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Pasar la hoja

29 Abr , 2014  

Por: Mario Morales
Lo que molesta es la falta de ganas, la desidia. En los pobres guarismos de las encuestas está el premio a su desdén.Pero ni así se quejan. Conformes con su suerte, los candidatos presidenciales se fueron por el menor esfuerzo, es decir, maquinarias, clientela y giros.Huérfanos de carisma, no se entiende que no quieran enamorar a sus públicos. Porque no llegar al 30% de favorabilidad a quien marcha acaballado en cuatro años de historia, es vergonzoso. Celebrar porque al cabo de tanto inflamil otros llegan al 15%, es un despropósito. (Publica El Espectador)

Que su imagen no transmita, se les perdona; a veces la naturaleza se ensaña. Quizás sea por eso que las emociones que apenas “despiertan”, según Ipsos Napoleón, sean curiosidad cuando no confusión.

Pero no aprenden. Van de espaldas a la tradición en comunicación política. Tratan a los medios con desprecio. No conocen sus lógicas. No saben de seducción. La truecan por engaños.

Incapaces de hablar sin libreto, creen que comunicar es aparecer o registrar. Echan por la borda ese acervo donde la razón o la emoción levantaron imperios o destruyeron mitos. Confunden propaganda política con publicidad, frases de cajón con ideología y declaraciones con discurso político.

Y sus escasas ideas no saben decirlas hasta los límites del sueño o la utopía. Ignoran que es en el lenguaje, la imagen y el símbolo donde nacen y mueren los grandes proyectos, donde resucitan o se entierran las culturas.

La prueba reina no es que algunos los odien sino que sean más quienes no los conozcan y que sean incapaces de generar opinión, como dice Ipsos Napoleón que les pasa a todos aunque en menor proporción, como es obvio, al binomio Santos-Vargas Lleras.

Que a estas alturas del conocimiento, y con tal grado de infoxicación, haya tanta desconexión con sus gentes, muestra su descomunal ineptitud.

Ni ese desamor quedará para la historia. Sin mensaje y sin afectos, sólo queda el fracaso. Que llegue ya el 2018.

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En olor de gratitud

25 Abr , 2014  

Por Mario Morales

Quizá sólo faltó el Papa a los homenajes póstumos de Gabo.
O quizás sí estuvo (todo es posible, si nos atenemos al carácter clarividente del nobel ya expresado en Los funerales de O tal vez no vino porque no pudo girar la llave como le sucedió con él, a uno de sus antecesores.la mamá grande), aunque esta vez de anónimo en medio de las muchedumbres fervorosas que se empujaron sin pudor para darle el último adiós en Bogotá, México, París o Aracataca un poco después del aguacero. (Publica El Espectador)

Nadie ha querido faltar a la “más espléndida ocasión funeraria que recuerden los anales históricos” para despedir al más grande castellano de los tiempos modernos, si creemos que la patria es la lengua que habitamos, como dijo o citó Gelman, el poeta, para evitarnos el falso dilema de las nacionalidades y de las ideologías que no tocan a los genios.

Para la memoria quedan estos seis días emotivos en los que el planeta en pleno ha rendido homenaje al maestro de la palabra, al re-creador del relato que, parafraseando a Joyce, logró “forjar en la fragua de nuestro espíritu la conciencia increada de esta raza”.

Días en los que Gabo, “demasiado embebido en su eternidad de cenizas para darse cuenta de la magnitud de su grandeza”, pudo recobrar “la momentánea juventud de su fotografía ampliada a cuatro columnas” y dejó a sus congéneres la “lección histórica” de haber hecho bien la tarea: eximio escritor, mejor periodista, padre intachable, esposo entrañable y amigo de sus amigos.

Como la mamá grande de sus creaciones, supo dejar un inconmensurable legado de bienes materiales representados en cada una de sus maravillosas palabras escritas, y la tarea a quienes alguna vez tratamos de seguir sus pasos, de hacer la “enumeración minuciosa de sus bienes morales”.

Nada más, Gabo. Nada menos. Honor al ciudadano del mundo que “vivió en función de dominio durante 87 años y murió en olor de gratitud”. Gracias por siempre, maestro.

