Por: Mario Morales
Se debieron ir conmocionados los los príncipes de Asturias y los periodistas que acompañaron su visita. (Publica El Espectador)

No sólo por la exigente agenda matizada por los discursos del presidente Uribe hasta altas horas de la noche (que los más malpensados confundieron con sofismas de distracción), sino también por la profusión de acontecimientos que como una cascada llovieron sobre la figura presidencial.

¡Qué pueden pensar de nuestro convulsionado país sus altezas reales si en cuestión de horas se enteraron del llamado a indagatoria de cuatro ex directores del DAS, en medio de la cada vez más escandalosa investigación por las chuzadas; de la coincidencial, y al alimón, declaración del fiscal Iguarán y de Mancuso a Cambio, de que no había pruebas de reincidencia en la cárcel de los jefes paramilitares (‘pruebas’ que argumentaron su extradición); de lo dicho por Mancuso, reafirmando a Don Berna, en el sentido de que los paramilitares apoyaron la elección de Uribe en 2001; del editorial del Washington Post pidiéndole que no se perpetúe en el poder; de los falsos positivos en el Chocó y hasta del anuncio del incremento del desempleo!

¿Cómo les explicaría el Presidente que la “voluntad popular” del referendo reeleccionista tambalea con la investigación a 86 representantes de la coalición uribista que votaron su aprobación?; ¿que por la torpe recusación de su protegido Luis Carlos Restrepo al presidente de la Cámara tiene empantanada la conciliación con el Senado?; ¿y la denuncia del orangután que pretendía avalar en el proyecto de reforma política a paramilitares para optar por cargos de elección popular?

¡Cómo hacerles entender a los europeos que un pequeño de once años tenga que realizar una heroica marcha para pedirles a las Farc y al Gobierno que hagan algo para la liberación de su padre que no conoce!

Exhaustos e indigestos se fueron, creyendo que habían asistido a una semana excepcional de nuestra historia. Menos mal. Que ni se imaginen que así llevamos un año y amenazan cinco más. Y que sigan pensando que aquí hay gobierno, democracia y estabilidad; pero especialmente que todo fue coincidencial.

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