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Diagnóstico equivocado

29 Nov , 2016  

Por Mario Morales

El problema es el diagnóstico. Culpar a Facebook por informaciones falsas y engaños es señalar al sofá de la infidelidad, así como acusar a cibernautas de su culiprontismo en redes sociales es buscar el ahogado río arriba. Síntomas a priori que llevan a medicaciones contraindicadas como las que ya están aplicando, al decir de The New York Times, gobiernos de Indonesia y África, que se reducen al prohibicionismo que genera más consumo. (Publica El Espectador)

Las redes generan reconocimiento, identidad, conexión y adicción si satisfacen demandas de historias reales o ficticias. Allí, el consumo de contenidos es vertiginoso, desprevenido y, si se quiere, irresponsable en la medida en que los usuarios bajan las defensas en busca de entretenimiento, servicios y, si acaso, información, no ya para gestionar sus vidas afuera, sino para generar conversación pública, experiencia de usuario y goce virtual.

No basta con recomendar al usuario, como propone Wilson Vega, en El Tiempo, “medios de verdad”. Como tampoco la alternativa de apagar el TV o cambiar de canal para huir de contenidos inapropiados, desconociendo su carácter emocional, pleno de claves para vivir (y hablar de) la vida en comunidad. Ojo: vivimos los rigores del maniqueísmo. No es ingenuidad, también hay voluntad.

¿Cuáles son los medios de verdad? ¿Los que mimetizan el infotenimiento validos de falaces métricas de audiencia? ¿Los que gradúan de fuentes legítimas a Twitter, Facebook et al? ¿No son esas prácticas del cotarro de pasillo y del “radio bemba” de siempre? ¿No es el periodista de hoy consumidor voraz, y sin vacuna, de esos mismos contenidos virales? ¿No es cansancio o aburrimiento?

Más que distancia o sanciones, lo que usuarios y periodistas requieren es alfabetización para su uso gozoso y responsable. Ni los medios sociales son el pandemónium ni muchos de los medios tradicionales son ejemplo de verificación.

Urgen audiencias críticas que descontaminen esta época mal llamada de “posverdad”. Como desde el comienzo, y aquí coincido con Vega, hay que entrenarse para enfrentar el engaño, sin perder el paraíso terrenal.

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Ingenuo pero necesario

22 Nov , 2016  

La vida es sueño y soñar que esa pequeña parte del No que se tomó la vocería iba a ceder a favor del nuevo acuerdo de paz era ingenuo pero necesario. Ingenuo porque ya se sabía que no se iban a conformar con perder el protagonismo con el que se autoinvistieron, y porque es claro que van por más, confundidos como están, creyendo que el resultado del plebiscito era un espaldarazo para que conegociaran y luego cogobernaran. (Publica el Esepctador)

Pero también era necesario conversar con ellos para ganar legitimidad en un proceso que ha pretendido ser consensuado, que se debe complementar en los debates parlamentarios y que requiere de avales constitucionales.

Si esa parte de voceros del No realmente está interesada en construir la paz con un “mejor acuerdo” que esta renegociación, que prepare argumentos para debatir en el Congreso o en una mesa paralela con el Gobierno sobre los temas en los que ellos no concuerdan y en los que puede haber, y hay que reconocerlo, mejorías razonables: los que tienen que ver con el secuestro, garantías a los derechos de la mujer sin enfoque de género y las preocupaciones de los integrantes de las Fuerzas Armadas.

Es momento de despojarse de terrores infundados como ultimátums o pateadas a las mesas de diálogo. Las profecías sobre hecatombes, luego de todo lo que ha pasado, ya no son creíbles. Unos y otros deben superar las “formas” en que se han tratado y que se endilgan mutuamente, superar la soberbia del poder o de haber ganado una elección y entender que se necesitan inevitablemente.

Con la cooptación de espacios de violencia, el renacer de acciones paramilitares, asesinatos de policías —van cuatro en Antioquia— y los 70 activistas de derechos humanos, el tiempo juega en contra de todos, de los ciudadanos inermes, de la Fuerza Pública que debe concentrarse en otros quehaceres y de la institucionalidad de este país que se resiste a soñar distinto, así parezca ingenuo, enquistado como está en la pesadilla de odio y de guerra.

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Ponderación, por favor

15 Nov , 2016  

Por Mario Morales

Debe primar la ponderación. Y de eso no tienen en estos momentos los voceros del No y los del Gobierno para mirar con ecuanimidad si son sustantivos los cambios en el nuevo acuerdo de paz con las Farc. Perdida la credibilidad tanto en el denominado “mejor acuerdo posible”, como en el “espíritu constructivo” de quienes se le opusieron en el pasado plebiscito, van quedando pocas alternativas para salir del berenjenal de egos, afanes e intereses en el que se convirtió la renegociación. (Publica el Esepctador)

La primera, escuchar una vez más los reparos de la oposición, para socializar e introducir por última vez aportes, adendas y precisiones que no afecten el grueso del acuerdo y que no obliguen a nueva negociación en La Habana.

La segunda, cerrar el ciclo de discusiones y comenzar el proceso legislativo de refrendación, con la posibilidad de que en los debates parlamentarios puedan incluirse temas y acciones consensuadas sobre la marcha.

