
Do you use notebooks when you are reporting?

TALESE
I don’t use notebooks. I use shirt boards.

INTERVIEWER
You mean the cardboard from dry-cleaned shirts?

TALESE
Exactly. I cut the shirt board into four parts and I cut the corners into round edges, so that they can fit in my pocket. I also use full shirt boards when I’m writing my outlines. I’ve been doing this since the fifties.

INTERVIEWER
So all day long you’re writing your observations on shirt boards?

TALESE
Yes, and at night I type out my notes. It is a kind of journal. But not only my notes—also my observations.

INTERVIEWER
What do you mean by observations?

TALESE
I mean my personal observations, what I myself was thinking and feeling during the day when I was meeting people and seeing things and making notes on shirt boards. When I’m typing at night, on ordinary pieces of typing paper, I’m not only dealing with my daily research, but also with what I’ve seen and felt that day. What I’m doing as a researching writer is always mixed up with what I’m feeling while doing it, and I keep a record of this. I’m always part of the assignment. This will be evident to anyone who reads my typed notes.
I uncovered a good example of this recently when I was looking through some old files from the sixties. I had just gotten to the Beverly Wilshire in Los Angeles to begin researching my piece on Frank Sinatra. I hear a knock on the door. It’s the night chambermaid. She comes in to turn down the bed and to place a piece of chocolate on the pillow. And this chambermaid is gorgeous. She’s a strong, lean woman from Guatemala, about twenty-two years old, who speaks English with a heavy accent and wears a wonderful striped skirt. I have a conversation with her. Then I find myself writing about these women who work for the Beverly Wilshire, many of them quite beautiful, and most of them from faraway places, who each day are immersed in the luxurious and privileged lifestyles of the hotel’s guests. So here I’m supposed to be working on Frank Sinatra, but this whole drama about hotel rooms and chambermaids, that’s in there too.

INTERVIEWER
Are you equally interested in everyone you meet?

TALESE
One of the key facts of my life is that I was raised not in the home, but in a store. My father had been an apprentice to his cousin, a famous tailor in Paris who had movie stars and leading politicians as clients. My father left Paris in 1920 on a ship to Philadelphia. He hated Philadelphia and developed a respiratory problem, and someone suggested he move to the seashore. In Ocean City, New Jersey, he bought an old store on Asbury Avenue, the main business street, and he opened the Talese Town Shop. On one side of the store he set up a tailor shop. On the other side my mother, who had grown up in an Italian American neighborhood in Park Slope, Brooklyn, opened a dress shop. Above the store my parents had an apartment.
The tailor business never really worked out. The craftsmen were fine, but there weren’t quite enough people in Ocean City who wanted to pay for handmade suits. So my mother became the wage earner. All the money we made was because of my mother selling dresses. She was successful because she had a way of getting women to talk about themselves. Her customers were, for the most part, large women, women who did not go to the beach in the summertime. My mother would give them clothes to try on that made them look better than they thought they had any right to look. She wasn’t a hustler. She made her sales because they trusted her and liked her, and she liked them back. I was there a lot—folding the dress boxes, dusting the counters, doing chores—and I learned a lot about the town by eavesdropping. These women, telling my mother their private stories, gave me an idea of a larger world.

INTERVIEWER
Did you write as a child?

TALESE
There was a weekly newspaper in Ocean City, the Sentinel-Ledger, and its editor, Lorin Angevine, occasionally visited my father’s store. As a freshman in high school I decided I wanted to write stories, and my father suggested that I go see him. Mr. Angevine said that I could write a column called “High School Highlights,” so long as I could find enough news about school activities to fill it out.
I didn’t fit in at high school. I didn’t look like the other students and I certainly didn’t dress like them, in their mackinaw jackets. My father made my clothes, and I was overly well dressed. But the column gave me an excuse to talk to others. It was not unlike my mother talking with the wealthy women in her dress shop. Doing journalism made me feel that, even if I wasn’t part of their group, I had a right to be there.

INTERVIEWER
Did you read much as a child?

