Sacando el cuerpo

Por: Mario Morales
Vuelvo sobre el tema de libertad de expresión y protección a periodistas, porque ilustra la suerte de los derechos humanos en este país de “sacacuerpos”, donde todos hablan sin que nadie oiga. (Publica El Espectador)

En su lúcida columna de este domingo, la periodista Salud Hernández pide que “escuchen y protejan a los Ramírez”, esto es, a periodistas y campesinos en riesgo, en estos tiempos de “exaltación de los matones”. Esa petición incluye entre sus destinatarios al general Óscar Naranjo, como ariete del equipo reeleccionista de Santos.

Por coincidencia, El Tiempo publicó ese día una columna del general Naranjo refiriéndose al mismo tema pero, oh sorpresa, a cambio de una propuesta para combatir esos delitos y a sus perpetradores, el connotado oficial se limitó a hacer otro llamado a una “reflexión para mejorar los esquemas de protección… llegar a la verdad y que el peso de la ley caiga sobre los victimarios”.

Buenos deseos, sin duda. Pero sólo eso. Iluminada, tal vez, por esas peticiones, la senadora Alexandra Moreno solicitó el lunes al Gobierno que expidiera un decreto extraordinario para proteger a periodistas y crear la figura de un superfiscal a cargo de una unidad especializada en este tipo de investigaciones. Responsabilidad que le corresponde a todo el Ejecutivo, pero especialmente al ministro del Interior…

Fue precisamente el ministro Carrillo quien, interpelado en el encuentro con directores y editores de medios de hace unos días sobre medidas del Gobierno para proteger comunicadores, propuso crear una mesa en esa cartera para abordar el tema. Enterado por los presentes de que esa mesa ya existía hacía tiempo y sin mayores resultados, propuso, sin mayor convicción, crear otro mecanismo que fuera eficiente…

Pocas esperanzas, como se puede colegir, si nos atenemos a las ramas del poder público, cuyos representantes son expertos en hacer llamados, reclamarse mutuamente, pero especialmente en sacar el cuerpo.

Prensa bajo amenazas

Prensa bajo amenazas

En dos semanas se ha exacerbado la presión sobre los periodistas para impedir que hagan públicas sus investigaciones. En Colombia la prensa es parcialmente libre, mientras no estorbe a los poderosos de todas las raleas.

 

Por Mario Morales

(Publica Razón Pública)

primera fila portadaFoto: www.villafane.comAlgo se está acelerando

El ambiente está recalentado: lo prueba el termómetro de la libertad de prensa, que ha dado señales de alarma en lo que va corrido de mayo. Pero el mal que delata no es nuevo: se ha venido incubando desde hace casi cuatro décadas. Es más: el mal es síntoma de una morbilidad mayor, endémica, que no ha recibido la atención ni el cuidado que debían.

El rebrote de agresiones contra el periodismo habla de la fiebre a la que tristemente nos acostumbramos, acompañada de las convulsiones de un año electoral y con proceso de paz a bordo. Detrás de la fiebre está el estamento corrupto más violento  enquistado en las élites de poder que reacciona contra la prensa, su único fiscalizador, ante la miopía o la paquidermia de los organismos de control del Estado.

Ya en los primeros cuatro meses del año estábamos en urgencias- con 32 violaciones  y 55 víctimas según el monitoreo de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) cuando ocurrieron de modo casi simultáneo el atentado contra Ricardo Calderón, jefe de investigaciones de Semana, el asesinato del periodista  Alberto Lázaro en el Valle, el desplazamiento forzado de por lo menos ocho comunicadores en Valledupar y la denuncia de un plan para asesinar a los investigadores Ariel Ávila y León Valencia y al periodista Gonzalo Guillén.

Factores de alarma

primera fila imagen 1Foto: circulodeperiodistasdebogota.com

En término de cifras, el estado de alerta se mantenía en la misma situación que a comienzos de año o incluso del año pasado: lo nuevo ha sido la concurrencia de sucesos en solo dos semanas y el desafío que la delincuencia organizada lanzó ya no sólo a la prensa regional como lo viene haciendo de manera inveterada  sino a la nacional, que sufría menos presiones y corría menos riesgos a la hora de publicar este tipo de denuncias, al tener su sede en Bogotá.

