Por: Mario Morales
Es, como dicen los retóricos, una falacia de argumentación. Los propagandistas prefieren llamarla transposición. Ocurre cuando se le carga al adversario los errores o defectos, intencionales o no. (Publica El Espectador)
Menospreciar el ofrecimiento de la liberación unilateral de seis secuestrados por las Farc y calificarlos de trampa o show sin conocer los detalles de la propuesta, es a su vez un juego político del presidente Uribe.

La estrategia apunta simultáneamente a varios objetivos. El primero es no perder la iniciativa en temas atinentes al conflicto. El segundo es invisibilizar la propuesta que puede tener calado en la opinión, más sensible en época navideña (“Si no puedes negar unas noticias, inventa otras que las distraigan”). El tercero, como lo señaló el editorial de este diario, es privilegiar los rescates frente a cualquier otra acción, sobre todo si no es estatal. El cuarto es aprovechar los réditos que la mano dura le brinda a la imagen presidencial, en picada en las encuestas. Y el quinto, en relación con el anterior, es alimentar la percepción de coherencia y seguridad a la hora de plantarse sobre inamovibles, que no pocos sectores califican de terquedad, cuando se barrunta la posibilidad de un acuerdo o negociación.

Si bien tardío e insuficiente, ese gesto de una guerrilla diezmada y arrinconada, representa no sólo la alegría de seis familias, la esperanza de las otras 22 que aguardan su turno, sino una oportunidad para el Gobierno, apremiado con el sol a la espalda, de retomar la agenda de una paz negociada y pronta como lo reclama el país, más allá de un pulso de estrategias de unos y otros.

En vez de desvirtuar la eventual liberación, el Gobierno debe entrar a acordar unas condiciones claras y transparentes con ayuda de la comunidad internacional que fue efectiva y definitiva en las liberaciones unilaterales de enero y febrero pasados. Ya lo decía Voltaire hace 300 años, en lugar de discutir hay que definir los términos.

Por esos secuestrados y por los demás, esta noche habrá en nuestros hogares una silla vacía en señal de que los seguimos esperando.

Para todos, una feliz Navidad.

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