Por: Mario Morales
El teflón, ese mito acerca de la imagen blindada del presidente Uribe, entró en período de fatiga. En eso están de acuerdo las encuestas realizadas en lo que va del año. (Publica El Espectador)
Desgastada la estrategia de no dar la cara, o de hacerlo a través de terceros, en los asuntos espinosos como los negocios de los delfines de Palacio, las chuzadas del DAS, los crímenes de Estado para dar falsos positivos y la politiquería en decisiones legislativas y jurídicas, el Gobierno ha enfilado baterías hacia el único bastión que puede resolverle la papeleta: la guerra.
Urgido como está de resultados tangibles ha empezado por tratar de devolverle “la moral a la tropa”, con la que se rompió el lazo de confianza luego de las destituciones, juicios y detenciones de miembros de la Fuerza Pública acusados de presentar civiles indefensos como resultados operativos contra la insurgencia. De ahí los anuncios de respaldos políticos y jurídicos para los implicados, amén de la ofensiva tributaria.
Tanto el ministro Santos como Uribe saben, con intereses particulares y por ende diferentes, que la tendencia a la baja sólo la rompería una operación tipo “Jaque”, así la seguridad sólo sea la prioridad para el 19% de los encuestados, según el estudio de Gallup presentado el viernes, frente al 53% que entiende que el principal problema es el económico.
Así no sólo neutralizarían la creciente imagen negativa que tiene el Gobierno en uno de cada cuatro colombianos, sino que pondrían la mirada en un tema diferente a aquellos en los que su gestión toca los niveles más bajos en estos 81 meses.
Según dicha encuesta empeoran aspectos como la inseguridad, 51%; corrupción, 53%; economía, 63%; costo de vida, 72%; lucha contra la pobreza, 51%.
Por eso el principal baluarte de la imagen presidencial, el optimismo, es apenas del 37% frente al 46% que cree que las cosas empeoran.
A ese paso no habrá referendo reeleccionista. Frente a semejante incertidumbre es lógico que Uribe no diga que quiere un tercer período. Por eso el silencio y el mal genio. Mientras espera que, de nuevo, ‘se le aparezca la virgen’.
