Sin categoría

Perdimos todos

30 Ago , 2009  

Por Mario Morales
La cumbre de Unasur, no fue ni lo uno ni lo otro, si acaso otro capítulo del culebrón latinoamericano o peor aún, un gallinero como la definió el Cardenal Cipriani, arzobispo de Lima. (Publica El Espectador)

La foto final y algunos apartes del largo novelón, son fiel testimonio para la posteridad, en caso de la que tenga, del fallido encuentro.

Al final no hubo agarrón, como esperaban incautos televidentes; ni discusión, como querían ingenuos presidentes; ni acuerdo, como pretendía el presidente Lula; ni siquiera buen humor, como intentó Alan García, porque hay gente sin carisma a la que no le salen los chistes, como lo sabe el exministro, y ahora gigoló, Arias.

Fue, para resumir las entrelíneas de Lula, una perdedera de tiempo, como piensa uno al cabo de una interminable telenovela o de un debate entre académicos.

Otra vez nuestro país en el centro de las miradas con su ya inveterado rol de antagonista o disociador.

Otra vez Uribe y Bermúdez confundiendo diplomacia con evasión. El continente se quedó con las ganas de conocer a la letra el acuerdo firmado con Obama y las “garantías jurídicas” de que no afectará la estabilidad de la región. Sólo faltó el ya clásico “Otra pregunta, muchachos”.

Otra vez Correa, Chávez y Uribe mirándose el ombligo con la miopía que, a nombre de los tres, confesó el venezolano cuando dijo que ve cada vez menos y que le toca hablar duro para que lo escuchen.

Otra vez las falsas cordialidades que desaparecerán cuando cada uno de los tres repita lo que mejor ( o lo único?) sabe hacer: hablar mal del otro o provocarlo en esta trama sin fin en la medida en que los tres saben que no existen sin los otros dos.

Otra vez aplazado el sueño de integración por el delirante y trillado discurso de seguridad en tiempos de pobreza y miseria.

Otra vez la vieja confusión ante el televisor de no saber a ciencia cierta si uno está viendo la cumbre, El Capo, del hiperrealismo del referendo, Vecinos o los ‘Cuentahuesos’ de Sábados Felices. Menos mal allá afuera está la realidad. ¿O es al revés?

Sin categoría

Las 50 mejores webs de 2009 según la revista Time

26 Ago , 2009  

La lista es discutible, como casi todo en la vida, pero han hecho una gran selección. Y para sopresa de muchos, encabeza el ranking Flickr por haber sido el primer sitio que permite manejar las imágnes con la misma facilidad que en otros lugares se mueven textos o números.
Vía Time:
1. Flickr
2. California Coastline
3. Delicious
4. Metafilter
5. popurls
6. Twitter
7. Skype
8. Boing Boing
9. Academic Earth
10. OpenTable
11. Google
12. YouTube
13. Wolfram|Alpha
14. Hulu
15. Vimeo
16. Fora TV
17. Craiglook
18. Shop Goodwill
19. Amazon
20. Kayak
21. Netflix
22. Etsy
23. PropertyShark.com
24. Redfin
25. Wikipedia
26. Internet Archive
27. Kiva
28. ConsumerSearch
29. Metacritic
30. Pollster
31. Facebook
32. Pandora and Last.fm
33. Musicovery
34. Spotify
35. Supercook
36. Yelp
37. Visuwords
38. CouchSurfing
39. BabyNameWizard.com’s NameVoyager
40. Mint
41. TripIt
42. Aardvark
43. drop.io
44. Issuu
45. Photosynth
46. OMGPOP
47. WorldWideTelescope
48. Fonolo
49. Get High Now
50. Know Your Meme

Sin categoría

¿Por qué nos quedamos ciegos?

23 Ago , 2009  

Por: Mario Morales
Debería ser suficiente. El senador Rodrigo Lara, en entrevista a este diario, no pudo ser más contundente al acusar al Ministro del Interior de haberse ‘despachado’ el presupuesto nacional “para chantajear a los congresistas sobre la base de la inversión regional, condicionada al voto por el referendo”. (Publica El Espectador)

No menos escandalosa es la declaración a la Corte de Luz Yaneth Rojas Portilla, de ser la notaria 11 por cuenta del senador Alirio Villamizar, a quien además debía pagarle un porcentaje de utilidades y que sirvió como pista para hallarle cerca de $750 millones en efectivo al dirigente conservador, uno de los más férreos defensores del referendo y ahora en la mira por la ‘Cuello–Política’.

