De los gestos a los hechos

Por Mario Morales
Y sí. Llegó la hora de la verdad, de saber para qué estamos todos en el proceso de paz.De aquí en adelante y en avalancha, en la medida que se desaten los nudos pendientes de lo hasta ahora acordado en La Habana, veremos de a cómo y de a cuánto nos toca. (Publica El Espectador)

Henos en la fase de confianza, como la ha llamado el Gobierno, con el indulto a 30 guerrilleros, que es un paso pequeño comparado con otros a lo largo de nuestra historia —como los 120 que concedió Uribe— y con retos mayores como la implementación de territorios para la construcción de paz que concentrarían a miembros de la guerrilla tras la firma.

A priori, no faltarán apoyos a la iniciativa, sobre todo de quienes esperan que los excombatientes estén lejos de nuestras zonas de confort en las ciudades. Pero no es tan expedita cuando se mira a fondo la solicitud de la insurgencia de delimitar territorios en zonas donde han tenido influencia “en estrecha relación con las comunidades”. Pero, de eso se trata la confianza, ¿no?

Y para ello tendría que servir el fondo de fondos como lo han llamado pomposamente el presidente y el flamante ministro del Posconflicto: para que esas zonas sean sostenibles social y económicamente, y sirvan a la vez como laboratorio de paz.

Pues sí, estamos pasando de los gestos de paz a los hechos de paz. No es fácil, como lo demuestran en actitud egoísta empresarios, un sector de las fuerzas militares —como consta en un video—, y un porcentaje de colombianos que piensan que primero deben asegurar ellos su presente, sus pensiones y prebendas antes que el resto del país.

Estamos ad portas de una época política difícil. Para la muestra dos botones: el boicot permanente en el Congreso del autodenominado Centro democrático, y el candente arranque de los debates en la Comisión primera de la Cámara sobre el proyecto de reforma que refrendará lo acordado en Cuba. Y eso que apenas van a discutir la creación de la comisión especial…

Pues la confianza se gana. Nadie dijo que era fácil…

Veleidades

Por Mario Morales
Que la vida da muchas vueltas lo prueba la veleidosa irrealidad nacional y capitalina. Quién iba a creer, digamos, hace seis meses, que fuera la guerrilla la que levantara la voz por la presunta ralentización del proceso en La Habana. (Publica El Espectador)

Acostumbrada como estaba a poner el freno cuando el Gobierno necesitaba qué mostrar en vísperas de elecciones o de viajes internacionales, hoy la insurgencia percibe, al decir de Timochenko, que hay trabas, aplazamientos y disculpas para abordar la fase final de la agenda. La política es dinámica y las negociaciones también.

Pero, ¿qué puede haber detrás del slow motion del Gobierno cuando sólo quedan cuatro meses para la fecha de cierre del proceso? Presión, por supuesto, como dicen algunos, para superar el escollo de la refrendación, con mecanismos que el Gobierno ha propuesto metamórficamente hasta llegar a esa criatura gris y desaliñada que ahora llaman plebiscito y que Humberto De la Calle sólo salió a medio reconocer hasta el 11 de noviembre.

Esa parece ser la última apuesta de Santos, por razones de tiempo: o eso o nada. Y es que es la guerrilla la que necesita respaldo de largo plazo para los acuerdos, más allá de la palabra presidencial que tiene vigencia de 32 meses.

Por eso el tema central en La Habana no gira en torno a lo sustantivo sino, otra vez, acerca de ritmos y calendarios.

Y el otro motivo para dilatar es la imposibilidad del Gobierno de embarcarse oficialmente en el cese al fuego bilateral por razones políticas, jurídicas y estratégicas.

Mientras, seguirá la tregua tácita, que ha documentado el Cerac desde mitad de año y a la que ha calificado de “casi perfecta”, no obstante los 14 combates que representan disminución del 84% con relación al histórico.

***

Moraleja: Y también por arte de birlibirloque, Bogotá está dejando de ser una ciudad inviable. ¡Ahora resulta que los embalses están en el 76%, que no hay la tal crisis en Transmilenio y que no se necesita un metro! Ver para creer.

