Por: Mario Morales
La historia se repite. La pretendida unidad de la izquierda fue flor de un cuatrienio. El Polo hace agua. Aunque viene escorado desde 2007 cuando se distanciaron las dos tendencias dominantes de la alianza por la elección de candidato, entre Samuel y María Emma, para la Alcaldía de Bogotá. (Publica El Espectador)

Por eso resulta facilista y equivocado decir que la crisis sólo tiene que ver con la personalización, la vanidad o la escueta ambición de poder.

Como lo prueba la renuncia de Petro y siete miembros del comité ejecutivo, más allá están las posiciones irreconciliables, entre quienes sólo aceptan candidato de la entraña del partido y quienes ven posibles alianzas con otros sectores políticos con vistas a las presidenciales de 2010.

Petro y Lucho, que son minoría, saben que tienen poca opción de ser candidatos, como ya sucedió en la consulta interna semiabierta que derrotó a María Emma, y que el PDA la tendría difícil frente a Uribe si se lanza o ante el candidato de la coalición de gobierno.

Por eso los coqueteos con el gavirismo y el samperismo los pueden dejar a los dos sin el pan y sin el queso, y disminuida al “ala radical” de Carlos Gaviria.

Esa ruptura, salvo un “milagro”, acabaría con una racha de la izquierda, acostumbrada durante décadas al 5% de los votos. A partir de 2002 aumentaron de 13 a 18 congresistas, consiguieron dos veces la Alcaldía de Bogotá y llegaron al 21% del caudal electoral con Carlos Gaviria en 2006.

Es una cosecha jugosa en poco tiempo. Pero la decisión acerca de la estrategia para enfrentar al uribismo se convirtió en cuestión de principios y de inamovibles. Es el mismo debate que con otros matices y la misma amenaza se cierne sobre el liberalismo. Mal de muchos…

Las dos facciones del PDA deben saber que en política, como decía Konrad Adenauer, hay adversarios y correligionarios y que estos últimos pueden ser los más peligrosos, que en río revuelto ganan los “pescadores” y que, como se lo reclaman a gobierno y guerrilla, alguien tiene que ceder para negociar. De lo contrario se ahogarán mutuamente y con ellos la posibilidad de una oposición digna pero eficiente. Porque con esa división, de Presidencia ni hablar.

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