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La voz activa

28 Jun , 2016  

Por Mario Morales.

Tienen razón el padre Francisco de Roux y los otros 41 ciudadanos de “La Paz Querida”, el movimiento en pro de una ética ciudadana, de que lo está en juego en estos momentos no es el futuro de Santos ni de Uribe, ni siquiera de Humberto de la Calle. (Publica El Espectador)

Superada la parte dura de la agenda de La Habana, no podemos ser tan miopes y cortoplacistas como para quedarnos discutiendo sobre la gala de la firma final, las orquestas que amenizarán la fiesta, o la etiqueta de los invitados que aplaudirán “a rabiar”

Ya que el Gobierno no pudo, le tocó a la sociedad civil dejar la voz pasiva, comprender los alcances de los acuerdos, proponer y liderar cambios que eviten el reciclaje de las violencias acunadas por prácticas interesadas y corruptas. Pero sobre todo propiciar que el proceso tenga su cariz verdadero, el de punto de partida

Iniciativas hay como esa de La Paz Querida, que pone el acento en la dignidad humana, o la de la Fundación Paz y Reconciliación, que impulsa una reforma de fondo aprovechando el ítem incompleto de participación política que se debate en Cuba, y que no se puede quedar en las calenturas de las nueve curules directas a las Farc o plebiscitos de trámite, sino que vaya a ámbitos más de fondo como los de organización política, financiación de partidos y sistemas electorales.

El paso a seguir no es de las marchas de la victoria o los desfiles en carros de bomberos con lluvias de palomitas blancas, propios de masas desinformadas, sino la organización social con intervención de movimientos, iglesias y academia en la perspectiva de generar ideas e impulsar proyectos que incidan en nuevas políticas públicas.

Ya que no nos preparamos para este reto histórico, es hora de intentarlo.

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No perder el rumbo

21 Jun , 2016  

Por Mario Morales.

Nada es improvisado en lo que dice el presidente Santos por absurdo que parezca. No se trata de chispoteadas, ni de impromptus o fallas de teleprompter, como dijo Antonio Navarro. (Publica El Espectador)

La amenaza de la guerra urbana, la advertencia, este lunes, de los costos económicos de seguir en el conflicto, con el tal plebiscito de por medio, y el anuncio inconsulto de que el 20 de julio es otro día “D” para la firma, forman parte de uno de los platillos de la balanza de su nueva estrategia, para equilibrar la campaña bucólica y almibarada del “sí a la paz”.

Pero no por intencional es afortunada. Puede que la estrategia le funcione. El miedo rinde sus frutos, como lo sabemos los colombianos bajo la sombra uribista y otros especímenes durante dos décadas.

Pero recurrir a las bajezas de la propaganda emocional de las derechas dislocadas, tocando las fibras del instinto y la supervivencia, así sea para darle a tomar de su misma medicina, no le hace bien al proceso en el mediano plazo, porque le hace perder autoridad moral.

Se entiende la saturación cercana a la desesperación en el Gobierno por el sirirí aterrorizante de la falange opositora que dispara todos los días desde todos los flancos. Pero ese tipo de propaganda solo se puede derrotar con la razón, con los argumentos y con la lógica de los hechos. Que es más demorada que el chantaje, es cierto. Que las calendas apremian, es verdad. Pero la paciencia es virtud de los estadistas en momentos cruciales como éste en los que el acuerdo está cerca, aunque faltan los finos detalles de dejación de armas, control de paramilitares, avales de seguridad para la guerrilla, así como el cese bilateral. Es mucho si se mira lo delicado de esos asuntos y es poco comparado con el largo trayecto de estos casi cuatro años.

Ya que los guerreristas no han podido, que los asesores no saquen del rumbo a Santos, y menos con intimidaciones disfrazadas que salvan la coyuntura, pero destruyen la coherencia que es el soporte moral de lo que se viene.

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Para olvidar

14 Jun , 2016  

Por Mario Morales.

