por Mario Morales | Mar 4, 2026 | Actualidad, Análisis, Com. Política, Opinión
Por Mario Morales
Todo lo previsible sucedió. Ante la escasez de espacios mediados masivos, las percepciones y emociones para estas elecciones, como antesala de la primera vuelta, quedaron en manos de las encuestas, algunas más que polémicas, controvertidas; de redes sociales, viciadas con desinformación y efectismo; de relatos periodísticos, algunos contaminados por sesgos imperdonables; y la plaza pública, con relatos no siempre transparentes para quienes no asistieron.
Es decir, es una campaña deficitaria desde la perspectiva ciudadana, sobre todo para ese 40% de indecisos, con poco de donde echar mano, más aún con la oleada frenética de pretendidos influenciadores que creen que pueden inducir con retórica desgastada el voto ajeno.
Pero subyacen otros elementos poderosos en el comportamiento del votante, poco trabajdos pero con enorme incidencia:
1. La perspectiva de futuro, asociada a la esperanza, para cambiar lo que no funcionó, reforzar lo que no estuvo mal, pero pudo ser mejor, o incluso preferir lo conocido frente a la incertidumbre de lo bueno por conocer.
2. La gratitud o el sentimiento de deuda por favores, prebendas, beneficios o resultados recibidos.
3.- La rabia, genuina o insuflada y no siempre confesada, así las experiencias recientes evidencien su inconveniencia.
4.-El reconocimiento, entendido, parafraseando a Martín Barbero cuando hablaba de tv y comunicación, como la identificación hasta el punto de la legitimación de causas sociales o políticas, de sus protagonistas, la emergencia de otros actores, de nuevas culturas populares, o viejas pero invisibilizadas, saberes cotidianos, resistencias y movilizaciones que ciudadanos de a pie transforman en referentes políticos y personales porque por fin se pueden ver representados y pertenecientes a “un algo” que los convoca y conecta, que los hacer ver útiles en algo alcanzable.
Entender esos comportamientos, más allá de maquinarias, tejas y tamales, ayuda a entender las recientes encuestas, pero también a performar la larga campaña presidencial que se avecina y a respetar la inteligencia de los ciudadanos. No todo es show o pura persuasión.
por Mario Morales | Feb 18, 2026 | Actualidad, Análisis, Blog, Com. Política, Opinión
Por Mario Morales
A este paso los seguidores de Abelardo de la Espriella van a necesitar casi que una consulta interna para definir cuál de las versiones que hoy circulan del candidato, se acomoda más con sus expectativas.
Han sido tantas y tan diversas las transformaciones del personaje que casi hay que leerlo con pie de página. Y son tanto los condicionantes que él mismo pone para interpretar lo que ha dicho o hecho que su campaña está signada por el efecto cebolla, si se tienen en cuenta cada una de las capas de significados, que algunos ven como insignificantes y que no hablan de habilidad camaleónica, sino de las múltiples contradicciones que tienen en ascuas a sus prosélitos que ya no sabe qué creer.
Parte de sus antecedentes han sido contados con weasel words o palabras comadreja, asociadas a la ambigüedad, la vaguedad o estrategias evasivas que, no obstante, no logran llenar los numerosos vacíos entre su concepción de la ética, su apropiación de la estética y sus redundantes aseveraciones políticas que, y no precisamente por concretas, cabrían en un tuit.
Muestra de su escasa acrobacia, además poco original, ha sido la manera como se acomodó sin ruborizarse al incremento del salario mínimo con la misma promesa golondrina de sus colegas a rebajar impuestos. Un globo que no pudo afinar con su melodiosa voz en medio de su desconcierto.
Esos movimientos de cintura que le aplauden sus áulicos son, a esta altura, la mayor flaqueza de su plataforma estilizada. Y la soberbia construida a coro con el inflamil de encuestas polémicas, casas de apuestas y frases relamidas es talvez el mayor factor de desconfianza entre la derecha, el uribismo, los cristianos de veras, los animalistas de conciencia y los cultores de la ética que comenzaron creyendo que estaban frente a un candidato de personalidad múltiple y hoy, sin más poder que el que dice tener, lo ven inubicable en el espectro, hasta el punto que ya cerca de la primera vuelta, y a falta de señas particulares concretas, es posible dudar de su existencia real.
por Mario Morales | Feb 4, 2026 | Análisis, Blog, Com. Política, Opinión
Por Mario Morales
No hemos entendido que el mundo cambió si seguimos pensando que la forma está supeditada al fondo o, aún peor, que este último es más importante. Fallar en la forma no solo desvirtúa el “qué”, sino que suscita emociones que, a su vez, moldean imaginarios. De ahí a los mitos sociales hay un solo paso, como decía Barthes.