Otro factor de alarma es el cambio de estrategia del crimen organizado: ya no se limita a amenazar para constreñir, como venía haciendo en los últimos años, sino que acaba de pasar a los atentados y al sicariato para acallar las voces críticas en los medios.

Esa osadía de la delincuencia si los indicios conectan a los presuntos autores de los atentados con las investigaciones que adelantaban los periodistas significa que han decidido combinar todas las formas de lucha para silenciar a la prensa: desde el asesinato hasta impedir la circulación de publicaciones, incluso provocando la respuesta solidaria de los medios y de la opinión pública que despierta este tipo de actos, con el propósito de enviar un mensaje de intocabilidad y la advertencia de lo que le puede pasar a todo aquél que se meta con ellos.

Desafío al gobierno y a la sociedad

Esos hechos lograron, sin embargo, que los grandes medios se ocuparan de temas que no eran nuevos en la agenda, pero que estaban olvidados o desplazados por otras noticias. Y que por fin la Fiscalía se ocupara de las investigaciones, bien por convicción o presionada por la opinión pública.

Por eso, prensa y organismos judiciales consideraron obvio que los ataques tenían una conexión directa con el trabajo reciente o en curso de los comunicadores o investigadores víctimas de las agresiones. De ahí el repudio generalizado a los atentados y planes contra Calderón, Guillén, Valencia y Ávila, en el entendido de que se trataba de un ataque contra la prensa toda y de un mensaje para la sociedad entera.

No es menos grave que ocho periodistas que cubrían temas referentes a la restitución de tierras, al conflicto y al proceso de paz hayan tenido que abandonar la capital del Cesar tras ser declarados objetivo militar del autodenominado “ejército antirrestitución”, que no solo amenaza la libertad de expresión, sino que reta al propio gobierno mediante la violencia.

No se trata entonces de casos aislados, sino de una estrategia para poner de rodillas al país en esta etapa crucial de su historia.

Tampoco se debe pasar por alto el asesinato del locutor y periodista radial Alberto Lázaro en Cali, no obstante que las primeras pesquisas apuntan a móviles de índole personal y ausencia de amenazas previas.

En medio de fuego cruzado

primera fila imagen 2Foto: www.flickr.com/photos/crissorama

Pero esa situación es permanente en las regiones, como lo documenta la Fundación para la Libertad de Prensa: en lo que va corrido del año ha habido por lo menos 15 amenazas, 2 desplazamientos forzados, 3 agresiones físicas o sicológicas, amén de otros casos de interrupción de la circulación informativa u obstrucción al trabajo periodístico, así como los más de 20 casos de intimidaciones en Montería, Santa Marta, Barranquilla y Valledupar.

Pero también desde el Congreso apuntan contra periodistas y medios, como ocurrió con el desafortunado artículo cuarto del proyecto de ley que pretendía legislar sobre la parodia, con algunas pocas buenas intenciones opacadas por las ambigüedades que dejaban expedito el camino a la censura o a las acciones civiles y penales contra el humor político, la sátira y toda creación fundamentada en características o actuaciones de personajes públicos.

Y como si fuera poco, grupos violentos o pequeñas bandas barriales también la emprenden contra la prensa, como pasó en el sur de Bogotá, donde atacaron un vehículo del Canal RCN o en Cali con un automóvil del diario Q’hubo.

Lentitud e impunidad

Casos emblemáticos no tienen aún pruebas concluyentes, como el de Jineth Bedoya, víctima de violación hace 13 años por su trabajo periodístico y de acoso por sus valientes denuncias, o el más reciente de Yesid Toro, también del diario Q’hubo, quien fue forzado a exilarse de Cali tras publicar un libro sobre sicariato, producto de sus investigaciones.

Y a pesar de las denuncias y de los insistentes reclamos de justicia, siguen prescribiendo casos de periodistas asesinados hace dos décadas: este año ya prescribieron dos, para un intolerable total de 62. Muy seguramente  dormirán también el sueño de los justos los casos que se siguen por el homicidio de los reporteros Nelson de la Rosa Toscaza de Cartagena, Manuel José Martínez de Popayán y Danilo Alfonso Baquero de Tame (Arauca), caídos en cumplimiento de su deber en 1993.