Dice Germán Vargas, a propósito de los persistentes rumores sobre la compra de votos pro-referendo en la Cámara, que él mismo los denunciará. Alertas en este sentido las han prendido miembros del Polo y del Partido Liberal, entre otros.

Para colmo el Gobierno y los legisladores afectos a la ‘Casa de Nari’, contagiados de un cinismo sin antecedentes, alardean diciendo que ya sedujeron a representantes de Cambio Radical o que ya ‘convencieron’ a un número suficiente de parlamentarios.

Esos alarmantes testimonios en un país serio serían la base de una investigación que involucrara a todas las instancias del Estado, darían lugar a un juicio de responsabilidades inmediato, pero especialmente originarían movilizaciones y manifestaciones de la sociedad civil para exigir el respeto por las instituciones y la ley, y por un mínimo de decencia.

Sólo se oyen algunas voces valerosas de opositores y magistrados, pero muy especialmente de estudiantes y ciudadanos del común en ferias y foros, tribunos del Estado de opinión, que le han hecho saber al presidente Uribe que no es bienvenido en una segunda reelección. El resto del país parece enceguecido por las dosis diarias de impunidad y de cinismo.

¿Por qué nos quedamos ciegos? Quizá, como responde el Nobel Saramago, no nos quedamos ciegos; tal vez estamos ciegos, ciegos que ven, ciegos que, viendo, no ven.

Sin categoría

Periodistas, no voceros

23 Ago , 2009  

Por Pascal Beltrán del Río *
La escalada criminal que padece la sociedad mexicana ha impuesto a los periodistas de este país una serie de retos en el cumplimiento de su misión.

Ubico el momento en que esto se comenzó a sentir: el verano de 2005, cuando por primera vez se rebasó en un solo año la cifra de mil ejecuciones en el conflicto entre las bandas del crimen organizado.

Poco después comenzaron a observarse fenómenos inéditos de violencia, como la ejecución de un comandante policiaco en Acapulco, en abril de 2006, cuya cabeza fue abandonada frente a un edificio público, acompañada de un mensaje escalofriante: “Para que aprendan a respetar”.

Hechos así han provocado una discusión en muchas redacciones sobre cómo estamos cubriendo estos acontecimientos.

Qué hacer con los llamados narcomensajes (los que se dejan a un costado de los cadáveres o se cuelgan de los puentes), las cabezas cercenadas y los cuerpos quemados o deshechos en ácido, los videos colgados de internet que contienen amenazas o registran actos de tortura y asesinato, los corridos que retratan como héroes a los sicarios o transmiten mensajes a autoridades y grupos rivales.

Cómo dar cuenta de estos hechos sin dejar al público perplejo respecto de su significado, sin sacarlos de contexto, sin exagerar ni minimizar su importancia, sin renunciar a la investigación periodística a pesar de contar con pocas fuentes fidedignas.

Qué hacer con el maniqueísmo de quienes dicen que aquí sólo hay dos bandos: o se está con el gobierno o se está con la delincuencia. Cómo responder a quienes acusan a medios y a periodistas de hacer el juego a la delincuencia por difundir información que pone en duda la legalidad o la eficacia de algunas acciones policiacas.

Por supuesto, se trata de una reflexión que se hace con el tren en marcha, en medio de un enfrentamiento que crece cada día, en número de muertos y saña, y en el que se han visto involucrados lo mismo sicarios que soldados, policías, simples transeúntes… y periodistas.

De por sí es complicado resolver con información una de las preguntas centrales en torno de este conflicto: la violencia que estamos observando ¿es señal de que la estrategia del gobierno contra el crimen organizado está dando resultado o es el efecto incontrolable de “patear el avispero”, como alegan muchos opositores?

Más aún lo es decidir cómo presentar el conjunto de hechos que tienen que ver con la lucha entre los cárteles, y la de éstos con las fuerzas de seguridad, de una manera que ayude al público a entender lo que está pasando y qué implicaciones tiene para la sociedad. Porque esa —y no otra, como levantarle la moral al país— es la finalidad del periodismo.

Las decisiones no siempre son fáciles cuando la discusión gira en torno del deber ser de este oficio, y no simplemente sobre cómo vender más periódicos o revistas o hacer subir el rating.

