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Calidad informativa: ¿Una utopía?

9 May , 2005  

La celebración del día de la libertad de prensa, la semana pasada, es la excusa perfecta para evaluar la calidad de la información. Columna del académico Germán Ortiz.
Por Germán Ortiz Leiva
Publicado en Revista Semana

El contexto

Hace unos días a propósito del Día Mundial sobre Libertad de Prensa, la organización Reporteros Sin Fronteras (RSF), publicó su último informe sobre las condiciones de seguridad de los periodistas en el mundo en zonas de abierta guerra -caso Irak -, conflicto persistente – Colombia-, frágiles democracias – Haití -, o que padecen regímenes autoritarios – Cuba, y viejos países de la ex Unión Soviética, lugares todos en donde ser periodista resulta en ocasiones altamente peligroso para preservar la vida sin riesgo por razones propias del oficio, provocar su encarcelamiento o en el mejor de los casos, ser objeto de amenazas veladas o manifiestas por cuenta de los poderes locales y los actores violentos que actúan cerca de los espacios de trabajo de muchos periodistas.

En este sentido, la información se ha transformado poco a poco y en la medida en que se le ha reconocido efectos importantes en las sociedades modernas – sobre ella deciden y actúan los políticos, piensan los ciudadanos, se mueven las naciones – un arma estratégica que pone en tensión el impulso natural de los hombres de saber qué pasa a su alrededor frente al celo de los poderosos que sienten que la prensa y sus periodistas deben ser partidarios de sus causas o de lo contrario merecen la censura y el rechazo. Y aunque la información como tal no sea exclusiva del oficio periodístico ya que otras muchas profesiones se relacionan también con ella y su manejo – corredores de bolsa, administradores de sistemas informáticos – la periodística, se vuelve de valor agregado para el oficio que se pone frente al juego recurrente del poder político.

“El primer deber de la prensa es obtener una inteligencia pronta y correcta de los hechos de actualidad e, instantáneamente, revelarlos para hacerlos patrimonio común de la nación” resaltaba un editorial del periódico The Times en Londres en 1852. De ahí que esta información, la periodística, se vuelva más valiosa no sólo porque va dirigida al público y a la opinión de las gentes, sino porque además sino fuera por ella, estas gentes jamás se enterarían de “algo” que probablemente no sabrían si los medios de comunicación no se lo informaran. La información en este sentido resulta de suma importancia tal como lo demostró la historia en la llamada Perestroyka (reforma) de Gorbachov, la cual por ejemplo, no hubiera sido posible sino se hubiera dado bajo un ambiente de Glasnot (transparencia) de la información, que permitió conocer muchos asuntos de la sociedad soviética que por décadas estuvieron ocultos por razones de seguridad nacional y que al salir a la luz pública precisamente dieron al traste con el régimen completo.

Calidad informativa

Pero esta definición de la información periodística del siglo XIX, además nos conduce a entender un aspecto básico de la misma: Su calidad. Tan necesaria para darle más validez social al trabajo de periodistas, redactores y reporteros. Enunciación que para entonces ya identificaba las pautas de las discusiones en torno de la calidad informativa la cual en términos modernos se puede reconocer como la coherencia que de manera ideal debe darse entre los hechos humanos que el periodista reconoce, interpreta y explica y las informaciones de interés público que elabora a partir de tales hechos. Es decir, que no basta con que el periodista transmita como tal, fielmente, tales hechos (el viejo paradigma de la sociedad espejo), sino que además debe darlos como asuntos que trazan lo público porque se hace de muchos y no de unos pocos. Esta coherencia como condición básica a la vez, permitirá evaluar otras características que de manera precisa – objetividad, veracidad, etc.- ayudarán al reconocimiento amplio de la calidad del oficio periodístico y de los productos que se obtienen del mismo

Informar a la sociedad sobre lo que ocurre con todo lo que eso implica en las sociedades actuales no significa otra cosa que decirle a los ciudadanos lo que les puede convenir o no; de los efectos de las acciones de sus dirigentes; de las oportunidades para su bienestar; de cuáles son las peores opciones para sus vidas o de qué resultará mejor para ellos. Es un poco lo inevitable y chocante que resulta del discurso periodístico cuando asume su rol pontificador, cuando habla de la condición humana, sus logros y limitaciones; de lo bueno y lo malo, de lo perverso y lo virtuoso, de lo doloroso y placentero, de lo bello y lo feo, en todos los casos sin renunciar – aunque en ocasiones así parezca o se quiera – a aquello de la condición humana porque esta e irrenunciable y exige un reconocimiento de dignidad y valor.

Pero también es la ocasión para saber hasta donde llega la influencia de los poderosos que se interesan por que sus medios de información cuenten historias acomodadas, parciales e interesadas, que sólo muestren la “historia oficial”, la de los Estados y no la de los ciudadanos. De no ser así, entrarán entonces a amenazar y actuar contra la prensa y los informadores. Denigrarán de ellos y lanzarán advertencias de censuras y regulaciones impuestas. Y un poco más allá, la oportunidad de sentir la presencia de los actores de un conflicto cuyas acciones se dirigirán sin menoscabo hacia los periodistas a quienes consideren parte del bando adversario, que terminan amenazando e intimidando como si fuera un actor más de la guerra.

En general la información ha sido un recurso estratégico para cualquier conflicto. En un país como Colombia en el que es importante contar con el apoyo de gran parte de los ciudadanos para legitimar causas y razones no siempre bien vistas, todos aquellos que tengan que ver con la elaboración y uso de la información, se verán irremediablemente involucrados en sus problemas. Por eso mismo es que el asunto de la libertad de prensa y todas sus expresiones asociadas – derecho a informar y ser informado – se han vuelto cada vez más álgidas en la medida en que el conflicto se profundiza. No en vano desde hace más de un siglo y a propósito de la guerra hispano norteamericana un político advertía: “La primera víctima de la guerra es la verdad”.

Estas amenazas contra su libertad de prensa se reconocen por el número de hechos violentos, amenazas y agresiones que han colocado al país en el mapamundi que la organización RSF exhibe en su portal WEB como zona roja donde hay serias amenazas para ejercer el periodismo. En el 2004 por ejemplo, fueron asesinados 12 periodistas en América Latina. Y aunque Brasil, México, Perú y Haití superaron la cifra de muertos en relación con Colombia en donde sólo fue asesinado un comunicador el año pasado, registramos el 14,6% de las agresiones persistentes, 53 frente a 363 de todo el continente.