Con razón no nos va bien en las clasificaciones que año tras año hacen organizaciones de diversa índole, como Freedom House, que monitorea a 195 países y 14 Estados en formación. En esa lista, Colombia ocupa el puesto 14 y forma parte del grupo de naciones con prensa parcialmente libre, con deficientes indicadores en cuanto a libertades civiles y derechos políticos, lo que explica que 94 periodistas deban tener protección permanente incluso extrema en 37 casos hasta diciembre de este año.

Encuesta reveladora

Este recrudecimiento de acciones violentas contra la prensa opaca la leve mejoría  en asuntos de seguridad que habían percibido 707 periodistas entrevistados por el Proyecto Antonio Nariño (PAN) y la firma Cifras y Conceptos, en desarrollo de la segunda encuesta nacional a periodistas sobre libertad de expresión y acceso a la información pública, cuyos resultados fueron dados a conocer el pasado 3 de mayo, con motivo del día de la libertad de prensa.

El 20 por ciento de los periodistas encuestados afirmaron haber tenido restricciones por parte de autoridades para su libre movilidad, el 26 por ciento haber sufrido ataques por canales electrónicos, el 23 por ciento haber sido vigilado ilegalmente por el Estado, el 21 por ciento haber sido agredido por miembros de la Fuerza Pública y el 14 por ciento haber recibido agresiones por grupos al margen de la ley.

La consecuencia obvia en medio de esta atmósfera de amenazas es el temor que deviene autocensura, como lo manifestó el 47 por ciento de los encuestados:

  • 37 por ciento por presencia de armados ilegales en su región.
  • 35 por ciento por presiones que ocasionan el cierre de su medio o su despido.
  • 34 por ciento por estigmatizaciones de parte de gobernantes o altos funcionarios.
  • 25 por ciento por presión de autoridades del Estado.
  • 24 por ciento por recorte o interferencia indebida en sus historias por parte de editores de su medio.
  • 14 por ciento teme ser víctima de acosos judicial.

Con razón el Índice de Libertad de Expresión y el Acceso a la Información Pública en Colombia que monitorea el mismo PAN en 2012 apenas alcanza 50 puntos sobre 100, escasos 12 en la dimensión de impunidad y 38 en la de acceso a la información.

Derecho condicionado

Este mes, la Corte Constitucional aprobó con condicionamientos la ley estatutaria de transparencia y regulación del derecho de acceso a la información pública, que queda pendiente de la sanción presidencial.

Si bien dichos condicionamientos ampliarían el derecho de acceso, en el momento de escribir este artículo no se conocía el texto de la sentencia, particularmente en lo tocante a límites relacionados con la defensa y la seguridad nacionales, así como con el ente encargado de velar por su cumplimiento.

Algo es algo en medio de esta racha que ha llevado hasta el límite las alarmas  cuando el país se juega su futuro con la búsqueda de la paz, de la cual es motor e inspiración el libre ejercicio del periodismo, hoy retado y en entredicho.

¡Más que suficiente!

¡Más que suficiente!
Por: Mario Morales
Era de esperarse. Tristemente. Con el ambiente de guerra sicológica reinante la profecía se está cumpliendo. (Publica El Espectador)

De la artillería verbal, descalificadora y violenta a los hechos había un trecho muy pequeño como lo demuestran los asesinatos de periodistas y servidores públicos, los planes para atentar contra la vida de otros y las creciente amenazas de todo tipo.

Era más que suficiente para parar con las dolorosas escenas por el asesinato de la directora del grupo tributario de la Dian en Neiva, Celina Escobar Flórez, por cumplir con su deber. Paradigma de brutalidad contra los que persisten en la lucha anticorrupción.

O bastaba para decir no más con el crimen contra el periodista Alberto Lázaro, del Valle, o el absurdo atentado a Ricardo Calderón de Semana por su eficiente trabajo investigativo, para que bajara el tono y contenido de las expresiones de funcionarios, políticos en campaña, feligreses, periodistas, tuiteros y voceros de sectores civiles presuntamente desarmados.

Pero no… Tercos hasta el abismo los bandos en contienda afinaron puntería. Unos más que otros, me dirán, y quizás sea cierto. Pero seguir aupando posiciones extremas en lo que tiene que ver con opciones sexuales, creencias religiosas, libertades civiles y cumplimiento del trabajo en el servicio público o en el periodismo, es sentar bases para que desadaptados se sientan con derecho a actuar.