Por eso en el periodismo y en la política es inexcusable perder las formas en aras de privilegiar el fondo. En el primero se traduce en pérdida de la neutralidad emocional, leída como parcialidad o agresividad, como viene sucediendo en el maltratado género de la entrevista, sobre todo en espacios radiales.
En la política el uso inadecuado o descuidado de la forma construye representaciones difíciles de revertir, más aún si el primer argumento es descalificarla como banal. Ese fantasma lo enfrenta la campaña de De la Espriella por el tono cínico, displicente, contradictorio o vindicativo de su candidato cuando se refirió a animales, creencias religiosas o investigaciones periodísticas sobre su pasado laboral o comercial.
Vargas Lleras no se recuperará del coscorrón; tampoco lo harán la Cabal, Paloma y Holguín de su gritería, así fuera estratégica, más cercana en la percepción a la neurosis que a la firmeza. Imposible disociar la imagen de Vicky insultando a un colega.
Peñalosa no se pudo bajar de sus formas de decir soberbias ni Roy de la sinuosidad de sus expresiones que lo han dibujado en su devenir político.
La falta de energía y la sensación de cansancio de la acción política no abandonan a Fajardo, a pesar de sus recientes esfuerzos, justo es reconocerlo.
Un breve repaso sobre la percepción de Cepeda, aún a disgusto entre sus contradictores, lo define en sus formas como vertical, transparente, ponderado o reflexivo.
Se equivoca la comunicación política si no está alineada con lo formal que también produce significado. En esta feria de disfraces, performances y expresiones religiosas desangeladas se evidencia no solo la incoherencia de los candidatos sino la desconexión de los estrategas con el contexto y su electorado. Esa platica también se perdió.
por Mario Morales | Dic 17, 2025 | Actualidad, Blog, Com. Política, Opinión
Álvaro Uribe y María Fernanda Cabal, cada uno por su lado y por distintas razones, ya saben de la infalibilidad de la ley de Murphy 2.0 que dictamina en estos tiempos convulsos que, si algo puede salir mal, saldrá peor. Tanto manoseo a las reglas para la escogencia de candidato, en un partido que fue más un redil, debía terminar con estupor, insatisfacción, frustración y hasta desconfianza de los métodos en las huestes propias y extrañas y que ya había ocasionado el desistimiento de una encuestadora extranjera.
Como sea, las dichosas encuestas internas, sobre las cuales la Cabal pide claridad, dizque determinaron que la candidata elegida es Paloma Valencia, la misma del 1,1 % en el puesto 14 de la reciente encuesta Invamer, con una bajísima votación en las últimas legislativas (63.062 votos le dieron el puesto séptimo en su partido frente a 196.865 que colocaron de segunda a María Fernanda Cabal), con una enorme falta de visibilidad ya que solo uno de cada tres colombianos la conoce y, lo más grave, dobla en desfavorabilidad su escasa imagen positiva. El colofón en el acta, si operase la realpolitik, debería decir nada que hacer.
Pero aparte de esa duda metódica de la Cabal, que cuestiona entre líneas los manejos internos del partido, no fue posible en estos meses establecer diferencias entre las 3 finalistas que adoptaron como estrategia los insultos y vociferaciones para ocultar su enorme candidez frente a los asuntos públicos, como se puede constatar en el reciente “debate” del 9 de diciembre en Noticias RCN. Nada que añadir.
Un pobre plante que más que un candidato parece buscar una interpuesta persona sin criterio ni voluntad propias más allá del capricho expresidencial. Y en el menos malo de los casos aspira a una boleta de entrada a una consulta interpartidista, con la que ahora parecen no estar de acuerdo por física sustracción de materia, o a otra encuesta con todas las prevenciones que pueda despertar.
