Esta es una carta abierta en homenaje a gonzalorango, pues este 25 de septiembre se cumplen 30 años de su trágica desaparición y 48 años de la fundación del Nadaísmo

Apreciado Profeta:
Hoy como hace treinta años están muy feas las tarjetas de pésame al igual que los sufragios; por eso he querido escribirte mi abrazo sobre esta hoja en blanco pues hace mucho tiempo que nos une eì silencio y el olvido carcome lentamente tu recuerdo y los recuerdos de tu obra, pues ya han pasado más de tres décadas desde que fundaste con tu pandilla de locos, geniales y peligrosos el segundo movimiento más importante del país después de la violencia, y hoy bajo las ruinas de está nación, blanco de desastres naturales y artificiales, muy pocas cosas claras van quedando de lo que tanto te costó y de lo que tanto significó para la juventud, hoy madura y desilusionada de entonces. Y es que todo parece estar empecinado en enterrar esa historia que una vez fue parte de nuestra historia de nuestra Literatura y de nuestra sociedad. Es por ello, extrañado Profeta por lo que hoy te dirijo esta carta abierta en representación de los jóvenes de hoy, de los jóvenes de ayer, de los jóvenes de siempre, que vemos atemorizados cómo quieren derrumbar los pilares de la Nueva Construcción que iniciaste allá en Medellín un día cualquiera de 1958, que sentimos que dejaste tantas preguntas por responder, tantas incógnitas por resolver, tantas dudas por despejar,
ahora que vemos que pasan los años y tu silencio de RIP nos atolondra las vísceras,
que vemos que la vida pasa y tú no te pones de «Manifiesto»,
que los profetas son desplazados por las probetas,
que no volviste a Islanada, hoy apenas convertida en una isla en medio de la mar sin nada,
que el Navío Ebrio ya se hundió harto de esperar a que lo abordaras,
que ya se extinguió El Fuego en el Altar,
que tus pequeños enemigos te han levantado, come homenaje póstumo, una enorme bóveda importada con motivos de Piedra y Cielo,
que La Esfinge sigue callada porque sólo hasta ahora se comprobó que era sordomuda de nacimiento y bruja por afición,
que los arquitectos se han preocupado por pañetar tu Obra Negra, la misma que rechazaron tantas bibliotecas rascistas,
que tu silla eléctrica ha sido descontinuada por un oscuro racionamiento y que tus amigos claman por el advenimiento de la horca,
que la Academia confunde en los diccionarios tu pluma de Mefistófeles con tus dardos de Anófeles,
que tu Medellín se ve A Solas Con Todos y es amante oficial de mercaderes, gerentes y sicarios,
que tu HK-111 lo han convertido en fórmula mágica para jugar al chance,
que no puedes escribir literatura de alcantarilla por motivos invernales,
que el sexo lo han vuelto tan soso que ni los saxofones lo han vuelto a tocar,
que estás viviendo de esas horas que no ahorraste para cuando faltaran,
que la poesía, que no es lo mismo que Poe y Cía, se encuentra en estado de sitio, porque no le estaba dejando sitio al Estado,
que a tu Pena Capital la han convertido en departamento,
que ya está extinta la gran hoguera de purificación con tu pasado, porque el fuego sólo alcanzó para los cirios que ante ti prendieron sirios y troyanos;
ahora que tu reliquia milagrosa, el Nadaísmo, ha sido tomada como insignia de los cohetes espaciales, pues todavía creen que eres hijo de un astronauta,
que nadie tiene derecho a estar sobre ti, ni siquiera los gusanos, hoy muertos de indigestión con su última cena,
que te reemplazaron los pailones trogloditas del infierno por hornos Westinghouse, para que te consumieras confortablemente según el modo de vida americano,
que la gloria no te la dan en la cama pues estás encamado en la misma gloria,
que no tienes Hojas de Vida ni lápices labiales y has optado por escribir tus memorias con una de tus plumas de querubín arrepentido,
que las minifaldas se apostan piadosas y morbosas sobre tu tumba, y que, para desgracia tuya, te enterraron boca abajo;
Ahora que los ratones cambiaron su ida al infierno por el purgatorio, con aceite de ricino,
que la «Monja» adquirió el hábito de idolatrarte,
que no puedes envidiar a Cervantes ni por vivo ni por manco ni por Quijote ni Sancho;
Ahora que estás a punto de entrar con bombos y platillos a los manuales de preceptiva y contraceptiva literarias,
que el olor funerario te va dando una aureola de mártir,
que los años se colocan en fila tras tu memoria para rendirte homenajes,
que estás a punto de ser lo que tanto odiaste: patrimonio de nuestra cultura,
que algunos desadaptados se hincan ante ti y te ponen en capilla y hasta piensan canonizarte,
que tus seguidores dejaron de tentar su suerte y se pusieron a trabajar,
que los jóvenes de tu generación cambiaron la barba, el mugre, los piojos y las camisas rojas por corbatas, Paco Rabanne, Gillette, Cocker Spaniels, pulseras de oro, gabardinas, propagandas, boletines, timbran tarjeta, son monógamos van a misa, se bañan los dientes, se dan golpes de pecho, escupen en los inodoros, toman pepas para conciliar el sueño, fornican en privado, escriben en procesador, leen la página editorial, duermen con betamax, no fuman, no tosen, no dicen malas palabras, no desean la mujer próximá y más buena, no piensan, no cambian, no maldicen y no se oponen.
En fin, ahora que eres feliz en un reino feliz, sentado de la Felicidad, riendo de felicidad, orinando de felicidad, poesía feliz, en las marginales alcantarillas celestiales, es justo el momento de preguntarte sí ya nos olvidaste, si vas a seguir tu camino solo y a pie, o si ya nos compraste los abonos de temporada para todas las estancias eternales.
Cansados del dudaísmo, exigíamos nos respondas; para ello te enviamos un celular, recuerda el número, olvida a tus amantes y ruega a Dios para que no estés definitivamente muerto.

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