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Por el bien de todos

28 Oct , 2015  

Por Mario Morales
Se entiende que con la autoestima baja luego del mediocre paso de Petro por la Alcaldía, los ciudadanos eleven sus expectativas con el nuevo alcalde.
Tienen todo el derecho. Funciona el meme del cambio aún sin saber con certeza los efectos del mismo. (Publica El Espectador)

Inquieta, en cambio, el alborozo de ciertos sectores de la política y los negocios, líderes de opinión y algunos medios que se sienten trepados en el bus de la victoria. Sus razones tendrán.

Tras el primer aguacero de anuncios, se reafirman algunas dudas en torno al talante y al enfoque del nuevo alcalde. Su espíritu de “constructor” lo ha llevado a prometer lo que ya sabíamos: cemento, ladrillo y ampliación de vías sin que el ciudadano, el ser humano, aparezca en el centro de sus políticas.

La opinión bogotana se tragó el cuento de que el principal problema es la movilidad y por eso recibe con salvas los anuncios en ese sentido, sin ningún asomo de curiosidad por su trasfondo en lo que toca a eventuales intereses políticos o medioambientales, por ejemplo.

No dejan de preocupar esas sondas de ensayo, como la de horas sin carro en horario de pico y placa, dizque para experimentar. Ese no puede ser el arranque de quien dice conocer la ciudad como nadie. ¿Qué hay detrás de ese primer anuncio? Como Peñalosa cambia de opinión con celeridad.

Preocupan también los rodeos reiterados en torno al metro, que hoy está en un “vamos a ver”, y que no se compadece con el mandato de urgencia de los ciudadanos todos estos años. Bien hace el Gobierno nacional al presionarlo diciéndole que la platica ya está. No más propuestas “elevadas”, que aterrice.

E inquieta la cara de satisfacción de Vargas Lleras, su apretón de manos con el nuevo gobernador de Cundinamarca y el aire triunfalista de Cambio Radical…

Que le vaya bien. Eso sí, queda la tarea al periodismo para que ojalá inicie su labor fiscalizadora, incluso antes de la posesión, como hace cuatro años. Por el bien de todos.

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Entre la indolencia y el hastío

21 Oct , 2015  

Por Mario Morales
El dilema entre políticos resabiados y nuevos aspirantes, la pugna entre derechas e izquierdas, el juego invisible por cazar adhesiones de última hora, las veleidades programáticas tras cada debate y hasta peleas de campañas con encuestadoras para las elecciones de este domingo, serían asuntos importantes si fuéramos un país civilizado. Pero no lo somos. Así que factores decisivos como esos quedan relegados, en la percepción de los votantes, por la inminencia de problemas más graves. (Publica El Espectador)

El primero es que no tendremos elecciones en calma, a pesar de la tregua en el conflicto interno. No obstante que el Consejo Nacional Electoral se pellizcó, tarde y con equívocos preocupantes, para bloquear el trasteo de millón y medio de votos, la trashumancia decidirá en buena parte del país.

El segundo es que, como documenta Paz y Reconciliación, hay 152 candidatos en 21 departamentos que representan riesgo electoral, y hay alta probabilidad de que el lunes amanezcamos con cerca de 93 de esos alcaldes elegidos, mientras que candidatos non sanctos a Gobernación llegan a 26.

El tercero que, según Cerac, la violencia contra candidatos y cargos públicos municipales es mayor a la de 2011. Y si a eso le sumamos el recrudecimiento de las otras violencias, la voracidad de los corruptos, la exacerbación de los extremistas y el fuego cruzado de Fiscalía y Procuraduría con pretendidas investigaciones cargadas de señalamientos intimidantes, se entiende por qué está enrarecido el ambiente.

Descreída de esta calma aparente, la población se debate entre la indolencia y el hartazgo por los destinos regionales y locales.

Se entiende por qué a tantos gusta el disfraz de la guerra. Delatados, comienzan a añorar la época en que el conflicto aparecía como el principio de todos nuestros males. Pero, por lo pronto, ya tienen casi aseguradas gabelas por otros cuatro años.

***

Descartados ya dos entre los cuatro opcionados para alcalde de Bogotá, y ante la avanzada autoritarista y clientelista, ejerceré el derecho al voto útil este domingo…

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¿Por qué cae Peñalosa?