No son fáciles porque el periodismo no es una ciencia exacta y puede haber distintos caminos que conduzcan al mismo fin: mantener a la sociedad enterada de los acontecimientos que afectan la vida comunitaria, trascender las apariencias, ayudar a los ciudadanos a decodificar los hechos de interés público para que pueda tomar decisiones informadas, y cuidar de la democracia.

Sin embargo, pese a esa dificultad, pienso que los periodistas y los medios tienen que abrir un espacio de discusión sobre el tema, adoptar posiciones claras y explícitas y después ser congruentes con ellas.

Tenemos que responder preguntas como las siguientes: ¿Vamos a reproducir los narcomensajes, a pesar de no tener certeza de quiénes los redactaron? ¿Vamos a hacer bloque con las autoridades en la lucha contra el crimen o mantener nuestra independencia y honrar el papel de fiscalización que corresponde a la prensa? ¿Vamos a reproducir imágenes de violencia sin reparar en que entramos en hogares cuyos miembros no tienen una capacidad homogénea de digerirlas? ¿Nos vamos a dejar usar por los criminales para hacerse publicidad?

Uno de los puntos de discusión más álgidos ha sido la reproducción de mensajes anónimos atribuidos al crimen organizado. En Excélsior hace tiempo tomamos la decisión de no darles difusión —sobre todo mediante la simple reproducción fotográfica de estos recados—, salvo en casos que la autoridad considere que constituyen evidencia de la comisión de un delito y formen parte de una averiguación previa.

Por lo general, consisten en amenazas proferidas mediante una redacción confusa y un nulo sentido de la ortografía. Y, pese a ello, quienes elaboran esos recados parecen saber que serán reproducidos por los medios, o por lo menos aspiran a eso. Cuando consiguen su propósito, obtienen una difusión por la que no tienen que pagar.

¿Qué se diría de un medio que publica sistemáticamente, sin mayor comentario, los boletines de una de dependencia de gobierno? Seguramente no se le bajaría de gacetillero y vendido. Si tiene tan mala fama hacerlo con los comunicados oficiales y las fotos de funcionarios que sólo buscan la promoción personal, ¿por qué reproducir los llamados narcomensajes sin un mínimo espíritu crítico o esfuerzo de interpretación?

Es una equivocación en el ejercicio periodístico negarse a ver que tanto los recados del crimen organizado como las decapitaciones tienen un claro efecto propagandístico e intimidatorio. Y que sus autores buscan la caja de resonancia de los medios de comunicación para potenciar su mensaje de terror.

La difusión de las narcomantas y las decapitaciones en algunos medios —al principio, quizá, por su carácter novedoso— ha ayudado a que estos fenómenos pasen de ser excepcionales a convertirse en rutinarios.

Los medios que les brindan espacio hacen un pobre servicio informativo a su público, que generalmente recibe las imágenes sin mayores elementos para comprender su significado. En cambio, colaboran con las estrategias de los delincuentes, sirviéndoles de altavoz.

Algunos han querido ver este tema como un asunto de libertad de expresión. Dicen que no publicar imágenes de narcomantas o cabezas cercenadas equivale a no retratar la realidad y prestarse a la censura.

Sin embargo, es un error considerar que los medios son simples coladeras de hechos noticiosos y que no tienen la obligación de contextualizar y aportar al entendimiento de la información que difunden.

El reto que tenemos los periodistas es importante: cómo encontrar formas imaginativas de registrar la gravedad de la situación de seguridad pública que enfrenta el país, sin dejar de cumplir con nuestra obligación esencial de informar, sin renunciar a nuestra independencia frente a la autoridad y sin servir de mensajeros al crimen organizado.

* Pascal Beltrán del Río es director editorial del periódico mexicano Excélsior y colaborador de SdP. Este texto se publicó en la revista Nexos y se reproduce con la autorización expresa de su autor.
Feunte: Sala deprensa

Sin categoría

Y ahora meteran también vídeos en las revistas de papel… pero empotrados

23 Ago , 2009  

La revista Entertainment Weekly será la primera en mostrar vídeos en sus páginas en su número del 18 de septiembre. Será posible gracias a la inclusión de una pantalla extra plana de tamaño similar a la de un móvil, que irá provista de baterías recargables y de un chip capaz de reproducir 40 minutos de vídeo de un modo similar a las postales sonoras.