Nos vieron la cara…

Por Mario Morales
Una de tres, o los altos funcionarios nos creen ingenuos y nos miran con desprecio, o perdieron el pudor, con ellos mismos -a lo cual tienen derecho- y con la dignidad de sus cargos; o en últimas, así es como piensan. (Publica El Espectador)

Y no se sabe qué es más grave. Por ejemplo, me resisto a creer que, como sugieren diversas voces, el fiscal esté jugando a la propaganda política con estrategias tan burdas que ni siquiera resisten análisis, como la del proyecto de despenalización total del aborto en los tres primeros meses de embarazo, o la revisión del indulto al M-19. Ni un asesor principiante se atrevería a proponer semejantes disparates, insultantes por obvios en medio del escándalo por contratos tanto o más absurdos.

Ahora, si esos asesores existen y el fiscal aprobó esas estrategias, el problema es más grave; no es asunto de decoro sino de idoneidad. Será que esperamos de los dirigentes más de lo que pueden dar. Y ellos mismos también…

La disyuntiva cambia con el alcalde electo de Bogotá. Sabíamos de la animadversión de Peñalosa por el metro y su inclinación por un sistema ya insuficiente como Transmilenio.

No obstante hizo creer, con complicidad del Gobierno Nacional -a punta de extras y anuncios cantinflescos-, que iniciaría la primera línea. Cincuenta días antes de posesionarse, se bajó de su promesa veintejuliera, y otra vez en complicidad y al alimón con el Gobierno, suspendieron el convenio para la estructuración financiera y la configuración de los pliegos de licitación.

De un plumazo van a la basura $135.000 millones de estudios, $9,6 billones prometidos por Santos y la ilusión de siquiera comenzar la obra en el próximo lustro.

Y para rematar, resulta que el tal plebiscito para refrendar acuerdos en La Habana no fue acordado con la guerrilla, que se manifestó abiertamente en contra… Tremendo desgaste. Y después en la Casa de Nariño preguntan por qué es que la gente no apoya el proceso de paz. Nos vieron la cara…

Hace falta claridad

Por Mario Morales
Es contraproducente seguir utilizando la confusión intencionada como herramienta de comunicación política para superar el escollo de la refrendación de lo que se acuerde en La Habana. Ya terminó su vida útil como estrategia para controlar las bancadas opositoras, que han preferido el ausentismo al debate. (Publica El Espectador)

Eso de generar alternativas distintas, significados y comprimidos diferentes cada vez que se habla de legitimación de lo acordado en Cuba, y que también pretendía mover a la guerrilla de la Asamblea Constituyente, donde anda plantada, ha dado lugar a especulaciones, muchas malintencionadas, a desinformación y a un malestar inconcebible con la gente.

Hace falta claridad. Tanta cangrejeadera no puede terminar en desmonte de la refrendación con el argumento peregrino de que ese espaldarazo fue la reelección de Santos. Son cosas distintas: una, el voto era el mandato para explorar un acuerdo de paz, y otra, ratificar los acuerdos, acción que no tiene, como quiere asignársele, aire protocolario. Se trata de garantizar las reformas que se plantean en los acuerdos.

Si hay certeza de que el proyecto de plebiscito, con o sin umbral, es la apuesta definitiva del Gobierno y de su bancada, pues hay que darla a conocer sin ambages.

Ahora, ese desconcierto al transmitir lo que piensa y hace el Gobierno tiene raíces más hondas. Harto bien le haría al proceso que el presidente, con espíritu gerencial, nombrara una cabeza representativa, ya que el general Naranjo no fue, para que se encargue de todo lo atinente al presente y futuro del posconflicto.

O si no, miren lo que está pasando con las mutuas acusaciones de rompimiento de la tregua, así sea unilateral…

Ya es hora de que quienes tienen a cargo comunicación política, pedagogía y posconflicto como tal, lo hablen el mismo lenguaje, se relacionen entre sí y trabajen en la misma dirección. O seguiremos dando tumbos entre las calenturas de cada propuesta y la confusión de la gente que no siente el proceso como suyo.

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