De transparencias e irrelevancias

De transparencias e irrelevancias

colmarzoPor Mario Morales

No pudo ser más apropiada esa denominación de cartel de los impedimentos que le dio la congresista Ángela Robledo al riesgo que se cierne sobre Bogotá, habida cuenta de presuntos intereses de algunos funcionarios de la administración Peñalosa. (Publica El Espectador)

Riesgo, claro, si se consideran como lo que son, es decir, impedimentos, y si al alcalde no se le da por decir que son irrelevantes, como ocurrió con la propiedad, y el interés personal que conlleva, del secretario de Planeación en la reserva de Van Der Hammen.

Ni el tamaño ni costo ni confesión pública o presunto conocimiento privado que de ese interés tenía la Alcaldía son atenuantes de un despropósito tanto o más grande que la misma intención de urbanizar la reserva natural. Más que el barniz burdo para enmascarar el esperpento, lo que revela la polémica es el estándar ético y paradigma moral que tienen o que aprenden quienes se montan en el potro público.

Así las cosas, parece iluso esperar que den un paso al costado, así fuera temporal, funcionarios del Acueducto, Secretaría de Ambiente o asesores en el desarrollo del proyecto que pudiesen tener intereses por cuotas políticas, relaciones empresariales pasadas o coincidencia de perspectivas presentes, como lo advierte Robledo.

O tan utópico como esperar que del alcalde (en temas de transporte y movilidad) para abajo se desmarquen todos aquellos que pudieran contaminar las decisiones que urge la ciudad.

Esa lista de riesgos es larga, como lo documentó Aurelio Suárez, hace dos meses en estas páginas. Toca sectores como educación, telecomunicaciones, integración social y planeación.

No parece suficiente, alcalde, que esos funcionarios hayan declarado en secreto su cercanía a otros intereses, ni siquiera que lo hagan públicamente. Eso, para decirlo en sus términos, sería irrelevante. Se requiere que se aparten de esas decisiones, en las que deben participar organismos de control y veedurías ciudadanas. Mínimos de transparencia, que llaman. O que llamaban…

Tiempos modernos

Tiempos modernos

tiempos modernosPor Mario Morales

“Asistimos a una época sin igual”, se escucha en las redes, ahora que un presidente negro estrecha la mano de un presidente comunista, impulsados por un papa latinoamericano y progresista, como dicen que decía la falsa profecía de Fidel que circula hace un año. Tres realidades yuxtapuestas e impensables hace un tiempo… (publica El Espectador)

“Vivimos tiempos terribles”, se oye en el primer mundo europeo tras un nuevo azote de la demencia terrorista, y el temor redivivo que se extiende como una nube tóxica por todo el planeta…

“Vivimos tiempos inciertos”, le dice la guerrilla colombiana al corresponsal del New York Times, ahora que nadie sabe, y menos ellos que están en las montañas, en qué van a terminar los diálogos, que pasan días de pasión para superar el síndrome histórico de la chamuscada a la puerta del horno; y que para los ciudadanos a pesar de tanto espaldarazo y tanto apoyo, tienen, por ahora, más rollo que película, como diría el refrán…

Así es la vida en estos tiempos modernos que ya predijo Chaplin. Juntas de seguridad en Europa para copar las bases, mientras Obama y Castro hacen un pulso simbólico en un partido de béisbol. Insurgencia que ha hecho más en estos 40 meses que en seis décadas de guerra: hacerse oír de Obama, de Kerry, el papa, la ONU, líderes mundiales; mientras los combatientes ignoran cómo se van a ganar la vida y si, neutralizada la tenebrosa mano negra, habrá vida para contarla…

Allá, al otro lado del océano, la violencia, partera de la historia, escribe de afán un nuevo capítulo. De este lado, la criatura ya entrada en uso de razón decide el diálogo como forma de solución para ganar en democracia, es decir, en posibilidades reales de participar en política (vale para Cuba y para Colombia), con estándares de derechos humanos, determinación de los pueblos, sin bloqueos económicos, sociales o de oscuros grupos violentos al servicio de intereses particulares…

Aquí declinan unas guerras por razones políticas, allá renacen otras por sinrazones culturales.