La tercera, la más improbable, buscar la mediación con un órgano ad hoc consensuado, que, con plazo y reglas fijas, estudie, integre y avale aquellos puntos donde hoy hay diferencias irreconciliables.

Pero lo que no se puede hacer, y en eso tiene razón Humberto de la Calle, es dejar abierta esa puerta de manera indefinida. No le hace bien al proceso el ritmo atropellado del Gobierno, dejando la idea de barnizado y embellecimiento del primer acuerdo; como tampoco la calma chicha enranchada en la pausa y la demora de quienes quieren confundir la negativa en la urnas al plebiscito con un mandato de cogobierno en la toma de decisiones.

Es menester que la renegociación cuente con el aval de quienes dijeron No el 2 de octubre, pero no al precio de convertirla en la conversación más larga del mundo.

Moraleja: Hemos tocado fondo en el debate por la paz. Ojalá no lleguemos a la mezquindad de involucrar la salud presidencial en estas discusiones.

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Como por no dejar

8 Nov , 2016  

Por Mario Morales

El desdén, la soberbia y la ausencia de reconocimiento en el otro de un interlocutor legítimo tienen en ascuas la negociación del Gobierno con el Eln.
Pero no son los únicos valores básicos de la resolución de conflictos que se han resquebrajado en el tira y afloje mutuo con miras a llegar fortificados al arranque formal de los diálogos que ya va cumplir dos semanas de retraso. El más afectado es el de la confianza por faltas incomprensibles a la verdad y a la palabra empeñada. (Publica El Espectador)

Y son incomprensibles para la inmensa mayoría de los que no conocemos los intríngulis de los acercamientos y que ignoramos los alcances de lo realmente acordado confidencialmente.

A primera vista se antoja que han sido sucesivos los golpes de mano de ambas partes, como la inclusión, aparentemente inesperada, de la liberación de Odín Sánchez como condición para instalar la mesa. Tampoco quedan claro los contextos jurídicos negociados en torno al indulto de dos guerrilleros para que funjan como gestores de paz y que son escollos para el necesario entendimiento que impulse el arranque de las conversaciones.

Unos y otros parecen estar en el proceso “como por no dejar”, a sabiendas de que los tiempos no dan ni en las cuentas del más optimista. Son concientes también que la eventual mesa con los elenos no puede seguir jugando el rol de comodín para elevar los bajonazos de ánimo colectivos ni ser el sombrero del ahogado si no se cristaliza el acuerdo con las Farc, proceso que luce paquidérmico con los más de 500 puntos de los tres temas de la agenda negociados con los líderes del No y que ahora deben ser retocados con las Farc en La Habana.

Esos vaivenes, rectificaciones y contradicciones de micrófono no solo contaminan el ambiente para echar a andar la mesa formal, sino que incide en el distanciamiento, apoyo y credibilidad de la población que muestra síntomas de fatiga por acumulación enlo que tiene que ver con las Farc, y de pesimismo en lo que toca al Eln.

Cuadro clínico que muestra de que no se está haciendo la tarea y que no se aprendió de la pasada lección.

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¿Príncipes o plebeyos?

1 Nov , 2016  

Por Mario Morales

Y entonces uno quiere huir de esa parafernalia del protocolo en que nos metió el presidente Santos con su visita a Londres y se encuentra con esas tribunas atestadas donde se proclama o practica el nuevo deporte nacional, el del matoneo. (Publica El Espectador)

Por eso no es fácil vivir en esta sociedad, si hacerlo significa, representarlo con los modos de decir o los modos de ver que muelen los medios exultados por el boato de la visita presidencial o por el barroco excesivo en los gestos, ademanes y en esa solemnidad tan ajena a este trópico desabrochado que, no obstante, reserva un rescoldo para los suspiros de estas generaciones nuestras criadas a punta de cuentos principescos, heráldicas y blasones. Soñando con lo que no somos, como en las encuestas.

Una paradoja, si la comparamos con ese modo interior, inveteradamente soliviantado y pelión que tratamos de ocultar, pero que termina aflorando ante la menor disputa o el más pequeño disparate. Primero fuimos maestros en la envidia, como dijera Cochise; luego expertos en la criticadera, como lo sabemos todos; pero vamos a graduarnos en el vulgar matoneo que a veces pasa de las palabras a los hechos como lo demuestran esas ocho muertes diarias a cuchillo, casi seis por culpa de riñas.

Y comienza con el terror infligido a personas con orientaciones sexuales distintas en colegios, como se ventila esta semana. O a los que piensan distinto, como ese absurdo ataque de los autodenominados antifascitas contra manifestantes que reivindicaban el No en el plebiscito. O a los hinchas del fútbol como hacen esos vándalos disfrazados de barristas, como los que decían ser del Pereira luego de la derrota en Techo. O de los poderosos, al estilo Uribe, que arremeten contra el periodismo, descargándose en el mensajero. O de los anónimos como tratan de hacer contra la frentera escritora y docente Carolina Sanín.

No, definitivamente no somos los protagonistas de los desfiles en palacios y principados desuetos. Somos estos plebeyos que no nos soportamos unos a otros.