Sin categoría

De marchas y de fobias

26 Abr , 2012  

Por: Mario Morales
Todo comenzó por una presunta homonimia entre la Marcha Patriótica que reunió cerca de 50 mil colombianos en Bogotá, y otra a la que le dio vuelo una columna de José Obdulio que decía (citando a un ‘alto funcionario’ que le habría filtrado un correo de Iván Márquez y Jojoy), que con el mismo nombre las Farc habían bautizado a su futuro ‘movimiento de masas’. (Publica el espectador)
Debió ir más lejos Gaviria; así se llamaba el primer himno nacional argentino mucho antes que llegara la Kirchner al poder.

Camila Osorio, de La Silla Vacía. pidió al Mindefensa copia del correo y se encontró con que tal denominación no aparecía. O no le enviaron el mismo correo, como plantea Camila; o alguien añadió palabritas…

Los resultados ya se conocen: estigmatización, señalamientos y descalificaciones que originaron desinformación.

Esa contaminación hizo que el foco de periodistas no estuviera en la masiva manifestación de millar y medio de organizaciones, sino en la financiación y supuestas amenazas de infiltración y violencia.

Otros partidos políticos con ideas afines se mostraron prevenidos ante la invitación a participar. El miedo estuvo latente, muchos dejaron de marchar y otros muchos más de mirar. La ruta de la marcha se encontró con almacenes cerrados.

Y se dispararon fobias que permitieron, sin contexto, comparaciones con experiencias de otros partidos de extrema izquierda; o versiones de que esa era la pista de aterrizaje legal de la guerrilla si avanzan las conversaciones ; o escenarios apocalípticos si esa izquierda alcanzara el poder.

Otra vez esa ansiedad enfermiza cada vez que la izquierda se quiere organizar; o que minorías unidas hablan de cambio político, más allá de un enroque ministerial con prebendas electorales.

Temerle a que víctimas, campesinos, mujeres y minorías se encuentren, reclamen derechos o quieran paz negociada habla de nuestra endeble democracia. Es al revés, que eso sea posible hará que aún los violentos entiendan que hay otras vías lejos de las armas y el delito.

Sin categoría

Invulnerable

19 Abr , 2012  

Por: Mario Morales
Nada que hacer. Es la entronización del principio de mercado sobre cualquier otra consideración política o humana. (Publica el Espectador)
En lo local queda reflejado en esa suerte de subasta que define la licitación de cerca de medio millón de refrigerios para colegios públicos, no obstante advertencias de diversos sectores por riesgos de detrimento en calidad y condiciones sanitarias.

Plausible la búsqueda de transparencia, pero ¿no es curioso que en el gobierno de la Bogotá Humana, su subsecretario de Permanencia y acceso le diga a El Tiempo que no puede haber visitas previas a oferentes para no “vulnerar el principio de mercado”?

Y en lo global quedó retratado en múltiples acuerdos entre empresarios, esos sí verdaderos ganadores de la Cumbre de las Américas, sin tanto show ni polémica.

Pero el moño lo pone el arranque del TLC con Estados Unidos, narrado en los medios como el premio a una gesta deportiva. Sólo faltaron desfiles de gratitud.

Esa vocinglería no dejó oír las preocupaciones de agricultores, ganaderos y voceros del sector salud, entre otros, que denunciaron improvisación porque, no obstante el lustro que hace que se iniciaron negociaciones, no vamos a estar preparados para exportar a EE.UU., y aún falta cumplir condiciones sanitarias y protocolos para alcanzar los estándares que exige ese país. En cambio, de allá nos llegarán, a más tardar a mediados de agosto, carne de res, pollo, lácteos y huevos a precios con los que no podrán competir nuestros productores, especialmente minoristas.

Lo mismo sucederá con productos farmacéuticos y agrícolas que en primera instancia podrían favorecer a consumidores, pero que tendrán incidencia en empresas, industrias, agroproductores y empleados; todo en nombre del principio de mercado.

No deja de ser una contradicción que a la par con la restitución de tierras comience así un TLC que deja a sus eventuales beneficiarios fuera de competencia antes de tiempo.