Una visión distinta

Pero frente a este panorama, hablar de libertad de prensa puede ser un asunto de oportunidades, porque a pesar de encontrarse el país inmerso en un conflicto social de largo aliento, las empresas informativas han tenido que superar grandes obstáculos por mejorar su desempeño profesional a la hora de cubrir los hechos relacionados no sólo con la guerra, sino con otros aspectos de la sociedad colombiana. Y a pesar de las preocupantes cifras que presenta una organización de carácter internacional como RSF que encuentra que desde hace 10 años, el número de comunicadores muertos en Colombia de manera violenta asciende a un poco más de 50, son muchos los intentos desde los equipos de profesionales, la academia, las organizaciones no gubernamentales y en general la sociedad, para mejorar sus condiciones técnicas, profesionales y humanas que se relacionan de manera directa con las rutinas de elaboración de noticias, manejo de las fuentes, perfección en el uso y manejo del lenguaje, comprensión del conflicto y en general, mejoramiento en los estándares regulares que inciden en la calidad de la práctica periodística.

Para la sociedad colombiana y a pesar de las críticas que se dirijan hacia sus periodistas, le resultará mejor un país que respalde a sus medios de comunicación pero les exija además bajo el principio del bien común, una información transparente que cuide de los ciudadanos y proteja a los reporteros que la hagan. Además, la ciudadanía esperará que dichos canales se amplíen y diversifiquen con lo que se garantizará por supuesto, la pluralidad y la crítica informativa que permita la existencia de una voz disidente que cumpla la función de llamar la atención sobre asuntos que parezcan invisibles a la opinión. Es el verdadero sentido democrático de la información periodística.

Los medios alternativos en este sentido, poco a poco serán fuente importante de datos, contenidos y reflexiones que no suelen estar presentes en los medios convencionales; canalizan la voz ciudadana e impactan en los sectores más jóvenes como los que suelen aprovechar más estos caminos por aquello de la apropiación tecnológica los blogs por ejemplo, los grupos virtuales de discusión, los boletines digitales, las emisoras colegiales, los periódicos murales e incluso las estaciones comunitarias de municipios que pueden replantear la información masiva lejos de los filtros naturales de la información comercial (otra forma de censura) y darla por encima de las amenazas de actores armados, delincuentes o políticos corruptos, como algo de naturaleza pública que debe ser conocida por todos, para configurar una sociedad más justa y equilibrada que permita soñar salidas más creíbles para la comunidad.

Informar antes que Comunicar

Para informar sobre los hechos sociales y hacerlo de forma adecuada, debe entenderse que el periodista se diferencia del ciudadano común no sólo por la intencionalidad de comunicar algo, sino porque además, debe hacerlo verdaderamente. Para lograrlo se toman datos de una realidad de la que el propio periodista hace parte y de la que, de manera subjetiva él como sujeto, considera relevantes para trasmitirlos a una comunidad con interés social y humano.

La escogencia, elaboración y entrega de mensajes que hablen de realidades humanas, debe conllevar verdades implícitas que no deformen ni alejen el entendimiento individual y social de dicha realidad. Informar en este sentido, se convierte en uno de los principios fundamentales del periodismo. De hecho, el asunto conduce a un debate más profundo: la manera como su práctica profesional – recolección de datos del entorno con la intención de someterlos al llamado interés informativo – logra obtener productos periodísticos de calidad para los ciudadanos. Además del tipo de características que debe conllevar dicha información: Confiabilidad, responsabilidad, objetividad, veracidad como criterios evaluativos de la información periodística que parte de la realidad social. No hay que olvidar, que en muchas ocasiones la calidad del producto informativo se compara no tanto con la rutina periodística utilizada o el modo de obtención de los datos como sí con la realidad misma.

Finalmente esta sociedad, la colombiana, no hará nada ni exigirá cambios en las actitudes de sus gobernantes, si percibe unas empresas informativas poco responsables, legítimas y creíbles. En cambio, hará todo lo que esté a su alcance a través de diversos fenómenos de opinión pública si ve en sus periodistas, personas temerarias en el sentido pleno de la palabra y bien dispuestas para dar lo mejor de sí mismas para hacer de Colombia una sociedad con mejor sentido.

* Profesor del Programa de Periodismo y Opinión Pública de la Escuela de Ciencias Humanas de la Universidad del Rosario en Bogotá

PatriaBoba.com

Sumo espectáculo

3 Mar , 2005  

Por Memorin (Publica Semana.com)

No sólo por los anuncios anticipados del deceso pontifical por parte de agencias internacionales (reproducidas por medios nacionales). Un periódico tan prestigioso como el turinés L’Stampa publicó una composición a manera de lápida en su edición del viernes primero de abril.

También es cuestionable la repetición de la imagen angustiada del sumo Pontífice ante la imposibilidad de pronunciar palabra, lo que originó reacciones diversas como la de Vincenzo Marras, director de la revista Jesús, de prestigio en los ámbitos eclesiales italianos: “Siento dos sentimientos fuertes y opuestos: sincera conmoción por Karol Wojtyla (…) y fastidio por la ostentación del dolor.”

O como lo han criticado medios españoles e incluso polacos, por la transmisión casi en vivo y en directo de su agonía y muerte.

Más preocupante ha resultado la presencia permanente de cámaras de televisión, ajenas a todo respeto por la intimidad en lugares impensables como la capilla privada de Juan Pablo II donde yacía su cadáver antes de ser trasladado a la sala Clementina, donde fue expuesto horas más tarde.

El paroxismo luctuoso va más allá de los tres millones de fieles haciendo fila para ver sus despojos, más allá de las 990.000 cadenas en motores de búsqueda en Internet, de los sesenta mil artículos sobre su óbito, y de ser considerado el fenómeno cibernético más seguido después del atentado contra las Torres Gemelas en Nueva York. Para no hablar de la incesante repetición de los rituales, de las cábalas y de los datos que los portales y periódicos refritan cada día.

¿Qué pensaría de ello Karol Wojtila? El mismo que durante 26 años de pontificado derrochó energía y sabiduría. El mismo que en Semanas Santas precedentes criticó la afluencia de gente en la conmemoración de la pasión y muerte de Jesús y la indiferencia de la feligresía el domingo de resurrección. El mismo que repitió tantas veces, que contadas pasarían a engrosar sus innumerables records, que el Altísimo no es Dios de muertos sino Dios de vivos.

