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Ahora sí… llamado de urgencia

30 Dic , 2014  

Por Mario Morales

Es inevitable sentir, gracias a ese airecito que es el espíritu de estas festividades, que todo podrá ser mejor a partir de unas horas. Y digo mejor porque estos 12 meses se nos fueron en suspiros, ilusiones y sudores por la fuerza que hicimos, sin que llegaran a cuajar. (Publica el Espectador)

2013 terminó en suspenso y con esperanza, pero 2014 no fue, salvo por la selección, el año de quiebre anhelado. Es cierto que cierra, aquí y afuera, con los propósitos claros y derroteros definidos, pero mirando más que nunca el reloj… Es lo que suele pasar con los años previos a grandes decisiones. El tictac estentóreo y acucioso de esta noche se extenderá a los próximos 365 días. Hay llamado de urgencia.

No es difícil profetizar que la paz será en 2015 o no será en el mediano plazo. Los términos para la firma de acuerdos, modelo de legitimación y necesarias reformas derivadas de los mismos, estarán cumplidos. No habrá un después para esta generación.

Quizás por eso la “tensioncita” esa que sentimos, y de la cual hablan los deportistas en la antesala de competencias. La misma que deben sentir los casi 7 millones de víctimas que esperan resarcimiento y justicia, las decenas de miles de beneficiarios de vivienda de interés social, de becas-préstamo, de restitución de tierras, y hasta el 1’150.000 de colombianos que sobrevivirán con los $28.336 de reajuste a su salario mínimo legal, pero acaso injusto.

Las mismas sensaciones de los 6 millones de indocumentados en EE. UU., de 12 millones de cubanos o de 31 millones de venezolanos que esperan hechos concretos que mejoren su calidad de vida…

Como si fuera poco, aquí será año electoral, corte de cuentas en las metas de Naciones Unidas, Copa América y hasta coyuntura para nuestro gran Millonarios…

Ahí estarán cifrados nuestros deseos de esta y todas las noches del año que comienza: que el 2015 sea, Dios mediante, el año decisivo que debe ser. Felicidades para todos.

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Personajes en busca de…

16 Dic , 2014  

Por Mario Morales
Como el maestro Carlos Gaviria, yo tampoco estoy muy seguro de que James Rodríguez haya sido nuestro personaje del año. (Publica el Espectador)

Y no es por falta de méritos. El exceso de visibilidad del admirable jugador colombiano, como lo refuerza su campeonato en Google, terminó por opacar o borrar otras opciones.

Me gustó, en cambio, la opción de la revista Time que se la jugó por los luchadores sociales, bien en el campo médico, en la batalla contra el ébola; o en el de los derechos, como los manifestantes de Ferguson.

Y es que en este año crucial, como para el que viene, lo que necesita el país son motores, y de ellos se dan por montones, sólo que no los vemos ya sea por la luz dura de la mediática o por el exceso de mala leche de ciertos politicastros que terminaron por tomarse la agenda informativa.

Habrá quien diga que luchadores somos todos aquí, donde hasta los elementos parecen ir en contra… Pero atenidos a los retos que afronta este país, y que hemos aplazado, habría que buscar nuestros personajes, por ejemplo y en primer lugar, entre las víctimas de todas las violencias, que en medio de su dolor han podido perdonar a sus agresores y ahora lideran campañas de reconciliación… Esa tarea inmensa.

O, entre los luchadores comunitarios y silenciosos, muestra de los cuales tuvimos en Titanes o Misión Impacto para citar apuestas de programas en los canales privados de televisión.

O, entre los ejemplos de superación, ingenio, creatividad o generosidad que de vez en cuando se asoman en los medios, a veces confundidos con el marketing o la propaganda.

Ahí puede estar la respuesta para quienes siempre preguntan cómo darles rostro a las víctimas, cómo visibilizar esos dramas, cómo construir —así sea a fragmentos—, el relato nacional, o cómo narrar los mitos más nuestros… Y perdimos otra vez esa oportunidad.