La publicación, que se distribuye en Los Ángeles y Nueva York, utilizará este desarrollo para contenidos publicitarios. Así funciona:

Sin categoría

Entidades y diarios norteamericanos piden a legisladores y funcionarios de gobierno limitar el uso del ‘off the record’

21 Ago , 2009  

Las principales organizaciones de medios de comunicación de los Estados Unidos enviaron una carta a 600 secretarios de prensa del Gobierno protestando por el creciente uso del ‘off the record’ en los actos públicos. En la jerga periodística, el término describe aquellas declaraciones que se pueden publicar sin atribuirlas a la persona que las realiza. Los firmantes de la carta señalan que su objetivo es hacer frente a una “fuente común de fricción” entre los medios y los políticos a los que cubren y que en los últimos años utilizan cada vez más el ‘off the record’, incluso en reuniones públicas. La práctica es atribuida, sobre todo, a miembros del Congreso y empleados del gobierno federal que suelen ofrecer valiosa información sobre negociaciones en curso, en eventos como conferencias, pero prohíben a los periodistas utilizar los datos o insisten en que no se los cite por nombre en sus artículos. La práctica, según la carta, perjudica a la prensa y al público en general a favor de otras audiencias que no tienen que respetar esa norma. Información publicada en el diario El Mundo (España).

El Mundo (España).

Demasiado ‘off the record’ entre los políticos de EEUU

Las principales organizaciones de medios de Estados Unidos han enviado una carta a 600 secretarios de prensa de la Administración, entre ellos el de la Casa Blanca, protestando por el creciente uso del ‘off the record’ en actos públicos.
Este término sirve para describir en el argot periodístico aquellas declaraciones que no se pueden publicar ni atribuir a la persona que las realiza.
Los firmantes de la carta señalan que su objetivo es hacer frente a una “fuente común de fricción” entre los medios y los políticos a los que cubren y que en los últimos años utilizan cada vez más el ‘off the record’, incluso en reuniones públicas.
La práctica es atribuida, sobre todo, a miembros del Congreso y empleados del gobierno federal que suelen ofrecer valiosa información sobre negociaciones en curso, en eventos como conferencias, pero prohíben a los periodistas utilizar los datos o insisten en que no se les cite por nombre en sus artículos.
Los autores de la misiva dicen que los reporteros acceden a menudo a información confidencial en diálogos privados y de forma selectiva, pero se quejan de que “desafortunadamente” la práctica ha aumentado hasta el punto de que los funcionarios públicos no ven problema en decir a grandes audiencias que sus discursos son ‘off the record’.
La carta menciona un caso “reciente” en el que dos altos cargos del Congreso dijeron ante una audiencia de 300 personas que sus declaraciones eran confidenciales.
Los autores dicen que los miembros del Gobierno del presidente de EEUU., Barack Obama, también han recurrido a la táctica en algunas reuniones públicas.
La práctica, según la carta, perjudica a la prensa y al público en general a favor de otras audiencias que no tienen que respetar esa norma.
Eso permite que a veces personas que no son periodistas utilicen la información de esos eventos en ‘blogs’ o listas de correos electrónicos para ofrecer pistas sobre la dirección de ciertas negociaciones políticas.
“Pese a esa desigualdad, muchos periodistas en esa situación han respetado el ‘off the record'”, dice la carta.
Los firmantes piden a los congresistas, a sus empleados y a los representantes de las agencias federales que empiecen a tratar los comentarios en actos con grandes audiencias como “on the record”, es decir publicables y atribuibles a la persona que los realiza.
Entre los firmantes de la carta están el diario ‘The New York Times’, la Asociación Estadounidense de Editores de Noticias, la Asociación de Periódicos de EE.UU. y la Asociación de Directores de Radio-Televisión, entre otras.

http://www.elmundo.es/elmundo/2009/08/20/comunicacion/1250763731.html

Sin categoría

La historia no perdona

17 Ago , 2009  

Por: Mario Morales
Contrario a lo que parece, el espectáculo de resucitación del referendo reeleccionista que presenció el país la semana pasada, aparte de bochornoso, porqué dejó ver en toda su desnudez la ambición de poder del presidente, deja, para lo que viene, varias cosas en claro. (Publica El Espectador)

1.-Que Uribe perdió gobernabilidad. Se dice en política que gobernar es el arte de controlar los tiempos, y al presidente ya se le salió de las manos la agenda del referendo, del legislativo y de las campañas.

