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Tentando al periodismo

28 Oct , 2012  

Por Mario Morales
Siempre habrá que celebrar que haya nuevos medios como éste. Eso habla de la cabal salud del periodismo a pesar de sus detractores. Aquí siguen floreciendo los medios, tradicionales y digitales, no obstante pesimismos y malos augurios de apocalípticos y desintegrados.

Creo que internet y redes sociales han acercado, con dificultades, a periodistas y audiencias. Desprovisto de la magia del control del medio y mensaje, el periodista se ve más humano. A veces demasiado humano.

Y es que abundan las tentaciones. La cercanía, relación o inmersión en el poder han hecho extraviar a muchos con sus cantos de sirenas. El populismo hace de las suyas en Twitter y Facebook detrás de la liebre ilusoria de la cantidad de seguidores. La vedetización ha difuminado el sentido de la credibilidad y la confianza. Y peor aún, la retórica seudo-social ha hecho perder el horizonte de los verdaderos debates y discusiones inherentes al periodismo.

Por coincidencia, presiones o tendencias ajenas hoy las preguntas más frecuentes tienen que ver con la pretendida responsabilidad social del oficio, con gestiones de periodistas por la sostenibilidad de sus medios y con sus acciones por la paz.
Pedirle al periodismo una responsabilidad distinta a la que le es inherente (esa de Kovack y Rosenstiel, que es profesión de fe, de entregarle a las audiencias la información que necesitan para ser libres y gestionar sus vidas) es pretender contaminarlo, ideologizarlo o “marketinizarlo”.
Convocar a periodistas a debatir sobre sostenibilidad o emprendimiento, no solo los distrae de su preocupación vertebral por la calidad, sino que pone cascaritas comerciales o conexas como búsqueda de recursos, a su labor de informar de manera contextual, profunda e iluminadora.

Lo mismo sucede con la inquietud general acerca del papel de periodismo para lograr la paz. Como si cubrir ese tema tuviera principios fundacionales distintos. Es hora de echar por tierra el mito de que el periodista es o deber ser generador del estado de ánimo nacional, responsable de formar y educar audiencias y ahora, reciclando historias recientes, con los diálogos entre gobierno y guerrilla, determinante del porvenir de la nación.

Claro, el país anda exultado, el presidente recupera favorabilidad, todos hacen votos… Eso sí debería preocupar a medios, periodistas y academia, porque comenzamos a parecernos a como estábamos hace 14 años, en vísperas de la que fue otra desinflada y otro despecho.

Ha habido debates, es cierto, y reuniones y hasta operativos para ver cómo se cubren los diálogos en Oslo, Noruega, pero no para ver cómo se narra de nuevo, después de esta tregua informativa de diez años, la guerra continuada en nuestro territorio; tiempo en el que ha habido mucho de oficina, de comunicados, de declaraciones sin pruebas, sin fuentes de calidad, donde las batallas son cifras; las víctimas, objetos o pretextos judiciales o discursivos, y la impunidad (plagada de vencimientos de términos, casas por cárcel o penas irrisorias) es apenas una anécdota.

No, no se trata de ver quiénes viajan a Noruega o a Cuba y con qué equipos, cómo logramos filtraciones, o si se le da juego al periodismo gonzo, al de simulación, a la cámara escondida.
Más favor le haríamos a la paz, si insisten en la pregunta, contándoles, recordándoles a los de que están allá, la crueldad e ignominia de esta guerra miserable de aquí, que no debe continuar. Y buscando menos versiones o reacciones o especulaciones. Y rindiéndonos de entrada en la ya cazada batalla del periodismo de pisotón en busca de la exclusiva.
El sueño está allá, pero la población, el territorio y la cruda realidad siguen aquí.

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¿Dopaje moral?