TALESE
I read what my parish priest would call trashy fiction. The wonderful and risqué Frank Yerby—a black writer from Georgia who lived in Spain. I was reading some New Yorker writers when I was in college. That’s when I came across William Faulkner, Irwin Shaw, John O’Hara, and John Cheever.

INTERVIEWER
How did you end up going to college in Alabama?

TALESE
It was a school that I could get into. I had bad grades in high school. I was turned down by every college in the region, and before I knew it, it was late summer. One of my father’s customers was a physician, Aldrich Crowe, who had been born in Birmingham and graduated from the University of Alabama medical school. He made a call on my behalf, and a few weeks later I received an acceptance letter.
I enjoyed my time there and I passed. I was worried about keeping my grades up. If I flunked I would have lost my student deferment. I would’ve been sent to Korea.

INTERVIEWER
Why did you choose journalism as a major?

TALESE
The main reason was that it seemed like the easiest thing to do. But my big journalistic break happened when I befriended a guy named Jimmy Pinkston. Close to graduation, Jimmy said to me, If you ever go to New York you ought to look up my cousin, Turner Catledge, he’s the managing editor of The New York Times. So when I graduated in the summer of 1953, the first thing I did was take a bus to New York. I walked into the New York Times building. The receptionist there said, What can I do for you, young man? I said, I’d like to say hello to Mr. Turner Catledge. Do you have an appointment? No. He said, Well, Mr. Catledge is very busy. Why are you here? I said, I know his cousin.
The receptionist looked at me like I was some kind of lunatic, but I was dressed very well—in clothes made by my father—so at least I was a well-dressed lunatic. After six hours, I got in to see Mr. Catledge. He asked, What brings you to New York? I said, Well, I’m a friend of your cousin. He said, And who might that be, if you don’t mind my asking? I said, James Pinkston. Catledge looked at me and there was no expression on his face. I thought, That Jimmy Pinkston was so distantly related that Catledge never even knew he was his cousin. But he hired me anyway, as a copy boy. So that’s how I began: getting people coffee and sandwiches, running errands. And after a week and a half my first piece was published in the paper.

INTERVIEWER
What was the piece?

TALESE
The copy boys had to go at night to Times Square to wait for the arrival of the late-evening tabloids, which we’d deliver to the editors so that they could see what the other newspapers were reporting. While I was waiting in Times Square one night I became transfixed by that electronic news ticker scrolling around three of the sides of the old New York Times building. Fifteen thousand lightbulbs spelling out that day’s headlines, in five-foot-high letters. I wondered, How do they do that? After I delivered the papers I had some free time, so I went back to the old Times building and I climbed the stairs until I found a door open on the fourth floor. Behind it was a man standing on a ladder, holding what looked like an accordion. I said, Excuse me, I’m a copy boy, and I was just wondering, what are you doing? He said, I’m doing the headlines. I asked him how he did it. He said, They call me and read me the headlines, and I type them into this device here, and it makes the bulbs light up in the right way. He said he’d been working there for twenty-five years. I asked him what his first big headline was, and he said, Oh, election night, 1928. HERBERT HOOVER BEATS AL SMITH. I asked him if I could come back with a notepad and interview him about his career and some of the famous headlines he’d written, and he agreed.
One of the good things about being a copy boy was that you got to know a lot of people on the staff. Especially if you were polite. I had good manners, thanks to growing up in the store—a reverential attitude toward the customer. So I approached Meyer Berger, one of the famous reporters on the paper at the time and a wonderful, generous man. He said I could write up the piece on his typewriter and show it to him. I did, and he liked it. He showed it to his editor, and soon it was published, without a byline, on the editorial page.

INTERVIEWER
That took a lot of confidence.

TALESE
Well I didn’t have great confidence in myself because I had nobody, really, who had confidence in me. I always think of John Updike, who had tremendous confidence in himself because his mother said, You’re the greatest little shit in the world. You’re so wonderful, wonderful, wonderful—and he believed it. David Halberstam too—his mother told him he was the greatest shit in the world and he believed it. He had a tremendous sense of self. In his mind he was Charles de Gaulle. My mother never told me I was the greatest, my father never did either. They were very critical. I felt that I had to prove something to them. Neither they nor anyone else gave me the sense that I was gifted.