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Dependiendo de otros resultados

25 Abr , 2014  

Por Mario Morales
Si todo sigue como va, cuatro factores pueden cambiar el rumbo electoral de nuestro país en las próximas semanas. No serán por supuesto los pájaros variopintos de JJ Rendón, ni las propuestas “novedosas” de la oposición en empleo y disminución de pobreza, ni la bilis del uribismo que lo está llevando a consumirse a sí mismo.Sin cabida para las ideas, serán factores “externos” los que terminen de forjar la percepción de los votantes en el trecho hasta la primera vuelta. (Publica El Espectador)

El primero de ellos, sin duda, es la resolución del tercer punto en la agenda de La Habana. Estratégica y cronológicamente (uno cada seis meses) todo está dado para que se chulee el punto de las drogas ilícitas antes de la primera semana de mayo.

Al tiempo o como continuidad, un eventual acuerdo humanitario (que no tregua bilateral) podría levantar el estado de ánimo electoral. El desminado y noticias sobre los desaparecidos, como propone el CICR, beneficiarían a todos sin sacrificar posiciones de fuerza en Cuba. Así tendrían algo nuevo que mostrar en la gira nacional de los negociadores que ahora se propone.

El segundo punto tiene que ver con el pretendido paro agrario, hoy más politizado que nunca, habida cuenta de los intereses uribistas, con el presunto liderazgo de Fedegán que encontraría así un doble motivo, el electorero y el de desviar la atención sobre exigencias de democratización del gremio y claridad sobre tierras baldías. Si fragua o no fragua el paro, he ahí el dilema.

Un tercer factor de influencia puede derivarse de las marchas de los trabajadores que si, como propone Piedad Córdoba para el 1º de mayo, se “encaminan” a apoyar la paz, revertirían en espaldarazo al proceso y por ende a Santos.

Y si los astros se le alinean al presidente y hay que asumir medidas cautelares de Petro, más allá de su regreso a la Alcaldía, recuperaría parte del enorme terreno que perdió cuando le dio la espalda a la CIDH.

Así paga la soberbia: ahora dependiendo de otros resultados. Eso pasa cuando hay candidatos tan opacos.

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No hay cómo

14 Abr , 2014  

Por Mario Morales

El escenario no podía ser más pobre. Candidatos negados al debate de ideas (en caso de tenerlas) y audiencias ofendidas que buscan el escape por la vía del abucheo, el tomate o el voto en blanco. (Publica El Espectador)

No es por generación espontánea que los públicos abuchearon a Rafael Pardo, fletado para dilatar las elecciones atípicas en Bogotá para que no entorpezcan la reelección; como tampoco lo fue la rechifla contra Óscar Iván Zuluaga (y su ventrílocuo) en la Universidad de Cartagena, o contra Vargas Lleras y Martín Santos (el hijo de “Juan Manuel”) en Rionegro, Antioquia, o contra Uribe Vélez (quien más ha empobrecido el discurso político) en Soacha, Tunja, Palmira, Neiva, Cúcuta, Bucaramanga e intermedias, para citar sólo lo ocurrido en lo que va de año.

No han faltado a estas citas los tomates ni los huevos ni las pancartas ni los coritos que el país ya se sabe de memoria.

A eso nos ha llevado la pauperización del discurso político, acentuado este siglo, por soberbia de los pretendidos “iluminados”, odios heredados o discriminación de las élites a las masas “no pensantes”, hasta llegar a esta etapa inaudita de la no argumentación, del silencio político negativo, de la precariedad en el decir que anula la acción política.

Hoy, sólo a expensas de la engañosa publicidad política pagada, de la edición no pocas veces interesada en las declaraciones mediatizadas o de la propaganda sucia o degenerada, los electores se han quedado sin insumos para ejercer como tales.

De ahí la indignación por el constante insulto a la inteligencia ciudadana escondido tras las negativas “estratégicas” a comparar propuestas, proponer plataformas y exponerse al escrutinio de preguntas e interpelaciones.

Es el peor de los mundos, porque los silencios y la falta de ideas son materia prima de “los de siempre”. Pero, comprendida la inutilidad del voto en blanco y siguiendo el mal ejemplo de sus pseudodirigentes, las masas excluidas del diálogo expresan así su sagrado derecho a no seguir siendo idiotas útiles.