28 Oct , 2012  

Por: Mario Morales
No. Desierto no. Despojado Lance Armstrong de sus siete títulos en el Tour de Francia, ese sitial no debe quedar vacío. Pero no es uno de sus inmediatos rivales de entonces el llamado a ocuparlo. El que esté libre de culpa que tire el primer pedalazo… (Publica El Espectador)

Allí, para la historia, deben sentar a toda esta sociedad doblemoralista e hipócrita, en la que caben algunos técnicos, ciclistas, periodistas, patrocinadores y aficionados que usufructúan, se aprovechan o disfrutan, mientras se pasan todo por la faja, cada competencia con la disculpa de que “el deporte es salud”, “el que gana es el que goza”, “son la patria o la raza en carretera”…

¿De veras creemos que es Armstrong el alfa y el omega del dopaje o su máxima expresión? Si acaso, y a regañadientes por la presión desde EE.UU., es el chivo expiatorio que corre ahora por las vías del descrédito para impedir que se manchen sus verdaderos responsables.

Hubo dopaje, claro está, y esos títulos son espurios, como lo demuestra que el exdeportista haya borrado toda referencia a ellos en redes sociales. ¿Pero que sea de tan alta tecnología lo hace más culpable que las ayuditas domésticas de médicos y técnicos menos desarrollados?

El dopaje es tan centenario como el ciclismo, y la disculpa no puede seguir siendo que no hay un deporte que vigile y controle más el uso de sustancias prohibidas. Por algo será… Claro, también “juega” en otras disciplinas y en casi todas las actividades de la vida humana, desde que la ambición y la hipercompetencia superaron las fragilidades humanas.

Para no hablar de sus efectos, muertes, hipertrofias, cambios en el metabolismo, el comportamiento, la vida.

Quisiera terminar diciendo que es el momento de cambiar, de hacer un alto, de reinventarse. Pero no es verdad; toda esta escandola se apagará con el primer pedalazo de una nueva carrera. Como los ciclistas, nos la pasamos dando vueltas con ese dopaje moralista.

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Orgullos y crecimientos volátiles

28 Oct , 2012  

Por: Mario Morales
Nos gusta confundir la parte por el todo. No faltará quien se sienta orgulloso por los $26,1 billones que se ganó el sector financiero hasta agosto, o porque aquí crece la inversión extranjera al 16%, o, como lo vi estos días en un aeropuerto y luego en un congreso internacional, que el tema en disputa entre extranjeros sea, como si se tratara de fútbol, el mayor índice de crecimiento económico del respectivo país. (Publica El Espectador)

Que cada quien alimente la autoestima patriótica como quiera, sin olvidar, eso sí, que el tal crecimiento viene menguando, como lo reconocieron ayer codirectores del Banco de la República, o que la inversión nuestra no arranque afuera.

Pero informes como el de Educación para todos, de Unesco, obligan a repensar el camino que llevamos. Que 42%, casi la mitad, de niños en hogares más pobres retrase su ingreso a la escuela, y que, otra vez, sólo la mitad de ellos termine el bachillerato, evidencian que nos estamos especializando en desigualdad. Para no hablar de los críticos índices de deserción por falta de recursos, embarazos prematuros o deficiente calidad en competencias para el empleo. El problema de ingreso escolar tardío también afecta al 11% de familias menos pobres y las pone en riesgo de retroceder en su calidad de vida. En todo el sur del continente uno de cada 12 ni siquiera termina sus estudios secundarios.

Esa desigualdad en educación genera, desarrolla y legitima la desigualdad para toda la vida. Con razón el informe habla de crecimientos económicos volátiles. Y deja un dato provocador: cada dólar gastado en educación se multiplica por 15 a la hora de medir crecimiento económico. Paradójico, como pudiera ser que al privilegiar ayuda estatal para unos pocos estudiantes en el exterior vaya en desmedro de cobertura de un número mayor de estudiantes pobres.

A menos que esos pocos, que quizás no regresen a trabajar, también sean la parte que corresponde al orgullo general.

