Perdimos todos

Por Mario Morales
La cumbre de Unasur, no fue ni lo uno ni lo otro, si acaso otro capítulo del culebrón latinoamericano o peor aún, un gallinero como la definió el Cardenal Cipriani, arzobispo de Lima. (Publica El Espectador)

La foto final y algunos apartes del largo novelón, son fiel testimonio para la posteridad, en caso de la que tenga, del fallido encuentro.

Al final no hubo agarrón, como esperaban incautos televidentes; ni discusión, como querían ingenuos presidentes; ni acuerdo, como pretendía el presidente Lula; ni siquiera buen humor, como intentó Alan García, porque hay gente sin carisma a la que no le salen los chistes, como lo sabe el exministro, y ahora gigoló, Arias.

Fue, para resumir las entrelíneas de Lula, una perdedera de tiempo, como piensa uno al cabo de una interminable telenovela o de un debate entre académicos.

Otra vez nuestro país en el centro de las miradas con su ya inveterado rol de antagonista o disociador.

Otra vez Uribe y Bermúdez confundiendo diplomacia con evasión. El continente se quedó con las ganas de conocer a la letra el acuerdo firmado con Obama y las “garantías jurídicas” de que no afectará la estabilidad de la región. Sólo faltó el ya clásico “Otra pregunta, muchachos”.

Otra vez Correa, Chávez y Uribe mirándose el ombligo con la miopía que, a nombre de los tres, confesó el venezolano cuando dijo que ve cada vez menos y que le toca hablar duro para que lo escuchen.

Otra vez las falsas cordialidades que desaparecerán cuando cada uno de los tres repita lo que mejor ( o lo único?) sabe hacer: hablar mal del otro o provocarlo en esta trama sin fin en la medida en que los tres saben que no existen sin los otros dos.

Otra vez aplazado el sueño de integración por el delirante y trillado discurso de seguridad en tiempos de pobreza y miseria.

Otra vez la vieja confusión ante el televisor de no saber a ciencia cierta si uno está viendo la cumbre, El Capo, del hiperrealismo del referendo, Vecinos o los ‘Cuentahuesos’ de Sábados Felices. Menos mal allá afuera está la realidad. ¿O es al revés?

Las 50 mejores webs de 2009 según la revista Time

La lista es discutible, como casi todo en la vida, pero han hecho una gran selección. Y para sopresa de muchos, encabeza el ranking Flickr por haber sido el primer sitio que permite manejar las imágnes con la misma facilidad que en otros lugares se mueven textos o números.
Vía Time:
1. Flickr
2. California Coastline
3. Delicious
4. Metafilter
5. popurls
6. Twitter
7. Skype
8. Boing Boing
9. Academic Earth
10. OpenTable
11. Google
12. YouTube
13. Wolfram|Alpha
14. Hulu
15. Vimeo
16. Fora TV
17. Craiglook
18. Shop Goodwill
19. Amazon
20. Kayak
21. Netflix
22. Etsy
23. PropertyShark.com
24. Redfin
25. Wikipedia
26. Internet Archive
27. Kiva
28. ConsumerSearch
29. Metacritic
30. Pollster
31. Facebook
32. Pandora and Last.fm
33. Musicovery
34. Spotify
35. Supercook
36. Yelp
37. Visuwords
38. CouchSurfing
39. BabyNameWizard.com’s NameVoyager
40. Mint
41. TripIt
42. Aardvark
43. drop.io
44. Issuu
45. Photosynth
46. OMGPOP
47. WorldWideTelescope
48. Fonolo
49. Get High Now
50. Know Your Meme

¿Por qué nos quedamos ciegos?

Por: Mario Morales
Debería ser suficiente. El senador Rodrigo Lara, en entrevista a este diario, no pudo ser más contundente al acusar al Ministro del Interior de haberse ‘despachado’ el presupuesto nacional “para chantajear a los congresistas sobre la base de la inversión regional, condicionada al voto por el referendo”. (Publica El Espectador)

No menos escandalosa es la declaración a la Corte de Luz Yaneth Rojas Portilla, de ser la notaria 11 por cuenta del senador Alirio Villamizar, a quien además debía pagarle un porcentaje de utilidades y que sirvió como pista para hallarle cerca de $750 millones en efectivo al dirigente conservador, uno de los más férreos defensores del referendo y ahora en la mira por la ‘Cuello–Política’.

