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Contradiciéndose

26 Feb , 2016  

Por: Mario Morales

Dice el Gobierno que no hay crisis económica, y sí que la hay con riesgo de efecto dominó, y que hay crisis en la mesa de La Habana y no parece.Para hablar de los nubarrones económicos utiliza un tonito dulzarrón y recorta, como quien no quiere la cosa, $6 billones del presupuesto, prometiendo lo que no va a cumplir, que no habrá masacre laboral ni afectación de lo social. (Por Mario Morales)

Pues la tal crisis ya se siente en los bolsillos del ciudadano, en las plazas de mercado, en los supermercados y en los salarios de los pobres empleados que no han visto aumento este año a pesar de la inflación y la escalada alcista.

En cambio para referirse a La Habana el presidente habla durito para hacer creer que tiene la sartén por el mango aunque todos sepan que no es así, sobre todo ahora que falta un mes para cumplir el tan mentado plazo que el Gobierno utilizó para meter presión, pero que ahora se le devuelve como un bumerán.

El Gobierno habla de cuatro temas cruciales faltantes, amén de los 42 pendientes que recuerda la insurgencia, que no se pueden despachar así, tan alegremente y en tan corto plazo, sin mirar todos los alcances y entrever todas las implicaciones como acaba de pasar en La Guajira con la pedagogía de la guerrilla a sus tropas.

Mientras tanto el Gobierno comenzó flojo su labor comunicativa a favor del plebiscito; critica las conversaciones polarizadas de los medios, pero se contradice cazando peleas o ripostando a los opositores.

Parece más preocupado por las etiquetas y los poderes milagrosos de las redes sociales para su “conversación más grande del mundo”, que por diseñar una estrategia que le permita, como con el storytelling, construir relatos duraderos e historias convincentes.

Por eso, se percibe más como politiquería tanto su eventual nuevo gabinete como la alianza por la paz de los partidos que le apuestan, sin sonrojarse y en medios de peleas intestinas, tanto a formar parte de este Gobierno como del próximo. Aprendieron la lección.

Analisis,Ética,Lib. expresión

¿Hasta dónde llegan intimidad y periodismo?

18 Feb , 2016  

Por:  Unidad de datos

El video revelado por ‘La F.M.’, que muestra una conversación de contenido sexual entre el capitán de la policía Ányelo Palacios y el entonces senador Carlos Ferro, mientras este último maneja su carro oficial, abre un debate pertinente entre periodistas sobre si era o no necesaria su publicación como prueba de una investigación periodística.

Algunos han considerado que fue excesivo y otros llaman la atención sobre la necesidad de que se analice el video en el contexto de la investigación y no como una pieza por separado. (Publica El Tiempo)

 Vicky Dávila, directora de la mencionada emisora, le dijo a EL TIEMPO: “Tomamos la decisión editorial porque hay unas investigaciones muy profundas que tienen que dar unos resultados a nivel de las autoridades, y es identificar si en realidad esa red de prostitución llamada la ‘comunidad del anillo’, dentro de la Policía, sí tenía a través de un coronel, nexos con políticos. Y si era cierto que a través de presiones a los jóvenes de la Escuela General Santander, él entregaba a los muchachos para hacer favores sexuales a congresistas”.

Agrega que la audiencia en general no se puede quedar solamente en el debate de la vida privada: “Acepto críticas y opiniones diferentes, pero creo que el debate principal es la crisis en la que está la Policía. Mi obligación editorial es que sentí que era necesario publicar el video y lo publicamos ya estando judicializado”.

Mario Morales, director del Departamento de Comunicación Social de la Pontificia Universidad Javeriana, expresó que hay tres aspectos que “contaminan” la decisión periodística para publicar el video: “Es un video inducido, no tiene ningún indicio judicial o periodístico que genere o confirme o dispare algún tipo de investigación; es un video que sobrepasa los linderos de la privacidad y la dignidad con un contexto que no existe”.

Para Javier Darío Restrepo, maestro de la Fundación Gabriel García Márquez, lo primero que se debe tener en cuenta al analizar el tema es que en cuestiones de ética nadie es juez de nadie. Por tanto, el debate se debe centrar en recordar algunos principios para que cada quien los aplique.

