Ya es justo que el Congreso no sólo le apruebe el proyecto de la Ley de transferencias al actual gobierno, sino que de paso le incluya una articulito que le apruebe el rubro para un Cambio Extremo que a no dudarlo pide literalmente a gritos luego de estos nueves meses de parto continuo con el tema de la parapolítica.

Y es que, como a las flamantes madres, luego del sobrepeso creciente de la criatura, todo comienza a colgarle. Y aunque no dudamos de la efectividad de los tratamientos a cuentagotas de la médica Elsa Lucía Arango, el tiempo no ayuda, si se trata de estar listos para las fotos que se avecinan. (Quizás sea necesario aclarar en medio de esta “para-noia”, que se trata de los registros visuales de la firma del TLC, del Atpdea y otros acuerdos sucedáneos)
Tampoco es que se necesite mucho presupuesto. Al fin y al cabo ahí están libres las oficinas de Jorge Mario Eastman y Fabio Valencia Cossio que no suenan ni truenan. Esperando el relevo están Johnny Staff, Norberto, Antonio Peluquería, Marlon Becerra y un batallón incontable de cotizados cirujanos plásticos y asesores de imagen que han hecho un frente común para ofrecerse en el patriótico propósito de cambiarle la cara y la expresión a los altos (es sólo una manera de decirlo) funcionarios del Estado.
Porque, a no dudarlo, hay un largo trecho entre la risa sardónica del ex ministro Sabas y la expresión taciturna del Ministro Holguín que por culpa de la vigilia, tuvo que dejarse crecer la barba. Si lampiño era difícil leerle los labios, ahora tendremos que alquilarle al Padre Chucho, el sistema de Close Caption para que traduzca sus crepitaciones, sibilancias y gorgorismos a textos ligeramente inteligibles, cuando haya lugar para ello.
Un diagnóstico precoz para el Comisionado de paz señala que hay que endurecerle la expresión de los párpados y marcarle las patas de gallina para que no parezca que se está riendo cuando habla de liberar a los presos de las Farc o de acuerdo humanitario. Claro que esa expresión tiene trasnochada a la firma cazatalentos que tiene como misión reclutarlo en el noble y eficiente programa del doctor clown.
No sobra la sugerencia al Canciller de que tome clases de expresión en la misma escuela en que está matriculada María Fernanda Valencia, la del uno, dos tres en CM&. Es el mismo conteo que le han recomendado al doctor Araujo antes de hablar.
El tratamiento al Minhacienda ha de incluir la corrección del tic nervioso de abrir la boca cuando escucha términos raros como dolarización o revaluación asimétrica. Una terapia sería suficiente para controlar los pucheros del Minagricultura, que a pesar de necesitar por estos días un reconstituyente, sigue hablando con el volumen y ese tonito suyo del campo. Si queda plata, serían buenas unas tutorías de doña Gloria Valencia de Castaño a la nueva Mincultura, que por ahora anda ocupada aprendiéndose la dirección.
Urgente-urgente está la implementación de las campañas de sanidad para los funcionarios que presentan cuadros de alergias específicas (como esa de a las pulgas de Itaguí), para los que en este tiempo presentan síntomas tempranos de Alzheimer o para quienes víctimas de la depresión se niegan a ser adultos y han vuelto a juegos pueriles como ese de pagar escondederos a peso.
Es justo reconocer que se ha adelantado mucho en términos de prevención. Disminuyeron abruptamente los síntomas de otitis por bajo uso del teléfono, al tiempo que se ha incrementado el habla al oído con los consecuentes riesgos de laberintitis. Faltan eso sí medidas de fuerza para convencer a todos aquellos que por estos días han desarrollado fobia a dejarse pinchar y que tiemblan cuando oyen que es necesario que les apliquen la dosis oral.
Señores congresistas, que no se note la pobreza. Ya pasó, como lo sabe el Senador Germán Vargas, el tiempo del cambio radical y llegado es el momento del Cambio Extremo.

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