Por eso hay que rechazar con vehemencia, sin confundir energía o firmeza con agresividad, que hoy estén en la mira de los sicarios, trabajadores honestos de la investigación social en casos dramáticos de corrupción, como León Valencia y Ariel Avila, o de la opinión y del trabajo periodístico como Gonzalo Guillén. Honor y protección a los valientes reporteros y funcionarios honestos que dan ejemplo de coherencia sin agresión.

No pueden ser disculpas para la artillería verbal ni el necesario debate sobre el proceso de paz ni el inicio de la campaña electoral. No hay que hacerle el juego a los redobles de trompetas de quienes esperan un pretexto para materializar su guerra sucia.

Cuestión de apellidos

Por: Mario Morales
No estamos, hasta donde se sabe, en feria. Hay que recordarlo, no vaya y sea que ahora cada uno quiera ponerle su apellido a la paz. Hasta donde está entendido, el proceso de paz es uno, liderado por el Gobierno que ganó las elecciones y que hasta ahora ha tenido el coraje de jugársela por el fin del conflicto. (Publica El Espectador)

Los demás son pataleos de ahogado, megalomanía o estrés que, según las últimas investigaciones médicas, es causa esencial de la desmemoria.

En alguno de esos estadios debe estar la llamada declaración con “decálogo” incluido para “una paz con eficacia, justicia y dignidad” hecha por el uribismo, si es que está representado en el Centro Democrático, que perdió el “puro” luego, quizás, de un autoexamen de conciencia.

Olvidan esos proponentes que no sólo perdieron las elecciones sino también la guerra, si esa guerra continúa y sus enemigos siguen ahí. Por eso la declaración no es más que un acto de soberbia en medio de las contradicciones.

Esa “reculada”, como la denominó el presidente Santos, de estar “abiertos a la realización de diálogos como camino para lograr la paz”, no es más que una toma de impulso para oponerse a la posibilidad de llegar a un acuerdo. Se salvan los puntos, tal vez puestos ahí para que la suma diera completa, acerca de la necesidad de una política social y de reparación expedita a las víctimas.

El resto es demagogia que aviva la utopía, combustible a su vez de la guerra durante todos estos años, que ha hecho creer que sólo hay espacio para la rendición aun sin victoria militar del Estado.

Por esa vía no faltarán propuestas de toda pelambre de otros sectores que serían bienvenidas para nutrir el proceso, si no tuvieran el tufo de palo en la rueda para evitar que sea este gobierno el que lleve al país a las puertas de la paz. Lo que hacen los apellidos.