“Los personajes públicos tienen un espacio menor de intimidad que la persona común y corriente. La razón de que tengan un espacio menor es que ellos manejan asuntos públicos por los que tienen que responder ante la sociedad”, dijo.

Con relación a si el video tiene que ver con la vida privada del personaje público y por tanto no aporta a la investigación, Restrepo indicó: “Cuando un periodista entra a examinar la vida personal de alguien que está en el sector público debe hacerlo si esto llega a servir al bien público”.

Olga Behar, investigadora y maestra en periodismo de la Universidad Santiago de Cali, sostuvo: “El periodista no debe autocensurarse, en el sentido de que si consigue un documento que soporte la investigación, no debe privar a la opinión pública de esos hallazgos que sirven al sustentar el tema; pero el periodista debe tener la capacidad de editar aquellas partes que comprometan la dignidad y la vida personal de cualquier ciudadano”.

Explica Behar que la probable relación que podía existir entre la ‘comunidad del anillo’ o los favores sexuales por parte de policías y congresistas, si es un tema que se está trabajando en la investigación, el video es una prueba. “Pero con 30 segundos de video es suficiente. Lo demás es exceso y no es buen periodismo”, puntualiza.

Por su parte, el director del periódico ‘El Heraldo’, Marcos Schwartz, señala: “Se debía prescindir del video y bastaba con explicar en un texto lo que representaba. Los detalles que había en ese video, desde mi punto de vista, no son necesarios para hacer entender la información o seguir la investigación. El video es redundante. No era necesario reproducirlo totalmente”.

Fernando Ramírez, editor de Noticias del diario ‘La Patria’, se refiere a la falta de análisis a la hora de tomar decisiones editoriales: “El periodismo es de casuística y hay criterios para cada caso. Si hablamos en este caso, uno ve cierto ánimo vindicativo. Creo que a los periodistas nos sigue faltando la reflexión previa para publicar. Las salas de redacción no pueden ceder la capacidad reflexiva que se debe tener ante noticias complejas. El componente de informar tiene otro pedazo y es el de la responsabilidad social, que poco tienen en cuenta ciertas figuras del periodismo”.

Finalmente, Omar Rincón, director del Centro de Estudios de Periodismo de la Universidad de los Andes, precisa: “La investigación es buena y necesaria, pero el video no es significativo para el caso. Creo que a muchos periodistas los está afectando el síndrome de Watergate. Se ha vuelto de moda querer ser buen periodista tumbando a alguien y no lo de fondo, que para el caso analizado es la presunta corrupción que está ocurriendo en la Policía”.

El debate sigue abierto, porque como lo planteó la directora del portal La Silla Vacía, Juanita León, se abre una polémica sobre los límites de hacer periodismo en Colombia.

UNIDAD DE DATOS
Redacción ELTIEMPO.COM

Fuente:

http://www.eltiempo.com/politica/justicia/periodistas-analizan-si-se-debia-o-no-publicar-el-video-de-carlos-ferro/16512838

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No es suficiente

17 Feb , 2016  

Por Mario Morales

No va a ser suficiente con la firma de la paz con las Farc, ni con el plebiscito que la refrende, ni con el remezón ministerial del gobierno Santos.Esta nación resquebrajada no aguanta más pañitos de agua tibia. Lo que vive el país más que descorazonador es suma de síntomas de una institucionalidad enferma que requiere cambios profundos.

En dos semanas se derrumbó la confianza en entidades llamadas a suscitar mínimos de credibilidad en medio de la inequidad e injusticia que nos carcome.

Luego del escándalo en la Defensoría del Pueblo se reaviva el que tiene atribulada a la Policía Nacional con la investigación que abrió la Procuraduría por tres presuntos cargos contra su director. Se suman a los 12 en los que trabaja la Fiscalía y a la no menos escandalosa renuncia del viceministro del Interior en medio de señalamientos sobre participación de policías y congresistas en la comunidad del anillo. Y a la llamada a calificar servicios de otro oficial por presuntos nexos con armados ilegales.

Pero hay más. Tuvo que venir el Consejo de Estado a suspender una medida irracional como la tabla de avalúos de vehículos. Increíble que en vez de hundirla, funcionarios expertos del sector se empecinaron en su defensa.

