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De populismos y censura

17 Feb , 2015  

Por Mario Morales

Una cosa es el debate vehemente y otra muy distinta el escalamiento de agresividad que está alcanzando límites de crispación con cualquier disculpa. (Publica El Espectador)

La primera víctima es la libertad de expresión. Como ha pasado con quienes piensan distinto, y en posiciones opuestas, acerca de temas como la adopción por parte de parejas gais, el incremento de penas a victimarios de niños, el toreo o la ancha cobija de justicia transicional para todos los implicados en el conflicto armado interno. En el contexto civilizado que decimos defender, expresar opiniones o sentar posiciones en una u otra dirección no deberían ser causas del berenjenal que tiene agitado el cotarro.

Y ya estamos llegando a extremos: decisiones con matices de censura previa, como en el caso del columnista “renunciado” de El Colombiano, o exposición de grabaciones clandestinas de opiniones de docentes, como ocurrió en la Universidad de la Sabana, atentan no sólo contra la libertad de expresión sino que van en desmedro de espacios señeros en una sociedad que se piensa en términos de derechos.

Poder decir lo que se piensa con argumentos y ponerlo en tela de juicio fue la democracia que a nosotros nos dijeron. Se equivocan quienes desde orillas extremas y recurriendo a matoneos, descalificaciones o apabullamiento buscan el silenciamiento de opiniones diversas o contrarias.

La acumulación de informaciones fragmentadas, y pocas veces de calidad, así como las turbas reales o virtuales, generan emociones que truncan el diálogo constructivo y nos devuelven al escenario primitivo de la eliminación (así sea simbólica) del contrario. Más aún si lo que se propone está impregnado de populismo jurídico, o busca ambientar climas de opinión o ensuciar el debate para provocar caos.

Aunque siempre es mejor la palabra desbordada a los hechos irreversibles, hay que parar. El ambiente está caldeado. Y no faltará el loquito que quiera ir aún más allá.

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De a pedacitos

10 Feb , 2015  

Por Mario Morales

Es, por lo menos, defraudante. Que al cabo de tantas promesas y expectativas tengamos que conformarnos con una fasecita de metro en Bogotá es sólo una muestra del tamaño de los sueños de nuestros gobernantes. A ese paso nos vamos a tener que consolar, si acaso, con una rutita circular. (Publica El Espectador)

Algo es algo, dirán los menos pesimistas. Pero confundir conformismo con sensatez nos tiene como nos tiene. Ni siquiera sabemos si se construiría la primera fase completa. Ya dijo el director del IDU que iría hasta donde alcance la plata. Y que todo depende de los alcaldes que vienen. Imagínense.

Y como a todos les pareció fabuloso el desmembramiento del proyecto, ya proponen disminución de estaciones, ampliación de la distancia entre una y otra, etc.

Pero así somos acá. De a pedacitos. Como el cacareado Plan de (Sub) Desarrollo que discutimos mientras terminan de mutilarlo.

El inventario es largo y pasa por vías de calzada y media, semitúneles, minitroncales de Transmilenio, ciclorrutas de una sola cuadra, máquinas tapahuequitos, tercer canalito privado de TV (a costa del único grande de TV pública), trencito a media marcha, aeropuertos que se quedan chiquitos antes de inaugurarse, préstamos disfrazados de becas, radio pública de una sola frecuencia… En fin.

De por medio está el afán de Petro de licitar antes de mitad de año para dejar puesta la primera piedra. Premura que comparte el presidente Santos así sólo haya, mientras no sigan recortando, dinero para la tercera parte del proyecto.

Para Nación y Distrito todo es susceptible de convertirse en pretexto aparte del presupuesto; así que seguiremos discutiendo la viabilidad del metro en relación con calidad del suelo, trauma en movilidad y costo del pasaje, que sube entre más pequeño sea el proyecto.