2.-Que los alumnos superaron al maestro. Tanto le apostó Uribe al doble juego del “sin querer queriendo” que congresistas, incluso de su bancada, que parecen sumisos frente a su voz autoritaria o seducidos por el computador del secretario general y de la doctora Claudia, aprendieron y ahora lo desobedecen una vez regresan a la realidad lejos de la influencia de Palacio.

3.-La ley del Talión. Mientras ‘pre’ y candidatos que estuvieron bajo su sombra dicen a los medios que estarán en una encrucijada si Uribe se vuelve a lanzar, en privado y en sus campañas hacen todo lo posible para que eso no pase. Saben que es una oportunidad única e irrepetible y que no ellos sino sus bancadas (y deben demostrar que las tienen), son las llamadas a dar la pelea.

4.- La angustia de los mandos medios. El variopinto círculo cercano al presidente sabe que le restan menos de 355 días, y lo manifiesta impulsando tutelas, grupos en redes sociales, publicaciones, diatribas y cuanto esté a su alcance para mantener su proximidad, y la de sus intereses privados, al poder.

5.-Más que un punto de honor. El presidente sabe que ya entró a la historia, pero aún no sabe cómo. Si logra hacer pasar el referendo puede, quedándose, institucionalizar el autoritarismo; o dando un paso al costado, blindarse políticamente para su futuro cercano.

Pero si pierde sabe que la posteridad lo condenará porque lo tuvo todo, la popularidad, el Congreso, los medios y todas las instancias a su favor para introducir los cambios estructurales que el país necesitaba; y no lo hizo. Y la historia no perdona.

Sin categoría

Periodistas, maleantes y leyes

17 Ago , 2009  

Tras quince años pateando las calles de Baltimore como reportero de sucesos, David Simon escribió el guión de una obra maestra. ‘The Wire’ es ya una serie de culto. Su creador reflexiona sobre los males de las leyes, la prensa y EE UU.

David Simon estaba convencido de que una serie de televisión sobre traficantes, delincuentes, políticos y policías en Baltimore tenía que meter al equipo de rodaje en los barrios bajos de esa ciudad si quería ser realista. Los despachos de los políticos y las comisarías de policía se podían reproducir en un estudio, pero ni el mejor presupuesto podría nunca imitar en cartón piedra algo que distingue a Baltimore en particular: la calle. (Publica El Pais de España)
….

“Estados Unidos es un país más brutal e indiferente que otros, sin interés por compartir los beneficios entre la comunidad”

“El porqué es lo que convierte el periodismo en un juego de adultos. Hacen falta periodistas comprometidos”

“The Wire’ se convirtió en una bola de nieve. La gente de la calle sabía que estábamos contando sus historias”
….
Baltimore es fascinante pero criminal. Mezcla el sabor histórico y la herencia portuaria con el drama de una realidad en declive y un proceso de desindustrialización que ha dejado en el paro a dos de cada tres negros en un lugar en el que tres de cada cuatro habitantes son de esa raza. En esas calles y esos suburbios desangelados, que son insoportablemente gélidos en invierno y pegajosamente húmedos en verano, no hay nada más familiar que el sonido de un disparo. Hay casi 300 crímenes al año, tres veces más que en Los Ángeles y seis más que en Nueva York.

Y allí se plantó el equipo de ‘The Wire’. Su creador, David Simon, se temía lo peor: pensaba que más tarde o más pronto tendrían que salir corriendo con las cámaras a cuestas por haberse metido en una zona demasiado peligrosa. Ocurrió lo contrario. Se corrió la voz entre los maleantes de la zona sobre una serie de televisión dedicada a retratar la delincuencia en Baltimore, empezaron a circular DVD piratas con capítulos de la serie y muchos de esos maleantes creyeron reconocerse en alguno de los personajes. Simon cuenta cómo, en las últimas temporadas de la serie, gente con aspecto poco fiable se acercaba por la zona del rodaje y preguntaba, como si aquello fuera una banda, dónde está el jefe. Uno de esos visitantes patibularios se le acercó y le dijo por lo bajo: “Vimos el episodio del otro día. El tipo del que hablábais es Warren, un amigo mío. ¿Os habéis enterado de lo que pasó hace un par de días en el embarcadero?”. Y así comenzó una sinergia poco probable: delincuentes convertidos en guionistas.