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Volvamos al ábaco

23 Ene , 2005  

Por Memorin/Publica Semana.com

Quizás tienen razón en tratarnos como nos tratan, como nos tratamos. Pocos sabemos de nosotros, ni siquiera cuántos somos.

Aterra saber que nadie sabe cuántos pobres hay, para saber a cuántos pobres asistir. Que más de 24 millones dicen los estudios, que apenas veinte millones insiste Planeación.

Que las cifras que maneja la Cancillería y el Dane sobre los colombianos en el exterior difieran en más de 2.700.000 seres humanos parece un chiste cruel. Y eso que falta ver qué datos tiene la Dian de las remesas que mantienen a un buen número (del cual nadie da razón) de colombianos dentro de nuestras fronteras.

Que inteligencia militar diga que entre abatidos, detenidos y reinsertados sumen algo más de 24 mil guerrilleros en los últimos 29 meses, es una prueba fehaciente de que aquí no hay guerra porque la insurgencia ya no existe y quizás tampoco sus auxiliadores, sobre todo si en algunos anales, la cifra de alzados en armas no superaba los 14 mil miembros.

De los desplazados no se puede hablar, también lo están de las estadísticas. El Dane y Planeación saben que las cifras sobre delitos disminuyeron no por falta de ocurrencia de casos y sino por ausencia de denuncias. Quizás las víctimas o sus familiares sí sabían que la impunidad en el país es del 90% como sostienen los especialistas y no del 50% como alegremente dice la Fiscalía.

Habrá que mencionar también el desconocimiento sobre el número de hectáreas con cultivos ilícitos, la cantidad de dólares vendidos a menos de dos mil pesos, el número de armas entregada por los paramilitares.

Por ahora sólo aparecen ciertas las cifras del bajísimo incremento del salario mínimo para el nuevo año y los 1400 millones de dólares millones que dice Forbes que tiene Luis Carlos Sarmiento Angulo, lo que valió su nominación entre los 406 personajes más ricos del mundo.

Cuando se escriba la historia de Colombia entonces tal vez se diga que el nuestro era un país que tenía entre uno y dos millones de metros cuadrados, que tenía entre 30 y cuarenta millones de habitantes, que tuvo un presidente que gobernó entre cuatro y ocho años y que contra todo lo que se diga, desaparecimos antes de poder dilucidar la diferencia entre censar y empadronar.

Y pensar que todo se hubiera solucionado con un ábaco.

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Mirar TV a solas, el gran placer femenino

7 Dic , 2004  

MEDIOS Y SOCIEDAD
Un equipo de psicólogos y economistas reporta hoy lo que muchos saben, pero que no siempre admiten (en especial los científicos sociales): para las mujeres, mirar televisión en soledad es una de las formas más divertidas de pasar el tiempo, mientras que cuidar de los chicos es considerado por muchas de ellas tan aburrido como hacer las tareas del hogar. Los hallazgos fueron publicados en la revista Science, y comentados en The New York Time. La nota puede leerse entera en La Nacion (Argentina).

PUBLICADO EL 6 DE DICIEMBRE DE 2004

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Tiempo estimado de lectura 5′ 0”

Los hallazgos, apuntan en dirección contraria a las investigaciones previas y al conocimiento convencional sobre qué es lo que hace feliz a la gente y por qué, y sugieren que las realidades fundamentales de dinero, matrimonio y seguridad laboral tienen menos que ver con los estados cotidianos de ánimo que con factores como plazos de entrega en el trabajo o calidad de sueño.
El estudio también marca el debut de un nuevo tipo de cuestionario que revela las subyacentes y momentáneas emociones que integran un día ordinario. En este abordaje, llamado el “Modelo de Reconstrucción del Día”, las personas llevan un diario de todo lo que hacen durante el día, desde leer el periódico en la mañana o discutir con los chicos durante el almuerzo, hasta correr para alcanzar el colectivo a la tarde o caer dormido extenuado, con las medias puestas.
Al día siguiente, al consultar el diario, quienes lo han escrito reviven cada una de esas actividades y, usando doce escalas, les asignan un puntaje que revela cómo se han sentido en ese momento: preocupado o relajado, amigable o infeliz, etcétera.
El estudio, que involucró a 909 mujeres de Texas, Estados Unidos, halló que en general estas personas se despertaban un poco malhumoradas, pero rápidamente entraban en un estado de tranquilo placer que se incrementaba durante el día, interrumpido por momentos ocasionales de ansiedad, frustración y enojo.
Como era predecible, el estudio encontró que las tareas hogareñas y enfrentar al jefe eran consideradas como las ocupaciones menos placenteras, mientras que el sexo, las reuniones con amigos y el relax eran las que más les agradaban.
Pero contrario a las investigaciones previas, el estudio halló que para las mujeres mirar televisión solas estaba al principio de la lista de actividades placenteras, más arriba que salir de compras o hablar por teléfono, y que cuidar de los hijos estaba bien abajo, incluso por debajo de cocinar y no muy lejos de las tareas hogareñas.
Una medida del bienestar
Tradicionalmente, los investigadores que han estudiado el bienestar solían hacer preguntas sobre satisfacción, en un intento por determinar la salud de los vínculos o para evaluar las habilidades.
En contraste, el nuevo método de encuesta lleva a las personas a revivir un día normal y a asignarle un puntaje de acuerdo a qué tan alegres, enojados o deprimidos se encontraban al momento de realizar esas actividades.
Al reimaginar esas actividades diarias, en vez de reportar lo que podrían o deberían sentir al respecto, las personas son más honestas sobre el disfrute que obtienen al realizarlas, afirmaron los investigadores.
“Esta es una medición de los estados de ánimo momentáneos, pero no significa que sea la mejor cosa que podrían estar haciendo -dijo el doctor Daniel Kahneman, profesor de psicología de la Universidad de Princeton y principal autor del estudio-. Si usáramos adjetivos como shockeados, excitados o involucrados, seguramente obtendríamos respuestas diferentes.”
Y agregó: “Pero estamos tratando de formarnos una mejor idea o entender el sentido de cómo son realmente las vidas cotidianas de las personas, de qué es lo que hacen con su tiempo en verdad”.
Uno de los hallazgos más consistentes del estudio es que el dinero no cambia mucho la propia percepción del estado de ánimo.
En tanto las personas no estuvieran en una situación de extrema pobreza, la vida material no establece grandes diferencias, y tienden a puntuar su propia felicidad en un rango de 6, 7 o más, en una escala de 10.
Después de controlar otros factores, el doctor Kahneman y sus colegas encontraron que incluso las diferencias en el ingreso de cada hogar de más de 60.000 dólares tienen un efecto reducido en los estados de ánimo cotidianos.
Casamiento y malos sueños
La seguridad laboral también tiene poca influencia, según los investigadores. Y de nuevo, en contraste con trabajos de investigación previos, los investigadores observaron que las mujeres divorciadas reportaron estar ligeramente más alegres durante el día que las mujeres casadas.
Por lejos, los dos factores que más entristecen el ánimo diario son el dormir mal y los plazos cortos de entrega de trabajos. Según la escala que desarrollaron los investigadores, las mujeres que duermen mal reportaron relativamente poca alegría incluso cuando podrían relajarse delante de la televisión o cuando salían de compras.
El doctor Richard Suzman, director asociado de investigación social y comportamental del Instituto Nacional de Envejecimiento, de los Estados Unidos, dijo que si el nuevo método de encuesta demuestran ser sensible a los cambios de la vida en futuros estudios, podría convertirse en una forma de medir la calidad de vida estándar, lo que aportaría un panorama más completo de cómo las nuevas drogas o tecnologías médicas pueden enriquecer u oscurecer el placer en la vida cotidiana.
“Este instrumento debería aportarnos una mejor forma de medir el bienestar”, afirmó Suzman.
El doctor Martin E.P Seligman, profesor de psicología de la Universidad de Pennsilvania y autor del libro “Felicidad Auténtica”, dijo que el método también agrega una dimensión valorable a la comprensión de qué es lo que constituye “la buena vida”. Una parte es el ánimo, dice; otra es cómo las personas se comprometen con lo que están haciendo y una tercera es el significado que le dan.
Seligman, que ha enseñado el Modelo de Reconstrucción del Día a algunos de sus estudiantes, dice además que ese tipo de sistema de medición podría ser muy bien aprovechado como un instrumento en psicoterapia.
“Usando estas técnicas, podemos ver patrones-dijo el psicólogo-. Para algunas personas, es crucial cómo finalizan el día. Para otras, en cambio, lo crucial es cómo ese día ha comenzado.”

