El País de las maravillas

@marioemorales

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Mientras afuera llueve

16 May , 2017  

Quizás la imagen más frustrante de país sea la de todas estas tardes en las que vemos cómo el agua nos llega al cuello. Culpa, dirán, de la temporada invernal más fuerte desde que Santos asumió el poder, de la creciente por el paro de los empleados públicos o el desafío gota a gota del plan pistola, entre otros factores que marcan el inicio de los dolorosos para este Gobierno y que parece desleírse con cada crisis. (Publica El Espectador)

No era con un aguacero de cifras como los colombianos esperaban que el presidente afrontara la temporada invernal más cruel desde la “maldita niña”. Y menos en ese tono de inventario de “380 muertos, 22.000 familias y 306 municipios afectados”.

Nada cambió desde la última crisis como lo demuestra las crisis por inundaciones o el bloqueo por derrumbes que, por ahora, obligan al cierre de vías como la Línea o Letras. Y nada cambiará, salvo las cifras inhumanas, abstractas y desprovistas de sentido, si se cumple la previsión de otras tres semanas de lluvias.

No hubo ponderación con esa amenaza como no la hubo en los acercamientos con los sindicatos de trabajadores del Estado, los únicos que parecen funcionar. El Gobierno también creyó que se trataba del ritual de paros de temporada, de esos que, en el imaginario ciudadano, parecen haberse convertido en escenografía callejera.

Pues el tal paro de educadores sí existe, como también reencarna el paro en la rama judicial, el Inpec, la salud y los de Chocó y Buenaventura… Pero lo más grave no es que se den o que se unan, sino que sus demandas sean las mismas de antaño y se repitan año tras año como los aguaceros de todas estas tardes.

Tan grave como que se recicle el plan pistola, que en este mes ya contabiliza seis policías asesinados por armados ilegales.

Ya vendrán, como siempre, las declaraciones de emergencia, las negociaciones apresuradas, la escasez de alimentos, las ayudas tardías y el libreto de siempre, que nunca cierra y que se repite inexorablemente, como diría Soto Aparicio, mientras afuera llueve.

Analisis

En tiempos de posverdad, todos somos culpables

13 May , 2017  

Cuando parece que las noticias falsas son el principal problema y las redes sociales el enemigo a vencer, quizás sea necesario profundizar sobre el tema de moda, pero no por ello reciente, de la posverdad. (Publica Red Etica de la FNPI)

Por Mario Morales
@marioemorales

Analizar la relación entre medios y audiencias desde la tradicional perspectiva lineal y determinista es solo una de las partes del problema que se ha suscitado en torno a la denominada posverdad. Considerar que las narrativas periodísticas, los discursos o la propaganda política impregnadas de posverdad, interpretada como engaño, falsedad, mentira o como relativización de la verdad por ausencia de hechos susceptibles de probarse y verificarse, inoculan sin oposición el nivel de credibilidad de sus públicos, es despojar a estos últimos de la función activa, voluntaria y decisiva con la que hoy cuentan en los terrenos de la cibercultura.

Para que fenómenos de masas fundamentados en hechos alternativos, emociones o juicios hayan fraguado de manera tan contundente, como ha sucedido en numerosos eventos de alcance planetario en el último año, implica también acción, participación o voluntad parcial, consciente o inconsciente de los usuarios de esos contenidos informativos.

Claro, es responsabilidad de los periodistas velar por que los hechos sean los pilares del edificio narrativo y no la declaracionitis (como la llamaba Miguel Angel Bastenier), la opinión privada públicamente expresada o las versiones cambiantes de las fuentes según las conveniencias o las coyunturas.

Además, para que eche raíz la posverdad hay, del otro lado, un ambiente propicio, un caldo de cultivo para que aparezca lo que el periodista y filósofo Miguel Wiñaski denominó hace más de una década como la noticia deseada. Es decir, una construcción de la ficción donde se sumerge la sociedad con los ojos cerrados, el pulgar en la boca y los sentidos adormecidos para evitar la reflexión sobre la tragedia de la incertidumbre del presente, que se reemplaza por las creencias fijas, los prejuicios o las emociones ciertas o alteradas que se derivan de momentos de tensión social o política.