¿Renaciendo?

Por: Mario Morales

Nadie puede negar que somos fértiles. Así a veces nuestro hábitat sea más propicio para las malas hierbas y ciertas especies condenadas del planeta que se pasaron a vivir aquí y que, como los virus, aprendieron a mimetizarse y adaptarse para reaparecer florecientes, como si nada, ofreciendo el mismo paisaje contradictorio de siempre.

Sin romperse el círculo vicioso en el que andan los diálogos con la guerrilla (acaso sea cierto que cerrar un acuerdo es siempre más difícil que iniciarlo), habían quedado temporalmente encubiertos la presencia y el poder paramilitares detrás del mote distractor de las bacrim. Pero los asesinatos selectivos de estos primeros tres meses, así como la persecución a defensores de derechos humanos, el desplazamiento y el miedo visceral a los armados ilegales en ciertas zonas rojas, han reaparecido para recordarnos que esa serpiente sigue ahí, viva aunque con ligero cambio de piel.

Como sigue viva la del narcotráfico con la duplicación de cultivos de coca, no tanto por disminución de las fumigaciones como por falta de oportunidades para el país rural, expresadas en otra constante nacional, la de la desigualdad que entrega ese terrible deshonor de ser la segunda nación como mayor inequidad del área, detrás de Honduras. Ahí están juntos el fósforo y el combustible de las otras violencias que esperan agazapadas…

También reverdecen, aunque con otra apariencia, la mala imagen crediticia en el exterior, las veleidosas relaciones internacionales que solo respetamos si nos favorecen, la tiranía con aires mafiosos del intocable transporte público (en concubinato clientelista con el poder nacional y local) y claro, el pesimismo reciclado por ser testigos de la capacidad de adaptación de nuestros males que no sólo se multiplican, sino que siempre terminan mordiéndose la cola. Y, qué ironía, renaciendo…

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Moraleja: Si hubiere paz y si hubiere premio, ¿acaso el candidato no sería Enrique Santos, convertido en bombero voluntario y componedor de entuertos?

A oscuras

Por: Mario Morales

A este paso todos vamos a resultar teniendo la culpa de la crisis energética y del apagón, si es que llega, menos el Gobierno, que es evidentemente corresponsable de la inveterada concepción bananera que tenemos sobre nuestro futuro. (Publica El Espectador)

Corresponsable es el presidente Santos en lo macro como las cuatro últimas administraciones que han tratado el problema con la misma negligencia y el mismo desgreño que el de las cárceles, el microtráfico, los huecos y la inseguridad ciudadana, para no extender la lista.

Esa (falta de) planeación de corte liliputiense hace que nos enfrentemos, cada tanto, como un remolino con la misma piedra.

Pero tan folclórico es el manejo como la solución. Sacar al ministro parece solucionar otros problemas menos el de la crisis de energía. El primero, el de la imagen del presidente, que solo hasta el lunes se asomó por las generadoras de energía, para cañar que estaba al frente de la situación. Y el segundo, para resolver la salida del mentado ministro luego de la investigación que le acaba de abrir la Procuraduría. De dos males, el menor.

¿Y qué va a hacer la ministra encargada en medio del desconocimiento y el caos? Buscar responsables, que seremos todos si no ahorramos el cinco, diez ó 30% que se necesite para tapar con babas toda esta improvisación.

Ahora, que si el saliente ministro de Minas es responsable, que vayan alistando la carta el minhacienda por no meterle la mano, así sea con la retardada reforma tributaria, a la crisis económica. Y Lucho Garzón por la falta de efectividad ante el desempleo. Y la ministra Holguín por la resurrección de la crisis con Nicaragua. Y al mintransporte por la debacle de los avalúos. Y el ministro Cristo por el descontrolado avispero político…

Igual, quienes los reemplacen nos harán levantar el dedo acusador contra nosotros mismos… Como si no supiéramos que responsables somos todos cada vez que reelegimos a esta clase política, a la que hace tiempo se le fueron las luces.

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