Mientras, serán necesarios protectores auditivos, frente a la estridencia discursiva de la candidata en sus momentos explosivos intermitentes, y alertas para no dejarse confundir, como sucedió hace 60 años, cuando a punta de intervencionismo y pacificación, nos prometieron este futuro que hoy padecemos.
por Mario Morales | Dic 12, 2025 | Actualidad, Análisis, Com. Política, Opinión, Uncategorized
Por Mario Morales
No se ve cómodo Sergio Fajardo en estas instancias políticas. Actitudes, respuestas e indecisiones muestran que, a pesar de la experiencia que invoca, aún no encuentra su lugar. O es el hartazgo de la época que se ha tomado por saturación el estado de ánimo nacional. O insatisfacción con sus dinámicas políticas. O un matiz de soberbia o terquedad, que él confunde con coherencia, como si el aprendizaje del ejercicio político se hubiese congelado.
La displicencia frente a preguntas cruciales como la financiación de su campaña, su comunicación no verbal que muestra impaciencia en escenarios de evaluación y largos silencios frente a posiciones urgentes son decisivos para construir percepciones, que son filtros que permiten la conexión y que definen respuestas en encuestas como si se “conoce” al candidato.
Percepciones que contribuyen, según Van Dijk, a formar modelos mentales estables para evaluar al candidato. El grado de compromiso de Fajardo frente a dilemas es uno de ellos.
Definen, siguiendo a Lakoff, el discurso que construye el político, con marcos inconscientes y metáforas familiares, en relación con el que le creen sus audiencias. Persiste en el imaginario la metáfora de irse a ver ballenas.
¿Qué tienen que ver esas percepciones con el mediocre 8.5% de Fajardo en la encuesta Invamer donde solo lo conocen 2 de cada 3 colombianos y uno de cada cinco tiene una imagen desfavorable?
Por eso resulta inexplicable su negativa a participar en las consultas de marzo, que no solo le permitirían construir una candidatura sólida y con apoyos más decentes que los de la derecha que lo tiene como candidato conquistable, desplazable o derrotable.
Calcula el matemático que no cerrarse sobre micropartidos o campañas improvisadas le permitirá crecer para dejar de ser un comodín. Al ir solo cierra paso a la sorpresa, útil para cambiar corrientes de opinión, niega la posibilidad de maniobrar en tiempo real y de poner en práctica su relato de concertación que sigue sin ser probado.
Ese plante es un riesgo si su marketing sigue confundiendo consistencia con inmovilidad
por Mario Morales | Nov 28, 2025 | Actualidad, Análisis, Blog, Com. Política, Opinión
Por Mario Morales
De algo habría de servir el escandaloso espaldarazo que la derecha extrema y la derecha disfrazada de centro le dieron a Rodolfo Hernández en las pasadas elecciones presidenciales. Una victoria suya hubiese sido una hecatombe mayor a la de Duque, y ya es mucho decir, con el consiguiente traslado de responsabilidades y perjuicios a cargo.
Por eso ahora, aunque no se sabe si a tiempo, esos mismos sectores políticos enterrados en los prejuicios del siglo pasado han comenzado a advertir, muy a su manera, con la discreción propia de la hipocresía interesada, del peligro que significa seguir aireando una eventual candidatura de un outsider díscolo, inexperto y capaz de cualquier cosa con tal de realizar su sueño de petrimetre perfumado, como si se tratara de un reto entre influenciadores en redes sociales.
Una cosa era utilizarlo como ariete para confrontar y desgastar al gobierno desde el kitsch, merced a su evidente postureo, y otra que llegara a duplicar o triplicar en las encuestas a los llamados a recibir la posta después del supuesto desgaste. Con los espejos puestos en otras latitudes del continente, saben que no habría nada peor que un nuevo rico, sin Dios ni ley, ensoberbecido de poder y sin programas o partidos a quienes rendirle cuentas.
Pero, siguen sin entender que hoy las dos opciones supérstites no tienen que ver con las extremas, sino entre quienes rompieron con el pasado e hicieron toldo aparte y “los mismos de siempre”, como quedó expresado en la voz de orden que acuñaron y les sirvió para avanzar a los dos candidatos de segunda vuelta en 2022.
Ese es el punto de quiebre de las recientes mediciones y favorabilidades que evidencian un país que cambió y se divorció de creencias retorcidas, mojones de esclavitudes y oscurantismos, como esa de que es mejor malo conocido que bueno por conocer.
Esas élites añosas, que, con tono falso, imploran unidad, comienzan a lamentar haber confundido mañosamente la preparación de cuadros para el futuro con la cooptación amañada de cargos y prebendas y ya viven su propio laberinto