Como se ve, es un despropósito hablar en cumbres de inequidad, pobreza e injusticia social, a sabiendas de que desde el principio estaba el mercado, que a su vez parece ser el único principio que no se puede vulnerar.

Sin categoría

Uno de esos días

19 Abr , 2012  

Por: Mario Morales
Y entonces uno llega de Semana Santa reconfortado y con espíritu crédulo y se encuentra con las estrategias para aumentar la autoestima con la visita solemne e inocua de tanto presidente y tanto dignatario. (Publica El Espectador)
Y hasta llega a esperanzarse con el embeleco del debate sobre los 177 millones de pobres continentales, casi 30 de los cuales tienen cédula colombiana, a pesar de lo que dice el Dane, cuyos registros sólo alcanzaron a contar 21 millones.

Pero aparecen a última hora, sin que haya plan o programa que pueda recogerlos, ocultarlos o trasplantarlos, esos informes con motivo del Día nacional de la memoria y la solidaridad con las víctimas, que hacen que perdamos el pie en el ego y nos vayamos contra el piso, sumidos en la vergüenza frente a tanto visitante ilustre que con discreción pregunta, por ejemplo, por qué, si somos tan buenos muchachos, no hemos podido salir de la lista negra de derechos humanos, ratificados como fuimos este lunes por la Comisión Interamericana de DD HH. Doce años seguidos en ese triste curubito y ahora signados por omisión e impunidad, especialmente en lo que tiene que ver con ejecuciones extrajudiciales.

Ese mismo día, el Centro de Memoria Histórica presentó su informe con la escalofriante cifra de 469 niños asesinados en 207 masacres durante las tres últimas décadas por responsabilidad de, en su orden, paramilitares, guerrilleros y miembros de la Fuerza Pública.

Súmele que Codhes reveló que sólo el año pasado hubo cerca de 260 mil desplazados en el país; 846 por día, 35, en promedio cada hora. Y en la cresta de la desolación, “la bobadita” de esos 71 campesinos asesinados en el último lustro, según la Defensoría del Pueblo, por haber regresado a los sitios de donde habían sido desplazados.

Y para cerrar el PNUD dio a conocer el avance de informe con la alarmante cifra de 2.800 sindicalistas asesinados entre 1984 y 2011 con un 94% de impunidad.

Pero nada de todo eso alcanzará para amargarle cenas, fotos, abrazos y promesas a los “encumbrados”; ojalá estos temas si lleguen a la agenda del Foro Social de las Américas que se realiza en simultánea con la Cumbre.

… Y eso que la conmemoración de las víctimas solo duró un día!

Sin categoría

Y hubo espectáculo

19 Abr , 2012  

Por: Mario Morales
El fin era evitar espectáculo mediático. Pero espectáculo hubo, por otras vías. (Publica el Espectador)
La liberación de uniformados en poder de las Farc tuvo, por la época y circunstancias, eco político y cubrimiento mayúsculos que el gobierno quería evitar a toda costa. En todo acercamiento entre partes en conflicto, cualquier oxígeno es determinante.

Pero distanciar a familiares y periodistas en el momento culminante dejó mal sabor de boca. Le restó el lado humano, rostros, voces y relatos al reencuentro y las historias de las tomas de las bases militares del siglo pasado que nos estamos debiendo para entender esta guerra miserable, narrada a punta de cadáveres, bombazos y destrozos.

Claro no hubo, por fortuna, espacio para la sensiblería, reemplazada por el autobombo del despliegue técnico mediático. Pero elegir que lo único digno de contarse en directo son los partes y gritos de guerra es presentar la verdad del conflicto a medias.

Esa parquedad para decirle al país que las vías pacíficas y los aportes de sociedad civil, en especial de Colombianas y colombianos por la paz y de los intelectuales, también pueden ser exitosos, contrasta con la sobreexposición de resultados de operativos militares; da más réditos la fuerza bruta que las negociaciones.
Flaco favor se hace el presidente para ambientar presuntas negociaciones con la guerrilla: harto le va a costar convencer a esa masa nacional que no obstante los avances, pequeños pero valiosos, le sigue pidiendo al Estado que aplaste a su enemigo como única alternativa de solución.

