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Salvar una década

31 Oct , 2013  

Por: Mario Morales
No hay que ser adivino para saber que el alcalde Petro será destituido por la Procuraduría. Eso no parece tener reversa, como tampoco el fallo contra los exgerentes de Acueducto y de Aguas. (Publica el Espectador)

Y todo sucederá este año, así como va el proceso. En una semana la defensa habrá presentado alegatos de conclusión. Quedarán más de 50 días para proferir fallo, que aunque es de única instancia permite recursos antes de quedar en firme. Ahí está el juego político, pues habrá elecciones, y bajo el mismo y polarizado paraguas de las legislativas.

Errores en el asunto de basuras los hubo. Pero como ya se dijo en otros espacios de análisis, no luce democrático ni con apego a la jurisprudencia nacional e internacional que funcionarios elegidos por votación popular sean destituidos y, peor, despojados de derechos políticos por vía administrativa.

Pésimo precedente, incluso en contravía de lo ya fallado, como ha dicho el exsecretario Eduardo Noriega; en lo nacional, recientemente el tribunal de lo contencioso administrativo admitió la demanda de nulidad contra el decreto de basuras, pero negó suspensión provisional del alcalde porque no hubo violación ostensible de la ley. Ya sucedió con Asprilla.

Y en lo internacional hay un referente en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA que concluyó que el gobierno venezolano era responsable por violación de derechos políticos de Leopoldo López Mendoza, destituido por vía administrativa, en contravía de los estándares de la convención consagrados en por lo menos tres de sus artículos.

Pero más allá de lo jurídico y del trasfondo político del proceso contra Petro, está el sentido común. La ciudad, huérfana y en manos de los corruptos en los cuatro años de Samuel, desatendida en los dos últimos años por la inexperiencia de alcalde y subalternos, no puede quedar a la deriva otros dos años, insuficientes para poner la casa en orden con un nuevo burgomaestre. Y si sumamos dos mientras aprende el que llegue en 2016… Década perdida.

Sin acusaciones de corrupción, la izquierda, la ciudad y hasta el sentido común merecen una oportunidad.

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¿Qué hay que hacer?

31 Oct , 2013  

Por: Mario Morales
Si una necesidad va quedando explícita en medio del vaivén de dimes y diretes y de la incontinencia verbal, agresiva y a veces ofensiva, de las partes, es la de una mediación que preserve los diálogos de paz en La Habana que inician hoy su decimosexta ronda, ayude a blindarlos y les ponga una perspectiva factible de tiempos, ritmos y alcances. (Publica el Espectador)

Una mediación internacional que recomponga el respeto mutuo y la confidencialidad de los avances, pero que a la vez sea garantía de transparencia en la negociación para todos los colombianos.

Estos 11 meses son una demostración de que solitos no pudimos y que se requiere un componedor antes de que se deterioren las relaciones entre Gobierno y guerrilla.

Y es que el proceso requiere de esa y otras cirugías de rejuvenecimiento para trascender la época electoral. Una de ellas, de Álvaro Leyva, ya casi aceptada por el Gobierno, tiene que ver con mayor tiempo de dedicación en cada ciclo y menos intervalos, que sólo han servido para alborotar el avispero. De pausas, insistimos, ni hablar.

Lo del armisticio suena razonable desde el punto de vista humanitario, pero se convertiría, para la derecha verborrágica, en un talón de Aquiles por el inevitable síndrome del Caguán. No haber hecho concesiones en ese sentido es un margen que debe mantener el presidente Santos.

La presencia de una figura respetable como el presidente de Uruguay, José Mujica, o de un emisario del papa Francisco, ayudaría a recomponer el ambiente de la mesa y permitiría renovar la retahíla gubernamental de la presión del tiempo, y desanclar el timing de la insurgencia.

Una mediación que además le ponga tarea al resto del país en aras de preparar el escenario de la reconciliación. Ahí es donde tiene sentido la metáfora de las mil horas de trabajo que ofreció Mockus con tal de alcanzar a disfrutar de un proceso que tardará por lo menos dos generaciones. Yo también me apunto. ¿Qué hay que hacer?