Dice Germán Vargas, a propósito de los persistentes rumores sobre la compra de votos pro-referendo en la Cámara, que él mismo los denunciará. Alertas en este sentido las han prendido miembros del Polo y del Partido Liberal, entre otros.

Para colmo el Gobierno y los legisladores afectos a la ‘Casa de Nari’, contagiados de un cinismo sin antecedentes, alardean diciendo que ya sedujeron a representantes de Cambio Radical o que ya ‘convencieron’ a un número suficiente de parlamentarios.

Esos alarmantes testimonios en un país serio serían la base de una investigación que involucrara a todas las instancias del Estado, darían lugar a un juicio de responsabilidades inmediato, pero especialmente originarían movilizaciones y manifestaciones de la sociedad civil para exigir el respeto por las instituciones y la ley, y por un mínimo de decencia.

Sólo se oyen algunas voces valerosas de opositores y magistrados, pero muy especialmente de estudiantes y ciudadanos del común en ferias y foros, tribunos del Estado de opinión, que le han hecho saber al presidente Uribe que no es bienvenido en una segunda reelección. El resto del país parece enceguecido por las dosis diarias de impunidad y de cinismo.

¿Por qué nos quedamos ciegos? Quizá, como responde el Nobel Saramago, no nos quedamos ciegos; tal vez estamos ciegos, ciegos que ven, ciegos que, viendo, no ven.

Periodistas, no voceros

Por Pascal Beltrán del Río *
La escalada criminal que padece la sociedad mexicana ha impuesto a los periodistas de este país una serie de retos en el cumplimiento de su misión.

Ubico el momento en que esto se comenzó a sentir: el verano de 2005, cuando por primera vez se rebasó en un solo año la cifra de mil ejecuciones en el conflicto entre las bandas del crimen organizado.

Poco después comenzaron a observarse fenómenos inéditos de violencia, como la ejecución de un comandante policiaco en Acapulco, en abril de 2006, cuya cabeza fue abandonada frente a un edificio público, acompañada de un mensaje escalofriante: “Para que aprendan a respetar”.

Hechos así han provocado una discusión en muchas redacciones sobre cómo estamos cubriendo estos acontecimientos.

Qué hacer con los llamados narcomensajes (los que se dejan a un costado de los cadáveres o se cuelgan de los puentes), las cabezas cercenadas y los cuerpos quemados o deshechos en ácido, los videos colgados de internet que contienen amenazas o registran actos de tortura y asesinato, los corridos que retratan como héroes a los sicarios o transmiten mensajes a autoridades y grupos rivales.

Cómo dar cuenta de estos hechos sin dejar al público perplejo respecto de su significado, sin sacarlos de contexto, sin exagerar ni minimizar su importancia, sin renunciar a la investigación periodística a pesar de contar con pocas fuentes fidedignas.

Qué hacer con el maniqueísmo de quienes dicen que aquí sólo hay dos bandos: o se está con el gobierno o se está con la delincuencia. Cómo responder a quienes acusan a medios y a periodistas de hacer el juego a la delincuencia por difundir información que pone en duda la legalidad o la eficacia de algunas acciones policiacas.

Por supuesto, se trata de una reflexión que se hace con el tren en marcha, en medio de un enfrentamiento que crece cada día, en número de muertos y saña, y en el que se han visto involucrados lo mismo sicarios que soldados, policías, simples transeúntes… y periodistas.

De por sí es complicado resolver con información una de las preguntas centrales en torno de este conflicto: la violencia que estamos observando ¿es señal de que la estrategia del gobierno contra el crimen organizado está dando resultado o es el efecto incontrolable de “patear el avispero”, como alegan muchos opositores?

Más aún lo es decidir cómo presentar el conjunto de hechos que tienen que ver con la lucha entre los cárteles, y la de éstos con las fuerzas de seguridad, de una manera que ayude al público a entender lo que está pasando y qué implicaciones tiene para la sociedad. Porque esa —y no otra, como levantarle la moral al país— es la finalidad del periodismo.

Las decisiones no siempre son fáciles cuando la discusión gira en torno del deber ser de este oficio, y no simplemente sobre cómo vender más periódicos o revistas o hacer subir el rating.