El culebrón, sello de identidad y negocio televisivo

Fuente: OBITEL (Observatorio iberomaericano de Televisión)
La telenovela ha sido desde sus inicios el producto estrella de la televisión. De su éxito o fracaso depende con frecuencia la estabilidad de las cadenas. Las series de Colombia, Chile, México, Argentina y Brasil han desplazado del ‘prime time’ a las producciones estadounidenses. Los productos españoles y europeos están relegados. Pulbica El Mundo de España.
(Por Ángel Fernández). La importancia de un género televisivo no se mide sólo por sus resultados en términos de audiencia, sino también por el peso y el lugar que ocupa dentro de la programación de un país.
Según el informe del Observatorio de la Televisión Iberoamericana 2007 (OBITEL), la ficción es
hoy un enclave estratégico para la producción audiovisual iberoamericana, tanto por la fortaleza económica que ha alcanzado como por su potencial como producto de amplia proyección internacional.
En América Latina –el mayor espacio narrativo en lengua castellana–, la telenovela ha sido un factor determinante para la creación de una industria nacional que se proyecta en todo el mundo.
La telenovela ha sido desde sus inicios el gran producto de la televisión, de cuyo éxito o fracaso ha dependido con frecuencia la estabilidad del medio. Además, su relación con la lengua y la cultura escrita, verbal y visual es determinante para explicar el porqué del
éxito sostenido de este género entre públicos que pertenecen a diferentes países, lenguas e incluso clases sociales.
El estudio de OBITEL (Culturas y mercados de la ficción televisiva en Iberoamérica) señala que los directivos de las televisiones de todos estos países latinos han llegado a la conclusión de que la ficción se ha convertido en un sello nacional (y una tradición artística y cultural reconocida por el conjunto de la sociedad, como es el caso de Brasil) y una prestigiosa y rentable apuesta frente a los formatos del reality show y sus variantes que dominaron los años 90.
La preferencia de los guionistas de series y telenovelas por los ámbitos urbanos, situados la mayoría de las veces en las capitales, así como la ambientación en el presente de la mayor parte de las producciones (excepción de Brasil, con casi un 20% localizadas en el pasado),
que forman parte de la actual tendencia dominante en la ficción internacional, también se aprecia en la latinoamericana.
En Argentina, Brasil, Chile, Colombia y México –los mercados más importantes–, a medida que ha ido nacionalizándose la ficción del prime time, las series norteamericanas han
tenido que ir retrasando sus horarios.
En cada país, la producción propia se programa en las franjas horarias de mayor peso. La implicación de este fenómeno trasciende el tema económico, pero también el propiamente
cultural y comunicacional.
COLOMBIA
Identidad nacional. La producción colombiana siempre ha sido alta, ya que, desde la creación de la televisión en 1954 se ha obligado a que, por lo menos, el 50% de lo que se emite sea nacional.
En este país, la televisión se considera un bien simbólico indispensable para la identidad patria.
La telenovela colombiana actual se caracteriza por tener tono de comedia, centrarse en lo urbano, presentar a mujeres guerreras y dueñas de su destino y jugar con los valores tradicionales del melodrama. Y tiene dos tendencias: la búsqueda de la telenovela neutra realizada para el mercado internacional y que ha sido muy bien producida por RTL Colombia (Pasión de gavilanes, La tormenta…),y la ficción de identidad colombiana, en la que se reflexiona sobre los modos de ser del país.
Destaca la marca de Fernando Gaitán (Yo soy Bea, la fea). La telenovela le ha servido a Colombia para tener imágenes y rostros que mostrar; historias propias para contar; estéticas y sentimientos para exorcizar sus angustias o reírse de sí misma. Además de lugar de identidad y expresión cercana, la telenovela ha sido escenario privilegiado para introducir, en una sociedad ensimismada, la modernidad, lo que está fuera de sus fronteras.
Los universos de referencia para las obras de ficción de este país son la familia y el trabajo: los dos espacios fundamentales en la socialización del colombiano, ya que es en ellos donde transcurre su rutina diaria. Resulta significativo la escasa reflexión de la televisión colombiana acerca de la temática de la violencia que marca la vida cotidiana del país.

ARGENTINA
El rescate de la memoria En 2007, el mayor fenómeno de la televisión en Argentina fue la serie
Montecristo, que puso en pantalla uno de los pasajes más dolorosos de la historia del país: la represión de la dictadura militar. Por
primera vez, una ficción diaria mostró un relato en el que los protagonistas eran las víctimas y sus verdugos. El Senado de la Nación incluso otorgó a la serie un reconocimiento por su aporte a la lucha por los Derechos Humanos.
Para los analistas de OBITEL, el contexto de la producción televisiva argentina puede calificarse de paradójico, porque, a pesar de que se está produciendo mucho, es poco lo que merece ser destacado. La televisión argentina está transitando una etapa de producción creciente y eso es positivo, ya que la ficción es lo único que puede fortalecerla como industria. Sin embargo, la mayor parte de lo producido no se caracteriza por agregar algo nuevo respecto a temporadas anteriores.
Se realiza una ficción light a la que, salvo excepciones, no le interesa (o no sabe hacerlo) contar nada.

BRASIL
Cada vez más realistas La telenovela es el género que mejor captó, expresó y alimentó
las angustias y ambivalencias que caracterizaron los cambios de la sociedad. Así, se constituyó como un vehículo privilegiado del imaginario social, capaz de expresar
en público dramas privados y de propiciar en privado conversaciones sobre dramas públicos. Además, tiene también esa capacidad sui generis de sintetizar lo político y lo doméstico, la noticia y la ficción, lo masculino y lo femenino.
Todo está escrito en sus guiones, que combinan convenciones formales del documental y del melodrama televisivo. Es lo que más caracteriza a la telenovela brasileña y constituye la paradoja de que Brasil queda más identificado en una narrativa de ficción que en un
telediario.
Hablar de telenovela brasileña es hablar de TV Globo. Esta cadena es la responsable de la especificidad de la teleficción del país, que es el resultado de un conjunto de factores que van desde el carácter técnico e industrial de la producción, hasta el nivel estético
y artístico, pasando por el cuidado del texto.
En la telenovela brasileña los escenarios más utilizados son el familiar y el profesional, pero también se adentra en espacios marginales y de vecindario.
En cuanto a los contenidos, las relaciones afectivas, familiares y laborales, la sexualidad, la corrupción y la violencia son los temas más frecuentes y los preferidos por la audiencia.