¿Qué pasa cuando la opinión pública rechaza la verdad? Se levanta como un imperio la noticia deseada, la noticia que la opinión pública elige creer. Señala Wiñaski que habida cuenta de la preponderancia de los medios aún en las esferas privadas, las audiencias se han convertido en una suerte de “tribus masivas” que aceptan ciertas noticias, aunque no haya elementos informativos reales para sustentarlas, y rechazan las que están bien fundadas. Esas tribus son ilegales desde el punto de vista del pensamiento aristotélico, que argumentaba que la ley consistía en anteponer la razón a la pasión.
Verdades relativas

El efecto es grave porque deviene relativización de la verdad, materia prima del periodismo, reemplazada por narraciones alternativas a tono con las emociones o juicios preponderantes. En el terreno de las percepciones y de las creencias todas parecen valer igual si acudimos a la libertad de expresión que resulta, al decir de Hannah Arendt, una pantomima, “si no hay garantía para la información objetiva y no se aceptan lo hechos mismos que son los que dan forma a las opiniones”.

Se cumple la profecía de Henry Poincaré cuando decía que la verdad es cruel y que es normal preguntarse a menudo si el engaño no es más consolador.

Hábilmente manejadas, campañas que invitan al sentimiento, el nacionalismo o a la pasión constituyen una estrategia de opinión pública que tiene origen en la propaganda política del pasado siglo y ha impregnado hasta la contaminación las formas de hacer periodismo en Colombia.
Temores, prejuicios y emociones

De las dos tendencias de propaganda política (la inspirada en Goebbels, el ministro de propaganda alemán, y la fundamentada en los soviets de la revolución bolchevique) que marcaron buena parte los destinos del siglo XX, y que representan en este campo la eterna lucha entre la razón y la seducción, un sector de nuestro país optó por la segunda instancia, esto es, apelar al sentimiento, atacar las sensaciones, inducir al reflejo condicionado -patentado por Pavlov-, y la sobreexcitación.

Este tipo de propaganda se dispersa en gritos de guerra, imprecaciones, amenazas y profecías vagas en los que se busca que la palabra cause efecto y la idea ya no cuenta. El objetivo central es la denominada coagulación nacional en la que la masa adquiere un carácter más sentimental, más femenino, y que requiere ser seducida antes que convencida. Decía Mussolini, con razón, que el hombre moderno está asombrosamente dispuesto a creer. Por eso la preponderancia de la imagen antes que la explicación.

La propaganda hitleriana estuvo enfocada a las zonas más oscuras del inconsciente. La patria y la familia aparecían en todas las manifestaciones públicas. El partido y el jefe estaban presentes en todas partes, sin intermediación. Prensa, radio y cine se repetían sin cesar, en ese fenómeno que Ignacio Ramonet ha denominado mimetismo mediático. Devino producción de adhesiones por el camino del espectáculo.

Goebbels trabajó con tino la inhibición condicionada, que tiene sus raíces en la dialéctica hegeliana y que recurría al recuerdo de la angustia que siente el ser humano cuando cambia libertad por seguridad, y que lo lleva sin darse cuenta a la adhesión infinitesimal, como la calificó el sacerdote y estudioso francés Fessard. Esa inhibición se lograba con cantos, himnos, símbolos, lemas e imágenes. La clave radicaba en mantener a la masa en estado continuo de exaltación, el alma popular a fuego lento, sin dar espacio a la reflexión. Walter Hagemann sintetizó los momentos de tensión permanente en crestas sucesivas como la estrategia de la alternancia regular del azúcar y del látigo. Oscilaba como un péndulo entre la caricia y la amenaza, la seducción y la brutalidad. Estrategia que ya había aplicado con éxito Napoleón. En suma, del terror a la exaltación, de la pasividad a la excitación, del miedo al entusiasmo. Nadie hablaba de odio ni de amor, sino de fascinación.
Las técnicas

Una vez seducidos, al decir del teórico francés Jean Marie Domenach, venían las siguientes fases de la propaganda para mantener la aparente cohesión nacional, primero simpleza, luego un enemigo único, un único objetivo. Le siguieron la exageración y la desfiguración de las noticias mediante el uso de las citas desvinculadas de contexto en el lenguaje de de masas, recurriendo a lo primario. El refuerzo era la repetición incesante. Ya en el Mein Kampf lo advertía el mismo Hitler cuando decía que la masa sólo recordaba las ideas más simples cuando le eran repetidas centenares de veces con diferente presentación. En este aspecto especialmente fue evidente y definitiva la complicidad de la prensa alemana. En procesos concomitantes o posteriores, la propaganda diseñada por Goebbels recurrió a eso que llamó el publicista norteamericano Walter Lippman, sentimiento preponderante de la muchedumbre en busca del consenso, la unanimidad para poder abordar un último estadio, donde se combatían las tesis de los adversarios, atacando puntos débiles, no respondiendo nunca de frente, atacando en el ámbito personal y descalificando al rival.