INTERVIEWER
When did you realize that you had talent?

TALESE
Never. All I have is intense curiosity. I have a great deal of interest in other people and, just as importantly, I have the patience to be around them.

INTERVIEWER
What happened after you were promoted to become a regular reporter at the Times?

TALESE
My first job was on the sports desk, but I didn’t want to write about sporting events. I wanted to write about people. I wrote about a losing boxer, a horse trainer, and the guy in the boxing ring who rang the bell between rounds. I was interested in fiction. I wanted to write like Fitzgerald. I collected his work—his short stories and journals. “Winter Dreams” is my favorite story of all time. The good nonfiction writers were writing about famous people, or topical people, or public people. No one was writing about unknown people. I knew I did not want to be on the front page. On the front page you’re stuck with the news. The news dominates you. I wanted to dominate the story. I wanted to pick subjects that were not the ordinary assignment editor’s idea of a story. My idea was to use some of the techniques of a fiction writer: scene setting, dialogue, and even interior monologue, if you knew your people well enough. I was writing short stories, and there were not many people on the Times who were doing that. Once, at an NYU baseball game, I overheard a conversation between a young couple who were having a lovers’ quarrel. I wrote the dialogue and I told the story of the game through what they were watching and what they were saying. At the St. Patrick’s Day parade, I wrote about the last person in the procession, a little guy who was carrying a tuba, and behind him came the sanitation trucks. I followed the parade from the vantage point of this tuba player.

INTERVIEWER
What was the reaction to your work from the editors or the other writers? These were obviously uncommon stories in The New York Times of that period.

TALESE
First of all they thought I was faking. They’d say I was writing fiction. I’d say, I’m not writing fiction. I was very careful to be accurate. In the ten years that I worked as a newspaper reporter I never made a mistake that warranted a correction. Sometimes I’d get in the paper, sometimes my pieces got killed. But I wanted to write, not report.

INTERVIEWER
Did you write as slowly and carefully then as you do now?

TALESE
All the other reporters of my generation would come back from an assignment and be done with their piece in a half hour. For the rest of the afternoon they’d be reading books or playing cards or drinking coffee in the cafeteria, and I was always very much alone. I didn’t carry on conversations during those hours. I just wanted to make my article perfect, or as good as I could get it. So I rewrote and rewrote, feeling that I needed every minute of the working day to improve my work. I did this because I didn’t believe that it was just journalism, thrown away the next day with the trash. I always had a sense of tomorrow. I never turned in anything more than two minutes before deadline. It was never easy, I felt I had only one chance. I was working for the paper of record, and I believed that what I was doing was going to be part of a permanent history.
It had better be good too, because my name was on it. I’ve always thought that. I think this came from watching my father work on suits. I was impressed by how carefully he would sew, and he never made much money, but I thought he was the real thing. His name was on those suits—the buttons couldn’t fall off tomorrow. They had to look great, had to fit well, and had to last. His business wasn’t profitable, but from him I learned that I wanted to be a craftsman.

INTERVIEWER
Why did you leave the Times to write for Esquire?

TALESE
I could not contain myself within the twelve-hundred-word limit of daily journalism. Wherever I was, I thought that there were stories that other people weren’t telling. When I was going into professional athletes’ locker rooms, for instance, I would just listen to the chatter and look at the bodies of these men who had been in locker rooms with other men since they were little boys. There’d be other sports writers there, and they’d be asking the athletes questions about their performance in that night’s game, but I thought, No, there’s a different story here. These men are fascinating not as performers but in the way in which they mingle together. They’re freer with each other than homosexual men in a bathhouse. These other reporters didn’t even see the story, they just saw their job. Yet because it was a daily newspaper I was always being pulled away from these stories. I couldn’t do them at any real depth. That was really why I couldn’t do the job anymore.
At the same time, in the mid-sixties, Tom Wolfe and Jimmy Breslin were having fun at the Herald Tribune. They were able to write what they wanted to write and I wished I had that kind of freedom. I was getting a lot of freedom by the standards of the Times, but not compared to them. I wanted more room and I wanted to go anywhere I wanted.