CHILE
Años de innovación En Chile, la producción nacional alcanza como promedio un 66% de la parrilla –el 10%, de productoras independientes–. Las cifras suponen un cambio, ya que entre 1966- 1975, el 56,3% de la ficción emitida era estadounidense.
Los formatos predominantes son las series y las telenovelas y la duración estándar se reparte casi a partes iguales entre las obras de 30 minutos y las de una hora. La diversificación en géneros tiene importantes implicaciones con las temáticas: la telenovela de las 20.00 horas ha evolucionado hacia un discurso que intenta incluir a la audiencia familiar, pasando del melodrama a la comedia. En cambio, las producciones para adultos que se emiten en el prime time representan situaciones más dramático-realistas, muy a menudo inspiradas en hechos de la vida real.
Una característica que identifica a las nuevas series chilenas es la innovación narrativa que hibrida la ficción con algunos aspectos de la realidad social del país.

MÉXICO
Sobre todo, negocio La recreación de ambientes familiares y profesionales obliga a que el
escenario de la ficción sea predominantemente urbano y centrado en el presente. Por lo general, las historias se desarrollan en Ciudad de México, aunque a veces hacen referencia al resto del país a modo de concesiones, debido a que los temas rurales e históricos tuvieron su
importancia en otra época. El melodrama como género sigue siendo hegemónico en la televisión privada mexicana –la pública no considera prioritaria la ficción–, después le siguen el drama y la comedia.
La publicidad en la televisión, con sus tiempos y sus tipologías, se manifiesta muy relevante para entender la dinámica cultura negocio o negocio de la cultura alrededor y dentro de la ficción. Tanto directivos como productores deciden sobre la marcha alargar o acortar los programas en función del share.
En 2007 fue habitual que la audiencia tuviera que soportar 25 minutos de publicidad en 35 minutos de historia efectiva. En cambios de horarios, La fea más bella fue el laboratorio preferido.