Esa opción propagandística no se da, como sucede en el resto del planeta, químicamente pura, y tiene matices y transformaciones de acuerdo al grado de satisfacción o al nivel de éxito conseguidos en momentos específicos de la historia de los últimos cien años.

Sociedades de distinta raigambre ideológica también han adaptado estos mecanismos de la posverdad a sus procesos políticos, el resultado también es parecido: Empobrecimiento del debate, pugnacidad personalizada, retorno a los estados tribales de la angustia y del miedo. Sacrifico paulatino de la verdad. Terreno propicio para las opciones totalitarias.

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Mario Morales es periodista y analista de medios. Magíster en Estudios literarios, con estudios en periodismo y especialización en medios y opinión pública. Actualmente es profesor asociado e investigador en la Universidad Javeriana, columnista de El Espectador y defensor del televidente en el Canal Uno. www.mariomorales.info, @marioemorales, moralesm@javeriana.edu.co

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En este artículo se incluyen ideas y fragmentos trabajados en artículos para la Red Voltaire y para el blog del autor.
– See more at: http://www.fnpi.org/es/etica-segura/en-tiempos-de-posverdad-todos-somos-culpables#sthash.7bqRrJVV.dpuf

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Qué contradicción

9 May , 2017  

Tal vez sea esa la explicación. Esa adicción histórica a la adrenalina, el cortisol y la prolactina, las sustancias que según los científicos segregamos cuando sentimos odio o ira, esos dos apellidos que son más nuestros que el idioma o que el himno nacional. (Publica el Espectador)

Son la respuesta automática a todo tipo de propuesta, especialmente cuando tiene la cara de solución. Aquí, debate que trasciende es aquel que pasa por el insulto, la gritería y la altisonancia; y, claro, si genera una reacción en cadena que requiera de mayores dosis.

Hace rato, por ejemplo, que la discusión sobre la adopción gay perdió el rumbo y derivó en los lugares comunes de “lo antinatural” o “si no son ellos, quién más puede adoptar”, en medio del tropel y la mutua descalificación.

Por el mismo camino va el debate entre radicalismo religioso, alejado de la esencia; y el ateísmo soberbio que ahora se considera la cuna de los valores; o el de la tauromaquia que, en vez de seguir la senda de la argumentación de altura, ahora tendrá que dirimirse a las trompadas como ya se presagiaba en el pasado reciente, luego de la consulta ordenada por la Corte Constitucional.

Obviamente hay vertederos naturales de las insidias de alcantarilla que, para llegar al poder, en vez de proponer mejoras a los acuerdos de paz, el derrotero sea “volver trizas ese maldito papel que llaman acuerdo final con las Farc”, como se anunció en la nueva etapa del autodenominado Centro Democrático, reconocido por propios como una partido de derecha y por ajenos, como uno que desecha.

Lo único que falta es que ahora se líen a golpes con el naciente movimiento de las Farc por arrogarse el lema de partido de la esperanza.

Y mientras eso pasa, los avivatos de siempre, y esos sí de manera silenciosa, saquean Chocó, Córdoba y Guaviare; o se apropian de tierras baldías, contratos o recursos mineros; sin afectar el putamen social, que al decir de los científicos es la zona donde se activan la ira y el odio. Contradictorio, ¿no?

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Por lo menos…

2 May , 2017  

Pongámonos serios todos, audiencias, productores de contenido y medios. No hace falta mayor debate para entender que hay una brecha monumental entre los autodenominados “hechos alternativos” que acerca del proceso de paz corren por plataformas, redes y generadores de información, y los hechos, esos sí cruciales, que por adustos o provenientes de fuentes oficiales quedan relegados en la agenda pública y en la mediática. (Publica El Espectador)

Hay una enorme distancia entre “el hecho” (construido para paniquear) de una presunta llamada, según el columnista Saúl Hernández, entre Iván Cepeda e Iván Márquez en pleno debate parlamentario (como parte de lobby, propio de la política), y la aprobación por parte del Congreso estadounidense de 391 millones de dólares para el proceso de paz.

Hay un abismo entre la silla preferencial de Jesús Santrich en su viaje a Barranquilla y la visita a Colombia del pleno del Consejo de Seguridad de la ONU, por primera vez en un país latinoamericano. El hecho no ofrece aristas de sobreemocionalización o polémicas facilistas, pero veremos si alcanza el top de la agenda por sus implicaciones políticas y diplomáticas.

