No todo pasado fue mejor. Hace apenas unos pocos años, Bogotá era gris y era ruana, cuando no falda tobillera y buso cuello de tortuga. Sucedían tan pocas cosas que algunas había que inventarlas, como lo saben los historiadores de crónicas rojas: lo único que tenía color en la capital. Pero lo peor de todo era que había sólo una fecha para celebrar el día del periodista. Pasaba tan rápido que lo único que quedaba en el recuerdo era el circulito rojo sobre la tan esperada fecha en los viejos almanaques de Calmadoral, la versión premoderna del acetaminofen.
Ahora en cambio hay un verdadero menú para celebrar y convidar. El año periodístico comienza, si se hace como se debe, el 29 de enero, día de San Francisco de Sales, patrono de los periodistas y de los sordos (sin que exista evidencia de conexión entre unos y otros en Colombia), que distribuía sus escritos por debajo de las puertas de su natal Francia, como si fuera un periodista de oposición, y que además tenía cuando joven, el genio más fuerte que los directores de noticias de radio y televisión (lo que ya es mucho decir).
La segunda estación del periplo conmemorativo es el 9 de febrero. Se recuerda el primer periódico neogranadino, así haya estado dirigido por un cubano, don Manuel del Socorro, además señalado de tener más simpatías prohispánicas que César Rincón y Noemí Sanín juntos, pero no revueltos (lo que ya es mucho decir).
Sólo siete días después se celebra el día del redactor publicitario, una categoría amplia en la que hoy por hoy cabe un sinnúmero de comentaristas y redactores políticos que tienen las mismas ambiciones diplomáticas de Plinio Apuleyo, Adriana Aristizábal, Germán Manga o Germán Santamaría para citar sólo a los más discretos.
Después de 75 días de sequía y tedio, la prensa nacional puede volver a brindar (si las tutelas, Juan Gómez Martínez, el eterno don José Obdulio y los boletines de las asociaciones de prensa lo permiten) en el día mundial de la libertad de prensa. De lo contrario habrá que esperar hasta el 4 de agosto para conmemorar, el día del periodista y comunicador colombianos, según decisión de diciembre de 2004, con motivo de la publicación de la declaración de los derechos humanos ¡en Francia!. (Un guiño incomprendido por los galos que, no obstante, se niegan a declarar el derecho que tiene el gobierno colombiano de rescatar militarmente a los secuestrados).
Luego de una tensa espera, el 12 de octubre el gremio puede volver a reunirse en torno a esa raza particular de comunicadores que son los periodistas deportivos, o el 24 de noviembre alrededor de esos innombrables que son los periodistas encarcelados, o el 15 de diciembre, que según la Academia de historia debe ser el día de la prensa para recordar que en esa fecha de 1793 don Antonio Nariño publicó (esa vez en nuestro suelo) los derechos humanos, así parezca que nadie entendió su traducción.
Por razones de espacio, paciencia de los lectores y estrategia laboral (nadie va a creer que los periodistas trabajan) no incluimos en este recorrido el día de la libertad de expresión, el día del reportero gráfico, el día del editor, y los días de los periodistas de acuerdo a cada especialidad, fuente o sector que cubren.
Como se ve, motivos hay, así tristemente, muy pocas veces falten las ganas si se recuerda las cuatro víctimas mortales, las ciento veinte violaciones a sus derechos, las centenares de amenazas y miles de autocensuras que en promedio cada año se cometen contra los comunicadores que parecemos no darnos cuenta, ocupados como estamos (lo que ya es mucho decir) con tanta efemérides y tanta celebración.

Que sea una posdata conmemorativa, apropiada para estos días, esa frase de Francisco de Sales, patrono de los periodistas:
«No nos enojemos en el camino unos contra otros; caminemos con nuestros hermanos y compañeros con dulzura, paz y amor; y te lo digo con toda claridad y sin excepción alguna: no te enojes jamás, si es posible; por ningún pretexto des en tu corazón entrada al enojo»

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