Por los medios

Los periodistas son responsables del mal uso general del idioma español

28 Nov , 2004  

Eso afirmó en Uruguay el director del Instituto Cervantes, César Antonio Molina. “Si la gente habla mal es porque los periodistas utilizan esas palabras”, dijo Molina, quien, de paso, se definió como periodista.

“Los periodistas y los escritores tenemos que usar bien nuestro lenguaje porque somos el espejo donde se refleja la sociedad”, sostuvo. En opinión del director del Cervantes, “hay que cuidar que los periodistas escriban y hablen bien y sepan lo importante que es la defensa del idioma”.

A pesar de ese mal uso, “el español goza de una salud radiante”, aseguró, y destacó que “en Estado Unidos ya lo hablan por lo menos 40 millones de personas y en Brasil lo van a hablar como segunda lengua otros 50 millones”.

Molina dijo que el idioma español “ha crecido en el mundo sin que nadie lo ayudara. Hay que darse cuenta que si lo ayudamos un poco, los 400 millones que ahora lo hablan se pueden multiplicar en unos años”, afirmó.

“La única institución que se ha dedicado a la difusión del español es el Instituto Cervantes, a pesar de sus escasos 13 años de vida”, recorldó Molina, de origen gallego y que hace seis meses está al frente del Cervantes.

El académico anunció la próxima apertura de centros de difusión del idioma español en Belgrado, Estocolmo, Praga y Sofía, y a finales de 2005 en Pekín y Shangai, que se sumarán a los 42 centros ya existentes en otras partes del mundo.

El español realizó una breve visita a Montevideo tras participar en el III Congreso Internacional de la Lengua Española que se celebró en la ciudad argentina de Rosario.

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DIAGNÓSTICO DE LA LIBERTAD DE PRENSA EN COLOMBIA Agosto 2004

16 Sep , 2004  

Fundación para la Libertad de Prensa (Flip). Bogotá, Colombia.

De enero a agosto, 49 periodistas han sido víctimas de las 52 violaciones a la libertad de prensa que se han presentado. En agosto, tres periodistas fueron víctimas de alguna clase de violación. Dos de ellos, al parecer por grupos armados ilegales y el tercero por los manifestantes de una protesta.

Por otra parte, se presentó un fallo judicial que podría ser un precedente para que se censuren previamente programas de radio. Pese a que el panorama no mejora, la FLIP continúa su labor de hacer visibles estas violaciones a través de alertas, comunicados, artículos, conferencias y seminarios.

VIOLACIONES A LA LIBERTAD DE PRENSA

Amenazas

El 3 de agosto un periodista de Valledupar -ciudad al noroccidente de Colombia- fue amenazado por desconocidos, quienes llamaron a su jefe inmediato para hacerle llegar el siguiente mensaje: “Muy irresponsable la información que publicaron sobre la muerte del Kancuamo (…) díganle -al periodista- que es mejor que se cuide”. El reportero fue amenazado por presuntamente haber publicado una noticia relacionada con el asesinato del líder Kancuamo Jimmy Arias. La FLIP encontró que, en efecto, el diario sí había publicado una nota al respecto, pero ésta no fue redactada por el periodista a quien amenazaron. La nota fue tomada de un comunicado de prensa que sacó la Organización Nacional Indígena de Colombia condenado dicho asesinato. Sin embargo, el periodista se vio forzado a salir de la región.

• El martes 17 de agosto, el diario de la ciudad de Ibagué (ciudad en el suroccidente de Colombia), El Nuevo Día, recibió una amenaza por correo electrónico en la que decían: “la sindicación temeraria en el sentido que mi patrón había comprado el bloque Tolima de las autodefensas, se paga con la muerte”. El correo se refería a una nota escrita por la agencia de noticia Colprensa y publicada en el periódico, en la que se recogían unas declaraciones del congresista Wilson Borja. El congresista declaró que un grupo de paramilitares conocido como Centauros había comprado a otro grupo conocido como el Bloque Tolima.

La amenaza llegó con membrete de las Autodefensas Unidas de Colombia. Por esa razón, se solicitó al Comisionado de Paz llevar el caso a la mesa de negociaciones en Santafé de Ralito. Los voceros del Bloque Centaruo manifestaron no ser los autores de la amenaza.