INTERVIEWER
What did you think of those other writers?

TALESE
The man I greatly admire is Tom Wolfe. I knew him pretty early on, when he was at the Herald Tribune and I was at the Times. We were friends and he often came to dinner. Stylistically, Wolfe is incomparable. He’s a unique person, a great reporter, and a wonderful writer.
I don’t put Breslin or Hunter S. Thompson at that level. I never felt competitive with Breslin. I thought he was unnecessarily rude. He’s turned that rudeness into a kind of marketable manifestation of his mentality. Thompson was out there. He was playing music that a lot of people understood, but I didn’t get it. I liked some of his work and I read some of his books. I met him maybe twice and I have no ill feeling toward him. I was watching a recent documentary about Thompson and a friend pointed out to me that he had a copy of The Kingdom and the Power on his bookshelf. So I decided that I should have thought more highly of Hunter S. Thompson.

INTERVIEWER
Did you think of yourself as part of the movement commonly called New Journalism?

TALESE
Wolfe in his book on New Journalism honors me by calling me one of the founders. But I never gave any thought to New Journalism. I never felt that I was part of a category of new people doing new things. I wanted to write like Fitzgerald.

INTERVIEWER
Do you feel competitive with novelists?

TALESE
Yes, I do. Journalism is not given much respect. Journalists themselves, particularly in my generation, didn’t take their jobs very seriously. I take it very seriously. This is a craft. This is an art form. I’m writing stories, just like fiction writers, only I use real names. If you chopped my books into single chapters, each one could be a stand-alone short story. You could take the chapter about McCandlish Phillips in The Kingdom and the Power, Garibaldi in Unto the Sons, and Harold Rubin in Thy Neighbor’s Wife, and they would work together as a short-story collection.
Nonfiction writers are second-class citizens, the Ellis Island of literature. We just can’t quite get in. And yes, it pisses me off.

INTERVIEWER
Did you ever try to write fiction?

TALESE
I wrote one short story and it was published in 1967 by Mademoiselle. I have a nice letter from the fiction editor about it. But I never wrote another piece of fiction. I thought nonfiction was one area where I could do things that others were not doing. There are so many great short-story writers and playwrights and novelists, but there were not many really wonderful nonfiction writers. I thought I’d rather be one of those.

INTERVIEWER
Your piece “Frank Sinatra Has a Cold” is often singled out as the classic work of New Journalism. How did that assignment come about?

TALESE
Harold Hayes, my editor at Esquire, said, I have your next piece: Sinatra. I told him I didn’t want to do it. Sinatra had been done to death. I mean, Christ, another piece on Sinatra? But Hayes is a strong person with a polite manner who got his way. So I go to the Beverly Wilshire in Los Angeles and I call Sinatra’s press agent, Jim Mahoney. He says Frank’s not feeling well. He has a cold. Mahoney is also not happy about other things. He’s unhappy about this rumor that Sinatra is friends with organized crime figures. Mahoney says, We may want you to sign an agreement saying we can see the piece first. I say, I can’t do that. He says, Then we might not have a deal. At the end of the week, I’m still in the hotel room, and Mahoney calls to ask me what I’m doing. I say, I’m waiting for you to call me. How’s Frank feeling? Well, he’s not very good. I say, He still has a cold? He says, Yes, he still has a cold. He brings up the agreement issue again, and again I say that’s a problem. He says, I understand you’ve been seeing people. Yes, I’ve been seeing people. You’ve been seeing some of Frank’s friends? I say, I don’t know if they’re Frank’s friends, but I’ve been seeing people. He asks me, How long are you going to be doing this? I don’t know, I say, and then he hangs up.
That night I’m sitting at a bar around ten o’clock, watching people, and sure enough I notice Frank Sinatra sitting down the corner of the bar with two blondes. Sinatra goes to play pool and I witness a scene between Sinatra and a guy named Harlan Ellison, and I write it down on a shirt board. But I don’t get it all, so I go up to Ellison and ask him if I can talk to him the next day. He gives me his phone number and address. When we speak in person I ask him not just what everyone said, but what he was thinking. I always ask people what was on their mind. Were you surprised by Sinatra? Had you met him before? Did you think he was going to hit you, or did you want to pop him? Then someone I knew had a secretary who had gone to school with Sinatra’s daughter Nancy. She told me this great story about how she went to this party at the Sinatras’ house. At the party she accidentally knocks off from the mantle an alabaster bird. And little Nancy says, Oh no, that’s my mother’s favorite. Then Frank Sinatra knocks the other one off.
I called Floyd Patterson, whom I’d written a piece about in Esquire, because I knew Sinatra was going to see him in a fight in Las Vegas. He got me tickets to the fight and I just followed Sinatra around. I was in touch with Floyd because when I finish a story, I don’t finish a story. I keep in touch with the people I write about. I did that even as a young sports writer just starting out, twenty-five years old. I keep in touch because I always think that there might be more. The stories go on.
So I was getting little things like that. I called Harold Hayes, my editor, almost every day. He asked me how it was going. I said, I’m out here getting things. Harold never asked me if I wanted to come home and I never thought of asking him if I could leave.