Y no demora en aparecer el escándalo con el concierto en un bar bogotano de Julián Conrado, el cantante de las Farc, como lo contó Noticias Uno, para atrapar el cubrimiento y atención que debiéramos darles a los acuerdos trascendentales que avanzan en el Congreso.

A esos terrenos resbaladizos de los prejuicios y de exacerbación de creencias básicas manipuladas nos ha llevado la oposición ante la contundencia del apoyo internacional.

Hay algo de utopía al esperar que los temas clave estén privilegiados en las lógicas narrativas y en la conversa pública; pero ojalá audiencias, prosumidores y medios dedicaran, por lo menos, la misma tinta y labia a decisiones y coyunturas que refrendan el proceso de paz, que las dedicadas a banalidades como las cartas vergonzantes de la oposición y el chascarrillo del encuentro de Pastrana y Uribe con Trump.

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Acciones de verdad

25 Abr , 2017  

Es retadora la pregunta, ayer, en la portada de este diario, acerca de qué debemos hacer para contrarrestar la violencia sexual infantil. Quizás sea necesario enfatizar en la primera persona del plural y en el significado del verbo utilizado, si asumimos que ya fue suficiente de likes, memes, avatares y mensajitos de solidaridad, que, como hemos repetido, han devenido sublimación, autoconsuelo y pasividad. (Publica El Espectador)

También ya estuvo bien de sólo cifras, estadísticas y promedios en las narrativas que describen el horror de agresiones a menores, causadas especialmente por criminales de su entorno cercano. Esa cuantificación, por más que apunte a la precisión, distancia la sensibilidad de las audiencias y pone la gravedad del problema en una nube que todos vemos, pero que no nos afecta.

Y ya basta también de refugiarnos en el populismo punitivo, creyendo que con pedir aumento en las penas estamos llegando a la raíz del problema.

Es momento de mirarnos hacia adentro para reconocer el absoluto fracaso en la formación y educación de los que hoy son adultos y que es el origen de nuestros, así nos neguemos a reconocerlos: el machismo, la violencia como solución de conflictos, la misoginia y el maltrato físico y sicológico.

Somos una sociedad enferma que transmite sus taras generacionalmente. Esos gérmenes malignos habitan en todos los rincones, primero, porque han sido inoculados con el ejemplo en la familia, escuela y comunidades cercanas; segundo, porque han sido legitimados por medios y costumbres; y tercero porque son aceptados, ocultados o disimulados como un mal menor si el victimario es alguien conocido.

Algo hay que hacer para reformar esos imaginarios y deformaciones. Ya hay iniciativas académicas para tratar el machismo. Esa es parte de la prevención, incluyendo a aquellos que se creen ajenos. Las asignaturas de ética y ciudadanía en primaria y secundarias deberían tener estos componentes. Gobierno y comunidades civiles y religiosas han de trabajar en campañas de cuidado y alerta con los menores. Y así la propuesta no guste, no dar papaya. El enemigo está al acecho.

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Ni un sonrojo

18 Abr , 2017  

Si sólo fueran 460 días… Si cumplido el plazo hubiese una luz… Si a partir del 7 de agosto del año entrante hubiera esperanza de voltear esta página vergonzosa de consejas, dimes y diretes, lambones y lagartos aquí y en el exterior, políticos mendaces, vengadores viudos del poder, apátridas sin autoridad, sin personalidad, sin credenciales, como ha pasado con el tan mentado como inocuo, como no sea para delatar nuestra levedad, encuentro social con Trump… (Publica el Espectador)

Pero no. Sabemos, y esa es nuestra condena, que independientemente de lo que pase en las elecciones que vienen, de las propuestas que se esgrimen y los promeseros consuetudinarios, seguiremos divididos con respecto a lo único que debería unirnos, indignados en relación con lo único que nos es común, y, a la vez, marcados con la misma seña de identidad de no futuro.

No pudo ser más bochornoso el espectáculo de indignaciones y recriminaciones en torno al saludo en inglés mal hablado (habida cuenta de cómo maltratan el español) de dos despistados exfuncionarios, que sólo ha servido para revalidar su descrédito y la desazón nacional.

¿De veras esos son los voceros internacionales que nos merecemos? ¿Los intérpretes de lo que nos ocurre? ¿Los llamados a enderezar un rumbo que perdimos desde el principio de los tiempos?