Y más. Se supo que en la alcantarilla de Soacha donde murió este año un menor ya había muerto otro hace dos años, como sabemos que mueren todos los años niños indígenas por física hambre, en un país donde se desperdicia millón y medio de toneladas de alimentos al año y el 40% de sus habitantes tiene problemas de nutrición.

Y más. Se dice que el 17% de los licores consumidos está adulterado y que hay por lo menos 270 medicamentos milagrosos, alterados y sin licencia circulando por ahí. Un país que comercia con la muerte.

Y que convive con absurdos como ese de que en el descalabro de Reficar no tuvo nada que ver el Gobierno, ni empresas petroleras, ni interventores ni contratistas. Entonces, ¿quién?

…Y después dicen que no necesitamos reformularnos como país y como sociedad.

Analisis,Periodismo,Por los medios,Publicaciones Periodisticas

Los medios, en deuda

17 Feb , 2016  

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(Por: Mario Morales)  Un estudio del Observatorio de Medios de la Universidad Javeriana concluye que el cubrimiento periodístico del proceso de paz ha tenido carencias, unifuentismo, se ha hecho a distancia y en muchos casos ha generado confusión. (Publica El Espectador)

No hemos hecho bien la tarea. Ni el gobierno en la comunicación política acerca de lo que ha pasado con el proceso de paz. Ni quienes tienen a cargo la pedagogía para saber hacia dónde van las negociaciones. Ni el periodismo para contar lo que está sucediendo, como dice el manido, e incumplido lema de algunos medios.

Lo prueba la indiferencia de la población frente al desafío, que es, a la vez, el sueño cimero de las últimas cuatro generaciones, resumido en esas cuatro palabras repetidas hasta el hastío: la tan anhelada paz.

Pero no son los únicos insumos para analizar cada una de esas tres patas sobre las que descansa la otra mesa, la de la credibilidad de lo que se acuerde en La Habana. También lo documenta una investigación realizada por el observatorio de medios de la Universidad Javeriana que ha monitoreado día a día, desde el inicio de las conversaciones, el cubrimiento periodístico del proceso en los medios nacionales de prensa y televisión.

El estudio muestra que el trabajo periodístico ha tenido carencias, primero porque los medios como el resto del país fueron sorprendidos por un suceso de tal magnitud para el cual no estaban preparados. Segundo, porque el modelo de confidencialidad que ha blindado lo que pasa en La Habana ha sido un obstáculo para acceder a la información con estándares de calidad. Y tercero porque a los periodistas nos ha pasado lo que al resto de ciudadanos, no hemos ido más allá de la cotidianidad para entrar en los terrenos de la previsión y la anticipación.

En ese día a día los medios se han impregnado o representado los estados de ánimo de los colombianos frente al desarrollo de las negociaciones. Partieron de la incredulidad fruto de la larga resaca por el fracaso de las negociaciones en El Caguán, frustración que dio paso al recrudecimiento de la guerra, de la violación de los derechos humanos y al recorte de libertades individuales y sociales.

Con los primeros anuncios de los diálogos se abrió paso en las piezas periodísticas el escepticismo y más tarde la cautela. Con la instalación formal de la mesa vino la exaltación que reencarnaba cada vez que se aprobaba un punto de la agenda, hasta que vinieron los escollos y cundió el pesimismo en titulares y desarrollos, a veces contagiado de determinismo, a veces de fatalismo. De esa manera y al ritmo ralentizado de los anuncios, las narraciones periodísticas han aprendido a convivir en medio de esa bipolaridad pero sin tocar los extremos.

La ausencia de hechos y la escasez de documentos, que no fueran los comunicados o los registros audiovisuales, llevaron a los reporteros a contagiarse de las emocionalidades de las fuentes que cambiaban según el biorritmo de cada ciclo, según las conveniencias en el tira y afloje de las discusiones o en la toma de partido no pocas veces visceral de quienes reaccionaron como oposición.

Las dificultades del cubrimiento in situ llevaron a los periodistas a hacerlo a distancia, especialmente desde la capital, con el riesgo de incluir en sus narrativas los (des)contextos también emocionales según el momento o la coyuntura. Eso explica que momentos de efervescencia como el mundial de fútbol se vieran trasplantados al crecimiento de la favorabilidad del proceso en el monitoreo, y que coyunturas como las de elecciones reflejaran espectros amplios de polarización, o épocas como vacaciones marcaran distanciamiento y disminución de las narrativas mediáticas sobre las conversaciones.