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De intimidades y autorrevelaciones

28 Oct , 2012  

Por: Mario Morales
¿Qué hay detrás de la dolorosa caminata del presidente Santos, frente a cámaras, tras salir de la clínica donde fue intervenido de la próstata? ¿Estuvieron de acuerdo el cuerpo médico, su familia y él mismo? ¿No era mejor en silla de ruedas o apoyado en alguien? (Publica El Espectador)

Hubiéramos entendido, decimos ahora. Pero no, era antes que nada un acto político acorde con las nuevas relaciones entre gobernantes y ciudadanos mediatizados, tal como ha sido todo el manejo de exposición de su enfermedad, tratamiento y recuperación.

Esos pasos querían enviar un mensaje más contundente y “veraz” que cualquier parte médico y apelaba a la solidaridad, cohesionador de la ‘sociedad de la autorrevelación’ (al decir del teórico John Thompson), con un hombre, pero también con el poder que representa, luchando por sus propios medios contra la adversidad.

Contar con cuentagotas aspectos de la intimidad reduce la curiosidad, como se notó en la escasez de preguntas periodísticas al respecto; controla la tematización del problema, pero sobre todo se gana, en términos de Thompson, la confianza, el capital supremo de un gobernante, expresado en la credibilidad, que tanto necesita Santos para este proceso de paz.

Eso no lo ha atendido, o no lo ha entendido bien, el vicepresidente, empecinado en ocultar, si bien pueda deberse a distintos niveles o estados de salud. Tampoco lo trabaja Petro. En cambio a Chávez le funciona a la perfección, ayudado por una oposición ansiosa que jugó a poner plazos médicos de supervivencia y fue derrotada por el vigor del mandatario.

En otro ámbito, un ejemplo es el de Valerie Domínguez, que con exposición de correos privados recuperó la iniciativa en lo judicial y el cariño de las audiencias. Para no citar los realities televisivos que al revelar todo de sus participantes, dan origen a interrelaciones apartadas de ideologías y centradas en fortalezas y debilidades: la confianza de la que habla Thompson.

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Nueve meses

28 Oct , 2012  

Por: Mario Morales
No le va bien al alcalde Petro en las encuestas. Tampoco le va mal, dirán los más optimistas. La verdad es que hay un empate técnico en la percepción del manejo general de la ciudad y en temas específicos, como movilidad, seguridad, educación, según la más reciente encuesta del Centro Nacional de Consultoría, publicada por CM&. (Publica El Espectador)

Donde hay mayoría significativa, 58%, es en el manejo honesto y transparente de la capital. Pero el indicador en que la encuesta no le hace justicia a Petro es el tema de seguridad, si lo comparamos con los estudios de percepción y victimización de la Cámara de Comercio, conocidos hace una semana.

Mientras en el sondeo del CNC el 51% desaprueba el manejo en ese ítem, la percepción de inseguridad, según la CCB, descendió 19 puntos, al pasar del 57% a mediados de 2011 al 38% en el primer semestre de este año. Y el indicador de victimización fue de 32%, muy por debajo del promedio histórico.

Claro, siguen el robo de celulares, el atraco callejero, el microtráfico, la incidencia social de los delitos sexuales y la estigmatización de localidades. No obstante, una vez más es menester poner de relieve la disminución en la tasa de homicidios, que es de 16 casos por cada 100.000 habitantes, el nivel más bajo en 30 años.

Es cierto que el nivel de denuncia, el 31%, aún es bajo; como lo es que las narrativas del miedo, esas emisiones del mediodía por ejemplo, cumplen su tarea de incidir en las sensaciones ciudadanas, o que la comisión de delitos nunca será justificable mientras se sigan presentando en algún porcentaje.

Endeudado en movilidad, comunicación o simpatía, Petro paga los platos rotos por el panóptico de que es objeto. Redes sociales, medios (a veces con inquina) y hasta gobierno central (vía Gina Parody) lo tienen en la mira. Sólo con resultados concretos, como en seguridad, podrá mejorar en las encuestas.