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Fuera de proporción

9 Dic , 2014  

Por Mario Morales
Como si fuera poco con el invierno que contradijo pronósticos y tradiciones decembrinas de soles y calores, se nos vino encima el chaparrón de fríos baldados que aguaron el inicio de estas fiestas pero sin hacernos caer en cuenta de que no avanzamos como sociedad porque perdimos el sentido de las proporciones. (Publica El Espectador)

El medio centenar de quemados con pólvora; las tres decenas de muertes en accidentes de tránsito, con presencia de alcohol en conductores; las 1.300 riñas y dos heridos con balas perdidas en Bogotá e incremento en otras ciudades durante el puente, no sólo hablan de lo poco que significan para el colombiano la vida e integridad de los otros, sino del estruendoso fracaso, por insuficiente o inexistente, de la política social; la falta de pedagogía y de memoria ciudadana.

Habrá que entender que cuando alguien asocie la identidad colombiana con festividad, suma también imprudencia y alcoholismo, los rasgos distintivos que afloran cuando celebramos en familia.

Y todo ello reforzado por un aparato de justicia que también parece haber perdido el sentido común. Absurdo que un conductor acabe con la vida de cuatro personas, huya del lugar, se le dé detención domiciliaria y que de ñapa se diga que no representa peligro para la sociedad.

Esa pérdida de relación con la realidad se hace extensiva a quienes premian desafiantes a uno de los constructores del trágico conjunto residencial Space en Medellín.

Tampoco cabe en la cabeza que para tomar medidas tributarias el Gobierno tenga que reunirse antes con los empresarios, y ceda a presiones con una reforma que no los moleste. Para no hablar del nuevo remedio presidencial para enfrentar la inseguridad: el curso rápido antirrobos vía internet…

Necesitaremos más que aguaceros, voces airadas en redes sociales y gritos en plantones para despertar a esta sociedad desproporcionada, desde ya inmersa en el modo rumba y animación.

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La dieta nacional

3 Dic , 2014  

Por Mario Morales

Tal parece que 2015 no será el año de la cabra, como dice el horóscopo chino, sino el del sapo, a juzgar por la cantidad de batracios que traerán, y a la carta, los anuncios desde la mesa de La Habana. Sin haber digerido “el sudado” de la retención, liberación y baja del general Alzate, el menú ya anuncia el engorde del ejemplar del delito político para que albergue delitos conexos, como el narcotráfico, que está en la base de la sostenibilidad de la insurgencia. (Publica El Espectador)

Se requiere suficiente sal de frutas para digerir semejante bocado, pero es un paso necesarísimo si se quiere avanzar en lo que resta de agenda.

No menores en tamaño serán los asuntos atinentes al DDR, o desarme, desmovilización y reintegración; o de la inclusión en igualdad de condiciones de todos los actores armados que actuaron ilegalmente. Ni qué decir de los delitos de lesa humanidad…

Negar que habrá dosis de impunidad, como repite el presidente, es querer tapar el sol con un dedo. Esas decisiones habrá que tomarlas más temprano que tarde si miramos el calendario.

Junto a ellos hay otros sapos de menor cuantía que harán parte de la dieta nacional: aceptar la visibilidad del procurador y su pacto nacional de paz, iniciativa que se dejó arrebatar increíblemente el Gobierno. Y luego el protagonismo de los lagartos y oportunistas de siempre, que muy pronto querrán dejar ver una súbita conversión…

Pero el sapo que el país no debe dejar servir es el de la desinformación y la falta de pedagogía. El Gobierno reconoce, con cinismo y repartiendo culpas, que el 65% de colombianos no tiene idea de lo avanzado; un auténtico fracaso, así Santos lo quiera compartir con los medios.

Sí, el periodismo tiene responsabilidad en la calidad informativa, pero la iniciativa, coordinación, empuje y responsabilidad son todas de este gobierno, que se ve somnoliento y “empachado”, como dicen las abuelas, por lo que ha tenido que tragar hasta ahora… ¡Y lo que le falta!