AUDIENCIAS
Ficción y ‘realities’, combinación de éxito en Telecinco
MADRID.– La cadena de Mediaset ha copado esta semana todos los puestos del top ten de los programas más vistos. Destaca el estreno el jueves de la tercera edición de Supervivientes, que rozó el 30% de cuota de pantalla y fue seguido por 3.854.000 espectadores.
Las más perjudicadas por la vuelta del reality fueron La 1 y Cuatro que cayeron a sus mínimos con Cuéntame (17.4% de share y 3.211.000 personas ) y Cuenta Atrás (6.8% y 1.254.000). Sin tetas no hay paraíso confirmó su buena acogida del estreno y garantes de la cadena, como Aída o Escenas de matrimonio, mantuvieron sus buenas cifras habituales.
EL OYENTE LUISOZ
El juego de las mentiras «Ganará el que mejor sepa mentir», afirmaba una oyente
ayer en Punto Radio. Lo visto y escuchado en las últimas semanas
parece darle la razón.
¿Es Esperanza Aguirre una ultramontana irrecuperable?
¿Por decir «no» a Alberto Ruiz Gallardón y a Aguirre en las listas
del PP para el Congreso, ha renunciado Mariano Rajoy al centro y se ha pasado a la extrema
derecha?
Si escucha la Ser, lee el correo de sus oyentes o sigue con atención las opiniones que, entre
titular y noticia, van goteando sus presentadores, no hay la menor duda. «Cualquier atisbo
de moderación en el PP ha quedado apartado», sentenciaba el martes la nueva directora de
Hora 25, Angels Barceló. Su tertuliana Cristina de la Hoz se mostraba en desacuerdo.
Si escucha la Cope, la versión dominante de la Ser, que una inmensa mayoría de socialistas
ha hecho suya a pies juntillas, es una gran mentira que la propaganda socialista abona
desde hace días para ganar las elecciones del 9 de marzo.
Jesús Cacho no coincide con Federico Jiménez Losantos sobre el derecho de Gallardón a ir
en las listas. Gabriel Albiac en la Cope y Fermín Bocos en Punto Radio dudan seriamente
de que Gallardón sume muchos votos en unas generales. «A buena parte de los oyentes Gallardón
se la trae al pairo», dice Bocos.
Carlos Carnicero en la Ser y Justino Sinova en Onda Cero aseguran que la crisis se ha resuelto
de la mejor manera posible para Rajoy. «La Navidad ha llegado para el líder del PP»,
afirmaba Losantos en la Cope.
José María Calleja añadía en Onda Cero que «ha sido un gran tanto de los más conservadores
del PP». Casimiro García Abadillo pasó de la gran mentira:
«Rajoy no contaba con el órdago de Aguirre y no le quedó
más alternativa que decirles no a los dos».
Mientras Pablo Castellano criticaba en Punto Radio el bochornoso espectáculo, su compañero
de tertulia en Protagonistas Juan Alberto Belloch seguía convencido de que, al final,
Gallardón se quedará en su puesto. Fraga tardó tres días en confirmarlo en ABC.
El culebrón Gallardón ensombreció la bomba Pizarro, pero la fiesta no ha hecho más
que empezar. Un debate televisado entre Solbes y Pizarro tiene más morbo y carne que los
dos ya confirmados entre Zapatero y Rajoy.
El John Wayne de Lucía Méndez y el caballero blanco de Ignacio Camacho es, para El
País, la gran fábrica de las grandes mentiras de los últimos años, «el ariete del ala
más dura del PP». EL MUNDO lo resumía perfectamente en su portada de ayer en dos palabras:
Objetivo Pizarro.
Las islas Canarias, ‘paso fronterizo’ de telenovelas en su camino a la Península
EDUARDO ORTEGA SOCORRO MADRID.– Durante los últimos años las cadenas de televisión han
encontrado en las Islas Canarias un peculiar laboratorio de pruebas.
¿Los objetos de su investigación? Las telenovelas y las audiencias que éstas arrastran.
Los canales nacionales han decidido probar el tirón de los culebrones importado desde el otro lado del Atlántico, difundiéndolos antes en el archipiélago por medio de desconexiones exclusivas para las Islas. Si la audiencia acompaña, se apuesta por ellas y se emiten a nivel
nacional. Normalmente, la estrategia no falla.
Antena 3 es la cadena que más ha recurrido a esta fórmula. Pasión de Gavilanes fue la gallina de los huevos de oro de 2005. En un principio, sólo iba a ser emitida en la comunidad canaria, pero sus arrolladores resultados (el 60% de la audiencia siguió el último episodio) motivaron que se estrenara para todos los españoles. Sin llegar a las cifras registradas en Canarias, la serie tuvo una gran acogida y fue el espacio más visto en su franja horaria.
Los gavilanes no son ni los primeros ni los últimos sudamericanos en someterse al dictamen del público canario antes de llegar al resto de España. LaMujer en el espejo, Rubí, El Cuerpo del Deseo e incluso la popular Rebelde, versión mexicana de Rebelde Way, han tenido que pasar por esta particular selectividad.
Experimentos fracasados
Pero la de las audiencias no es una ciencia exacta y no siempre lo que triunfa en la comunidad canaria lo hace fuera de las islas.
La Gorda Bella fue el gran éxito que precedió en el archipiélago a los torsos musculados y las espectaculares curvas de Pasión de Gavilanes.
También fue la gran esperanza de Antena 3 tras el final de Betty la Fea. Sin embargo, los resultados de esta producción de RCTV, que en las islas fueron indiscutibles (el último capítulo superó el 49% de cuota de audiencia), no siguieron el mismo camino en el resto del territorio patrio. A pesar de la gran campaña publicitaria desarrollada por Antena 3, la novela no pasó de un discreto 14% de share y fue desterrada a la franja de madrugada.
A pesar de la oposición de instituciones como el Cabildo de Gran Canaria a productos como Sin tetas no hay paraíso, que se emite en Telecinco los miércoles, el género sigue cuajando entre la población de las islas: el último objeto de experimentación ha sido la colombiana Pura Sangre, que se estrena a nivel nacional el próximo lunes.
¿Triunfará como los Gavilanes o fracasará como la Gorda? Su destino se oculta tras el mando a distancia de la audiencia.

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