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Por el respeto

31 Oct , 2013  

Por: Mario Morales
No. Ya ni siquiera se espera por un líder, en el sentido clásico de la palabra. No lo hay. No se ve. Hoy, en medio de la mediocridad política signada por la improvisación y el atropello, acaso sea lo mínimo clamar por un dirigente serio, consecuente, con vergüenza, nada más. (Publica el Espectador)

Pero ni eso. Ahí está el bochornoso rifirrafe de los precandidatos del autodenominado Centro Democrático, que quizás sea el mejor (peor) ejemplo de la inestabilidad moral y ética de quienes aspiran a gobernarnos… Y ese lamentable espectáculo de avivatadas, conspiraciones, cambio de reglas y mutuas acusaciones…

Trenzados en lucha “vale todo” se esconden tras un presunto “legado” que se desdice a punta de sus improvisaciones. Se nota que no saben para dónde van, ni lo que quieren, ni cómo conseguirlo. El temor del estruendoso ausentismo en las urnas los devolvió al “dedazo”, mientras se les ocurre otra genialidad. Brillante plataforma.

No se queda atrás el presidente Santos sometiendo dizque a “consulta” inesperada de los partidos, casi que levantando la mano, la continuidad de los diálogos de paz. Y los ciudadanos creyendo que esa era su apuesta más firme… Más allá de esa táctica, como advertencia a la guerrilla, él y su equipo tienen que blindar de politiquería a las conversaciones, que deben continuar sin pausa. La paz no debe ser un jueguito sino una política de Estado. Un paréntesis les daría todas las oportunidades a los enemigos de la paz.

Y los “verdeprogresistas”, en las mismas. No se trata de sumar por sumar para subsistir transitoriamente, sino de establecer una propuesta programática factible que cualquier candidato pudiera defender con idoneidad. Tiene razón Clara López: de esa yunta no se sabe qué puede salir.

Triste panorama a medio año de elecciones. Dan pena todos. Ya lo decía Lichtenberg, el escritor alemán: “Cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto”.

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De chantajes y descaros

31 Oct , 2013  

Por: Mario Morales
Poco le duró al presidente Santos la dicha del repunte en las encuestas luego de las lúgubres proyecciones del FMI, la renuncia del director y el subdirector del DANE y el costo político, así fuera calculado, por el desfachatado decreto que reinventó la prima de congresistas. (Publica el Espectador)

Los once puntos que dice el Centro Nacional de Consultoría, que recuperó Santos, (hasta llegar al 43% de favorabilidad y 56% de desfavorabilidad), se esfuman luego que el cálculo del FMI sobre crecimiento del PIB este año no supera el 3,7%, a pesar del optimismo de sus funcionarios. Con razón en la encuesta el 60% piensa que el país va por mal camino.

El Fondo mete más presión si las cifras se comparan con otros países de la región, como en el caso del llamado desempleo, que hoy mide desocupación, y que alcanza el índice más alto en el vecindario, con 10,3%.

Eso se sabía, no obstante la propaganda gobiernista. Pero lo que el país no tenía claro era el par de “compromisos” que tenían al presidente contra la pared. Uno, el de la realización, ipso facto, del censo nacional agropecuario, como exigencia emanada de la mesa de La Habana, a lo cual se opusieron, hasta la renuncia, por razones tecnicopolíticas, el director y subdirector del DANE. Sin duda, el semestre electoral con el que arranca 2014 no da garantías de exactitud. Se rescata que el proceso avance, pero los métodos no son los más transparentes.

Pero el descaro del Congreso al frenar la reforma a la salud y la sumisión del Ejecutivo al aprobar la prima de $7’800.000 mensuales para cada parlamentario dizque para respetar un derecho adquirido, escribe sobre piedra la forma como se manejan, entre quienes los tienen, los privilegios.

Desafortunada respuesta del Gobierno al FMI y al país. En vez de austeridad en salarios y pensiones de funcionarios de alto rango, decreta despilfarro ofensivo e inoportuno. Lástima que las elecciones no fueran mañana.

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¿Cómo hacen?

