Jon Lee Anderson es uno de los periodistas más prestigiosos del mundo. El cubrimiento de varias guerras, los perfiles en que ha puesto al desnudo a figuras de talla internacional y la publicación de varios libros, lo están convirtiendo en un referente obligado para comprender la historia contemporánea. Hoy, cuando bordea los 50 años de edad, despojado por un instante de su libreta de apuntes, el curtido reportero estadounidense reflexionó sobre lo que ocurre en el mundo.

P. ¿Cuál es su impresión de lo que está pasando en Latinoamérica?

R. Es una época muy fascinante. Por primera vez, desde la década de los 60, Cuba tiene gobiernos de su lado, pero aislados en el hemisferio. Y hay una vertiente creciente no solamente de cuestionamientos, sino de distanciamiento a nivel oficial, de gobierno, con el gran hermano provisional, Estados Unidos. Creo que la guerra en Irak y el régimen de Bush han incidido, yo creo que bastante gente en América Latina ha perdido el respeto por Estados Unidos, si es que lo tuvieron. La historia de la democracia de los últimos 15 años en América Latina es fraudulenta, trágica y de corrupción, de esperanzas defraudadas, y eso ha potenciado de nuevo corrientes más extremistas, más ideológicas, que francamente cuestionan el producto norteamericano.

P. Según su experiencia de reportero, ¿cómo ve a Venezuela?

R. Chávez se ha convertido en una de las grandes y más importantes figuras de América Latina. Y es una esperanza para millones de personas y un problema para otros. Y eventualmente todos los indicios muestran que estamos entrando en una etapa de acentuada polarización dentro de América Latina. Chávez está en auge y tiene buenas razones para estarlo. Estados Unidos y los gobiernos aliados no compiten en estos momentos con la oferta que brindan Cuba-Chávez a la gente pobre de América Latina, que es en su mayoría pobre, para alfabetizarse y llegar a la tan anhelada clase media.

P. ¿Cómo define la situación actual de Cuba?

R. De un momento muy interesante, porque Cuba ya venció las vicisitudes que tenía en los 90, pasó por una época bastante nefasta en términos de efectos sociales y económicos, o sea, tocaron fondo, y la revolución cubana institucional se ha refortalecido hasta cierto punto. Pero se ha fortalecido más con estos nuevos gobiernos de la izquierda, pues por primera vez tiene aliados económicos que le ayudan a sobrevivir, como es el caso de Venezuela. Lo cual complica los planes de Estados Unidos para Cuba después de la muerte de Fidel.

P. Usted hizo un trabajo de Pinochet, ¿qué sensación le dejó el tema Pinochet y Chile?

R. Cuando fui a Chile en 1998 vi una especie de democracia desquiciada con la presencia de Pinochet, que se había impuesto como senador. Era como una especie de democracia mafia. En estos ocho años ha pasado mucho. Creo que con la llegada de Bachelet estamos viendo eso, que por primera vez es como borrón y cuenta nueva. Ella es la primera presidenta del post Pinochet.

P. Usted viene de dos experiencias periodísticas muy profundas, Afganistán e Irak. ¿Qué reflexión le dejaron esos dos cubrimientos como reportero?

R. Fueron tremendas experiencias en términos de aprendizaje, de lo que uno es capaz en situaciones de emergencia. Fuertes sentimientos, mucha tristeza por lo vivido, cierta incertidumbre en torno a qué significa. No solamente cuánto va a seguir, sino lo que al final habremos aprendido. Ahora se ha aprendido a costa de la muerte de miles de personas y el derroche de muchos recursos que podían haber sido destinados a cosas mejores.

P. Aunque usted visita poco a Colombia, ¿cómo la ve?

R. Tiene una situación en que el conflicto se ha convertido en una manera de vivir o de subsistencia para mucha gente, y en el caso de Colombia es gótico por la cantidad de personas y de vidas involucradas, entonces es muy difícil encontrarle solución. Sobre todo si hay recursos naturales de por medio… Para solucionar realmente el conflicto en Colombia, hace falta una política de emergencia, una especie de diálogo nacional, porque si no, sólo se podría de la otra forma, que es la opción militar, y si no das golpes contundentes y vences a tu enemigo, tiene que haber un perdedor o tienes que dar golpes tan crueles a la base de tu enemigo que ellos terminarán pidiendo la paz y la negociación. Pero si no eres contundente y si ellos tienen una manera de subsistir, resulta muy difícil.

P. De todos los personajes que ha entrevistado, ¿cuál es el que más lo ha fascinado?

R. Gabo, porque es un ser afín y ese fue mi interés en él. Él tiene relación con el poder, escribe sobre éste, es un interés compartido. Aunque él es de otra generación, ya habita un plano que uno no tiene. También Charles Taylor me sigue interesando, no es muy conocido acá, el dictador de Liberia, con quien sí tuve contacto personal y llegué a pensar de él como el ser más cruel que jamás había conocido. Y estuve en Liberia nuevamente en febrero e hice un perfil sobre la nueva presidenta y ella al final pidió que lo capturaran, y lo hicieron y lo llevaron a una celda en Sierra Leona. Yo quisiera volver a hablar con él, presenciar su juicio, y no vendría mal.

P. ¿De quién le gustaría hacer un perfil?

R. En Colombia me gustaría hacerlo de Marulanda. Otro personaje que he entrevistado y que me sigue interesando y que quisiera volverlo a ver y seguir su proceso es Chávez. Porque es una persona dinámica, que incide en la historia contemporánea, es persona clave para Colombia y la región. Es una figura fascinante para nuestra época.

En una palabra

P. ¿Podría definir estos personajes?: Che Guevara.

R. Profeta.

P. Pinochet.

R. Cobarde.

P. Francisco Franco.

R. Hijo de puta.

P. George Bush.

R. Un tarado .

P. Osama Bin Laden.

R. Terrorista.

P. Gabriel García Márquez.

R. Generoso.

P. Saddam Hussein.

R. Hijo de p…

P. Fidel Castro.

R. Patriarca.

P. Marulanda.

R. Patriarca.

P.

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