INTERVIEWER
Did you ever make eye contact with Sinatra?

TALESE
Yes, I’m sure he knew who I was, but he didn’t talk to me. I wasn’t asking him for any favors but I was interviewing a lot of so-called minor characters. I specialize in minor characters. When I finally got back to New York I looked up Jilly Rizzo, a saloon owner who was close to Sinatra. He took me to see Sinatra’s parents in New Jersey. That was a great opportunity for me, because Sinatra’s mother was friendly and she told me about his relationship with Ava Gardner. I have to believe that Sinatra gave her permission to speak with me, because otherwise I doubt she would have seen me. Both Sinatra and I were cooperating with each other without acknowledging it. In other words, I was not asking for an interview, and he wasn’t saying, Don’t write about me. It was a funny little dance.
I turned in the piece at roughly a hundred pages. They didn’t change a word. When it came out it wasn’t like, Oh, this is one of the great pieces of all time. It was just another piece.

Sin categoría

24″, la serie mas adictiva de todos los tiempos

24 Jul , 2009  

La serie ’24’, perteneciente al género de acción/drama, narra las aventuras del agente federal Jack Bauer (Kiefer Sutherland) en la unidad antiterrorista de Los Ángeles. Esta producción, ganadora de seis Emmys y dos Globos de Oro, tiene mucho éxito en Estados Unidos.

En nuestro país formó parte de la parilla de Antena 3, pero sin el éxito esperado ya que después de varios cambios de horario y día en su programación, no logró conquistar más espectadores.

Sin embargo, ha sido elegida como la serie más adictiva de la televisión según el estudio británico ‘LOVEFiLM.com’, con un 19 por ciento de los votos otorgados por más de 3.000 espectadores de televisión y fans de películas encuestados.

El director de comunicación de ‘LOVEFiLM.com’, Darren Bignell, señaló, en declaraciones a ‘Telegraph.co.uk, recogidas por otr/press: “Somos una generación en la que el pensamiento de engancharse a los programas más populares es una constante tentación. ’24’ ha encontrado la mezcla perfecta de suspense, drama y acción para mantenernos con la sensación de querer más”.

La serie ‘Lost’ logró el segundo puesto con el 17%, mientras que el tercer lugar es para ‘Friends’. La serie que narra las peripecias de un grupo de amigos en Nueva York, enganchó en su día a medio mundo y ahora se sube al tercer escalón del podium con un 10% de los votos.

El drama ‘Heroes’ se sitúa en el cuarto puesto del ránking con el 9 por ciento, seguido del éxito ‘The Wire’ (En España ‘Bajo escucha’, emitida por TNT) que reúne el 7 por ciento del total.

La lista continúa con ‘Dr Who’ (6%), mientras el puesto número siete es para la serie de los científicos forenses de Las Vegas, ‘CSI’, con un 5 por ciento de los votos.