31 Oct , 2013  

Por: Mario Morales
Algo debe haber en la estructura o en el ambiente de la Casa de Nariño, en la residencia, despacho o en la misma investidura presidencial que impide que los mandatarios, si hemos de creerles, se den cuenta de lo que ocurre en sus propias narices. (Publica el Espectador)

Desde la recordada manada de elefantes que hizo “nido” en la época de Samper y el proceso ocho mil, sin que el susodicho tuviera razones para percatarse; hasta la ausencia de noticias de Santos acerca de la enormidad del descontento nacional que le impidió saber que el tal paro si existía en las calles del país, hemos tenido que tragarnos los sapos de que otras más grandes preocupaciones les han robado la atención a nuestros mandatarios para no darse cuenta de esas “nimiedades”.

Bate todos los récords el gobierno Uribe que sigue manifestándose ajeno a la corrupción, presunta criminalidad y acusaciones de trato con la peor delincuencia del país de algunos de sus más cercanos colaboradores.

Que algunos de sus copartidarios, familiares lejanos o simpatizantes puedan haberle vendido supuestamente el alma al diablo, como lo han ventilado los medios, y se presentaran ante su despistado jefe como mansas palomas, puede ser producto de las calidades histriónicas de aquellos.

Pero que dos de sus jefes de seguridad, que son, que debieron haber sido como su sombra, que convivieron con él durante años, estén señalados de delitos vinculantes con organizaciones ilegales y que ni Uribe ni sus asesores se hubieran enterado, despierta un halo de incredulidad sobre la figura y obra de quien se presenta como adalid de la seguridad.

Peor aún, que toda la responsabilidad recaiga sobre quienes desde sus fuerzas, los seleccionaron como lo expresa Uribe en su Twitter, reniega del autopromocionado carácter “frenterito” del ex.

Que sicólogos, bacteriólogos, científicos y hasta espiritistas nos ayuden a entender cómo hacen para abstraerse de la realidad, para no untarse de un ambiente a todas luces contaminado y, de ñapa, salir indignados.

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Es una epidemia

31 Oct , 2013  

Por: Mario Morales
A la mediocridad técnica de nuestro fútbol, manoseo laboral de jugadores, pobreza periodística y peleas insulsas de las barras, se suma ahora el inconcebible asesinato de hinchas por ser portadores de las camisetas de sus equipos. (Publica El Espectador)

Más que síntoma de una sociedad enferma, como dice el general Martínez, comandante de la Policía Metropolitana, es el hedor de una sociedad descompuesta, que se dejó inocular el odio de sus dirigencias hasta contaminar sus celebraciones.

Confundir el honor con una adhesión o la dignidad con un fanatismo en torno a una actividad tan controvertida como el fútbol, nos devuelve, como sociedad, milenios en la línea de desarrollo humano.

Que el color de una camiseta despierte el instinto animal de agresión por una pretendida rivalidad deportiva amerita no sólo que se suspenda la fecha del rentado colombiano, sino el torneo completo hasta que la sociedad tenga certeza de que tamañas estupideces no se repetirán.

Claro, el fútbol es sólo otra manifestación de la podredumbre moral que habitamos, jalonada por la fetidez del discurso “político” y social, como la “joseobduliesca”, convertido en un género más cruel que la diatriba, y partícipe en la construcción de un país belicoso e intolerante.

Ojalá no resulten como únicos responsables el licor, los horarios, las televiolencias o el porte de armas. Ni que todo derive sólo en acciones policiales represivas.

Ejemplos de solución hay, como la iniciativa 24-0 (24 horas sin muertes violentas) de la administración distrital en Ciudad Bolívar, de probada eficiencia.

Hay que recordar, como lo dijo el médico Slutkin, que es una enfermedad infecto-contagiosa, una epidemia que hay que tratar como tal: comenzando por interrumpir su retransmisión, prevenir eventos futuros y cambiar las normas de reconocimiento social en barrios y barras… Pero también entre dirigentes, donde reside el germen.