Sin categoría

¿Otro apagón de la TV?

5 Abr , 2012  

Por: Mario Morales
Si la vida inútil de la Comisión de Televisión estuvo marcada por el escándalo, su sucesora, la Autoridad Nacional de Televisión, está en trazas de seguir sus pasos. (Publica El Espectador)

Desde su origen en la regresiva Ley de Televisión, la ANTV está en el ojo del huracán por señalamientos de politiquería en la conformación de la Junta Nacional de TV, encargada de concesiones, políticas, presupuesto, precios y control del sector.

No es poca cosa. Por eso La Junta tiene reservada una silla para el presidente o delegado, otra para el mintics o delegado; y una más (increíble) para un representante de los gobernadores. Hasta ahí mucho de política.

Como contentillo, hay una plaza para un representante de universidades y otra para la “sociedad civil”.

Como si la superioridad no fuera suficiente, la elección del delegado de la sociedad civil tiene visos de irregularidades, según denuncian expertos: 1. Ampliación unilateral del plazo de la convocatoria por parte del Mineducación, encargado del proceso.

2. La lista de candidatos, donde figuran miembros de la difunta CNTV que tuvieron decisión sobre recursos del Fondo de Desarrollo de la TV, con la correspondiente ventaja como elegibles.

3. Representantes actuales o recientes del gobierno central, como en el caso del mismo MinEducación, que podría ser juez y parte.

4. La participación en esta elección de universidades públicas que tienen representantes del ejecutivo en sus juntas directivas.

¿Qué pasa si alguno de ellos es elegido? ¿No se trataría de una descarnada toma politiquera del sector? ¿Un mentís de transparencia, de la urna de cristal?

Y más. ¿No tendría el recién nombrado delegado presidencial, Téllez, impedimentos éticos luego de su paso por una empresa supuestamente interesada en el sector?

¿No es escandaloso, así sea legal, contratar una empresa por $795 millones para liquidar la CNTV? ¿Han estado los organismos de control pendientes del presupuesto de 2012? ¿Firmó la CNTV en estos tres meses contratos con empresas o nuevos empleados?

Analisis,Television

¿Para dónde va la televisión colombiana?

3 Abr , 2012  

Algunos dicen que pasa por su mejor momento; otros, que está en plena crisis. En medio de una programación en la que reinan los ‘realities’ y los dramatizados, uno de los más importantes analistas de medios hace un análisis de lo que vemos ―y veremos― los colombianos en pantalla.

Por Mario Morales

(Publica revista Credencial)

(Fotografías: cortesía Canal Caracol y Canal RCN.)

Uno no sabe qué creer. ¿Es cierto que la televisión colombiana vive su momento más fulgurante?: la pauta publicitaria supera los mil millones de pesos desde 2010 y las ventas de las productoras ya rebasaron el millón de dólares el año pasado. O, por el contrario, como se queja el espectador promedio, ¿será más bien que los contenidos están haciendo crisis, como se puede deducir de la pobreza en la programación del prime (la franja estelar, la de la noche)?

La caracterización de esa franja es bien conocida: a la fatiga de las telenovelas que tuvieron su cuarto de hora, le sucedió el cansancio de las series encuadradas en la versión de delincuentes famosos (que se han llamado ‘sicarescas’ o ‘narconovelas’), que les cedieron el paso a las series basadas en el quehacer policial o judicial, muy al estilo estadounidense, y al regreso de los realities, esta vez enfocados en presuntas habilidades y talentos.
Parece un melodrama; las audiencias están inconformes pero su medio preferido es la televisión en un 94,4%, según el Estudio General de Medios, tercera ola de 2011. Más confuso aún, el 77,2% de los consumidores de medios la ven todos los días.

