Por: Mario Morales
Mientras se disipan los humos de la algarabía nacional y los fuegos fatuos por la muerte de Cano…
Mientras se ajustan las piezas del relato que pasará a ser parte de la historia oficial del suceso (¿Cano estaba con gafas o sin gafas? ¿La pistola fue hallada al lado de su cama o la llevaba consigo? ¿Fue ultimado o cayó cuando intentaba disparar? ¿El ataque comenzó a las 7 a.m. o a las 9 a.m.? ¿Estaba de camuflado o tenía ropa de dormir y sin caja de dientes en pleno día?)…
Mientras se prepara la nueva artillería mediática, propagandística y judicial que depara ese arsenal de 39 USB, 7 computadores y 24 discos duros que serán aliño para recontar todo el pasado reciente…
Mientras se airea con cábalas la ‘secretariología’ para tratar de adivinar quién será el sucesor al mando y quién ocupará la silla en el comando…
Mientras se discute si publicar fotos del cadáver o si basarse en filtraciones del operativo… y los periodistas combaten sin reato por obtener lo uno y lo otro…
…algunas cosas van quedando claras…
…Que esa guerrilla, y en eso tiene razón el presidente Santos, se quedó sin control…
…que el verdadero punto de quiebre, y en eso se equivoca Santos, no fue la muerte de Cano, ni siquiera los golpes sucesivos de 2008, sino cuando las Farc perdieron su principal activo, el apoyo popular, es decir cuando se aliaron con el narcotráfico y usaron el terrorismo indiscriminado en contra, incluso, de los civiles.
Entonces firmaron su derrota. Una derrota que durará lustros si nos atenemos a su concepción de tiempo, que será disfrazada de épica, de acuerdo con su percepción de la muerte, y que tendrá otros adjetivos si tenemos en cuenta su forma montés de entender la vida, porque no saben ni conocen otra.
Una derrota que no se revierte necesariamente en una victoria del Estado, mientras el Estado siga pensando y reiterando escenarios manidos y fallidos como entrega sin condiciones, rendiciones con beneficios, deserciones, reinserciones o desmovilizaciones.
…mientras, la guerra, mutada en violencia variopinta de bandas y de facciones, seguirá su paso triste y terco, como el de su actores… Como cumpliendo un destino al que no quieren o no pueden rehuir.
