Publica El Tiempo
Para escribir una historia parecen no existir barreras. Un escritor se sometió a una cirugía en su cara, un periodista fue actor porno y una reportera tuvo un encuentro sexual en un bar ‘swinger’.

A una tortuosa cirugía de cambio de nariz, se sometió el escritor Efraím Medina, para narrar la experiencia de tener una nueva cara en la revista Soho.

Este ‘experimento’ de Medina, quien ya se había subido a un ring a pelear con un profesional para contar qué es ser boxeador, es una de las tantas crónicas que ahora aparecen en diarios y revistas con los periodistas como protagonistas, narrando sus experiencias como policías, mendigos, bomberos, telefonistas eróticas, conductores de buseta…

Cada vez parece no existir límite. Emilio Fernández Cicco, un periodista argentino, se convirtió en actor porno y escribió una crónica en Gatopardo. Y Gabriela Wiener, una periodista peruana, visitó con su esposo un bar swinger y escribió su experiencia sexual el año pasado en la revista Etiqueta Negra.

Este periodismo, conocido bajo el nombre de suplantación, tiene sus raíces en el llamado periodismo ‘gonzo’, que empezó en la década del sesenta, gracias a Hunter Thompson (quien se suicidó este año), un estadounidense que vivió 18 meses con los Hell’s Angels para escribir un célebre reportaje sobre la banda californiana.

Ahora, en tiempos del resurgimiento de las revistas de crónicas y reportajes, esta fórmula aparece como una alternativa narrativa.

Daniel Samper Ospina, director de Soho, una de las revistas que más apela a este tipo de historias, dice que esta es una manera para que los escritores utilicen su lucidez de lenguaje para contar mundos que casi nunca han podido ser narrados con destreza.

Samper piensa que si la firma se queda en el disfraz y la impostura, y no aprovecha la suplantación como un mecanismo para acceder a información que de otra manera no obtendría, corre el riesgo de hacer un show lánguido sin importancia. «Es un periodismo que la gente lee pase lo que pase», dice.

Sin embargo, la forma como se está haciendo este tipo de periodismo tiene sus peros. Mario Jursich, subdirector de la revista Malpensante, dice que el periodismo ‘gonzo’ de Thompson y el periodismo llamado de suplantación son dos cosas distintas. «Me parece que ahora la suplantación se ha convertido en un fin en sí mismo y que todo lo demás se ha tirado por la borda».

Jursich le ve, esencialmente, tres problemas. «Primero, es la versión económica del periodismo de investigación. El segundo problema es que, hecho de manera fugaz, el periodismo de suplantación tiende a producir reportajes rosa. Y, por último, la suplantación es la puerta por la que los realities se han colado en el mundo del periodismo. Es imposible poner a una famosa columnista a trabajar como muchacha del servicio sin montar antes una pantomima».

El cronista Alberto Salcedo, que no descarta apelar a la suplantación en algún momento, considera que deben existir unas reglas de juego transparentes. «El periodista no debe ir con la intención de montar un espectáculo narcisista o una puesta en escena, sino a cumplir con su labor de reportero».

LUIS ALBERTO MIÑO RUEDA
Subeditor de Reportajes

‘No estaría mal contar mi propio suicidio’

Efraím Medina, autor, entre otros títulos, de Érase una vez el amor pero tuve que matarlo, habló de los artículos que escribió sobre el cambio de su rostro y de su experiencia de boxeador.

¿Por qué aceptó realizarse la cirugía para escribir un artículo? ¿Fue vanidad?

A la vanidad le daría un porcentaje alto en mi decisión de operarme la nariz. Por supuesto que la vanidad arrastra más fantasmas y es más larga de contar de lo que parece. También me gusta asumir riesgos y contar las cosas desde adentro.

¿Por qué se subió a un cuadrilátero para contar la historia de un boxeador ?

Me parecía cobarde escribir una crónica sobre lo que se siente ser boxeador sin haberme subido a un cuadrilátero. Claro que no me quedaron ganas de volver a intentarlo.

¿Hasta dónde llegaría?

La verdad no lo sé. He pensado incluso que no estaría mal contar mi propio suicidio. Técnicamente tiene sus complicaciones. Y, desde luego, la muerte me parece muy aburrida. De hecho es la última cosa que yo haría.

¿Qué respuestas percibió del público o los lectores de estos trabajos?

Hay de todo, pero creo que la mayoría de lectores agradecen que se les cuenten las cosas sin tanta retórica.

¿Qué tanto tiene de realidad este género?

En la crónica de boxeo tuve cierta protección, mi rival sabía que la única forma en que podía terminar mi trabajo era saliendo vivo del ring. Pero cuando un boxeador pega, por poca intención que tenga de lastimarte, se hace sentir. La cirugía fue absolutamente real. Estuve seis horas ‘muerto’ mientras me partían los huesos.