Esa fidelización a la pantalla habla, por supuesto, de la ausencia de oferta. El espectro está desaprovechado y las opciones se reducen con la práctica sutil y latente que han adoptado los canales, especialmente los privados, de mimetizarse; esto es, adaptar los formatos y géneros exitosos en rating en otras latitudes o en el mismo enfrentado. Es una apuesta segura; no se corren riesgos con narrativas experimentales y al final la audiencia y las ganancias publicitarias se reparten con escasa diferencia. Pero liderar el prime garantiza a quien lo consigue tener la iniciativa en términos de duración de los programas, de extensión de los capítulos y de ‘jugar’ con los arrastres para evitar que el televidente se la juegue con el zapping, más aún con la penetración de la televisión cerrada que a junio de 2011 era de 35,1%, (del cual 31,7% era de suscripción y 3,4% era comunitaria), según la CNTV.

Ganadores y perdedores

En esta pugna, no obstante, pierden muchos. Los noticieros, por ejemplo, que apenas mantienen como fijo el horario estelar de las siete de la noche, pero que han visto cómo se ha desdibujado la emisión más tardía, que ya ronda la medianoche con una duración acorde con las expectativas y conveniencias de cada medio. Paradójicamente se sostienen gracias a aquello que no les es esencial: el entretenimiento, distante de lo periodístico pero muy cercano ala pauta publicitaria que ha empujado su crecimiento, con información leve que ha puesto contra las cuerdas a las mismas noticias duras; hasta el punto de que, con un enfoque sensacionalista, los titulares, las locuciones y las imágenes han entrado a competir descarnadamente por el rating, privilegiando las narrativas asociadas a la violencia y el sexo.

Pierden también los espacios de opinión que fueron desterrados a la franja late, en la que el círculo vicioso de la falta de rentabilidad impide hacer programas creativos les den pautas y contextos a los espectadores sobre los sucesos que afectan su entorno. Así, el país se queda sin mirarse y sin reflexionarse ante la acumulación de informaciones desvertebradas. Subsisten espacios ―como en el Canal Uno― que trabajan otros géneros como la entrevista, tan necesarios para entender los sucesos desde la voz y punto de vista de sus protagonistas.

Pierden libretistas, realizadores y actores de series y telenovelas, sometidos al ritmo angustioso de un clímax narrativo o de suspenso cada cinco minutos por la eventualidad de que toque cortar el programa en cualquier momento, para evitar que el enfrentado suba en el rating cada noche.

Pierden los creativos, obligados a seguir la inercia de la producción internacional, con el pretexto de la globalización, para adaptar libretos y personajes al aquí y al ahora televisivo, que cambian caprichosamente.

Y pierde el ciudadano que sin muchas opciones para emplear su tiempo libre, no admite como una posibilidad la utilización del control remoto para apagar el aparato, y acepta, a regañadientes, los cambios intempestivos de horario, el alargue de los programas exitosos o la desaparición de aquellos que naufragaron entre las preferencias. La gratuidad de la televisión es percibida como un favor antes que como un servicio público o como un derecho.

Los programas piloto

En ese panorama aparecen los realities, hoy por hoy los programas que mejor expresan nuestros modos de decir, nuestras maneras de vernos pero sobre todo los modos de contarnos. O bien desde la necesidad, frente a la cual todo vale: un discreto don para cantar o para bailar; en fin, un golpe de suerte. O bien desde la oportunidad de lograr algún reconocimiento en el ámbito más cercano merced a una aparición fugaz en televisión, un minuto de fama aun en medio del ridículo o la decepción.

Y claro, está el público en el escenario y la opción de votar por teléfono o por Internet para cumplir con el sello de la época: la participación, esa incipiente forma de interactividad en la era de las narrativas digitales colectivas. Pero más que eso, está la posibilidad de emocionarse, en una relación de afecto-indiferencia-odio, para debatir casi con los mismos argumentos básicos de percepción que tienen los jurados, escogidos así, con un bajo nivel de conocimiento acerca de la materia a juzgar, pero con habilidades histriónicas que representen a los diversos públicos inscritos en las audiencias, desde el más escéptico hasta el más ingenuo pasando por el más apasionado.