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Dos pasos…

28 Oct , 2012  

Por: Mario Morales
Tenemos el derecho a imaginarlo, a pensarlo, a hacerlo posible, incluso a riesgo de pisar la utopía o confundirnos con la ingenuidad. (Publica El Espectador)

Coinciden por estos días dos propuestas, entre otras muchas, que vale la pena resaltar ahora que se avista el inicio del proceso de paz entre gobierno y guerrilla, y que trascienden lo estrictamente militar o policial por su componente simbólico en lo atinente a la recuperación del aprecio y valoración de la vida humana en este país.

Llámenlo como quieran. Humanizar, poner en términos de derecho, racionalizar o “acuerdo especial”, como propone Colombianos por la Paz, pero el inicio de las conversaciones en Oslo, Noruega, debe marcar una disminución en los efectos del conflicto. Pero sobre todo debe traducirse en merma o ausencia de muertes de compatriotas por esa causa.

También los ciudadanos necesitamos ver señales de que esta vez la paz sí va en serio. Por eso no es osado ni va en contravía de las reglas de juego pactadas pensar en períodos durante los cuales no haya acciones ofensivas, de boicoteo o terrorismo. No se trata por supuesto de cejar en la presión militar ni en operativos de control, especialmente en zonas rojas. El asunto es bajar esas cifras, que oscilan entre 3 y 12 muertes diarias por la guerra. Pero también que disminuyan las acciones bélicas y las violaciones al Derecho Internacional Humanitario, que fueron el año pasado de 301 y 1.389, respectivamente, según el Cinep.

Algo similar ocurre con la propuesta ciudadana que convoca a que entre todos logremos que haya por lo menos 24 horas, entre martes y miércoles próximos, con cero muertes violentas. No es tan difícil como parece, ya el año pasado la tercera parte de los municipios del país supo lo que es un año sin ningún homicidio.

Cuidar la vida propia y ajena durante 24 horas o más. Es un paso… Son dos pasos de este largo camino que aún nos queda. Sí, tenemos ese derecho…

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A las buenas

28 Oct , 2012  

Por: Mario Morales
Que tenga que decir el presidente del Congreso que hay que blindar a nuevos partidos políticos para que puedan opinar, como forma de participación democrática, lejos de presiones de organismos de control, es para preocuparse en un país que se dice garantista como el nuestro. (Publica el Espectador)

Que sea el procurador el que salga a respaldar la llamada “Ley Lleras 2.0”, a pesar de denuncias por constreñimiento a la libertad de expresión al impedir retransmisión de señales televisivas o a la de educación, como han documentado el senador Robledo y el programa Justicia Global, es para levantar alertas.

Pero que el mismo día salga el fiscal general a confirmar que abrirá investigación penal por comentarios homofóbicos (e irresponsables) de la emisora Los 40 Principales arrasa con todo, desde el sentido común hasta la fe en la patria.

¿Qué nos pasó? ¿Desde cuándo olvidamos los problemas fundamentales para ensañarnos con los derechos y libertades, cuyos pilares son la opinión, la posibilidad de expresión y el acceso a la información, y que avivan la esperanza de una nación digna?

Nadie discute que haya que establecer responsabilidades en medio de disensos y de respeto. Que quienes opinen estén dentro de la ley, claro; que se respeten derechos de autor y de empresa, claro; que la emisora pida perdón, como lo hizo, por su craso error, claro; ese es un tipo de rectificación. Y hace falta más, claro… Como una profunda reflexión sobre la calidad de contenidos radiales, especialmente en la mañana… Claro que sí.

Pero la sanción autoritaria, o su sombra, no pueden ser paradigma de una sociedad que, se dice, en reconciliación. Menos aún, cuando hay voces que piden reglamentaciones, códigos y límites a la libertad de información acerca del proceso de paz. Hay que perder el miedo a la libertad, como diría Erich Fromm, en medio de la autorregulación. Tenemos que aprender.