Agresiones

• El 9 de agosto de 2004, el periodista de Radio Ipiales, Julio Horacio Bernal, fue agredido por un grupo de manifestantes indígenas mientras cubría una protesta en el puente internacional Rumichaca en la frontera colombo-ecuatoriana, al sur del país. Bernal fue agredido al presentar sus credenciales de periodista, pues los indígenas consideran que todos los reporteros se encuentran aliados con el alcalde de la ciudad de Ipiales, quien, según ellos, es la persona que no ha dejado que Wilson Morales se posesione como gobernador del cabildo indígena. El periodista dijo a la FLIP que fue golpeado con palos mientras los insultaban y que sus equipos fueron retenidos sin que, hasta la fecha, se los hayan regresado.

Decisiones Judiciales

• El programa de radio “El mañanero de la Mega” que se transmite todos los días de 7 a 9:00 am tendrá que adecuar su contenido a las normas colombianas que regulan la radio. Esa fue la decisión que tomó el Consejo de Estado, alto tribunal colombiano, por considerar que el contenido del mismo iba en contra de “la moral pública, las buenas costumbres, los valores, la integridad física y psíquica de la sociedad”. La decisión fue tomada con tres votos a favor y dos en contra.

Los jueces que votaron en contra argumentaron, entre otras cosas, que la decisión del Consejo de Estado es una censura previa sobre el programa radial porque lo obliga a que adecue su contenido antes de ser emitido. Agregó que el tribunal se equivocó al decir que existiera una ley que expresamente prohibiera la emisión de cierta clase de contenidos, pues lo único que hay son unos objetivos generales.

La FLIP coincide con la opinión disidente. La Constitución prohíbe de manera expresa la censura previa; sólo permite una responsabilidad posterior a la publicación. Adicionalmente se debe tener en cuenta que el examen que se hace de un contenido de entretenimiento debe ser diferente al de un contenido informativo, pues se ha dicho que, en principio, la opinión no tiene límites, mientras que la información debe cumplir con la exigencia de ser veraz e imparcial.

Desde el fallo se ha notado un cambio en el contenido del programa. Además, antes de iniciar, se advierte sobre las posibles palabras y el alto contenido sexual que éste puede tener.

ACCIONES PRO-LIBERTAD DE PRENSA

Visita a Arauca

El 9 de agosto de 2004, la FLIP visitó la ciudad de Arauca para participar en el Seminario “Manejo de Información en Áreas de Conflicto y Atentados Terroristas” organizado por invitación del periodista Herbin Hoyos. La FLIP presentó una ponencia relacionada con la cultura de autoprotección entre los reporteros y la importancia del derecho de la sociedad a estar bien informada. En el evento hubo también participación
de académicos, periodistas que han cubierto conflictos armados y conocedores del tema de terrorismo.

Aprovechando la visita, la FLIP habló con los periodistas de la región sobre una campaña lanzada por el Proyecto Antonio Nariño y sobre los efectos que ésta ha tenido en la población. Los periodistas manifestaron estar contentos con los chalecos que se entregaron y las cuñas de radio que se grabaron se transmiten de manera regular en las emisoras. Sin embargo, señalaron la importancia de darle continuidad a esta campaña.

Talleres sobre manejo de situaciones de secuestro

La FLIP fue invitada por la Fundación País Libre a dictar un módulo de protección para los periodistas que participan en los talleres sobre secuestro que organiza País Libre. El papel de la FLIP en los talleres fue la de explicar a los periodistas las formas en que pueden disminuir su nivel de riesgo al desarrollar su labor con el uso del “Manual de Autoprotección en el Conflicto Colombiano” publicado por la FLIP con el apoyo de la UNESCO. La FLIP participó en los talleres realizados el 11, 18 y 25 de agosto.

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Qué tan bueno, qué tan malo el Periodismo encubierto?

16 Sep , 2004  

Los informes de Bogotá subterránea y los artículos a manera de crónica de la revista Soho, en los cuales, lso periodistas cumplen roles específicos, y a veces protágonicos, en la forma de narrar las historias con el fin de “probar en carne propia y de primera mano” un hecho, denuncia o problemática, han reavivado el debate sobre la conveniencia del periodismo encubierto. ¿Qué tanto altera la realidad que quiere presentar el reportero. su presencia, la de una cámara, la de un agente externo? ¿Qué tan dirigida y qué tan espontánea resulta la narración?. ¿Le es lícito al periodista, desde una perspectiva ética, mentir sobre su identidad, profesión e intenciones, con el fin de probar una hipótesis periodística?

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EL QUINTO PODER. Por Ignacio Ramonet

16 Sep , 2004  

La prensa y los medios de comunicación han sido, durante largos decenios, en el marco democrático, un recurso de los ciudadanos contra el abuso de los poderes. Pero en los países democráticos también pueden cometerse graves abusos. El verdadero poder es actualmente detentado por un conjunto de grupos económicos planetarios y de empresas globales cuyo peso en los negocios del mundo resulta a veces más importante que el de los gobiernos y los Estados. Ellos son los ´nuevos amos del mundo´ que se reúnen cada año en Davos, en el marco del Foro Económico Mundial, e inspiran las políticas de la gran Trinidad globalizadora: Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y Organización Mundial del Comercio…
07/05/2004:

La prensa y los medios de comunicación han sido, durante largos decenios, en el marco democrático, un recurso de los ciudadanos contra el abuso de los poderes. En efecto, los tres poderes tradicionales -legislativo, ejecutivo y judicial- pueden fallar, confundirse y cometer errores. Mucho más frecuentemente, por supuesto, en los Estados autoritarios y dictatoriales, donde el poder político es el principal responsable de todas las violaciones a los derechos humanos y de todas las censuras contra las libertades.

Pero en los países democráticos también pueden cometerse graves abusos, aunque las leyes sean votadas democráticamente, los gobiernos surjan del sufragio universal y la justicia -en teoría- sea independiente del ejecutivo. Puede ocurrir, por ejemplo, que ésta condene a un inocente (¡cómo olvidar el caso Dreyfus en Francia!); que el Parlamento vote leyes discriminatorias
para ciertos sectores de la población (como ha sucedido en Estados Unidos, durante más de un siglo, respecto de los afro-estadounidenses, y sucede actualmente respecto de los oriundos de países musulmanes, en virtud de la “Patriot Act”); que los gobiernos implementen políticas cuyas consecuencias resultarán funestas para todo un sector de la sociedad (como sucede, en la actualidad, en numerosos países europeos, respecto de los inmigrantes “indocumentados”).