Nada grave, dirán algunos, como no sea reforzar las creencias, valores y formas de entender la moral con arreglo a fines. Ahí, confrontados gracias a un juicioso proceso de edición, entendemos entonces qué piensan los colombianos de la solidaridad, del corporativismo, de su confusión entre habilidades y talento, entre chispa y don, entre suerte y vocación.

Que mantengan ratings parecidos significa que hay desinterés por la diferencia en el formato y ausencia de fidelización a los canales; desaparece la marca y queda la narrativa de la emoción con una alta presencia del zapping, siguiendo las veleidades de los jurados que logran que las audiencias tomen partido, sin reflexión, a favor o en contra de lo que ellos dicen. Emocionan con su falta de coherencia, que es muy colombiana, así como la forma de privilegiar el físico y la terquedad de mantener una discusión sin argumentos de fondo. Es una estrategia que reivindica en cada jurado lo kitsch, lo pop y lo aséptico, las tres mixturas que dan forma al talante de la sociedad colombiana.

Al final queda el físico entretenimiento, sin memoria y sin historia, fiel exponente de la civilización del espectáculo en la que estamos inmersos, si les creemos al filósofo Debord y al escritor Vargas Llosa. Se salvan del olvido quienes a tono con el programa se presentan para tomar del pelo, para burlarse de sí mismos, del jurado, de los televidentes, expresiones de nuestro proverbial mamagallismo.

¿Y entonces?

Semejante crisis se da en medio de la ausencia de regulación, de la licitación de un tercer o cuarto canales privados y la llegada de la TDT, o televisión digital terrestre, un sistema de transmisión y recepción que amplía el espectro y la posibilidad de nuevos canales pero que ahonda, como sucedió en España, la preocupación por los contenidos que no aparecieron, a pesar de la euforia tecnológica y las promesas vindicatorias, parecidas a las exhibidas cuando llegó aquí la televisión privada o la televisión por suscripción.

A pesar de que el sector está estrenando ley, los augurios no son esperanzadores. En este abril desaparece la Comisión Nacional de Televisión, que tenía la función, entre otras, de regular y controlar la calidad de los contenidos televisivos, que fracasó en un mar de desaciertos infestado de politiquería y clientelismo. Pero su reemplazo, en lo que tiene que ver con contenidos, la ANTV, Autoridad Nacional de Televisión, arranca dependiendo del ejecutivo, en tanto que está conformada por un delegado del presidente ―el ministro de las TIC― y otro de las gobernaciones, frente a un representante de las universidades y uno más de la sociedad civil. De este modo, las decisiones cruciales vuelven a tener de manera casi oficial el tinte político del gobernante de turno.
Una de sus primeras tareas será la licitación de un tercer canal o de otro más, si existe la voluntad política de organizar y limpiar el espectro electromagnético para que esas y otras opciones tengan cabida.

Y después los retos que tendremos, tan anunciados pero para los cuales estaremos poco preparados, como la fragmentación de audiencias, por nichos o intereses, y el consumo según las necesidad de cada televidente, sin importar la hora de emisión ni el sitio de recepción con el advenimiento de la televisión móvil… Suena bonito, pero sin contenidos de calidad no habrá paraíso.

Los nuevos enfrentados

Tras la salida de Clara Elvira Ospina, el canal RCN apostó por un periodista experimentado para que se encargue de la dirección general de sus noticieros de televisión. El economista Rodrigo Pardo ha pasado por buena parte de los medios del país: dirigió Cambieo, El Espectador , y fue subdirector de Seman y El Tiempo. Además fue canciller y pasó por las embajadas de Colombia en Venezuela y Francia. El Canal caracol, en cambio, se fue por el lado de la juventud y el conocimiento del periodismo internacional: Luis Carlos Vélez viene de CNN en españo. Allí llevaba seis años a cargo de la sección finaciera. Entró a reemplazar a Darío Fernando Patiño. Experiencia local vs. juventud internacional. ¿Quién arrasará con la audiencia?