14 Oct , 2015  

Por Mario Morales
Si algo en común tienen la percepción popular, la opinión de los líderes y las últimas encuestas, es la caída en picada de la favorabilidad de Enrique Peñalosa, cuyo timing de campaña alcanzó el punto de inflexión en septiembre con las adhesiones de Cambio Radical y los conservadores. (Publica El Espectador)

Ese fenómeno fue un bumerán. Lo catapultó en la creencia de reunir mayorías y, pasada la emoción, lo hala hacia abajo por cargas negativas de avales polémicos en otras regiones y porque terminó de correr al candidato hacia la derecha en el imaginario ciudadano, que lo creía un poco más hacia el centro.

Los puntos que pierde Peñalosa los ganan Pardo y Clara, que también le muerden adeptos a Pacho Santos. ¿Por qué?

Primero, porque “el cambio” prometido no se ve. La estrategia peñalosista de realpolitik (entendida como acomodo a intereses inmediatos en campaña) de desdibujarse en temas espinosos, terminó por hacerlo ver parecido a los otros y contradictorio consigo mismo.

Si va a seguir con el metro, pico y placa, algunos programas sociales por voluntad y otros porque le toca, su distanciamiento radical de los gobiernos de izquierda no es perceptible.

Segundo: obligado como está a asistir a los debates, a riesgo de perder más puntos, demuestra en escena por qué ha sido eterno perdedor en instancias finales: divaga, se dispersa, generaliza, se caricaturiza, no despierta emociones y, en definitiva, no se sabe narrar.

Y tercero, porque, como suele suceder en Bogotá, quienes han ido definiendo su voto en las últimas horas van detrás de relatos verosímiles, coherentes, pero también rompedores, y sus propuestas son planas como la Sabana de Bogotá.

Y, de ñapa, esa frase —eje de su publicidad— de “recuperar a Bogotá” se entiende en varios sentidos, entre los que prima la malicia indígena.

Como están las cosas, vamos para voto-finish; mientras los bogotanos deshojan margaritas entre el despecho por 12 años mediocres de la izquierda y la duda recurrente de estar andando en círculo.

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¿La hora del bajo perfil?

7 Oct , 2015  

Por Mario Morales
El ciclo se repite con monotonía en las elecciones de Bogotá. Va a ser difícil que candidatos y campañas reconozcan errores en esta recta final. Por eso un día es cabeza de turco quien lidera preferencias; otro, los encuestadores; y al siguiente, medios u organizadores de debates. Como siempre… (Publica El Espectador)

Monotonía que refrenda la escasa iniciativa de los candidatos, que no quieren arriesgar, y la abulia de los ciudadanos. No será la agenda la que defina el nuevo alcalde mientras los favoritos sigan en sus zonas seguras.

En medio de esa modorra juegan otros factores, como la imagen, el cansancio por la sectarización, rechazo a endosos clientelistas y el sancocho tradicional, compuesto de encuestas, debates, publicidad y encuadres de líderes de opinión.

Con respecto a la imagen, los cuatro desangelados favoritos no son el mejor ejemplo de carisma y empatía con los votantes. Por eso aquí aparece el subfactor de la imagen negativa, en la que Peñalosa es campeón inobjetable, seguido de Clara López y Pacho Santos. Pardo pasa de agache.

En el segundo ámbito, el período de fatiga por la polarización extrema cocinó en el ambiente el leitmotiv de “No más Uribe y no más Petro”. Aquí nuevamente Pardo sale mejor librado.

En el tercer aspecto, Clara se retrasa por su perspectiva continuista, Pacho se percibe como muñeco de ventrílocuo del furibismo y Peñalosa es leído como caballo de Troya ora de Uribe, ora de las huestes clientelistas del vargasllerismo y otras derechas. Si Pardo se desmarca de ciertas máculas, paradójicamente quedaría como el menos dependiente.

Eso no sólo explica el repunte de Pardo, el único que crece sostenidamente, sino que lo ubica como favorito a recibir de ese 49 % de bogotanos que aún no se decide, según Cifras y Conceptos, el voto desencantado de las extremas.

Queda el sancocho de cierre, mencionado arriba, y la eventualidad de algún guardado. Por ahora, y como no pasaba hace mucho, se impone el bajo perfil.