En un contexto democrático semejante, los periodistas y los medios de comunicación a menudo han considerado un deber prioritario denunciar dichas violaciones a los derechos. A veces, lo han pagado muy caro: atentados, “desapariciones”, asesinatos, como aún ocurre en Colombia, Guatemala, Turquía, Pakistán, Filipinas, y en otros lugares. Por esta razón durante mucho tiempo se ha hablado del “cuarto poder”. Ese “cuarto poder” era, en definitiva, gracias al sentido cívico de los medios de comunicación y al coraje de valientes periodistas, aquel
del que disponían los ciudadanos para criticar, rechazar, enfrentar, democráticamente, decisiones ilegales que pudieran ser inicuas, injustas, e incluso criminales contra personas inocentes. Era, como se ha dicho a menudo, la voz de los sin-voz.

Desde hace una quincena de años, a medida que se aceleraba la mundialización liberal, este “cuarto poder” fue vaciándose de sentido, perdiendo poco a poco su función esencial de contrapoder. Esta evidencia se impone al estudiar de cerca el funcionamiento de la globalización, al observar cómo llegó a su auge un nuevo tipo de capitalismo, ya no simplemente industrial sino predominantemente financiero, en suma, un capitalismo de a especulación. En esta etapa de la mundialización, asistimos a un brutal enfrentamiento entre el mercado y el Estado, el sector privado y los servicios públicos, el individuo y la sociedad, lo íntimo y lo colectivo, el egoísmo y la solidaridad.

El verdadero poder es actualmente detentado por un conjunto de grupos económicos planetarios y de empresas globales cuyo peso en los negocios del mundo resulta a veces más importante que el de los gobiernos y los Estados. Ellos son los “nuevos amos del mundo” que se reúnen cada año en Davos, en el marco del Foro Económico Mundial, e inspiran las políticas de la gran Trinidad globalizadora: Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y Organización Mundial del Comercio.

Es en este marco geoeconómico donde se ha producido una metamorfosis decisiva en el campo de los medios de comunicación masiva, en el corazón mismo de su textura industrial.

Los medios masivos de comunicación (emisoras de radio, prensa escrita, canales de televisión, internet) tienden cada vez más a agruparse en el seno de inmensas estructuras para conformar grupos mediáticos con vocación mundial. Empresas gigantes como News Corps, Viacom, AOL Time Warner, General Electric, Microsoft, Bertelsmann, United Global Com, Disney, Telefónica, RTL Group, France Telecom, etc., tienen ahora nuevas posibilidades de expansión debido a los cambios tecnológicos. La “revolución digital” ha derribado las fronteras que antes separaban las tres formas tradicionales de la comunicación: sonido, escritura, imagen. Permitió el surgimiento y el auge de internet, que representa una cuarta manera de comunicar, una nueva forma de expresarse, de informarse, de distraerse.

Desde entonces, las empresas mediáticas se ven tentadas de conformar “grupos” para reunir en su seno a todos los medios de comunicación tradicionales (prensa, radio, televisión), pero además a todas las actividades de lo que podríamos denominar los sectores de la cultura de masas, de la comunicación y la información. Estas tres esferas antes eran autónomas: por un lado, la cultura de masas con su lógica comercial, sus creaciones populares, sus objetivos esencialmente mercantiles; por el otro, la comunicación, en el sentido publicitario, el marketing,
la propaganda, la retórica de la persuasión; y finalmente, la información con sus agencias de noticias, los boletines de radio o televisión, la prensa, los canales de información continua, en suma, el universo de todos los periodismos.

Estas tres esferas, antes tan diferentes, se imbricaron poco a poco para constituir una sola y única esfera ciclópea en cuyo seno resulta cada vez más difícil distinguir las actividades concernientes a la cultura de masas, la comunicación o la información (1). Por añadidura, estas empresas mediáticas gigantes, estos productores en cadena de símbolos multiplican la difusión de mensajes de todo tipo, donde se entremezclan televisión, dibujos animados, cine, videojuegos, CD musicales, DVD, edición, ciudades temáticas estilo Disneylandia, espectáculos deportivos, etc.

En otras palabras, los grupos mediáticos poseen de ahora en adelante dos nuevas características: primeramente, se ocupan de todo lo concerniente a la escritura, de todo lo concerniente a la imagen, de todo lo concerniente al sonido, y difunden esto mediante los canales más diversos (prensa escrita, radio, televisión hertziana, por cable o satelital, vía internet y a través de todo tipo de redes digitales). Segunda característica: estos grupos son mundiales, planetarios, globales, y no solamente nacionales o locales.

En 1940, en una célebre película, Orson Welles arremetía contra el “superpoder” de Citizen Kane (en realidad, el magnate de la prensa de comienzos del siglo XX, William Randolph Hearst). Sin embargo, comparado con el de los grandes grupos mundiales de hoy, el poder de Kane era insignificante. Propietario de algunos periódicos en un solo país, Kane disponía de un poder ínfimo (sin por ello carecer de eficacia a nivel local o nacional (2)) en comparación con los archipoderes de los megagrupos mediáticos de nuestro tiempo.

Estas megaempresas contemporáneas, mediante mecanismos de concentración, se apoderan de los sectores mediáticos más diversos en numerosos países, en todos los continentes, y se convierten de esta manera, por su peso económico y su importancia ideológica, en los principales actores de la mundialización liberal. Al haberse convertido la comunicación (extendida a la
informática, la electrónica y la telefonía) en la industria pesada de nuestro tiempo, estos grandes grupos pretenden ampliar su dimensión a través de incesantes adquisiciones y presionan a los gobiernos para que anulen las leyes que limitan las concentraciones o impiden la constitución de monopolios o duopolios (3).

La mundialización es también la mundialización de los medios de comunicación masiva, de la comunicación y de la información. Preocupados sobre todo por la preservación de su gigantismo, que los obliga a cortejar a los otros poderes, estos grandes grupos ya no se proponen, como objetivo cívico, ser un “cuarto poder” ni denunciar los abusos contra el derecho, ni corregir las disfunciones de la democracia para pulir y perfeccionar el sistema político. Tampoco desean ya erigirse en “cuarto poder” y, menos aun, actuar como un contrapoder.