Otro factor evidente, como consecuencia de lo dicho anteriormente, es que haya primado el periodismo de declaraciones que iban cambiando e incluso contradiciéndose con la evolución de la agenda, generando confusión.

Si bien la iniciativa fue de la estrategia gubernamental, los medios asumieron los relatos del proceso de manera personalizada en torno a la figura del presidente Santos de forma que lo afectaba a uno involucraba al otro y viceversa.

Pero quizás uno los aspectos más llamativos del estudio tiene que ver con el encuadre desde el cual siguen narrando los medios. Entrenados durante muchos años en el cubrimiento del conflicto y no pocas veces contagiados por la propaganda política, los medios siguen narrando el proceso desde la perspectiva de adversarios, esto es, de vencedores y vencidos, de enemigos irreconciliables, de buenos y malos.

Claro el mismo gobierno, con la voz altisonante del exmindefensa Pinzón, las rabietas del presidente o el discurso encendido de la fuerza pública abonaron ese terreno maniqueo del cual no logramos salir. Incluso propuestas, como el desescalamiento del lenguaje, hechas en momentos de tensión o indignación no fueron comprendidas y se convirtieron en epicentro de burlas y diatribas.

Ese ambiente enrarecido ha impedido el apoyo a la mesa en tanto que una de las partes sigue siendo deslegitimada como interlocutor válido contradiciendo la lógica de las conversaciones y los acuerdos.

En términos generales a través del seguimiento diario se evidencias rutinas periodísticas alineadas y entrenadas durante años desde esa perspectiva de enemigos, con incidencia de renovados discursos de odio, con sus correspondientes y repetidas formas expresivas, centradas en la sectarización o en la victimización.

Esos acontecimientos son contados de manera episódica, sin solución de continuidad y sin contextos explicativos o nexos de causalidad o perspectivas de futuro.

En esa montaña rusa de sensaciones, signada por acontecimientos cuyo significado va cambiando de valor, los medios se miran unos a otros, se han mimetizado entre sí, reciclan sus rutinas y al cabo de tres años su narrativa es monótona, aburrida, sin regiones, sin rostros humanos, con preeminencia de los comunicados, de las versiones pero sobre todo con la lógica de que toda declaración se merece una reacción, una contraparte bajo el equivocado pretexto del equilibrio informativo.

En la construcción de las informaciones el gobierno aparece como principal punto de referencia por la preeminencia de la voz presidencial, del comisionado y de sus voceros en la mesa, pero escasean las voces y rostros de las víctimas, de la sociedad civil y de la academia. Interesa más la dialéctica de guerra y paz, entendida como contienda entre Uribe y Santos, por ejemplo.

La perspectiva de género no sale bien librada, las fuentes son esencialmente masculinas muy a pesar del protagonismo femenino en diversos frentes que tiene que ver con el (pos)conflicto. Ese protagonismo, cuando aparece narrado, lo hace cundido de estereotipos como el de la vanidad y el eterno femenino, como en el caso de la guerrillera Tanja. Una de las preguntas que deja el observatorio es si esa visión es machista y en esa medida tiene determinados efectos.

Quedó claro que sigue primando el cerofuentismo o el unifuentismo con especial relieve de las fuentes oficiales. Y en lo atinente a las formas narrativas de sujetos y fuentes, las imágenes y descripciones se han ido mecanizando en ángulos, encuadres y adjetivos, de tal manera que parecen repetidas o de archivo, sin serlo.

La dialéctica encendida de las redes sociales ha reemplazado el periodismo de investigación y de interpretación. Sin proponérselo, los reporteros han legitimado como fuentes a redes sociales que no lo son y que, a veces, ni siquiera quieren serlo, como lo describen su presentación. De esta manera el trabajo de campo se ha reducido a las rondas pro internet en busca de reacciones, opiniones personales o comunicados sin el suficiente trámite de verificación o sustentación.

La agenda de los medios nacionales es generalista, apunta a contar el desarrollo de la mesa como tal, sus ritmos, sus tiempos, sus desavenencias y sus polémicas, pero no busca los detalles en los puntos específicos ni en los subtemas, ni en los asuntos relacionados o emergentes producto de la dinámica de las conversaciones.

