Por: Mario Morales
Solos no van a poder. Pero aparte de frentera es arriesgada la oferta de cargos de Petro y Navarro a los partidos. (Publica El Espectador)
Es claro que pretenden garantizar el tránsito de su programa en el Concejo, compartir responsabilidades, cumplir con el compromiso de concertar, romper un eventual aislacionismo, generar sensación de mayorías y, de paso, amainar el aguacero de críticas prematuras.

Una jugada a múltiples bandas, pero con riesgos. El primero ya gestándose en boca de quienes tienen dos varas para medir la gestión pública. Por eso, la invitación a lo que sería una coalición ya fue estigmatizada como clientelismo. La amenaza está latente, pero como acuerdo político sólo lo será si apunta o deviene, de forma legal o ilegal, beneficio privado. Demasiado pronto para asegurarlo.

El segundo riesgo fue haberlo expresado en todas sus letras, acostumbrados como estamos a convivir con coaliciones y clientelismos, pero sotto voce, a espaldas del escrutinio público. Si no hay acogida tendrá costo político.

El tercero es que se quede en la politiquería circunscrita a elecciones y nombramientos, y que no se concrete en acciones conjuntas, efectivas y sobre todo prontas.

Depende de quién levante la mano y qué pida a cambio: si burocracia, cargos que catapulten perfiles políticos o manejen grandes presupuestos, o funciones y temas que alimenten o incluso interpelen la agenda de Petro y sean alternativas para afrontar la problemática de una ciudad que está en el punto de quiebre para emprender la ruta al cosmopolitismo o al desbarrancadero.

Ni el partido del alcalde, ya de suyo una coalición, tiene todos los líderes que se requieren con urgencia, ni cualquier líder de los otros partidos debe ser elegible a partir del apoyo. Esos otros pedirán debate sobre programas y métodos. ¿Hay disposición?

Un cuerpo directivo se forma en la praxis política, no en los umbrales de la utopía, y se hace sobre la base de quienes se conoce y se sabe que trabajan bien, de los que han hecho méritos aun si no se les conoce, y de los desconocidos que dicen saber y quieren hacerlo. Ya veremos, como sugiere Navarro, si le quedan mal al Gobierno y a la opinión pública. Ese es el otro riesgo.

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