Vamos un paso atrás que el resto de nuestros vecinos. Brasil y Venezuela ya tienen canal de televisión de alcance continental. Chile y otra vez Brasil y Venezuela crecen en su economía a pasos agigantados. Ecuador ya tiene un pie en el Mundial de fútbol de Alemania. Y ahora Brasil, Chile, Argentina, México, Costa Rica y Perú están a punto de hacer realidad el sueño atávico de dejar en manos de las mujeres la administración de sus destinos.
Aquí en cambio, la discusión sigue centrada en la apertura de un Canal para el Congreso, en si está peor la minería que la producción agropecuaria, en el regreso o no de Aristi a la Selección o en si es un derecho fundamental de la mujer el acceso a un Cambio Extremo.
Mientras tanto los congresistas y los magistrados y las gobernaciones y los Ministros le dan de portazos a las féminas y de paso a la ley 581 que establecía su participación por lo menos en un treinta por ciento en esos cargos de visibilidad política.
Para no hablar de la carrera presidencial, viciada de los mismos músculos y la misma testosterona que nos tiene envainados desde hace dos siglos, y contaminada tanto por el contagio del efecto Frankestein (merced al ejercicio de las encuestas) como por la mediocratización (término para libre interpretación) de esta etapa preelectoral.
Porque si de veras no hay ni siquiera uno entre los veintidós millones de varones colombianos que somos, que acepte el desafío político 20-06, pues es hora de que una entre las 23 millones de mujeres que son, salte a la arena, se amarre el pantalón y haga gala de su capacidad de organización y administración más allá del Factor X, que hoy exhiben quienes nos gobiernan como único argumento. Una mujer que nos cure del despecho que nos dejaron las noemices y las mariaemas luego de sus increíbles números de trapecio. Una mujer que vaya más allá del treinta por ciento en la equidad de género y piense en la justicia del ciento por ciento de sus compatriotas. Una mujer que limpie la casa y barra para fuera, que reivindique el auténtico valor de la ternura y que pueda mirar a los ojos de los demás con miradas de verdad; en fin una mujer que enderece la vieja profecía literaria que predijo que el siglo veintiuno se guiará por la mano femenina o no será.
MARIO MORALES

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