Si, llegado el caso, constituyeran un “cuarto poder”, éste se sumaría a los demás poderes existentes -político y económico- para aplastar a su turno, como poder suplementario, como poder mediático, a los ciudadanos.

La cuestión cívica que se nos plantea de ahora en adelante es la siguiente: ¿cómo reaccionar? ¿Cómo defenderse? ¿Cómo resistir a la ofensiva de este nuevo poder que, de alguna manera, ha traicionado a los ciudadanos y se ha pasado con todos sus bártulos al enemigo?.

Es necesario, simplemente, crear un “quinto poder”. Un “quinto poder” que nos permita oponer una fuerza cívica ciudadana a la nueva coalición dominante. Un “quinto poder” cuya función sería denunciar el superpoder de los medios de comunicación, de los grandes grupos mediáticos, cómplices y difusores de la globalización liberal. Esos medios de comunicación que, en
determinadas circunstancias, no sólo dejan de defender a los ciudadanos, sino que a veces actúan en contra del pueblo en su conjunto. Tal como lo comprobamos en Venezuela.

En este país latinoamericano donde la oposición política fue derrotada en 1998 en elecciones libres, plurales y democráticas, los principales grupos de prensa, radio y televisión han desatado una verdadera guerra mediática contra la legitimidad del presidente Hugo Chávez (4). Mientras que éste y su gobierno se mantienen respetuosos al marco democrático, los medios de comunicación, en manos de un puñado de privilegiados, continúan utilizando toda la artillería de las manipulaciones, las mentiras y el lavado de cerebro para tratar de intoxicar la mente de la gente (5). En esta guerra ideológica, han abandonado por completo la función de “cuarto poder”; pretenden desesperadamente defender los privilegios de una casta y se oponen a toda reforma social y a toda distribución un poco más justa de la inmensa riqueza nacional (ver artículo de Maurice Lemoine, páginas (16-17).

El caso venezolano es paradigmático de la nueva situación internacional en la cual grupos mediáticos enfurecidos asumen abiertamente su nueva función de perros guardianes del orden económico establecido, y su nuevo estatuto de poder antipopular y anticiudadano. Estos grandes grupos no sólo se asumen como poder mediático, constituyen sobre todo el brazo ideológico de la mundialización, y su función es contener las reivindicaciones populares que tratan de adueñarse del poder político (como logró hacerlo, democráticamente, en Italia, Silvio Berlusconi, dueño del principal grupo de comunicación trasalpino).

La “guerra sucia mediática” librada en Venezuela contra el presidente Hugo Chávez es la réplica exacta de lo que hizo, de 1970 a 1973, el periódico El Mercurio (6) en Chile contra el gobierno democrático del presidente Salvador Allende, hasta empujar a los militares al golpe de Estado. Campañas semejantes, donde los medios de comunicación pretenden destruir la democracia, podrían reproducirse mañana en Ecuador, Brasil o Argentina contra toda reforma legal que intente modificar la jerarquía social y la desigualdad de la riqueza. Al poder de la oligarquía tradicional y al de los típicos reaccionarios, se suman actualmente los poderes mediáticos. Juntos -¡y en nombre de la libertad de expresión!- atacan los programas que defienden los intereses de la mayoría de la población. Tal es la fachada mediática de la globalización. Revela de la forma más clara, más evidente y más caricaturesca la ideología de la mundialización liberal.

Medios de comunicación masiva y mundialización liberal están íntimamente ligados. Por eso, es urgente desarrollar una reflexión sobre la manera en que los ciudadanos pueden exigir a los grandes medios de comunicación mayor ética, verdad, respeto a una deontología que permita a los periodistas actuar en función de su conciencia y no en función de los intereses de los grupos, las empresas y los patrones que los emplean.

En la nueva guerra ideológica que impone la mundialización, los medios de comunicación son utilizados como un arma de combate. La información, debido a su explosión, su multiplicación, su sobreabundancia, se encuentra literalmente contaminada, envenenada por todo tipo de mentiras, por los rumores, las deformaciones, las distorsiones, las manipulaciones.

Se produce en este campo lo ocurrido con la alimentación. Durante mucho tiempo, el alimento fue escaso y aún lo es en numerosos lugares del mundo. Pero cuando gracias a las revoluciones agrícolas los campos comenzaron a producir en sobreabundancia, particularmente en los países de Europa occidental o de América del Norte, se observó que numerosos alimentos estaban contaminados, envenenados por pesticidas, que provocaban enfermedades, causaban infecciones, generaban cánceres y todo tipo de problemas de salud, llegando incluso a producir pánico en las masas como el mal de la “vaca loca”. En suma, antes uno podía morirse de hambre, ahora uno puede morirse por haber comido alimentos contaminados…

Con la información, sucede lo mismo. Históricamente, ha sido muy escasa. Incluso actualmente, en los países dictatoriales, no existe información fiable, completa, de calidad. En cambio, en los Estados democráticos, desborda por todas partes. Nos asfixia. Empédocles decía que el mundo estaba constituido por la combinación de cuatro elementos: aire, agua, tierra, fuego. La información se ha vuelto tan abundante que constituye, de alguna manera, el quinto elemento de nuestro mundo globalizado.

Pero al mismo tiempo, uno comprueba que, al igual que el alimento, la información está contaminada. Nos envenena la mente, nos contamina el cerebro, nos manipula, nos intoxica, intenta instilar en nuestro inconsciente ideas que no son las nuestras. Por eso, es necesario elaborar lo que podría denominarse una “ecología de la información”. Con el fin de limpiar, separar la información de la “marea negra” de las mentiras, cuya magnitud ha podido medirse, una vez más, durante la reciente invasión a Irak (7). Es necesario descontaminar la información. Así como han podido obtenerse alimentos “bio”, a priori menos contaminados que los demás, debería obtenerse una suerte de información “bio”. Los ciudadanos deben movilizarse para exigir que los medios de comunicación pertenecientes a los grandes grupos globales respeten la verdad, porque sólo la búsqueda de la verdad constituye en definitiva la legitimidad de la información.

Por eso, hemos propuesto la creación del Observatorio Internacional de Medios de Comunicación (en inglés: Media Watch Global). Para disponer finalmente de un arma cívica, pacífica, que los ciudadanos podrán utilizar con el fin de oponerse al nuevo superpoder de los grandes medios de comunicación masiva. Este observatorio es una expresión del movimiento social planetario reunido en Porto Alegre (Brasil). En plena ofensiva de la globalización liberal, expresa la preocupación de todos los ciudadanos ante la nueva arrogancia de las industrias gigantes de la comunicación.