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Juan Manuel vs. Juan Manuel

14 Abr , 2014  

Por Mario Morales

A veces, lo más obvio en la política es lo menos conveniente. Hasta la elección de Vargas Lleras como fórmula vicepresidencial, el camino para la reelección de Santos, incluso en primera vuelta, parecía expedito. (Publica El Espectador)

Asesores y pitonisos pensaron que era aritmética simple: suma de favorabilidades y de regreso a la aplanadora. Pero el abrazo de los señoritos de Bogotá sigue sin digerirse, ni siquiera en el centro del país. Desde entonces, la seguidilla de desaciertos amenaza con llevarlo al despeñadero.

Allá adentro en Palacio, y en muchos de los cocteles, se consideró como ganancia neta la premura con la que el presidente negó la solicitud de la CIDH en el caso Petro. Cierto era que había inconformidad con el exalcalde, pero Santos ignoró la vieja costumbre nacional de defender al más débil cuando hay exceso de fuerza del poderoso. No sólo ahora es su nuevo peor enemigo, sino que le resta imagen en todo el país.

Hace mella también la displicencia en el manejo de las crisis ambientales de Chocó, Casanare y Sierra Nevada. Esa ausencia gubernamental en una tragedia que produce dolor la está pagando con creces.

Se aferra, por último, al proceso de paz como llave para la reelección, pero eso lo pone contra las cuerdas en la mesa de La Habana, como se notó al cabo del ciclo 22 de las negociaciones. Es que “ningún candidato tiene experiencia en procesos de paz”, dijo ayer Santos, y es verdad, ni siquiera él, como ya sabemos.

Aunque aún puntea en la muy confiable encuesta de Cifras y Conceptos, a juzgar por la ficha técnica, todos sus indicadores van de capa caída. Lo salva que no hay ningún candidato que logre concentrar inconformismo y decepción, ni siquiera Peñalosa, que luego de la inflada mediática regresa a sus justas proporciones.

Por ahora, Santos es su mismo peor opositor, empeñado como está en su campaña autodestructiva. Pero eso parece obvio, y lo obvio no siempre se cumple en política. Menos aún con “Juan Manuel”, del que podemos esperar cualquier cosa.

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¿Crisis fabricada?

14 Abr , 2014  

Por Mario Morales

La estrategia era simple: “Fabricar” la hecatombe de Bogotá, a punta de mentiras y “bloqueos” financieros, para luego aparecer como tabla de salvación. Y lo logra Santos sin esfuerzo, sin ideas, a punta de esa chequera que sospechosamente no estuvo en estos dos años al alcance de la ciudad y que es lo único nuevo en su plan de choque de ayer. Es otra clase de mermelada, pero mermelada al fin y al cabo. (Publica El Espectador)

Perdónenme, eso no es habilidad ni cálculo político sino trapisonda que se aprovecha de necesidades y emociones de los capitalinos para mostrar presuntos resultados, con agenda ajena, que Santos no ha sido capaz de ofrecer al resto del país.

La evaluación hecha en este diario por Marcela Villegas, de la Fundación Bogotá Cómo Vamos (que todos avalaban antes de Petro), deja en ridículo la construcción de crisis que hicieron derechas y medios. Demuestra que la percepción de los bogotanos (viciada por adjetivos descalificadores, pero sin pruebas) va en contra de lo que de veras está pasando en educación y seguridad. Pero Santos gira cheques reelectoreros para seguridad, con base en esa errada percepción… Y lo apoyan el desinformado contralor distrital y algunos directores de medios y periodistas militantes.

Dice esa fundación, que no es de izquierda ni petrista, que de verdad, no en percepción, bajó la tasa de homicidios y aumentó la satisfacción por educación pública. Satisfacción que crece, aunque no se crea, en el tema de recolección de basuras. Y sí, Bogotá fue una de las ciudades en que más disminuyó la pobreza, así el mérito no sea todo de Petro, y decreció la desigualdad. Y así…

Pero no aprenden. Fuera de la Alcaldía, Petro y progresistas se siguen equivocando. ¿Cómo es que los secretarios renuncian y dejan el camino expedito a la politiquería? ¿Cómo es que no iban a presentar terna? ¿Cómo es que se acercan a Peñalosa o a la idea de Uribe de constituyente?

