Por Omar Rincòn
Al padre ‘Chucho’ hay que regalarle múltiples dosis de humildad; a Jota Mario, un poco más de sentido común y respeto; a Hernán Orjuela, más modernidad, y a Cristina Hurtado, un curso de inglés para pronunciar mejor en su sección.

A los presentadores de noticias les daría más espontaneidad y menos teleprompter; al canal RCN, una dosis de crítica uribista; a Caracol, nuevas presentadoras de farándula (solo se salva Adriana Arboleda); a Carlos Calero, un manual para encontrar su lugar en la pantalla, y a Carlos Antonio Vélez, un poco de lenguaje común.

A Vicky Dávila, una foto de ‘Uribito’; a las telenovelas de Caracol, más calidad en la producción; a las tardes de televisión, otras ideas que no sea comprar telenovelas mexicanas…

¿Y usted qué quisiera regalarle a nuestra televisión? Una clase de arte, dice Miguel Antonio Suárez: «CM& Internacional, viernes 7 de diciembre. Silvia Parra se refiere a La última cena, de Leonardo Da Vinci y dice que el famoso ‘lienzo’ se hallaba expuesto ‘en el Museo de Louvre’. Esta obra no es un lienzo: está pintada en un muro. Y lo más grave: está en el Convento de Santa María de la Gracia, en Italia, y no en Francia».

Tamaño exabrupto solo es comparable a otro no menos famoso ‘inmortalizado’ por Los Chiches Vallenatos en la canción Muchacha encantadora. Sus versos claman, con profundo sentimiento pero muy poco conocimiento deLeonardo Da Vinci, «…quiero ser un Miguel Ángel con pincel en mano y hacer de ti otra Mona Lisa…».

También se les puede dar una clase de buen gusto: la espontaneidad, característica del directo televisivo, se convirtió en posibilidad creativa, pero solo de las secciones de farándula. Lo patético es que solo a los más débiles mentales les dan esa libertad. El resultado: no dicen nada.

La última semana, a nombre de la Navidad, Caracol le dio vía libre a Pilar Smith y a Juan Roberto Vargas para que dijesen que Cartagena necesitaba otra mirada. Ellos se dedicaron a gritar más de lo mismo; uno hablaba encima del otro; cada uno decía tonterías con alegría: que Cartagena era champeta y reggaeton y qué dolor. Piden más conciencia, pero ellos solo hacen y dicen gritería.

Por RCN, las niñas de farándula intentan el adjetivo y caen en la obviedad. De acuerdo, se requiere más espontaneidad, pero por parte de los que saben y no para los más estúpidos, aunque bellos.

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