Como consecuencia de la emocionalidad, se ha instalado la lógica narrativa del conflicto en la que los hechos disruptivos como combates o ataques contra combatientes o infraestructura que antes eran colaterales han pasado a ser temas centrales en momentos de tensión, pero brillan por su ausencia los temas que tienen que ver con acciones de paz, reconciliación y perdón.

Es justo reconocer que hubo un ligera mejoría una vez se aprobó el tercer punto. Se incrementaron los informes, los enviados especiales y crecieron tanto el análisis como los puntos de vista en columnas de opinión y editoriales pero también en la parte informativa con presencia de voces de la sociedad civil. También se ha mejorado en el uso de recursos narrativos y en el manejo del lenguaje. Pero todavía falta …

El observatorio

El observatorio de medios de la universidad Javeriano ha realizado cerca de 15 monitoreos en los últimos 12 años teniendo como referencia los estándares de calidad periodística, con base en el análisis de contenido y las teorías contemporáneas del periodismo. El monitoreo del cubrimiento del proceso de paz arrancó el 1 de agosto de 2012 y se mantendrá vigente hasta la implementación de los acuerdos en 2016.

Inicialmente ha analizado los periódicos nacionales y los noticieros de televisión pública y privada que cubren todo el país. Su trabajo es censal, quiere decir que no toma una muestra sino que observa todas las narrativas periodísticas, incluyendo opinión y caricatura, que han aparecido sobre el proceso de paz y temas relacionados. El investigador principal es Mario Morales y el asesor estadístico es Andrés Medina. Involucra estudiantes de pregrado y posgrado como monitores, asistentes de investigación o que realizan sus trabajos de grado y tesis con apoyo en su metodología. Ha contado con el apoyo del Centro Ático, Cinep, PEP, FNPI, Cifras y Conceptos y Auditsa.

A través de un instrumento de análisis observa la prominencia, encuadre, enfoque, construcción informativa, origen de la información, contexto, recursos narrativos, calidad del lenguaje, temas y asuntos de la información, fuentes periodísticas y ética periodística.

Algunos datos

A lo largo de estos tres años se han observado más de 12,000 piezas periodísticas. Se ha encontrado que el generó más frecuente en prensa es la columna de opinión con un 29 5%, mientras que las narrativas de registro como la noticia aparecen con un 25.4% y la breve con un 15.2%,. El análisis sólo llega a un escaso 6% si se compara con la caricatura, por ejemplo, que alcanza el 7.5%

El interrogante que queda planeado es si las audiencias están recibiendo primero la información tratada, la de posiciones ya establecidas y opiniones fuertes, antes que la información pura y dura y si eso tiene que ver con el grado de polarización en que se encuentra la opinión pública

En televisión el género predominante es la noticia con 69.2%; el análisis aparece en el 1.9% de las piezas.

En prensa el enfoque es neutro en un 51.8% crítico en un 26 5% y parcializado en un 13.3% en televisión es neutro en un 67%, crítico en 23 3% y parcializado en un 4.6%

Si bien en prensa un 37.3% no es posible establecer el origen de la información, en un 20.5% proviene de entrevistas 17.2% de foros, 8.1% de boletines y 1.9% de redes sociales, mientras que en TV el origen estáen las entrevista s en 39%, foros y debates en 24,2%, y ruedas de prensa en un 15, 8% lo que demuestra por qué en las narrativas prevalece el quién sobre el qué.

En prensa el 25.4% de las notas informativas no tienen fuente y el 41.6% o sólo tienen una. Las fuentes son masculinas en un 80% y femeninas en un 10%.
En tv el 11.4% de las notas no tienen fuente y el 50.8% sólo tienen una. El 83% de las fuentes son masculinas y el 10% femeninas.

En prensa, las víctimas aparecen como fuente en un 2% y como sujeto de la información en un 4%, mientras que l gobierno es fuente en un 23% y sujeto en un 19.7%

En TV el gobierno aparece como fuente en un 25% de las notas y como sujeto de las notas en un 17.1, y las víctimas son fuentes en un 3.3% y sujetos de la información en un 5.3%

Qué hace falta

Teniendo en cuenta los resultados del observatorio en relación con lo que exponen teóricos como Galtung o Giró, hace falta tener en las piezas periodísticas múltiples voces, relatos desde las regiones y territorios, dignificar las víctimas, salirse del círculo de la guerra, no replicar la voz de las fuentes, reconstruir la verdad histórica, diferenciar violencia de conflicto, más debates entre distintos, recurrir a otros géneros; el antídoto son las historias, siendo menos reactivos y más proactivos.