Mientras, el puñado de siempre se frota las manos: obras, viviendas, contratos, privatización y reelección. Ah, y fungiendo como salvadores…

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Seguimos de carnaval

14 Abr , 2014  

Por Mario Morales

No hubo tiempo para penitencia.Apenas sacudidos del guayabo por la “fiesta” legislativa, el carnaval extendido de la politiquería para presidenciales se vino encima con su amalgama de disfraces, desfiles y máscaras.(Publica El Espectador)

Por estos días nadie quiere reconocer lo que realmente es y transgrede sin pudor los límites del decoro. De modo que ahora el Centro Democrático aboga por una campaña sin insultos y se disfraza de pastorcito mentiroso dizque denunciando corruptelas y chocorazos. La viga en el ojo ajeno.

El candidato presidente, enmascarado de avión, se sale por la tangente con abstracciones que no le compliquen la campaña, como esa de la reforma política que se diluirá antes de julio. Menos mal ahí están de nuevo los campesinos, su polo a tierra, que con marchas y amenaza de paro, lo aterrizan para que diga si el tal pacto agrario es una cosa de ricos con trasfondo minero, como denuncian pequeños agricultores.

Pero el más innovador es Peñalosa disfrazado de “nada” para ver si tiene calado entre quienes no tienen memoria. Paradójicamente quiere ocultar su factura derechista (probada y demostrada). Siempre en contravía del momentum, echa por la borda la favorabilidad de la opinión cuando ésta precisamente está buscando opción entre las derechas… Así es él, y así su fórmula que dijo no tener tendencia política.

Y como es época de permisividad y del todo vale, no faltan quienes quieran inflar al exalcalde que, según encuesta del Centro Nacional de Consultoría, apenas obtiene la mitad de la favorabilidad de Santos para la primera vuelta, aunque empata con él para la segunda.

Como si no supiéramos que ese fenómeno, netamente emocional, es fruto de la desilusión de la población por lo que eligieron o dejaron de elegir para Congreso; y que es una encuesta castigo, adonde fueron a parar las indignaciones del voto en blanco.

Pero dice esa encuesta que la preocupación principal de la gente, y duplica a los demás temas, es la paz. Y eso, cuando cesen las carnestolendas, será el factor decisivo.

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¿Hay garantías?

14 Abr , 2014  

Por Mario Morales

Es lo que falta y todos piden. Y Gobierno y autoridades no parecen darse cuenta o quieren pasar de agache. Garantías pide Marcha Patriótica para no repetir el exterminio de la Unión Patriótica. Ese movimiento ya registra 29 asesinatos en apenas dos años, por lo menos 15 de ellos a manos de sicarios, además de amenazas e intimidaciones desde diversos flancos de esta sociedad que pomposamente se autodenomina incluyente y plural. (Publica El Espectador)

Garantías pide el Polo para el proceso electoral con el permiso para ir a La Habana y con la propuesta de un canal de información institucional sobre avances de diálogos. Tiene razón en que el candidato-presidente tiene información que los demás no.

Garantías pide la ciudadanía que votó por Petro para tener una defensa debida.

Garantías pide entre líneas el informe de ayer de Human Rights Watch, no sólo para el ejercicio político, sino para la sencilla supervivencia. Y lo hace a nombre de cinco millones de colombianos desplazados en las últimas tres décadas, 150.000 cada año.

Garantías para los que no las tienen, según el informe y según los titulares cotidianos, como sindicalistas, maestros, reclamantes de tierras y manifestantes en paros.

Garantías que no pasan en el espectro ideológico de la mitad hacia la izquierda y que, según HRW, sí parecen tener paramilitares y parapolíticos, a juzgar por “anomalías extremas”, como las llama Vivanco, de la Procuraduría y de ciertos jueces y fiscales que en cambio se concentran en congresistas opositores como Iván Cepeda.

Y para rematar están los abusos de guerrillas y bacrim, que cuando no actúan, intimidan. Difícil pensar en autodeterminación y otros embelecos a la hora de votar en estas condiciones.

No, tener garantías no es la ola de contratitis desmesurada, común por estos días. Es votar y ser elegido más allá de las ideas, en igualdad de condiciones. Pero también es vivir para presenciarlo.