¿Hay exhibicionismo?

Mucho. En este tipo de crónicas la idea es ser el centro de la historia. Todos los que aceptan un trabajo de este estilo quieren ser ‘reconocidos’.

Cicco, de enterrador a estrella de cine porno

Emilio Fernández Cicco o Cicco, a secas, ha sido asistente de un campeón mundial de boxeo, enterrador en un cementerio, estrella porno, matarife o probador sexual de mujeres de distintas razas y culturas. Es de esos que puede hacerle confesar al mismísimo caudillo justicialista Eduardo Duhalde que es aficionado a las películas XXX o hacer que una actriz septuagenaria y fanática consciente del dictador Jorge Rafael Videla, como Elena Cruz, narre sus orgías de los tiempos mozos.

A los 29 años, Cicco, que visitó hace unos años una sala de autopsia para entender qué pasa después de la muerte, está lanzado a la confección de su «manifiesto border», una especie de dogma para periodistas que se le atrevan.

Su trabajo acaparó primero la atención de los lectores del semanario argentino Noticias, donde trabaja desde hace 11 años. Primero en la sección Cultura y luego en Información General, hasta que «el aburrimiento» lo llevó a intentar nuevos esquemas. Fue entonces cuando, agudizando el ingenio, se inclinó hacia «un periodismo vivencial», explica.

Fue en Noticias donde narró por primera vez su experiencia como debutante en una película porno. Lo mismo hizo en su crónica de la edición número 67 de la revista Gatopardo.

«Fue una buena experiencia que sirvió para desmitificar eso, como se puede hacer con la droga o con la muerte. La sociedad te oculta siempre este tipo de cuestiones. Y hay algo llamativo, que es que entre los varones participar en este tipo de eventos es algo así como un acto heroico –comenta–. Mucha gente te pregunta después si se te para o no, o cómo hacés para que se te pare con tanta gente alrededor. Hasta que explicas que no ves nada porque las luces no te dejan ver nada. Cada película tiene su coreografía, su swing particular. Entonces si yo hubiese ido a hacer la nota de manera convencional, detrás de cámaras, no hubiese podido contar todo esto».

El periodista dice que su mamá quiere ver la película, pero él no quiere. «Yo tengo una nena de 6 años. Y cuando me hacían entrevistas por la película, yo le estaba dando de comer a mi nena en la boca, mientras hablaba por teléfono y contaba cosas como: ‘El tipo le estaba dando por detrás’ «.

Según Cicco, el periodismo ‘border’ «es hacer un periodismo al límite, que toma cosas de otros lados como del humor, de los asesinos seriales, esos tipos que parecen ser tipos normales pero son asesinos. Yo soy un tipo normal, no me muestro agresivo en las preguntas, no me hago el piola (el vivo), ni nada. Pero sí tengo una visión retorcida de las cosas».

Cicco, que reconoce que tiene influencia del periodismo de Hunter Thompson, asegura que existen ciertos límites. Cuando se le pregunta si trabajaría en un porno gay, tras pensarlo un rato responde: «No, creo que no».

JOSÉ VALES
Para EL TIEMPO
Desde BUENOS AIRES

‘Me lo tomé como un trabajo de investigación’

Gabriela Wiener, encargada de la sección de crónicas y reportajes de la revista Lateral, de Barcelona (España), y semifinalista del Premio Nuevo Periodismo 2004, habló sobre el artículo que escribió tras sostener un encuentro sexual con una pareja desconocida en un bar swinger.

¿Cree que este tipo de periodismo, en primera persona, sirve para contar una realidad?

Es una necesidad del propio texto en algunos temas. En este caso pedía algo testimonial. Mucha gente entra a este tipo de lugares y la diferencia aquí era qué tan lejos podía llegar. Me lo tomé como un trabajo de investigación, consciente de que debía ser contado en primera persona.

¿No cree, justamente, que fue un poco lejos?

No lo creo. Al comunicar un testimonio real me habría pasado si los lectores no lo hubieran sentido como algo verosímil.

¿Le trajo algún problema la nota?

Todo lo contrario. Me trajo alegrías porque dio pie a un libro en el que estoy trabajando a fondo sobre el mismo tema.

¿Qué pasó con su esposo después de este artículo?

Mi esposo me ha acompañado a los sitios que he visitado en mi trabajo con el libro que estoy escribiendo, que incluirá también su perspectiva del tema. Cada vez estamos más unidos y más cómplices.

¿Piensa que esta fórmula se puede desgastar?

No. Pienso que hay que aplicarla solo para los temas que necesitan un testimonio en primera persona. Hay otros en los que es más importante una mirada desde afuera, una idea reflexiva, un ensayo.

MADRID
Con colaboración de Juanita Samper, corresponsal de EL TIEMPO en España.

Suscribir
Twitter
Visit Us
Follow Me
YOUTUBE
LinkedIn
Instagram