La organización de defensa de los derechos humanos, Human Rights Watch (HRW), instó a las autoridades de Colombia a que investiguen las amenazas y asesinatos de periodistas y pongan fin a la impunidad de estos delitos.

El director del departamento de América Latina de esta organización, José Miguel Vivanco, dijo en Washington que «la responsabilidad del Estado es invertir en serio en la investigación judicial».

A su lado se encontraba el periodista Hollman Morris, director del programa televisivo «Contravía», que viajó a Estados Unidos para recibir el premio Hellman-Hammet que le otorgará HRW en Nueva York por su trabajo de defensa de los derechos humanos y por mostrar la cara humana del conflicto armado.

Morris relató que el pasado 16 de mayo, él y otros dos periodistas colombianos recibieron amenazas de muerte en forma de ramos fúnebres anunciando su propio sepelio. Morris suscribió las palabras de Vivanco. «Es urgente que los organismos de seguridad del Estado rompan la espiral de impunidad», replicó.

Comisión Interamericana de DDHH

Las denuncias de Vivanco y Morris coinciden con las conclusiones a las que llegó el relator especial para la libertad de expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Eduardo Bertoni, tras una visita oficial a Colombia.

En un informe preliminar hecho público el 29 de abril, Bertoni constató la «persistente impunidad» de los delitos contra los periodistas y el «lento avance» de las investigaciones.

Bertoni también denunció en su informe el clima «muy fuerte» de autocensura entre los periodistas, que limita el derecho de la población a recibir información y socava el Estado de Derecho.

Morris afirmó que el periodismo en Colombia atraviesa una de sus crisis más graves porque se ha convertido en «blanco de los intolerantes». Señaló que se han perdido los géneros periodísticos de la crónica, el reportaje y el documental, que sirven para explicar hechos y que, en su lugar, «registramos la guerra como números» de muertos, y no por su impacto humano.

Desde el 2000, 11 periodistas colombianos han sido asesinados tras informar sobre actividades de narcotráfico, de organizaciones paramilitares o de casos de corrupción a nivel local, según el Comité para la Protección de Periodistas.

La cifra hace de Colombia el país más peligroso del mundo para ejercer esta profesión, después de Filipinas, donde han muerto 18 informadores, e Irak, donde han caído 13 en ese período.

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