No son fáciles porque el periodismo no es una ciencia exacta y puede haber distintos caminos que conduzcan al mismo fin: mantener a la sociedad enterada de los acontecimientos que afectan la vida comunitaria, trascender las apariencias, ayudar a los ciudadanos a decodificar los hechos de interés público para que pueda tomar decisiones informadas, y cuidar de la democracia.

Sin embargo, pese a esa dificultad, pienso que los periodistas y los medios tienen que abrir un espacio de discusión sobre el tema, adoptar posiciones claras y explícitas y después ser congruentes con ellas.

Tenemos que responder preguntas como las siguientes: ¿Vamos a reproducir los narcomensajes, a pesar de no tener certeza de quiénes los redactaron? ¿Vamos a hacer bloque con las autoridades en la lucha contra el crimen o mantener nuestra independencia y honrar el papel de fiscalización que corresponde a la prensa? ¿Vamos a reproducir imágenes de violencia sin reparar en que entramos en hogares cuyos miembros no tienen una capacidad homogénea de digerirlas? ¿Nos vamos a dejar usar por los criminales para hacerse publicidad?

Uno de los puntos de discusión más álgidos ha sido la reproducción de mensajes anónimos atribuidos al crimen organizado. En Excélsior hace tiempo tomamos la decisión de no darles difusión —sobre todo mediante la simple reproducción fotográfica de estos recados—, salvo en casos que la autoridad considere que constituyen evidencia de la comisión de un delito y formen parte de una averiguación previa.

Por lo general, consisten en amenazas proferidas mediante una redacción confusa y un nulo sentido de la ortografía. Y, pese a ello, quienes elaboran esos recados parecen saber que serán reproducidos por los medios, o por lo menos aspiran a eso. Cuando consiguen su propósito, obtienen una difusión por la que no tienen que pagar.

¿Qué se diría de un medio que publica sistemáticamente, sin mayor comentario, los boletines de una de dependencia de gobierno? Seguramente no se le bajaría de gacetillero y vendido. Si tiene tan mala fama hacerlo con los comunicados oficiales y las fotos de funcionarios que sólo buscan la promoción personal, ¿por qué reproducir los llamados narcomensajes sin un mínimo espíritu crítico o esfuerzo de interpretación?

Es una equivocación en el ejercicio periodístico negarse a ver que tanto los recados del crimen organizado como las decapitaciones tienen un claro efecto propagandístico e intimidatorio. Y que sus autores buscan la caja de resonancia de los medios de comunicación para potenciar su mensaje de terror.

La difusión de las narcomantas y las decapitaciones en algunos medios —al principio, quizá, por su carácter novedoso— ha ayudado a que estos fenómenos pasen de ser excepcionales a convertirse en rutinarios.

Los medios que les brindan espacio hacen un pobre servicio informativo a su público, que generalmente recibe las imágenes sin mayores elementos para comprender su significado. En cambio, colaboran con las estrategias de los delincuentes, sirviéndoles de altavoz.

Algunos han querido ver este tema como un asunto de libertad de expresión. Dicen que no publicar imágenes de narcomantas o cabezas cercenadas equivale a no retratar la realidad y prestarse a la censura.

Sin embargo, es un error considerar que los medios son simples coladeras de hechos noticiosos y que no tienen la obligación de contextualizar y aportar al entendimiento de la información que difunden.

El reto que tenemos los periodistas es importante: cómo encontrar formas imaginativas de registrar la gravedad de la situación de seguridad pública que enfrenta el país, sin dejar de cumplir con nuestra obligación esencial de informar, sin renunciar a nuestra independencia frente a la autoridad y sin servir de mensajeros al crimen organizado.

* Pascal Beltrán del Río es director editorial del periódico mexicano Excélsior y colaborador de SdP. Este texto se publicó en la revista Nexos y se reproduce con la autorización expresa de su autor.
Feunte: Sala deprensa

Y ahora meteran también vídeos en las revistas de papel… pero empotrados

La revista Entertainment Weekly será la primera en mostrar vídeos en sus páginas en su número del 18 de septiembre. Será posible gracias a la inclusión de una pantalla extra plana de tamaño similar a la de un móvil, que irá provista de baterías recargables y de un chip capaz de reproducir 40 minutos de vídeo de un modo similar a las postales sonoras.

La publicación, que se distribuye en Los Ángeles y Nueva York, utilizará este desarrollo para contenidos publicitarios. Así funciona:

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