¿O acaso tienen más legitimidad los que ripostaron aquí adentro? ¿Los que denostaron por todas partes? ¿Los que expusieron sus miserias?

Mirados desde afuera debemos dar lástima. Esa misma lástima que decimos sentir cuando miramos, con nuestra proverbial prepotencia, a la derecha o al sur en el mapa, creyéndonos diferentes, lo que incrementa el ridículo.

Si tan solo hubiera alguien distinto. Si tan solo fuéramos un país aburrido en el que la sobriedad de funcionarios y ciudadanos invitara al bostezo y no a cubrirnos la cara cada vez que quedamos expuestos. Pero ni un sonrojo porque ni nos damos cuenta.

Y después critican el pesimismo o la falta de fe en la patria…

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Culpables todos

11 Abr , 2017  

La degradación de la guerra, la sevicia de atentados terroristas, crímenes de lesa humanidad como los falsos positivos y la crueldad de la violencia común hicieron que durante décadas los feminicidios, tan atroces como los anteriores, se vieran en nuestro país como delitos menores. (Publica El Espectador)

Pero la violencia contra la mujer tiene en este país machista e hipócrita una tradición criminal, consentida y disimulada que solo salta a la luz pública en medio del morbo ciudadano, el mal tratamiento informativo o errores en procedimientos judiciales.

Peor aún, ha evolucionado, si nos atenemos a Medicina Legal que confirmó ayer el uso en primer lugar de armas de fuego, ya no solo para agredir, sino para eliminar físicamente a mujeres víctimas, como sucedió antier en Bogotá y como sucede, en promedio, cada 12 horas en algún lugar del país. Según el Instituto, en 2016 había 2.500 mujeres en riesgo grave de muerte por parte de sus parejas.

Por eso no se entiende que aquí solo hasta hace tres años se hubiera tipificado como delito el feminicidio y solo hasta hace dos, la Corte Suprema dictara su primera sentencia condenatoria por esta causa.

Y, absurdamente, sigue sin parecer grave por imaginarios que autoridades, medios y audiencias construyen alrededor de esas atrocidades, asentados en celos, advertencias y hasta ira intensa para narrar mitos infundados de subyugación y poder, como vimos o leímos ayer acerca de la víctima, como “la mujer o exmujer” del asesino. O, como hemos hallado en diversos observatorios de medios y han ratificado expertos, se narra a la víctima como generadora del conflicto; y se hacen perfiles del victimario que terminan por justificar el crimen, como el inveterado desequilibrio mental.

En ese contexto legitimador de machismo rampante, moldeado desde hogares, escuelas y medios, urge una política pública que enfrente la impunidad, y desenmascare los mal llamados crímenes pasionales y los trate como lo que son: crímenes imperdonables.

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Sorpresas y cosas sabidas

4 Abr , 2017  

Por Mario Morales

Es una suerte de esquizofrenia. Porque son cosas que uno espera y sin embargo no dejan de sorprender, a veces por el resultado, a veces por la forma en que suceden. (Publica El Espectador)

Cuando ya estábamos resignados a pasar a la historia universal, —esa aque se debate entre en la infamia y la de los casos jurídicos perdidos—, por una codena de cohecho con un solo culpable, aparece el exministro uribista Diego Palacio queriendo entrar por la puerta angosta de la Jurisdicción Especial para la Paz. Si bien no se autoincrimina, pide de manera oportunista que su caso sea revisado por ese tribunal para recibir los beneficios de la justicia transicional.

La confusa ocurrencia adquiere dimensiones de ficción con la justificación de tal acto: dizque porque tenía que ver con el conflicto armado. Con ese argumento tan traído de los cabellos caben todos los inculpados del país…

…Es entonces cuando uno entiende por qué la derecha megalomaníaca llega a extremos de culpar a la guerrilla del desastre ocurrido en el Putumayo… O que el país entero marchó el sábado pasado…

Sabíamos de la necesidad de una garganta ancha para tragarse los sapos que venían. Lo que no imaginábamos era que los primeros en querer beneficiarse con los acuerdos jurídicos emanados de la mesa de La Habana, fueran a ser precisamente los críticos del proceso de paz.

No serán los únicos. Ya viene el cortejo con sus claros clarines de más de 800 investigados y condenados de la fuerza pública que quieren acogerse a la JEP.