“No estaban a sueldo”, cuenta Simon a El País Semanal, “pero The Wire se convirtió en una bola de nieve, en parte porque esa gente, en la calle, sabía que estábamos contando sus historias sin añadir ninguna ficción al relato. Por eso nos contaban cada vez más cosas. También muchos fiscales nos hablaban de los casos en los que estaban trabajando, o micrófonos que habían colocado a este o a ese traficante, o pinchazos telefónicos. Y muchos policías. Pero, sobre todo, gente por la calle. Nos veían filmar en Baltimore, se acercaban a nosotros y nos contaban sus historias”.

Un buen número de críticos de televisión e incluso analistas políticos, como Jacob Weisberg o Tim Goodman, han calificado a The Wire como la mejor serie en toda la historia de la televisión: “Ninguna otra serie ha hecho nunca nada remotamente parecido a lo que ha logrado ésta: retratar la vida social, política y económica de una ciudad americana con la amplitud, la precisión observadora y la visión moral de la mejor literatura”, escribe Weisberg en Slate.

“Mi posición política está más a la izquierda que la de la mayoría de la gente de mi país”, dice David Simon. “Yo creo que el experimento americano ha descarrilado. De algún modo, aunque acepto la inevitabilidad y la certeza del capitalismo como motor de la economía, no considero que el capitalismo puro y duro pueda ser nunca el sustituto de un orden social. Eso es lo que ha ocurrido en este país en los últimos 25 años y el resultado de eso es The Wire: una sociedad en la que los individuos están marcados por el trabajo que logran o el lugar en el que nacen. Cuando se le da rienda suelta al capitalismo desaparecen los derechos de los trabajadores porque los trabajadores se convierten en sólo una herramienta del capitalismo, dejan de ser seres humanos. Si estás en lo alto de la pirámide productiva y te beneficias de esta dinámica, fenómeno; pero si estás en la parte de abajo, eres una víctima. Por eso EE UU es un país más brutal e indiferente que otros, sin interés alguno por compartir los beneficios entre toda la comunidad. Eso es The Wire: una declaración política de principios”.

‘The Wire’ existe porque David Simon se pateó esas calles durante casi 15 años como periodista de sucesos del Baltimore Sun. Se camelaba a los agentes de policía para patrullar con ellos y se trabajaba las fuentes a la antigua usanza: con amigos en el lado de los buenos y en el lado de los malos.

Una noche conoció en una comisaría a un tal Ed Burns, un detective de homicidios con modales extremadamente educados, poco ajustados al modelo policial. Simon sabía que Burns manejaba información suculenta sobre delitos y batallas entre bandas rivales y estaba asignado a un caso de escuchas policiales que interesaba al periódico. Decidido a hacerse con su confianza, le pidió quedar en algún sitio para que le contara cosas de las que no podía hablar en la comisaría. Burns le citó en una biblioteca pública. “Estará de acuerdo conmigo en que es sorprendente que un policía te cite en una biblioteca”, dice Simon. “Y cuando llegué allí, vi que en realidad ésa era su biblioteca, y que había quedado allí conmigo para de paso sacar un montón de libros. Lo primero que le dije fue: ‘¿De verdad que eres un poli?”.

Burns era, en efecto, un policía peculiar. El periodista y el detective, el informador y su fuente, descubrieron enseguida que ambos se movían con soltura en la calle, manejaban el argot del gueto y sabían distinguir entre un delincuente peligroso y un chaval sin malicia que había nacido en el lugar equivocado.

En realidad, David Simon de lo que quiere hablar es de periodismo. Acaba de ir a Washington para comparecer ante unas sesiones del Comité de Comercio del Senado que analiza el futuro de esta profesión. A un lado está su carrera en el gremio y sus años de reportero en la calle; al otro, la situación actual de la prensa y el periodismo. Cuando él trabajaba en el Baltimore Sun, el periódico tenía 500 personas en la redacción; dos ediciones en la calle, matutina y vespertina, y hacía secciones locales para cada barrio de la ciudad. Simon visitó la redacción por última vez hace un par años. “Estaba medio vacía. Había un montón de mesas que parecían no tener dueño, y eso fue antes de la última serie de despidos en el Sun”. Hoy, dos años después, sólo hay 150 personas en la redacción. Los dueños vendieron el periódico a la Times-Mirror Company en 1986 y esa empresa fue absorbida después por el gigante Tribune, que se declaró en bancarrota hace unos meses.