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La noche que llega

31 Oct , 2013  

Por: Mario Morales
Uno podría, basado en arendt o adorno, desgastarse en analizar desde el punto de vista del totalitarismo o la personalidad autoritaria la “plataforma” del Centro Democrático ahora que Uribe decidió lanzarse al Congreso… (Publica el Espectador)

O burlarse a priori de sus propuestas con eso de la multiplicación de los huevos, ahora que son cinco, sumados los sofismas del contacto con el pueblo y la austeridad…

O, a propósito de sus intenciones, traer a colación a Freud y esa pregunta de un viajero a otro, para relacionar el chiste con el inconsciente: “¿Para dónde va? Para Cracovia, responde el otro. ¡Qué mentiroso! Si me dice que va para Cracovia, quiere hacer creer que va para Lemberg. Pero sé que efectivamente va para Cracovia. ¿Por qué me miente?”…

O recordar la charla, tantas veces citada, entre Alicia (la de Carroll, que da nombre a esta columna) y Humpty Dumpty, ese huevo antropomorfo que bien pudiera servirle como logosímbolo a los uribistas, en la que aquél insistía en que cada palabra usada significaba lo que él deseaba que significara; por lo que ella quería saber si él podía conseguir que “las palabras signifiquen tantas cosas diferentes”. Él concluía que “lo importante es saber quién manda aquí”.

O podríamos devanarnos los sesos tratando de entrever semánticas y estrategias, o recordar lo que hizo cuando fue senador hace más de dos décadas…

O simplemente atenernos a la elementalidad de su exvice, Pacho Santos, y del director del Centro Democrático, Alejandro Arbeláez. El primero vaticina en su videocolumna una nueva era en la que “se refundan unas ideas”. ¿El método sigue inamovible?

Y el segundo fue enfático: “Esto es muy al estilo Uribe: no hay mucho marketing ni muchas estrategias. La idea es constituir un partido político con vocación de poder, de permanencia y un ADN 100% uribista”.

No, la variedad de factores no cambia el resultado: sólo quieren volver para quedarse. La noche que llega…

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Ni conciencia ni memoria

31 Oct , 2013  

Por: Mario Morales
Estaban casi todos aquí. De los 48 nominados al Premio Nacional a la Defensa de Derechos Humanos, más de la mitad de esos héroes anónimos hizo el esfuerzo de venir a Bogotá. (Publica el Espectador)

Pero increíblemente pasaron desapercibidos para los medios y, por su omisión, para el resto del país, no obstante que el Centro de Memoria Histórica estaba lleno de cámaras y reporteros.

Copado el lugar de esas víctimas, en representación de los otros miles de víctimas con rostro y con historia, ya no cabía la disculpa del presupuesto, del tiempo de viaje a las regiones o la falta de coyuntura.

Era lunes. Era el inicio de la Semana por la Paz. Y ahí estaban ellos, los defensores de los derechos humanos, y como suele pasar los restantes días del año, los medios, como si tuvieran una venda, no los vieron.

A la espera de una frase crítica del vicepresidente, allí presente, o de una declaración suelta que llenara un titular, que “vendiera” una nota, se perdieron de las dolorosas historias de ese puñado de colombianos anónimos para “los colombianos de bien”, pero en la mira de los violentos de todas las calañas.

Por eso no pudieron venir todos. Unos, como Angélica Bello, porque ofrendaron su vida, o como Manuel Bautista Pequi, líder de la guardia indígena, despojado de su libertad, o como los del Grupo Interdisciplinario por los DD.HH., destacados en su categoría, que por seguridad se resignaron a ver la señal de Canal Capital.

Por eso el país no supo de Islena Rey, del Comité Cívico de los DD.HH. del Meta, ni de Afavit, otro de los galardonados, que congrega a familiares de las víctimas de Trujillo, ni de tantas otras luchas y tantos dolores.

No. No los quisieron ver, como tampoco quisieron oír la invitación del padre Alejandro Angulo, investigador social del Cinep durante 40 años y por ello premio “A toda una vida”, a no perder la memoria ni la conciencia, porque lo primero origina indiferencia y lo segundo lleva a creer siempre que la culpa es del otro. Casi una profecía.