Y así, como si fuera un antiséptico, se ha ido colando esa manera tan nuestra de dar cuenta de lo que está pasando como si no quisiéramos que estuviera pasando. O como si creyéramos que decirlo o nombrarlo hace más daño que la misma crudeza de los hechos. (Publica El Espectador)

Por eso no es extraño escuchar al Mindefensa más ocupado en resignficar la etiqueta de los Úsuga, que era como conocíamos a los urabeños, y que ahora han pasado a convertirse en el Cartel del Golfo, como si golfo hubiera uno solo y como si ubicarlo fuera encarnar el mal.

O no es raro oír a los comentaristas, atragantados con esa papa caliente, llamando “polémico gol” a lo que fue una verdadera estafa, una auténtica vergüenza, un insólito robo en el partido Brasil-Perú, y agravado si hablamos de los imaginarios modeladores del deporte. Hasta se oyó decir a especialistas que “qué bueno, que de vez en cuando también roben a los grandes, a los que presuntamente robaron en el pasado”.

Y se volvió común seguir llamando resistencia civil a lo que es un inhumano boicot al proceso de paz. Como es frecuente que se siga llamando “la paz” al “proceso de negociación con las Farc” o “posconflicto” a lo que se viene, sin ponernos a pensar en su utopía.

Y así vamos, viendo cómo denominan “intervención” a lo que no es más que una espantada de consumidores que se han ido a “refundar” (ellos también aprenden) sus Bronx y sus Cartuchos y sus Cinco Huecos donde quiera que los dejen aspirar.

O cómo denominan espectáculo taurino (cuando no insólitamente arte) a ese acto de barbarie que nos describe como sociedad mejor que cualquier estudio.

O cómo seguimos llamando errores a los delitos de esos criminales privilegiados que han pasado a la posteridad en las letras de imprenta como empresarios.

Sí, nombrar se ha vuelto un delicado ejercicio ya no de significación sino de conjuro, cuando no de distanciamiento. Nombramos para olvidar.

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Malos negociadores

7 Jun , 2016  

Por Mario Morales. Si algo queda claro en estos 70 meses de gobierno de Santos es que ser hábil en política no es sinónimo de ser eficiente negociador. Contrasta la aplanadora de la Unidad Nacional, a la hora de los tejemanejes y aprobaciones, con la ya probada ineptitud —a veces fruto del desgreño o la soberbia— del Gobierno cuando se trata de procesos de toma de decisiones como los que están en el origen de los paros que se vinieron encima. (Publica El Espectador)

Hemos dicho hasta el cansancio que el talón de Aquiles de Santos es la comunicación y toda negociación es antes que nada un proceso de comunicación. A cambio de planeación estratégica lo que se percibe es displicencia, tardanza e improvisación en los asuntos que tienen que ver con la población.

Que una de las causas de la protesta de campesinos, indígenas y transportadores, más los que vienen, sea el incumplimiento, habla de carencias en seguimiento, ejecución, rendición de cuentas e interacción con las comunidades en crisis.

Cierto es que a la paquidermia institucional se suma un Gobierno rehén de sus apuestas y tiempos. Como también lo es que conocida su debilidad en el margen de maniobra, ha habido quienes quieren aprovecharse con fines desestabilizadores o con presiones rayanas en el chantaje.

Pero es un contrasentido por donde se mire. Ad portas de recurrir a las gentes para validar lo acordado en La Habana, el esfuerzo del Gobierno debería estar centrado en negociar sus solicitudes y en sintonizarse con sus anhelos, y no embarcado en peleas mediáticas para deslegitimar los movimientos sociales; peleas perdidas de antemano, sobre todo cuando se incremente el desabastecimiento de alimentos y vengan las alzas.

Eso sí, que no nos vengan después con el cuentazo de que la inflación, la disminución en el crecimiento económico y el desempleo son culpa de los fenómeno del Niño o la Niña.

Moraleja: Si algo ha logrado el uribismo es desconcentrar al Gobierno, desgastarlo y forzarlo a esos errores recurrentes.