Los grandes medios de comunicación privilegian sus intereses particulares en detrimento del interés general y confunden su propia libertad con la libertad de empresa, considerada la primera de las libertades. Pero la libertad de empresa no puede, en ningún caso, prevalecer sobre el derecho de los ciudadanos a una información rigurosa y verificada ni servir de pretexto a la difusión consciente de informaciones falsas o difamaciones.

La libertad de los medios de comunicación es sólo la extensión de la libertad colectiva de expresión, fundamento de la democracia. Como tal, no puede ser confiscada por un grupo de poderosos. Implica, por añadidura, una “responsabilidad social” y, en consecuencia, su ejercicio debe estar, en última instancia, bajo el control responsable de la sociedad. Es esta convicción la que nos ha llevado a proponer la creación del Observatorio Internacional de Medios de Comunicación, Media Watch Global. Porque los medios de comunicación son actualmente el único poder sin contrapoder, y se genera así un desequilibrio perjudicial para la democracia.

La fuerza de esta asociación es ante todo moral: reprende basándose en la ética y sanciona las faltas de honestidad mediática a través de informes y estudios que elabora, publica y difunde.

El Observatorio Internacional de Medios de Comunicación constituye un contrapeso indispensable para el exceso de poder de los grandes grupos mediáticos que imponen, en
materia de información, una sola lógica -la del mercado- y una única ideología, el pensamiento neoliberal. Esta asociación internacional desea ejercer una responsabilidad colectiva, en nombre del interés superior de la sociedad y del derecho de los ciudadanos a estar bien informados. Al respecto, considera de una importancia primordial los desafíos de la próxima Cumbre
Mundial sobre la Información que tendrá lugar en diciembre próximo, en Ginebra (8). Propone además prevenir a la sociedad contra las manipulaciones mediáticas que, como epidemias, se han multiplicado estos últimos años.

El Observatorio reúne tres tipos de miembros, que disponen de idénticos derechos: 1) periodistas profesionales u ocasionales, en actividad o jubilados, de todos los medios de comunicación, centrales o alternativos; 2) universitarios e investigadores de todas las disciplinas, y particularmente especialistas en medios de comunicación, porque la Universidad, en el contexto actual, es uno de los pocos lugares parcialmente protegidos contra las ambiciones totalitarias del mercado; 3) usuarios de los medios decomunicación, ciudadanos comunes y personalidades
reconocidas por su estatura moral…

Los sistemas actuales de regulación de los medios de comunicación son en todas partes insatisfactorios. Al ser la información un bien común, su calidad no podría estar garantizada por organizaciones integradas exclusivamente por periodistas, a menudo vinculados a intereses corporativos. Los códigos deontológicos de cada empresa mediática -cuando existen- se revelan a menudo poco aptos para sancionar y corregir los desvíos, los ocultamientos y las censuras. Es indispensable que la deontología y la ética de la información sean definidas y defendidas por una instancia imparcial, creíble, independiente y objetiva, en cuyo seno los universitarios tengan un papel decisivo.

La función de los “ombudsmen” o mediadores, que fue útil en los años 1980 y 1990, está actualmente mercantilizada, desvalorizada y degradada. Es a menudo un instrumento de las empresas, responde a imperativos de imagen y constituye una coartada barata para reforzar artificialmente la credibilidad de los medios.

Uno de los derechos más preciados del ser humano es el de comunicar libremente su pensamiento y sus opiniones. Ninguna ley debe restringir arbitrariamente la libertad de expresión o de prensa. Pero las empresas mediáticas no pueden ejercerla sino bajo la condición de no infringir otros derechos tan sagrados como el de que todo ciudadano pueda acceder a una información no contaminada. Al abrigo de la libertad de expresión, las empresas mediáticas no deben poder difundir informaciones falsas, ni realizar campañas de propaganda ideológica, u otras manipulaciones.

El Observatorio Internacional de Medios de Comunicación considera que la libertad absoluta de los medios de comunicación, reclamada a viva voz por los dueños de los grandes grupos de comunicación mundiales, no podría ejercerse a costa de la libertad de todos los ciudadanos. Estos grandes grupos deben saber de ahora en adelante que acaba de nacer un contrapoder, con la vocación de reunir a todos aquellos que se reconocen en el movimiento social planetario y que luchan contra la confiscación del derecho de expresión. Periodistas, universitarios, militantes de asociaciones, lectores de diarios, oyentes de radios, telespectadores, usuarios de internet, todos se unen para forjar un arma colectiva de debate y de acción democrática. Los globalizadores habían declarado que el siglo XXI sería el de las empresas globales; la asociación Media Watch Global afirma que será el siglo en el que la comunicación y lainformación pertenecerán finalmente a todos los ciudadanos.

Ignacio Ramonet
Le Monde Diplomatique, octubre 2003

NOTAS:

Ignacio Ramonet, La tiranía de la comunicación, Madrid, Temas de Debate, 1998; y Propagandas silenciosas, Instituto Cubano del Libro, La Habana, 2001.

Véase, por ejemplo, en Italia, la superpotencia mediática del grupo Fininvest de Silvio Berlusconi, o en Francia, la de los grupos Lagardère o Dassault.

Presionada por los grandes grupos mediáticos estadounidenses, la Federal Communications Commission (FCC) de Estados Unidos autorizó, el 4 de junio de 2003, la flexibilización de los límites a la concentración: una empresa podría controlar hasta el 45% de la audiencia nacional (contra el 35%, en la actualidad). La decisión debía entrar en vigor el 4 de septiembre último, pero debido a que algunos ven en ella “una grave amenaza para la democracia”, fue suspendida por la Corte Suprema.

Ignacio Ramonet,”El crimen perfecto”, Le Monde diplomatique, edición española, junio de 2002.

Maurice Lemoine, “Laboratorios de la mentira en Venezuela”, Le Monde diplomatique, edición española, agosto de 2002.

Y muchos otros medios de comunicación, como La Tercera, Ultimas Noticias, La Segunda, Canal 13, etc.Véase Patricio Tupper, Allende, la cible des médiaschiliens et de la CIA (1970-1973), Editions de l’Amandier, París, 2003.

Armand Mattelart, «La clave del nuevo orden internacional”, Le Monde diplomatique, edición española, agosto de 2003.