En nuestro país, lleva liderando durante años el ‘prime time’ de los lunes. En el octavo puesto se encuentra ‘Prision Break’ que consigue el 4 por ciento, seguida de la serie ‘The Sopranos’ con un 3 por ciento del total.

El último puesto de la lista es para la serie de Sarah Jessica Parker, ‘Sex and the City’, que tan sólo logra el 2 por ciento de los votos de los espectadores.
Con Periodista Latino

Sin categoría

Noticias al aire, dolor en directo

23 Jul , 2009  

Por Omar Rincón
Hay casos como el del niño que se enteró por televisión que su hermana había sido muerta por una bala perdida. ¿Qué pasa cuando las tragedias colombianas alcanzan a los televidentes?
Hay casos que no nos podemos imaginar como ciudadanos contemplativos, esos que vemos por televisión los chuzados, los falsos positivos, las masacres paras, las inhumanidades y secuestros guerrilleros, los cinismos narcos.

Erika Diettes, una fotógrafa con arte, analiza en su tesis de grado de la maestría en Antropología de la Universidad de los Andes este fenómeno de cómo las muertes de televisión les pasan a los colombianos de verdad y a los periodistas ni se les ocurre pensar eso. Para ellos, es solo otra muerte más, otra noticia, ojalá una primicia.

¿Podría cubrirse distinto este tipo de muertes? Tal vez no. Hay tantas que cómo hacerlo diferente. Diettes, la artista, analiza el hecho y piensa que sí es posible hacerlo distinto:

1) Poniendo menos énfasis en los modos y formas de la violencia, sobre cómo matan, y más sobre a quién matan, su familia y su dolor.

2) Aumentando empatía con los familiares y con las víctimas, pues siempre se da protagonismo a los violentos.

3) Cambiando la óptica del exceso de cuerpos, muertos, cifras, militares por una decencia de la pausa y la reflexión.

4) Pasando de la lógica del melodrama (exceso sentimental) a la lógica de la tragedia (llamado a la conciencia).

5) Reconstruyendo la experiencia del duelo como constructora de historias, sentimientos y memorias y un asunto vital para poder saber cómo somos como sociedad.

La pregunta sigue siendo ¿Podra representarse de modo distinto desde el periodismo la violencia en Colombia?

La reflexión / constatación de este trabajo que recupera el testimonio y la experiencia de vida ponen en evidencia la fragilidad de la narración mediática para dar cuenta en directo de las realidades de las violencias, sin posibilidad de la pausa y reflexión. Es difícil tener conciencia en directo, parece ser la disculpa mediática.

Diettes dice que es deber del camarógrafo y periodista tener la capacidad de establecer conciencia de lo que se registra e informa, de manera tal que la dignidad y las emociones del espectador no sean vulneradas. Entonces, todo consiste en un asunto de profesionalidad, de oficio, de formación.

Es distinto si el periodista se comporta como un sujeto que cuenta y produce marcos de interpretación, uno que pasa del ojo como el órgano que ve al órgano que llora, dice Diettes.

Tres reflexiones finales: Necesitamos periodistas que cuenten las experiencias, no que sean turistas de las violencias; el exceso de imágenes y registros de muertos, de victimarios y víctimas es otra forma del olvido y de la trivialización; devolverle la fe y significación a las imágenes para que valga por lo menos igual a las palabras.

OMÁR RINCÓN

Sin categoría

Toda una institución

23 Jul , 2009  

Por Mario Morales
No hay que hacerse ninguna expectativa con el período legislativo que comienza. Los honorables congresistas inician labores (es un decir)arrinconados y asustados, con la mente puesta en las investigaciones habidas y las que vendrán, en las formas regulares e irregulares para hacerse reelegir o mantener el poder y en el árbol más frondoso para guarecerse a su sombra. Es decir, la época del yo con yo.(Publica El Espectador)

Será pues el peor de los últimos ocho años en el país. No sólo por los anuncios estremecedores del DANE (disminución del 5,2% en las ventas del comercio minorista y el descenso en el 6,5% en la industria en mayo, que contradicen los mensajes analgésicos del Gobierno de que aquí no pasa nada, aunque tal vez tiene razón), sino porque en este período de calma chicha previo a las elecciones parlamentarias y presidenciales, los asuntos de interés nacional serán desplazados aún más por el proselitismo, la politiquería y el clientelismo, y el culillo afianzados en el último lustro.