Amén de variables como el PIB, encuestas, favorabilidad, clima y veleidades del próximo alcalde. Como embolatado…

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Execrable

4 Feb , 2015  

Por Mario Morales

Se queda corto el presidente Santos al calificar las chuzadas que denunció Semana. No sólo es inaceptable. Es un delito execrable. También y principalmente porque las víctimas son, claro, los negociadores del proceso en La Habana y, por ende, el mismo Gobierno, pero, sobre todo, los colombianos que le apuestan a la paz. Sumado a que los objetivos pudieron ser otros, pudimos ser todos. (Publica El Espectador)

No, no hay y no puede haber ninguna justificación que invoque alguna “ideología racional” para cometer un delito de lesa patria, como hay que considerar este atentado criminal, sin eufemismos ni ambigüedades. No hay lugar para argumentos peregrinos como que es una práctica continuada, o que hay ruedas sueltas, o que se han multiplicado las manos negras.

Hasta ahí el hecho per se, un capítulo que creíamos superado o, por lo menos, restringido en el pasado muy reciente a las legítimas labores de inteligencia propias de un Estado. Pero se agrava hasta el tuétano por venir de donde presuntamente viene.

La institucionalidad, el presupuesto y especialmente la confianza no pueden ser traicionados por una parte de aquellos sobre quienes descansa el deber de proteger a sus compatriotas. Y por quienes en nombre del amor patrio se esconden tras ellos.

El presidente tiene una oportunidad de oro para llegar al centro de la nuez y desenmascarar a los enemigos de la paz y del país, que, agazapados y entre las sombras, se multiplican de generación en degeneración.

Tiene otra para saber quiénes entre quienes lo rodean están con él en la idea de ponerle fin al conflicto. Una más, en continuidad con la anterior, para descontaminar mandos medios y altos.

Pero tiene otra, que ojalá no tome en cuenta, y es victimizarse, esto es, aprovechar esa coyuntura con fines propagandísticos en plena etapa electoral.

Verdad y resultados prontos en esta investigación son su mejor marketing frente a este país que cada vez que quiere levantar cabeza recibe otro golpe desesperanzador.

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¿Ejemplo de ponderación?

3 Feb , 2015  

Por Mario Morales

Comenzó el año electoral en serio. Y no sólo por el calendario. La ponderación evidente en los ciudadanos recientemente encuestados en cinco capitales principales por Cifras y Conceptos lo deja en claro. Se nota que aún no entran en juego propagandistas, publicistas ni la guerra sucia. (Publica El Espectador)

La encuesta que midió opciones para octubre dejó ver también que las mejores evaluaciones durante el año pasado se las disputan los alcaldes de Medellín, Barranquilla y Bucaramanga. Y aunque Petro sale mal librado en los temas más sensibles, como seguridad, infraestructura vial y movilidad, no le van tan mal en vivienda, medio ambiente, servicios públicos y educación. Se raja, sin duda, pero no fue la debacle que pintan detractores consuetudinarios. Tampoco sorprenden los partidores para las próximas elecciones locales. Álex Char barre en Barranquilla, Alonso Salazar puntea en Medellín y Roberto Ortiz hace lo propio en Cali.

Que en Bogotá encabece la intención de voto Clara López con 6 puntos porcentuales de diferencia sobre Rafael Pardo, mientras los demás son duplicados o triplicados, habla de la proverbial madurez política de los capitalinos. López y Pardo, desde orillas bien distintas, son los candidatos de mayor trayectoria, seriedad y coherencia.

Los demás no tendrían opción si se mantuvieran la sobriedad y el decoro. Comenzando por Pacho Santos, que va en caída libre (perdió 3 puntos) sin contar con el desgaste de su partido y la voluminosa imagen en contra. La aparición de Peñalosa sólo mete ruido a la disputa, habla de la falta de gerencia en Bogotá, y se ve opacada por alta desfavorabilidad.

No he mencionado el voto en blanco que, como pasa en estas instancias, tiene los mayores porcentajes de “intención” en todas las ciudades, salvo en Barranquilla. Luego se disolverá inexorablemente.

Por ahora, y sin mediar contaminaciones, los anónimos encuestados dan ejemplo de ponderación a dirigentes y opinadores.