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A lo que vinimos

14 Abr , 2014  

Por Mario Morales
Quizás haga falta pasar de los buenos deseos a propósitos ciertos, como se estila en cada arranque de año. Ya está bien de augurios para el proceso de paz en La Habana, de tuits y de suspiros por la tan “anhelada paz”. Llegó la hora de que cada colombiano deje el tropel diario y entre en la fase de reconciliación que tanto pregonamos. (Publica El Espectador)

Si bien en 2013 tuvimos atisbos de lo que podría ser un país de relativa paz, con las treguas de comienzo y final, y de cifras tan halagüeñas como esa de que hubo 1.057 municipios, 96%, sin acciones subversivas, todavía estamos a kilómetros luz de un ambiente de seguridad ciudadana, de sana convivencia, tolerancia con los vecinos, los familiares y con nosotros mismos.

Los más de 14.000 asesinatos ocurridos hablan de una sociedad insegura, beligerante e irracional. Si el 80% de ellos, según Cerac, es producido por armas de fuego, aparte de la necesidad de la prohibición definitiva de estas armas, hay urgencia de volver sobre la pedagogía de resolución de conflictos. El impacto psicológico, social y hasta económico es brutal, más si la mayoría de pérdidas humanas corresponde a menores de 30 años.

Es absurdo que 5.064 colombianos hubieran perdido la vida en riñas y que Navidad, con más de 5.000, y el Día de la Madre, con cerca de 3.300, fueran las fechas con mayor número de episodios violentos.

Y si sumamos la delincuencia, se entiende que el Consejo Ciudadano para Seguridad Pública incluye a seis de nuestras ciudades, encabezadas por Cali, entre las 50 más peligrosas del mundo.

Sólo la tercera parte, 364 municipios, tuvo un año sin homicidios. Pero eso, antes que un privilegio de unos pocos, es un derecho general que pasa, obviamente, por la solución del conflicto armado, pero que tiene que ver con el talante de cada colombiano, con lo que realmente somos.

Es hora de pasar a los hechos ahí donde podemos, con los que tenemos cerca y con nosotros mismos. Lo demás es pose.

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Se quedaron cortos

14 Abr , 2014  

Por Mario Morales
No solo en fútbol aparece Colombia entre los cinco primeros lugares de las clasificaciones del planeta. Dolorosamente, nuestro país amenaza con ascender de la quinta posición del índice orbital de impunidad del Comité de Protección de Periodistas (CPJ), que si bien se conoció en mayo aún no incluía los vericuetos por donde andan las investigaciones judiciales por asesinatos de nuestros reporteros. (Publica El Espectador)

El índice del CPJ es sencillo, pero diciente; mide los países donde los comunicadores son asesinados y sus victimarios siguen libres. Ha sido prolija, pero siempre insuficiente, la difusión de la desconcertante absolución de los presuntos responsables del asesinato de Orlando Sierra, de La Patria, pero escasa, por no decir inexistente, de otros ocho casos, que al terminar 2014 serán 10, por ausencia de autor en los crímenes contra Jesús Antonio Medina, de Cúcuta, y el locutor paisa Martín Eduardo Múnera, como documenta la Flip.

No hay que creerle al presunto ascenso de 14 puestos en el índice de Libertad de Expresión de Reporteros sin Fronteras, que nos ubica de 129, porque sólo menciona el asesinato de José Naudín Gómez, de Radio Guadalajara, pero no incluye los crímenes contra Edinson Molina, de Puerto Berrío, ni de José Darío Arenas, de Extra del Quindío, que fungía como vendedor, fuente y reportero.

Hay que esperar la consolidación de cifras globales para saber si de veras hubo mejoría en indicadores o disminución en denuncias. Mientras tanto, las 120 violaciones a la libertad de prensa y sus consecuentes 185 víctimas, que registraba la Flip al terminar 2013, son escandalosas, porque aparte de los tres asesinatos, hubo el año pasado, por lo menos, 37 amenazados, 70 agredidos y 49 víctimas de obstrucción al trabajo periodístico.

Freedom House nos incluye entre los países con libertad parcial de expresión. O hay o no hay. Ni mejoría ni regreso a presunta “normalidad”, como evaluó RSF lo que pasó en el mundo. Esta vez los indicadores internacionales se quedaron cortos.