Escudados en el pretexto de una posible pérdida de investidura, gran parte de los congresistas se desmarcará del referendo reeleccionista y quedará a la espera del mejor postor. Aplican la ley del sálvese quien pueda mientras consultan las encuestas. Ellos, como el Procurador (el ex y el actual), el Fiscal, la Registraduría y el Consejo Electoral se lavarán las manos y le dejarán al inexorable paso del tiempo la responsabilidad de tamaña decisión. Todos los votos cuentan.

No faltarán “proyecticos” (como enseñó a hablar y pensar el presidente Uribe), como el articulito tributario del Minhacienda para tapar el huequito de Defensa, la reformita política para que todo siga igual y una inocua leyecita de víctimas para contentar a la galería. Y hasta quizá “pupitreen” otras 103 iniciativas como de las que se enorgullece Hernán Andrade.

Pero seguirán de espaldas al país, votando por lo suyo antes de ir a la casa por cárcel, protagonizando chismes, travestismos, incriminaciones, volteadas, alianzas inconfesables y engordando en sus remodeladas curules. Tal y como lo han hecho en los últimos dos siglos. Institucionales que son.

Sin categoría

Cómo presionan los medios para conseguir una entrevista exclusiva

18 Jul , 2009  

Los correos electrónicos enviados por organizaciones noticiosas al equipo del gobernador de Carolina del Sur, Mark Sanford, con motivo de su escapada de varios días a Argentina ofrecen “un valioso estudio de caso de cómo periodistas, blogueros y productores se mueven para conseguir una gran historia”, dice Michael Calderone, del sitio web Politico. Algunas solicitudes de entrevista prometían al gobernador un espacio favorable para discutir su ausencia mientras que un reportero criticaba los reportajes de uno de sus competidores como “repugnantes”, añade el periódico The State.

“Si quiere hablar públicamente sobre esto, es bienvenido a la radio del Washington Times”, escribió un empleado al portavoz de Sanford. “¡Usted sabe que estará en tierra amigable aquí!” (El editor ejecutivo del Washington Times dijo que el funcionario en cuestión trabajaba en el área de marketing y estaba ayudando a un programa de radio nuevo a conseguir entrevistados.)

“El gobernador puede tener la palabra por 10 minutos y llegar a más de un millón de personas en el programa de mañana”, ofreció el conductor de un programa de televisión matutino. “Ya he recibido llamadas de otros que quieren atacarlo… ¡Yo no [quiero] hacer eso!”, añadió. Por su parte, un periodista del canal Fox News que invitó a Sanford a su programa dijo: “Creo que la historia y el frenesí de los medios son absolutamente ridículos”.

El corresponsal en la Casa Blanca de la cadena ABC Jake Tapper envió dos correos al vocero de Sanford. En ambas oportunidades hizo referencia a la cadena NBC, uno de sus competidores, y calificó su cobertura de “repugnante” e “insultante”. destaca The State. Tapper posteriormente reconoció a Politico que no debió decir eso. “Trataré de dejar las críticas a los medios en manos de otros de ahora en adelante”.
Vía Knight Center

Sin categoría

Nuevo video enseña a periodistas a usar mapas de Google

16 Jul , 2009  

En video del canal de capacitación periodística en YouTube, IJNet Video, Seth Palmer, de la Red de Periodistas Internacionales (IJNet) muestra cómo usar Google Maps dentro de una historia online y explica cómo esta herramienta puede ser de utilidad para lectores y espectadores.

Antes de comenzar a usar esta herramienta, Palmer recomienda lo siguiente:
* Saber qué es lo que se quiere hacer con los mapas.
* Tener conocimientos básicos de código HTML.
* Tener una cuenta Google.
Vía Ijnet