Dejar ver al otro, humanizar a todos, maximizar aciertos, adjetivar menos y usar menos eufemismos, más memoria más clima más autoestima, más bases informativas sólidas; hay que llevar las audiencias a la reflexión, hay que ser activos e innovadores y evitar la exhibición de las víctimas o las minorías desde la perspectiva exótica o como pura escenografía. Los medios deben ser escenarios de debate en los temas del conflicto pero también en las agendas de paz.

En resumen, tanto medios como periodistas se deben instalar en puntos de convergencia, de consensos y disensos, en la generación de ambiente, en la reconstrucción de memoria y en la recuperación de autoestima y optimismo.

* Profesor de la universidad Javeriana y columnista de El Espectador.

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Sin bravuconadas

10 Feb , 2016  

Por Mario Morales
Se puede entender que las Farc insistan en la constituyente que refrende lo que se pacte en La Habana como una línea argumental potente para poner en tensión lo acordado hasta ahora con el Gobierno. Pero sería incomprensible que lo convirtieran en inamovible. Tercas son, pero no tontas. Saben que los modos y tiempos no dan, y aplazar la refrendación pone en riesgo todo el libreto. (Publica El Espectador)

¿Qué buscan? O tener margen en la negociación de los muchos pendientes, o inducir una constituyente a posteriori, entendiendo que, como se propuso aquí hace dos semanas y se discute en diversos ámbitos, plebiscito y constituyente no son incompatibles sino complementarios.

En todo caso, el presidente Santos debe saber, con su proverbial cálculo, que ganar el plebiscito le daría la llave del Nobel, pero el reacomodo institucional con un nuevo pacto social le abre las puertas de la historia.

Si Santos mira más allá de junio en Colombia y de octubre en Oslo, entenderá que actualizar (que no refundar) y reestructurar (que no demoler) los ya vetustos acuerdos constitucionales vigentes le permitiría al país soñar con solidez política, dignidad judicial, eficiencia en control estatal, pero, sobre todo, con disminuir la desigualdad que está en la genealogía de todos nuestros males…

Y cimentar los acuerdos de La Habana para que no se queden en disminución transitoria de acciones visibles de guerra. Porque no faltan los miopes que quieran enarbolar banderas desuetas, como el Eln, convertido de súbito en machito de esquina, desconociendo que ahora el país, que ha probado las mieles de la tregua, es más sensible y menos tolerante a actos violentos.

La obcecación de las Farc con el referendo —a menos que sea jugada táctica— y del Eln con sus ínfulas tardías —así sean fuegos de artificio como en Casanare— dejarían a todos haciendo cuentas como la lechera.

No es hora de bravuconadas de ninguna de las partes. Y que el Gobierno, con mano firme, no pierda la compostura con trinitos pendencieros. Templanza…

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Y al fin cuando es el día del periodista ?

9 Feb , 2016  

Retomamos esta columna escrita hace un tiempo a propósito del día del periodista y del debate sobre la pertinencia de esta celebración en un día como hoy.
(Por Mario Morales).

¿Ah sí?, me dijo con rabia mi mujer, ¿lo mismo que hace veinte años?. Sí, le respondí simulando hastío. No era para menos. Había llegado a casa con la espalda enrojecida de tanto abrazo y las mejillas y el cuello de la camisa salpicados de labial. Fue por lo del día del periodista, atiné a balbucear por culpa de los tres whiskies.

Y entonces, me dijo batiendo unos papeles frente a mi nariz, ¿Cómo explicas que en este calendario diga que el día del periodista es el 4 de agosto?

¿Agosto 4? Pregunté tratando de recomponerme. No, que va… ¿Acaso no me viste en televisión ayudando a cargar con el trofeo a toda una vida y a toda una obra? ¿Y no has visto en el santoral que el 9 de febrero es el día de don Manuel del Socorro?