Pero habrá daños colaterales si el tribunal exige la verdad que se necesita; por eso la incomodidad de Uribe y su ataque al secretario de la JEP. Pronto ese será un “hecho alternativo”.

***

Tampoco fue una sorpresa que Germán Vargas Lleras apareciera liderando la encuesta de Pulso País, después de la cacareada, costosa y rimbombante despedida de la Vicepresidencia. Lo que resulta increíble es que quieran achacarle el repunte a la exclusión de Oscar Iván Zuluaga de la carrera presidencial.

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Urgencia manifiesta

28 Mar , 2017  

Por Mario Morales
Lástima que la platica de ciencia y tecnología se evapore en carruseles literales como los asaderos de pollos, según denuncia reciente. Y con la falta que hace para investigaciones como esa de la vacuna contra el pesimismo que tanto necesita el país en estos momentos de convalecencia y dolor. (Publica el Espectador)

Se requieren entre nuestros compatriotas varias dosis de esa vacuna con la misma voluntad que se combate el tétano o la fiebre amarilla, que ahora se requiere en cada viaje más allá del río Bogotá.

Los primeros que la necesitan son los que devengaron el salario mínimo el año pasado. Ahí están vivitos y coleando muy a pesar de que ahora el Consejo de Estado resolvió, un año después, que el incremento decretado era insuficiente. Hay que tener fe en los genios que asesoran al Gobierno con esos cálculos.

También son candidatos los usuarios de Transmilenio que cada vez que hace sol utilizan los bloqueadores del sistema solo para dañarle el día al renovado y ahora humilde alcalde, que ha tenido que interrumpir la exhibición del “rénder” del futuro metro con tanta pedidera de disculpas. Que se acuerden los usuarios cómo era transportarse el siglo pasado o el antepasado.

Necesitan una dosis los 140.000 nuevos desocupados que quizá no conocen los subsidios estatales y las delicias del ocio remunerado. ¿Acaso no han visto cómo vive la mayoría de congresistas y concejales del país?

Pero que queden muestras para tanto pretendido colombianista, como el tal investigador gringo Stephen Randall, que anda desinflando a todo el mundo con el cuento que no se resolvieron las causas que originaron la insurgencia. No entiende que acabada la insurgencia no hay causas ni necesidad de buscarlas.

Y que reserven refuerzos de la tal vacuna para el presidente y el Centro Democrático a ver si terminan esa insufrible partida de póker con cartas secretas y expuestas que suma 90 meses. Si supieran lo efectiva que es. A mí me dieron una muestra gratis y miren no más…

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¿Disculpas?

21 Mar , 2017  

Por Mario Morales
No, alcalde, no va a ser suficiente con las disculpas por el retraso de ocho años y el sobrecosto de $127.000 millones en el túnel de la calle 94 de Bogotá.
Y no es suficiente porque el gesto encierra más el tufillo de lavatorio de manos, al estilo Pilatos, por las responsabilidades de una obra que terminó convertida en un monumento al desgreño, la corrupción y la politiquería, como lo fue en el pasado el intervenido puente de la 92. (Publica El Espectador)

Y porque representa el espejo retrovisor del cual no se ha querido desprender la actual administración, sin entender que con ello no solo polariza, sino que obliga a ciudadanos y funcionarios a comparar ejecutorias y estilos de administración, encerrados en un pasado del que pareciera que no se quieren separar.

De la hostigante verborrea de los que están y de los que se fueron ya está cansada la ciudad, especialmente en días críticos como el de ayer en el que la lluvia puso en jaque la movilidad y la paciencia de los bogotanos.

El “no fui yo”, el ”fue a mis espaldas”, el “hasta ahora me entero” y demás frases de cajón de nada sirven ante las urgencias de una urbe que, como lo señala el Ideam, está en alto riesgo de inundaciones cuando acentúe el invierno.

Sin profundizar en otros proyectos parados o en cámara lenta como la implementación del servicio de bicicletas públicas o el parque bicentenario que le están costando a la ciudad, según investigación de Caracol Radio, cerca de $270.000 millones.

Y mejor no hablemos de la frustrante falta de metro y sistemas de transporte decentes y seguros…

Si algo necesita esta ciudad son investigaciones que delaten a los responsables de esos actos vergonzosos, y después gerencia tangible para destrabar la ciudad del atolladero en que se encuentra.

Lo demás, alcalde, suena a eso, a disculpas por no estar tono con las exigencias de una ciudad que ha cambiado radicalmente en los últimos 20 años y requiere administraciones que “comprendan” sus retos.