El Sun ha sufrido los mismos males que gran parte de la prensa mundial: reducción del número de lectores, competencia de la prensa gratuita, descenso de los ingresos publicitarios… Cuarenta periodistas han recibido en mayo la notificación de su despido. “No es sólo culpa de la aparición de Internet”, argumenta Simon. “No sé en España, pero en EE UU los dueños de esta industria cometieron el error de asociarse y conglomerarse, y después esta prensa conglomerada se lanzó a la Bolsa para aumentar al máximo sus beneficios. Pero a cambio, Wall Street obligó a las compañías editoras a recortar el producto para aumentar el margen, y por recortar no me refiero sólo al número de páginas o a la plantilla, sino que fue también un recorte de sus propias ambiciones periodísticas. Les bastaba con que el periódico fuera atractivo o sofisticado, pero no prestaban atención a los contenidos. Yo me fui del Baltimore Sun en la tercera reducción de plantilla, y eso ocurrió en 1995, cuando nadie tenía Internet en la cabeza”.

Habla del Baltimore Sun con tristeza y un margen de resentimiento. Cree que dentro de unos años el periódico habrá quedado reducido a “un despachito con 10 personas” y se habrá convertido en una edición supuestamente local de uno de los dos o tres grandes periódicos que, según él, podrán sobrevivir a esta crisis del sector.

Igual que hizo ante los senadores, arremete contra una profesión que no cuida al mejor de sus especímenes: el reportero, que comparte junto al corresponsal la categoría periodística de especie en extinción. “Mire: el periodismo es una profesión. Yo mismo no era un buen periodista de investigación los primeros años. Lo único que hacía era intentar explicar al lector el quién, el qué, el cuándo y el dónde de una noticia, y quizá a veces el cómo. Pero tuve que patearme las calles durante cuatro años para conseguir mis primeras fuentes y, sobre todo, para entender los asuntos a los que me dedicaba y ser así capaz de explicar a los lectores el porqué de las noticias. Por qué hay una guerra entre bandas de distribución de droga. Por qué aumenta la violencia en Baltimore y la policía no puede hacer nada. Por qué mueren cada vez más policías. El porqué es lo que convierte al periodismo en un juego de adultos, y la única manera de explicar el porqué es mediante periodistas absoluta y enteramente comprometidos con la cobertura de un asunto determinado o una institución. Y para tener ese tipo de periodistas en plantilla, los periódicos tienen que pagarles lo suficiente. Por eso no tengo absolutamente ninguna fe en eso que se llama periodismo ciudadano, o lo que hacen la mayoría de los bloggers. Lo que hacen ellos es comentar las noticias, y a veces lo hacen de manera original, tanto que a veces lo que escriben puede ser interesante. Pero eso es comentar, y comentar no es hacer periodismo. El periodismo no es un hobby, es una profesión”.

Sus ataques a la blogosfera durante la comparecencia en el Senado le han proporcionado una avalancha de críticas… en la blogosfera. Acusa a los bloggers de dedicarse en la mayoría de los casos “a amontonar informaciones que encuentran en otros lugares sin hacer ellos mismos ningún ejercicio de periodismo. Y acuso a los bloggers de escribir mucho sobre corrupciones sin haberse dedicado nunca a conocer por dentro las instituciones que critican”.

Con esta percepción sobre el mundo del periodismo, parece lógico que la quinta y última temporada de The Wire girase en torno a los medios de comunicación y sus herramientas de manipulación. La profesión que él retrata en la serie ha perdido sus ideales y en buena medida su razón de ser, porque es incapaz de entender la complejidad de aquello que ocurre ante sus ojos. Se conforma con sucesos que tienen principio y fin en lugar de buscar la verdad de las cosas.

A Simon no le sorprende que The Wire pueda ser elogiada en lugares tan alejados de ese suburbio de Baltimore como España. “Todos tenemos las mismas características como seres humanos. He querido siempre crear empatía hacia los personajes de la serie, hacer que fueran seres humanos, no caricaturas”.

votó por Obama, pero lamenta las calamidades que ha tenido que sufrir su país para poder tener a un presidente así. Terminado The Wire, produjo con su amigo Burns, el ex poli, la miniserie Generation Kill, adaptación del relato que hizo el periodista Evan Wright de los primeros 40 días de la invasión de Irak.

Su pasión está ahora volcada en Nueva Orleans. Allí prepara su nueva serie, Treme, el nombre de un barrio de la ciudad que mezcla lo mejor de la cultura criolla y el jazz con la peor situación de delincuencia y criminalidad tras el paso de la tormenta. Dice que no es un The Wire en Nueva Orleans, sino un relato de la reconstrucción de una ciudad y de las cientos de miles de vidas que el Katrina dejó sin nada: “La gente de Nueva Orleans te dice que su ciudad no fue destruida por un huracán, sino por el cuerpo de ingenieros del ejército que había diseñado los diques. Y no mienten. Los holandeses saben cómo mantener el agua fuera de su país y nosotros no sabemos cómo construir un dique en el Misisipi”.