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De escraches y postureos

3 Dic , 2014  

Por Mario Morales

Postureo. Ni sonoro ni poético, pero qué más da.
Es el término, entre los que propuso la Fundéu BBVA del español urgente, para ser la palabra del año que mejor nos define. Es, como casi todas los opcionados, un neologismo que está asociado al significado de pose, impostura y apariencia. Toda una cultura mediatizada y espectacularizada en ocho humildes letras. (Publica El Esepctador)

Que la coronen y que la admitan que uso tiene y por montones en diccionarios, biografías, perfiles y entrevistas, a despecho de otras postuladas como la trasnochada “selfie”, que ya fue elegida como la palabra en inglés en 2013 por los diccionarios Oxford. Ahora en redes sociales hablamos de Usie (o selfi en grupo), como la convocada por Ellen Degeneres en la entrega de los Oscar y que es la imagen más retuiteada de la historia.

Si bien la fundación no busca belleza, sino actualidad y uso frecuente en los medios, las otras palabras tampoco hacen méritos estéticos: amigovio, dron, nomofobia, impago, apli o árbitra. Se salvan, por sus efectos, el verbo abdicar, y por la nostalgia, el sustantivo superluna.

Hace un año fue elegida la palabra escrache, ignorada en estas latitudes como vocablo pero muy practicada, toda vez que es algo así como protesta en la casa u oficina del “culpable”. Parecido a nuestros plantones, cuando los indignados dejan la pereza virtual y se echan la caminadita.

Menos mal no se enteraron de los resultados del Liderómetro de GNI, que encontró que el 19% de 6.535 columnas en 11 medios del país tenían al presidente como el más popular. No fuera a ser que por culpa del 61% de esos artículos que hablan mal del mandatario, la palabra “Santos” adquiriese connotación negativa. O que el popular vocablo “Petro” corriese igual suerte por las 722 columnas que rajaron del alcalde. Lo mismo que el término “Uribe”, que fue objeto de críticas en cerca de 1.080 artículos de opinión.

Quizás haya que hacer más escraches para que recobremos la belleza de las etimologías y sonoridades de nuestro idioma, antes de que las tendencias digitales hagan del postureo nuestra única seña de identidad. Ah y Feliz Navidad.

@marioemorales

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Reconstruir los mínimos

1 Dic , 2014  

Por Mario Morales
No. Santos no rompió la confianza, como escribió Timochenko, porque confianza no ha habido entre los negociadores, ni de parte de la población.Sabido es que la desconfianza está en la base de las múltiples razones de la guerra, del pesimismo, de nuestra descomposición política y social, del medaunculismo que vimos estos días de buena parte de la población frente a la suerte de las negociaciones. (Publica El Espectador)

Y ese, en lo que va y en lo que resta, es el reto clave para las dos partes dialogantes en medio de la crisis que no termina: construir unos mínimos de confianza para volver a la base del acuerdo si es que quieren avanzar.

Lo primero, a la espera de que la liberación del general Alzate salga bien, como la de los soldados de Arauca, es pañetar los tres boquetes que abrió la coyuntura:

1. El de la fragilidad y el carácter ad hoc de las reglas de juego. Y confianza es refrendarlas, no ampliarlas.

2. La herida abierta que reclaman ambos bandos y que querrán seguir aprovechando quienes vestidos de civil o camuflado aquí adentro se oponen a las conversaciones.

3. La incidencia propagandística de “los actos de guerra” y “gestos de paz” que se ciernen sobre la mesa como espadas de Damocles.

Ya tuvimos suficiente de embelecos y de barnices. Nos cansamos de las medidas, acciones o decisiones temporales. Ganar confianza significa dejar de hablar en borrador. Si se implementan acciones, así fueren unilaterales, que sean definitivas. Que prime el pragmatismo. De vuelta a la confidencialidad. Que los comunicados sean compartidos. Que ahora sí comience la pedagogía proyectada en el gesto de #soycapaz.

Y que en medio del pulso por llegar fortalecidos a la parte decisiva de la agenda, guerrilla y Gobierno dejen amenazas, subjuntivos y condicionales. En fin, que retomen las bases del acuerdo y defiendan esos mínimos, a ver si por fin avizoramos el punto de no retorno.