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A tiro de as

31 Oct , 2013  

Por: Mario Morales
De los tres grandes ases que tenía Santos para buscar su reelección, sólo le queda uno, el más incierto. (Publica El Espectador)

Su primera opción era el apoyo popular, fruto de sus políticas. La rechifla plebiscitaria de la semana pasada, en calles, redes, mentideros y medios, le dejó claro al presidente que perdió el año y que por ese lado, a nueve meses de elecciones y sin equipo humano, se quedó sin tiempo.

La segunda opción era el camino expedito de los diálogos de paz en La Habana. Pero como dijo ayer su negociador, Sergio Jaramillo, las conversaciones viven un momento “crítico”, porque los tiempos no dan ni en lo institucional ni en lo electoral. Y el proceso, en vez de empujar capital político para Santos, se lo sustrae.

Sólo le queda el eventual apoyo de la clase política en torno a su Unidad Nacional, que celebra a rabiar la crisis ministerial, no sólo por la ‘palomita’ en el poder que se podrán dar algunos de ellos, sino porque con la sartén por el mango, entienden que se intensificará la temporada de mermelada.

Y escrito está que es el más incierto, conocida la vocación veleidosa y oportunista de los dirigentes de los partidos que aún pueden respaldar al “buen gobierno” (habría que comenzar por cambiarle el nombre), y que luce como la fachada de su sede, despintada y con goteras, ad portas del invierno.

Le tocará a Santos buscar que lo lleven otra vez en andas, con la mascarada de “darles oportunidad a las regiones”, como dijo ayer el senador Cristo. La diferencia sería que esta vez pagaría por adelantado con carteras y viceministerios. La desconfianza es parte de su legado.

Y si es verdad que ninguno de los candidatos uribistas representa un peligro real (hablando de votos), no es descabellado pensar que emerja una nueva opción para una ciudadanía que ha comenzado a añorar, como hace cuatro años, un candidato distinto.

¿Y quién? Si Peñalosa hace el viraje y Navarro se corre un poco más hacia el centro, podrían acaso catalizar esa “tercera vía” de la que hablaba Santos cuando aún creía en el “buen gobierno”… A tiro de as.

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A cacerolazos

31 Oct , 2013  

Por: Mario Morales
El presidente Santos pudo poner de acuerdo al país… en contra suya. Campesinos, movimientos, expresidentes, opositores y ahora hasta el alcalde Petro se pelean por ser sus nuevos mejores enemigos. (Publica El Espectador)

Encerrado en palacio de cristal y obcecado con su reelección, vía acuerdo en La Habana, se olvidó de gobernar. Por eso la noticia de ayer era que el presidente canceló su agenda para afrontar los problemas. Increíble.

En el entretanto logró, por desidia, prepotencia y falta de liderazgo, casar tantas peleas que el expresidente Uribe parece peso mosca a su lado. Y no tiene en su equipo el gallito que lo respalde. La canciller muestra el cobre, el minagricultura se arrepiente de renunciar y el mininterior… Difícil hablar de él por ausencia de material.

Sin respeto por el conducto regular, ansioso de protagonismo, el séquito santista brilla por su mediocridad. Con razón se escuchan los cacerolazos, ese invento brasileño y chileno en los 60 y 70, reeditado por los argentinos en los 80, masificado por los venezolanos en los 90, y con un asomo en Colombia cuando las “señoras bien” pidieron la renuncia de Samper durante el proceso 8.000.

Esos cacerolazos, en por lo menos siete ciudades , no son sólo apoyo a las justas peticiones campesinas, víctimas del trato displicente del Gobierno y de la brutal represión, que incluye, según la Flip, a 23 periodistas en 13 casos documentados, 10, presuntamente, con origen policial o del Esmad…

Son también señal del cansancio por falta de gobernabilidad, de impotencia por la suma de problemas y de descontento creciente por el naufragio socioeconómico en medio de sermones de prosperidad.

Si no se apura Santos, los cacerolazos de junio, por la salud, y de julio en Tibú, por la problemática social, se extenderán, como lo anuncian madres comunitarias y estudiantes el jueves y maestros el 10 de septiembre.

A menos que quiera ampliar el lema de Barco cuando era alcalde, el de tener un país en marcha…