Socorro vas a tener que pedir, me dijo ella, cuando veas que ese es el día de Miguel Febres Cordero, que no fue político sino educador ecuatoriano y autor de libros de textos para quienes, como los periodistas de este país, viven en la luna. Pero el 4 de agosto sí es el día de don Manuel, dije sin convencimiento.

Cuidado con lo que dices, no sea que te escuche Plinio Apuleyo, que no se pierde estas fiestecitas.

El 4 de agosto es el día de Juan… el Bautista, el cura de Ars y de todos lo párrocos. ¿Y entonces? Indagué desarmado. Ese, dijo, es el día que los periodistas creen que se conmemora la traducción de los Derechos del Hombre por Antonio Nariño. Claro, dije entusiasmado, ese sí representa lo nuestro y defiende lo que somos.

Pues fíjate como son ustedes, dijo ella dueña de la situación. Según los historiadores la fecha de esa traducción fue un 15 de diciembre, no un 4 de agosto. Y antes de que preguntes, ese es el día de Santa María Crucificada di Rosa, la fundadora de las hermanitas descalzas, que de pronto sí tiene que ver más con la situación laboral de buena parte de tu gremio.

¿Y entonces cuándo es el día del periodista? dije ya sin argumentos. ¿Dónde quedan las celebraciones, los picos, los whiskies?, ¿y dónde queda el informe de la Fundación para la Libertad de Prensa sobre la profesión en el año que pasó?, ¿y los comunicadores afectados por violaciones a la libertad de prensa en Colombia?, ¿y los amenazados de los doce meses pasados más los que ya van en este año?, ¿y los exiliados, y los que sufren obstrucción en su oficio, y los chantajeados por la pauta oficial, y los vetados por las fuentes estatales?, ¿y aquellos (¿cuántos son?) que no aparecen en esta estadística por miedo, por falta de protección o porque ya es demasiado tarde?, ¿y los miles que se autocensuran y recurren al silencio a manera de autorregulación, de autocensura para salvar el pellejo?.

Yo no sé, aquí el periodista eres tú, dijo ella a manera de epílogo. Lo que sí está claro es que este año ya tuviste suficiente celebración, a no ser que quieras aumentar en uno los casos de agresión a comunicadores, o que te encomiendes a San Expedito, el santo de moda en este país, el patrón de las causas urgentes.

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Todos perdemos

2 Feb , 2016  

Por Mario Morales
El tire y afloje entre voceros del Gobierno y Eln para pasar de la fase exploratoria a la pública en las conversaciones que se iniciaron hace dos años, deja por lo menos tres cosas claras. La primera: aún no está completo ni acordado el qué de ese diálogo. (Publica El Espectador)

La segunda, tampoco el cómo está definido. Lo que para unos son asuntos operativos, para otros son debates de fondo; ejemplo, el desarme o una eventual constituyente para implementar “transformaciones necesarias para la paz”. Y mientras para De la Calle “las condiciones están dadas”, para Santos y Frank Pearl faltan hechos y “varias reuniones” para asuntos instrumentales. No están tan cerca.

Y la tercera tiene que ver con la actitud de ambas partes. A sabiendas de que el proceso de paz con las Farc se afecta si no arrancan en forma los diálogos con los “elenos”, éstos han aprovechado para hacerse de rogar en la perspectiva de entrar más fuertes en la mesa. Es un cordel delgado que puede pescar mayor influencia en inclusión y alcance de los puntos a discutir, habida cuenta de la premura del Gobierno.

Pero es un hilo que se puede romper a causa de la forma despectiva, en relación con lo que pasa en La Habana, como el Gobierno ha abordado este otro proceso. Ante la imposibilidad de reunir las dos mesas (por tiempos y ritmos), el Gobierno esperaba que la inercia de los avances con las Farc y la opinión pública le metieran presión al Eln, pero no fue así.

Si esto no fructifica, seremos todos perdedores. El Gobierno, porque no tendrá la dicha completa; el Eln, porque se queda sin aire con este gobierno y quedaría sujeto al talante del siguiente, y los colombianos, a expensas de los rebrotes de violencia indiscriminada a causa de guerrillas supérstites, grupos de las Farc que no acepten acuerdos, bandas criminales y esas otras violencias que equivocadamente llamamos “comunes”.

Urge menos declaracionitis y reactivación seria de los canales confidenciales para que no quedemos enredados en otra década cruenta antes de volver a empezar.