Y eso, por supuesto, es otra alegoría en la era pos-Bush: “Estamos viendo qué podemos reconstruir, o qué tiene sentido reconstruir. No es sólo un dique: es todo aquello que debería habernos protegido, desde nuestras instituciones económicas y políticas hasta las regulaciones empresariales que deberían haber servido para supervisar que no hubiera desastres económicos. Y resulta que esos mecanismos eran tan débiles como los que construyeron los ingenieros del ejército en Nueva Orleans”.
Autores

Los guionistas detrás de las series

1. Alan Ball

Dio al cine ‘American beauty‘, pero después decidió que el formato televisivo permite contar mejor las historias. Tras la serie ‘A seis metros bajo tierra’, Ball ha llenado la América profunda de vampiros en ‘True blood’, que gira, en realidad, en torno a la intolerancia.

2. J. J. Abrams

Saltó de lo romántico a lo paranormal, de ‘Felicity’ a ‘Fringe’, pasando por ‘Alias’, y creó un mundo nuevo en el espacio y el tiempo: ‘Perdidos’. Aunque flirtea con el cine (‘Misión imposible 2’, ‘Star Trek’), J. J. Abrams dice que la televisión es el mejor medio narrativo.

3. Josh Schwartz

Consigue lo imposible: sentar a los jóvenes ante la televisión. Con ‘Chuck’, ‘Gossip girl’ y ‘The O. C.’ se convirtió en el productor más joven de toda la historia del ‘prime time’ en EE UU.

Canal Satélite Digital emite la segunda temporada de ‘The Wire’ en el canal TNT (Dial 24 de Digital 

Sin categoría

La importancia de los periódicos y la disminución de los lectores

15 Ago , 2009  

Al revisar las estadísticas disponibles al público, el periodista e investigador de la Universidad de Brasilia Venício A. de Lima elaboró un análisis para Observatório da Imprensa que da cuenta, con números y gráficos, de la aguda crisis de los principales diarios brasileños: Folha de S.Paulo, Estado de S. Paulo y O Globo.

Por ejemplo, Folha de S. Paulo dice en su sitio que tiene distribución nacional y que su circulación es de 365.224 ejemplares los domingos y de 302.298 los días hábiles. Estado de S. Paulo asegura tener 1.142.000 lectores, ser el “líder en circulación en São Paulo” (una ciudad con más de 10 millones de habitantes) y contar con 267.537 ejemplares los domingos y 200.614 en durante el resto de la semana, escribe Lima.

Dados los números, Lima se pregunta cuál es la importancia de los diarios y refuerza el argumento de que no se les debe atribuir una importancia que, si algún día la tuvieron, ya no no tienen más.
http://www.observatoriodaimprensa.com.br/
Vía Knight Center

Sin categoría

Crítica por uso de cámara oculta en un programa de televisión

15 Ago , 2009  

El Foro de Periodismo Argentino (Fopea) hizo público su repudio a la utilización de una cámara oculta en el programa televisivo 70.20.10, emitido por el Canal 13 de Buenos Aires. El programa difundió hace un mes el testimonio de una mujer de 77 años que con una difícil situación económica se encuentra en situación de prostitución, grabado sin que ella supiera.

Fopea considera que el uso de cámaras ocultas sólo es legítimo en casos excepcionales, y siempre y cuando no se vulnere los derechos personales ni se ponga en riesgo a la fuente. En el caso emitido por Canal 13, la vida de la víctima encontró múltiples y graves inconvenientes originados en la difusión de su testimonio por un canal abierto de televisión en horario central y que además luego fue repetido en otros programas.

Según explica Página 12, el informe televisivo mostró la cara y los comentarios de la afectada sin ningún filtro. La mujer fue grabada sin que ella lo supiera y después de que le negaran que la cámara estuviera prendida. “Es muy grande el mal que me han hecho”, dijo la víctima, citada por Página 12.

Fopea agrega que la entrevista viola preceptos éticos básicos y la nota de Página 12 concluye con una pregunta: ¿quién va a pagar el daño que le causaron a la mujer?